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¿Fe o Desesperación?

En todas las grandes crisis que han alcanzado  y convulsionado al pueblo y a la iglesia de Dios, siempre ha habido un remanente el cual, aunque en debilidad, tiene testigos de la verdad; cuya fe es, por la gracia de Dios, provista igual para la misma ocasión.

Dios siempre ha dado a Sus fieles, aunque desconocidos e invisibles para el hombre; y de echo esas convulsiones han sido saludables, aunque difíciles y dolorosos medios de manifestar la fe de aquellos que desean ser fieles a Él  

Por tanto, por malo que sea el origen de los problemas, y por más desastrosos que sean sus efectos, ellos son, después de todo, no es meramente puro mal, ya que sirve para sacar a relucir a aquellos que son realmente verdaderos, y aquellos en los cuales hay mera pretensión. No es que no debamos deplorar las contenciones y divisiones alrededor del propio pueblo de Dios, como los cristianos de mente correcta lo hacen; pero cuando el mal, en principio o en práctica se ha deslizado y se permite insidiosamente para obrar sin ser juzgado, es una gran misericordia por parte de Dios permitir que todas las cosas sean rotas en orden para que Su verdad y honor puedan ser vindicadas y mantenidas. “Porque deben haber además herejías alrededor en medio de ustedes para que aquellos que son aprobados puedan ser manifestados alrededor de ustedes” (1 Cor 11:19).

Pero ahí hay otro elemento que se produce o más bien se manifiesta en tales tiempos de problema, y que a menudo a traído grandes efectos desastrosos sobre el propio testimonio; el cual es la desesperación. La desesperanza, aparece a menudo en los tiempos de gran crisis y prueba, alrededor de una porción de aquellos quienes desean andar fielmente, pero que no tienen coraje para “confiar en Dios y haz el bien” (Salmo 37:3), actúan como un peso muerto sobre el testimonio y dificultan el debido progreso en los principios de Dios.

Cuando los israelitas salieron fuera de Egipto y entraron en el desierto, esta fue una multitud mixta, quienes subieron juntamente con ellos, cayeron en codicias trayendo problemas y vejaciones en el campamento; y esto siempre es así. La historia no hace otra cosa que repetirse, sea en la iglesia o en el mundo. Siempre hay un número de personas quienes están lo suficientemente listas para seguir a aquellos quienes lideran la caravana, y quienes realmente desean, en una medida, estar en el lado correcto, mientras las cosas vayan bien.    

 

Pero cuando las cosas no andan bien, cuando los tiempos de adversidad y prueba vienen y las dificultades aparecen, oímos el llanto de desesperanza:-“¡Oh! Nosotros nunca cumpliremos nuestro objetivo; esto es solo una locura herrada después de todo: volvamos atrás. (Números 14:4) ¿Cuál es la utilidad de nuestra salida cuando nuestra causa es sin esperanza?  

¡Justo además! Ellos nunca tuvieron una idea clara que no es “nuestra causa” sino de Dios; y mientras estemos ocupados con el progreso de “nuestra causa” seguramente seremos distraídos y aturdidos en la presencia de la verdadera prueba.

El hecho es que este querido pueblo nunca contó debidamente el costo de ser sacados fuera, ni nunca ha estado en sus mentes que en cada verdadera obra es Dios quien da el crecimiento, y que nosotros somos meramente Sus instrumentos. Somos sino canales, no la Fuente, tan seguramente como somos ocupados y absorbidos por nuestro testimonio, nuestro trabajo, nuestro progreso, etc, en lugar de Cristo. Dios nos elevará sobre esto para que nosotros podemos encontrar nuestro verdadero nivel y Cristo solo sea exaltado.


Ahora bien, nadie puede afligirse y lamentarse demasiado o profundamente por el doloroso espectáculo que presentan las divisiones de la iglesia de Dios hoy; más aún, creemos e insistimos sobre esto,  que esta es la única justa condición de alma para todo y cada verdadero hijo de Dios quien conoce y ama Su verdad; sin embargo, para todo esto, la lamentación por un fracaso es una cosa muy diferente de la desesperación a causa de ello.

Prueba, si individual, o de la iglesia, es seguramente permitida por Dios por Su propia sabiduría y propósitos en gracia; pero cualesquiera que sean aquellos propósitos, ciertamente no son para que aquellos quienes profesan Su nombre pierdan la confianza en Él, y renuncien a todo en la desesperación. 

¡Y sin embargo, a menudo esto pasa cuando aquellas pruebas vienen! ¡Cuántos hay que cuando la convulsión y tiempo de prueba viene, miran sobre ellos con sentimientos de desesperanza y perplejidad! Ellos son lo suficientemente felices y fervorosos, mientras el testimonio prospera y la corriente se encuentra sin ondulaciones; pero cuando viene en contra, cuando el testimonio es cuestionado y aquellos quienes toman el liderazgo principal son tomados fuera o fueron probados infieles, ¡Ay cuantos hay! Comienzan a perder el corazón y retoman el eco de la desesperación:-” ¡Oh, el testimonio es arruinado; el testimonio corporativo falla; la unidad es rota!” No tengo dudas que tal hombre como Nehemías y Daniel han encontrado una buena cantidad de este tipo de cosas.     

Sin duda había muchos en su tiempo que dijeron con un gemido de desesperación: ¡Oh los niños de Judá son dispersados; la nación es rota; el testimonio de Jehová y la unidad de la Deidad esta arruinada! ¿Qué es lo que nosotros haremos? ¿Qué bien puede hacerse en Babilonia siendo tan tenaz de una causa arruinada?

Hagamos unas cuantas concesiones y fraternicemos con el pueblo alrededor de nosotros y hagamos lo mejor que podamos hacer bajo las circunstancias en nuestra capacidad individual, pero el hombre de Fe, el Moisés, el Gedeón, el Nehemías, los Danieles, no hablaban de esa manera aunque sólo hubiera dos o tres, o incluso uno, ellos estaban decididos a ser fieles incluso si perecían en el intento.

Verdad, ellos podían ser despreciados y burlados, podían sufrir y ser puestos en un fiero horno; pero ¿qué de esto? aquellos no eran sus negocios; al menos así lo pensaban. Ellos actuaron por Dios y dejaron las consecuencias a Él.

También es cierto que han habido hombres como Jeremías, cuyas escaldantes lágrimas fueron elocuentes, aunque mudas, testificando su dolor, quien constreñido de corazón sintió el pecado de su pueblo; y aunque lloraron como tal vez no han llorado otros antes o después, tuvieron fe en Dios y no se desesperaron. Ezequiel vio un valle lleno de huesos de muertos, pero cuando Dios le dijo que debían vivir, creyó en Dios. Si se hubiera preocupado y se hubiera quejado y desesperado, nunca habría sido el verdadero, fiel y honrado hombre de Dios que él era. ¿No sentía la apostasía y la corrupción del amado pueblo de Dios? Ay que lo hizo, y profundamente también; pero esto sólo arrojo más sobre la fidelidad de Dios. Mire nuevamente a Nehemías y a Daniel, quienes identificaron sus almas con los pecados de su pueblo y tomaron todo el peso sobre sí mismos, confesándolo todo a Dios con tristeza y vergüenza. Pero ellos no estaban abrumados, no se paralizaron. Confesaron que la confusión de rostro les pertenecía a ellos y a su gente, ¡pero no se hundían en la confusión y la desesperación! Eran hombres de fe, y la fe nunca se desespera porque mira a Dios. Cuando todos los demás habían fracasado, sabían que Dios no había fallado; no podía fallar; y así ellos se levantaron de sus rodillas refrescadas, fortalecidas y poderosas a través de Dios para lograr todo lo que Él quería que ellos hicieran.

(* Ver Neh. 9 and Dan. 9)

¡Amado lector! ¿No necesitamos hoy corregirnos con lecciones como éstas? ¿Escucharemos el grito de la desesperación? "El testimonio está roto, el testimonio corporativo está arruinado y todo está en confusión, debemos caminar ahora como individuos y no preocuparnos por cuestiones eclesiásticas". Pero nosotros preguntamos: -¿Está arruinada la verdad de Dios? ¿Es la iglesia de Dios un fracaso? ¿Han prevalecido contra él las puertas del infierno? "La unidad es un fracaso", dicen; ¿Cuál unidad? ¿Del hombre o de Dios? Los hombres no han podido guardar la unidad de Dios y lo confesamos con tristeza; Pero decir que la unidad del cuerpo de Cristo que es hecha por el Espíritu Santo -la unidad del Espíritu- para decir que esto es un fracaso es pura incredulidad y una negación directa de la verdad de Dios. A pesar de toda la confusión y sectarismo que la incredulidad y la infidelidad del hombre han traído, la verdad sigue siendo que "hay un cuerpo"; Y nuestra responsabilidad de "mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" no es menos que ahora. Los fracasos de los hombres no nos alivian de nuestras responsabilidades para mantener la verdad de Dios. No es que Dios nos haga levantar un grito de partido, ni organizar una confederación humana, ni inventar una unidad de ningún tipo, sino mantener esa unidad que ya está hecha por el Espíritu Santo -la unidad del Espíritu- la unidad del judío y gentil, ligados y libres, varones y mujeres, en un solo cuerpo -el cuerpo de Cristo- la morada de Dios por el Espíritu. ¿Estamos guardando esa unidad? No es "esforzarse" por conservar, como si fuera dudoso si hemos de triunfar, sino "poniendo diligencia para mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz".

Amado lector, nuevamente le preguntamos: -¿Está haciendo algo que prácticamente niega esa unidad tan preciosa para Dios y para Cristo? ¿Estás ayudando de alguna manera a ese grito de desesperación e incredulidad?, "¿El testimonio está arruinado, el testimonio corporativo es un fracaso?" No, más bien, "tengamos fe en Dios." Él no ha fallado: ni una jota ni una tilde de Su verdad caerá al suelo. Veamos, pues, que estamos obedeciendo la palabra de Aquel a quien llamamos "nuestro Señor y Maestro", "dando diligencia para mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". Porque "Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también vosotros sois llamados en una sola esperanza de vuestro llamado; Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; Un Dios y Padre de todo el que es sobre todos, y por todos, y en todos vosotros".

 

H. C. C.