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Carl Brockhaus

(1822 - 1899)

 

Carl Friedrich Wilhelm Brockhaus nació el 7 de Abril de 1822 en Himmelvert Plettenberg siendo el sexto hijo varón del profesor Friedrich Wilhelm Brockhaus y de su esposa Katharina Wilhelmine. Desde el término de su escuela, asistió al seminario de profesores en Soest entre 1840 y 1842. Habiendo terminado con honores especiales. Su hermano, Albrecht igualmente alumno del seminario de Soest, relata en una de sus cartas que Carl era alumno preferido de los profesores del seminario debido su carácter serio y estable.

En el año 1843, Carl Brockhaus comenzó a enseñar en Breckerfeld cerca de Hagen. Allí el joven, criado en un espíritu cristiano en casa de sus padres, se convirtió en el mes de Diciembre de 1845, y por cierto, al mismo tiempo que su posterior esposa Emilie Lowen, la segunda hija de un molinero y panadero Johann Peter Lowen, en cuya casa  vivió durante  el tiempo que pasó en Breckerfeld. En una carta de 31 de Diciembre de 1880 escribe acerca de su esposa: “este mes se cumplen 35 años desde que usted y yo conocemos al Señor.”

Pero él encontró inmediatamente una firme paz con Dios. Él procuró servir a Dios, pero no encontró la fuerza para hacerlo de manera que por unos años se mantuvo en el miserable estado descrito en Rom.7. Finalmente, a la mitad del año 1848, obtuvo una plena confianza  en la obra completa de Cristo por medio del estudio diligente de la epístola a los Romanos y de la primera epístola de Juan. Escribiendo, en 1853, sobre esas experiencias en el primer  año de la revista editada por él titulada “Botschafter in der Heimat” (“Mensajero de la casa”), cuyo nombre se cambió a partir del año 1854 por “Botschafter des Heils in Christo” (“Mensajero de Salvación en Cristo”). Se trataba de una minuciosa disertación titulada “El desarrollo de la vida interior de un creyente, contado por él mismo.” En esos años, con la libertad concedida por los pastores de Breckerfeld, comenzó a tener clases bíblicas en los alrededores compartiendo con otros las buenas nuevas. En ello mostraba su gran don evangelistico.

El día 18 de Abril, se casó con Emilie Lowen, que ha estado a su lado durante la larga vida de 51 años y que tenía un gran entendimiento e inteligencia espiritual. 13 hijos fueron el fruto de ese matrimonio. Poco antes de su casamiento, Carl Brockhaus se convirtió en el profesor principal de la escuela “Am Neuenteich” en Elberfeld. Desgraciadamente, allí no podía tener  clases  bíblicas. Él procuró servir al Señor de una u otra forma. En su tiempo libre, visitaba las familias de sus alumnos y hablaba a los padres sobre la salvación de sus almas.  Fue en el año 1848, que estalló una revolución y enseguida vino la agitación y tumultos  revolucionarios, y la ciudad de Elbelferd se volvió en víctima del cólera en 1849. En ese año, Carl junto con unos amigos fundó una “Asociación para la educación” con la finalidad de recibir y educar niños abandonados. Para financiar esta empresa, una revista “Der Kinderbote” (Mensajero para niños) editada por Carl Brockhaus debía ayudar. Pero él no encontró  verdadera satisfacción en ese papel de su profesión. El deseo de su corazón era  continuar predicando libre y públicamente el evangelio. En el año 1850, Carl Brockhaus encontró en un “Diario Noticiero”, un magazine regional, un anuncio de algunos cristianos en la ciudad vecina de Vohwinkel, donde se anunciaba una  reunión para promover el evangelio. Él se dirigió con el gozo de la fe a Vohwinkel. Durante tres reuniones, que se siguieron con breves intervalos, se encargó a Carl Brockhaus la tarea de buscar y emplear mensajeros creyentes  aptos para la misión. Una “Asociación Evangélica de Hermanos” fue fundada con esa finalidad el 3 de julio de 1850 en casa de un empresario Neviandt de Mettmann con once hermanos dispuestos y aparentemente aptos para trabajar en el evangelio. Los medios financieros procedieron de contribuciones estatales y voluntarias. La dirección de la asociación estaba en manos de un director de colegio, el Dr. Bouterwek y del empresario Hermann Heinrich Grafe de Elberfeld. Convencido de haber sido llamado por Dios para ese ministerio, Carl Brockhaus abandonó su profesión de profesor y se dedicó integralmente al trabajo de la asociación. Paralelamente  se despidió de la primera asociación de educación y entregó la editorial de la revista “Kinderbote” a su hermano Wilhelm Brockhaus.

Desde entonces, Carl Brockhaus empleó todas sus fuerzas  al servicio de la Asociación  Evangélica de Hermanos, que durante ese tiempo, le debía mucho. Para la obra misionera como primer paso, fundó una revista oficial semanal de la Asociación Evangélica de Hermanos “Der Saemann fur Mission in der Heimat und Hausliche Erbauung” (“El Sembrador para la Misión y Construcción del Hogar”). Ya en el primer año la revista alcanzó un tiraje de 4.000 ejemplares  que nunca había alcanzado. Durante este tiempo, él se reunía con algunos creyentes  verdaderos  en la casa de Hermann Heinreich Grafe en Eberfeld, para meditar en la palabra de Dios. A ese círculo también pertenecía  el suizo Heinreich Thorens, que trabajaba desde el año 1846 en una empresa textil del hermano Grafe en Barmen como diseñador. Él tenía estrecho contacto con Julius Anton von Poseck y William Darby,  un hermano de John Nelson Darby,  en Dusseldorf. Thorens conoció entonces las exposiciones de las Escrituras escritas por J.N. Darby en la Suiza francesa y las compartió con Carl Brockhaus. A consecuencia de esto él comenzó a examinar diligentemente las Escrituras, por lo cual pronto comenzó a tener conflictos con la Asociación Evangélica de  Hermanos. Poco después él reconoció que no era conforme a la voluntad de Dios fundar asociaciones y establecer estatutos en virtud de los cuales  los mensajeros del evangelio fuesen empleados por otros seres humanos, enviados y asalariados, sino que ellos debían ser llamados por el propio Señor y que debían satisfacerlo solamente a Él. También reconoció que las iglesias estatales y otras comunidades religiosas y denominaciones humanas son juzgadas por el apóstol Pablo en 1 Cor. 1 y 3 como siendo  humanas y carnales. Reconoció a la vez que debía separarse de los incrédulos y reunirse solamente como creyentes verdaderos al nombre del Señor Jesús,  en resumen: había que volver a lo que era desde el principio.

Estos reconocimientos naturalmente los expresó en sus clases bíblicas. Él no solo anunciaba el evangelio de pura gracia, sino que también  una posición perfecta del creyente en Cristo ante Dios y la necesidad de separación de los incrédulos.  Claro que esto no pasó desapercibido por la dirección de la Asociación Evangélica de Hermanos. El día 11 de diciembre de 1852, una asamblea general fue convocada, para que Carl Brockhaus diese cuenta de sus nuevas doctrinas. El director Bouterwek le pidió que renunciase a  esas “falsas doctrinas” o debía separarse de la Asociación. Después de haber orado seriamente al Señor por dirección y claridad durante un intervalo del debate de varias horas, declaró que  no podía desviarse de la verdad de la palabra de Dios y que por eso mismo se desligaría de la Asociación. Juntamente con él, otros ocho hermanos, entre ellos su hermano mayor Wilhelm Brockhaus, se separaron de la Asociación.

Desligarse de la Asociación Evangélica de Hermanos no era un paso fácil para Carl Brockhaus. Esto significaba pobreza y privaciones.  En una carta del año 1875 él escribe en cuanto a esto:

“casi todos mis amigos y parientes se apartaron de mí y me consideran un insensato y terco, pensando que no estaba dedicado de corazón a la causa del Señor, porque había abandonado la obra y que no me importaba ni siquiera el bienestar de mi familia, a la cual exponía a las necesidades. Solo unos pocos aprobaron su paso. Las puertas para trabajar estaban casi totalmente cerradas. Una publicación mensual de la Asociación que tenía casi 2.000  suscriptores estaban seriamente advertidos acerca de mí y de algunos otros hermanos y nos culpaban de serios errores. De hecho, este era un tiempo de grandes excitaciones y de amargas experiencias. Sin embargo el Señor estaba cerca de mí, muy cerca, y continuó conmigo hasta el día de hoy, y lo estará hasta el fin.”

Cuando en años posteriores ha hablado de ese tiempo, él no se cansaba de contar a sus hijos los cuidados de Dios. Cierta vez, desde su despedida de la Asociación, cuando su casa experimentaba escasez, él pensaba que debía procurarse nuevamente, al menos por medio tiempo, una ocupación secular, para ganar su sustento. Su cuñado Julius Lowen le ofreció trabajo en su negocio. Él, sin embargo, no tomó una decisión, y oró al Señor por sabiduría y dirección. Después, cierta mañana, recibió una carta que contenía 5 taleres (dinero alemán de esa época) y una breve nota con las palabras: “nadie que milita se enreda en los negocios de esta vida” (2 Tim. 2:4).  Al ver la letra manuscrita y el sello postal reconoció que la carta era de un miembro de la Asociación Evangélica de Hermanos, que desde su separación de ella, no había recibido ninguna palabra amigable. Unos días más tarde, lo encontró  en la calle y le dijo. “Le agradezco por el gran servicio que me ha prestado por medio de su  carta. Estaba indeciso acerca de si debía procurarme otra ocupación o si debía trabajar solamente en la obra del Señor, y el Señor me libró de esta dificultad.” El hermano estaba  bastante sorprendido y le contó que cierta noche estaba pensando mucho en él y no conseguía dormir porque estaba preocupado de su bienestar. Entonces le vino el pensamiento: “Debes enviarle algo”. Inicialmente no quería, pero el Señor no me dejó tranquilo hasta que me levanté y preparé la carta. Quería escribir unas breves palabras y pensé solo en las que he escrito. Al mismo tiempo, de Hessen, región en la cual Carl Brockhaus ya había estado varias veces, le llegaron cartas comunicándole que estaban pidiendo constantemente al Señor, para que le mostrase que debía entregar todo su tiempo a la obra del Señor. Lo que finalmente le dio un pleno convencimiento de que era la voluntad del Señor que se dedicase completamente a Su obra y que confiase en Él para el sustento de su familia.

En dependencia del Señor comenzó a predicar por todos lados. Aunque había dura oposición de parte de la iglesia estatal (Luterana,  nota del traductor), en muchos lugares  creyentes  verdaderos  dejaron la iglesia establecida y formaron congregaciones  que se reunían en separación de todas las instituciones clericales  y de los sistemas religiosos para celebrar la Cena del Señor, estudiar la palabra de Dios y para orar. En aquellos días, en Hessen, no había libertad de reunión. A causa de esto, Carl Brockhaus pasó varias veces algunos días en prisión, una vez en Dillenburg, y otra vez  en Herborn el año 1853.

A la primera mitad del año 1853, Carl Brockhaus entró en contacto personal con J.N. Darby de quien había oído hablar mucho a través de Heinrich Thorens y dos hermanos de Dusseldorf. La primera carta que le envió J.N. Darby está fechada 2 mayo de 1853. Aquí presentamos un extracto de esa carta:

“¡Amado hermano!

                              Me alegré mucho de recibir su carta y sabiendo que no domina el francés, trato de escribir en alemán, aunque no estoy acostumbrado a escribir en ese idioma. A pesar de eso, entendí perfectamente su carta; ésta me interesó mucho, porque nos encontramos en la misma situación,  en las mismas dificultades, sufrimientos y provocaciones que enfrentamos por todos lados. No debemos temer estos esfuerzos del enemigo, porque es más fuerte el que está con nosotros que el que está contra nosotros.  Solamente es importante permanecer muy cerca del Señor y andar con Él, para tener Su fuerza y la conciencia de que el propio Señor está con nosotros, para que haga brillar Su rostro sobre nosotros. De esa forma, andaremos en el camino recto, y porque el ojo es simple, todo el cuerpo estará lleno de luz. Entonces las dificultades que encontramos en nuestro camino no desalentarán nuestros corazones. Encontraremos en la presencia del Señor la alegría para nuestros corazones. Seremos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.  Dios está con usted, querido hermano. Me alegro de corazón en el Señor, que la verdad se manifiesta claramente en los corazones de los Suyos, también en regiones  donde viven los hermanos. Gracias a Dios, la obra es Suya; y solamente Él puede mantenerla. Que Él le conceda  toda paciencia y humildad, para andar en Cristo; y que él lo fortalezca para cumplir su ministerio hasta el fin…La paz de Dios esté con usted, amado hermano.

Con amor fraternal en Cristo,  su hermano.

J.N. Darby.

(La carta completa se publicó en la revista “Botschafter in der Heimat”, reimpresión de 1950, pág. 170)

Se relata que J.N. Darby, cuando leyó un ejemplar del “Sembrador,” donde se le habló de la separación de Carl Brockhaus de la Asociación Evangélica de Hermanos, dijo: “¡Me gustaría conocer a esos hermanos!” Una primera breve visita de J.N. Darby a Elberfeld tuvo lugar probablemente a finales del año 1853 o a principios de 1854. A finales del año 1854 él nuevamente estuvo por  un tiempo en Elberlfeld. Juntamente con Carl Brockhaus y Julius Anton von Poseck tradujo durante ese tiempo el Nuevo Testamento del griego al alemán. Desde entonces él estuvo varias veces en Elberlfeld en intervalos de 3 y 4 años (1857, 1861, 1864,1869). Elberfeld, entonces fue parte de su itinerario de viajes. El propio Carl Brockhaus, a más tardar en 1855, fue a Inglaterra para visitar a John Nelson Darby, y entre otras cosas, para tener clases de inglés con Darby.

A partir del año 1853, Carl estaba casi ininterrumpidamente viajando, para predicar el evangelio y visitar asambleas que surgían y para instruir a los salvos.  La obra se esparcía cada vez más y más y no solamente llegó a la región de Renania y Westfalia, sino también en Hesse, Baden, Vurtemberga, Alsacia, Bavaria como también en Sajonia, Brandenburgo y Frisia oriental. Muchas veces estaba en Silesia. También estuvo muchas veces en los países bajos y Suiza.

En casa, Carl no estaba menos activo que afuera. En 1853 editó una revista mensual para edificación de los salvos que en el primer año ha llevado el título de “Botschafter in der Heimat”, y a partir de 1854,  se ha llamado “Botschafter des heils in Christo”. Con el correr de las décadas ésta se tornó en una gran bendición para muchos. También publicó una gran cantidad de folletos evangelisticos, folletos y libros para edificación y exposiciones de la palabra de Dios, en parte escritos por él mismo, y otros traducidos del inglés. Por medio de estos escritos las diversas preciosas verdades de la Biblia como la justificación por la fe, la perfección de la obra redentora de Cristo, la unidad de los verdaderos creyentes, la esperanza del retorno del Señor para arrebatar a Su iglesia, etc., eran accesibles a muchos salvos.

Carl Brockhaus también era gran amigo de los niños. En su amor por los niños fue que editó una revista infantil titulada “Fur die lieben Kleinen” (“Para los Queridos Pequeños”) Más tarde, nació  su revista evangelistica mejor conocida “Samenkorner” (“Semillas”).

Ya en 1853, Julius von Poseck comenzó a editar un primer himnario para salvados., imprimiendo una segunda edición en 1856 en Hilden y que contenía 16 himnos. En colaboración de Carl Brockhaus, ese himnario fue ampliado cada vez más. Alrededor de  1880 este contenía 127 himnos, en 1891 ya era 135 himnos, y en 1898,  año del fallecimiento de  Carl Brockhaus,  contenía 145 himnos. En la novena edición del año 1908 tenía 147 himnos.55 de estos himnos eran de la autoría de Carl Brockhaus. El Teniente General von Viebahn dijo respecto a ese himnario: “conozco y amo muchos otros himnos espirituales y los uso en mi casa; pero no conozco otro himnario que estuviese tanto en concordancia con la palabra de Dios en cada línea y que exprese de igual forma la adoración de los salvados.”

Una obra bastante especial de Carl Brockhaus es la edición ya ampliamente divulgada traducción de la Biblia llamada “Elberfelder Bibelubersetzung.” Esta era la primera completa y literal traducción de  la palabra de Dios para el pueblo alemán de acuerdo a la posición actual de la crítica textual. La “Biblia de Elberfeld”, es una necesaria revisión de la Biblia de Lutero. En las introducciones a las diversas  ediciones de la Biblia de Elberfeld,  se reconoce humildemente, la meticulosidad de la Biblia de Lutero y el temor de los colaboradores de la palabra de Dios, pero también la sentida  y profunda necesidad de tener  una traducción mejor y más exacta.

La obra iniciada  en 1854 hizo rápidos progresos. Ya en 1855, el Nuevo Testamento podía ser editado con la editorial de Carl Brockhaus en Elberfeld. Esa obra pionera tenia aun algunas deficiencias y errores, produjo a pesar de ello gran bendición. En el año 1859, siguió la traducción de los Salmos. Para esa finalidad, Carl Brockhaus estuvo por algún tiempo en la casa de J.N. Darby en Londres. Solamente en los años 1869/70, Darby pudo estar presente en Elberfeld para la traducción del Antiguo Testamento. En este trabajo también participaron los hermanos Cornelius Voorhoeve de Rotterdam. Ya en el año 1871 podía publicarse toda la Biblia. Hasta hoy, la Biblia de Elberfeld es reconocida y elogiada por el hecho de reproducir el texto de los idiomas originales de una manera bastantemente fiel a las palabras griegas y hebreas. Esa importante obra estaba en el corazón de Carl Brockhaus. Ediciones posteriores nuevamente sufrieron mejoras bajo la responsabilidad del Dr. Alfred Rochat de Sttugart (El Antiguo Testamento) y de Emil Donges de Darmstadt (el Nuevo Testamento), el conocido traductor de la Biblia Hermann Menge escribió en el año 1920 a Rudolf Brockhaus. “he conocido su `Biblia de Elberfeld` por muchos años y sé que hay muchas personas en Alemania que conocen más y que pueden tener una estimación más elevada aunque la mía. También he recomendado fervientemente esta Biblia en varias oportunidades. El Antiguo Testamento, desde los días de Lutero, nunca fue traducido mejor al Alemán que en su edición de la Biblia, la bendición de la Biblia Elberfeld no puede ser estimada demasiado elevadamente como debiese.” En el año 1856, Carl Brockhaus compró un terreno en “Kleinen Engelsberg”, más tarde “Baustrabe”. El terreno tenía una pequeña casa, donde había un antiguo molino. La asamblea en Elberlfeld estaba creciendo y faltaba un lugar adecuado para sus reuniones, de este modo él construyó en 1866 una casa en parte de su terreno que tenía una planta baja y apartamentos en la planta superior. Cuando su familia creció y estaba hacinada en su pequeña casa, especialmente porque también había allí un depósito de escritos y Biblias que necesitaba cada vez más espacio. De este modo, en 1874, decidió construir una casa más grande en una parte desocupada de su terreno; y se mudó allí en la primavera de 1875. La casa pequeña, desde entonces, fue usada para depósito  y lugar de despacho para escritos cristianos.

Durante más de 40 años Carl Brockhaus estuvo constantemente activo. Finalmente, su edad avanzada no le permitía viajar. Sus fuerzas disminuyeron. En los últimos años de su vida  estaba más detenido en casa y con diversos malestares. Muchas noches pasaba sentado en una poltrona, porque su estado de nervios y su corazón no le permitían acostarse. También le era muy difícil andar por las laderas montañosas del río Wupper, para llevar alimento espiritual a las almas que estaban  en su corazón pastorear y nutrir.

El día 9 de Mayo de 1899, a la edad de 77 años, después de un breve periodo en cama, se fue al hogar en paz, para estar siempre con el Señor, a quien sirvió aquí con gran fidelidad y devoción. A su entierro vinieron centenares de hermanos de cerca y de lejos. Su amigo  Cornelius Voorhoeve hizo un pequeño discurso y dijo con relación al fallecido hermano. “no solamente ha fallecido un pastor, sino también un maestro. Tuve el privilegio de estar presente en las maravillosas conferencias durante tantos años y he quedado muy impresionado con ellas. ¡Cómo él explicaba la palabra divina de una manera clara y explícita, y emocionantemente practica! Muchos de nosotros oyeron,  algunos en esta sala el penúltimo domingo,  lo oyeron explicar y anunciar la palabra del Señor. Y un evangelista también,  y lo era de una manera especial. Dios, por tanto, nos dio mucho, mucho, a través de este hermano.  Pero no hemos venido aquí a elogiar a hombres. No, toda honra y gloria pertenece solamente al Señor. Es Él quien da los dones. Quien también envía a Sus siervos. Y Quien les concede la fuerza y envía las bendiciones. De Él procede todo. Y Él nos dio a Carl Brockhaus, y durante tantos años, casi medio siglo. De este modo, con gratitud, decimos: ¡el Señor dio!, pero ahora tenemos que agregar, “¡el Señor tomó!... Él sabe lo que hace, y por eso decimos juntamente con Job: “¡bendito sea el nombre del Señor!”

                                                                                       Arend Remmers