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La Resurrección y la vida

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(Juan 11.)

El Señor ha sido ahora rechazado, tanto en Sus palabras como en Sus obras. En el capítulo 8, Él convence por Su palabra, “Antes que Abraham fuese, Yo soy”. Se halló en aquel la plena manifestación de lo que Él era; pero ellos lo rechazaron. En el capítulo 9, muestra Sus obras; pero este testimonio es también rechazado. Y entonces Él muestra como todo es en gracia, y en el capítulo 10 habla de reunir a Sus ovejas. Cuando Él dice “Yo y mi Padre somos uno”, ellos toman piedras nuevamente para apedrearlo; y entonces Él va más allá del Jordan, en el cap. 11, en conexión con la resurrección de Lázaro, habla como Hijo de Dios; después, en el cap. 12, como Hijo de David e Hijo del hombre.

 

Lo que aquí se expone especialmente es el poder de Cristo ejerciendo el poder de dar vida. No tanto Su santidad o Su amor; aunque estaban allí tan perfectos como siempre, pero no era lo que Él manifestó especialmente. Ha venido donde estaba la muerte; y Él iba a sacar de ella, primero el alma y entonces el cuerpo. “Porque Yo vivo, vosotros también viviréis”. Esto saca a relucir algo del carácter de Marta. Marta amaba al Señor, y el Señor amaba a Marta. Ella le recibió en su casa. El hizo Su hogar allí, por así decirlo. Había confianza en Su bondad, y aquel tipo de cuidado e interés entre ellos, de modo que envían a decirle directamente que Lázaro estaba enfermo, tomándolo como un privilegio, Él vendría, a causa de la intimidad que ellos tenían. “Jesús amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro”. Esta era una familia creyente; y encontramos que cuando las personas son creyentes, estos tienen diferentes caracteres. Vemos aquí que Cristo se deleita en aquel fruto del Espíritu aceptable para él. Él dice de Maria, “Ella ha escogido la buena parte”, etc…Dios puede hacer que los hombres sean tan activos como sea posible, como Pablo o los Boanerges, cuando Él los quiere; pero la comunión es la cosa más preciosa para Él. Esta es una de las diferencias entre Pedro y Juan. Su corazón descansaba con satisfacción en aquello que aprendía en Su seno.

 

Cristo había venido a este mundo cuando la muerte moral reinaba, para traer la bendición de Sí mismo. Pero aquí, la muerte podía venir y tomar a un hombre fuera de la riqueza de la bendición de sanidad que El Mismo vino a dar.

 

La muerte fue un presagio del juicio. Ningún hombre podía ser recuperado de esta; ningún hombre podía curarla; ningún hombre podía escapar de esta. Y ellos sabían que esto llevaría al juicio; porque trae consigo el testimonio del pecado. Dios podía matar y Dios podía dar vida. La naturaleza siempre se encoge al lado de la muerte, porque esta es la conciencia siendo el efecto del pecado. Cristo vino a este lugar de muerte; y el simple alivio de la miseria del hombre aquí abajo, lo cual hizo, nunca pudo tocar la muerte. El hombre ahora habiéndolo rechazado, tuvo que manifestar que, si el hombre era un asesino y podía ponerle a Él en la muerte, Él tenía el poder para liberar de la muerte. La muerte había perdido su poder en presencia de Aquel que vino para traer vida. Durante todo Su curso Él había estado dispuesto a sanar al enfermo con una palabra, y ellos esperaban que hiciera así con Lázaro. Pero ahora Él deja que el mal vaya hasta su plena extensión, para que nosotros podamos ver Su título para deshacerse de todo. El Señor, aunque oye que él estaba enfermo, permanece en el mismo lugar. Cuando Él venía, dice, “Lázaro duerme”. En el momento en que vemos la muerte viniendo a los creyentes podemos decir, esto no es juicio; “esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios”. En conexión con Cristo, ningún mal puede triunfar; incluso la muerte puede tornarse para la gloria de Dios. Y note, esto no es algo vago a la distancia, sino “para que el Hijo de Dios sea glorificado de ese modo”. El poder de la vida ha llegado al lugar mismo del juicio. No tenemos que esperar hasta llegar a Dios, sino que Dios viene en poder liberante hacia nosotros quienes estábamos “muertos en delitos y pecados”.

 

Cap. 8. Está la verdad de Dios y el Hijo de Dios conectado; “gracia y verdad vinieron por Jesucristo”. Y, además de eso, la vida vino por el Hijo. Él podía haber sanado a Lázaro y permanecido a salvo en Jerusalén: pero ahora él hace este milagro de la manera más pública posible. Y Él hace esto para que todos los propósitos del hombre puedan manifestarse. (Contraste la forma en que Él resucita a la hija de Jairo-en privado).

 

El fundamento de la fe del pueblo de Dios es la resurrección “a causa de vosotros” (v.15). Ellos debían creer en Él, “la resurrección y la vida”. “la Gracia y la verdad vinieron por Jesucristo”. La ley no era la verdad. La ley ponía al hombre en su responsabilidad; pero ahora el hombre fue tomado como uno ya muerto-esto fue verdad. La ley demandaba al hombre “haz esto y vivirás”. Se le dice la justicia lo que debiera ser, pero no le dice lo que realmente era. Esta responde al propósito por la cual fue dada; por esto hizo que la “ofensa abundara”. La ley no le dice al hombre lo que él es, ni lo que Dios es al hombre-amor; pero cuando yo tengo la verdad, esta me hace libre. Mientras estoy bajo un yugo, yo soy hecho para trabajar, trabajar y trabajar. El yugo me inclina hacia abajo, y yo no tengo poder bajo este. “Oh miserable hombre de mí, ¿quién me librará?” no hay liberación en esto; pero si Alguien dice, tu eres un miserable pecador, muerto en delitos y pecados; pero puedo liberarte trayendo una justicia de Dios-que me hace libre en corazón y conciencia. Puedo permanecer en la justicia de Dios delante de un Dios de verdad y amor. “si permanecéis en mis palabras”; estas palabras las dirige moralmente a todos.

 

Hay otra cosa. “El sirviente no permanece en la casa para siempre, sino que está obligado a conducirse bien en la casa, y si no, es expulsado”. Pero el Hijo permanece para siempre. “Somos hechos libres, y podemos ir y salir y encontrar pastos”, como hijos en la casa. “Si el Hijo os hiciere libres, seréis verdaderamente libres”. Cristo es la prueba del amor de Dios-la justicia es la prueba de lo que Cristo es. Tengo un lugar de hijo, a causa de lo que Cristo es como Hijo. Él vino en el poder de la vida; no tratando con el hombre tal como él es, ni tratando de arreglarlo; sino dando vida, tratándolo entonces como muerto.

 

 Marta dice, “Yo sé que se levantara de nuevo”, etc... Pero Cristo no habló, ni de la resurrección de los creyentes, ni de la resurrección de juicio. Él le mostraría que la muerte no era nada en Su presencia. “Yo soy la resurrección y la vida”. Ella dijo algo verdadero cuando dijo, “Él se levantará de nuevo en el último día”: Pero eso no tocó el caso de Lázaro. Si tú debes ser llamado en el último día, tú no conocerás si serás levantado para ser condenado entonces. Además, su mera vida natural estaría sujeta a la muerte nuevamente si fuera resucitado ahora, a menos que Él que le resucitó fuese tanto “la vida” como también la “resurrección”. Él no dice, yo soy la vida y la resurrección, sino, “yo soy la resurrección y la vida”. La muerte ha venido; por lo tanto Él debe traer primero la resurrección. Él es el dador de vida, quien ha venido y ha destruido el poder de la muerte. La muerte tuvo dominio sobre el primer Adán; pero el Segundo Adán ganó dominio sobre la muerte. Y Él nos vivificó juntamente con Él, y nos ha sacado de ese estado, para no tener nada que ver con eso. “Yo soy”. Etc…“Aunque Él esté muerto, vivirá”. “El que cree en mí nunca morirá”. Esta es una vida que nada puede tocar. Esta es la victoria sobre el pecado, y sobre la muerte, cuando ellos han hecho lo peor.

 

La vida en la que el creyente ahora vive es una cosa enteramente nueva: esta es de Dios y a partir de Dios. Lo que Cristo es yo soy; y por Su poder es una entera liberación de todo lo que está conectado con uno mismo, esto me hace libre del pecado. Un hombre en la cárcel es juzgado y condenado a muerte. No hay juicio después de eso, no hay esperanza. Así es con el pecador. Él está bajo la sentencia del fuego que nunca se apagará y en donde el que nunca muere. El gusano es la peor parte. Nada como el horror de estar para siempre separados de Dios- la destrucción eterna. Pero cuando yo creo en el Hijo, yo estoy libre de todo esto. Cristo es mi vida como también la resurrección; y en lugar de haber una mancha de pecado, es todo santidad y amor-“el nunca morirá. ¿Crees esto?” esta fue una liberación presente. Pero Marta no entendía ni siquiera un poco. “Si, Señor, yo sé”, etc... Ella dice. Ella amaba al Señor, y estaba muy bien en muchos aspectos; pero no había entrado ella en la mente del Señor. Su mente estaba inquieta en la compañía de Jesús; y si tus afecciones no son alcanzados después de las cosas que Él tiene que decirte, encontrarás que siempre hay inquietud cuando Él venga y te diga Su pensamiento. Puede que no hubiese ignorancia en Marta, y aunque ella era salva como también su hermana; sin embargo le faltaba comprender Su mente. Ella llama a Maria; Marta conocía bien que ella estaría a la altura de las cosas que Él estaba hablando; pero él no había dicho ni una palabra de Maria. Las afecciones no están listas para que nos hable acerca de Si mismo, si nosotros tenemos tales obstáculos. Este era un vínculo entre el Señor y María del que Marta no sabía nada.

 

María espera hasta que la llamen, aunque oyó que Él venía. Luego encontramos después de esto que ella es la única que conocía más que todos los discípulos lo que estaba sucediendo; y la forma en que Cristo fue rechazado por todos alrededor, manifestó sus afectos. Ella no estaba en la cruz, y ella no estaba en la tumba, ella esperaba detrás de Su corazón, conmovida por la gracia de Dios, que respondió correctamente a todas las circunstancias, y es aprobada y aceptada por el Señor en todo momento. ¿Cuál era el secreto de todo esto? Ella se sentó a Sus pies, y bebió de Él. Ella se alimentó de aquello que venía de Su boca. Cuando he sido vivificado, Cristo es mi vida. “El que me come, él también vivirá por mí”. Así, yo soy primero puesto para ser vivificado, entonces simpatía puede ser conocido y poder ejercido. Aquellos que viven y creen en El, “nunca morirán”. Si él nos encuentra viviendo cuando El venga, Él nos cambiará; si dormimos, Él nos resucitará. Ver Marta, en Lucas 10, donde vemos algo que obstaculiza el crecimiento de su alma; ella fue obstaculizada por servir mucho, y ella es y ella está asombrada de que el Señor le permita tomar todo este problema sola. Cuando Él estuvo allí, el servicio le impidió a ella aprender de Él, es decir la instrucción. Ella tenía razón en cumplir con su deber; pero el mejor camino es hacer las cosas tan bien como podamos, sin estar afanados. El afán no es una virtud, aunque hacer lo que se debe está bien. Todo lo que se haga debe ser hecho en servicio al Señor. El corazón del Señor estaba donde Marta no estaba-sino donde el de Maria estaba. El corazón de Maria estaba prendado para obtener de Jesús lo que Él tenía que dar; ella entra en lo que Cristo vino a hacer en el mundo; y Marta supo que Él quería que alguien Le escuchara, que escuchara Sus palabras, y ella va y le dice a María. Ella (María) no sirve para el Señor, sino por el Señor. Ella sintió el poder de la muerte, y Jesús también; y cuando ella llora, Él llora, y Su alma se expande en el ejercicio del poder; para encontrarlo, El pregunta. “¿dónde lo han puesto? No le dijo esto a Marta.

 

Jesús gimió en espíritu. El vio el poder de la muerte sobre las personas que no estaban muertas; ellos podían poner la piedra, podían quitar la piedra nuevamente; ellos podían sepultarlo, pero ellos no podían resucitarlo. Cuando El ve un espíritu que se inclina bajo el sentido de esto, se inclina a Si mismo, (en gracia), entrando en la sombra de esto; simpatizando con otros. En Getsemaní El mismo lo atravesó. “Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”.

 

El venció. El no expulso a Satán por medio de un hombre vivo, pero destruyo el poder de Satán. “Quitad la piedra” (ver.39). Vea a la pobre Marta nuevamente, “Señor, por el tiempo el hiede”. “¿No te he dicho, que si creyeres, tu veras la gloria de Dios?” Esta es la gloria de Dios, entonces, -el poder de vida sobre la muerte. “Padre, te agradezco porque tú siempre me oyes”. Esta gracia de Cristo ha traído todo el poder de Dios para librarse de ella, la muerte no tiene título en contra de Él.

                       

                                                                                                                                      J.N.D