Pin It

EL DÍA DE PENTECOSTÉS

 

 

Este fue un maravilloso día en la historia de los designios de Dios. La redención estaba ahora cumplida. Cristo estaba glorificado como hombre a la diestra de  Dios. Había llegado el momento para que Dios diese efecto a Sus consejos formados antes de que el mundo fuese. De acuerdo a esto el Espíritu de Dios descendió conforme a la promesa del Señor Jesús. Los discípulos son vistos como una compañía esperando. Ellos debían esperar en Jerusalén hasta que fuesen investidos de poder de lo alto. El día de Pentecostés había llegado, y ellos estaban reunidos unánimes en un lugar. Este era el primer día de la semana, el día de reunión formal de los que creen en Jesús, siendo el día de Su gloriosa resurrección de entre los muertos.

 

Mientras estaban juntos, "cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, 3 diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?" (Hech. 11:2, 3). Tal fue la forma del descenso del Espíritu Santo. Nunca Él había venido del cielo para morar en y con los santos antes. Él había obrado en ellos, por supuesto, produciendo en primera instancia un sentido de pecado, posteriormente fe en el Dios vivo; pero nunca  había sido dado por  Dios  como Su sello sobre alguno. Él había venido sobre ciertas personas (como profetas, etc.) en tiempos para propósitos especiales, pero ahora había llegado el tiempo para  algo más que  esto. Durante el periodo actual Él mora dentro de  cada creyente, haciendo su cuerpo Su templo. La sangre  ha sido derramada y rociada, el aceite ha seguido, para usar el lenguaje  del tipo (Lv.8)

 

"Pero" puede preguntarse, ¿por qué Él vino sobre los discípulos en forma de lenguas repartidas, cuando sobre el Señor descendió en forma de paloma? La respuesta debe encontrarse  en el carácter de los recipientes y el testimonio que ellos debían dar. El Señor estaba aquí como la expresión de la gracia y el amor de Dios. Él no vino para juzgar al mundo, sino para que el mundo fuese salvo a través de Él. Personalmente Él era manso y humilde: ¡qué emblema, entonces, más apto que la forma de paloma! En cuanto a los discípulos, su testimonio era muy solemne, como bendito. La palabra de  Dios a través de ellos, mientras traía paz y bendición para todos los que lo habían recibido, sin embargo  los había juzgado a todos antes, y no dado lugar al primer hombre. Su testimonio era sacar fuera de  judíos y gentiles, entonces la forma era "lenguas repartidas"

 

El primer efecto de la presencia del  Espíritu fue que ellos "comenzaron a hablar  en otras lenguas, como el Espíritu les daba." De esta manera  Dios superaba la confusión producida en Babel (Gén.11), aunque no había llegado todavía el tiempo para quitar esto. Él pensaba que el evangelio fuese a toda criatura. La ley fue dada en un solo lenguaje, y a un solo pueblo, pero el evangelio de la gracia de Dios, el precioso testimonio de Dios concerniente a Su Hijo, no podía ser limitado de este modo. Judíos y gentiles estaban igualmente necesitados, y todos tendrían la oferta del Salvador. Esto, sin embargo, los primeros cristianos eran lentos en comprender. Ellos estaban bastante preparados para predicar a Cristo a los hijos de Israel, pero Dios tuvo que intervenir de manera especial para hacer que Pedro, abriese la puerta a los gentiles, aunque la comisión era clara (Hech. 10; Lc.24:47; Hech.1:8). Así de lento es el corazón para abarcar la extensión de los pensamientos de la gracia de  Dios.

 

Las lenguas, difícilmente necesito decirlo, fueron milagrosas. Pedro y los otros no habían aprendido estos lenguajes, aun así ellos eran súbitamente capaces de hablarlos. ¡Solo Dios podía haber obrado eso! Esto asombró a la multitud. Siendo la fiesta de Pentecostés, Jerusalén estaba llena de judíos de todas partes del imperio romano, y ellos escuchaban a estos hombres, que evidentemente eran todos galileos, y declarar las maravillosas obras de Dios. Algunos eran honestos, y preguntaban concerniente a esta maravilla. Escépticos no estaban faltando, como siempre, quienes atribuían esto al vino. La primera hora del  día (la tercera) debiese haberlos preservado de tal insinuación, como Pedro pronto lo señaló.

 

Este no era un excitamiento carnal, éste era poder divino. Una persona divina que había descendido desde la gloria en la cual Cristo recientemente había entrado, y estaba aquí para dar testimonio de Él y Su obra completada. De esta manera fue ese día. Pedro fue el vaso escogido. Él recientemente había negado a su Señor con juramentos y maldiciones, pero la gracia lo había restaurado plenamente; y él era  ahora valiente como un león. Él podía aun acusar al pueblo judío con el mismo pecado del cual él mismo había sido culpable (Hech. 3:14). Así de reaseguradora es la gracia del Señor. Pedro recordó a la multitud la profecía de Joel que Dios  había hablado  a través de ella de un derramamiento del Espíritu,  antes del gran y notable día del Señor: ¿Debían ellos entonces sorprenderse de lo que había ocurrido? Después él llevó a su conciencia  su terrible pecado con relación a Jesús. Ellos lo habían rechazado y muerto, pero Dios lo había resucitado, y exaltado. Esto él lo prueba conclusivamente desde sus propias escrituras; porque Pedro podía ver el alcance de todos estos pasajes ahora que el Espíritu había venido.

 

 

El resultado lo conocemos. Tres mil almas fueron salvadas y añadidas al pequeño grupo. De esta manera la iglesia de Dios comenzó, aunque la verdad concerniente a ella no fue desplegada hasta que Pablo fue llamado, un tiempo después.