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"A   DAVID:

O

"TUYOS SOMOS, Y DE TU LADO,"

Lea I Crón. 12: 1-21; Efes. 6: 10-20.

En el cap. 12 de 1 Crónicas se nos presentan dos escenas: una relacionada con David en Siclag en la hora de su adversidad y rechazo, y la otra en Hebrón cuando él llegó al trono de Israel. Él reinó 7 años  en Hebrón y 33 en Jerusalén.

Ahora, cuando David estuvo en Siclag, Saúl el hijo de Cis estaba sobre el trono de Israel.  Y en esta hora de su rechazo y sufrimiento, agradó al Espíritu de Dios  registrar en esta escritura, para nuestra instrucción, como un número de diferentes tribus de Israel abandonaron la casa y fortunas de Saúl y arrojaron su suerte con él. Había entonces guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; y hombres de la primera casa  abandonaron a Saúl y dieron su obediencia  a David son designados como estando entre los hombres poderosos, ayudadores en la guerra.

Deseo,  en dependencia de la gracia de Dios, mostrarles la notable analogía entre esto y aquello que el Espíritu de Dios está realizando en el momento actual. Uno más grande que David  ha estado en este mundo, Jesús el Hijo de  Dios,  y Él ha sido rechazado y arrojado fuera. Él ha salido de este mundo por medio del camino de la muerte, y todavía es  despreciado y rechazado por los hombres. En la hora de su ausencia, mientras Él está oculto o encerrado (para usar el lenguaje de esta escritura) en los cielos, el Espíritu Santo está aquí, tocando las afecciones  de los corazones y conciencias de los santos, y guiándolos lejos del espíritu que prevalece en este mundo (realmente el espíritu de Saúl, el espíritu del hombre de pecado, que en breve se manifestará en este mundo), atrayendo los corazones  a Cristo mismo. Él atrae nuestros corazones a Él, para que podamos serles fieles en los tiempos de peligro y dificultades de los últimos días.

Entonces había guerra, como se dice, entre las casas de  Saúl y de David, como hay guerra en el momento presente (guerra espiritual), en la cual los santos de Dios son llamados a entrar.  Pero naturalmente preferimos ahora la paz, y tomar las cosas de una manera fácil en esta escena. Vamos a tener solamente paz  en el reino futuro, pero ahora los cristianos están en el campo de batalla. Entonces, si hemos de ser fieles a Cristo, debemos estar preparados para la guerra. Ha habido guerra entre Cristo, el verdadero David, y Sus enemigos a través de todas las edades, y esta continuará hasta que todos los santos estén en seguridad en la gloria.

Entonces Él tomará el reino y reinará en paz sobre todo, y los santos celestiales  estarán con Él y compartirán Su gloria. Esta escritura está llena de instrucción para la guía de nuestras almas en el momento actual. Entraré un poco en la historia previa de Saúl y David en vista a que todos puedan comprender mejor esto. Usted recordará como Israel en su fracaso pidió tener un rey como las naciones que lo rodeaban, y Dios les concedió su petición. A Samuel el profeta  se le dijo que ungiese a Saúl, quien era un hombre conforme al corazón del hombre, uno más grande  que todo el resto del pueblo. Él debía mantener  la autoridad de Dios para ejecutar Su palabra, y ver que Su pueblo anduviese en ella. Ahora, el Señor había jurado que habría guerra con Amalec por todas las generaciones. Pero Saúl, cuando fue comisionado para destruirlos, falló en realizar el mandato del Señor, y preservó vivos a lo mejor de las ovejas  y bueyes  y a Agag su rey. Posteriormente, él fue rechazado; y eventualmente él perdió el reino. Saúl habiendo de este modo claramente fallado en glorificar a Dios, Él envió a Samuel a ungir a otro en lugar de Saúl de entre los hijos de Isaí el Belemita. Eliab el hijo mayor era hermoso de apariencia, pero Samuel encontró que el Señor no mira la apariencia  exterior, sino el corazón, y Eliab fue rechazado.  Así fue también con los otros hijos, hasta que fue traído David. Él fue escogido por Dios (el hombre conforme al propio corazón de Dios), y sobre él fue derramado el ungüento en medio de sus hermanos.

Entonces hubo guerra con los Filisteos, y Goliat de Gat desafió a los ejércitos de Dios, quien en una maravillosa forma y en un momento crítico  trajo a David al campamento.  David venció al gigante y le cortó la cabeza con su propia espada, y fue puesto en el favor de Saúl.  Pero hubo tal gozo en Israel por la derrota de sus enemigos que las mujeres  en sus danzas cantaban, “Saúl mató a mil y David a diez mil.” La envidia y enemistad de  Saúl fue movida contra David, y él buscó quitarle la vida. David tuvo que huir, y fue cazado como una perdiz sobre las montañas.

La guerra comenzó entre la casa de Saúl y la casa de  David, y en sus persecuciones él llegó a Siclag. En medio del conflicto, como ya se ha destacado, un número de diferentes tribus abandonaron las fortunas de la casa de  Saúl y arrojaron su suerte con David.  Todo esto está lleno de sombras y tipos para nosotros de lo que está sucediendo en el momento actual.

David es un tipo de Cristo, y Cristo ha sido ungido por el Espíritu Santo como el futuro Rey del pueblo de Dios. Pero había entonces un espíritu de rabia y oposición entre los judíos, y Él fue rechazado; y Él fue a la cruz para glorificar a Dios y vencer el poder del enemigo. Él pasó por el camino de la muerte y entró en la gloria de Dios; y como David se encontraba encerrado a causa de  Saúl el hijo de Cis, así también Cristo, por decir  así, se mantiene encerrado en los cielos durante  estos 1900 años, mientras el espíritu del anticristo, el rey obstinado, está obrando, el espíritu de iniquidad, de desobediencia y oposición a Él y Su reino. Todo esto terminará  en una rebelión pública contra Cristo. El rey obstinado y voluntarioso, el anticristo, con el cabeza del imperio romano, se manifestará en apostasía pública contra Dios y Cristo y atraerá sobre sí su ricamente merecido juicio. Es nuestro privilegio y responsabilidad apartarnos lejos del espíritu de iniquidad que ya está obrando en oposición a Dios y a Cristo y Su verdad, y ser encontrados en la compañía de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el verdadero pero rechazado David.

De manera que se dice en el primer verso, “Ahora estos vinieron a  David mientras él estaba en Siclag encerrado a causa de  Saúl el hijo de Cis; y estos eran hombres poderosos, ayudadores en la guerra.” (Ver también v.2).  Y se nos presentan sus nombres. Ahora, pienso que es una cosa muy preciosa ver que las primeras personas que se apartaron de  Saúl fueron las que pertenecían a su propia casa y tribu. Entonces es completamente claro que ellos estaban entre quienes más abandonaban y perdían. Si ellos hubiesen permanecido en el servicio a Saúl, había muchos prospectos de prosperidad. En cada forma esto era para su ventaja natural permanecer donde ellos estaban. Pero en lugar de esto, en el momento que no había la más mínima señal exterior de que el reino estaba viniendo sobre David, ellos escogieron tener parte en las fortunas y sufrimientos de David.  Ellos sabían que David había sido ungido, y aunque esta era la hora de su adversidad, ellos arrojaron su suerte con él sin temor.  Y ellos son distinguidos en las Escrituras en este momento como un ejemplo para usted y para mí. Ellos eran “hombres poderosos (o valientes) ayudadores en la guerra” (ver vv.1, 2). Ellos eran hombres de prominencia  y poder, hombres  preparados para hacer frente valientemente a las cosas por causa de su maestro, para pelear las batallas de uno a quien ellos habían sido atraídos. Ellos eran también hábiles y ejercitados en la guerra. Ciertamente todo esto es para nuestra enseñanza  en el momento actual. Cada cristiano tiene al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo es verdadero a Cristo y  atrae nuestras afecciones a Él. La clave a todo el pasaje es David , “A DAVID”. La persona de David era la atracción, la persona del ungido de Dios. Ellos arrojan su suerte con él sin ninguna duda, en vista del reino venidero. El Espíritu Santo en el presente está atrayendo almas a Cristo. Dios  nos ha bendecido y salvado,  y Su Espíritu está ocupado con Cristo, y si no entristecido en nosotros Él tocará las afecciones de nuestros corazones, y en Su poder seremos capaces de salir a Él fuera del campamento, y tener parte en Su rechazo y sufrir adversidad con Él hasta que Él venga y tome los reinos de este mundo como siendo Suyos. Y todos debemos, como estos, ser hábiles y ejercitados, armados  con toda la armadura de Dios, esgrimiendo la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efes.6). Somos llamados a vencer  en un día malo, y habiendo hecho todo, estar firmes.  Solamente en Su poder, en oración y suplica, podemos en alguna pequeña medida ser encontrados siendo fieles a Cristo. Satanás es un enemigo grande y poderoso, pero Dios es Todopoderoso. Él ejercerá Su poder en nuestro favor, y el conflicto puede terminar en cualquier momento.

Los próximos que vinieron eran de la tribu de…(v.8). Ellos “se separaron” a David. Este verso nuevamente está lleno de instrucción para nosotros. Sus nombres  también nos son presentados porque Dios se deleita en registrarlos por medio de Su bendito Espíritu en Su palabra, para que podamos leerlos, y seguir su ejemplo. Usted recordará que, previo a esto, cuando Israel cruzó por primera vez el Jordán para tomar posesión de la tierra, hubo dos tribus y media, cuyos nombres eran Rubén, Gad, y la mitad de la tribu de Manasés, que dijeron a Moisés que deseaban morar a este lado del Jordán, aunque dispuestos a tener parte en el conflicto en la tierra. El Espíritu de Dios ha registrado la causa de esto. Ellos tenían numerosos animales y rebaños, y la tierra de  Galaad era una tierra muy rica, con muchos pastos. Por este motivo ellos se detuvieron más acá del propósito de Dios. Esto está lleno de significado divino. Esto muestra la tenencia del pueblo de Dios hoy a detenerse antes de su llamamiento, que no es solamente salir fuera de este mundo, sino entrar en Canaán. Somos llamados a otro mundo, a entrar y morar en otro mundo de bendición  espiritual y celestial, y pelear las batallas del Señor. Cuán a menudo los pastos verdes  retienen  e impiden a los santos  de entrar en el propósito de Dios. De esta manera perdemos  la riqueza de la bendición que Él ha preparado para nosotros. Dios no espera hasta llevarnos a casa a la gloria para hacernos gozar la bendición celestial. Él nos ha dado Su Espíritu para que podamos cruzar el Jordán ahora; para que podamos entrar ahora en la plena bendición que resulta de la obra de Cristo sobre la cruz, no solamente eso de lo cual hemos sido libertados, sino aquello en lo cual Él ha entrado y lo que quiere compartir con nosotros. Pienso, que si somos honestos, todos estaremos preparados para reconocer cuan a menudo nos detenemos antes en la  experiencia de nuestras almas, a causa de algo que fallamos en juzgar, y entonces somos estorbados de entrar en el magnífico rango de bendición que Dios nos ha dado en Cristo resucitado y ascendido. Cuan bello es encontrar aquí, en la historia posterior de los hombres de Gad, que ellos estaban  entre los primeros que cruzaron el Jordán para tener parte en la adversidad de David y pelear sus batallas. Los gaditas se separaron para David. David era todo para ellos. Él no tenía lugar, ni ciudad, tampoco oro ni plata, tampoco recompensas que darles, nada sino él mismo, aun así ellos salieron a él.  Ellos tuvieron que andar por fe y no por vista, y esperar por otro momento cuando el ungido de Dios tomase el trono y reinar, y al final de su tiempo de rechazo obtener su recompensa. Pero no pienso que la recompensa fue la que atrajo estos verdaderos corazones. No, fue la persona de David, el hombre conforme al corazón de Dios. Ellos “se separaron a David en la fortaleza”. Ellos sabían que David estaba allí, y a David fueron ellos. Ellos se separaron a David en la fortaleza en el desierto; hombres valientes y de guerra; aptos para la batalla, que podían usar escudo y  lanza; cuyos rostros eran como de leones, y rápidos como cabras en los montes. Encontramos cuatro principios importantes  aquí que aplicarnos en una forma  muy práctica. Ellos eran_

1.     Hombres separados

2.     Hombres de desierto

3.     Hombres de lucha

4.     Vencedores

Ellos eran finos compañeros en su día y un brillante ejemplo para todos en esto.  Ellos se separaron a David; fueron atraídos a él. David estaba lejos de la casa y campo de Saúl, entonces en su compañía ellos estaban lejos también. Así es con nosotros si salimos a Él, Jesús, el verdadero David, fuera del campamento, nos encontraremos con Él lejos del campamento de este mundo, y en Su bendita compañía seremos moralmente libres de sus principios y también caminos.  Moisés levantó su tienda lejos del campamento, y todos los que buscaban al Señor tenían que salir fuera de campamento.

No hay quizás nada más claro en las páginas del Nuevo Testamento que el pueblo de Dios esté separado del mundo y del campamento, separado de todo su mal y de sus falsas religiones. Dos escrituras bastarán para mostrar esto. En 2 Cor.6:11-18 leemos, “por tanto, salid de en medio de ellos y apartaos y no toquéis lo inmundo.”  ¿Cuál es el resultado si hacemos eso? Encontramos una triple bendición. Si salimos fuera, Yo os recibiré”. Si nos separamos, “Yo os seré por Padre.” Si no “tocamos lo inmundo”, “me series hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.”  ¿No es esto digno de salir para ser recibidos? ¿no es digno de no tocar lo inmundo, en vista a tener Su bendito apoyo y socorro, etc.? Este es el único lugar en el Nuevo Testamento donde encontramos el título “Todopoderoso”, excepto en el libro de Apocalipsis. Todo Su poder es presentado para sustentarnos en ese camino de separación y santidad “sin la cual nadie verá al Señor”.  La otra escritura es Apoc. 18:4, donde el llamado es a salir de  Babilonia. “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis participes de sus pecados, y no recibáis de sus plagas”. Sé que su aplicación directa es todavía futura, pero los elementos que formarán Babilonia la grande. Cuando plenamente desarrollados, están surgiendo a nuestro alrededor en el momento presente, y Dios quiere que salgamos y nos limpiemos a nosotros mismos de ellos ahora.

Segundo, “ellos se separaron a David en la fortaleza.”  Ellos se encontraron a sí mismos en compañía de David en la fortaleza. Había allí una fortaleza. Si estamos en compañía con el Cristo rechazado, estamos en una fortaleza que Satanás no puede tocar ni vencer, pero esto envuelve un camino desértico. Nada sino arena, arena, arena, todo el camino. No hay porción permanente para nosotros aquí. Si miramos abajo o a nuestro alrededor, seremos desalentados. Es Cristo a quien Dios presenta al corazón. Él desea que nuestros ojos puedan ser cerrados, y fijados con fe sobre Él sobre todo aquí abajo, hasta que lo veamos en toda Su belleza y gloria en la casa de Su Padre.  No nos desalentemos, entonces, si encontramos que este es verdaderamente un camino desértico. Pero Su compañía, si conocida y gozada, será más que toda pérdida en el camino.

Tercero, ellos son hombres de guerra. Ellos no eran meramente guerreros: ellos eran “aptos para la batalla.”  Nada puede ser más claro en Efes.6 que tenemos que pelear si tomamos nuestro lugar por Cristo. Si usted lee esa escritura con atención, encontrará que toda esa armadura es para defensa. Debemos mantener la gloria de Cristo contra toda la enemistad que Satanás pueda traer contra nosotros. La única arma ofensiva que Dios nos da es “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”  De allí la importancia de leer Su palabra, de estudiarla, para que seamos hábiles en su uso. Leemos de un poderoso guerrero de David que se levantó e hirió a los Filisteos hasta que su mano se cansó, y ésta quedó apegada a la espada.  Debemos usar la palabra hasta que ella venga a ser parte de nosotros mismos, de este modo seremos capaces de esgrimirla en el poder del Espíritu Santo en las guerras del Señor.  Además, sus rostros eran como de leones. Ellos eran guerreros valientes.

Cuarto, “ellos eran rápidos como cabras en las montañas”, lugares altos. Nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra huestes espirituales de maldad, en lugares  celestiales” (Efes.6:12). Justo como la gacela salta de roca en roca, de precipicio en precipicio, de este modo debemos vencer todas las dificultades envueltas en una identificación y devoción plena a Cristo, levantándose superior a cada obstáculo en el poder del Espíritu Santo. Y venciendo, nuevamente, toma una doble forma: separación del mal, en el mundo y en la iglesia profesante.  En 1 Jn. 5:4 leemos, “esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”; y en Apoc. 2 y 3, no menos de siete veces  Dios  da Sus  benditas promesas a los vencedores, de modo que somos estimulados en cada forma a obtener la victoria en este día malo contra cada forma de iniquidad. Dios desea que usted y yo seamos caracterizados por cuatro cosas como las de los hombres de Gad: que seamos hombres separados, hombres de desierto, hombres de lucha, y vencedores. Del v.14 aprendemos que David no perdió de vista la fidelidad de los hijos de Gad. Uno de los más pequeños estuvo sobre cien, y uno de los más grandes sobre mil. Y si nuestros corazones son verdaderos a  Cristo,  si atraídos a Él en nuestras propias afecciones  hacia Él y estando por Él en el sentido de Su presencia Él no olvidará el promovernos. Ciertamente  el santo será promovido moralmente por el Señor ya que Él hace así con quienes buscan estar de Su lado y por Él en un día malo.

V.15, “Estos son los que pasaron el Jordán en el primer mes cuando este desbordaba en todas sus orillas.” Note eso, ellos pasaron el Jordán cuando este inundaba. En tiempos secos el Jordán es muy poco caudaloso, pero en otros tiempos las aguas desbordan, y este viene a ser un río muy ancho. Fue cuando el Jordán estaba en su más elevado punto que estos hombres cruzaron el rio para identificarse con David. Hay una gran lección moral en esto. Aunque grandes las dificultades en el camino, uno que es atraído en afección a Cristo vence estas dificultades en vista a estar con Él. Hay dificultades. Usted encontrará dificultades en sus negocios, en su familia, en cada círculo. Ricos y pobres las encontrarán. No se nos dice como los  gaditas cruzaron el Jordán, de manera que no podemos decir como esto fue logrado. Pero una cosa sabemos: David estaba a un lado y los gaditas estaban al otro, y nada los detuvo para cruzar adonde estaba David. Aunque amplios y grandes, usted logrará cruzarlo si acepta la muerte de Cristo en su más plena extensión; si usted acepta esto, no solamente como libertándolo de esta escena, sino como introduciéndolo en la escena que está llena de la gloria de Cristo, y a punto de aparecer ante su vista, radiante y esplendorosa. Si usted tiene su ojo sobre Cristo, no importa cuál pueda ser el obstáculo, donde Cristo está, usted debe allí estar. Debo compartir sus fortunas: Él es el ungido de Dios, y debo arrojar mi suerte con Él hasta que Él venga. Si sufrimos con Él, también reinaremos con Él. El Jordán tipifica la muerte de Cristo con relación a aquello en lo que Su muerte me introduce (sin duda que hay nuevas aplicaciones  de este pasaje con relación a eventos futuros en conexión con el pueblo terrenal de Dios, Israel, pero no podemos detenernos sobre esto aquí).

“Y ellos pusieron en huida a todos los de los valles, hacia el oriente  hacia el sur.”  Resistid al diablo y él huirá de vosotros.  Nadie puede resistirlo si usted anda con la armadura de Dios, buscando a Cristo y Su gloria; usted encontrará que todo el poder está de su lado. Ellos vencieron y se encontraron a sí mismos en compañía de  David.

Vv. 16,17, “Y vinieron los hijos de  Benjamín y Judá a David a la fortaleza,” etc. Ahora,  cuando estos hijos de  Benjamín y Judá vinieron, David sospechaba de ellos. Él fue a su encuentro, y dijo, “si habéis venido a mí en paz, mi corazón se unirá a vosotros, pero si habéis venido para entregarme a mis enemigos, viendo que no hay mal en mis manos, el Dios de nuestros padres lo vea”. ¡Cuán bellos son los toques de las Escrituras!  Todos sabemos que fue un judío quien traicionó al verdadero David. Judas era un judío. Y aquí, cientos de años antes, David sospechaba de hombres de Benjamín y Judá. ¡Qué bello toque! “Si habéis venido a ayudarme, mi corazón se unirá a vosotros.” El corazón del Señor es unido a todo aquel que viene en Su ayuda. ¡Que privilegio es venir a Él en el día de Su rechazo!  En el libro de Jueces leemos de algunos que no vinieron a la ayuda del Señor en una crisis, y ¿cuál fue el resultado en ese día? “Maldecid a Meroz porque no vinieron en ayuda del Señor” (Juec.5:23). La maldición de Dios en ese solemne momento vino sobre aquellos que se negaron a pelear las batallas del Señor.

“Pero si venís a mí para entregarme,” etc. (v.17). David sabía que él era inocente, y puso su caso en manos de Dios. Tenemos que hacer con Uno que no solamente es inocente, sino santo, el Santo de Dios. Judas entregó sangre inocente de ese bendito Hombre. Judas es una figura del anticristo. Ambos son llamados “el hijo de perdición.”

“Entonces el Espíritu vino sobre Amasai,” etc. (v.18). En este caso estos eran verdaderos corazones. El Espíritu vino sobre Amasai, que era jefe de capitanes, y él dio una bella respuesta a  David. “Tuyos somos, David, y de tu lado, hijo de Jessé.”  ¿Lo ha capacitado el Espíritu de Dios  a usted y a mí para responder de este modo al bendito Señor? ¿Pueden nuestros corazones decir de lo profundo, Tuyos somos, Señor Jesús, bendito Hijo de Dios? ¿Y no solamente Tuyos sino también “de Tu lado? ¿Hemos tomado nuestra posición, reconociendo que pertenecemos a Él? “Todo lo Mío es Tuyo, y lo Tuyo, Mío,” dijo el Señor al Padre. ¡Qué bendito es ese círculo! ¿Hemos arrojado nuestra parte con Él y Sus intereses a todo costo, sobre Su lado, y contra el ampliamente extendido espíritu de mal? Este no es un día para neutralidad: este es para Cristo o contra Él. Si no estamos por Él, estamos de parte del espíritu del anticristo.

“Paz, paz, sean a ti, y paz a los que te ayudan, porque tu Dios te ayuda,”  continuó Amasai. Por naturaleza enemigos de Cristo y de Dios, ¡qué cosa bendita es  estar en Su compañía, y en la misma atmosfera de la paz! Paz es el fruto de comunión con Dios. Esto es  realmente entrar en el gozo de la ofrenda de paz y gozar comunión con el Señor y Sus santos.

“Y algunos de Manasés vinieron a David,” etc. (v.19). Aquí el Espíritu de Dios menciona que personas de la media tribu que se había detenido con Gad en Galaad están ahora al frente para ser verdaderos a David. “Ellos ayudaron a  David contra una banda de ladrones” (v.21).  Y justo como fue en ese día, del mismo modo hay abundancia de ladrones en el día actual. El Señor ha jurado que  habrá guerra con Amalec por todas las generaciones. Estos ladrones  eran amalecitas. Hay abundancia de amalecitas hoy, abundancia de hombres complaciendo a Satanás en la carne, haciendo sus propias voluntades y  alineándose en una forma u otra en oposición a Cristo.

Dios desea que seamos fieles, a pesar de todo. No ignoramos los ardides de Satanás, y necesitamos pelear valientemente por Cristo contra cada cosa que es de Satanás y la carne.

“Porque en ese día tras día venían a  David para ayudarlo, hasta que hubo un gran ejército, como el ejército de Dios” (v.22).  Y no tengo dudas que  si somos ejercitados y buscamos humildemente mantener la gloria de Cristo a todo costo de nosotros mismos, y andando en juicio propio, que como numerosos veían a David hasta que hubo un gran ejército, del mismo modo el Espíritu de Dios en gracia continuará obrando, y muchos más serán reunidos  en miles de formas al precioso nombre de Cristo. El Espíritu de Dios a menudo es  estorbado porque no estamos aceptando la muerte,  sino permitiendo la carne.  Esto se muestra en miles de formas, en relajamiento, mundanalidad, voluntad propia, etc.; pero si andamos con Cristo y  cada uno en paz  y en el consuelo del Espíritu Santo, seremos edificados y multiplicados.

                                                                                                                    

 

                                                                                   E.H.C.