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EL ALTAR DE BETEL

1 REYES 12

            El comentario inspirado sobre la idolatría que encontramos en Rom.1 nos hace conocer que esta tiene su fuente en la corrupción del pensamiento humano; la altivez del intelecto viene a ser el padre de esta (v.22-25). El apóstol nos dice también que el “corazón de incredulidad” (Heb. 3:2) es uno “malo”. Y al comienzo de esta escritura encontramos que fue el amor al mundo lo que levantó el altar idólatra en Betel. Jeroboam pensó que esta era la única forma de afirmar su reino.

            Él corrompió la religión del pueblo. Él en infiel desprecio no negó esta, porque reconocía que el pueblo de Dios ha sido sacado fuera de Egipto; pero él la corrompió, una cosa culpable; porque estaba usando esto para su propio beneficio, y hacerla útil para alcanzar sus propios fines.

            En el comienzo del Cap.13, aprendemos como el Señor trata con esta corrupción. Y es conforme a Su usual método. Él envía su siervo, bajo una nueva comunicación de Su pensamiento y un nuevo ungimiento de Su Espíritu, de la tierra de Judá a Betel, para denunciar y entregar el juicio de Dios contra todos los que se han conectado con este altar; pero deteniendo a la vez la ejecución de ese juicio hasta el tiempo de Josías, el futuro rey de la casa de David. Pero da a la vez un anticipo actual de tal ejecución; porque el altar se rompió en aquel momento, y las cenizas se derramaron. El juicio aquí pronunciado fue ejecutado a la letra (2 reyes 23), Josías habiendo sido profetizado por nombre, como lo fue Ciro después (Isaías 44).

            Esta es Su forma usual de tratar. Él pronuncia el juicio, pero retrasa la ejecución, aunque dando un anticipo de este. El intervalo es llamado “la paciencia de Dios”, y sabemos que esta es para “salvación”, un tiempo para vivificar y reunir (2 Pedro 3:15). Enoc pronunció el juicio sobre los impíos, y sabemos por Dios que este juicio ha de ser aún ejecutado; pero el diluvio fue un anticipo de esto. El Señor pronunció el juicio sobre Jerusalén en Mateo 24, y sabemos por los mismos términos de la sentencia que este debe aún ser ejecutado; pero la invasión Romana fue un anticipo de esto.

            Jeroboam se indignó con el hombre de Dios quien ha pronunciado esta sentencia contra su altar, y extendió su mano para hacerlo apresar. Pero la mano de Dios detuvo la mano de Jeroboam, y se le secó. Entonces su pensamiento es cambiado; él aparentemente se arrepiente, esté seguro de ello, y es amable cuando siente el dolor sobre sí mismo; y súplica al varón de Dios para que ruegue por la restauración de su brazo. Esto es hecho, y ahora invita al hombre de Dios ha venir con él a su palacio para refrigerio y recompensa. Pero en el espíritu de Daniel él hace saber al rey que puede guardar sus dones para sí mismo y dar su recompensa a otro. Él deja la escena de la maldición de Dios y se vuelve hacia Judá, habiendo hecho lo que se le había mandado “por palabra del Señor”. El altar y sus frutos son dejados para encontrar el juicio de Dios a su debido tiempo.

            Ahora no obstante, y desde entonces hasta el fin, la escena cambia. No vemos más al varón de Dios y al rey juntos; pero vemos al varón de Dios en compañía de un viejo profeta que en ese tiempo vivía en Betel.

            Somos expuestos a tentaciones especiales, si vivimos en los límites de la tierra o en circunstancias y condiciones equivocadas.

            El viejo profeta, santo de Dios como era, vivía (parecido a Lot en Sodoma) cerca del altar. El diablo lo usa; y con una mentira en su boca, dice que le fue mandado por un ángel hacer así y así, y hace volver atrás al varón de Dios, de la ruta que lo llevaba a Judá, para comer y beber con él en su casa en Betel.

            El varón de Dios no estaba en la elevación del apóstol, ni en su poder, quien se adheriría a la palabra del Señor frente a toda pretensión o asunción. Pablo pronuncia maldición aún sobre un ángel, si este se atreve a contradecir esa palabra que él ha recibido de Dios. Él no se preocupa quien sea este, viniese de la tierra, infierno, o cielo. Él permanecería por la palabra de Dios frente a todos ellos (Gál. 1 y 2), justo como volvería la espalda sobre Jerusalén y reprendería al principal de los apóstoles, a Pedro, y contendería con él ante todos.

            Pero el varón de Dios no estaba en el vigor de Pablo. Este renunció, a la palabra que había recibido de Dios por la palabra (como él mismo había juzgado) de un ángel; y vuelve atrás para comer y beber en el lugar que Dios le había dicho “no comerás pan, ni beberás agua allí”.

            Y aquí otro principio divino tiene una muy sorprendente ilustración aquí. Dios está juzgando de acuerdo a la obra de cada uno (1 Pedro 1:17); eso es, que él está disciplinando a Su pueblo ahora. El juicio debe comenzar por la casa de Dios (1 Pedro 4:17). Y así es aquí. El juicio sobre Jeroboam y sus sacerdotes es retrasado; el juicio del hombre de Dios es inmediato. Él es juzgado ahora por el Señor para no ser condenado con el mundo (o Jeroboam) en el futuro (2 reyes 23:17,18). La palabra se enciende sobre él, cae en juicio sobre él, cuando se sienta a la mesa del viejo profeta, cuando comía y bebía allí; porque estaba comiendo y bebiendo juicio para sí mismo. Y brevemente después, cuando él emprende su regreso a su casa en Judá y está en camino hasta allí, lo encuentra un león y lo mata.

            ¡Cuán llamativo es todo esto a nuestros pensamientos y lleno de solemne significado! El juicio sobre el mundo es retrasado, postergado; la disciplina de los santos está en plena ejecución. Así es aquí; y más aún. Hubo, además, un anticipo personal del juicio futuro del mundo; y hay ahora un anticipo presente de la salvación del santo. El altar fue roto, como hemos visto, y sus cenizas derramadas; y así también, al león no se le permite tocar (devorar) el cuerpo del hombre de Dios, o de poner sus garras sobre el asna que transportaba a este. Su cuerpo es reservado para un honor final, aunque su vida por ahora era perdida bajo el justo juicio o santa disciplina de Dios. Habría sido la naturaleza del león matar a la asna como al jinete, y devorar los cuerpos; pero este actuó verdaderamente bajo una comisión divina en la muerte del varón de Dios, como este mismo había actuado cuando pronunció el juicio sobre el altar de betel. ¡Qué variadas e instructivas ilustraciones de verdad son todas estas cosas!

            El viejo profeta vuelve ante nosotros nuevamente. Había en él lo que era de Dios, como también de lo que es de la naturaleza o de la carne. Pero él era ahora viejo, y las canas eran tristemente numerosas sobre este Efraín, como habla Oseas, Él ha vivido descuidadamente como un santo; y ha hecho su morada en un lugar inmundo; él era demasiado semejante a un antiguo profesor que necesitaba reavivar las virtudes. Satanás lo usa (como hemos visto, pero es triste decir esto) para corromper a su hermano más joven, a un nuevo vaso ungido del Espíritu. Pero aun así parece haber sido un “hombre justo” como Lot, aunque viviendo en “Sodoma”. Su lamentación sobre el varón de Dios fue genuina, y como esa de un santo sobre otro, verdadera como la lamentación de David por Jonatán. Esta era la tristeza de un santo de Dios; y él encarga a sus hijos, que cuando muera, lo sepulten en el mismo sepulcro donde él estaba ahora religiosamente poniendo los restos de aquel a quien él llama su “hermano”, el varón de Dios.

            Todo esto habla de una mejor naturaleza en él. Y cuando la mano de Dios ejecuta por medio de Josías el juicio que Él había pronunciado por el varón de Dios; cuando el poder de Su mano actúa para cumplir las declaraciones de Su espíritu, y el día destinado para el mundo ha llegado, este mundo, Jeroboam del cual estamos hablando, la mano de Dios respeta al viejo profeta como al varón de Dios. Josías salva el sepulcro de estos hombres, y preserva los huesos de cada uno de la pena común de arder a la cual estaba poniendo a todos los otros que se encontraban en aquel lugar inmundo alrededor del altar de Betel, como lo leemos plena y sorprendentemente en 2 Reyes 23.

            Es de este modo; y todo esto nos enseña una lección de muy variada instrucción moral. Vemos el camino y trato de Dios en el juicio del mundo, y en la disciplina de Su santo; vemos el peligro de vivir cerca de Sodoma; y aprendemos nuevamente que la palabra de Dios debe ser retenida frente a todo y a todos.

                                                J.G.BELLETT