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RECIBID EL ESPIRITU SANTO

 

 

 

El Señor está ahora resucitado. Su poderosa obra  estaba cumplida. Él ahora estaba vivo de entre los muertos para no morir nunca más. Él había puesto Su vida para la gloria de  Dios y para nuestra redención y la había vuelto a tomar en resurrección. Dios le había mostrado el camino de vida, y pronto debía ir a Su presencia, donde hay plenitud de gozo, a Su diestra, donde hay placeres para siempre.

 

Pero primero, el Señor se muestra a los Suyos. María Magdalena tiene el gozo de  escuchar Su bendita voz una vez  más, haciéndole secar todas  sus lágrimas, y cambiar sus lamentaciones  en goce  divino (Jn.16:20-22)

 

Este era el primer  día de la semana. El sábado (un importante día para los judíos) Él había estado en el sepulcro. Ahora Él sale para inaugurar un nuevo orden de cosas sobre el fundamento de Su precioso y perfecto sacrificio. El antiguo orden estaba ahora judicialmente terminado; Dios no lo reconocía más. El judaísmo era una casa vacía. El Señor encuentra a los Suyos reunidos (Jn.20:19-23).Ellos  temían a los judíos, y de este modo estaban congregados en secreto. Todo esto contrasta con su osadía en presencia  del enemigo después del descenso del Espíritu Santo. Pero el Espíritu aun no había venido, entonces solo observamos debilidad y timidez de la pobre  naturaleza humana. Las puertas estaban cerradas. El Señor vino y "se puso en medio de ellos, y les dijo, paz a vosotros." ¡Preciosas palabras de labios del  resucitado Jesús! ¡Gloriosa prueba que toda la obra estaba hecha! "Él vino y predicó paz."  Él había bebido la copa de ira por ellos (y por todos nosotros) aunque ellos comprendían poco esto en ese tiempo. Él había estado en la brecha y enfrentado y sufrido en  Su santa persona todo lo que era debido de un Dios justo contra el pecado. Todo habiendo pasado, cada cuestión habiendo sido justamente arreglada, Él es capaz de hablar "paz" a los Suyos.

 

Y no solo eso, sino que Él les mostró Sus manos y costado herido. Los memoriales del Calvario no se habían borrado, tampoco lo serán jamás.  Sus discípulos con adoración podían ver con sus propios ojos  algo de  aquello por lo que había pasado el bendito Señor en profundo amor por sus almas. Su encarnación no era suficiente para hacer la paz, la muerte debía ser soportada, Su sangre debía ser derramada. Él había hecho la paz  por la  sangre de Su cruz (Col.1:20)

 

"Entonces Jesús les dijo otra vez, paz a vosotros, como mi Padre me envió, así yo os envió." Esta no es una innecesaria repetición, Él les estaba dando una comisión ahora.  Su Padre lo había enviado al mundo por Su gloria, y para dar testimonio de la  verdad. Su obra estaba hecha, y Él estaba a punto de  reasumir Su lugar a la diestra del Padre. Pero Él nunca se deja sin testimonio, por tanto los discípulos debían tomar Su lugar en esta escena. Él marca cuidadosamente su lugar y el nuestro. Y toma del mundo, personas  celestialmente  asociadas con Cristo, enviados al mundo para dar testimonio de Él, este es nuestra tarea aquí: ¡puedan nuestros corazones realizar esto más! En conexión con la comisión, entonces, el Señor dice, "paz a vosotros." En medio de las perturbaciones y pruebas de esta escena hostil, somos privilegiados de gozar, no solo paz con Dios en cuanto a nuestros pecados, sino también la paz  de Cristo llenando nuestros corazones. (Jn.14:27; Col.3:15)

 

"Y cuando hubo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo, recibid el Espíritu Santo." ¿Qué es  esto? Claramente no todavía el don del Espíritu como una persona divina para morar con ellos: porque Él dijo a los mismos discípulos unos días  después, "seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días", "recibiréis poder; cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros." Y les dijo que no se alejasen de  Jerusalén, sino que "esperasen la promesa del Padre" (Hech.1).El Espíritu vino desde el cielo en cumplimiento de esto en el día de Pentecostés no antes. Para comprender estas palabras del Señor en Jn.20: es necesario referirse a Gén.2:7. Allí tenemos al Señor primero formando el cuerpo del hombre del polvo de la tierra, después soplando dentro de sus narices aliento de  vida. Aquí entonces, tenemos al Señor soplando sobre los Suyos su propia vida resucitada por el Espíritu Santo en Sus discípulos. Ellos  eran hombres convertidos  antes, esto está más allá de toda duda; ahora ellos comparten la gran bendición que es peculiar al Cristianismo, la vida resucitada de un victorioso Hijo de Dios. Debe comprenderse claramente que todos los salvados desde el mismo comienzo del tiempo han tenido vida divina en sus almas comunicadas a ellos por medio del Espíritu Santo, pero no podía decirse de los santos antes de la cruz que ellos eran participantes de esto con un Cristo resucitado. Esta es "vida más abundante," como dice el Señor en Jn.10:10.La posesión de esto nos pone en Él más allá de la muerte y del juicio. Esta es una vida que Satanás no puede tocar, que no podemos perder. Esta es celestial en su carácter, y eterna en su naturaleza. El cielo es su propia y conveniente esfera.

 

La diferencia entre el Espíritu como vida y Su morada personal puede verse en Rom.8:1-11. Allí lo tenemos presentado como caracterizando nuestra vida y relaciones con Dios, inculcándose a Si mismo en todos nuestros pensamientos y sentimientos; en los vv. 12-27 Él es referido como una persona distinta  morando  dentro de nosotros, dando testimonio con nuestro espíritu que somos hijos de Dios, gimiendo dentro de nosotros, y guiándonos en oración conforme a Dios.

 

Las palabras del Señor en Jn.20:23 debiesen ser cuidadosamente pesadas. "a quien le remitieseis los pecados le serán remitidos;  y a quienes les retuviereis los pecados, le serán retenidos." Esto se supone por algunos que significa absolución sacerdotal. ¡No necesito decir que no hay tal cosa en el Cristianismo!  Una clase sacerdotal ahora es una negación de la obra de Cristo. Todos los creyentes son igualmente sacerdotes para Dios (1 Ped. 2:5; Apoc. 1:6). Las palabras del Señor se refieren a la recepción y disciplina en la asamblea, y debiese ser comparado con Mt. 16:18,19; 18:18,20.

 

 

Cuando los santos congregados reciben una persona, ya sea fuera del mundo, o para restauración después de la exclusión, ellos "remiten" sus pecados; y cuando uno es puesto fuera, como el malo en Corinto, ellos "retienen" sus pecados. Pero esto es administrativo para la tierra y debe ser  distinguido del perdón eterno del alma.