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 UNOS POCOS PENSAMIENTOS SOBRE MINISTERIO EN LA ASAMBLEA

O

EL MENSAJERO DEL SEÑOR

Y

EL MENSAJE DEL SEÑOR

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 PREFACIO

 

Al final de sus notas sobre Dt.26, C.H. Mackintosh escribió:

 

“Verdaderamente, hay una urgente necesidad de un ministerio más poderoso y práctico entre nosotros. Existe una deplorable falta de elemento profético y pastoral en nuestras ministraciones. Por elemento profético, pensamos en ese carácter de ministerio que trata con la conciencia, y la lleva dentro de la inmediata presencia de Dios. Esto se necesita grandemente. Hay buena parte de ministerio que se dirige a la inteligencia [lamentablemente, este carácter de ministerio a menudo parece también estar perdido], hay tristemente demasiado poco para el corazón y la conciencia.[1] El maestro habla para el entendimiento; el profeta habla a la conciencia; el pastor habla al corazón. Hablamos, por supuesto, de manera general. Puede suceder que los tres elementos se encuentren en el ministerio de un hombre; pero estos son distintos; y no podemos sino sentir que donde los dones profético y pastoral “están faltando en una asamblea, los maestros debiesen muy fervientemente esperar en el Señor por poder espiritual para tratar con los corazones y conciencias de Su amado pueblo. Bendito sea Su nombre. Él tiene todo don, gracia y poder necesario para Sus siervos. Todo lo que necesitamos es, esperar en Él en real seriedad y sinceridad de corazón, y Él muy ciertamente nos suplirá con toda la gracia y aptitud moral para cualquier servicio que podamos ser llamados a rendir en Su iglesia.

 

UNOS POCOS PENSAMIENTOS SOBRE MINISTERIO EN LA ASAMBLEA

PARTE 1: EL MENSAJERO DEL SEÑOR

 

INTRODUCCIÓN

 

Ministerio es el ejercicio de un don. Habiendo aprendido esto, estos reunidos al nombre del Señor Jesús el último siglo estaban claros desde el comienzo que clericalismo y el ministerio de un hombre no era de Dios ya que tales prácticas son contrarias a las escrituras. Igualmente claro era para ellos que era un error pensar que cada hombre es un ministro de la Palabra, como se atestigua en sus escritos, ya que esto también es contrario a las escrituras. Con relación a tales formas carnales de ministerio de la Palabra, en vista a evitar a hacer frente a uno de los resultados de nuestra mundanalidad y la consecuente debilidad espiritual, podemos volvernos a tales métodos de ministerio, o algo semejante a estos, en vista a ocultar nuestro verdadero estado colectivo. Por una parte podemos recurrir a arreglos humanos como seleccionar predicadores; y por el otro podemos abrazar la idea de que cada hombre es un ministro de la Palabra, o algo que se acerque a esto.

 

También es probable que nos volvamos muy insensibles a la falta de poder espiritual en ocasiones cuando estamos reunidos para que el Señor nos hable a través de quien Él quiera (1 Cor.14). Puede haber ministerio que es completamente escritural en contenido, por lo que parece, pero algo está faltando; algo no nos está siendo ministrado; algo necesitamos. Es triste decirlo, cuando tal es nuestro estado colectivo, existe una mayor probabilidad que aquellos que” ministran la palabra” puedan hablar pero sin tener don para ello. Hay un estorbo para el mensajero del Señor con el mensaje del Señor (Hageo 1:13). Consideremos algunos aspectos del ministerio de la Palabra en la asamblea, que puede tener un alcance sobre estas materias.

 

NO TODO HOMBRE ES UN MINISTRO

 

Todos los cristianos tienen uno o más dones espirituales (1 Cor.12) y cuando estos son usados, están ocupados en ministerio (servicio) cristiano. Algunos son dotados para expresar públicamente la Palabra pero mucho no lo son. No debemos ir más allá de lo que se nos ha dado (Rom.12:3), ya sea en la medida del don o en actuar como si tuviésemos algo que no poseemos. Arquipo, por ejemplo, tenía un ministerio (un servicio) encomendado a él:

 

 “Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.” (Col.4:17).

 

Supongo que este era un ministerio que envolvía el ministerio de la Palabra. Había algo allí que había sido encomendado, y él era exhortado a cumplir este servicio y no ser negligente. Todos podemos beneficiarnos por el principio de esto, ser diligentes en lo que ha sido recibido en el Señor. De todos modos, el punto es que un ministerio público de la palabra es para aquellos que han recibido tal ministerio en el Señor.

 

Unas pocas citaciones de algunos hermanos del último siglo pueden ser útiles al considerar la vista que ellos tomaron de esta materia, de acuerdo a las escrituras.

 

Ningún ministerio humanamente señalado tampoco uno auto señalado convendrá dentro de los recintos de la iglesia de Dios. Todos deben ser divinamente dotados, divinamente enseñados, y divinamente enviados.

 

                           C.H. Mackintosh

 

 Defino el ministerio cristiano, entonces, como siendo, conforme a la palabra de Dios, el ejercicio de un don espiritual. Ministerio en la palabra es el ejercicio de un don que tiene a la palabra por su materia...

 Ministerio significa más que un cristiano hablando verdaderamente sobre las escrituras; este es el ejercicio de un claro don por parte de Cristo...

 Aquí la carne puede estar en dos formas: la vanidad de mostrarse y presentarse, y el orgullo que evita ser considerado vanidoso. Ambas cosas están erradas....

 Pero puede preguntarse, “¿No pueden los creyentes estar errados?” Ciertamente; pero donde simplemente reunidos al nombre del Señor, e instruidos en la palabra de Dios, es más bien un experimento crítico para un individuo levantarse y ministrar. Vanidad u orgullo pueden encontrarse en todas partes; y son siempre cosas malas, pero ciertamente de todos los lugares es mucho más difícil hablar donde la palabra de Dios es realmente pesada e inteligentemente aplicada. Hombres que no tienen algo de Dios ciertamente se encontrarán fuera de lugar allí; y, si hay un cristiano tratando en amor, aquel ciertamente será desalentado...

 

Kelly en “Ministerio Cristiano”.

 

 ...nadie entre nosotros sostiene que todos son maestros o predicadores, ninguno salvo aquellos a quienes el Señor da y envía.

 

Kelly in The Bible Treasury, vol.9, p.96.

 

 Esta no es una cuestión de ministerio, ni siquiera de lo que el pueblo llama “ministerio declarado.” ¿Quién duda del ministerio declarado? Al mismo tiempo ¿quién puede negar que Dios usa siervos Suyos que no son declarados? Creo que Él mantiene Su propio derecho en la iglesia de Dios a levantar a un hombre para decir una palabra, y puede ser una importante palabra, que puede no ser llamado nuevamente a hablar,- solo usado para un propósito particular.

 

Kelly, Lectures Introductory to ... Acts, The Catholic Epistles and the Revelation, p. 317.

 

El clamor de que cada hombre es un ministro y la idea de que todas las personas en una asamblea pueden profetizar, fundamentada sobre una mala comprensión de 1 Cor.14. Lo siguiente es citado del excelente folleto de W. Trotter, “Cinco Cartas Sobre Adoración y Ministerio en el Espíritu,” pp.8, 9. W. Trotter está aquí actualmente citando de, y apoyando, un folleto anterior por G.V. Wigram.

 

E. He escuchado que usted afirma que cada hermano es competente para enseñar en la asamblea de los santos.

W. Si hiciese así, negaría al Espíritu Santo. Nadie es competente para hacer esto, que no haya recibido don de Dios para este mismo propósito.

E. Bien, pero usted cree que cada hermano en la asamblea de los santos tiene derecho a hablar, si él es capaz.

W. Realmente no creo esto. Niego el derecho a cualquiera, salvo a Dios el Espíritu Santo. Un hombre puede en naturaleza ser muy capaz de hablar, y hablar bien, pero si él no puede ‘agradar a su prójimo para bien y edificación,’ el Espíritu Santo no lo ha adecuado para hablar y él está deshonrando a Dios su Padre, entristeciendo al Espíritu Santo, y menospreciando a la iglesia de Cristo, si él habla; y además está mostrando, su voluntad propia.

E. Bien, ¿cuál es la peculiaridad de lo que usted sostiene?

W. Usted puede pensar que esto es algo peculiar mío, quizás, creer, que como la iglesia pertenece a Cristo, Él tiene, para que su atención pueda no ser erradamente dirigida y su tiempo malempleado para escuchar lo que no es provechoso (por muy bonito que sea), ha dado dones a estos, por los cuales solo esta debe ser edificada y gobernada.

E. No. Admito eso, solo desearía que hubiese un poco más de deseos por tales dones de Dios, y más cuidado para detener el uso de cualquier otro medio, aunque acreditado por poder y elocuencia humana.

W. también sostengo que el Espíritu Santo da dones a quienes Él quiere, y también los dones que Él quiere. Y que los santos debiesen estar unidos, para que el don de un hermano haga el ejercicio de un verdadero don y no el de uno irregular, y que haya una puerta abierta para el pequeño como también a los grandes dones.

E. Eso es algo natural.

W. No así; porque no encuentro que se actúe en la iglesia de Inglaterra, tampoco en los Disidentes, con lo que se encuentra 1 Cor.14. Además, afirmo que ningún don de Dios tiene que esperar por una aprobación de la iglesia antes de ser usado. Si este es de Dios, Él lo acreditará, y los santos reconocerán su valor.

E. ¿Admite usted un ministerio regular?

W. Si por un ministerio regular usted piensa en un ministerio declarado es decir, que en cada asamblea estos que son dotados por Dios para hablar para edificación estarán limitados en número y conocidos por el resto, lo admito; pero si por un ministerio regular usted piensa en un ministerio exclusivo, estoy en desacuerdo. Por un ministerio exclusivo me refiero a reconocer que ciertas personas ocupan exclusivamente el lugar de maestros, ya que el uso de un don real por parte de cualquier otra persona sería irregular, como por ejemplo, en la iglesia de Inglaterra, y en la mayoría de los capillas disidentes, un servicio podría ser sentido como irregular aunque se haya constituido por dos o tres personas realmente dotadas por el Espíritu Santo.

E. ¿Sobre qué usted edifica esta distinción?

W. De Hechos 13:1, veo que en Antioquia había cinco a quienes el Espíritu Santo reconoció como maestros, Bernabé, Simeón, Lucio, Manaen, y Saulo. Sin duda, en todas las reuniones eran solo estos cinco, uno o más de ellos, que los santos esperaban que hablasen. Este era un ministerio declarado. Pero este no era un ministerio exclusivo: porque cuando Judas y Silas vinieron (cap. 15:42), ellos se complacieron en tomar su lugar entre los otros y entonces los reconocidos maestros eran más numerosos.

E. ¿Y qué conexión tendría esto con dar un salmo, etc., u orar, o leer una porción de las escrituras?

W. estos caerían como el resto completamente bajo la dirección del Espíritu Santo. Ay del hombre cuya voluntad propia escogiese pedir un himno, u orar, o leer una escritura, ¡sin la guía del Espíritu! Al hacer estas cosas en la asamblea de los santos, él está profesando ser movido y guiado por el Espíritu Santo; y profesar esto donde esto no es verdadero es muy presuntuoso. Si los santos saben lo que es la comunión, ellos sabrán cuán difícil es guiar a la congregación en oración y canto. Dirigirse a Dios en el nombre de la asamblea, o sugerir a esta un himno como el vehículo para la expresión de su real estado ante Dios, requiere gran discernimiento, o de otra manera la guía inmediata de Dios.

 

En The Bible Treasury, feb. 1858, editada por W. Kelly, la siguiente recomendación del folleto de W. Trotter apareció:

 

 Es con gran placer que recomendamos a nuestros lectores este claro, sano, y conveniente tratado...

 

Y finalmente, un extracto de J.N. Darby:

 

 Debe recordarse, que ministerio declarado nunca ha sido negado, sino que ha estado siempre en ejercicio entre nosotros, siempre reconocido en principio.

 

 Collected Writings of J.N .Darby, vol.3, p.353 (Bible Truth Publishers ed.).

 

Es claro que estos escritores rechazaron que cada hombre es un ministro tan fuertemente como ellos se opusieron al “ministerio exclusivo” del sistema clerical. Ellos no tenían tal idea que 1 Cor.14 indica que cada hombre es un ministro o que esto contempla “profetas para la ocasión”. Siguiendo el orden declarado arriba con relación a “ministerio declarado” nos libraría de algún ministerio que Dios no ha enviado-aunque nada inescritural podría haber sido dicho. Volvamos ahora a otro aspecto del ministerio en la asamblea.

 

CORRIENDO SIN UN MENSAJE

 

Será instructivo leer 2 Sam. 18:19-30 donde tenemos el relato del corredor Ahimaz, las características prominentes a notar en esta historia:

 

  1. Había uno que envió un mensaje (Joab)
  2. Estaban aquellos que estaban esperando escuchar un mensaje (David y aquellos que estaban con él)
  3. Un mensajero conveniente fue enviado (Cus)
  4. Otro que insistió en correr aunque no había un mensaje conveniente para él (Ahimaz).

 

El problema no era que Ahimaz no fuese uno que llevaba mensajes. Él era un mensajero. El problema estaba en otra parte.

 

Es triste registrar la convicción de algunos hermanos que tenemos entre nosotros que no solo insisten en correr cuando no han sido enviados, tales como Ahimaz, sino que allí también corrían aquellos que no eran mensajeros. Puede ser completamente manifiesto en una reunión de asamblea para edificación (1 Cor.14). No es que necesariamente digan cosas falsas cuando intentan ministrar la Palabra. Ellos simplemente no son enviados y estorban los canales de ministerio desde el Cabeza... ellos no están en alguna medida en el bien de Hageo 1:13, el mensajero del Señor con el mensaje del Señor. El pueblo del Señor venía de muchas millas a reuniones generales en ocasiones especiales y otras y discerniendo gimen a causa de estas cosas.

 

No estamos considerando un error, el perder el pensamiento del Señor en una ocasión, todos los mensajeros del Señor están expuestos a hacer esto. En el momento estamos pensando en aquellos que no son mensajeros, que no son dotados para ministrar la palabra; y también estamos pensando en el peligro de insistir en correr cuando no son enviados, justo porque uno es realmente capaz de correr con un mensaje.

 

Hemos sido enseñados que “ministerio es el ejercicio de un don”, es decir, que cada cristiano tiene uno o más dones (charismata, si usted quiere) en 1 Cor.12:7,11; Rom. 12:4-8). No todos los dones envuelven hablar en público, pero cada uno tiene algo y un ministerio (servicio) es el ejercicio de un don. El ministerio público (servicio) requiere ciertos dones y si uno no tiene un don para ministerio de la Palabra, ¿por qué él trata de ejercitarse en lo que él no tiene, en lo que Cristo no le ha dado (Efes.4), en aquello para lo cual el Espíritu no le da poder (1 Cor.12), y que por tanto no es un servicio para Dios (Rom.12)? Hacemos todo lo posible para que el desarrollo del don comience a mostrarse a sí mismo. Estamos conscientes, también, que hay diferentes medidas del mismo don (Rom.12:6 “de acuerdo a la medida de fe”; y comp.v.4). Es posible para uno tener una proporción en la cual poder ser útil en su asamblea local y limitarse a sí mismo a eso si él no pensase de sí mismo más de lo que debe pensar (Rom.12:4).

 

Si fuésemos simples acerca de la Escritura, nos inclinaríamos a 1 Cor.14:29, “los profetas hablen dos a lo más tres, y los demás juzguen”, cuando reunidos para lo que se llama una “reunión de ministerio abierto”. Los profetas (como se nota en 1 Cor.12) deben hablar, no algunos “profetas para la ocasión”, o “profeta para el tiempo”, o una persona no dotada para el ministerio de la Palabra.

 

Note cuidadosamente que 1 Cor.14 no contempla “profetas para la ocasión” como tampoco “interpretes para la ocasión”. Estos que hablaban en lenguas tenían que ver que un “interprete” estuviese presente; si no, debía callar (1 Cor.14:27,28). Él no podía contar con el Señor para levantar un “interprete para la ocasión”. Aquellos que hablaban en lengua, o intérpretes, y profetas eran dotados. Dones residían en estos hombres. De este modo es claro de 1 Cor. 14 que la idea de uno hablando en lengua, un intérprete o profeta “para una ocasión” es algo errado; y viola la enseñanza escritural de que ministerio es el ejercicio de un don.

 

1 Cor.12 (“el espíritu de poder”), 1 Cor.13 (“y de amor”) y 1 Cor.14 (“y de sano juicio”) forman una sección en el libro. Lenguas, conocimiento y profetizar en el cap.13 se refieren a los dones-- de lenguas, la palabra de conocimiento y profecía-- en el cap.12. Lenguas, entonces, en el cap.13 no se refiere a lenguajes en general cesando cuando el Señor viene, sino a cesar (ir fuera) con el cesar de todos los dones de señales con el cierre de la era apostólica. En contraste los dones (de la palabra) de conocimiento y profetizar “serán eliminadas” cuando llegue la perfección de la gloria. “Eliminadas” denota un acto de término en contraste con la palabra “cesar” aplicada a los (dones) de lenguas. Y entonces note que el amor nunca pasará; significando, no lo que el amor siempre obra sino, que el amor continúa para siempre. De este modo, las lenguas ya han cesado, el conocimiento y el profetizar continúan hasta que el Señor venga, y el amor permanecerá para siempre. Si nos adherimos firme a la conexión de estos tres capítulos, seremos muy ayudados sobre estas materias.

 

Kelly comentó:

 

 “Al llegar al cap.14, entonces, no tenemos el principio (que tenemos en el cap.12) tampoco la fuente de poder en nosotros del cap.13, sino la práctica, la aplicación de la gran verdad- y hago el comentario porque he visto esto objetado no hace mucho tiempo atrás- que no escuchamos mucho acerca de dones en el cap.14. La razón es porque Dios supone que hemos leído el cap.12. Él no escribe la palabra para librar a las personas de leer. En el cap.14 los dones, de los cuales el apóstol ha estado hablando en el cap.12, son supuestos. Argumentar como lo hace la incredulidad, como si no hubiese nada en el cap.14 de la misma naturaleza que en el cap.12 es mera locura.

 

 “La Acción del Espíritu Santo en la Asamblea”, pp. 39,40

 

Los profetas de 1 Cor.14 son los profetas de 1 Cor.12. Creo que sería bueno tener esto ante nosotros nuevamente lo que es profetizar en la asamblea. En su folleto, “Ministerio Cristiano”, W. Kelly dijo:

 

 El apóstol comienza con la profecía. Este es realmente el carácter más elevado de instrucción de parte de Dios. Este no es necesariamente predictivo. Los profetas predicen, pero no es esto lo que constituye la profecía. Por otra parte, es un gran error suponer que profetizar es solamente edificar a los hombre en forma general; sino que el verso al cual me he referido en el cap. 14 de 1 Corintios no es una definición de profetizar sino una descripción; es decir, que no nos dice lo que es profetizar, y nada más; sino que describe lo que es profetizar como comparado y contrastado con hablar en lenguas. Hablar en una lengua no edifica a las personas, pero si lo hace profetizar. Hay muchos que podrían edificar sin profetizar. Ciertamente que edifica quien fortalece las almas a aferrarse a Cristo y hacer Su amor mejor conocido; y así lo hace aquel que exhorta o enseña también. Pero ninguno de estos profetiza, que significa ese carácter de verdad que pone a la conciencia de un hombre en la presencia de Dios, que da al alma la certeza que Su pensamiento está en lo que se expresa, manifestando los pensamientos, motivos, sentimientos, todo. Tal es profetizar. Puede haber lo que se acerca a esto, sin duda, en otra parte; pero esta es su propia fuerza. En ese mismo capítulo (1 Cor.14) vemos la prueba. Entrando en una asamblea cristiana, donde ellos están hablando con lenguas, un extraño podría pensar que ellos estaban locos. ¡Qué reprensión para los Corintios! En un espíritu de niñería ellos estaban razonando de una manera humana como esta:

 “Si Dios nos ha dado lenguas, debemos usarlas: pero no hay lugar tan importante como la asamblea cristiana; por tanto las lenguas debiesen ser usadas en la asamblea cristiana.” Un pensamiento de Cristo, un justo sentimiento acerca de la iglesia, los habría preservado de ese error. ¿Cómo hablar en lenguas promueve la gloria del Señor Cristo en la asamblea? ¿Cómo edifica esto a aquellos reunidos en el nombre del Señor? En el más mínimo grado: consecuentemente, si hubiese habido simplicidad de vista al pensar de Cristo y aquellos que son de Cristo, ellos nunca habrían pensado esto. Ellos se desviaron debido a la fuente más común de error: ellos estaban pensando de sí mismos y su importancia. Teniendo los dones de lenguas, ellos pensaron que debían usarlos porque deseaban esto. ¿Quién podía prohibirlos? ¿No vienen los dones de Dios? De este modo, vemos, que fue independencia de acción, no quizás sin argumentos humanos en cuanto a su deber, pero sin la expresa palabra de Dios, o aun ese instintivo sentido de verdad que requiere cierta espiritualidad para aplicarla justamente. Ellos estaban andando como hombres, y aun como niños, ellos eran carnales, no espirituales; ellos estaban razonando más bien que creyendo. Todo estaba errado.

 

 Esto guio al apóstol a suponer otro caso. Que una persona entre en la asamblea, no hablando en lenguas que nadie podría entender, sino profetizando ¡y que resultado! Entonces todos los secretos del corazón serían revelados, y el efecto sobre una persona indocta, y aun incrédula, sería que ella caería sobre su rostro y sentiría que Dios estaba de verdad entre ellos. En este caso su conciencia habría encontrado a Dios a través de la palabra aplicada a él.

 

 Debemos recordar que en estos días los cristianos estaban rodeados por paganos y judíos; unos criados en las locuras de muchos dioses y señores, aún por debajo de la conciencia del hombre, otros acostumbrados a la moralización más seca y fría posible moralizando sobre la ley y los profetas. ¡Qué cambio era para ellos ver al Dios verdadero llevado en contacto con el corazón del hombre y su conciencia! El efecto era inmenso sobre ellos, más particularmente sobre el pobre gentil. De acuerdo a esto, tal persona, que quebrantado se postraba ante el Dios vivo y verdadero quien de esta manera estaba tratando con los secretos de su corazón. Pero esto nos muestra la verdadera naturaleza del profetizar. Esto no es predecir algo que debe esperarse, ver si esto sucede: este no es el profetizar en el cual piensa el apóstol. Profetizar se aplica al futuro en circunstancias peculiares. No que uno espere por tal carácter de esto ahora: no creo que una persona prediciendo cosas ahora estaría en el orden del Espíritu Santo, por la simple razón, que las predicciones de importancia para Dios y para el hombre ya han sido presentadas en la palabra escrita. Pero allí permanece el otro sentido de esto,-- es decir, el presentar la palabra de Dios de manera a tratar con la conciencia del hombre, y darle la plena convicción que es Dios quien le está hablando por medio del hombre. No veo razón para dudar que Dios todavía concede esto—en débil medida quizás, y en raros casos; pero todavía, el principio es verdadero y no puedo dudar de ello, y que esto no faltará mientras Dios tenga una obra y un testimonio sobre la tierra.

 

El aspecto predictivo y no predictivo del don de profecía continúa hoy. Profetas tienen este don. Y son los profetas los que están en vista en 1 Cor.14.

 

Cuando es claro que una persona no tiene el don de profecía, no es un profeta, pero que insiste de alguna manera en hablar, el remedio se encuentra en decirle que tal no es la línea que se le ha concedido. Si eso no es efectivo, medidas más fuertes pueden ser tomadas.

 

Pero Ahimaz era un mensajero; y aquí el problema era de un verdadero mensajero de insistir en correr cuando no era enviado. Hay líneas de servicio y conveniente ministerio de acuerdo a como Dios forme el vaso en Su escuela. Joab dijo a Ahimaz que no había un mensaje conveniente para él porque el hijo del rey estaba muerto. Ahimaz venía de una línea piadosa, la línea de Sadoc, la línea del gran sacerdote guerrero (hijo de Eleazar, hijo de Aarón) guardador de la puerta de la tienda de reunión, y celoso por Jehová su Dios. Es el hijo de Sadoc que tendrá el ministerio del sacerdocio durante el milenio (Ezeq.40-48) bajo el sacerdocio de Melquisedec de Cristo, a causa de la fidelidad de Fineas. Pero ninguna de estas cualidades calificó o autorizó a Ahimaz para correr cuando no era enviado. El mensaje era para Cusi, un cusita (un etíope). Y aunque usted puede no ser uno grande, si el Señor no lo envía, usted no debiese correr.

 

Note que el cusita se inclinó ante aquel que le dio el mensaje. Cuán importante es esto: recibir un mensaje, recibir una orden para correr, e inclinarse ante el dador del mensaje (2 Sam. 18:21).

 

Lamentablemente, Ahimaz estaba determinado en correr e insistió ante Joab acerca de esto. Cada vez la respuesta de Joab era más breve, y quizás en su caso se cansó de esto y finalmente dijo. ¡Corre!

 

Antes de considerar la conducta de Ahimaz cuando él llegó donde estaba David, sería bueno considerar la siguiente citación.

 

Don, de ninguna manera lo pone a uno en algún grado de independencia. Por el contrario, el que es dotado use su don, verdadera y solamente para el Señor debe esperar en Él sin reserva para recibir consejo en cuanto al lugar, tiempo y sujeto. Pienso nuevamente que aquí muchos dotados fallan, ellos permiten que las circunstancias e impresiones humanas los influencien en cuanto a estos puntos, y no el pensamiento del Señor, que en fe ellos podrían haber comprendido. Hay diferentes ministerios o servicios pero un Señor. Por tanto yo debiese saber que en el ejercicio de mi don en cada acto de servicio esté en el lugar que Él quería para mí; en el tiempo justo, y que tengo el justo tema. ¡Qué diferente sería cualquiera de este modo sensiblemente dirigido por el Señor en espíritu y poder! Aún más, debe haber gran parte y marcada falta en el ministerio, cuando esta responsabilidad hacia Él no es vivida y rígidamente mantenida. Por el descuido de esto se han producido las expresiones infructuosas y fuera de lugar que son el reproche en las asambleas cristianas. No es que no haya sinceridad cuando se pasa por alto esta responsabilidad, de ninguna manera; pero si esto no es observado estrictamente, uno mismo viene a ser la medida de los pensamientos y deseos de uno, y no se elige el tiempo, lugar, o tema con referencia al pensamiento del Señor; sino esto es hecho con referencia al pensamiento propio. En este caso todo puede parecer bastante conveniente al pensamiento del individuo de este modo arrastrado; mientras esto está completamente fuera de lugar y no es provechoso para la asamblea.

 

            The Girdle of Truth, vol. 8, p, 368.

 

Ahora Ahimaz era un hombre rápido para correr (2 Sam. 18:23). Alguien una vez me dijo que ellos tenían la costumbre de tener reuniones como en 1 Cor.14:29 y un hermano siempre era el primero en levantarse y finalmente ya no tenían tales reuniones. ¿Es ese el remedio escritural? ¿Es esa realmente la respuesta? ¿Aplicaríamos también ese remedio a una reunión para recordar al Señor en el partimiento del pan?

 

Ahimaz superó al cusita y se acercó a la audiencia. El vigía discernió el carácter del corredor y dijo que era Ahimaz. David dijo “este es un hombre de bien, debe traer buenas noticias” (2 Sam. 18:27). ¿No es así con nosotros? Aquel que nos trae buenas noticias es un “hombre de bien”. Tangamos cuidado. Juzguemos esta actitud en nosotros mismos. Cuidado con el respeto por la personas y favoritos. Cuidado de desear solo “buenos mensajes y mensajeros.

 

No se dice que Ahimaz se inclinó ante aquel que le dio el mensaje (como lo hizo el cusita) pero se inclinó ante aquel a quien entregó el mensaje (no se dice que el cusita hizo eso). Este es un registro de la palabra de Dios y se omiten o incluyen cosas como es provechoso para nosotros. En este caso creo que esto indica a quien debemos agradar: al que envía o al que recibe.

 

Él entonces dio un mensaje, mucho de lo cual, si no todo, era verdadero. Pero había una materia de esencial interés para el rey. ¿Cómo estaba Absalón? Y Entonces se manifestó que Ahimaz realmente no había sido enviado. Él entonces no tenía mensaje. Él había hablado; una conversación que puede haber sido completamente verdadera, aunque parece extraño que él no supiese lo que había sucedido con Absalón. Él puede haber sido uno de aquellos que no dicen lo que se necesita decir. Tal es el camino para la popularidad. Este es un curso que algunos aun 'santificarían' diciendo “predique a Cristo,” como si predicar lo que es debido a Cristo no es predicar a Cristo. En un libro escrito para instruir al hombre de Dios en un día de declinamiento leemos, “predica la palabra”, (2 Tim. 4:2). Haremos bien en dar atención a esto y no restringir el ministerio a lo que agrada a los oídos del pueblo.

 

La palabra a Ahimaz fue “Pasa, y ponte allí.” (2 Sam.18:30), Ahimaz perdió el tiempo. “ponte allí.” Y donde hay casos de mensajeros que muestran un hábito de esto ¿no hay una palabra para ellos? ¿Es justo cancelar reuniones para edificación como en 1 Cor.14 a causa del abuso de los Ahimazes? O, ¿debe esto soportarse? ¿No debiese decirse a ellos, “ponte a un lado”?

 

El cusita entonces llegó y la primera parte de su mensaje era en sustancia el mismo de Ahimaz. Y ahora la pregunta- ¿qué acerca de Absalón? Y este etíope, llevando su mensaje en el espíritu de Hageo 1:13, como el mensajero del Señor en el mensaje del Señor, dice, “los enemigos del Señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para mal, sean como este joven”. Y en lugar de que David se moleste, o mire por decir así su Biblia, o mire a otros alrededor, o moviéndose inquieto en su asiento mientras hablaba, “estaba muy conmovido”. Había un mensaje para él. En el N.T. Leemos, los profetas hablen dos o tres. Oh, que podamos realizar más la presencia del Señor Jesús en medio de Sus santos reunidos, para ministrar por dos o tres (el número de testimonio para ministrarnos, no uno o cuatro). Aun podemos tener la ocasión para llorar, como lo hizo David (2 Sam.18:33).

 

Cuando Pablo escribió la epístola a los Gálatas, ¿no estaba “predicando a Cristo”? Cuando Juan escribió a las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3, ¿no estaba predicando a Cristo”? Cuando Pablo escribió a los Corintios, “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. (1 Cor.2:2), no se estaba refiriendo a ministerio básico y simple de la cruz, sino al hecho que él (como energizado por el Espíritu) ejercía su servicio y ministerio en vista a marchitar al “primer hombre” y “la carne”, como también exaltar “al segundo Hombre”. Cuando mundanalidad en pensamientos, conducta, hábitos, vestimentas, ambición, etc., aumentan, hay un correspondiente menosprecio que aplica a “Cristo y a Él crucificado” a esta mundanalidad que caracteriza al primer hombre.

 

Ahimaz fue un hombre de “ministerio positivo”, como algunos denominarían esto. Parece que tenemos dificultad acerca de esto entre nosotros. Siempre preferimos escuchar el llamado así “ministerio positivo” que nos permite no ser criticados en nuestros caminos mundanos y modos de pensar. De este modo estimulamos lo errado. Y de esta manera nos vemos obligados a pensar que Ahimaz fue enviado, especialmente ya que no podríamos encontrar nada no bíblico en lo que él dijo.

 

Sería mejor sentarse en la presencia del Señor por una media hora esperando en Él para dar un ministerio que simplemente ocupar el tiempo. Al menos podríamos ser ejercitados provechosamente por esperar.

 

Consideremos ahora el lugar del ministerio correctivo que tiene en las escrituras y buscar gracia para beneficiarse de tal ministerio.

 

PARTE 2: EL MENSAJE DEL SEÑOR ¿ES EL MINISTERIO CORRECTIVO ESCRITURAL?

 

 Temo mucho cuando escucho a personas decir, “el querido tal y tal”. Esto puede estar acompañado con gracia en otras formas; pero no pienso que ellos debiesen haber hablado de Pablo o Apolos, cuando gracia y santo poder que pone la conciencia en la presencia de Cristo estaba en energía, aunque ellos los hubiesen estimado muy altamente en amor por causa de su obra.

 

 Collected Writings of J.N. Darby, vol. I, p. 320 (Bible Truth Publishers, ed)

 

Leemos “proclama la palabra” (2 Tim. 4:2) en la última epístola de Pablo, cuando la ruina ya se había establecido. ¿Qué es esa palabra? ¿Cuáles son sus características? “toda escritura es divinamente inspirada, y útil para enseñanza, corrección, convicción, para instrucción en justicia; para que el hombre de Dios pueda ser completo, plenamente preparado para toda buena obra” (2 Tim.3:16,17). Estas cuatro funciones de la palabra de Dios son necesarias para la integridad de las calificaciones del hombre de Dios. Por supuesto, todos necesitamos estas cuatro aplicaciones de la palabra de Dios a nosotros mismos. Necesitamos tener esa palabra para tratar con nosotros en nuestra lectura y estudio de esta. Y si hay libertad del espíritu en la proclamación de la palabra, la dirección del apóstol, “proclama la palabra”, nos guiaría a creer que la proclamación incluiría convicción, corrección, e instrucción en justicia.

 

Es triste decirlo, hay cristianos que no desean escuchar ministerio correctivo, ministerio que escudriñe la conciencia. Hay también quienes ministran la palabra que creen que es mejor “predicar a Cristo” (compare con “proclamar la palabra”) y Su amor, y esto satisfará la necesidad. Creo que un examen de la escritura del modo de ministerio no apoya esta vista. Es importante tener el pensamiento de Dios concerniente a cómo las necesidades y estado deben ser satisfechas; de otra manera Él no tendrá la gloria que le es debida, y el declinamiento en todas partes que es evidente que aumentará aún más.

 

Aprendemos de Juan 4 que la “conciencia es la entrada de la verdad”. Todo ministerio debiese tener esto en vista. Otro ha dicho:

 

 “Dios ejerce verdadera autoridad sobre la conciencia, la verdad es autoridad. Pero los hombres necesitan algo que los salve de los ejercicios de corazón y conciencia ante Dios. En la autoridad humana la conciencia no está con Dios, y el hombre desea ser independiente de Dios. Ahora esto degrada al hombre por debajo de lo que estaba designado que él fuese, porque su verdadera posición es ser dependiente de Dios. Esta es la verdadera gloria del hombre. La conciencia debe ser llevada a estar en contacto con Dios; y aquello que cumple esto es verdadero ministerio. Cualquier ministerio que no haga esto, o que no tenga esto como su objeto, no es de Dios; porque esto es poner algo entre el alma y Dios. Si el ministerio es real, esto lleva a Dios directamente a la conciencia a través de la palabra; mientras que lo que es falso permanece entre Dios y la conciencia; y esto nos capacitará para detectar la diferencia, y discernir enseguida si el ministerio es falso o verdadero.

 

 The Girdle of Truth, vol. 2, p. 260.

 

Algunas nociones que tratan de poner a un lado el ministerio correctivo son consideradas con algún detalle en el Apéndice 1.

 

¿DETENIENDOSE SOBRE NUESTROS FRACASOS?

 

Se dice, no nos ocupe o detenga sobre nuestros fracasos. ¿Piensa usted en no hablar de ellos? Él ha tomado la posición de Juez consecuente sobre la pérdida del primer amor y esta es una posición que mantiene hasta que Él venga. No hay nunca un momento en que Él no ocupe esta posición y trate de ministrar corrección. A los que Él ama, reprende (Apoc.3:19). ¡El que tiene oído oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias!

 

Se dice, no nos detenga sobre nuestros fracasos. Teniendo nuestros fracasos (¿por qué no llamar a esto pecado, como lo hace Dios?) ante nosotros para hacernos sentir infelices y deseamos ir a casa desde las reuniones felices. ¿No reconocemos que el yo está en el fondo de esto? El yo desea ser feliz a expensas de no escuchar “la vara” (Miq.6:9) y las reprensiones que son tan necesarias. Esto no es primer amor, amor caracterizado por olvido de uno mismo en ocupación con el objeto de afección. El Señor nos ha estado hablando pero nosotros no “escuchamos la vara.” Podemos sentir algo, pero no escuchamos los mensajes.

 

Unos pocos folletos han llegado a nuestro hogar, o escuchamos algunas profecías concernientes a nuestro estado, y clamamos, ¡suficiente! ¡Eso no es Cristo! ¡Predique a Cristo y Su amor! Qué triste es esto. (Como si predicar lo que es debido a Cristo no es predicar a Cristo) ¿Viene esta actitud de tener el pensamiento del Señor concerniente a Apocalipsis 2 y 3? ¿Cuál es nuestro estado cuando rechazamos Su reprensión y llamados al arrepentimiento y hacemos esto bajo el argumento que debemos predicar a Cristo y Su obra y poner a un lado ministerio correctivo y escrutador de la conciencia? Mientras más pensamos acerca de esto más alarmados en cuanto a dones espirituales estamos.

 

Edward Dennett comentó:

 

 “... A menudo es una tentación evitar cuestiones, o aun evitar el pecado, en la asamblea para prevenir discusiones, o por causa de la paz, considerando los rostros de los hombres más que el hecho que Cristo escudriña todo con Sus ojos como una llama de fuego. “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” (Heb.4:13).

 

 Notas Sobre las Siete Iglesias, o.23.

 

Hay varias formas de poner a un lado el ministerio correctivo. Una es llamar a esto “legalidad”. Esto no necesita detenernos, ya que muchos usan esto para salvar la conciencia con relación a sus caminos. Legalidad es la carne buscando llevar a cabo los preceptos de Dios. No estamos abogando eso, ni por reglas inventadas por el hombre, o mera conformidad carnal, ni por corazón y conciencia no ejercitados. Estamos abogando por hacer provisión de manera que el Señor pueda hablarnos en ministerio conforme a nuestros caminos y estado. Estamos diciendo que poner a un lado o denunciar ministerio correctivo es un rechazo de las formas en que Dios desea en gracia hablarnos, y corregirnos para Su gloria y bendición. Estamos diciendo, que el colirio espiritual sea aplicado (Apoc.3:18). Pero cuando un profeta nos habla, ¿cuántos están preparados para “herirlos de lengua”? (Jer.18:18). Los tales están siempre preparados con la palabra “legalidad”.

 

“No apaguéis el Espíritu; tampoco menospreciéis las profecías” (1 Tes. 5:20). ¿Pensamos que ministerio referente a Cristo y Su amor era lo que estaba en vista como para que se llamara  a esta advertencia? Creo que la advertencia tiene en vista al siempre presente peligro de estimar superficialmente el profetizar que pone al descubierto nuestros corazones y estado en presencia de Dios.

 

Entristecer al Espíritu parece referirse a la conducta individual, pero apagar el Espíritu se refiere a lo que podríamos hacer corporativamente para estorbar el ministerio concerniente a lo que es debido a Cristo y contrario a Cristo. Podemos apagar al Espíritu por no obedecer el mandamiento del Señor:

 

 “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.” (1 Cor.14:29)...

 “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.” (1 Cor.14:37).

 

Es verdad que no existe el don requerido para llevar a cabo el sustituto de otro orden.

 

GANANDO PRIMERO EL CORAZÓN

 

Una más seria aparentemente digna consideración es la que dice que “el corazón debe ser ganado primero”. Cuando esto se usa para poner a un lado el ministerio correctivo, esta declaración es usada de manera contraria al rito del testimonio profético del Antiguo Testamento en tiempos de ruina, contrario al método apostólico antes y después de la ocurrencia de la ruina, y contrario a los últimos mensajes del Señor a las siete iglesias en un tiempo de ruina. Estamos bien conscientes que no se  deseará responder al ministerio correctivo, siendo así absolutamente contrario a los variados ejemplos de las escrituras para estorbar el ministerio correctivo hasta que ocurra un estado general que podría describir como “ganar el corazón”. ¿Podría tal noción de ministerio ser derivada del ejemplo de nuestro Señor en Apocalipsis 2 y 3? Considere especialmente la carta a Laodicea. Haríamos bien en aprender de Su ejemplo y seguir este. Esto no significa que cada uno que ministra debiese seguir este exacto modelo. Si hay verdadera libertad del Espíritu, la totalidad del ministerio en la asamblea tendrá los variados elementos de las direcciones a las siete iglesias.

 

No debemos fallar en notar que mucho ministerio ha sido de un carácter que cumpliría los criterios de que “el corazón debe ser ganado primero”; y aun así la mundanalidad ha aumentado y nos sumergimos más y más bajo. Este hecho (¡Ay! Sino estamos conscientes de este), además el carácter de ministerio presentado en la palabra de Dios, no inspira confianza en la objeción a ministerio correctivo que escudriñe la conciencia, que “el corazón debe ser ganado primero”. Y, ¿significa eso que el ministerio correctivo debe presentarse después que el corazón es ganado? ¿No existe una sutil asunción que después que el corazón ha sido ganado todo estará bien y entonces ningún ministerio correctivo será necesario? A lo que esto realmente suma es que la palabra no es necesaria para corrección (2 Tim.3:16).

 

Juicio propio es necesario, no solo individual sino también corporativamente; y por estos que ministran la palabra, y aquellos que ejercen la supervisión. Necesitamos aprender que “hemos pecado”. No es suficiente que unos pocos añadan ministerio correctivo a lo que ellos expresan, esto no bastará. Lo que es necesario es caer sobre nuestros rostros ante Dios y reconocer nuestra condición, poniendo a un lado nuestros ídolos, y buscando por medio de Su habilitación cumplir el ministerio dado y el cuidado pastoral y la corrección donde es necesario.

 

EN ESTAS COSAS PENSAD

 

Fil.4:4-8 se ha citado, de tal manera a debilitar el ministerio correctivo. Nuevamente, está escrito, “¿no debieseis más bien haberos lamentado...?”(1 Cor.5:2). El estado de los Corintios era opuesto al estado de los Filipenses, a quienes Pablo estimula a “abundar aún más y más.” ¿Por qué? Porque su estado colectivo era tan buen que los estimulaba a quitar la paja (comparado a lo que era generalmente característico de Corinto); “Ruego a Evodia y Sintique a ser de un mismo pensamiento en el Señor” (Fil.4:2). El estado de Corinto era malo; tan malo que él ni siquiera encomendó algo en su andar en sus primeros comentarios. Esta era su costumbre encomendar lo que él podía al comenzar sus comentarios. El mal moral estaba en cuestión. Él encomendó algo en 1 Cor.1; encomendó lo que la gracia de Dios les había conferido. No encomendó nada en su andar. Es bueno pesar estas cosas. En cualquier caso, Pablo les dijo que debiesen haberse lamentado. Él no les dijo que se regocijaran siempre. Él no les dijo que pensaran en las cosas que se encuentran en Fil. 4:8. Él les dijo que pensaran acerca de su terrible estado y del mal en medio de ellos; y nombró muchas cosas.

 

¿Estaban, generalmente hablando, en un buen estado? ¿Cuál fue el trato de Pablo con ellos? Él les envió un ministerio inspirado y correctivo. La epístola se caracteriza por corrección, y contiene ironía también. Como resultado ¿mejoró su estado? Qué gozo tuvo él a causa de las buenas noticias que trajo Tito; y no solo por las buenas noticias, sino que se gozó con el gozo de Tito (2 Cor.7:13).

 

El apóstol les había enviado una carta inspirada a los Corintios. Sus sentimientos acerca de esto se revelan en 2 Cor.7. Él estaba preocupado en que la carta pudiese guiar a alejamiento. Él sabía bien el peso de esa carta y el impacto que estaba pensado que tuviese sobre la conciencia (que siempre necesita la dirección de la palabra de Dios aplicada en el poder del Espíritu). Dios la usó para ponerlos en el camino a la restauración, aunque mucho quedada todavía por cumplirse (2 Cor.12:21).

 

Tal, entonces, es el carácter de 1 Corintios. Hay verdades objetivas también en 1 Corintios, por supuesto. Pero esta es altamente correctiva en naturaleza. Necesitamos despliegues doctrinales y ministerio correctivo (Tito 2:15; 1 Tim. 6:2; 2 Tim. 4:2).

 

Muchas de las epístolas contienen más o menos ministerio correctivo como también despliegues doctrinales. A medida que el tiempo pasaba y el alejamiento aumentaba y el mismo Espíritu se dirigía a este. Por ejemplo, considere Judas. Judas nos dice que su intención era usar “toda diligencia para escribiros acerca de nuestra común salvación.” Esto está bien, y necesitamos esto. Pero aunque esta era su intención, el pensamiento del Espíritu era otro. De este modo Judas continua, “me ha sido necesario escribiros exhortándoos” (Judas 3).

 

APOCALIPSIS 2 Y 3

 

Pasando a otras escrituras, debemos, sin embargo, nuevamente llamar la atención a Apocalipsis 1-3. La existencia del libro de Apocalipsis permanece como testimonio a la ruina del vaso de testimonio. Fracaso es la ocasión de la profecía; y la existencia de este libro de profecía que cierra el canon del Nuevo Testamento indica un alejamiento general. Aquí tenemos la vista de Cristo en la posición de juez, presentándose a Si mismo en las variadas formas que enfrentará el estado de la asamblea y que Él señala.

 

Él estimuló, también, lo que Él podía estimular, y repetidamente llamó al arrepentimiento, y mostró la bendición al vencedor. Aquí está el mismo ministerio de Cristo andando en medio de las asambleas. Él no sigue la regla de “predicar a Cristo” como esa frase a menudo se usa. Su mensaje era Cristo, y lo que era debido a Cristo y lo que no era conforme a Cristo.

 

Nos volvemos ahora a dos ejemplos del Antiguo Testamento, porque estas cosas fueron escritas para nuestra instrucción.

 

HAGEO Y ZACARÍAS

 

Hageo y Zacarías sirven como excelentes ejemplos de ministerio profético. Sus respectivos ministerios eran diferentes en su énfasis, complementarios en naturaleza, y unidos en objetivo.

 

Hageo tuvo un ministerio correctivo. Entonces él es frecuentemente llamado un profeta, mucho más que Zacarías. Él es aun llamado “el mensajero del Señor con el mensaje del Señor.” Dios sabe que nos resentimos de un ministerio correctivo, y por tanto este siervo es especialmente pronunciado como siendo profeta de Jehová.

 

Zacarías tuvo un ministerio de la gloria venidera. A nosotros nos gusta eso, pero usted notará de Zac.1:1-6 que él no rehuyó el ministerio correctivo; y, él se identificó con el ministerio de Hageo. Las fechas muestran que él dio corrección antes que Hageo terminase el suyo; y él habló de la gloria después que Hageo terminase el suyo. Pienso que hay algo errado si uno que ministra evita identificarse con aquellos que presentan ministerio correctivo. ¿Está él buscando un camino fácil y popular? ¿Pero quizás la materia no fue considerada? El ministerio de uno puede tener un énfasis sobre las cosas “objetivas”, (como, permítanos decir, fue el de Zacarías, aun así él no evitó presentar ministerio correctivo). Sino que él se identificó con el ministerio de aquellos que tenían un ministerio tipo Hageo, como Zacarías se identifica con Hageo.

 

Si, el remanente necesitaba ganar sus corazones. Pero habría sido una cosa mala tratar de detener, o denunciar, a causa de esto el ministerio de Hageo. De hecho, fue a través del ministerio inicial de Hageo que sus corazones fueron atraídos. Dios es más sabio que nosotros. El remanente prosperó bajo el ministerio profético de Hageo el profeta y Zacarías (Esd.6:14). Nuestra tarea es dar y recibir el ministerio que Dios nos encomienda y dejarle a Él ganar los corazones. Los cristianos no son todo corazón ni tampoco todo conciencia. Es malo despreciar y denunciar ministerio para el “corazón” como también es malo despreciar y denunciar ministerio “correctivo”. “No apaguéis el Espíritu, ni menospreciéis las profecías” (1 Tes.5:19,20).

 

MALAQUÍAS

 

¡Qué complacencia es la que destrozó el libro de Malaquías! Las acusaciones y reprensiones de Jehová se encontraron con la insolente respuesta, “¿En qué? “Unas seis veces, Malaquías fue un poderoso ministerio correctivo. ¿Tuvo este un buen resultado? No con muchos, pero leemos de algunos, “ENTONCES los que temían a Jehová...” (Mal.3:16). “Entonces” ¿Cuándo? Cuando las reprensiones de Jehová a través de Su siervo Malaquías escudriñó la conciencia y aquellos inclinados a estas y se acercaron a su Dios. Este era un día de declinamiento y este era un ministerio necesitado.

 

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,” (2 Tim.3:16)

 A. Huebner Feb. 1984

 

 

APÉNDICE I:

NUEVOS PENSAMIENTOS SOBRE MINISTERIO CORRECTIVO

 

La vista que Cristo y Su amor debiesen ser predicados como si predicar lo que es debido a Cristo no fuese predicar a Cristo fue declarado como sigue en una revista para cristianos:

 

 Pero el Señor también tuvo un mensaje de condenación para la iglesia en Éfeso. Ellos habían dejado su primer amor. Él les había hablado de lo que su celo había hecho-- posiblemente hecho por amor, pero no su primer amor. Siguiendo a la conversión el primer amor del creyente es por la Persona de Cristo. Que este creciese en Éfeso ha sido la carga de la oración por ellos (Efes.3:14- 19). Aun así el amor por Cristo ahora ha sido reemplazado por amor de una correcta posición eclesiástica, amor de la doctrina, amor de la justicia, amor del juicio. Todo esto es justo en su lugar, pero mucho mejor si inspirado por amor por Cristo. El Señor vio que esto estaba faltando. Exteriormente la iglesia parecía sana, pero el Señor veía el corazón--ellos habían perdido su primer amor. ¿No hay en esto una lección para hoy, para aquellos que ministran a los santos? El ministerio de la Persona de Cristo, designado para aumentar el amor del creyente, ¿no nos haría andar justamente? Amor por Aquel que nos amó hasta la muerte es superior en producir piedad que recibir consejo de hermanos bien intencionados. El Cristo que en amor nos atrajo a buscarlo en la conversión producirá en nosotros amor para mantenernos siempre cerca de Él.

 

La lección que el escritor saca para hoy contradice la escritura, lo primero que debiésemos pesar es 2 Tim. 3:16:

 

 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,”

 

¿Por qué alguno desearía afirmar que esta escritura se aplica solo a verdad comunicada privadamente? Y si esta es aplicada al ministerio de la palabra, entonces la escritura es útil para ministerio correctivo como también para instruir el entendimiento y apelar a las afecciones. Un balanceado acercamiento a esto fue declarado en un artículo sobre las siete iglesias en The Bible Treasury, vol.9 p. 238.

 

 Al vencedor Él no ofrece nada por el presente, porque el principio de andar por fe es mirar hacia lo que será gozado; pero no a las circunstancias en las cuales podamos estar en el presente. Esto actuó sobre las dignidades de antiguo, y debe actuar sobre aquellos que han de ser vencedores. De este modo el Señor habla del “árbol de la vida, que está en medio del paraíso de Dios.”

 

 Esta forma de tratar con las almas demanda nueva consideración. Lo que podría pasarse por alto como una materia de poca importancia era a Sus ojos una cosa muy triste. Al dejar su primer amor el ángel había caído. “Acuérdate de dónde has caído,” les dijo el Señor. Cada palabra aquí es importante. Él había caído y ¡cuán grande era la caída! Él era llamado a arrepentirse y recordar de donde había caído y hacer las primeras obras, si no, el Señor los visitaría gubernamentalmente. Entonces para ayudar a las almas en esa condición Él les señala el futuro, y les dice lo que, como vencedores, Él les daría. Señalar solo lo que es errado no ayudará a las personas. El Señor aquí deseaba dos cosas, el abrir los ojos para ver lo que necesitaba corrección, y la acción sobre el corazón para hacerlos vencedores. Lo primero es hecho por señalar el fracaso, lo último por ocupar a las almas con Su gracia.

 

“Lo primero que es hecho es señalar el fracaso...” ¿Realmente usted cree que si no escuchamos Él no nos dirá más acerca de nuestro fracaso? ¿Realmente usted cree que si Dios sigue Sus propios caminos morales que Él no buscará una y otra vez corregirnos? (excepto Él nos conceda nuestra petición y envíe debilidad a nuestras almas) Él es fiel. Observe como en fidelidad los profetas fueron enviados (“se levantaron tempranamente y enviando”) una y otra vez. EL PUNTO DE ALEJAMIENTO ES EL PUNTO DE RESTAURACIÓN. ¿Hemos ahora abandonado este principio divino, y pretenderemos que Dios ignorará esto? ¿Nos engañaremos a nosotros mismos pensando que Dios ignorará Sus propios caminos morales revelados con Su pueblo, hablarnos una vez (o no) acerca de nuestro alejamiento, y entonces solo presentará “verdad objetiva” ante nosotros? ¿Algún hombre espiritual, o aun de sano juicio, criará a sus hijos de esa manera? ¿Qué? ¿Les hablará solo una vez, o quizás dos, acerca de un curso errado? Ciertamente orar y llorar ante Dios, y trabajar para traerlos al camino correcto. Y ciertamente nuestro fiel Padre reprenderá una y otra vez a Sus amados hijos- y no usará solamente palabras como lo hizo Eli, sino que también los castigará.

 

Sinceramente concuerdo con las declaraciones de la segunda citación. “señalar solo lo que es errado no ayudará a las personas a andar bien.” Esto es verdad. Pero esto es parte del camino de bendición divinamente señalado. Es justo señalar lo que es malo. Evitar señalar lo que es malo o errado no ayudará a las personas a andar bien. No nos engañemos a nosotros mismos sobre tales materias críticas e importantes concerniente a cuál es el carácter de ministerio que debiese haber en un día de declinamiento—nuestros propios días. Errar en este punto es ayudar al alejamiento de la voluntad de Dios.

 

El error con relación a al ministerio correctivo en la citación que está siendo examinada no comienza con el esfuerzo por poner a un lado el ministerio correctivo. Hay algo que precede esto.

 

¿Ama Cristo una posición eclesiástica correcta? ¿Ama Cristo la sana doctrina, la justicia y el juicio? Si, y debemos amar lo que Él ama. Amor hacia estas cosas no ha “reemplazado” el amor hacia Cristo. Cristo espera que amemos estas cosas. Sin duda que los Efesios hacían así. De otra manera ¿cómo Él podría recomendar si esto envolviese el alejamiento del primer amor que Él juzga?

 

El amor por Cristo no ha desplazado estas cosas. Ellos amaban a Cristo pero no con el amor caracterizado por olvido de uno mismo. El “primer amor” es ese amor por el objeto en el cual uno se olvida de sí mismo. El amor entonces tenía consideraciones por sí mismo mezclado con este. Esta es la raíz moral del declinamiento; la introducción de los intereses propios dentro de las cosas de Dios. Ahora, no creo que esto es lo que el escritor de arriba realmente dijo en otras palabras.

 

Su defectuoso remedio, por tanto, es ministerio sobre la Persona y obra de Cristo para acrecentar el amor y devoción y pone a un lado las mismas cosas que caracterizan muchas de estas cartas a las siete iglesias; es decir, ministerio correctivo de Uno andando en medio. ¡Cristo mantiene esta posición hasta que Él venga otra vez! Que el que tiene oídos oiga lo que dice el Espíritu a las iglesias: “arrepiéntete”.

 

Eso no es todo lo que Él dice, es verdad. Pero no debemos dejar de lado esta parte del remedio por decir, predique a la Persona de Cristo y Su obra más bien que ministerio correctivo. Ese es un ministerio desbalanceado, y es esto en lo cual a menudo erramos. “Arrepentirse” envuelve juicio propio, y es aquí donde fallamos con relación a la restauración.

 

Es una cosa sutil que quizás no nos hemos detenido a considerar esto como debiésemos hacerlo; que este parcial y verdadero remedio de predicar solo a la Persona de Cristo y Su obra (verdad objetiva) es una señal de haber dejado a un lado el primer amor. A veces es una cosa penosa para los siervos de Dios tener que presentar ministerio correctivo. Podemos amar a Cristo y aun así considerar librarse a uno mismo de esta pena por no presentar ministerio correctivo. El “primer amor” es amor por Cristo caracterizado por olvido de uno mismo. Rechazar presentar ministerio correctivo es pensar mucho en uno mismo y ciertamente guía a nuevo declinamiento entre el amado pueblo del Señor. Rehusar presentar ministerio correctivo está incluido en el fracaso de hacer las primeras obras. Primeras obras son obras que fluyen de un amor por Cristo caracterizado por olvido de uno mismo. Rechazo a presentar ministerio correctivo bien puede fluir de consideraciones por uno mismo, aunque poco uno pueda darse cuenta de esto, o aun no creerlo, excepto uno no sea consciente de la responsabilidad.

 

Atención al camino de nuestro Señor, en esto, Sus últimos mensajes a nosotros, nos hablaría de la necesidad de ministerio correctivo. Él no solo es Cabeza, Señor, Novio; etc.; Él es el JUEZ andando en medio de los candeleros de oro y Él permanece en este carácter hasta que Él venga. Podemos haber perdido la conciencia de esto, pero esto es verdadero en este mismo momento.

 

APÉNDICE 2:

 

J.N. DARBY

DON PARA UNA OCASIÓN

 

En otras partes tenemos claras afirmaciones de J.N.D., concerniente a los dones. En esta citación no solo tenemos claras declaraciones concernientes a la permanencia de dones sino también su negación de tener estos en una ocasión como puede verse en su negación de que uno pueda recibir un 'acto de pastorado'. Esto también se aplica a la idea de 'profeta para la ocasión'; el N.T. No enseña tal cosa como 'un acto de profeta’, que es lo que esto realmente significa.

 

 Él no da pastorado, él da pastores. Esto no es sin importancia, porque Pablo un profeta no estaba siempre profetizando, aunque siendo siempre un profeta, y él era un apóstol, aunque no siempre ejerciendo su apostolado. Por tanto Cristo no da apostolado, sino apóstoles.

 

 Suponiendo, digo, que yo doy un acto de pastorado hoy, y eso es todo. Este no es el caso aquí. Él da a un hombre como pastor, y él es siempre un pastor, aunque Él podría privarlo de este si quisiera. El hombre tiene ese lugar y función. Pablo siempre fue un apóstol. Esta no era una cierta cosa que venía sobre él y se iba, sino que él era siempre un apóstol. Cuando tenemos el poder del Espíritu Santo en 1 Corintios, leemos que Dios puso primeramente en la iglesia “apóstoles, después profetas”; pero esta es mucho más una acción del Espíritu Santo presente aquí abajo como poder.

 

                Collected Writings, vol. 27, p.73.

 

APÉNDICE 3

 

C.H.M. SOBRE

MINISTERIO POR DON

 

 

“No obstante, el principio de Eliú tiene vigor en todos los tiempos. Todo aquel que tenga que hablar con fuerza y eficacia, deberá ser capaz de decir, en alguna medida: “Porque lleno estoy de palabras, y me apremia el espíritu dentro de mí.

De cierto mi corazón está como el vino que no tiene respiradero, y se rompe como odres nuevos. Hablaré, pues, y respiraré; abriré mis labios, y responderé” (v. 18-20). Así ha de ser siempre, al menos en alguna medida, entre aquellos que quieran hablar con verdadera fuerza y eficacia al corazón y a la conciencia de sus semejantes.

Al leer las ardientes palabras de Eliú nos viene forzosamente al pensamiento de ese memorable pasaje del capítulo 7 de Juan: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Es cierto que Eliú no conocía la gloriosa verdad declarada aquí por nuestro Señor, ya que la misma tuvo su cumplimiento quince siglos más tarde. Pero sí conocía entonces el principio; él poseía el germen de lo que, siglos más tarde, alcanzaría una plena florescencia y madurez. Sabía que para hablar de una manera decidida, incisiva y enérgica, debía hacerlo con el «soplo del Omnipotente». Había escuchado hasta el fastidio a hombres que dijeron un montón de cosas infructuosas; que dijeron algunas pero grulladas extraídas de su experiencia o de las marchitas bodegas de la tradición humana. A Eliú casi se le había agotado la paciencia con todo esto, y entonces se levanta con la energía del Espíritu para dirigirse a sus oyentes como uno que era apto para hablar como oráculo de Dios.

En esto radica el gran secreto de la fuerza y del éxito ministerial. “Si alguno habla — dice Pedro — sea como los oráculos de Dios” (1. ª Pedro 4:11; V.M.). No se trata simplemente — nótese con cuidado — de hablar conforme a las Escrituras: algo, seguramente, sumamente importante y esencial. Pero es más que eso. Un hombre puede levantarse y dirigirse a sus semejantes durante una hora, sin pronunciar, a lo largo de todo su discurso, una sola palabra que sea anti escrituraria; y, sin embargo, todo ese tiempo pudo no haber sido oráculo de Dios; pudo no haber sido el portavoz de Dios ni el expositor presente de Sus pensamientos para las almas que lo hayan estado escuchando.

Esto es especialmente solemne, y demanda la seria consideración de parte de todos aquellos que son llamados a abrir sus labios en medio del pueblo de Dios. Una cosa es exponer cierta cantidad de conceptos correctos y verdaderos, y otra ser el vehículo de comunicación viviente entre el mismísimo corazón de Dios y las almas de Su pueblo. Esto último — y ello solamente — es lo que constituye la esencia del verdadero ministerio. Un hombre que habla como oráculo de Dios llevará la conciencia de sus oyentes a la misma luz de la presencia divina, a tal punto que cada rincón del corazón quedará descubierto, y cada móvil moral tocado. He aquí un verdadero ministerio. Todo el que no es así carece de fuerza, de valor y de provecho. Nada puede ser más deplorable y humillante que tener que oír a un hombre que echa mano en forma evidente de sus propios recursos miserables y escasos, o que ofrece al público verdades por conducto ajeno y por pensamientos prestados de otros, como mercader en la feria. Nada mejor para ellos que quedarse en silencio, tanto por sus oyentes como por sí mismo. Pero esto no lo es todo. A menudo podemos oír a un hombre exponiendo ante sus semejantes lo que su propia mente meditó en privado con mucho interés y provecho. Él puede decir verdades, y verdades importantes; pero no la verdad que necesitan las almas de los santos, la verdad para ese momento. En lo que respecta a su tema, habló todo el tiempo conforme a las Escrituras; pero no habló como oráculo de Dios.

Así pues, que todos aprendamos esta importante lección de la actuación de Eliú; una lección, sin duda, muy necesaria. Algunos pueden sentirse dispuestos a decir que se trata de una lección muy dura y difícil. Pero no; si vivimos en la presencia del Señor, en el sentimiento de que no somos nada y de que él basta para todo, aprenderemos a conocer el precioso secreto de un ministerio eficaz. Sabremos apoyarnos siempre solamente en Dios, para ser, en el buen sentido, independientes de los hombres; podremos entender el significado y la fuerza de las siguientes palabras de Eliú: “No haré ahora acepción de personas, ni usaré con nadie de títulos lisonjeros. Porque no sé hablar lisonjas; de otra manera, en breve mi Hacedor me consumiría” (v. 21-22).

Al estudiar el ministerio de Eliú, hallamos en él dos grandes elementos: “La gracia y la verdad.” Ambos eran esenciales para tratar con Job; y, en consecuencia, los dos brillan con extraordinario poder. Eliú le dice a Job y a sus tres amigos muy claramente que no sabe hablar lisonjas, que no sabe dar títulos lisonjeros a los hombres. La voz de la “verdad” llega con gran claridad a los oídos. La verdad pone a cada uno en su propio lugar; y, precisamente por eso, no puede otorgar títulos lisonjeros a un pobre mortal culpable, por mucho que ese mortal fuese gratificado por ellos. El hombre debe ser llevado al conocimiento de sí mismo, a ver su verdadera condición y a confesar lo que realmente es. Esto era precisamente lo que necesitaba Job. Él no se conocía a sí mismo, y sus amigos no pudieron darle este conocimiento. Necesitaba ser conducido a lo profundo; pero sus amigos no pudieron conducirlo allí. Necesitaba el juicio de sí mismo; pero sus amigos fueron totalmente incapaces de provocarlo.

Eliú comienza, pues, diciéndole a Job la verdad. Presenta a Dios en su verdadero carácter.

[1] Muchos parecen sostener la idea que un profeta es uno que predice eventos futuros, pero sería un error limitar el término a esto. 1 Corintios 14:28-32 nos permite entrar en el significado de las palabras “profeta” y “profetizar”. El maestro y el profeta están íntima y bellamente conectados. El maestro despliega la verdad desde la palabra de Dios; el profeta aplica esto a la conciencia; y, podemos añadir, el pastor ve como el ministerio de uno y otro esté actuando sobre el corazón y la vida.

                Felizmente, allí había habido algún crecimiento en las reuniones de ministerio que se nos menciona en 1 Cor.14. Nosotros muy sinceramente estimularíamos esto donde hay don para realizarla; aun así, lamentablemente, debemos advertir que la carne se aprovechará de tal oportunidad para ocupar tiempo en tales reuniones, estorbando de este modo el verdadero ministerio dado por el Cabeza a través de aquellos que Él ha escogido para que hablen. Donde esto es más que un error, esto debiese ser restringido.