¡Aviso especial!

 

Queridos hermanos y hermanas, lectores y amigos:

Con gozo damos gracias al Padre por medio del Señor Jesucristo por cada uno de ustedes, muchos a quienes no hemos podido conocer, pero que sin embargo fueron de gran ayuda mediante la perseverancia de sus oraciones, durante todo el breve tiempo que este sitio ha estado disponible de manera libre, no teniendo otro propósito sino solo el sincero deseo de poder ser, por gracia una débil contribución en la edificación de los santos, para redargüir, reprender, exhortar, corregir y también ser de aliento.

Su Palabra enseña que "Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente". Mateo 9:16-18

Sentimos de parte del Señor que el tiempo para el sitio web deba llegar a su fin. El período de expiración probablemente sea no más de 10 días.

Agradecemos especialmente las traducciones gratuitamente proporcionadas por nuestro hermano R.O.

Algunas últimas palabras para vuestra meditación:

Envió después Ezequías por todo Israel y Judá, y escribió cartas a Efraín y a Manasés, para que viniesen a Jerusalén a la casa de Jehová para celebrar la pascua a Jehová Dios de Israel. Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; más se reían y burlaban de ellos. Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalén. 2 Crónicas 30:1,10,11

Filipenses 3:13-14 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Para los que deseen saber el nombre del nuevo sitio será: verdadesactuales.cl que actualmente se encuentra en construcción.

El Señor viene pronto.

Maranatha.

 



Por Dios estamos en Cristo Jesús, quien nos ha sido hecho sabiduría, justicia, santificación y redención (1 Cor.1:30).

No pertenecemos a un maestro o una compañía de maestros, aunque bendecidos, pertenecemos al templo de Dios, y el Espíritu Santo mora en él. No somos “Los Hermanos” (llamados Hermanos de Plymouth por sectarios y el mundo en reproche) que han tenido su origen cincuenta años atrás (Tiempo en que vivió el escritor); sino que somos “Hermanos entre los muchos hermanos de la gran familia de Dios que ha existido desde antes; quienes, por la gracia de Dios han sido libertados de la cautividad babilónica de la iglesia que ha durado muchos años, y que han retornado al terreno original, sentados en lugares celestiales en Cristo, para confesar al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo como la fuente de unidad, el Dios y Padre de toda la familia de Dios dispersada o reunida (Efes.1:1-18); para confesar a Cristo como Cabeza de su cuerpo (Efes.1:19-23: 2:1-18); y al Espíritu Santo como el Edificador y Habitante de la casa de Dios (Efes.2:19-22).

Nuestro origen no es de maestros, aunque bendecidos y reconocidos por Dios, que han sido usados poderosamente por Él unos cincuenta años atrás (1827-30) para reavivar verdades por largo tiempo sepultadas en medio de los escombros de la iglesia profesante, sino del Dios que llamó a Pedro, Andrés, y Juan en Su gracia soberana (Jn.1); quien entregó a Cristo a muerte por nuestras trasgresiones, y lo resucitó para nuestra justificación (Rom.4:25); y quien después llamó a Saulo de Tarso desde la gloria, lo sacó del mundo judío y gentil que había rechazado a Cristo, y lo envió desde la gloria como unido a Cristo para dar testimonio de Su gloria y de la unión de los santos con Él como Su cuerpo y esposa.

Nuestra posición no es en un cuerpo que tuvo su origen cincuenta años atrás, sino en el Cristo que, después de hablar a María de las nuevas relaciones formadas, en las palabras, “subo a Mi Padre y a vuestro Padre, a Mi Dios y a vuestro Dios” (Jn.20:17-20), y posteriormente se puso en medio de Sus hermanos congregados, y les dio la paz que había hecho para ellos cuando murió en la cruz, y de lo que dio prueba en Sus manos y costado herido. Estamos en el Cristo que una segunda vez les dio Su paz como enviado del Padre, soplando en ellos Su propia vida de resurrección, conectándolos de este modo consigo mismo como el Cabeza resucitado de la nueva creación. Estamos en el Cristo que, después de esto, como hombre ascendió a lo alto y envió el Espíritu Santo, como la promesa del Padre, para morar en ellos.

De manera que ahora la nueva familia de Dios plenamente establecida cada uno pudiese, individual y colectivamente, clamar “Abba, Padre” (Jn.20:19-22; Hech. 1:4). Al mismo tiempo el Espíritu Santo los bautizó a todos en un solo cuerpo, y los edificó juntamente para ser Su habitación sobre la tierra. ¡Este es nuestro origen, ésta es nuestra posición! A esta familia, y a este cuerpo, y casa solamente pertenecemos, y hemos sido llamados a dar testimonio de esto, como también de Aquel que es el Dios y Padre. ¡Qué noble origen! ¡Qué elevado descenso! Hermanos, no olvidemos esto, ¡qué nadie tome tu corona! Nuestro testimonio debe ser simplemente a Cristo y Su palabra, no dejando nada fuera, ¡retengamos firme el nombre de Cristo! ¡El hermoso nombre de Cristo el Santo y el Verdadero, es suficiente!

A. P. Cecil