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EL ESPÍRITU SANTO

SU PERSONALIDAD DIVINA

 

 

 

El hombre por todas sus investigaciones no puede encontrar a Dios; pero lo que  Dios ha revelado en Su palabra concerniente a Si mismo es para que lo contemplemos y estudiemos con adoración. Haremos bien en ocuparnos en tales estudios con reverencia  y santo temor. Si hay una justa actitud de alma hacia Dios, y una debida sujeción de espíritu, nuestras almas  serán alimentadas, y nuestra  adoración profundizada; pero si se permite a la mente extraviarse  en alguna medida, o si en alguna grado podemos ir  más allá de lo que está escrito, estamos en peligro, como muchos lo han probado para su aflicción.

 

La  Escritura es muy clara, lo que sea que pueda decir la incredulidad, hay tres  personas distintas en la  Deidad, iguales en poder, majestad y gloria, cada una tomando Su propia parte en todo lo que se  hace, ya sea en creación o redención, aun así  actuando en perfecta unidad y comunión.

 

Es interesante observar que la Trinidad fue primeramente revelada en el bautismo del Señor Jesús. Cuando subiendo de las aguas del Jordán, después de  haber cumplido toda justicia, el Padre abrió los cielos para Él, y expresó la delicia de Su corazón en Él, y el Espíritu descendió en forma corporal como una paloma sobre Cristo (Mt.3:16,17).

 

¡Qué puede ser más claro a  una mente simple que esto! El Padre habla, el Hijo recibe Su testimonio, y el Espíritu Santo desciende para sellarlo y ungirlo. Tres personas, aun así, un solo Dios.

 

Nos proponemos tratar en alguna medida, si el Señor quiere, la persona y obra del Espíritu Santo, particularmente Sus operaciones en gracia durante este periodo de privilegio mientras el Señor Jesús está oculto en el cielo a la diestra de  Dios. La personalidad del Espíritu Santo ha sido cuestionada por muchos, algunos hablan de Él como si fuese una mera influencia; otros, ¡ay! Se sumergen en sus ideas  más bajo todavía. Hay muchos que verdaderamente aman al Señor Jesús, y desean tener pensamientos justos, pero que a menudo son muy vagos en cuanto a la persona  y obra del Espíritu Santo.

 

En esta ocasión, haré poco más que reunir algunas  escrituras que claramente afirman Su personalidad y Deidad. Dejaremos que las escrituras hablen a nuestras almas. ¡Podría lo siguiente decirse de algo sino de  una persona! "Yo os enviaré". "Cuando haya venido" (Jn. 16:7,8). "Él dará testimonio de Mi" (Jn.15:6). "Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de Su Hijo" (Gál. 4:6). Él es también representado como contendiendo con el hombre (Gén. 6:3), revelando cosas a los santos (1 Cor.2:10; Lc. 2:26), y es Él quien ha enviado a Bernabé y Saulo de Antioquia para evangelizar al mundo gentil (Hech. 13:2). ¿Puede alguna de estas cosas decirse de una mera influencia? Además Él puede ser  resistido (hec.7:51); entristecido (Efes. 4:30), se le puede mentir (Hech. 5:3), y es solemne decirlo, puede ser  blasfemado (Mt. 12:31)

 

Además, la escritura declara que Él ha tenido parte en el nacimiento y resurrección del Señor Jesús. El ángel dijo a María, "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios" (Lc. 1:35).El Espíritu de Dios fue de este modo el anti-tipo del aceite que  formaba parte de los ingredientes  de la ofrenda vegetal o de presente, como se dice, "mezclada con aceite" (Lv. 2:4).

 

En cuanto a la cruz, leemos que Cristo "a través del  Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios" (Heb.9:14).Entonces, después de  haber sido puesto a muerte en la carne al tercer día Él fue "vivificado por el Espíritu, ""declarado ser el Hijo de Dios con poder conforme al Espíritu de santidad por la resurrección de los muertos" (1 Ped. 3:18; Rom. 1:4). El último pasaje, puedo decir de paso, incluye sin duda la resurrección de otros como también del Señor Jesús, como Lázaro, etc. Pero todas estas escrituras nos hablan de una persona, esto está más allá de  toda disputa; y también, de una persona divina, como procederé a ahora a mostrarlo. La palabra de  Dios declara Su parte en la creación,  Su omnisciencia, omnipotencia, soberanía, e igualdad con el Padre y el Hijo.

 

(1)Su parte en la creación. Él tuvo una parte con el Padre y el Hijo en todo lo que fue hecho; de otra manera ¡cuál sería la fuerza del pasaje! "por Su Espíritu adornó los cielos" (Job 26:13). En cuanto a la creación inferior leemos, "Tú envías tu Espíritu, y ellos son creados" (Sal. 104:30). Y yendo más atrás en el registro, la primera mención de la actividad divina en los seis días de la creación es, "el Espíritu se movía sobre la faz de las aguas" (Gén. 1:2) ¡Qué puede ser más claro!.

 

(2)Su omnisciencia. Leemos que "Él escudriña todas las cosas, aun, las profundas cosas de Dios" (1 Cor.2:10). Nosotros no podemos hacer esto. El apóstol nos muestra que nunca habríamos podido conocer las profundidades de Dios si el Espíritu Santo no hubiese descendido del cielo para ser nuestro Instructor.

 

(3)Su Omnipresencia. David dijo, "¿dónde huiré de tu Espíritu?" o ¿dónde huiré de Tu presencia?"(Sal.119:7). Él sentía que dondequiera que fuese, arriba o abajo, ya sea en la oscuridad o la luz, el Espíritu de Dios conocía todos sus movimientos, y discernía los pensamientos e intentos del corazón. Y en el periodo presente de gracia, ¡actúa y mora el Espíritu en todos los santos de Dios sobre todo el mundo!.

 

(4)Su soberanía.1 Cor. 12 habla de Sus manifestaciones en los santos para su beneficio mutuo y la gloria de Dios, y allí leemos, "repartiendo a cada uno como Él quiso." Esta es una clara afirmación de Su acción soberana, y ellos son perdedores quienes fallan en comprender y actuar sobre esto con fe.

 

(5)Su igualdad. Aunque una persona distinta, en ningún sentido es el Espíritu Santo inferior al Padre y al Hijo. Todos son iguales y co-eternos. Al concluir su segunda epístola a los Corintios el apóstol enlaza el Espíritu Santo y al Señor Jesucristo, en su saludo. Y cuando el Señor partía de este mundo, y daba instrucciones a Sus discípulos, les mandó que fuesen a todas las naciones, "bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mt. 28:19).

 

 

¡Estos eslabones  han sido divinamente formados! ¡Quién se  aventuraría a unir al Padre e Hijo a uno que no era divino! La fe puede por tanto descansar segura de que el Espíritu Santo, del cual hemos estado hablando es una persona, y propia y esencialmente divina.