LA PREPARACIÓN PARA RECIBIR LA VERDAD

 

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La incapacidad de muchos, aun de verdaderos santos, para ver la verdad de Dios, eso que otros ven y consideran con profundo y reverente interés, es una penosa anomalía, y la causa de eso demanda nuestra sincera investigación.

La primer gran verdad para cada aprendiz es que no hay poder en la mente natural para formarse alguna concepción de las cosas de Dios. “el hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios: porque le son locura”; y es solo en Su luz que podemos ver la luz. Es importante tener en mente que no es suficiente para la verdad sernos comunicada desde fuera, sino que el pensamiento dentro debe ser primero dado para la recepción de ésta. Como leemos “la renovación (es decir, algo completamente Nuevo) de vuestro entendimiento.” La más bella verdad tendría poco efecto sobre la mente natural como la más bella música sobre un hombre sin un oído para ella. Lo último escucha sonidos, aun agradables sonidos, pero la atracción de la música, la real melodía, le es desconocida; y así es con la mente natural en cuanto a la verdad de Dios. Ninguna descripción persuasiva puede capacitar a la mente natural para ver una belleza divina. No hay poder en el hombre para ver lo que es más bello, aunque le sea presentado en hermosos colores, y alcanzando a todas sus necesidades. La crucifixión de Cristo probó realmente que no hay gusto en el hombre por lo que es divinamente bello. Para verla debe haber primero un deseo por la verdad, y una capacidad para posesionarse de ella, y esta es la nueva mente. De este modo es evidente que la luz debe comenzar desde dentro, y que, si no está allí la obra del Espíritu, ninguna apertura de la Palabra, aunque impactante, será verdaderamente recibida y apreciada.

Pero entonces se produce la pregunta, ¿por qué algunos santos ven las verdades en las Escrituras y se deleitan en ellas, mientras otros permanecen en complete oscuridad en cuanto a ellas? Ahora, aunque cada santo tiene la mente de Cristo, y de este modo la capacidad para recibir la verdad de Dios, no está en todos la mente preparada para ella ni es susceptible a su belleza; y debe existir esto antes de que pueda verdaderamente apreciarla. Por supuesto la mente es ampliada por la cultura y el ejercicio, pero debe haber una medida de gusto o aptitud de mente para y por la verdad antes que ella pueda ser apreciada o comprendida. Si en los hombres naturales es necesario que ellos posean una cualidad o un gusto antes que ellos puedan juzgar, cuanto más necesario es que un santo esté preparado por la nueva mente para la verdad que es completamente nueva para él. Al que tiene más le será dado. Cada uno solo recibe en la medida que está preparado para recibir. Allí está el brote del deseo por la verdad, o el estado adecuado para ésta, antes de estar preparado para su comunicación. Abraham estaba preparado para ella, cuando apartado en Mamre Dios le apareció y le habló, no solo del tiempo de nacimiento de Isaac, sino también del juicio de Sodoma. Él dice, “¿ocultaré a Abraham lo que he de hacer? Porque sé que mandará a sus hijos y familia después de él, que guarden el camino del Señor, para hacer justicia y juicio, para que el Señor pueda traer sobre Abraham lo que él ha dicho de él” (Gén. 18.) El Señor aquí está confiando sus pensamientos a uno previamente adecuado para recibirla.

Jacob fue preparado para ella cuando fue reducido a tener una piedra por almohada, sin amigos y en soledad; Gén.28. La visión de la escalera que llegaba al cielo y el Señor sobre ella le fue presentada cuando él estaba en un estado para apreciarla. “A los mansos enseñará su camino.” Hay un estado de alma conveniente a la verdad presentada, y excepto ésta exista, no habrá apreciación por ella.

Moisés estaba preparado para ella cuando después de haber estado en el monte cuarenta días, y habiendo visto la perversidad e idolatría de Israel, él dice, “muéstrame Tu Gloria,” Ex. 33. Esta es la preparación de corazón, y las mismas circunstancias favorecen la apreciación y el sentido de necesidad.

María Magdalena, en Jn.20, estaba más adecuada para la revelación de la nueva posición que cualquiera de los discípulos, no porque ella conociese más, sino debido a su devoción personal al Señor que la preparó y adecuó para la comunicación. Pedro y Juan estaban con ella en el mismo lugar, pero sus corazones no estaban entonces tan absortos con el Señor como lo estaba ella; y por tanto ella recibió más que ellos. Ella sufría mucho buscándolo, y ganó más. “El que busca encuentra.” Y esta es la naturaleza de la preparación. Hay una atracción y gusto por ella, como Zaqueo que deseaba ver a Jesús; él subió a un árbol para ver pasar a Jesús. Había allí un intenso deseo, también ignorancia, pero esto da testimonio de su veracidad en la forma que sufre, y esto es siempre abundantemente respondido. El Señor dice, “Zaqueo, apúrate, desciende, porque es necesario que hoy vaya a tu casa.”

Ahora, donde existe esta preparación divina, realmente no hay lugar para la mente natural; el tal ha sido reducido a un vaciamiento propio, todos sus esfuerzos en naturaleza han llegado a su fin. En una forma u otra él es “humilde”; ya sea que él haya alcanzado el fin de sus propios recursos en la búsqueda del Señor, o el Señor lo ha llevado a una posición donde él no tiene poder o recursos humanos, y por tanto el pensamiento del Señor viene a él en su simplicidad y poder. Ahora, donde no existe esta preparación, el pensamiento natural asume comprender las cosas de Dios, y cuando se permite, la consecuencia es que la idea en la verdad es reducida a un nivel humano, ¡y este es el verdadero estado de cosas! No hay oídos para oír o gusto, pero si una voluntad propia es asumida, que pervierte la verdad y la distorsiona al nivel de su propia capacidad, justo como un niño juzgaría un gran descubrimiento astronómico; solo con esta diferencia, que en la mente del niño podría haber algún sentido de la belleza de la novedad, considerando que puede no haber sentido en cuanto a la verdad, en la medida en la cual la mente natural está actuando. El estado para recibir la verdad es por tanto cuando el pensamiento natural es suprimido, cuando es realmente “humilde.” La luz de Dios solo puede ser vista en su propia luz, y entonces, cualquiera buscando o deseando verla, en su búsqueda debe llegar al fin de sí mismo, o ser puesto en circunstancias donde la mente natural no tiene su voz.

El alma diligente es fortalecida. “si clamares por el conocimiento, y levantases tu voz por la inteligencia; si la buscases como a plata, y la escudriñares como Tesoro oculto; entonces comprenderás el temor del Señor, y encontrarás el conocimiento de Dios.” No hay posibilidad de comprender el pensamiento de Dios sino desde el punto de vista de Dios, y entonces debe haber una puesta a un lado de todo por nuestra parte, en vista a que no haya estorbo o impedimento. En el día actual la impresión general es que cada santo está en un estado para recibir cualquier verdad, es decir, que la verdad puede ser recibida sin ninguna preparación, que uno puede sentarse y escuchar, o leer, y poseer; no hay mucha necesidad para buscar o meditar mucho; que la verdad es más fácilmente comprendida que un problema en Euclide. Hay poca o ninguna comprensión por uno mismo; hay una aceptación de lo que viene de mano de nuestros compañeros, de lo que cada uno admite, y hay más atención a sujetos que al estado de la mente, o su capacidad para comprender. Por ejemplo, casi cada santo ha formado su mente, o asume que lo ha hecho, sobre la cuestión de iglesia, es decir, que se ha suscrito directa o indirectamente a algún aceptado orden de cosas. Él ha escuchado que se ha hablado bien de eso, y él permanece satisfecho que esto es tan bueno como puede serlo bajo las circunstancias, él acepta los puntos para adoptarlos, porque han sido recomendablemente presentados; y si él viene a examinarlos por sí mismo, se dirige al examen, no como del lado de Dios, y entonces en acuerdo con el pensamiento de Cristo, pero desde su propio lado; él juzga esto naturalmente, y entonces reduce la idea divina de la iglesia, o alguna otra verdad, a un nivel humano. Ahora, cuando una verdad ha sido reducida al nivel de la mente natural, esta ha perdido su poder, y este es el más grande artificio de Satanás en el día actual.

La primera lección para el santo es que, como él tiene una nueva mente, debe poner a un lado cada cosa que pudiese nublarla o estorbarla, en vista a que pueda actuar libre y plenamente. “No os conforméis a este siglo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que podáis probar lo que es la buena, aceptable, y perfecta voluntad de Dios.” Si nos conformamos a esta edad en alguna cosa, en esa misma cosa usted estorbará una clara percepción de la verdad, y esto explica la forma parcial en la cual los santos reciben la verdad. Muy pocos completan el circulo, y todo porque algo de esta edad interfiere con la luz. Hay una parte oscura. Debe haber cultivación de la nueva mente como también una limpieza de todos los obstáculos. No solamente se trata de limpiar la tierra de espinos y cardos, sino también la cultivación de la buena planta que ha sido introducida en la tierra. Allí está por tanto el poder transformador de la renovación del entendimiento. El pensamiento es el reino; el gusto por eso es primeramente asegurado, y después este es alimentado por presentar las interminables bellezas mostradas en la palabra de Dios. Como un artista prueba y perfecciona sus gustos por estudiar a los mejores maestros, del mismo modo la mente nueva crece y avanza por estudiar las bellezas de Cristo en todos Sus caminos. Si no hubiese ninguna belleza de este mundo en nosotros, seriamos semejantes a Él en todo lo que hemos crecido; Jn.17:21. Mientras más alto el árbol, tiene un círculo más amplio que el más pequeño, solo entonces esto abarca más que el pequeño, no siendo algo diferente. El rango del más grande incluye todo lo que es del más pequeño, pero no hay diferencia excepto en edad, experiencia y progreso. Es fácil ver como la influencia de este mundo, especialmente en materias religiosas, envuelve a los santos, aun al más devoto. Pablo, advertido por el Espíritu, iría a Jerusalén. Dios en Su misericordia volvió todo esto en bendición, porque Pablo era honesto de corazón y dispuesto a sufrir por Cristo. Pedro, temiendo a algunos que venían de parte de Jacobo, declinó comer como hasta aquí lo había hecho, con los gentiles. Si el más grande ha fallado, haremos bien en estar en guardia.

En casi cada lugar hay algunos santos que sostienen las grandes verdades en la palabra y ven gran belleza en ella, mientras otros piensan de ellas como imaginación y fanatismo. ¿Cómo podemos explicar esta discrepancia sino por el hecho que uno tiene la idea divina en él, y la palabra lo alcanza e instruye, mientras otro es estorbado o impedido por esta edad de manera que él no tiene un corazón preparado para recibir el pensamiento de Dios, él no está en un estado para recibirla? Es solamente cerca del Señor que se adquiere la “buena tierra” (Mt.13:23), y como esta es adquirida, hay un oído para obtener más, como hay un sentido de que nada convendrá a esto sino lo que es conforme a su propio orden. Cuando he estado viendo algo a la luz de Dios, y deseo ver más de eso para gozarlo; y aprendo a contar todas las cosas como pérdida, y a dejar todo en vista a adquirirla. Muestro entonces que valoro esto por mi celo y sufrimiento en vista a adquirirla. No doy descanso a mis ojos, hasta haber alcanzado el deseo despertado en mi corazón. En el santuario, como lo veo con el salmista en el Sal.73, todo toma un color completamente nuevo, además, el mismo color opuesto a lo que le es presentado cuando considerado de la esfera del hombre. Si cada una de nuestras opiniones fuese adquirida y formada en la presencia del Señor en el santuario, aparte de todo coloramiento humano, tendríamos Su pensamiento acerca de todo. Habría realmente muchos grados de progreso; pero cada grado alcanzado solamente sería parte de lo que el más avanzado ha logrado; y no puede haber dos formas de cantar el mismo tono.

En conclusión, dos cosas son evidentes; una, que no podemos ver una verdad en las Escrituras propiamente sino la vemos a la luz de Dios, y la otra, que debemos estar nosotros mismos en un estado para recibirla prácticamente. Lo último es la preparación para recibirla, y entonces, aunque uno a veces pueda escuchar una verdad antes de necesitarla, o poseerla prácticamente, aun así, si él realmente ha de recibirla, él ciertamente será puesto en circunstancias donde él puede verdaderamente comprenderla; porque no puede justamente o hablar con poder de esto hasta entonces, porque esta no es justamente suya hasta que ella no lo haya controlado, y él no puede presionarla para que gobierne sobre otros hasta que él mismo haya sido controlado por ella.