EL ACERTIJO DE SANSÓN

GEN. 1-9

 

“Del comedor salió comida y dulzura del fuerte”

(Jueces 14:14)

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          Esto ha sido abundantemente ilustrado en la historia de este mundo. ¿No puedo decir que esto es la clave a todo el? Esto nos muestra figurativamente a Dios y al enemigo en sus variadas obras, al enemigo haciendo su obra de fuerte y comedor; y a Dios, en poder y gracia victoriosa, forzando a este enemigo a presentar comida y dulzura, constantemente sacando bien del mal, y edificando sistemas de maravilla, gloria y gozo de las ruinas que Satanás ha introducido.

            Ahora, no obstante, mirando a esto simplemente como se nos presenta en los primeros capítulos de la Escritura; es decir Génesis 1 al 9.

             El hombre en inocencia es establecido en el huerto de Edén; y allí, (como en toda Su creación) Dios es glorificado y tiene Su gozo, mientras la criatura es bendecida y es feliz.

            Pero el hombre pierde este precioso estado. Él pierde su inocencia bajo la tentación de la serpiente, y con la pérdida de su inocencia pierde todo.

             Esto guía dentro de una nueva escena. Esté seguro de que es así. Pero tenemos que preguntar, ¿qué vemos del hombre y del bendito Dios allí?

            Dios hace un traje de pieles para Adán y lo pone sobre él, y otro para Eva.

            Pregunto nuevamente, ¿fue esta obra menos grata para Dios que su anterior obra de la creación de seis días? Consideremos esto. En la obra de la creación el Señor Dios tenía materiales ante Él, y en belleza y fructividad Él adornó los cielos y la tierra. Pero ahora Él tenía a Cristo ante Él y está ocupado con aquella obra de gracia que ha sido el secreto y consejo de Su corazón desde la eternidad, y que será un objeto de maravilla, gozo y alabanza por la eternidad.

            Y en cuanto a Adán, él, en el comienzo llamó a su ayuda idónea, “varona”, pero ahora la llama “Eva, porque había de ser la madre de todos los vivientes”.

            Otra vez pregunto. ¿En cuál de estos nombres de su ayuda idónea encontró Adán mayor gozo? Permítanme responder, “él la recibió al principio, como hueso de sus huesos y carne de su carne; pero ahora la recibe como madre (y él mismo es testigo de esto) de esa misteriosa Simiente que debía tener una gran disputa con el gran enemigo que lo había despojado y arruinado, hasta que este último fuese, vencido y quebrantado para siempre”.

            ¿No puedo decir, que no podemos dudar cual era una fuente de mayor gozo para Adán? Y además de este júbilo en el espíritu de Adán, tenemos evidencia de semejante gozo y júbilo en los labios de Eva, cuando clama, “he engendrado un varón de Dios”, a causa del nacimiento de su primogénito.  Y después tenemos una sorprendente expresión de una creencia inteligente y triunfante en Abel, cuando este ofrece la grasa del cordero sobre el altar. Y aún más, como no vemos en Edén, los santos se nos presentan como invocando juntamente el nombre del Señor, y andando con Dios, y muriendo a esta vida y al mundo, y después tomados al cielo. Y ¿qué es todo esto para el corazón del hombre? ¿es más o menos que la inocencia del jardín? ¿no es esta una escena más brillante que lo que pudiese haber sido para Adán, si este jardín hubiese quedado incontaminado como la herencia del hombre para siempre? (Gén.1-4).

            Dejo estos contrastes, para que estos puedan decirnos o no si el Devorador fue forzado o no en el primer instante de nuestra historia, a presentar comida y el fuerte, dulzura.

            Venimos ahora, no obstante, a otro posterior campo de observación, donde nuevamente encontramos a Dios mismo y a Su criatura, al hombre, como también al astuto y rudo Devorador.

            La maldad madura, llegando a su plena forma, y el diluvio, el juicio de Dios, cae sobre este, pero Dios manda hacer un arca para escapar de este juicio, esto es lo que en la gracia de Dios prescribe, y lo que la fe de Noé edifica. Cuando esta está preparada, todas las criaturas de la tierra, conforme a la elección de Dios, puedo decir, viene a buscar refugio en esta. Y entonces, en el momento debido, cuando todos están dentro, Noé y su esposa, y sus hijos con sus esposas, y todas las criaturas separadas, que Dios mismo los encierra, impartiendo Su propio poder y seguridad a Sus escogidos, y haciendo su condición infalible como es Su propio trono.

            Entonces, mientras en el arca, Noé, tiene ejercicios de corazón, ejercicios, puedo decir, en el Espíritu. Él abre la ventana, y vemos la misión del cuervo y de la paloma, y la vuelta de esta al arca, una y otra vez, y que al final vuelve con una hoja de olivo en su pico; y entonces, el arca es descubierta; todo esto tiene un variado significado místico de brillantes y sorprendentes verdades.  Llega el tiempo para dejar el arca, todo sale de ella nuevo y abundante como habían entrado en ella trece meses atrás; nada falta, aunque pequeño e insignificante; nada ha sido dañado, aunque fuese tierno; y todo esto, una segunda vez, bajo el ojo de Noé. ¡Cómo debe haber sido todo esto para su espíritu! ¡qué nueva y variada delicia debe haber sido todo esto para él, aunque la obra del devorador ha hecho su aprisionamiento necesario en el día del juicio de Dios! (Gén. 6-8).

            Después de todo este tiempo de paréntesis, el arca es dejada por todo lo que había contenido a través del juicio, y tenemos ahora “la tierra que ahora es”, como la llama Pedro, y es ahora hollada por Noé y su ejército rescatado, vemos su altar y su sacrificio, y la aceptación de Dios de este. Noé toma el nuevo mundo como en el nombre de Jesús. Él entra en esta con la autoridad y en virtud de lo que Cristo era para él. Él ve su título y derecho a esta en la sangre del Cordero de Dios, y ofrece sus holocaustos en conformidad a esto. El arca ha sido Cristo para él en el día de juicio, y el reino que sigue será suyo solamente a causa de Cristo. ¡Qué libre y voluntaria ofrenda fue esta! ¿y qué fue esta para el Dios de su salvación? Sabemos algo de eso cuando leemos, “y el Señor percibió un dulce olor, y dijo en Su corazón, no maldeciré más la tierra por causa del hombre”. ¿Ha habido alguna vez tal lenguaje en el seno divino antes? Dios ha descansado en Su obra de creación con infinita delicia, lo sabemos. Él descansó, como leemos, y fue refrigerado. Pero ahora, el valor de Cristo para una destinada creación está ante él, en toda la preciosidad de la sangre de expiación, por la fe de un pecador que estaba confesando a Él, en un lenguaje misterioso en su altar, que su derecho a cualquier cosa y a todo lo que había de encontrar se encontraba en el sacrificio del Cordero. Antes de esto, Dios había dicho, “no es bueno que el hombre esté solo”; pero ahora dice “en Su corazón, No maldeciré más la tierra por causa del hombre”. Antes de esto Él había visto que la obra de Sus manos era buena, pero ahora estaba percibiendo el dulce olor y sabor de la obra de Cristo.

            ¿No es todo esto nuevamente comida y dulzura? Él enemigo realmente se ha mostrado como un Devorador y Fuerte, como ya lo había sido en el jardín de Edén. Pero ¿no ha hecho Dios nuevamente que este presente comida y dulzura? ¿no hay delicias divinas en las escenas de redención de un carácter más alto que las que ha habido en el día de la creación? ¿no es el valor de Cristo más para Dios que toda la belleza y orden que es desplegado en las obras de Sus manos? Y ¿no es su rescatado Noé en el arca, uno más rico que su criatura, Adán en el huerto de Edén? Él estaba recibiendo los dones de gracia, y presentando la libre obediencia del corazón con fe; él estaba aprendiendo la suficiencia de Cristo para él, y experimentando los ejercicios del Espíritu en él. Él se vio a sí mismo no solamente en sistema creado, sino también en uno redimido.

            Fue una gran vista ver, al Devorador presentar comida y al Fuerte dulzura. Nosotros aún estamos en presencia de este gran misterio al final de estos capítulos, después que el nuevo mundo ha sido obtenido. “y la tierra que ahora es” ha sido anteriormente tomada y heredada. Porque allí vemos a Noé, sentado en un estado real y sacerdotal. Él es bendecido como Adán lo fue en su día, y se le dice, “fructificaos, multiplicaos y llenad la tierra” (Gén. 1:28; 9:1). La huella de la serpiente está realmente sobre toda la escena y condición de cosas. Adán tuvo la tierra sujeta a él y las criaturas del bosque y del campo, mar y aire reconocían su señorío sobre ellas, recibiendo sus nombres de él, como le agradó a él darle, ellos reconocen su soberanía; mientras que es solo con temor de Noé que las criaturas de la tierra permanecen. No era más el homenaje dado al hombre, sino su sentido de control a causa de la eminencia del hombre. Aquí estaba el fruto y el testimonio de la obra del Devorador. Pero con esto, la mesa de Noé era más ricamente extendida ahora que lo que había sido a Adán al principio.  La hierba del campo alimentaba al hombre entonces, la carne de las bestias del campo lo harán también ahora; aquella era el alimento adecuado para un ser inocente, y lo otro el adecuado para un Noé rescatado. Adán gozó la vida como una criatura sin mancha, Noé la vida de la sangre que había comprado a un pecador[1].

            Pero, además, el Señor hace un pacto con Noé, y con todas las criaturas alrededor de él que asegurará a la tierra de un segundo diluvio. Y en señal de esto, cuelga Su arcoiris en las nubes, como estando bajo Sus ojos, para poder mirar a este, y recordar Su promesa. ¡Qué pensamientos y palabras son estas; ¡y aun así son las palabras del Espíritu, que nos habla de los íntimos caminos de Dios con nosotros, y nuestras almas, y circunstancias! Las nubes podían amenazar, y estar llenas de agua, pero el arcoiris las controlaría. Las nubes podían amenazar, el arcoiris reír. El Señor sería ahora glorificado en los consejos de Su gracia, como al principio lo ha sido en las obras de Sus manos. Y la creación fue establecida, no en falible, sino en seguras condiciones.

            No ha habido en el huerto de Edén ninguna nube amenazante, pero entonces, tampoco arcoiris brillando en triunfo sobre estas. La nube era ahora el testigo que el Devorador había hecho su obra: una obra mortal, una obra de confiscación y ruina; pero el arcoiris era de igual manera el testigo de que Dios había sacado comida y dulzura de este (Gén. 9).

            Sorprendente acertijo; que comenzaba a mostrarse desde el mismo principio[2].

            La caída o ruina del hombre ha sido cumplida a través de la sutilidad del devorador, el hombre fuerte, la Serpiente antigua que es el diablo o Satanás; pero en medio de las ruinas Dios mismo está reuniendo y sacando un más rico gozo y más brillante gloria como nunca antes se ha conocido. Y en cuanto a Su criatura, el hombre, su comunión con Dios es más profunda y más bendita, sus destinos más excelentes y gloriosos, sea celestial como ese de Enoc y de los santos antes del diluvio, o en real, y sacerdotal dignidad, como en Noé, en un sistema no solamente creado, sino también redimido, con las señales seguras de los infalibles cuidados de Dios ante él.

 

 

                                                                               J.G. BELLETT

           

[1] La sangre no debía ser comida con la carne, la sangre fue reservada para hacer expiación (ver Lev. 23) Noé, por tanto, se alimentó del testigo de la redención, como Israel en Egipto del cordero pascual. Su fiesta fue la fiesta de la sangre que compra al pecador.

[2] He dicho en el cap.6 que Dios se arrepintió de haber hecho al hombre, esto entristeció Su corazón. Pero esto no afecta este sorprendente acertijo, o toca la enseñanza de este pequeño artículo. Porque esa fue la experiencia divina que cuando la obra de Devorador se mostró, vemos también la obra de Dios forzándolo a dar comida y dulzura.