LA SEGUNDA EPÍSTOLA DE PEDRO

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Arno Clement Gaebelein
1861-1942


Introducción

La autenticidad de esta segunda epístola de Pedro ha ocasionado gran parte de controversias y muchos cuestionamientos, como ha sido en el pasado. Es muy verdadero que muchas fuentes antiguas de escritos post-apostólicos no mencionan esta epístola. Lo que hemos señalado en las introducciones de muchos otros libros del Nuevo Testamento, que su autenticidad es confirmada por referencias en los fragmentos de los escritos de los así llamados padres de la iglesia, tales como Policarpo, Papis, Clemente de Roma y otros, esto no puede hacerse con esta epístola. Algunos estudiosos en sus investigaciones demandan que trazas de esta epístola son discernibles en los testimonios de Policarpo, Ignacio, en la carta de Bernabé y en el testimonio de Clemente de Roma, pero ellos son muy ´débiles y fantasiosos, que no son confiables. Pero no encontrando una alusión directa en estas fuentes no significa nada. La mayor parte de los escritos de los hombres que han estado relacionados directamente con los apóstoles y han sido los discípulos directos de los hombres que conocieron a Pedro, Pablo, se han perdido. Si hubiésemos tenido todo lo que ellos han escrito probablemente encontraríamos en ellos referencias a esta epístola.

La epístola no se encuentra en la versión Pesita. De acuerdo al obispo Wescott en su Canon del Nuevo Testamento dice que existen dos clases de manuscritos de esta versión. Ambas omiten las epístolas segunda y tercera de Juan, la segunda epístola de Pedro, la epístola de Judas y el libro de Apocalipsis, pero incluyen todos los otros libros. Este canon parece haber sido generalmente mantenido por las iglesias Sirias. Esto es reproducido en la versión Árabe de Erpenius, que fue tomada de la Pesita. Cosmas, un viajero egipcio del siglo sexto, declara que solo tres de las así llamadas “epístolas católicas” fueron recibidas por los sirios. Fuentes posteriores acusan a las iglesias sirias con mutilar el Nuevo Testamento por no tener estos libros en sus Biblias.

La epístola es también omitida en la versión latina, es decir, en las más antiguas ediciones. Que la Vulgata no es confiable es bien sabido. Wescott hace el siguiente argumento acerca de la pérdida de la Segunda epístola de Pedro en la versión latina: “ si suponemos que esta una vez fue recibida en el canon como la primera epístola, con toda probabilidad ésta habría sido traducida por la misma persona, como parece haber sido el caso con el evangelio de Lucas y los Hechos (ambos libros escritos por Lucas), aunque su conexión es menos obvia; y mientras cada admisión se hace para la diferencia en estilo en las epístolas originales, debemos esperar la misma traducción de las mismas frases. Pero cuando, por el contrario, parece que el texto latín de la epístola no solo exhibe constantes y notables diferencias del texto de otras partes de la Vulgata, sino que también difiere de la primera epístola en la traducción de palabras comunes a ambas, cuando además parece que difiere no menos claramente de la epístola de Judas en estas partes que son casi idénticas en el griego; entonces, la suposición que ésta fue admitida en el canon al mismo tiempo con ellas parece ser innatural. Es realmente posible que las dos epístolas pueden haber sido recibidas al mismo tiempo y aun así hayan tenido diferentes traductores.” Pero este argumento no significa de ninguna manera que esta epístola es espuria y que deba ser excluida del Nuevo Testamento.

Pero mientras la epístola no es mencionada en el fragmento Muratorio, en los escritos de Policarpo, Papias, Irineo y otros, y mientras está perdido en la versión Pesita y las primeras ediciones de la Vulgata, Hipólito (que vivió en la primera mitad del siglo tercero) estuvo evidentemente informado de la epístola, porque al escribir sobre el anticristo hace uso de 2 Ped. 1:21. Eusebio, el historiador eclesiástico, da un indisputable testimonio que la epístola fue claramente conocida al final del siglo segundo como la segunda epístola de Pedro. Él muestra que Clemente de Alejandría (alrededor del año 190 D.C.) conocía la epístola como siendo la obra de Pedro y la usaba. El sucesor de Clemente, Orígenes, de acuerdo a Eusebio, escribió: “Pedro ha dejado una reconocida epístola, y posiblemente también una segunda, porque esto es disputado.” Fue a través de los esfuerzos de Jerónimo (Eusebio Hiernonymus, nació el año 390 D.C.) que la epístola fue añadida a la Vulgata. Él escribió: “Pedro escribió dos epístolas, que son denominadas católicas, la segunda que es negada por muchos como siendo suya, a causa de variación en su estilo con el de la anterior epístola.”

A causa de estos hechos históricos opiniones entre los estudiosos han estado muy divididas. Muchos rechazan la autoría Petrina de esta epístola, pero otros la aceptan sin ninguna duda. Entre aquellos que defienden la epístola contra los que la niegan hay estudiosos de la más elevada reputación como Alford, Olshausen, Keil, y otros.

La suficiencia de la evidencia interna

El hecho es que las evidencias internas para confirmar de la autenticidad de la segunda epístola de Pedro no son necesarias, porque las evidencias internas están más allá de disputa de tal naturaleza en cuanto a establecer la autoría Petrina. La epístola comienza con el nombre de Pedro. En griego el nombre de simón es deletreado “Symeon” o “Simeón.” Si nos volvemos a Hech.15:14 leemos que Santiago llama a Pedro “Symeon,” la forma aramea para Simón. Entonces el escritor se refiere al hecho que pronto debía dejar su tabernáculo “como nuestro señor Jesucristo me ha mostrado.” Él era ahora un anciano, y el Señor le había hablado junto al lago, “cuando seas viejo extenderás tus manos” (Jn.21). Todavía más fuerte es la referencia del escritor a la transfiguración, donde Pedro estuvo presente, y él habla de esto como siendo un testigo ocular de Su venida y majestad. Y finalmente, el escritor dice: “Esta segunda epístola, amados, os escribo ahora.”

Demandas y evasiones criticas

Esta evidencia interna los críticos destructivos tratan de evadirla. Ellos demandan que el escritor no es Simón Pedro, sino algún autor desconocido, usando el nombre de Pedro, es quien escribió este documento. Esta es la misma loca invención presentada por los críticos del Antiguo Testamento en cuanto a la autoría del libro de Daniel.

Para establecer esta teoría ellos señalan al hecho que había una tendencia en la iglesia primitiva de usar el nombre de Pedro en diferentes seudos documentos, en tales espurios documentos como “El Evangelio de Pedro; El apocalipsis de Pedro; Los Hechos de Pedro, y los Viajes de Pedro.” Pero el hecho de estas falsificaciones, algunas de las cuales incluyen algo del texto de la segunda epístola de Pedro, es una evidencia que un escrito genuino existía. De acuerdo a las opiniones de los hombres que rechazan la autoría de Pedro, el escritor de esta epístola para dar reputación a su producción pensó que lo mejor era personificar al apóstol Pedro y lo hace justo al comienzo por decir que él es Pedro. Y él es cuidadoso de seleccionar la forma aramea del nombre de Pedro, el nombre de Symeon. ¿Un falsificador no habría más bien evitado ese uso poco común del nombre de Pedro? Pero, además, él también nos dice lo que el Señor le había dicho con respecto a su muerte; y aun así este hombre no era Pedro, tampoco el Señor jamás le había dicho a él lo que le había dicho a Pedro acerca del tiempo y manera de su muerte. Después el escritor de la epístola demanda haber estado sobre el monte de la Transfiguración, y allí vio Su gloria y escuchó la voz del Padre hablando. Él es claro que estuvo presente y fue testigo ocular, la más fuerte demanda posible.

Si no fue Pedro quien escribió la epístola, entonces ésta debe haber sido de Juan o Jacobo, porque hubo solo tres testigos oculares de la transfiguración. ¿Pero han escrito Juan o Jacobo de esta manera, ocultando su identidad bajo el nombre de Pedro? Entonces el escritor, asumiendo el nombre de Pedro, declara que él había escrito la primera epístola, que Pedro más allá de duda escribió, aun así, él no ha escrito esa epístola. Aquí hay tres mentiras. Un hombre escribe una epístola demandando ser Pedro, pero él no es Pedro; entonces él es un fraude. El mismo hombre demanda que estuvo en el lago Tiberias, y que el Señor le habló acerca de su muerte; aun así, él no estuvo allí, porque él no era Pedro; por tanto, esta personificación es un fraude. Este es un punto especialmente fuerte. El hecho que el Señor anuncio la muerte de Pedro fue algo conocido a pocos en ese tiempo, cuando la epístola fue escrita, lo que debe haber tenido lugar alrededor del año 65 D.C.

El evangelio de Juan, donde la profecía del Señor en cuanto al futuro de Pedro está registrada, no había sido escrito todavía. Además, él dice que vio la transfiguración, que él en realidad no vio; entonces él miente. La cuarta mentira es su demanda de que él escribió la primera epístola. Es asombroso pensar en las invenciones que los enemigos de la Biblia pueden presentar simplemente para desacreditar la palabra de Dios y negar su autenticidad. Si Pedro no es el escritor de esta epístola, toda ella es un miserable fraude, una deshonesta obra, una falsificación de la peor forma, que cada hombre honesto debe despreciar. Necias palabrerías de los críticos: “este es un útil documento y debiese ser leído por todos los cristianos, aunque Pedro mismo no lo escribió,” es ridículo. Pedro la escribió y entonces debe ser aceptada; o Pedro no la escribió y en tal caso todo es un engaño y fraude. ¿Pero un fraude habría escrito tal maravilloso mensaje como aquel con que comienza esta segunda epístola? ¿Un fraude consciente habría advertido contra la apostasía tal como ésta se encuentra en el capítulo dos? ¿Podría él haber exhortado a sus compañeros creyentes en la forma como lo hace en esta epístola? Esta es una imposibilidad moral.

El carácter de la segunda epístola

Uno de los críticos hace la siguiente declaración al negar la autoría Petrina: “El hecho que solo alusiones a los incidentes en la vida del Señor se encuentran en esta epístola son tales que apoyarían el carácter de uno como escribiendo como Pedro ha venido a ser, en vista del silencio de la epístola en cuanto a la pasión, resurrección, ascensión, y ausencia en ella de alusiones a la enseñanza del Señor como registrada en el evangelio, son un serio fundamento para cuestionar la autoría Petrina de la epístola” (Chase). Como muchos críticos él falta de discernimiento espiritual. De hecho, si los críticos tuviesen algún discernimiento en el majestuoso alcance de la santa palabra de Dios, ellos no serían críticos, sino adoradores. Todas las segundas epístolas, excepto la segunda epístola a los Corintios, tienen un carácter peculiar. Segunda Tesalonicenses, Segunda Timoteo, Segunda y Tercera de Juan, y la pequeña epístola de Judas son en realidad proféticas. Todas ellas hablan del futuro, los males que están viniendo sobre la cristiandad profesante, la apostasía y todas advierten contra estas cosas. La segunda epístola de Pedro comparte el mismo carácter con las otras segundas epístolas y Judas. No había necesidad para Pedro de referirse nuevamente a la pasión ya que esto estaba fuera del alcance de esta segunda carta, él ha dado su testimonio en cuanto a estos hechos tan abundantes en su primera epístola. Las dos epístolas armonizan en muchas formas.

Otra supuesta dificultad

Otra supuesta dificultad es la similaridad que existe entre el cap.2 de esta epístola y Judas. Esta dificultad será considerada más plenamente en conexión con las anotaciones del capítulo y en la introducción a la epístola de Judas. Eruditos han pasado mucho tiempo sobre la cuestión de si Judas copió de Pedro o si Pedro copió de Judas. Algunos sostienen que Pedro tenía la epístola de Judas y la usó; otros demandan que judas imitó a Pedro. Pero tan buen erudito como Alford dice: “es bien sabido que, además de las variadas semejanzas, ocurre un largo pasaje, incluido en los límites de judas 3-19; 2 Ped. 2:1-19, que describe en ambos casos a los herejes enemigos del evangelio, bajo términos similares en cuanto a impedir toda idea de completa independencia. Si consideraciones de
probabilidad humana debiesen ser introducidas aquí en nuestra estimación de los escritos sagrados, entonces uno vio o usó el texto del otro, o ambos sacaron de un documento común o una fuente oral común de enseñanza apostólica.” Esto en realidad afecta la verdad de la inspiración, y se inclina hacia el criticismo. Si Pedro se sentó y copió a Judas, lo que Pedro escribió no fue inspirado, sino copiado. Y si Judas se sentó y escribió conforme a la manera de Pedro, lo copió, y trabajó sobre su testimonio, entonces Judas no es inspirado. Pero ambos, Pedro y Judas fueron inspirados, y por tanto ellos escribieron independientemente el uno del otro, el Espíritu Santo guio sus respectivas plumas al entregar el mismo testimonio de advertencia.

La división de segunda de Pedro

Esta segunda epístola de Pedro puede ser vista como un apéndice o complemento de la primera epístola. Esto introduce un testimonio en cuanto al futuro, conectado con la venida del Señor, que la primera epístola frecuentemente menciona. Mientras la primera epístola es silenciosa en cuanto a los males futuros que preceden la venida del Señor, esta segunda epístola hace sonar la advertencia y presenta, como ya se ha declarado en la introducción, un cuadro profético de las condiciones de la cristiandad cuando esta edad termine. Aquí, también, encontramos las exhortaciones de Pedro, similar a aquellas en la primera carta. Pedro mismo declara el propósito cuando él escribió: “Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,” mientras el lenguaje puede diferir en algunos respectos del lenguaje de la primera epístola, el estilo y desarrollo de la epístola es justo como la primera, lo que es aún más notorio en nuestra versión inglesa. Él escribe primero de las provisiones en gracia, que han sido hechas para estos de semejante preciosa fe a través de la justicia de Dios y nuestro Salvador Jesucristo, que incluye provisiones presentes en preciosas promesas, y en donde todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad, como también el don de la palabra profética.

El segundo capítulo despliega los futuros peligros de los últimos días de esta edad. Los falsos maestros y sus perniciosas doctrinas son revelados con las correspondientes advertencias a guardarse de ellas. El capítulo final es profético; éste revela el futuro, incluyendo la futura gran transformación cuando la tierra física pasará a través de un juicio por fuego, para salir en una eterna resurrección de gloria como una tierra nueva, rodeada por cielos nuevos. Seguimos, por tanto, en nuestras anotaciones la división de la epístola en tres capítulos como los tenemos en nuestras Biblias.


I. LAS BONDADOSAS PROVISIONES DE DIOS
II. LOS MALES QUE VENDRÁN A TRAVÉS DE LOS FALSOS MAESTROS
III. EL FUTURO DE LA TIERRA Y LA CONCLUSIÓN

 

Análisis y Anotaciones

 

I. LAS BONDADOSAS PROVISIONES DE DIOS

CAPÍTULO 1

1. Las bondadosas provisiones de Dios en Cristo (1:1-4)
2. El desarrollo de la naturaleza divina (1:5-11)
3. Las promesas de la profecía (1:12-21)

Versos 1-4. No somos dejados en duda acerca de quién es el escritor, no un supuesto Pedro, sino Simón Pedro, el pescador de Galilea. Con esta segunda epístola él termina la tarea que le fue dada por el Señor “fortalece a sus hermanos.” Los primeros versos del cap.3 muestran que la epístola es dirigida a las mismas personas que escribió la primera epístola. Él da su antiguo nombre, Simón (o como en griego, Symeon), seguido por su nuevo nombre que le fue dado por el Señor, Pedro. Él se llama a si mismo primero un siervo antes de mencionar su apostolado. La palabra siervo es la misma palabra por la cual Pablo se designó a sí mismo, es decir, esclavo. Evidentemente Pedro estimó esto como más elevado que su apostolado.

Él se dirige a sus hermanos no más como lo hizo en su primera epístola como extranjeros y elegidos por la presciencia de Dios. Su propósito ahora es diferente. Él no menciona más sus pruebas, sufrimientos y persecuciones; esto fue hecho abundantemente en el documento anterior. Él en lugar de eso se dirige a ellos como quienes “han obtenido semejante preciosa fe,” es decir, la fe en el Señor Jesucristo.”, el Hijo de Dios, Salvador y Señor. Esta fe es obtenida “a través de la justicia de Dios y nuestro Salvador Jesucristo.” En Romanos la justicia de Dios es el gran tema como el fundamento de la justificación del creyente. (Ver anotaciones sobre Rom.3). Aquí tiene un significado algo diferente. Esta no es una cuestión de justificación, sino la cuestión de Dios habiendo sido justo, es decir, fiel a Sus promesas por Aquel que es Jehová, su propio Mesías prometido. Fue la fidelidad del Dios de Israel que les concedió, como un remanente creyente, esta fe, que era ahora preciosa para ellos, la fe en Jehová-Jesús como Salvador.

Después sigue el saludo: “Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.” Esta forma de saludo que usa la palabra “multiplicada” está limitada a las dos epístolas de Pedro y Judas. Esto no es sin significado. Cuando los creyentes sufren, como se ve en la primera epístola de Pedro, ellos pueden contar con Dios, para multiplicar gracia y paz. Pero la segunda epístola y judas miran hacia adelante a los últimos días, el fin de la edad, con su predicha apostasía, y para estos días Dios promete multiplicar Su propia gracia, paz y misericordia. Pero debe notarse que esta multiplicación es “a través del conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesucristo.” Esto no es independiente de un verdadero conocimiento de corazón de Dios y de su Hijo, nuestro Señor. Puede haber un conocimiento de cabeza o intelectual de Dios y de Cristo, un conocimiento estéril que no lleva fruto para Dios. De esto leemos en el cap. 2:20-22 de nuestra epístola.

El conocimiento de Dios es en Jesucristo; a través de Él conocemos a Dios en toda Su plenitud. (Ver 1 Jn.5:20). El verdadero conocimiento de corazón de El produce fruto porque éste lleva consigo poder divino, que ha dado al creyente “todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad, a través del conocimiento de Aquel que nos ha llamado por gloria y virtud.” Vida y gloria son los dones de la gracia; la vida es concedida en el nuevo nacimiento que adecúa para la gloria, y la piedad y virtud son los resultados prácticos de esa gracia en la vida del creyente. El poder divino para la piedad y virtud que han de ser manifestados en la vida del creyente, ese poder que es capaz de actuar en nosotros y darnos la victoria, debe ser cogido por la fe. “¡Cuán precioso es saber que la fe puede usar este poder divino, realizado en la vida del alma, dirigiéndola a la gloria final! ¡Qué salvaguarda de los esfuerzos del enemigo, si estamos realmente establecidos en la conciencia de este poder divino actuando en gracia en nuestro favor! El corazón es guiado a hacer de la gloria su objeto; y virtud, el poder de la vida espiritual, es desarrollada en el camino a ésta. El poder divino ha dado todo lo que es necesario” (Sinopsis de la Biblia, J.N. Darby)

Habiéndonos llamado por gloria y virtud, Él en conexión con esto nos ha dado grandes y preciosas promesas. Estas promesas se relacionan con la gloria y la virtud. A través de estas promesas hemos sido hechos participantes de la naturaleza divina, por medio del poder divino actuando en nosotros, con la gloria como la bendita meta. Pero por el mismo poder que nos ha sido prometido, escapamos y somos libertados de la corrupción que está en el mundo a través de la codicia. Aquí tenemos la verdadera vida victoriosa de un creyente. Esta no es una forma de establecida “experiencia de santidad” por la que la vieja naturaleza es erradicada, una enseñanza que está completamente contra las Escrituras. El corazón debe estar ocupado con Cristo y la gloria por la cual somos llamados, como resultado del poder divino, el Espíritu Santo en nosotros, actúa y nos da la victoria sobre los resultados del pecado.

Versos 5-11. Mientras Dios promete a Su pueblo añadir, es decir, multiplicar, gracia y paz diaria, ellos mismos en fe que realice en poder y la gloria divina futura, debe añadir a esa fe, virtud, y eso debe ser hecho “poniendo toda diligencia.” La naturaleza divina que el creyente ha recibido ama la voluntad de Dios; esta es una santa naturaleza, y por tanto aborrece la corrupción que está en el mundo por la codicia. Pero esa naturaleza divina está sujeta a crecer y desarrollarse en la vida del hijo de Dios, y eso requiere todo cuidado y diligencia. Si los cristianos dicen que poseen una naturaleza divina, que han nacido de nuevo, salvados por gracia, y continúan viviendo de acuerdo a la vieja naturaleza, gozando del mundo y sus pecaminosos placeres, sin manifestar piedad y virtud, ellos no solamente están en una muy inescritural actitud, sino también sobre peligroso terreno. Esto probaría que ellos pertenecen a la clase de profesantes descritos en el cap.2:20-22.
Siete cosas deben añadirse a la fe. “añadid a vuestra fe virtud.” Esta palabra significa algo diferente de su significado general en inglés. Esta significa coraje moral, un coraje y valentía que rehúsa esa satisfacción de la vieja naturaleza. Este es el coraje del soldado, quien valiente y varonilmente lucha contra toda oposición. Esta es una energía por medio de la cual el corazón debe dominarse a sí mismo, y es capaz de escoger el bien, y poner a un lado el mal, como una cosa conquistada e indigna de uno mismo. Tal valentía para resistir, y negarse a sí mismo, hace posible la plena comunión con Dios. Si tal virtud se añade a la fe esto guía al conocimiento. La verdad de Dios y Sus cosas son conocidas y aprendidas por obediencia, por andar en ellas. El conocimiento ganado u obtenido, sin la virtud practicada, solo hincha y guía a la hipocresía.
Un verdadero conocimiento de Dios es un corazón que lo conoce. Este conocimiento guía al dominio propio, que significa restricción propia. Y dominio propio, el gobierno de la voluntad, debe ser seguido por la paciencia, que significa resistencia. Cuán fácil es soportar el reproche, males infligidos por otros, sufrimientos, soportar todo esto con paciencia cuando la fe mira a Aquel que soportó más que lo que jamás seremos llamados a soportar. Si este es el caso, la piedad no estará faltando. Este es un andar con Dios, comunión con Él, confianza como la de un niño y obediencia y reverencia. De tal corazón de fe, que tiene valentía moral, que practica el dominio propio, conociendo a Dios, soporta y tiene afecciones piadosas hacia sus compañeros creyentes que fluyen y el amor fraternal es añadido. Esto es lo que el conocimiento de Dios enseña, “Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros” (1 Tes.4:9)
Pero hay todavía algo más elevado todavía que el amor fraternal, y eso es “amor.” Esto significa amor divino, que es la misma naturaleza de Dios. “Si el amor divino me gobierna, amaré a todos mis hermanos; los amo porque ellos pertenecen a Cristo; no hay en ello parcialidad. Tendré mayor gozo en un hermano espiritual; pero me ocuparé de mi hermano más débil con un amor que se levanta sobre su debilidad y tiene una tierna consideración por éste. Me interesaré de los pecados de mi hermano, desde el amor de Dios, en vista a restaurarlo, reprendiéndole, si es necesario; tampoco, si el amor divino está en ejercicio, puede el amor fraternal ser asociado con la desobediencia. En una palabra, Dios tendrá Su lugar en todas mis relaciones” (John Nelson Darby)

Aquí, entonces hay alimento para examinarse a sí mismo y para juicio propio. Mi fe en Cristo, en quien todas las cosas son libremente provistas con lo que pertenece a la vida y la piedad, produce valentía moral, produce conocimiento de corazón de Dios, dominio y restricción propia paciencia en humildad, piedad y amor fraternal y todo es gobernado en mi conforme al amor, la misma esencia de Dios. Estas cosas no solo debiesen estar en nosotros, sino abundar. Esto no nos dejará estériles y sin fruto. “pero el que falta de estas cosas es ciego, y no puede ver lejos (de vista corta) y ha olvidado que fue limpiado de sus anteriores pecados.” Allí está no solo la ceguedad del hombre natural, sino que allí puede haber ceguedad y vista corta en un creyente. Esto significa que un creyente cuya naturaleza no se desarrolla y se manifiesta en estas cosas, es de vista corta respecto a las cosas celestiales, las cosas visibles que lo rodean son los objetos que absorben su pensamiento. El tal olvida que fue limpiado de sus anteriores pecados. El gozo y paz en el Espíritu Santo no son más una posesión presente; su propio corazón lo condena y él falta de la realidad de su salvación, el gozo ha desaparecido, él ha olvidado su limpieza de pecados anteriores. Cuando un creyente recuerda lo que Dios ha hecho por él en redención, él también deseará una manifestación práctica de esa salvación en una vida y andar piadoso.

Él después habla de hacer nuestro llamamiento y elección seguros. ¿pero no estaba ésta ya segura? En lo que concierne a Dios, quien nos ha llamado y elegido, está segura. Tener una conciencia de nuestro llamamiento y elección, la seguridad de esto, requiere diligencia para andar en el camino que el Espíritu Santo a través de Pedro ha bellamente descrito. Estos que andan de esta forma no tropezarán, y finalmente, “una entrada amplia en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.”

Versos 12-21. Habiendo mencionado la venida del reino de Cristo, el Espíritu Santo ahora se extiende sobre esto. Hemos señalado en la primera epístola que la salvación será revelada, como se ha declarado repetidamente, significa la gloriosa aparición de nuestro Señor Jesucristo para establecer Su reino sobre la tierra. Pedro no enseña la venida del Señor por Sus santos. Él conocía esto, por supuesto, porque el Señor lo había revelado a Pablo. Considerando que Pedro escribe a este remanente de judíos creyentes, y ese remanente es también representante de otro remanente, que, durante la gran tribulación, sufrirá y esperará por la venida del Rey, la segunda mitad de este capítulo es por tanto tomada con el reino en manifestación, como revelado en la profecía y prefigurada por la transfiguración.

Él habla primeramente de su partida; el Señor le ha dicho eso mucho tiempo atrás. Pero sin duda que había una especial indicación de parte del señor de que este evento pronto llegaría ahora y él tendría que dejar su “tabernáculo.” De manera que antes de su partida él estaba ansioso de darles instrucciones por el Espíritu de Dios, de manera que ellos pudiesen tener estas cosas siempre en recuerdo. Esto hace claro una vez más que Pedro no esperaba una cadena de sucesores viniendo a ser guardianes e instructores de la fe.

Él y los otros apóstoles no habían seguido fábulas artificiosas cuando habían dado a conocer el poder y la venida del Señor Jesucristo. Ellos habían sido testigos oculares de Su majestad. ¿Pero dónde y cómo? Él habla de la escena sobre el monte, cuando el Señor Jesucristo fue transfigurado ante ellos, cuando ellos escucharon la voz del Padre de la excelente gloria. Él sobre el monte estaba vestido con la gloria del Padre, y con Él estaba Moisés y Elías, uno que había muerto, y el otro que fue al cielo sin morir. Este fue anticipo de Su gloria futura y un cumplimiento de la promesa dada en el último verso de Mt.16. Como Él estuvo sobre ese monte, así aparecerá en Su gloria sobre la tierra nuevamente, trayendo a Sus santos con Él. Esta es Su aparición visible y gloriosa a la cual se refiere Pedro, y que fue prefigurada en la transfiguración, y no esa venida prometida a los Suyos en Jn.14:1-3, para tomarlos a la casa del Padre.

“Tenemos también la palabra profética más segura” debiese ser traducido, “tenemos la palabra de profecía hecha más segura.” La palabra profecía es, por supuesto, el Antiguo Testamento. ¿Pero no es suficientemente segura? ¿por qué debiese ser hecha más segura? Esto debe comprenderse en el sentido de confirmar la palabra profética. La transfiguración confirmó las profecías del Antiguo Testamento. Los profetas describen tal escena semejante a la transfiguración, cuando el Hijo del hombre venga del cielo en poder y gloria; entonces la palabra profética ha sido confirmada, hecha más segura, por la escena sobre el monte. Debe nuevamente declararse que en el Antiguo Testamento la palabra profética no revela Su venida por los santos, que para la iglesia es la “bendita esperanza.” Cuando Pablo habla de esto en 1 Cor 15 él habla de un misterio; oculto de edades anteriores (1 Cor.15:51) Todavía en el verso ante nosotros Pedro alude a esto cuando habla de la estrella de la mañana.

Existe una dificultad conectada con este verso, y algunos han leído esto como si significara que la estrella de la mañana debe levantarse en el corazón del individuo, como se ha declarado en el siguiente comentario: “la estrella del día levantándose en nuestros corazones serán las premoniciones interiores que anuncian la venida, como la estrella del día anuncia el amanecer; tales premoniciones pueden ser ocasionadas por observar las variadas señales de la venida.” Pero esto no significa eso, tampoco significa que la profecía debe ser solo usada para estímulo hasta que poseamos la propia esperanza cristiana. La traducción sugerida en la Biblia Numérica remueve la dificultad. “tenemos también la palabra profética confirmada, a la cual hacéis bien en estar atentos (como a una lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que el día amanezca y la estrella de la mañana se levante) en vuestros corazones.” Esto no significa que la estrella de la mañana debe levantarse en el corazón del creyente, significa que debiésemos estar atentos a la profecía en nuestros corazones. ¡Y cómo toda la palabra profética, esa bendita lámpara, es necesaria en estos oscuros días!

El amanecer es precedido por el levantamiento de la estrella de la mañana, o la estrella del día, y la estrella de la mañana es el bendito emblema de la venida del Señor por Sus santos. Él es la Estrella de la mañana y el Sol de justicia. Él aparece como la Estrella de la mañana por Sus santos y después en plena gloria como el Sol de justicia.

Las declaraciones finales de este capítulo son también de mucha importancia. “sabiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada. Porque ninguna profecía jamás vino por la voluntad del hombre; sino que los hombres hablaron de Dios, siendo movidos por el Espíritu Santo.” La profecía nunca podría ser producida por la voluntad humana; solo Dios conoce el futuro y Él ha hablado concerniente al futuro.

La profecía es una de las grandes evidencias de lo sobrenatural de la Biblia. Los hombres que fueron usados para comunicar la profecía hablaron siendo inspirados por Dios; ellos fueron movidos por el Espíritu Santo. Por esta razón la perniciosa escuela del criticismo destructivo siempre ha apuntado hacia la palabra profética, porque si ellos admiten que hay profecía, reconocerán su derrota. La cantidad de negaciones y teorías ellos han usado en vista a librarse de la profecía es algo que no podemos seguir aquí. El próximo capítulo muestra los resultados que han sido producidos a través del rechazo de la verdad declarada por Pedro, que Dios ha hablado. De igual importancia es la declaración divina, “ninguna profecía es de interpretación privada.”

Roma ha usado la palabra “privada” para sostener su terrible mentira, que la Escritura nunca debe ser interpretada por un individuo. Como resultado Roma desalienta en cada forma el leer la palabra de Dios. En el pasado ese sistema quemó las biblias, a menudo encadenando la Biblia a los martirizados, y quemando el Libro con el odiado testigo. De a Roma su antiguo poder y ella hará lo mismo nuevamente. La palabra profética aquí solo es vista. La profecía muestra una unidad divina que es maravillosa. Algunos han dicho que la historia debe interpretar la profecía, pero no es así. La historia es predicha anticipadamente por la profecía. Al interpretar la profecía, la Escritura profética debe compararse con las Escrituras proféticas. La profecía debe tomarse como un todo. No debemos decir, como se hace a menudo, “pienso que esto significa eso o aquello.” La profecía comienza en Gén.3:15. La consumación de toda profecía es el reino de Cristo, la victoria de Dios en Su Hijo, la completa derrota de Satanás. Cada profecía es una parte de la profecía, teniendo un solo y mismo objeto y no puede, por tanto, ser interpretada por sí misma, independiente del resto de la profecía. Toda confusión que existe hoy en la cristiandad profesante en cuanto al alcance profético de la palabra de Dios es el resultado de haber ignorado esta importante orden.

 

II. EL MAL QUE VENDRÁ A TRAVÉS DE FALSOS MAESTROS

CAPITULO 2

1. La fuente del mal (2:1-3)
2. Las lecciones del pasado (2:4-10)
3. La descripción de los apóstatas (2:11-22)

Versos 1-3. El apóstol Pedro está ahora siendo usado por el Espíritu de Dios para profetizar. Él predice el futuro mal para la iglesia profesante, que maestros apóstatas harían su viciosa obra. Como se ha señalado en la introducción cada otro escritor de epístolas da el mismo testimonio y ese testimonio se encuentra principalmente en las segundas epístolas y en la epístola de Judas. (Ver 1 Tim.4:1-2; 2 Tim. 3:1-5; 4:1-4; 2 Tes. 2:1; 1 Jn. 2:18-23; 4:1-6; 2 Jn. 7-11; Judas). Él les recuerda que en su propia nación de Israel hubo falsos profetas. Los falsos profetas aparecieron mayormente, si no completamente, cuando el juicio era inminente para la nación, como lo aprendemos de las profecías de Jeremías y Ezequiel. Estos falsos profetas se opusieron a los verdaderos profetas de Dios, que predicaban el mensaje dado por Dios, mientras los falsos profetas rechazaban la palabra de Dios y la despreciaban. Ellos hablaban de sus propios corazones vanidades y mentiras (Ezeq.13:2,8). Su mensaje era de “paz” cuando no había paz. Como resultado el pueblo de Israel no creyó a Dios y Su palabra; y lo rechazaron.

Lo mismo, se predice, se repetirá en esta era cristiana, solo con esta diferencia, que no solo aparecerían falsos profetas, sino también “falsos maestros”. Y a medida que esta dispensación se acerca a su fin vendrá la apostasía. (Consulte anotaciones sobre 2 Tesalonicenses 2). Estos falsos maestros, como los falsos profetas, rechazaran primeramente la palabra de Dios; ellos, también, hablaran de sus propios corazones, es decir, vanidades y mentiras. Como resultado ellos introducirán “herejías destructoras.” Todas las herejías tienen un mismo objeto, la negación de Cristo y del evangelio. Por tanto, Pedro predice “negando aun al Maestro, que los compró.”

Este es el camino del criticismo destructivo. Uno mira en vano entre los muchos predicadores y maestros que niegan el nacimiento virginal y con esto la deidad de Cristo, por uno que crea que la Biblia es la inerrante palabra de Dios. Todos los que niegan al Maestro que los compró comienzan con criticismo de la Biblia, rechazando primeramente los escritos de Moisés, arrojando dudas sobre los otros libros, y finalmente abandonando cualquiera forma de fe en la Biblia como siendo la palabra de Dios. Bien este es llamado “el Criticismo destructivo” porque su fin es destruir todo. Es esto lo que está envenenando todo en la cristiandad hoy y no hay denominación en que esta levadura no esté obrando. De esta manera la predicción de Pedro está siendo crecientemente cumplida en nuestros días y lo será mucho más cuando esta edad se acerque rápidamente a su fin.

También debemos notar que no se dice que ellos niegan “al Señor que los redimió,” sino al “Maestro que los compró.” L diferencia entre “compra” y “redención.” Es, que compra es general, mientras la redención está limitada a aquellos que creen en Él y de este modo son redimidos por Su preciosa sangre. Estos falsos maestros nunca han creído en él como Señor, y, por tanto, no han sido redimidos por Él, aunque Él ha pagado el precio de compra en su favor. Por negarlo ellos desconocen la compra. Y para los tales está reservada una rápida destrucción. Aquí se pronuncia la sentencia de eterna condenación sobre todos estos falsos maestros, sobre el criticismo destructivo como también sobre los cultos que enseñan herejías condenables y que, por hacer así, niegan al Maestro que los compró.

Aquí tenemos también una predicción del amplio éxito de estos falsos maestros. “muchos seguirán sus perniciosas (disolutas o lascivos) caminos, y el camino de la verdad será blasfemado.” Ellos hablan de hacer el mundo mejor, se presentan como maestros de moralidad y justicia, pero sus caminos son marcados como perniciosos. ¿Cómo pueden ellos ser justos cuando niegan lo que solo puede hacer justo al hombre? Cuán a menudo ha sido traído a la luz que quienes niegan la verdad y todavía demandan ser maestros de moralidad, son miserables hipócritas. La incredulidad produce mundanalidad e inmoralidad. Entonces el camino de la verdad está siendo blasfemado y “ese digno Nombre” está siendo deshonrado.

“Y a través de la codicia ellos con palabras fingidas harán mercancía de vosotros; cuyo juicio ahora desde antiguo no tarda, y su destrucción no duerme.” El pueblo de Dios es su presa. Ellos son codiciosos, buscando su propia satisfacción en dinero, posición social, fama y todo lo demás que el corazón natural ama y desea. Todo es abundantemente verificado en la condición de cosas que nos rodea. Pero la retribución ciertamente vendrá sobre ellos.

Versos 4-10. Aquí alcanzamos la sección de segunda de Pedro, que se parece mucho a la mayor parte de la epístola de Judas, de manera que el criticismo ha demandado que uno debe haber copiado al otro. Hemos mostrado en la introducción que Pedro y Judas escribieron independientemente el uno de los otros como directos instrumentos del Espíritu Santo. El parecido y correspondencia del testimonio de Pedro con Judas es más plenamente examinado en la introducción en la epístola de Judas.

El Espíritu de Dios llama la atención a través de Pedro a lo que ha ocurrido en la historia pasada, mostrando que Dios trata con los apóstatas que lo desafían y son desobedientes, mientras liberta a los piadosos. En Judas encontramos, que mientras hay mucha similaridad, el propósito del testimonio es completamente diferente del de Pedro. Primero, se hace mención de los ángeles que pecaron y que fueron arrojados al infierno, la palabra es tártaro (la misma para abismo), ellos son guardados en cadenas de oscuridad para el juicio venidero. Es evidente que este pasaje no significa a Satanás y los ángeles caídos, ya que ellos no están en el abismo esperando allí en una condición sin esperanza el juicio; ellos no están en cadenas, sino sueltos, y Satanás, como el príncipe de este mundo, usa a sus ángeles en la prosecución de su obra. ¿Quién, entonces, son estos ángeles? Ellos son los seres descritos en Génesis 6:1-4, como los “hijos de Dios” (un término que en el Antiguo Testamento significa a ángeles) que descendieron y se mezclaron con las hijas de los hombres. Estos ángeles, como nos dice Judas, no mantuvieron su primer estado, su lugar asignado, y por su desobediencia vinieron a ser los medios de corromper la raza de tal manera que el juicio de Dios ha tenido que actuar a través del diluvio.

Dios no ha querido darnos una revelación completa de este siniestro evento. Que esto significa este episodio es aprendido en que Pedro habla del antiguo mundo, que no fue librado por Dios, “sino que salvó a Noé, la octava persona (con otros siete), un predicador de justicia, habiendo traído el diluvio sobre el mundo de los impíos.” Este testimonio está íntimamente enlazado con lo que Pedro ha escrito en la primera epístola (1 Ped. 3:19-20). Y aquí se nos dice que Noé fue un predicador de justicia. Él y su casa encontraron gracia a la vista de Dios, mientras la multitud del mundo impío que rechazó Su verdad y Espíritu, que contendía con ellos, no fue librada sino tratada con juicio. Es así ahora. Está viniendo otro día en el cual el Señor juzgará a los impíos, mientras Su pueblo será salvado.

Sodoma y Gomorra son también citados como ejemplos del santo juicio de Dios. Estas ciudades fueron vueltas en cenizas, como un ejemplo para todos aquellos que viven impíamente. El terrible fruto del pecado en la más terrible, e inexpresable corrupción se manifestó en estas ciudades; la mima corrupción se encuentra en el mundo hoy, y principalmente en los grandes centros de la cristiandad (Rom.1:27) menciona la mima corrupción a menudo referida por los escritores clásicos de Roma y Grecia) Lot, quien estaba en Sodoma, aunque no era de Sodoma, es llamado, sin embargo, justo, que afligía su alma debido a tales hechos. El Señor lo libertó. Esta es otra advertencia para los falsos maestros con sus negaciones y herejías, por el rechazo de la palabra de Dios trajo el diluvio de inmoralidad, libertinaje y lascivia.

El Dios que volvió Sodoma y Gomorra en cenizas, por hacer llover sobre ellas fuego y azufre, también tratará con la apostasía al final de esta edad, y con los maestros que niegan al Maestro que los compró, a pesar de su jactancia de ser morales. El juicio viene “cuando el Señor Jesús sea revelado del cielo con Sus poderosos ángeles, en llama de fuego para tomar venganza sobre aquellos que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; quienes serán castigados con eterna destrucción de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder” (2 Tes.1:7-9). Estos falsos maestros se burlan ante estas palabras de Pablo y las llaman citaciones de la literatura apocalíptica de los judíos, o algo semejante; pero ciertamente que vendrá el día cuando Dios vindicará Su verdad. Mientras tanto Él conoce a los justos, vela sobre ellos y sabe cómo libertarlos.

Versos 11-22. Esta es una de las más solemnes porciones de la palabra de Dios. Esta es profética, porque aquí tenemos una descripción de los falsos maestros de los últimos días. Aquí tenemos un sorprendente cuadro de los infieles bautizados de la cristiandad. Esto en alguna medida corresponde con 2 Tim. 3:1-5. Ellos son atrevidos, obstinados, y no tiemblan ante las dignidades superiores. Son incontrolables en su hablar y conducta. Son bastante atrevidos para atacar cada parte de la verdad de Dios, ellos llaman Su revelación un mito, al nacimiento virginal una leyenda, y desprecian la obra expiatoria del Hijo de Dios; ellos hacen lo que los ángeles jamás harían, blasfemar de las dignidades. (Judas tiene más que decir acerca de esto; es un hecho bien conocido que algunos líderes de la teología liberal han unido sus manos con el socialismo en su peor forma, es decir, el lado anarquista de éste. Ellos hablan de ayudar a las masas y blasfeman contra las leyes y orden existente, y abogan por su destrucción. El cabecilla de un intento en Canadá contra el gobierno fue un predicador apóstata de una honrada denominación.)

Mientras leemos debemos recordar que no es Pedro, sino el Espíritu santo quien habla. Ellos son comparados a bestias, nacidos para ser apresados y destruidos; ellos hablan mal de las cosas de las cuales no saben nada. El significado es que ellos no han nacido de nuevo, y por tanto siguen la carne, aunque esto pueda ser bajo la cubierta de cultura y erudición. Ellos perecerán en su propia corrupción. Ellos cuentan como un placer revelar en el tiempo, se deleitan en placeres lujuriosos y pecaminosos. Más que eso, ellos demandan una profesión y comunión cristiana, por asistir a las fiestas de amor de los cristianos, que ellos deshonran por su presencia como siendo manchas, mientras al mismo tiempo se glorían en sus engaños, falsas enseñanzas y negaciones de su Maestro. El camino justo que ellos han profesado tomar cuando sumieron el nombre de Cristo sobre sí mismo, ahora lo han dejado, habiéndose extraviado. Por tanto, ellos tienen los ojos llenos de adulterio y no pueden dejar de pecar; ellos incitan a almas inestables, extraviándolas como ellos mismos se ha extraviado.

Ellos están también siguiendo el camino de Balaam, quien fue reprendido por su iniquidad por el hablar de un asna muda. El amor al dinero los controla, como esto controlaba al profeta pagano. Los versos 17,18 presentan descripciones adicionales del carácter de estos falsos maestros. Ellos son fuentes sin agua, los hombres miran a ellos por refrescante agua de vida, porque ellos profesan ser maestros: “las ovejas hambrientas miran arriba y no son alimentadas.” Ellos no saben nada del agua de vida. Estas personas no son nada sino nubes sin agua impulsadas por la tempestad de sus corazones naturales. Sus palabras infladas son la estimación divina de la vaciedad, de la retórica humana por la cual miles son desviados, pero estas son palabras vanas, en lugar de llevar las almas a Cristo y el conocimiento de la redención, ellos los seducen a través de las codicias de la carne, mientras prometen libertad a otros, ellos mismos son esclavos de la corrupción. Este es el carácter de los falsos maestros, quienes niegan al Maestro que los compró.

“Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
2:21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.”

¿Significa esto que estas personas en un tiempo realmente nacieron de nuevo, habiendo recibido la vida y el Espíritu Santo por haber confiado en Cristo? Estos falsos maestros ciertamente nunca nacieron de nuevo; la descripción que tenemos de ellos es la prueba de esto. El último verso de este capítulo nos presenta evidencias conclusivas. Los creyentes, verdaderos cristianos, nunca son comparados a perros o cerdos; ellos son ovejas de Su rebaño. Una oveja no puede ser transformada en un perro o cerdo, tampoco una oveja hará lo que hace uno de aquellos. Ellos por tanto nunca fueron verdaderos hijos de Dios. Ellos habían escapado a las contaminaciones exteriores del mundo, que es una cosa diferente de escapar de la corrupción que está en el mundo por las codicias; de esto último solo puede escapar por una libertad interior por el nuevo nacimiento, de lo primero por una reforma exterior que ha tenido lugar cuando ellos profesaron reconocer al Señor y Salvador Jesucristo, cuando por un tiempo abandonando sus malos caminos, de esa manera escaparon de las contaminaciones. Pero no teniendo una nueva naturaleza ellos han vuelto a ser y vencidos por ellas, de manera que era peor ahora para ellos que al principio, es decir, antes de haber hecho profesión de cristianos. Ellos han conocido el camino de justicia como dado a conocer en el evangelio de Cristo, pero la vida que es ofrecida en ese camino de justicia, con los frutos de justicia que siguen, ellos nunca la han aceptado por medio de una fe viva. Y este parece ser el caso con la vasta mayoría de los falsos maestros de hoy, los críticos destructivos, y aquellos que niegan la deidad de nuestro Señor. Ellos nunca han nacido de nuevo; nunca han tenido la experiencia de una verdadera salvación, entonces ellos son hombres naturales, que no tienen el Espíritu.

 

 

III. EL FUTURO DE LA TIERRA Y LA CONCLUSIÓN

CAPÍTULO 3

1. Burlándose de la venida del Señor (3:1-7)
2. El futuro de la tierra (3:8-10)
3. Exhortación y conclusión (3:11-18)

Versos 1-7. La declaración con la cual comienza el capítulo muestra de manera conclusiva que Pedro es el autor y que esta segunda epístola fue enviada a los mismos creyentes a quienes fue dirigida la primera epístola. Los críticos sostienen que este capítulo señala una epístola separada en sí misma y que fue combinada por error con los dos capítulos anteriores. Como muchas otras cosas los críticos presentan está loca especulación sin una sola autorización. Pedro declara la razón para esta segunda epístola “esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento” Él ya había usado una declaración similar en el primer capítulo (1:12), pero ahora los exhorta a recordar las palabras que habían sido dicha antes por los santos profetas y el mandamiento del Señor y Salvador a través de los apóstoles. El mal había sido proféticamente ilustrado por Pedro y ahora él les encarga usar la palabra de Dios en los días peligrosos y de apostasía que vendrían, y recuerda especialmente sus anuncios proféticos. E apóstol Pablo hizo lo mismo después de haber dado advertencias en cuanto a los lobos rapaces y los falsos maestros (Hech.20:30)

Este es el recurso de la verdadera iglesia hoy, y en la medida, que recordamos las palabras habladas por los profetas y apóstoles, dando atención a ellos, seremos guardados en los tiempos peligrosos. Los profetas y los apóstoles advirtieron del mal que vendría como en cada final de una edad se termina con apostasía y juicio; de este modo el mismo Señor predijo el futuro de la edad y las condiciones que prevalecerían a Su retorno físico y glorioso. Todos han advertido. Enoc fue un profeta, como lo aprendemos por Judas; él profetizó acerca de la venida del Señor para ejecutar juicio. Había apóstatas en su día que ridiculizaban su testimonio y quienes hablaban contra él (Judas, 15)

Noé fue un predicador de justicia; él edificó el arca e hizo sonar la advertencia, pero nadie le dio atención, y “como fue en los días de Noé así será cuando venga el Hijo del hombre,” eso ha dicho el Señor. Los profetas advirtieron del juicio que estaba reservado para Jerusalén; la advertencia no fue oída, y uno grande como jeremías no fue creído, y fue arrojado en un calabozo. El profeta Amos habla de aquellos que “ponen lejos el día malo.” Había burladores e incrédulos en cada vez que una edad ha terminado. Como ya se ha mostrado, el combinado testimonio de los apóstoles está sobre las mismas líneas. Pedro entonces escribe: “sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,3:4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen, así como desde el principio de la creación.”

Antes Pedro había mostrado el carácter de los falsos maestros, él ahora señala por revelación que le fue dada, que habría incredulidad y burlas tocantes al retorno visible del Señor Jesucristo. En ambas epístolas este gran evento futuro, la venida del Señor en las nubes del cielo, tiene un lugar prominente. Los falsos maestros, cuyo destino será sellado cuando Cristo venga nuevamente, también ridiculizan y se burlan de la idea que Él alguna vez se volverá a mostrar ¿Y por qué se burlan ellos? Esto tiene su fuente en la incredulidad. Estos hombres son infieles. Cada crítico destructivo es un infiel. Los registros del pasado encarnados en las Santas Escrituras son negados como siendo autentico y confiables. Los profetas de Dios eran judíos patriotas que soñaban con un gran futuro judío. Las magníficas profecías en cuanto a la venida y gobierno del Rey de reyes son clasificados con incoherentes escritos apocalípticos “Sybylines.” El Señor Jesucristo siempre es puesto en tela de duda en cuanto a Su conocimiento y es considerado como estando bajo a ignorancia de los prejuicios de los tiempos en que ha vivido. Todo esto emana del rechazo de la Biblia como la infalible e inerrante revelación de Dios.

Nunca antes esta profecía ha sido literalmente cumplida como ahora. El Espíritu Santo ha reavivado el estudio de la profecía. El clamor de medianoche ha salido. La bendita esperanza ha sido restaurada a la iglesia, y el olvidado ruego, “Si, ven Señor Jesús,” está siendo expresado por los miembros del cuerpo de Cristo como nunca antes. Hay más predicación y enseñando hoy sobre la profecía más que nunca antes en la historia de la iglesia. Esta es una de las señales de que el fin de la edad está cerca. Pero el avivamiento de la profecía ha tenido como resultado la actividad de Satanás. Él pervierte y ridiculiza la venida del Señor, y como ese bendito evento se acerca, habrá un creciente ridiculizar y burla por parte de los apóstatas. (Últimamente cierta prensa de las “denominaciones evangélicas” han producido toneladas de literatura advirtiendo contra las enseñanzas pre-mileniales. La iglesia metodista de Canadá ha hecho circular una serie de cinco panfletos que atacan la bendita esperanza. Estas son producciones de infieles. La Universidad de Chicago e instituciones similares también luchan contra la profecía. Burladores ridiculizan Su venida, el fin de la edad, el aumento del mal se multiplica constantemente. Esto es un cumplimiento de lo que Pedro ha escrito).

Los apóstatas sueñan con el progreso humano, porque ellos son “evolucionistas.” Su querida ley, “la sobrevivencia del más apto,” debe obrar hasta que el último vestigio de lo bestial en el hombre haya obrado por proceso natural, porque ellos niegan la necesidad como el poder de la redención. Ellos llaman a la creencia en la venida del Señor “pesimismo,” e intentan estigmatizar a los que creen en un fin catastrófico de esta presente edad “enemigos de la civilización y del progreso humano.” Lo que Dios ha hablado, lo que la boca de todos Sus santos profetas han declarado, que a esperanza del mundo es la venida y entronizamiento del Señor Jesucristo, es extremadamente desagradable para ellos, porque está en conflicto con el programa que ellos han inventado. Un programa que no tiene ningún apoyo escritural. Ellos toman el fundamento de una asumida inmutabilidad del mundo, que una forma de ciclo gobierna la naturaleza, y de esta manera niegan las claras declaraciones de la palabra de Dios y excluyen a Dios de Su propia creación. La ciencia, se piensa que debe ser una ayuda idónea para la fe, es usada por ellos para sostener su infidelidad. Ellos hablan constantemente de la ciencia contradiciendo a la revelación, lo que no es verdadero.

El diluvio que menciona Pedro como una evidencia de una catástrofe pasada, cuando el mundo fue inundado con agua, ellos voluntariamente lo ignoran o, como se hace generalmente ahora, lo clasifican con mitos de otras naciones, aunque la ciencia abundantemente ha probado que tal juicio tuvo lugar. Pero ellos no desean creer que pueda haber una intervención sobrenatural con el mundo. Ellos creen que las cosas continuaran como están y permanentemente mejorando. Hasta el mismo tiempo cuando la predicha súbita destrucción vendrá sobre ellos, dice, “paz y seguridad” (1 Tes.5). Esto fue así, sin duda, cuando el diluvio destruyó a los incrédulos y condenó eternamente a esa generación.

(Algunos aplican las palabras relacionadas a un juicio pasado al juicio que pasó sobre la tierra original a causa de la caída de Satanás. Que tal juicio existe el v.2 de la Biblia lo enseña y los hechos geológicos confirman que la tierra pasó a través de una destrucción prehistórica. Pero la referencia es al diluvio. Casi cada nación de la tierra tiene tradiciones acerca del diluvio, aunque a menudo en una forma pervertida. Mientras los apóstatas y burladores hacen todo de la evidencia histórica y tradicional, ellos ignoran la universalidad de las tradiciones concerniente al diluvio)

Los versos 8-10. Una gran revelación sigue. Los cielos que ahora existen, y la tierra por la misma palabra han sido reservados para el fuego en el día de juicio y destrucción de los hombres impíos. Después en el v.10, “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” Como la tierra fue una vez juzgada por agua del mismo modo será juzgada por fuego en el futuro, y no solo la tierra sino también los cielos, es decir los cielos que rodean la tierra. Años atrás los infieles usaban ridiculizar la declaración de Pedro que la tierra y los cielos que la rodean serán consumidos por fuego. Ellos hablaron de esto como siendo una imposibilidad que la tierra con sus ríos, lagos y océanos pudiesen pasar a través de tal incendio, de manera que todo pudiese ser consumido. Bien informados infieles no ridiculizan más esta declaración, porque la astronomía con la ayuda del espectroscopio ha revelado el hecho que otros cuerpos en los cielos han pasado a través de grandes incendios, que otros globos han sido quemados, y no pocos astrónomos han anticipado que esta será el destino de la tierra en la cual vivimos. Pero no tenía telescopio, tampoco él sabía algo de astronomía. ¿Cómo supo él que la tierra sería destruida por fuego? Fue el Espíritu de Dios quien le reveló esto.

Entonces puede preguntarse ¿de qué evento habla aquí Pedro? Él habla del “día del Señor.” ¿Qué fase de esa venida es está? Ciertamente no está hablando de la venida del Señor por Sus santos como se revela en 1 Tes.4. Tampoco es el día del Señor en su comienzo, cuando el Señor aparezca en poder y gran gloria. Ahora todavía estamos en “el día del hombre,” y cuando Él aparezca comenzara el día del Señor. Un día, nos dice Pedro, para el Señor es como mil años, y mil años como un día. De Apocalipsis aprendemos que Cristo reinará sobre la tierra con Sus santos por mil años y ese es el “día del Señor.” El comienzo de éste será como un ladrón, y traerá severos juicios, porque él será revelado en “llama de fuego.” Pero aquello de lo cual habla Pedro no es el comienzo del día del Señor sino de su fin, cuando los mil años hayan terminado.

Cuando los mil años del reino de Cristo como Rey haya terminado seguirá un pequeño tiempo durante el cual Satanás será soltado de su prisión; la rebelión de la cual habla Apoc.20:8 será seguida por fuego que caerá de Dios desde el cielo, y después vemos el gran trono blanco, y el juicio de los malos. “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.” (Apoc.20:11)Es de esto que escribe Pedro, cuando el día del Señor haya terminado, y la tierra y el cielo hayan pasado; será a través de un gran incendio arriba y abajo . Cuando Pedro escribe en el v.13 de los nuevos cielos y tierra, declara lo que Juan vio en su visión del cap.21:1, “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.”

Algunos de estos creyentes judíos estaban evidentemente pensando que el Señor tardaba el cumplimiento de la promesa concerniente a ese día. El apóstol les dice que esta tardanza del Señor es Su paciencia., “él no quiere que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.”

Versos 11-18. En vista de tal futuro el apóstol los exhorta una vez más a una vida de santidad y piedad, “esperando por y deseando fervientemente la venida del día de Dios”. El pensamiento que a menudo se expresa en las palabras “apresurando la venida del día de Dios,” para que podamos actuar y servir, enviando el evangelio a los paganos, y a hacer otras cosas, apurando de este modo la venida del Señor, no es autorizado por el texto, tampoco esto es verdadero. Dios no puede ser apresurado por la criatura, tampoco Él puede ser retrasado en la ejecución de Sus propósitos eternos.

Como se ha declarado en las anteriores anotaciones, el fuego pondrá fin al día del Señor, y con esto el día de Dios, la edad eterna, cuando Dios será todo en todo, es lo que Pedro enseña. “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” La promesa se encuentra en Isa. 65:17, “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento”. Este no es el milenio, el que se describe en este capítulo de Isaías en los versos 18-25, sino aquello que viene a la existencia después que la tierra y los cielos han pasado a través de un gran incendio. Una vez más Isaías habla de la tierra y los cielos que permanecerán para siempre. (Ver Isa. 66:22). Esta tierra y cielos nuevos serán la gloriosa morada eterna de los redimidos, porque la nueva Jerusalén saldrá finalmente de los cielos para encontrar su eterno descanso allí (Apoc.21).

“Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. “

En conclusión, Pedro se refiere a Pablo como “nuestro amado hermano Pablo.” La epístola a los Gálatas estaba entonces en circulación y todos podían leer allí acerca del fracaso de Pedro en Antioquia (Gál.2:12-16). El afectuoso comentario por parte de Pedro muestra que él había visto su error y no había conflicto entre los dos siervos del Señor Jesucristo. La epístola que Pablo había escrito a los mismos cristianos judíos a los cuales Pedro escribe es sin duda la epístola los Hebreos (Ver introducción a los Hebreos)

La segunda epístola de Pedro termina con otra advertencia, bien adecuada para nuestros tiempos, “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que, arrastrados por el error de los inicuos, (los críticos destructivos) caigáis de vuestra firmeza.” Y la salvaguarda es “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.”

A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.