PRIMERA EPÍSTOLA DE PEDRO

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Arno Clement Gaebelein
1861-1942

                                                                                                                                                   

Introducción

La autenticidad de esta epístola es confirmada por las fuentes más antiguas. Policarpo, quien conoció personalmente al apóstol Juan, cita la epístola de Pedro. Papias de Hierapolis hizo uso de la epístola de igual manera. Fue alrededor de la mitad del siglo segundo. Dos citaciones de la epístola de Pedro se encuentran en una fuente muy antigua, “la enseñanza de los doce apóstoles,” una forma de manual que va hasta 100 años D.C. Todos los otros documentos del primer y segundo siglo muestran que la epístola fue unánimemente conocida y aceptada como siendo de Pedro.

 

Los críticos no han dejado sin ataque esta epístola. No necesitamos citar las diferentes teorías presentadas por Cludius, Eichhorn (el hombre que acuño la frase “Alta Critica”), De Wette, Bauer, Davidson, Pfleideres, Hamack y otros. La principal objeción parece ser que las expresiones usadas en esta epístola son muy parecidas a los pensamientos y expresiones del apóstol Pablo usada en sus epístolas, de este modo, como se asume, pero no puede haberla escrito. Esta teoría se ha expandido a la hipótesis de que alguno que ha pasado un considerable tiempo con Pablo debe haberla escrito, de manera allí las adoptadas ideas y frases paulinas; se ha sugerido que Juan Marcos es esa persona. Los críticos han señalado muchos paralelos con las diferentes epístolas Paulinas. “Al considerar estos paralelos, debemos admitir ideas y fraseologías, himnos, oraciones, confesiones de fe y otras materias que son la propiedad común de la iglesia primitiva; y esto introduciría un grado de similaridad en los escritos de los diferentes autores.

 

Pero mucho del pensamiento y lenguaje de la primera epístola de Pedro pertenece a lo que fue característico de la enseñanza de Pablo y sus seguidores como distinta de las iglesias de Palestina o judías. Los paralelos, en cualquier caso, muestran una dependencia de la enseñanza Paulina.

 

“Pero podemos ir más lejos. Existe una gran variedad de opiniones en cuanto al preciso carácter y extensión de la dependencia de la primera epístola de Pedro de los escritos de Pablo. Se ha sugerido que es justo posible que Pablo mismo haya sido el autor de la primera epístola de Pedro, los pasajes en que ocurre el nombre de Pedro son inserciones posteriores; y también esta epístola y Efesios son la obra de un mismo autor. Pero esa dependencia, especialmente de Romanos, es muy ampliamente reconocida” New Century Bible.

 

Todas estas objeciones, especulaciones, y teorías que niegan la autoría Petrina son respondidas por el hecho de la inspiración. Pedro sin duda conoció y leyó las epístolas de Pablo; de hecho, él habla de ellas en su segunda carta (2 Ped. 3:15-16). Pero eso no significa que él copió y reprodujo las declaraciones encontradas en algunas de las epístolas de Pablo; tampoco esto significa que dependió de pablo cuando escribió su epístola. El Espíritu Santo quien guio la pluma de Pablo también guio la mano de Pedro; todo es la obra directa del Espíritu Santo.

 

Si Pedro usa algunas de las grandes verdades que se encuentran en las epístolas de Pablo es a causa de que el Espíritu de Dios deseaba que estas fuesen nuevamente declaradas. Si examinamos estos paralelos de cerca descubriremos que estos cubren las verdades más esenciales del Cristianismo y que son usadas como exhortaciones prácticas. Aquellos a los cuales Pedro se dirigía necesitaban estas verdades y la aplicación práctica. Por otra parte, hay muchas evidencias internas que prueban que Pedro escribió esta epístola. Se ha señalado que existe una similaridad entre las declaraciones de Pedro en el libro de los Hechos y en esta primera epístola. Compare Hech. 4:11; 2:32; 3:15 con 1 Ped. 2:7; 1:3, 4,8 y 5:1. Él también usa una frase peculiar para la cruz. Esta es la palabra “madero” (la palabra griega xulon. Ver Hech. 5:30; 10:39; 1 Ped. 2:24.

 

Además, el escritor habla de haber sido testigo ocular de los sufrimientos de Cristo (5:1). Él describe estos sufrimientos, como Él fue injuriado y Él no injurió, sufrió y no amenazó. Y Pedro fue un testigo ocular de todo esto. Tampoco es sin significado que solo en esta epístola el Señor Jesucristo es llamado el “Gran o principal Pastor.” A orillas del lago Tiberías el resucitado Señor restauró a Pedro al servicio y le dijo, apaciente Mis ovejas,” entonces Pedro habla del Señor como el principal o Príncipe de los pastores, y también exhorta a los ancianos a ser fieles al apacentar el rebaño de Dios. Así es también con todas las otras objeciones críticas a la creencia tradicional en cuanto a la inspirada autoría de los diferentes libros de la Biblia, las objeciones contra la autoría Petrina de esta epístola son completamente indignas. Pedro escribió esta epístola. La fecha no puede ser definitivamente establecida, pero debe ser puesta entre los años 62 y 65 D.C.

               

SIMON PEDRO

 

Un breve examen de la vida y servicio del apóstol Pedro será útil para comprender sus escritos. Él nació en Betsaida en Galilea, desde donde también vino Felipe (Jn.1:44,45). Su nombre Simón (o Simeón, Hech. 15:14) y el nombre de su padre era Jonás. Él tenía un hermano llamado Andrés, y los tres, el padre, Simón y Andrés eran pescadores en Capernaun. Allí Simón Pedro tenía su hogar, ya que él era un hombre casado (Mt.8:14; 1 Cor.9:5). Su hermano Andrés era un discípulo de Juan el bautista y cuando éste señaló al Señor Jesús como el Cordero de Dios, Andrés lo siguió. Andrés trajo a Pedro al Señor (Jn.1:35-43)

 

Cuando el Señor lo vio reveló su omnisciencia, porque dijo: “Tú eres Simón el hijo de Jonás, tú serás llamado Cefas,” que es la palabra aramaica para piedra. Cuando posteriormente Pedro, en respuesta a la pregunta “¿Quién dicen los hombres que Soy?” Pedro dijo, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente,” el Señor Jesús le dijo, “y Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del hades no prevalecerán contra ella” (Mt.16:17-18). La palabra griega, petros significa una roca pequeña, o piedra; la palabra griega para roca es, petra, la palabra que nuestro Señor usó cuando designó el fundamento de la iglesia. No es Pedro, sino Cristo, quien es la roca. En su epístola Pedro contradice por medio del Espíritu la miserable invención de que él es la roca sobre la cual la iglesia es edificada, que demanda Roma y aun expositores Protestantes. (Ver 1 Ped. 2:4-8). El evangelio registra, como también la epístola a los Gálatas, una buena descripción de su peculiar carácter. Él era impulsivo, apresurado y confiado de sí mismo, aun así, era verdadero, afectuoso y fiel. Antes de que él negase al Señor, el Señor Jesús anunció el gran fracaso de Pedro y aseguró a sus discípulos de Su intercesión, cuando Satanás lo zarandearía como a trigo. En conexión con esto nuestro Señor le dio una comisión. “Cuando hayas vuelto, fortalece a tus hermanos.” Su negación, amargo arrepentimiento, restauración en el lago Tiberias, y la aun mayor comisión a apacentar a las ovejas y corderos del rebaño de Dios, son bien conocidos, de manera que no necesitamos extendernos sobre estas cosas.

 

El Señor también le encomendó las “llaves del reino de los cielos,” no del cielo, ni de la iglesia, sino del reino de los cielos, es decir, de eso que está ahora sobre la tierra. El libro de los Hechos nos presenta la historia del uso de estas llaves. Él las usó en conexión con los judíos en Pentecostés, cuando les predicó, y abrió la puerta a aquellos que lo escucharon; después usó las llaves una vez más en la casa de Cornelio (Hech.10) donde abrió la puerta a los gentiles. Esto es lo que tenía en vista el Señor.

 

Existe otro significativo hecho, al escribir sus epístolas Pedro nunca mencionó su comisión de las llaves. De acuerdo a Roma y otras iglesias ritualistas él habría declarado al comienzo de su epístola que es el supremo propietario de las llaves del reino de los cielos. Pero Pedro no ha sido el gran apóstol de los gentiles; el Señor llamó a Pablo a esta posición. Pero es el actor prominente al comienzo del libro de los Hechos, cuando el evangelio era predicado “al judío primero.” Después Jerusalén rechazó el evangelio y el apóstol de los gentiles hubo sido llamado, Pablo viene a ser la figura prominente en los Hechos. Pedro es mencionado solo una vez más en conexión con el concilio que tuvo lugar en Jerusalén (Hech.15). En Gálatas cap.2 su carácter judío al apartarse de los creyentes gentiles después de haber tenido comunión con ellos es reprendido por Pablo. En ese capítulo también leemos que Pedro con Santiago y Juan eran ministros de la circuncisión, es decir, de los judíos; mientras Pablo y Bernabé debían ir a los gentiles.

 

Después de este incidente no escuchamos nada más acerca de Pedro. El Espíritu de Dios podía habernos dado un completo relato de lo que él hizo, donde fue, pero todo se pasa bajo silencio. El omnisciente Espíritu vio lo que venía sobre la cristiandad. Él sabía que el ritualismo daría a Pedro un lugar de supremacía en el cuerpo de Cristo que no le pertenece. Por tanto, la vida y servicio de Pedro son pasados por alto por el Espíritu Santo y no escuchamos nada más acerca de él en los registros inspirados. Pero escuchamos de él en las dos epístolas que llevan su nombre y que él escribió.

 

Pero mientras la Escritura es silenciosa respecto a esto, la tradición no. Se demanda por Eusebio el historiador que él fue obispo de Antioquía, la iglesia que él fundó. Pero esta última declaración es contradicha por Hech.11:19-21 y la primera es igualmente incorrecta. Otras fuentes antiguas declaran que él estuvo muy activo en Asia Menor. Que él debe haber ministrado ampliamente puede ser demostrado por 1 Cor.9:5. “¿No tengo poder llevar una hermana, una esposa, como también los otros apóstoles, y como el hermano del Señor y Cefas?” pero todo el ministerio que él realizó no nos es revelado.

Otra tradición sostiene que él se estableció en Roma para oponerse a Simón el mago (Hech.8). Justin Mártir en sus escritos declara que Simón el mago fue adorado en Roma como un dios a causa de sus poderes mágicos. Debido a esto ellos le habían levantado una estatua en una isla en el río Tiber donde se había inscrito “Simoni Deo Sancto.” Actualmente se encontró en el año 1574 en el Tiber una piedra con la inscripción “Semoni Sanco Deo Fidio Sacrumi”. “al dios Semo Sancus.”, el Sabine Hércules, que es una prueba definitiva de que Justin Mártir estaba errado. Sobre esto se apoya la leyenda de que Pedro fue a Roma para oponerse a Simón el mago. Se sostiene que Pedro fue obispo de Roma por 25 años y fundó lo que es llamado “the Holu See”, que posteriormente se desarrolló en el abominable Papado con sus mentiras. Pedro nunca vio Roma. Como lo mostraremos después en la introducción, hay suficiente autoridad escritural para contradecir esta leyenda. Otra leyenda declara que él fue martirizado en Roma, donde el Señor le apareció, cuando Pedro había dejado la ciudad para escapar de la muerte. Que él moriría martirizado había sido anunciado por el Señor, como también la forma de su muerte por crucifixión. Nadie conoce donde esta muerte tuvo lugar. Cuando él escribió su segunda epístola fue un breve tiempo antes de su muerte (2 Ped.1:14); pero esa epístola no fue escrita desde Roma. 

       

¿Escribió Pedro de Babilonia o Roma?

 

Al final de la epístola leemos el siguiente saludo: “la iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, os saluda, y también mi hijo Marcos.” La iglesia “no aparece en el original: esto por tanto se ha explicado que Pedro significa por ello a su esposa, aunque parece más probable que él pensaba en otras elegidas que estaban con él en Babilonia. Se establece el hecho que cuando él escribió esta epístola Pedro estaba en Babilonia. Pero eso no significa la Babilonia literal a orillas del Éufrates o la mística Babilonia, ¿qué es Roma? Los escritores católicos romanos demandan que esto significa la ciudad de Roma, y un mayor número de comentadores protestantes apoyan esta vista. Ellos sostienen que él estaba en Roma con Marcos. Ellos dicen que Babilonia tiene el mismo significado que tiene la palabra en el libro de Apocalipsis, es decir, no la Babilonia literal, sino Roma.

 

No hay prueba definitiva de que Roma fue universalmente llamada “Babilonia” antes de que Juan recibiese esto en su visión en Patmos, se sostiene que la persecución bajo Nerón guio a los cristianos a llamar a Roma con el nombre de Babilonia; pero pareciera que el nombre de Babilonia fue ampliamente usado para Roma después que Juan hubo escrito su epístola, ¿cómo, entonces, podría él haber usado este nombre místico para Roma? Además, un nombre místico está fuera de lugar en una epístola. Esta sería la única instancia en todo el testimonio epistolar donde un lugar es camuflageado en esta forma. El uso de un nombre místico en una epístola parece ser algo forzado. Por tanto, esta debe ser la babilonia literal en Mesopotamia. ¿Y por qué no podría ser esto? leemos en el cap.2 de Hechos que entre estos que estaban en Jerusalén cuando el Espíritu Santo vino a la tierra había “partos, medas, elamitas y moradores de Mesopotamia.” Ellos habían escuchado el testimonio de Pedro y algunos de ellos deben haberse convertido. Muchos judíos moraban allí, y mientras en el año 41 D.C. Calígula instituyó una persecución contra los judíos en Babilonia y muchos dejaron ese lugar, todavía había allí una gran compañía de ellos en la ciudad que crecía rápidamente.

 

Pero la evidencia más conclusiva contra Babilonia, significando Roma, es el completo silencio del apóstol Pablo acerca de Pedro estando en Roma, Pablo envió su epístola a la iglesia en Roma en el año 58 D.C. En esa epístola el saluda a muchos creyentes que estaban en Roma. Si Pedro hubiese estado allí, ¿por qué no lo mencionaría a él también? Él fue a Roma como un prisionero en el año 61, pero no hay una sola palabra acerca de encontrar a Pedro en Roma. Finalmente, cuando pablo escribió su última epístola desde Roma hace la significativa declaración. “solo Lucas está conmigo” (1 Tim.4:11). Este silencio acerca de Pedro en la epístola Paulina solo puede explicarse por el hecho que Pedro no estaba en Roma.

 

Dirigida a los creyentes en la Dispersión 

 

La epístola es dirigida a los moradores en la dispersión, es decir, a los creyentes judíos que estaban dispersos a través de todo el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, provincias en la parte noreste de Asia menor. Muchas asambleas habían sido fundadas allí y muchos creyentes judíos. Ellos probablemente tenían sus propias reuniones, manteniéndose lejos de las asambleas formadas por creyentes gentiles. Ellos eran el remanente y aun así al haber creído ellos eran miembros del cuerpo de Cristo.  

 

EL PROPÓSITO Y MENSAJE DE LA EPÍSTOLA

 

Cuando Pedro escribió esta epístola él cumplía la petición del Señor, cuando le dijo, “fortalece a tus hermanos.” Ellos necesitaban fortaleza y consuelo porque estaban pasando a través de toda clase de persecuciones; su fe estaba siendo severamente probada. Como creyentes ellos eran peregrinos y extranjeros sobre la tierra, su porción y llamamiento era diferente al de los judíos incrédulos, entre quienes ellos sufrían. El Señor Jesucristo quien sufrió en su favor es repetidamente presentado como un modelo para ellos en sus persecuciones, y benditas exhortaciones son enlazadas con la Persona y el santo carácter de nuestro Señor. La epístola no es doctrinal, aunque las grandes doctrinas del Cristianismo son vistas a través de toda la epístola. Esta es, como la epístola de Santiago, una epístola práctica, que abunda con exhortaciones y referencias a la historia del Antiguo Testamento convenientes a judíos en sus pruebas. La nota clave es “sufrimiento y gloria.” Las palabras sufrimientos y sufrir ocurren quince veces y la palabra gloria, diez veces.

 

El mismo error se ha enseñado por algunos extremistas en interpretación bíblica que ya hemos señalado en la introducción a la epístola de Santiago, es decir, que ésta tiene un carácter judío y no pertenece a las epístolas en las cuales la iglesia y el llamamiento celestial son revelados, y por tanto la iglesia no debiese considerarla. Este es un error muy vital. La primera epístola de Pedro tiene un importante mensaje también para todos los creyentes en todo tiempo; pasar por alto y no dar atención a su bendito mensaje, su consuelo y exhortaciones significaría una muy seria pérdida. Una lectura parcial de la Biblia produce un carácter y servicio cristiano también parcial. Y hay demasiado de tales personas en la iglesia hoy.

 

La división de la primera epístola de Pedro  

 

Como se ha declarado en la introducción, la nota clave de la epístola es “sufrimiento y gloria.” El fin de su peregrinaje, cuando todos los sufrimientos terminen, será la salvación y posesión de una herencia incorruptible, incontaminable y que no se marchita. Esta salvación fue el objeto de investigación por sus propios profetas. El Espíritu de Cristo que estaba en ellos testificó de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y la gloria que seguirían. De este modo ellos como siendo Suyos e identificados con Él también tenían que sufrir para que en debido tiempo serían seguidos por la gloria. La gloria viene con Su revelación, Su aparición, cuando él vuelva nuevamente. 

 

Dividiremos la epístola en cinco secciones, pero algo diferente a los cinco capítulos en que la epístola está dividida en nuestras Biblias.

 

   I. SUFRIMIENTOS DE LOS CREYENTES Y EXHORTACIÓN A UNA VIDA SANTA (1:1-21)

   II. BENDICIONES Y PRIVILEGIOS DE TODOS LOS CREYENTES (1:22-2:10)

   III. CRISTO EL MODELO PARA SUS SANTOS (2:11-3:9)

   IV. CONSUELO EN MEDIO DE LAS PRUEBAS Y SUFRIMIENTOS (3:10-4)

   V. EXHORTACIONES CONCERNIENTES AL SERVICIO Y CONFLICTO (5)

 

 

             Análisis y anotaciones

 

    I. SUFRIMIENTOS DE LOS CREYENTES Y EXHORTACIONES A UNA VIDA SANTA

 

               CAPITULO 1:1-21

 

   1. Introducción y doxología (1:1-5)

   2. Sufrimiento y la gloria futura (1:6-9)

   3. Como revelado en los profetas (1:10-12)

   4. Exhortaciones a una vida santa (1:13-21)

 

   Versos 1-5. Como se ha declarado en la introducción, Pedro escribe a los creyentes judíos en la dispersión a través de las provincias mencionadas en el primer verso. Allí vemos enseguida un contraste entre ellos como verdaderos creyentes y su condición anterior. La nación a la que ellos pertenecían era una nación elegida, pero ellos eran “elegidos conforme a la presciencia de Dios el Padre.” Esto es algo infinitamente más elevado que una elección nacional. Aquí tenemos una elección individual; ellos fueron conocidos en la presciencia de Dios el Padre. En el Antiguo Testamento el Señor llamó a Israel nacionalmente “mi hijo primogénito,” pero ningún israelita individual conoció a Dios como su Padre, tampoco se conocía a sí mismo como un hijo de Dios y un miembro de la familia de Dios. Ellos habían recibido algo mejor.

 

La nación había sido puesta a un lado mientras aquellos que creían eran introducidos individualmente dentro de la familia de Dios, conociendo a Dios como su Padre, mientras ellos venían a ser Sus hijos. Israel como una nación fue puesta aparte externamente y por medio de ordenanzas; pero su puesta aparte, o santificación, fue a través del Espíritu. Su santificación fue para la obediencia y el rociamiento de la sangre de Jesucristo. Su puesta aparte fue vastamente diferente de esa separación que Dios ha concedido a la nación como tal. El Espíritu Santo los puso aparte para la obediencia de Cristo, llamados a obedecer como Él obedeció, no a la obediencia de la ley. Conectado con esta obediencia está el rociamiento de la sangre de Jesucristo, esa preciosa sangre tipificada por sus anteriores sacrificios que eran incapaces de limpiar del pecado, pero la sangre de Cristo asegura perfecto perdón y justificación, y eso da confianza e intrepidez ante Dios, y libertad y poder para practicar la obediencia de Cristo, para lo cual el creyente es puesto aparte.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien, de acuerdo a Su gran misericordia, nos ha engendrado para una esperanza viva por medio de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.” Esta es la doxología. Ésta declara las nuevas relaciones dentro de las cuales él ha sido llevado; porque para estos creyentes judíos no se trata más del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, sino de “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” Ellos fueron renacidos para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Este es un gozoso canto de una esperanza mejor.

 

 Podemos pensar de lo que esto significaba para Pedro, como también para los otros discípulos. Ellos habían creído en Jesús como su prometido y nacional Mesías. Su esperanza estaba en Él. Como Él dijo a los dos que iban camino a Emaús, “nosotros confiábamos que Él redimiría a Israel.” Ellos esperaban que Él sería Rey y tomaría el trono de Su padre David. Entonces aquel que era su esperanza murió sobre la vergonzosa cruz y su esperanza murió. La esperanza se reavivó, si, ellos fueron renacidos para una esperanza viva. Su resurrección estaba engendrando para una esperanza viva, no más la esperanza de un reino terrenal sino para una esperanza viva “para una herencia incorruptible e incontaminada.” Y esta esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, la esperanza que se centra en Él como el viviente, resucitado y glorificado, que es la esperanza de todo Su pueblo.

 

Israel como una nación poseía una herencia terrenal, la tierra prometida y con ella correspondientes bendiciones terrenales. Pero ahora como elegidos conforme a la presciencia del Padre, ellos tienen una mejor herencia. Las cosas terrenales son corruptibles; la herencia celestial es incorruptible. Las cosas terrenales son contaminables, manchas se pegan a las más hermosas de éstas; la herencia futura es incontaminable, y tampoco puede mancharse por el pecado y su maldición, ésta es eternamente pura. Aquí sobre la tierra todo está decayendo, cada hermosa flor tiene sus raíces en un sepulcro, todo está pasando y marchitando; pero esa herencia que recibiremos nunca se marchita, es siempre fresca y bella. Y esta herencia está “preservada en el cielo para vosotros”; esta está más que reservada, como lo tenemos en nuestras Biblias. Está con Él en gloria y Él la preserva para Sus santos, de manera que la cruel mano de Satanás no puede tocarla ni quitarla del hombre. Y mientras esa herencia es preservada de este modo por el Señor en gloria, los santos son guardados para la herencia por el poder de Dios a través de la fe. Aquí está la verdadera perseverancia de los santos; el poder para perseverar y guardar no está en nosotros sino en Dios. Esa herencia está preparada para ser revelada en los últimos tiempos, es decir, cuando el Señor venga por Sus santos.

 

     Versos 6-9. El camino a la tierra prometida para el Israel literal guía a través de las arenas del desierto con pruebas. El camino de los elegidos en Cristo también guía a través del desierto con sus experiencias del desierto; la fe también debe ser honrada y glorificada por las pruebas. La fe no solo es una cosa preciosa para nosotros, sino que también es preciosa para Dios. Esta es Su oro, en lo que Él se regocija. Para mostrar su valor se permiten varias pruebas por parte de Él: “para que la prueba de vuestra fe, siendo mucho más preciosa que el oro que perece, aunque es probado con fuego, pueda ser hallada en alabanza, honor y gloria a la aparición de Jesucristo.” El objeto de la esperanza, cuando la herencia será concedida, es la aparición de Jesucristo. Esta es Su aparición visible. Pedro escribe como el apóstol de la circuncisión y no escribe acerca de la iglesia como el cuerpo de Cristo, el llamamiento celestial y el destino de la iglesia, por tanto, él no dice nada acerca del rapto que precede la revelación o manifestación. Pedro siempre habla de Su aparición o manifestación; la salación como es usada en este capítulo significa la manifestación en gloria, cuando él aparezca en gloria visible y cuando será manifestado con Él en gloria. Habiendo mencionado Su aparición, el Espíritu de Dios dirige la atención una vez más a la persona de Cristo. Él siempre debe ser el objeto de la fe y la ocupación del verdadero creyente. Esto manifiesta el verdadero carácter del Cristianismo.

 

“A quien amáis sin haber visto.” Este es un sonido y hecho extraño al principio, pero al final es precioso. ¿Quién alguna vez ha amado a una persona que nunca ha visto? Sabemos que en las relaciones humanas no es así. En las cosas divinas esto es precisamente lo que muestra el poder y carácter especial de la fe de un cristiano “a quien, no viendo, amáis, en quien, aunque ahora no le veis, todavía creyendo, os regocijáis con gozo inefable y lleno de gloria: recibiendo al fin de vuestra fe, la salvación de vuestras almas.” Esto enseguida nos presenta un verdadero y vívido cuadro de lo que es el Cristianismo, que era importante que los judíos pesaran, porque ellos estaban siempre esperando un Mesías visible como un objeto, el Hijo de David. Pero aquí es completamente otro orden de ideas. Es un Mesías rechazado que es el propio objeto del amor del cristiano, aunque él nunca le ha visto; y quien mientras invisible viene a ser el simple y puro objeto de su fe, y la fuente de “gozo inefable y lleno de gloria” (Wm. Kelly)

 

 

   Versos 10-12. Él dirige su atención a los Profetas. El Espíritu de Cristo estaba en ellos y testificaba de antemano de los sufrimientos de Cristo y de las glorias que los seguirían. Este es el gran mensaje de estos santos hombres de Dios que hablaron siendo movidos por el Espíritu Santo. Cuando nuestro Señor dijo a los judíos, “escudriñad las Escrituras…porque ellas dan testimonio de Mi” Él llama la atención al mismo hecho. Ellos profetizaron de la gracia que había venido y aunque ellos no comprendían sus propias profecías, ellos indagaron diligentemente, y estudiaron lo que ellos habían escrito, buscando encontrar ese tiempo, cercano o lejano, que debían tener lugar. Pero ellos sabían una cosa, “y les fue revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros ellos ministraban las cosas que os han sido reportadas por aquellos que han predicado el evangelio a vosotros por el Espíritu Santo enviado desde el cielo, lo cual anhelan mirar los ángeles.” Ellos sabían que no era para sí mismos, ni para sus propios tiempos, lo que el Espíritu anunciaba, sino para otro tiempo. El pasaje es ilustrado por comparar Isa.64:4 con 1 Cor.2:9-10. El Espíritu habiendo venido desde el cielo después que Cristo hubo muerto y fue resucitado de entre los muertos, ha hecho conocida la plenitud de la redención. Y los ángeles anhelan mirar dentro de estas cosas; ellos buscan explorar y sondear las maravillas de esa redención y las glorias futuras que están conectadas con esto.

 

   Versos 13-21. La primera exhortación es a ceñir los lomos del entendimiento. El hombre que ciñe los lomos de su cuerpo está preparado para el servicio; el ceñir los lomos del entendimiento significa poner la mente sobre estas cosas, las cosas espirituales invisibles. Ser sobrio significa ser vigilante y templado, andando de esta manera sobriamente, “y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”. Como ellos son ahora “hijos obedientes “en la familia de Dios, su responsabilidad y llamamiento es vivir y actuar como tal. Un Dios santo demanda un pueblo santo; este fue el llamamiento de Dios para Su pueblo Israel en el Antiguo Testamento, este es Su llamado a los elegidos en el Nuevo Testamento (Lv.11:44). Se necesita un andar en el Espíritu como éste es plenamente revelado en las epístolas a los Romanos y Gálatas.

Después encontramos dos grandes razones para andar en santidad; la primera razón es la relación que los creyentes tienen como hijos, Dios siendo su Padre; la segunda, el precio de redención que fue pagado.

 

“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 
1:18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 
1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 
1:20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 
1:21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.”

 

Él nos ha llamado por Su gracia y nosotros lo llamamos Padre. Como Padre, el cabeza de Su familia, a la cual pertenecemos, Él debe gobernar Su casa. Como Padre Él ejerce juicio en gobierno con relación a Sus hijos; Él debe castigar a sus hijos si ellos no andan como conviene a aquellos que poseen la naturaleza divina. Y aunque ese gobierno es uno de amor y gracia, los tratos del Padre con un hijo amado, debemos pasar el tiempo de nuestro peregrinaje con temor. Pero este no es un temor servil, tampoco un temor que tiene en si elementos de incertidumbre en cuanto a la salvación, un temor que tiembla ante un Dios santo, que teme Su ira. Se trata más bien de un temor piadoso, un santo temor, el temor de no agradarle. Este santo temor debiese ser una pasión a una medida a la altura de nuestro llamamiento como hijos y no desagradar a Aquel que es nuestro Padre, de manera que Él no necesite ejercer el juicio de Padre sobre nosotros.

  

   Mientras la primera razón para andar en santidad tiene que ver con nuestra conciencia, la segunda concierne a las afecciones. Esa bendita redención por medio de la sangre de Cristo, el Cordero sin mancha, ya destinada de antes de la fundación del mundo, es el otro gran incentivo para agradar a Dios. No es con plata ni oro que Él nos ha redimido de todas las cosas vanas, ya sea vanas tradiciones religiosas, o una vana manera de vivir, sino con aquellos que es lo más querido, la más bendita y preciosa cosa a los ojos y corazón de Dios, la sangre de Cristo. Ninguna mente finita puede comprender el precio que Dios pagó por nuestra redención. Por Él creemos en Dios, quien lo levantó de entre los muertos y le dio gloria. Y esa gloria adquirida que Él ha recibido la ha dado a los Suyos. (Jn.17:22)

 

       II. BENDICIONES Y PRIVILEGIOS DE TODOS LOS CREYENTES

 

               CAPITULO 1:22-2:10

 

   1. El Nuevo nacimiento (1:22-25)

   2. Crecimiento spiritual (2:1-3)

   3. Los privilegios de los creyentes como un sacerdocio santo y real (2:4-10)

 

   Versos 22-25. Las relaciones de aquellos que han sido redimidos de esta manera, cuya fe y esperanza están en Dios, y que lo levantó de entre los muertos y le dio gloria, cuyas almas han sido purificadas por la obediencia a la verdad, el amor sin fingimiento de los hermanos, se menciona en primer lugar: “amaos los unos a los otros fervientemente con amor puro.” Todos los elegidos a través de la presciencia de Dios Padre son cubiertos con el mismo amor, han sido redimidos por el mismo Cordero, lavados en la misma preciosa sangre, tienen el mismo Padre. Ellos son uno; son hermanos y tal amor debe caracterizarlos. Pero este amor, este amarse los unos a los otros con corazón puro, es el fruto de la nueva naturaleza que poseen todos los que han creído y sido redimidos por la sangre preciosa sangre del Cordero. “Siendo renacidos no de simiente corruptible sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre.” La palabra de Dios, viviendo y permaneciendo, bajo la operación del Espíritu (la Palabra es “el agua” de la cual nuestro Señor habló a Nicodemo) es el agente del nuevo nacimiento. Esta no es una simiente corruptible, sino incorruptible, entonces la naturaleza es incorruptible, una naturaleza santa. Hay tres cosas incorruptibles mencionadas en este capítulo. Una herencia incorruptible, un incorruptible precio de redención, y una simiente incorruptible que comunica una naturaleza incorruptible. Y esa nueva naturaleza debe amar lo que es de Dios, por tanto, la exhortación de amarse los unos a los otros, que es más plenamente desarrollado en la gran “Epístola familiar”, la primera epístola de Juan.

 

Pero el Nuevo nacimiento lleva consigo otra bendición. “porque toda carne es como hierba y toda gloria de ésta como flor. La hierba se seca y la flor se marchita y cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre, y esta es la palabra que por el evangelio os es predicada.”

 

La antigua creación es dejada atrás, el mundo con toda su gloria y jactancia, es juzgado. Todo es hierba y la gloria del hombre como la flor de la hierba. Estos renacidos no pertenecen más a este mundo, como Él oró, “ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.” Las palabras concernientes a la hierba y a la flor de la hierba son una citación de Isa. 40:6,8. Pero la citación ha sido cambiada un poco. En Isaías leemos, “la hierba se seca y la flor se marchita,” y aquí es, “la hierba se ha secado y la flor ha caído,” así es como la fe debe considerar el mundo y toda su gloria, como secada y caída, sin atracción para el corazón que conoce a Dios. pero aquellos que han renacido son unidos con aquello que permanece para siempre, la palabra de Dios, predicada en ese siempre bendito evangelio.

 

Versos.1-3.. Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones,

2:2 desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,

2:3 si es que habéis gustado la benignidad del Señor”

 

Estos que han sido renacidos de simiente incorruptible, y que poseen una nueva naturaleza, están todavía en el mundo, aunque no son más de éste. El mal está por todas partes y allí está aún la vieja naturaleza, en cada hijo de Dios, aunque los creyentes son contados como no estando más en la carne (Rom.8:9) las viejas cosas de la carne deben ser puestas a un lado, completamente. Esta es una cosa necesaria para el crecimiento espiritual; si no hay un despojarse de estas cosas no puede haber progreso. Pedro habla de creyentes como “recién nacidos.”

 

El sentido en el cual esta expresión es usada aquí difiere del uso que se hace de ésta en 1 Cor.3:1,” y yo, hermanos, no puede hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a bebés en Cristo.” El crecimiento espiritual de los corintios había sido detenido y decrecido; ellos no se habían desarrollado, sino que habían permanecido como bebés, una monstruosidad espiritual. Pero el significado aquí es completamente diferente. Los creyentes debiesen ser en todo tiempo como recién nacidos hambrientos por eso que el Señor ha provisto para el crecimiento espiritual, la leche con toda su pureza como ella se encuentra en la palabra de Dios. La madre por la cual somos engendrados de nuevo, es la viviente y permanente palabra de Dios, y tiene también el alimento para la vida que hemos recibido. En este sentido el hijo de Dios debe ser siempre como un bebé sano, siempre anhelando, teniendo hambre y sed de la pura leche que se provee en Su palabra. Todo lo que necesitamos, si, allí se provee a cada necesidad, y debemos ir a esa fuente que nunca se seca, ni falla ni defrauda, por ella creceremos.

 

Uno de los más sutiles engaños que se encuentra entre algunas sectas Pentecostales, que piensan que ellos están tan llenos del Espíritu Santo que no necesitan leer y alimentarse de la palabra de Dios. En la versión autorizada dos palabras están perdidas que pertenecen al texto; estas son las palabras “para salvación”, y “para que podáis crecer por ella para salvación.” Estas son omitidas en algunos manuscritos, pero pertenecen aquí. La salvación aquí tiene el mismo significado que en el primer capítulo, esta expresión mira hacia el final en gloria.

 

Y si hemos sentido que el Señor es bondadoso, hemos probado de Su benignidad. Pensamos en su negación, y cuando el Señor se volvió y lo miró, Pedro salió y lloró amargamente. Él había probado que el Señor es bondadoso, y más, cuando Él trató en gracia con Él en la comida que Sus benditas manos habían preparado para Sus discípulos a orillas del lago (Jn.21), y Su amante voz preguntó, “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?” La sentencia, “si habéis gustado que el Señor es benigno”, es una citación del Sal. 34:8. David, como Pedro, había fallado vergonzosamente y como Pedro él había probado que el Señor es benigno. Todos Sus santos han tenido la misma experiencia de la benignidad del Señor.

 

Versos.4-10. El testimonio que sigue de Pedro es de gran importancia. El pescador de Galilea no sabía nada de lo que ocurriría siglos después. Él no conocía que el ritualismo lo exaltaría a una posición de supremacía, demandando que él era y es la roca sobre la cual ha sido edificada la iglesia, que él fue un obispo que comunicó en Roma su autoridad apostólica a otro, como se demanda a uno llamado Linus, y Linus a Anacletus, Anacletus a Sixtus, y así de generación en generación, cada uno añadiendo un poco más hasta que el sistema de la mística ramera Babilonia, el Papado vino a ser lo que es hoy. Pero mientras Pedro no conocía el futuro, el Espíritu Santo conocía e inspiró su pluma para escribir lo que es una completa refutación del Papado y un sacerdocio hecho por el hombre.

 

Tampoco Pedro es la piedra viva sobre la cual descansa todo, sino el Señor Jesucristo es la Roca fundamental, la Piedra sobre la cual todo es edificado. Pedro no fue rechazado por los hombres, después escogido por Dios y precioso, sino que es el Señor Jesucristo. Las Escrituras habían anunciado este hecho anticipadamente. Isa.28:16 es citado en el v.6. Esto es seguido por una citación del Sal.118:22 e Isa. 8:14. El Señor Jesús mientras estuvo sobre la tierra hizo uso de estas profecías dadas por Su Espíritu (Mt.21:42). El Espíritu Santo después de Pentecostés recordó a los gobernadores, ancianos y escribas del pueblo una vez más esta gran profecía concerniente al rechazo del Mesías por la nación (Hech.4:9-12). Y cuando el Señor Jesús citó esta profecía del Sal.118 Él añadió, lo que se cita aquí en el v.8, que todo aquel que caiga sobre esta roca será quebrantado, eso es lo que ha ocurrido a la nación de Israel.

 

La segunda mitad de esta declaración de nuestro Señor en Mt.21:44 todavía no se cumple, “y sobre quien ella cayere, le desmenuzará”. Esto ocurrirá al final del tiempo de los gentiles, cuando la piedra golpeará los pies de la imagen profética (Dn.2). Israel ha rechazado la Piedra y por tanto era inadecuado como nación para edificar la casa espiritual, como el Señor lo había de igual modo anunciado: “el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a una nación que de los frutos.” Ellos tuvieron como nación una casa llamada “la casa del Señor,” donde Él se deleitaba en morar, pero esta no era una casa espiritual, sino una casa hecha con manos, una sombra de cosas mejores que habían de venir. 

 

Cuando Israel rechazó al Mesías y el reino que Él había ofrecido, cuando ellos lo entregaron y él murió, después de Su resurrección de entre los muertos y Su exaltación a la diestra de Dios, la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, vino a la tierra con el propósito de edificar entre los hombres la habitación de Dios, una casa espiritual, y esa casa es la iglesia. De esta manera Pedro da testimonio a Cristo como la Piedra Viva, la roca sobre la cual la iglesia “la casa espiritual” está siendo edificada. Él con todos los otros creyentes, incluyéndonos a nosotros mismos, son las piedras vivas. Como se ha mencionado en la introducción, Cristo es la Petra, la Roca, Pedro y todo otro hijo de Dios es un petros, una roca pequeña, una piedra viva con Él mismo (Mt.16:17-18). Y Su hijo a quien el hombre ha deshonrado y rechazado es precioso para Dios; Él es nuestra delicia; Él es precioso para aquellos que han creído; Él es nuestra delicia. Mientras Dios dice que Su delicia está en Él, nosotros también confesamos que nuestra delicia está en el Señor Jesucristo.

 

Además, todos los creyentes constituyen un sacerdocio santo. Pedro no demanda un sacerdocio exclusivo que recae en él, pero su testimonio inspirado es que todos los miembros del cuerpo de Cristo, las piedras vivas, son un sacerdocio. En el Antiguo Testamento el sacerdocio de Cristo fue prefigurado en Aarón y el sacerdocio de los creyentes por los hijos de Aarón. (Ver anotaciones en Levíticos) No se necesitan más sacrificios de animales, porque Él ha introducido un sacrificio, por el cual ha hecho un camino nuevo y vivo por medio de Su sangre dentro del lugar santísimo, de manera que cada creyente puede acercarse con un corazón sincero y plena seguridad de fe, con corazones rociados de una mala conciencia y los cuerpos lavados con agua pura (Heb.10:19-22). Esto pone a un lado completamente el sacerdocio ritualista, que recae en hombres “ordenados”, ese sistema que ha sido y todavía es y siempre será, la corrupción del Cristianismo. Esto también responde a la blasfema misa, que es un acto de idolatría.

 

La función del sacerdocio santo de los creyentes consiste en presentar sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Heb.13:15). Esto es adoración en espíritu y verdad; esto es alabanza y adoración como también el ministerio de intercesión.

 

Una vez más Pedro menciona el hecho del sacerdocio cristiano. “pero vosotros sois una generación escogida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo peculiar; para que anunciéis las excelencias de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su maravillosa luz; que en tiempo pasado no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que hasta aquí no habíais obtenido misericordia, pero que ahora habéis obtenido misericordia” (Oseas 2:23). Israel fue escogido, llamado para ser un reino de sacerdotes y una nación santa, ellos fueron llamados para “publicar Sus alabanzas.” Ellos nunca alcanzaron esto, porque no fueron una nación santa, aunque constituyeron una nación separada por el llamamiento de Dios. Pero estos creyentes judíos a través de la gracia en Cristo Jesús habían venido a ser una generación escogida, un sacerdocio real, una nación santa y un pueblo peculiar. Como un remanente de la nación ellos ahora poseían lo que la nación jamás poseyó. Por supuesto que ese remanente fue encarnado en la iglesia, y es una parte del cuerpo de Cristo. Aun así, la aplicación a ellos como un remanente no debe perderse de vista.

 

Tampoco debemos olvidar que habrá un remanente futuro de la nación, la nación que ahora está dispersa, que vendrá a ser una nación santa, un sacerdocio real en conexión con las otras naciones. Las promesas, los dones y llamamiento de Dios, serán cumplidos, y aquellos que no habían obtenido misericordia obtendrán misericordia; eso será cuando Aquel a quien han traspasado vendrá nuevamente y cuando ellos mirarán a Él en ese día. Aparte de esta aplicación a ellos como creyentes judíos, a quienes la epístola fue dirigida, todos los creyentes, sea judíos o gentiles, tienen un sacerdocio real. Cristo es un Sacerdote santo y real; ambos aspectos de Su sacerdocio los creyentes lo comparten en Él. Somos sacerdotes santos para ir a Dios para representar al hombre ante Dios; somos sacerdotes reales para representar a Dios ante los hombres, para mostrar Sus excelencias. El sacerdocio real de Cristo, es el sacerdocio conforme al orden de Melquisedec. Él fue rey y sacerdote quien vino a Abraham y dio a conocer a Dios y Su gloria a Abraham. De esta manera en Cristo vemos la gloria de Dios y como identificados con Cristo, y Él morando en nosotros, nuestro sacerdocio real es hacerlo conocido a Él en Sus excelencias entre los hombres.

 

 

         III. CRISTO EL MODELO PARA SUS SANTOS

 

               CAPITULO 2:11-3:9

 

   1. Abstinencia y sumisión (2:11-17)

   2. Cristo el modelo para quienes sufren (2:18-25)

   3. Glorificando a Cristo en las relaciones matrimoniales (3:1-7)

   4. El verdadero carácter cristiano (3:8-9)

 

   Versos. 11-17. La primera exhortación es dirigida a ellos como extranjeros y peregrines. Tales son los verdaderos creyentes. Porque pertenecemos a un hogar celestial no podemos sentirnos en casa en un mundo que está bajo el malo, que ha rechazado al Señor de gloria, y que continúa rechazándolo. Y es solo como extranjeros aquí que podemos hacer lo que somos exhortados a hacer, “absteneos de toda clase de mal que batallan contra el alma.” Si nuestro corazón está donde Él está, si nuestras afecciones están establecidas sobre las cosas de arriba, si perdemos de vista “las cosas vanas” que agradan al hombre natural, y con fe realizamos el llamamiento y el hogar celestial, entonces no lucharemos contra las codicias de la carne, sino que voluntaria y gozosamente nos abstendremos de ellas, huyendo de éstas, como Pablo exhortaba a Timoteo.

 

A esto sigue una exhortación general. Si conducta entre los gentiles debe ser honesta quienes a menudo hablan de ellos como malhechores, acusando a los cristianos de lo que es su propia mala conducta, como gentiles no salvados, de manera a llevar reproche sobre “el digno Nombre.” Por medio de sus vidas piadosas los gentiles debiesen ver sus buenas obras y cuando el día de visitación llegue, ellos glorifiquen a Dios. ¿Significa esto una visitación de juicio, o una de gracia? Esto significa lo último, aunque una visitación por la mano castigadora de Dios no es excluida. Cuando vienen las aflicciones, cuando las esperanzas terrenales se han marchitado, cuando la enfermedad hace el gozo de las cosas materiales imposibles, entonces los incrédulos a menudo se vuelven al pueblo de Dios en busca de ayuda y consuelo, la gracia de Dios entonces será manifestada en el día de la visitación; esto glorifica a Dios.

 

Exhortación a la sumisión está enlazada con esto. “Someteos por tanto a cada ordenanza del hombre por causa del Señor, sea al rey como supremo; o a los gobernadores como enviados por Él para castigo de los malhechores, y para alabanza de aquellos que hacen el bien.” Debemos recordar que los reyes y gobernadores mencionados aquí, bajo quienes estos creyentes judíos vivían, eran paganos e idolatras. Aun así, ellos debían obedecer y manifestar paciente sumisión. La exhortación tiene un significado especial para ellos como judíos, porque naturalmente ellos eran un pueblo rebelde. La exhortación dada a ellos antes de la cautividad en Babilonia, “buscad la paz de la ciudad” donde ellos morarían generalmente fue desobedecida. Estos creyentes judíos probablemente serían tentados a resistir los poderes que gobernaban. (Es muy significativo que muchos de los radicales, anarquistas, o como ellos usaban ser llamados en Rusia, nihilistas, han sido judíos apostatas. Muchas de las persecuciones de los judíos, en que inocentes han sufrido con los culpables, han sido producidas por judíos que se han mezclado en la política de las naciones entre quienes ellos eran extranjeros y al tratar ellos de derribar estos gobiernos). Por tanto, la exhortación a someterse por causa del Señor, aunque hay limitaciones a tal sumisión. Tal sumisión es “la voluntad de Dios, que haciendo bien podáis silenciar la ignorancia de hombres necios.” Breves, pero de peso, exhortaciones siguen.

 

Versos.18-25. La exhortación después es dirigida a los siervos, es decir, a estos creyentes judíos que eran esclavos. A los tales las palabras más escogidas son dirigidas, Dios sabiendo que Su propio Hijo amado ha estado sobre la tierra como un siervo, Él estuvo aquí no para ser servido, sino para servir y dar Su vida en rescate por muchos. Ellos estaban en la bendita posición de “seguir Sus pasos.” Pero la exhortación no tiene en vista a siervos o esclavos exclusivamente, esto está escrito para todos los creyentes. “Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 2:20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Más si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.” Sufrir injustamente y tomar esto pacientemente, sin murmurar, es lo que los creyentes son llamados. Es entonces que ellos pueden mostrar Sus excelencias y seguir Sus pasos. “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;” ¿Y qué ejemplo Él nos ha dejado? Él ha sido el santo, e inmaculado Hijo de Dios. Sufrir por pecados propios era una imposibilidad, porque Él era sin mancha. Él no conoció pecado, tampoco podía pecar. Aun así, Él sufrió. “el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 2:23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”

 

Tal es el modelo. Pero hay más que eso. Él no conoció pecado, no pecó y todos Sus sufrimientos, la vergüenza y el sufrimiento conectado con la cruz, fue a causa de nuestros pecados. “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.2:25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.”

 

La traducción, o paráfrasis, algunos han adoptado que Cristo llevó nuestros pecados “al madero” es erróneo y confunde. Nuestro Señor no llevó nuestros pecados en Su vida santa antes de la cruz, sino que Él los llevó sobre la cruz, en Su propio cuerpo. Y Él los llevó para que nosotros, estando muertos a los pecados, no como en Romanos al pecado, sino a los pecados, es decir, el abandono practico de nuestras propias voluntades, vivamos para la justicia.

 

El cap.53 de Isaías es usado por Pedro en este párrafo. Allí está escrito: “por Sus heridas fuimos sanados,” y la confesión, “todos como ovejas nos descarriamos.” Los así llamados “sanadores divinos,” hombres y mujeres que demandan tener dones de sanidad, si no donde para realizar milagros, hablan de la sentencia, “por Sus heridas fuimos sanados,” como significando la sanidad de las enfermedades. Ellos demandan que Cristo también murió por nuestras enfermedades corporales y que los golpes que Él recibió fueron específicamente para la sanidad de nuestros cuerpos, lo que la Escritura declara claramente es “muertos a causa del pecado.” Esta es una muy peligrosa perversión de la verdad. Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, pero en ninguna parte está escrito que Él murió por nuestras enfermedades corporales.

 

Estos creyentes judíos poseían la verdad como revelada en Isa.53. Ellos prefiguraban a ese otro remanente del futuro que un día usará este capítulo como su gran confesión de Aquel que ellos despreciaron y rechazaron, y por cuyas heridas ellos también serán sanados. Entonces Pedro habla de nuestro Señor como el Pastor que murió por las ovejas, el Gran Pastor que ha sido resucitado de entre los muertos, Él ama Sus ovejas y las pastorea, Obispo significa sobreveedor. Él es el único Obispo, quien vela sobre todos y guarda a todas Sus ovejas compradas con sangre.

 

Versos.1-7. Las exhortaciones prácticas ahora se extienden a la relación matrimonial, como esposas y maridos debiesen ser sacerdotes reales, publicando Sus excelencias en su unión divinamente aprobada, como un hombre y su esposa. La esposa es mencionada primero, porque su lugar es el más elevado, el lugar de sumisión, que a la vista de Dios es el lugar de honor. El caso de una esposa se declara que tiene un marido incrédulo. ¿Debe ella someterse a aquel que es un incrédulo? ¿Debe ella ser obediente a uno así? ¡Cuán a menudo las esposas puestas en esta posición han escuchado a los malos consejos de otros, y en lugar de someterse a las demandas de un marido incrédulo, lo han resistido, y como resultado miseria ha venido sobre ellas! Debe notarse que el Espíritu Santo insiste sobre la obediencia; el hecho del marido desobediente es presentado como una razón para la sumisión. Después hay una promesa. El marido incrédulo puede ser ganado sin palabra, es decir, sin una predicación en un servicio público, por la vida piadosa y sumisión de la piadosa esposa creyente. Este es el consejo del Espíritu Santo, y muchas veces la promesa dada a la esposa creyente se ha cumplido.

 

Además, hay una palabra concerniente a las vestiduras. El adorno no debe ser el exterior con un trenzado de cabello, llevar oro, sino el interior, “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 3:4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”. El lado positivo es enfatizado más que el negativo. El más grande adorno que una mujer puede llevar es “un espíritu afable y apacible,” porque muestra que, al manifestar mansedumbre y quietud, ellas han aprendido de Aquel que sobre la tierra fue “manso y humilde corazón.” Esto se aplica a cada creyente también. Dondequiera que un espíritu manso y humilde es manifestado Dios se complace en ello. ¡Qué contraste con las condiciones en el mundo hoy! Las mujeres demandan igualdad con los hombres; en cada camino de la vida ellas demandan ser escuchadas, el sexo femenino está derribando las barreras establecidas por el Creador y el Redentor, demandando liderazgo en cada esfera. El resultado será solo desastre. Pero no debe pasarse por alto que aquí también tenemos una exhortación para la mujer cristiana a vestirse exteriormente como conviene a una seguidora del Señor Jesucristo. Debiese haber una diferencia entre las hijas del mundo y aquellas que son de Cristo. Por otra parte, vestiduras de aspecto lastimoso, de apariencia sucia, tampoco es un honor para el evangelio, que una vestidura que es conforme a la moda del mundo.

 

Después es exhortado el marido. A él no se le demanda sumisión, o insistir sobre eso como un peculiar derecho. Él es exhortado a dar a su esposa honor como un vaso frágil, entonces él debe mostrarle a ella, como un vaso frágil, bondad, ternura, consideración y afectuosa simpatía, como leemos en Efesios: “maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia.” El marido y la esposa creyente son “herederos de la gracia de vida.” Donde esto es practicado habrá dulce compañerismo y comunión en el Señor, nada los estorbará para doblar sus rodillas juntos en Su presencia, expresando su alabanza, necesidades mutuas y las de otros.

 

Versos.8-9. Siguen exhortaciones generales. Lo que se encuentra en estos dos versos constituyen un verdadero carácter cristiano.

 

 

      IV. CONSUELO EN MEDIO DE LAS PRUEBAS Y SUFRIMIENTOS

 

               CAPITULO 3:10-4

 

   1. El Consuelo en los sufrimientos (3:10-17)

   2. Pocos salvados como ilustrado por la predicación de Noé (3:18-22)

   3. La nueva vida en su poder transformador (4:1-11)

   4. Sufrimiento y gloria (4:12-19)

 

   Versos 10-17. Las palabras que encontramos al comienzo de esta sección son citadas del Sal.34:12-16. Es interesante notar que el Espíritu de Dios cita de las tres principales divisiones de la Biblia hebrea en los primeros tres capítulos de esta epístola. La Biblia hebrea está compuesta, de acuerdo a la división judía, de la ley, los profetas y los escritos. En el primer capítulo es citada la ley; en la segunda los profetas; y en la tercera tenemos una citación de los Salmos. Si practicamos la justicia, el resultado de la nueva naturaleza, producida por la nueva vida, las promesas del Señor no faltaran. A Israel en el antiguo Testamento el Señor prometió bendiciones terrenales, y para Su pueblo celestial, son concedidas bendiciones espirituales, las bendiciones terrenales no son excluidas. Esto fue verdadero en tiempos antiguos que “los ojos del Señor están sobre los justos, y Sus oídos abiertos a sus oraciones.” Es así hoy, porque Él no cambia. Él espera justicia práctica. Igualmente, verdadero es que en Su justo gobierno el rostro del Señor está contra aquellos que hacen mal. Y allí está el consuelo, que si hacemos lo justo nadie podrá dañarnos, porque el Señor está de nuestro lado.

 

Sufrimientos por causa de la justicia deben haber, pero existe una “bendición” conectada con esto. El Señor pronuncio esta en las bienaventuranzas del Sermón del monte (Mt.5:10). Cuán adecuado es que, en esta epístola, al dirigirse a estos creyentes judíos como un remanente de la nación, esto fuese mencionado. Este es el consuelo en la persecución, “no tengáis temor de su terror, ni os turbéis.” La citación en el v.15 es de Isa. 8:12,13. Hay una profecía concerniente al futuro del remanente de Israel durante su futura gran tribulación, prefigurada en Isaías en la invasión del Asirio.

Vv.18-22. “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

3:19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,

3:20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

3:21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,

3:22 quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”

 

 Este muy difícil y muy mal comprendido pasaje demanda una más detallada atención. Este es el pasaje sobre el cual Roma ha edificado su ofensiva e inescritural doctrina de un purgatorio. Expositores Protestantes también han interpretado erradamente este pasaje; en algunas partes del Protestantismo una forma de “purgatorio Protestante” está siendo enseñado. Muchos errores, como una segunda prueba, otra oportunidad para los perdidos, la restitución de los malos, son enlazados con la errada exposición de las palabras de arriba.

 

Aun creyentes sanos han adoptado eso que Pedro de ninguna forma tenía en mente, y que es desconocido en el resto de la palabra de Dios. Su enseñanza está fundamentada sobre estas declaraciones por Pedro en lo siguiente: el Señor descendió al Hades al lugar de los espíritus de los que han partido y predicó allí. La visita tuvo lugar después de Su muerte y antes de Su resurrección física, es decir, que Él hizo la visita en lo que se llama el “estado intermedio” mientras Su cuerpo aún estaba en la tumba. En cuanto a la predicación, las opiniones de estos exegetas están divididas. Algunos creen que Él fue al Hades para anunciar el cierto destino de los perdidos. Otros, y estos no son pocos, declaran que Él predicó, ofreciendo a los perdidos salvación, mientras otros sostienen que los espíritus en prisión son los justos muertos a quienes Cristo anuncio que su redención había sido realizada para ellos, y que Él les anuncio Su victoria.

 

En cuanto al resultado de la predicación, la enseñanza es que ésta fue exitosa; esto es por inferencia, como ellos dicen, de otra manera no podría ser mencionado entre los benditos resultados de los sufrimientos de Cristo. Ellos también sostienen que considerando que la literatura cristiana primitiva tiene mucho que decir acerca de este ficticio “descenso al Hades” (o, como se declara generalmente, infierno), este debe ser el verdadero significado del pasaje. Al presentar estas vistas sobre el significado del pasaje ante nosotros presentamos solo unos pocos; hay muchos otros, como la vista de Bullinger, que los espíritus eran los ángeles caídos, y que Él descendió para anunciar Su triunfo sobre ellos. Páginas podrían llenarse con las fantasiosas e inescriturales interpretaciones de este pasaje.

 

La principal cuestión es: ¿Nuestro Señor fue al Hades en un estado separado del cuerpo? De hecho, todo depende del verdadero significado de la sentencia, “vivificado por el Espíritu.” Ahora, conforme a las interpretaciones de los hombres que enseñan que el Señor visitó el Hades, los espíritus en prisión, durante el intervalo entre Su muerte y la mañana del tercer día, Él descendió a estas regiones mientras Su cuerpo muerto estaba todavía en el sepulcro. Por tanto, estos maestros demandan que Su espíritu humano fue vivificado, que necesita que el espíritu que Cristo moribundo encomendó en las manos de Su Padre también ha muerto. Esto no solo es doctrina incorrecta. ¿Fue la santa humanidad de nuestro Señor, cuerpo, alma y espíritu muerto? Mil veces ¡No! Solo Su cuerpo murió; esa es la única parte de Él que podía morir. El texto hace esto claro: “Él fue puesto a muerte en la carne,” es decir, Su cuerpo. No podía haber vivificación de Su espíritu, porque Su espíritu estaba vivo. Además, la palabra vivificar, como lo aprendemos de Efes.1:20 y 2:5-6, por comparar los dos pasajes, se aplican a Su resurrección física, esta es la vivificación de Su cuerpo. Enseñar que el Señor Jesús fue vivificado antes de Su resurrección no es escritural. La “vivificación por el Espíritu” significa el levantamiento de Su cuerpo. Su espíritu humano no necesitaba vivificación; fue su cuerpo y solo Su cuerpo. Y el Espíritu que lo vivificó no es Su propio espíritu, es decir, Su espíritu humano, sino el Espíritu Santo. Rom. 8:11 habla del Espíritu como levantando a Jesús de entre los muertos.

 

Hemos mostrado que era una imposibilidad que Cristo fuese en alguna forma vivificado mientras Su cuerpo no era todavía levantado, entonces una visita al Hades es claramente excluida entre Su muerte y resurrección. Hay solo otra alternativa. Si es verdadero que Él descendió a estas regiones, entonces esto debe haber sido después de Su resurrección. Pero eso es igualmente insostenible. El así llamado “credo apostólico” pone el descenso entre Su muerte y resurrección y todos los otros teoristas siguen esta vista. Hemos mostrado lo que el pasaje no significa. Esto no significa una visita en un estado sin cuerpo de Cristo al Hades, porque habla de la vivificación por el Espíritu, y que significa Su resurrección física.

 

¿Cuál, entonces, es el significado del pasaje? Esto después de todo es muy simple. Él predicó por el Espíritu, o en el Espíritu, es decir, el mismo Espíritu que lo levantó de entre los muertos, el Espíritu Santo de vida y poder, a los espíritus que ahora están en prisión. Pero cuando la predicación tuvo lugar ellos no estaban en prisión. ¿Y quiénes eran ellos? ¿Todos los muertos malos por 4.000 años? El texto hace claro que ellos son una clase especial. Ellos estuvieron viviendo en los días de Noé. Es incomprensible como algunos de estos maestros, interpretan erradamente este pasaje, pueden enseñar que esto incluye a todos los perdidos, o ángeles que cayeron, o los justos muertos. El Espíritu de Dios les predicó, es decir, el Espíritu que vivificó el cuerpo de Cristo, el mismo Espíritu predicó a la generación de incrédulos en los días de Noé. El tiempo de predicación, entonces, no ocurrió entre la muerte y la resurrección de Cristo, sino que tuvo lugar en los días de Noé. Cristo no estuvo personal, o corporalmente presente, justo como no está presente en persona en esta edad cuando el evangelio es predicado; Su Espíritu está aquí.

 

De este modo Él estuvo presente por Su Espíritu en los días de Noé. Está escrito “Mi Espíritu no contenderá para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne; sino que serán sus días ciento veinte años” (Gén.6:3) Su Espíritu estaba entonces sobre la tierra. En Su paciencia Dios estuvo esperando por ciento veinte años mientras el arca se estaba preparando. Su Espíritu les predicó entonces. Pero Él necesitó un instrumento. El instrumento fue Noé; en él estaba el Espíritu de Cristo y como el predicador de justicia (2 Ped.2:5) él entregó el mensaje de advertencia de inminente juicio a aquellos que le rodeaban, y quien no dio atención al mensaje, pasó en desobediencia, fueron barridos por el diluvio y estos son ahora espíritus en prisión. Como el Espíritu de Cristo estuvo en los profetas (cap.1:11) testificando de antemano de los sufrimientos de Cristo y de las glorias que seguirían, así el Espíritu de Cristo predicó a través de Noé. Este es el significado del pasaje, y cualquiera otra es defectuosa e inescritural.

 

Esta interpretación está en pleno acuerdo con el testimonio de Pedro. Esto es para “fortalecer a sus hermanos”, para estimular y consolar a aquellos que estaban sufriendo persecución y pasaban a través de severas pruebas. Ellos pensaban que era extraño que tuviesen que sufrir, que eran pocos en número los que se salvaban, mientras ellos vivían en medio de la vasta multitud que rechazaba el evangelio y vivían en pecado y desobediencia. Por esta razón el Espíritu de Dios les recuerda que tal también fue el caso en los días de Noé, como será nuevamente el caso al final de la edad, como el mismo Señor lo ha anunciado. Las multitudes en los días de Noé despreciaron la advertencia; solo ocho almas fueron salvadas del juicio.

 

También debe recordarse que la epístola de Pedro no es una epístola doctrinal. Él no enseña, sino que exhorta. Es verdad que muchas de las exhortaciones tienen por fundamento doctrinas declaradas en otras partes en las epístolas Paulinas. Si fuese doctrina cristiana que Cristo fue a la prisión de los muertos malvados, tal doctrina entonces sería más plenamente declarada en otra parte en el Nuevo Testamento. Pero tal no es el caso. El pasaje de Efes. 4, concerniente a Cristo llevando cautiva la cautividad no tiene nada que hacer con la declaración de Pedro.

 

Las palabras concluyentes, enlazadas con esta declaración, son una comparación típica del diluvio y el arca con el bautismo. Esto también ha sido mal comprendido, y algunos enseñan a causa de esto que el bautismo es una ordenanza salvadora, que es otro error. Citamos un párrafo del Sinopsis de la Biblia que aclara esto en una forma que no puede ser mejorada.

 

“A esto el apóstol añade, la comparación del bautismo con el arca de Noé en el diluvio. Noé fue salvado a través del agua; nosotros también; porque el agua del bautismo tipifica la muerte, como el diluvio, por decir así, fue la muerte del mundo. Ahora, Cristo ha pasado a través de la muerte y está resucitado. En el bautismo entramos en la muerte; pero esto es como el arca, porque Cristo ha sufrido la muerte por nosotros, y ha salido de ésta en resurrección, como Noé salió del diluvio, para comenzar, una nueva vida en un mundo de resurrección. Ahora Cristo, habiendo pasado a través de la muerte, ha expiado nuestros pecados; y nosotros, pasando a través de esto en espíritu, dejamos todos nuestros pecados en esto, como Cristo lo hizo en realidad por nosotros; porque Él fue levantado sin los pecados que Él expió sobre la cruz. Y estos eran nuestros pecados; y de este modo, a través de la resurrección, tenemos una buena conciencia. Pasamos a través de la muerte en espíritu y en figura por el bautismo. Lo que da fuerza al dar paz es la resurrección de Cristo, después que Él hubo cumplido la expiación; por la resurrección por tanto tenemos una buena conciencia.”

 

En otras palabras, nuestra buena conciencia no es haber obedecido una ordenanza, sino lo que ha sido hecho por Cristo, quien ha ido al cielo y quien está exaltado a la diestra de Dios.

 

Versos.1-11. La primera sentencia del cap.4 se conecta con el cap.3:18. Los sufrimientos de Cristo son de esta manera llevados a su atención una vez más. La razón es obvia. Ellos eran judíos y habían sido enseñados que las bendiciones terrenales, y temporales, eran las señales exclusivamente del favor divino; pruebas, sufrimientos y persecuciones, por otra parte, de acuerdo a las concepciones judías, eran evidencias de no tener este favor. Ellos por tanto estaban desalentados y grandemente confundidos cuando las persecuciones se levantaron y ellos tenían que sufrir. Pero estos sufrimientos eran la evidencia de que ellos seguían a Aquel que había también sufrido en la carne. Él sufrió por nosotros, es decir, por nuestros pecados, y por tanto los creyentes debían armarse con el mismo pensamiento. Ellos debían esperar sufrir, no por pecados, sino de parte de un mundo malo. “Porque el que ha sufrido en la carne ha cesado del pecado.” La muerte de Cristo por el pecado (no pecados) demanda del creyente que él también cese del pecado, de vivir conforme a la vieja naturaleza.

 

Si el cristiano satisface la vieja naturaleza y cede a ella, no supondrá ningún sufrimiento, pero si el creyente vive como “muerto al pecado,” anda en separación de este siglo malo, el resultado será que tendrá que sufrir en alguna forma. La vida que él vive no es más “en la carne conforme a las codicias de los hombres, sino de acuerdo a la voluntad de Dios.” Tal andar traerá consigo la contradicción de pecadores, el odio del mundo, tales sufrimientos a través de los cuales Cristo ha pasado. Una vez como paganos, como gentiles, ellos anduvieron en lascivias, codicias, exceso de vino, y abominables idolatrías. Pero ahora sus vidas han sido transformadas; ellos no corrían más con estos en lo que hacen. Sus anteriores asociados en el pecado y en las codicias de la carne pensaban que era extraño que tal fuese el caso, y ellos hablaban mal de ellos. El mal que ellos delataban no se declara. Pero por esto deberán dar cuenta a Aquel que está preparado para juzgar a los vivos y muertos, es decir, Cristo.

 

El próximo verso ha confundido a muchos, y ha sido mal usado por maestros de error insanos en doctrina, semejante al pasaje acerca de los espíritus en prisión.

 

“Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan conforme a Dios en el Espíritu”. Es extraño que expositores desliguen un verso semejante a este del contexto y después, sin considerar su conexión, edifiquen sobre un verso una nueva y vital doctrina. De manera que se demanda que los muertos mencionados son aquellos que murieron antes que el evangelio fuese predicado, quienes no tuvieron la oportunidad de escuchar el evangelio, pero quienes lo escucharon ahora en la morada de los muertos, para obtener vida eterna. Pero este es solo uno de un número de otras interpretaciones.

 

El apóstol había hablado en el verso anterior del juicio de los vivos y de los muertos. Él ahora menciona a los muertos a quienes el evangelio había sido predicado. Es una cosa del pasado y significa que aquellos que están ahora muertos mientras vivieron habían escuchado la predicación del evangelio. Él piensa solo en los muertos justos y los otros muertos no están en vista. Estos que están ahora muertos pasaron a través de la misma experiencia, como la que pasan los vivos, juzgados conforme a los hombres en la carne, pero viven conforme a Dios en el Espíritu. De esta manera la predicación a los muertos como muertos no se enseña en este verso. Si hubiese tal cosa como una predicación a muertos físicamente encontraríamos esto en la epístola a los Romanos, en ese gran documento del evangelio, o en algunas otras partes en las epístolas Paulinas, pero no se menciona nada acerca de esto en ninguna parte.

 

   La nueva vida que es muerta al pecado y sufre con Cristo debe ser manifestada. De esto leemos en las exhortaciones que siguen (vv.7-11). El fin de todas las cosas está cerca, el hecho que esta edad terminará debe siempre ser mantenido en vista ante el corazón y la mente. Y si esto fue verdadero entonces cuánto más lo es ahora. Como resultado de esperar por Su venida, esperándole en cualquier tiempo, debemos ser sobrios y vigilantes en oración, y manifestar ferviente amor entre y hacia los compañeros creyentes. Debe haber hospitalidad sin murmuraciones, el ministrarse los unos a los otros, de acuerdo a lo que cada uno ha recibido. El ministerio público en predicar y enseñar es como oráculos de Dios, en dependencia de Él, como de la habilidad que Dios provee, es decir, como capacitado por Su Espíritu.


   Versos.12-19. “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, 
4:13 sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.”¡ ¡Con qué amor y ternura, Pedro, por el Espíritu de Dios, toca nuevamente sobre sus sufrimientos y pruebas! ¡Cuán perplejo ellos deben haber estado cuando leyeron sus propias Escrituras y recordaron las promesas hechas a Israel en cuanto a sus bendiciones terrenales; y aquí ellos estaban sufriendo necesidades y privaciones, eran perseguidos y calumniados por quienes los rodeaban. Él les escribe que no piensen que esto es extraño que esto les sucediese, cuando estaban pasando a través de severas pruebas. Este es el camino en el cual anduvo el Pastor y las ovejas deben seguirlo. Él sufrió, el privilegio del creyente sufrir con Él. Cuando vienen sufrimientos y pruebas, entonces este es el tiempo para regocijarse y no para estar desalentados. Los sufrimientos vienen a ser dulces y preciosos cuando recordamos que estos nos constituyen participantes de los sufrimientos de Cristo. Y está viniendo una revelación de Su gloria. En anticipación de eso podemos regocijarnos, porque esa revelación pondrá fin a todo sufrimiento, y también traerá la gloria. “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.” En lugar de tratar de escapar a sufrir con Cristo, a un pequeño reproche o menosprecio por causa de Cristo, debiésemos darle la bienvenida muy felizmente. Hay bendición en esto, aun cuando las personas puedan llamarnos estrechos o por algún otro nombre en menosprecio, porque exaltamos a Cristo y somos verdaderos a Él. El Espíritu de gloria y de Dios descansa sobre nosotros dondequiera que somos reprochados por el nombre de Cristo. Y si fuésemos más fieles, más separados del mal, más leales y consagrados, también recibiríamos más reproches, y como resultado conoceríamos más de la bendita experiencia de ser el lugar de morada del Espíritu de gloria.

 

Pero hay sufrimientos que son inconsistentes con los sufrimientos de Cristo y con el carácter de un cristiano. “pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.” Esto significa contar el reproche y el sufrimiento por Cristo como un honor y gloria. Pedro había hecho esta experiencia cuando con sus compañeros apóstoles fueron azotados, “Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.”

 

   “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” Los sufrimientos de los creyentes son permitidos por el Señor para su propio bien; estos son Sus castigos de amor. De esta manera Él trata como un amante Padre con Su casa, cuya casa somos nosotros (Heb.3:6), permitiendo y usando las aflicciones, tristezas, pérdidas, para que podamos ser participantes de Su santidad. Pero si este es el caso con Su casa, con aquellos que le pertenecen y a quienes Él ama, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen el evangelio de Dios? Si el justo, el pecador salvado por gracia, en su andar a través del desierto con dificultad es salvado, si éste necesita el mismo poder de Dios para guardarlo, ¿cuál será el destino del impío y el pecador? Por tanto, cuando el creyente sufre debe encomendar su alma a Aquel que es capaz de sustentarlo y llevarlo a través de todo.

 

 

V. EXHORTACIONES CONCERNIENTE AL SERVICIO Y CONFLICTO

 

CAPITULO 5

 

   1. En cuanto al servicio cristiano (5:1-7)

   2. Conflicto y victoria (5:8-11)

   3. Conclusión (5:12-14)

 

   Versos 1-7. Pedro ahora habla con gran ternura exhortando al servicio. La exhortación es dirigida a los ancianos y él mismo habla como “ancianos juntamente con vosotros”. ¿significa él por esto a un título oficial o se refiere simplemente a su edad y experiencia? Él no está escribiendo en alguna capacidad oficial, sino que la palabra anciano tiene el significado de antigüedad en años. Él no asume una autoridad eclesiástica para dictar, sino que habla de madura experiencia y un corazón de amor. Cuán diferente a como lo presenta el ritualismo. Él toma su lugar entre los otros ancianos y se llama a si mismo uno de ellos, no demandando ninguna autoridad o superioridad. Él fue testigo de los sufrimientos de Cristo; él sabía que sería un participante de la gloria que sería revelada. El Señor le había dado esta seguridad (Mt.19:28,29)

 

Él presenta algunas importantes exhortaciones. Daremos una mejor traducción: “apacentad el rebaño que está entre vosotros, ejerciendo la vigilancia, no por obligación, sino voluntariamente; no por ganancia, sino de ánimo pronto; no como señoreando sobre la porción que se os ha asignado, sino siendo ejemplo de la grey.” Los creyentes aquí son llamados “rebaño de Dios.” En Jn.10:16 el Señor ha dado el anuncio que habría un solo rebaño. El rebaño de Dios es la iglesia, el cuerpo de Cristo. El lenguaje frecuentemente escuchado en la cristiandad cuando los predicadores y pastores hablan de aquellos a quienes ellos predican es “mi rebaño” o “mi pueblo,” y no es escritural y debiese ser evitado. Los hijos de Dios no pertenecen a nadie sino solo al Señor. Y como el Señor comisionó a Pedro: “Apacienta Mis ovejas,” y “Apacienta Mis corderos”, del mismo modo Pedro escribe a los ancianos para que apacienten el rebaño de Dios. Esta es la misma palabra griega usada que encontramos en Jn. 21:16 y es realmente “pastorear” el rebaño de Dios. Esto no debe ser hecho por lucro, a causa de ganancia, por consideraciones monetarias.

 

Todo es profético, porque esto es exactamente lo que se ha estado haciendo en la cristiandad hoy, y muchos que demandan ser pastores del rebaño no son en realidad más que asalariados; y a menudo sucede que el asalariado por causa de mejores condiciones salariales cambia su “rebaño” por otro. Además, no deben señorear sobre el rebaño de Dios. El anciano que tiene la vigilancia del rebaño, llamado a pastorear, y ministrar como un siervo, no debe tomar un lugar de superioridad o dignidad espiritual, demandando alguna autoridad. Esto también se hace en la cristiandad con sus “señores obispos” y otros títulos de autoridad eclesiástica. La palabra traducida en la versión autorizada inglesa “heredad” es en griego “kleros” y significa parte. De esta palabra viene nuestra palabra inglesa “clérigo.” No hay tal cosa en el cuerpo de Cristo como “clérigos” y “laicos.”

 

En lugar de enseñorearse sobre su cargo asignado, los ancianos deben ser ejemplos de la grey, llevando una vida piadosa. Después viene la promesa, “cuando el Príncipe de los pastores sea manifestado, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.” Las ovejas de Cristo por las cuales Él puso Su vida son muy preciosas para Él, y quienes sirven a Sus ovejas, y ministran a sus necesidades, serán honrados por él y recompensados con la corona de gloria en el día de Su manifestación. Debe haber sumisión por parte de los jóvenes a los ancianos, es decir, de los más jóvenes en años a los mayores. La misma regla de afectuosa sumisión se extiende a todo el rebaño de Dios, “someteos los unos a los otros.”

 

Humildad debe ser la justa vestimenta para los santos de Dios. “ellos deben ceñirse con humildad en esta forma, humildad es eso que mantendrá cada cosa justamente ajustada, como el cinto, y lo que nos capacitaría para tal actividad a la cual somos llamados; porque la humildad es una gran ayuda contra el desaliento debido a las dificultades del camino, y necesaria contra todo lo que pudiera buscar cualquier remanente de orgullo en nosotros"

(F.W. Grant).

 

Exaltación propia es la misma esencia del pecado. Dios no puede tolerar esto en Su pueblo. El ejemplo de Cristo, quien se humilló a Sí mismo, prohíbe esto. Dios resiste en cada forma al orgulloso, mientras da gracia al humilde. “Humillaos por tanto bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando sea tiempo.” ¡Cuán poco estas grandes exhortaciones en nuestros tiempos! Aun entre quienes tienen la verdad y creen en la revelación de Dios, mientras hay mucho crecimiento en conocimiento, hay poca evidencia de verdadera humildad. Humildad nunca nos avergonzará. No necesitamos exaltarnos a nosotros mismos; el Señor hará esto por nosotros.

 

Después tenemos el dulce consuelo: “arrojando sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él tiene cuidado de vosotros.” Toda preocupación, cuáles sean estas; toda carga, ansiedad podemos dejarla a Él, con la perfecta seguridad que Él se preocupará y encargará de estas. ¡Ay! Nuestras ansiedades, aflicciones, todas expresan el mismo lenguaje de la incredulidad. “Señor, ¿no tienes cuidado de nosotros?” Bien, si miramos a todas las cargas que Él permite que sean puestas sobre nosotros, como señales de Su amor, por medio de las cuales podemos aprender de Su fidelidad. En lugar de murmurar, entonces, cantaríamos y nos regocijaríamos, no estando ansiosos por nada, sabiendo que Él nos lleva y nuestras cargas y preocupaciones como nunca podríamos hacerlo nosotros.

 

Versos. 8-11. Una vez más escuchamos de Su exhortación: “Sed sobrios y velad” ¿Por qué? Porque hay un adversario y un conflicto. En estos días de persecución él era el león rugiente; en nuestros días él se disfraza como ángel de luz. No se trata más de la persecución de la iglesia; es la corrupción de la verdad que es la obra del adversario hoy. Pero en el día de Pedro el enemigo estaba ocupado en activa persecución, tratando de devorar al pueblo de Dios. Una vez más él asumirá este carácter durante la futura gran tribulación, el tiempo de angustia para Jacob. Entonces el remanente judío fiel, como el remanente al cual escribía Pedro, tendrá que hacer frente al león rugiente. Como leemos frecuentemente en el libro de Apocalipsis.

 

Después sigue la bendición de Pedro, una cosa completamente diferente de las bendiciones fraudulentas, que vienen de los supuestos sucesores de Pedro. “Más el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”

 

Versos.12-14. La epístola les fue enviada por medio de Silvano. Este es el mismo Silvano cuya espalda había sido lacerada en la prisión de Filipos, cuyos pies habían sido puestos en el cepo, y quien ha cantado alabanzas al Señor con el amado Pablo en esa noche de dolor y sufrimiento. Él sabía lo que significa sufrir con Cristo y podía de igual manera simpatizar con sus hermanos.

 

Hay saludos de los otros elegidos en Babilonia, como lo hemos mostrado en nuestra introducción, en la Babilonia literal a orillas del Éufrates. Saludos de parte de marcos son también dados. Este es Juan Marcos, el sobrino de Bernabé, cuyo fracaso es registrado en el libro de Hechos, y causa de lo cual el apóstol Pablo se ha separado de Bernabé; este es el mismo Marcos que escribió el evangelio que lleva su nombre. El beso de amor es mencionado (Rom.16:16; 1 Cor. 16:20; 2 Cor. 13:12; 1 Tes. 5:26). Esto fue practicado universalmente por siglos. “Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén.