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EL UNGIMIENTO, SELLO Y ARRAS

 

 

En 2 Cor. 1:21,22, el Espíritu de  Dios es puesto ante nosotros bajo sorprendentes  figuras. "21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, 22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones"  El apóstol  está mostrando el establecido lugar de  bendición en el cual Dios ha introducido a  cada creyente  en Jesús. No estamos más en Adán, expuestos a la muerte y condenación, sino en Cristo, y en Él encontramos cada propósito de bendición cumplido. Tan abundante es la gracia de nuestro Dios, que sobre todo esto, Él nos ha dado el Espíritu Santo como unción, sello, y arras. Él mora en nosotros.

 

(1)La unción. El Señor Jesús recibió el Espíritu en esta forma cuando andaba como hombre sobre la tierra, como leemos, "Tú santo siervo Jesús, a quien Tú has ungido" "Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder" (Hech. 4:27; 10:38). Esta fue una expresión de divina delicia y complacencia en Él personalmente. El Padre lo vio perfecto en dependencia y obediencia; el Espíritu fue enviado sobre Él como señal de Su plena aprobación y completa satisfacción. Él era la verdadera ofrenda vegetal "ungida con aceite" (Lv. 11:4).Los creyentes son ungidos con el Espíritu Santo sobre un principio completamente diferente. Esto no se debe a lo que Dios ve en nosotros, sino debido a lo que Sus ojos ven, y lo que Su corazón ha encontrado, en el resucitado y exaltado Cristo. Un gran resultado del ungimiento es, que tenemos comunión con el pensamiento de Dios. El Espíritu Santo nos introduce en el círculo de los pensamientos de Dios, como revelados en Su palabra. No es suficiente que nazcamos de nuevo, el Espíritu debe ser poseído antes de que algún avance pueda hacerse en las cosas de Dios. Entonces el amado apóstol advierte a los bebés contra los muchos anticristos que estaban en el mundo, y los refiere a dos salva guardas. (1) La enseñanza apostólica: "permanezca en vosotros lo que habéis escuchado desde el principio" (1 Jn.2:24); (2) el ungimiento: "la unción que habéis recibido de él permanece en vosotros," etc. (1 Jn. 2:27). Las almas que se avalan de este modo y permanecen en el círculo de la instrucción del Espíritu, son preservadas de todos los esfuerzos del enemigo. Nuestros corazones están entonces en el goce de lo que imparte el Espíritu; y de esta manera están en posición de rechazar las imitaciones del diablo. Quizás pueda no existir la habilidad para exponer el error que es presentado, pero se sabe que aquella no es la verdad, y eso es suficiente para el alma simple (compare Jn.10:5.) Al considerar el ungimiento, se nos recuerda de nuestro lugar real y sacerdotal. Reyes y sacerdotes eran iniciados en su oficio en esta forma. Ambas dignidades son nuestras a través de la gracia divina. Los creyentes son un "sacerdocio santo" ahora, con titulo para acercarse a Dios a través del velo roto; y en el día que se acerca reinarán con Cristo, cuando todas las cosas sean entregadas en Su mano por Dios. Sufrimiento es nuestra señalada porción mientras tanto.

 

(2)El sello. "Quien nos selló." El Señor Jesús podía decir de Si mismo, "a quien el Padre selló" (Jn. 6:27). Lo mismo es verdadero de todos los que creen través de Su muerte y resurrección. El sellamiento sigue a la fe. Esto es completamente claro en Efes.1:13 "y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa," (Efes.1:13). De esta manera notamos dos operaciones distintas del Espíritu de Dios: primero Él obra en nosotros para producir fe en Dios y en Su Hijo. Después Él es dado como sello de Dios. Los creyentes de este modo son marcados como perteneciendo a Dios. Nuestra conexión con el mundo ha sido rota, las cadenas que una vez Satanás tenía sobre nosotros han sido cortadas, y ahora somos posesión de Dios (1 Ped. 2:9). ¿Responden nuestros corazones lealmente a todo esto? ¿Somos en cuerpo, alma, y espíritu, para Él, y Su servicio y gloria? ¡Lamentablemente! no es así. ¡Cuántas obras propias! ¡Cuán fuertemente el mundo está apegado a no pocos de aquellos que realmente pertenecen al Señor Jesús! Que cada uno de nosotros pueda reconocer más completamente Su demandas sobre nosotros, y podamos entregarnos completamente a Él.

 

Qué inmenso confort es que Su sello divino nunca será quitado de alguno, aun del creyente más débil. Muchos son defectuosos en cuanto a este punto. Muchos temen que el Espíritu Santo realmente les puede ser quitado, debido a su defectuoso andar. Pero no es  así. Dios  me dio Su Espíritu Santo sabiendo lo que yo sería, y lo ha dado no debido a lo que vio en mí, sino a causa de lo que ha visto en Cristo. Pero un andar cuidadoso en santidad es sin embargo nuestro deber. "no entristezcáis al Espíritu Santo, con el cual habéis sido sellados para el día de la redención" (Efes.4:30).

 

(3) Las arras "las arras del Espíritu en nuestros corazones." Esto es en vista de la herencia futura. Dios se propone dar cada cosa en el cielo y en la tierra a Su amado Hijo. El usurpador puede por el momento poseer parte de Sus dominios, pero el poder divino en breve lo despojará de esto y lo entregará al Señor Jesús. Él compartirá esta herencia universal con nosotros, porque este es el propósito de Su corazón. Pero esta no puede dársenos por ahora. Hay propósitos que todavía deben ser cumplidos, y enemigos que ser subyugados. El Espíritu de Dios mora por tanto dentro de nosotros como arras (o promesa) de todo lo que ha de venir. Él es las arras de nuestra herencia, hasta la redención de la posesión adquirida (Efes.1:14; 2 Cor.5.5). De esta manera esperamos en confianza para que Dios cumpla Su palabra. Como sello, el Espíritu es la señal de la demanda de Dios sobre mí, como arras, Él es la señal de la demanda que la gracia divina me ha dado sobre Dios.

 

 

Él no es las arras del amor divino, tampoco de las relaciones. Conocemos y gozamos de ambas cosas ahora. Ya estamos en un círculo de infinito e inmutable amor, porque todas las  afecciones del corazón del Padre descansan sobre nosotros en Cristo Jesús; y ya somos hijos de Dios. Pero la herencia  no es nuestra  todavía, porque ésta todavía no ha llegado a las manos de Cristo_ de allí las arras del Espíritu. Él espera a la diestra del Padre, nosotros esperamos en esta escena por la misma hora señalada. El Espíritu Santo es el bendito eslabón presente.