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JOSÉ EN PRISION

Génesis 40.

 

            Tenemos ahora a José en manos de los Gentiles. Los Ismaelitas, después de comprarlo de sus hermanos, lo llevaron a Egipto, donde él fue vendido a Potifar, capitán de la guardia. Después, por muchos años, no escuchamos nada de los hermanos de José, excepto lo que tenemos en el cap.38, concerniente a Judá. Ellos tipifican, como hemos visto, a la nación Judía, quienes, desde el rechazo de Cristo, han sido “Lo-ammi” (no mi pueblo), escrito sobre ellos. Ellos son como lo que se llama una línea férrea, una “muerta línea férrea”, removida, por el tiempo, del programa diario.

            En Judá, por supuesto, como se registra en el cap.38, tenemos la actual condición moral de los judíos. Y como él fue el responsable y líder en la traición contra José, él viene a ser el representante de todos ellos. De manera que lo encontramos alejándose de la familia y mezclándose con los gentiles, justo como Israel en el día actual. Él se casa con una mujer llamada Shua, que significa “riquezas”, la cual le da tres hijos, cuyos nombres son sorprendentemente significativos: Er “enemistad”; Onan, “iniquidad”; y Sela, “un brote”.

            Shua, riquezas, es lo que vemos por todo lugar entre los judíos. Ellos parecen destacarse generalmente por la exitosa acumulación de bienes, y pueden hacer dinero donde un Gentil moriría de hambre; o rápidamente llegaría a la bancarrota. Es quizás verdadero lo que se dice, que los judíos gobiernan el tesoro de Europa, y ningún poder de ese continente puede emprender una guerra sin obtener el dinero necesario de los banqueros judíos.

            Er, significa enemistad, y la antigua enemistad de esa raza contra Cristo parece estar tan viva hoy como en el día cuando ellos con odio clamaron “¡crucifícalo, crucifícalo!”. La mención del nombre de Jesús de Nazaret para muchos de ellos es suficiente para hacer brillar sus ojos a causa de ello.

            Onan, significa iniquidad, y la deshonestidad de los comerciantes judíos es proverbial. Ellos parecen, en sus negocios, haber sido entregado a la mentira y el engaño; aunque, es extraño decirlo, sus tiendas, en su vida privada, ellos parecen moralmente más justos que los Gentiles ordinarios.

            Sela, es el último hijo nacido, y su nombre significa “un brote”. El exiliado pueblo aún conocerá de una restauración nacional. Israel es la higuera que brota. Su largo, y oscuro invierno pronto pasará, y su tiempo de primavera vendrá (ver Mt. 24:32-35; Cantares 2:11-13). Y el inspirado cronista es cuidadoso para decirnos el lugar donde nació Sela. “Y estaba en Quezib cuando lo dio a luz” (38:5). Quezib significa “falso”. Y el brote de esa nación se realizará en un tiempo cuando falsos profetas y Cristos abundarán, la culminación de lo que será el falso Cristo, el Anticristo. Y la nación tendrá a la falsedad impuesta sobre ellos tal como nunca ha sucedido.

            Esta ha sido y será la historia de los judíos desde el rechazo de Cristo, el Mesías. Ellos lo traicionaron y entregaron en manos Gentiles, y en el capítulo que tenemos ahora ante nosotros, tenemos los sufrimientos de Cristo bajo el poder de los Gentiles. José en el pozo y José en prisión nos presenta dos lados del cuadro. Arrojado al pozo, José tipifica los sufrimientos de Cristo en manos de los Judíos; en prisión, nos muestra a Cristo siendo objeto de la burla y crucificado entre los gentiles. Ambas son partes necesarias para completar el cuadro; porque vemos, por Hech. 4:27, que judíos y gentiles tienen su parte en este rechazo y en la muerte de Cristo, el santo Siervo de Dios.

 

            El pozo en el cual José fue arrojado por sus hermanos estaba vacío; “no había agua en él”, es lo que leemos. Pero ¡oh!, terrible ha sido el pozo en el cual Cristo ha descendido, este no estaba seco. Al contrario, estaba lleno, con oscuridad, y con las frías aguas de la muerte. “Todas tus ondas y olas han pasado sobre mí”, ha clamado Él desde las profundidades de ese diluvio. Es por el pecado que Él sufrió de esta forma, por tus y mis pecados. Pero la fe puede decir, “el murió por mí”. Es entonces, y solo entonces, que la poderosa verdad de todo esto impacta el corazón. Usted debe recordar que los hermanos de José lo despojaron de su túnica de muchos colores antes de arrojarlo al pozo. La túnica de colores, lo hemos ya visto, era una señal de renombre, o de una dignidad superior. Y Jesús no solo murió; sino que murió la “muerte de la cruz”, una muerte terrible y vergonzosa. Los Judíos podían haber muerto al Señor Jesús por apedreamiento (hablo como un hombre), o en alguna otra forma; pero esto no los habría satisfecho tanto como verle “contado con los transgresores”. “Maldito es todo aquel que es colgado en un madero”, ha dicho la Escritura. Y los perseguidores del Hijo de Dios no estuvieron contentos hasta que lo despojaron, en la medida que esto estaba en su poder, de todo lo que era sugerido por aquella túnica de muchos colores que nos hablaba de dignidad, de Su poder y excelencia moral, de Su honor, de todo, “cada señal y deshonor fue amontonada sobre Su cabeza coronada de espinas”, cantamos a menudo. Si, ellos lo despojaron; pero como un cordero mudo fue trasquilado, no abrió Su boca. Él se sometió humildemente a la burla y la humillación, por lo cual Dios “lo exaltó y le dio un nombre que es sobre todo nombre”. ¡Aleluya! Antes de entrar al capítulo, deseo decir unas palabras respecto a la tentación de José en la casa de Potifar. No estoy seguro de si esto tiene algún alcance típico, aunque ciertamente esto está en marcado contraste con lo que tenemos justamente ante nosotros en el capítulo. Parecería que hay como una forma de conexión entre la miserable conducta de Judá en el cap.35, y la casta conducta de José en el cap.39. Ambos capítulos son una útil lectura. Aunque deba tener algún cuidado de leer en público. Pero esta no es razón para no examinar tales porciones. Las materias pueden ser discutidas en privado, como por ejemplo, los asuntos más privados de la familia, o temas relacionados a ciertos departamentos de la ciencia médica. Una cosa no es necesariamente mala porque no puede discutirse en público o mencionada en una conversación pública. Así es con ciertas porciones de la palabra de Dios. “Toda palabra de Dios es pura”, leemos, aunque no sea sabio en esta edad o tierra leer esto ante una audiencia promiscua. Digo, “en esta edad o tierra”. Tengo una nota al margen en mi Biblia justo en estos capítulos 38 y 39 de Génesis, mostrando porque de este modo califico mi declaración. Usted me perdonará si la leo. Esta es tomada del libro de Neil, “Palestina Explorada”, él dice, “Ellos (los orientales) todavía, como en tiempos antiguos, usan la más grande sencillez al hablar en toda la tierra santa. Al principio, un sentido occidental de delicadeza escandaliza grandemente. Cosas, cuya sola mención la decencia prohíbe entre nosotros, son allí habladas libremente ante hombres y niños por personas de la más alta clase, y respetabilidad y refinamiento... Viendo que la Biblia es un libro oriental, escrita allí, al principio estaba dirigida solo a estos orientales, esta no podría ser genuina si estas mismas materias que han dado lugar a muchas dudas y blasfemas hayan estado ausente en sus páginas”. Un hombre vino a una librería, y pidió una Biblia, “sin las cosas sucias”. Pobre hombre, un día conocerá que las “cosas sucias” están en su mente y corazón, no en la pura y santa palabra de Dios. “Para el puro”, escribe Pablo, “todas las cosas son puras; pero para el inmundo e incrédulo no hay nada puro; porque aún su mente y conciencia están contaminadas” (Tit.1:5). Cuan paciente es Dios, para soportar todos estos “duros dichos que pecadores impíos han hablado contra Él” y contra Su palabra, que Él dice que ha magnificado sobre (o conforme a) todo Su nombre. Arrepiéntanse caviladores, antes que tengan que descubrir demasiado tarde la inmundicia e inmoralidad estando en su propio y depravado corazón, y no en la santa palabra de Dios. Santos hombres de Dios son los que han hablado, y siendo movidos e inspirados por el Espíritu Santo. “¿Con qué limpiará el joven su camino?” preguntó uno tiempo atrás, que conocía por experiencia personal lo terrible que es la contaminación moral. Escuche su respuesta: “por guardar tu palabra”.

            Pero la Biblia tiene cuidado, y no necesita vindicación de nadie. Pero yo solo hablo de estas cosas para que usted pueda ser salvo de juzgar lo que Dios ha decretado que ha de juzgarlo a usted y a todos los hombres en el futuro.

            Ahora, volvamos a nuestro capitulo. José, porque resistió permanentemente la tentación, fue falsamente acusado por su tentadora, y arrojado en prisión. Es justamente como el mundo; ellos hacen todo lo que está en su poder para apartar al cristiano de su fidelidad a Cristo; y si él resiste, y permanece firme, ellos comenzaran a perseguirlo y a calumniarlo. Pedro habla de esto. Escribiendo de los pecados de los no salvados, él dice: “A ellos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en sus disoluciones, hablando mal de vosotros” (1 Ped. 4:4). A veces he pensado que en la resistencia de José a la tentación, y su posterior acusación y sufrimiento, podemos ver una débil sombra de la tentación de nuestro Señor, y el resultado de esto. Usted sabe que ellos habrían querido hacerlo Rey en una oportunidad, y buscado en una u otra forma halagarlo y alejarlo del camino del deber y de la obediencia a Su Padre. Después de Su primera tentación por el mismo diablo, leemos que Satanás “lo dejó por un tiempo”. En lo que nosotros sabemos, él nunca intentó atacar a nuestro Señor en esa forma directa otra vez. Pero estamos seguros que él debe haber retornado a tentarlo una y otra vez (ya que lo había dejado solo por un tiempo), y esto debe haber sido por medio de la instrumentalidad de los hombres. La oferta de la corona de Israel sin la cruz, y el deseo de la multitud de que Él consintiera en una causa común con ellos, era, no dudo, de Satanás. Pero, como José, Él rechazó tales lisonjas, y como resultado, aquellos que lo halagaban y profesaban admirarlo vinieron a ser sus acusadores, y Él ha debido sufrir por Su fidelidad.

            De manera que en José en prisión vemos a Cristo sufriendo. Y vemos a otros dos sufriendo con él_ a dos oficiales de faraón, su copero y el panadero. Pero ellos no sufrían igual que José; él sufría inocentemente, pero ellos, con toda probabilidad, estaban recibiendo lo que sus hechos merecían, como los dos ladrones crucificados junto al Señor Jesús. José vino a ser el administrador de la prisión, y el veredicto de la conciencia de sus co-prisioneros debe haber sido “Este hombre ningún mal ha hecho”. El marido de la degradada mujer realmente no debe haber creído la historia de su esposa. Pero echó a José a la cárcel solamente para salvar las apariencias. Si él realmente creyó su historia, es inconcebible que no haya puesto inmediatamente a este hebreo a la muerte. El conocía el carácter de José muy bien. Esta es la única forma en la cual pueden ser explicadas sus benignas palabras hacia José. Y esto es justamente por lo que Pilato fue lento para dar su consentimiento para que “el Señor de gloria” fuese crucificado. El conocía el carácter muy bien de los que lo acusaban; y no creía que Él era realmente culpable de muerte. Y solo como una materia de política (¡ay! Por él) él finalmente pronunció la sentencia sobre el Santo.

            Aquí deseo notar un contraste en la conducta de las dos mujeres en conexión con los sufrimientos del inocente tipo y anti-tipo de los cuales hemos estado hablando. Ambas eran esposas de altos oficiales de los dos más poderosos imperios que el mundo haya conocido, Egipto y Roma. La tendencia del registro de la vergonzosa maldad de la esposa de Potifar es dejar todo en oscuridad, bajo una nube; el episodio de la esposa de Pilato la rescata de tal lugar plenamente. Leemos, “Cuando él (Pilato) estaba sentado en el trono de juicio, su esposa vino a él, diciendo, no tengas nada que ver con la muerte de este justo; porque he sufrido mucho en este día en un sueño a causa de Él” (Mt.27:19).No sabemos si esta mujer fue una judía piadosa, o una gentil, pero había una chispa de fe que no se había apagado en su pecho, debido a nuestro siempre misericordioso Dios. Ella trató de persuadir a su marido para que no crucificase a Cristo, sin la autorización de él, Cristo no podía haber sido legalmente puesto a muerte. (Ver Jn.18:31). La esposa del gobernador Romano aboga por el Justo, la esposa del egipcio lo persigue. Los historiadores hebreos nos dan un registro de este contraste, y un poeta (uno de los nuestros) ha escrito en el espíritu de esto:

 

“Primeras en la transgresión

Primeras en la tumba del Salvador”

 

             Consideremos los sueños del copero y del panadero en prisión. Ambos tienen en una noche un sueño, y cuando José viene a ellos por la mañana, ve sus rostros tristes. Ellos estaban tristes porque no comprendían sus sueños. Ellos habían sentido en alguna forma u otra que había una conexión entre sus sueños y su destino, y porque no sabían cuál sería ese destino, ellos estaban “tristes”. Y algunos de ustedes estarán ahora mismos tristes por la misma razón, no conocer cuál será su destino. Usted no es salvo, por tanto no sabe dónde pasará la eternidad, y mientras esto no sea resuelto permanecerá triste. ¿No es tal vez el infierno su porción eterna? Y recuerde, debe ser el cielo o el infierno. Antiguos predicadores usaban ilustrar el cielo y el infierno como un reloj detenido. La eternidad del creyente, ellos decían, era como un reloj que se había detenido al mediodía, en un interminable día y brillantez; el reloj de aquel que rechaza a Cristo es como un reloj que se ha detenido a la medianoche, en la negrura y oscuridad eterna. ¿Dónde estará usted, amigo pecador?

            Pero usted dirá, “¿quién, sino solo Dios, sabe dónde iremos cada uno de nosotros?” Dios lo sabe, debe estar seguro. José dice al copero y al panadero, “¿no pertenecen las interpretaciones a Dios?” Y cualquiera de nosotros puede saber que nos han sido reveladas por Dios. Y Él nos ha revelado que algunos hombres saben dónde ellos pasaran la eternidad. Su Palabra, la Biblia, nos da una perfecta delineación de nuestro destino. Usted puede conocer el suyo si escucha atentamente cómo el panadero y el copero escucharon acerca de su destino.

            Cuando los oficiales de Faraón confesaron a José la causa de su tristeza, él los estimuló a repetir sus sueños. Esto ellos lo hicieron. El copero contó a José cómo en su sueño él veía una vid con tres sarmientos; y ella como que brotaba, y arrojaba su flor viniendo a madurar sus racimos de uvas. La copa de Faraón estaba en su mano. José interpretó el sueño, y dio promesas de libertad.

            Entonces el panadero, cuando vio que la interpretación del copero era buena, se atrevió a contar su sueño. Él dice, “También yo soñé que veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza. En el canastillo más alto había de toda clase de manjares de pastelería para Faraón; y las aves las comían del canastillo de sobre mi cabeza” (v.16, 17) Y José le dijo claramente que su destino era la muerte. Ahora ¿qué significa todo esto? Porque algo debe significar, y debe haber algún significado simbólico ligado a estos sueños, y sus interpretaciones. Si no, estos no tienen mayor servicio para nosotros que ser relatos sin mayor valor. Hago esta afirmación como un desafío a los literalistas que niegan que haya algo simbólico o figurado en la Escritura en esta narración y descripción, y llaman a este método de ministerio, algo fantasioso. Si estamos equivocados, dígannos ellos ¿por qué tales historias ocupan tan amplio lugar en las Escrituras, o que beneficio obtienen para sí mismos y para otros del estudio de tales registros?

            Pero aquí tenemos el evangelio ilustrado en estos sueños. El copero ve que en su sueño que habla de sangre (el jugo de la vid). Y él fue libertado. El panadero, por otra parte, sueña con aquello que nos recuerda la justicia humana, panes blancos. El vio solo aquello en lo cual él debía trabajar para producir, pastelería y manjares. Y él fue muerto. El copero ve algo preparado en su mano, las uvas; y él las toma y las presenta a Faraón como la sangre de la vid. Las aves de los cielos devoraban la ofrenda del panadero. Aquí tenemos “solo dos religiones” simbolizadas que hacen todo depender de la sangre del Señor Jesús, y aquella que la ignora y confía más bien en la justicia humana.

            Cada una de estas ha tenido su origen al comienzo de la historia humana. Abel trajo a Dios un sacrificio con sangre, y fue aceptado. Caín trajo de los frutos de la tierra, y fue, juntamente con su ofrenda, rechazado. Su presente, sin duda, parecía hermoso a los ojos del hombre, adornado, probablemente, con bellas flores, deliciosos frutos, y vegetales. Él debe haber trabajado pacientemente para obtenerlos; pero esto no agradó a Dios, no le fue aceptable. La sangre estaba faltando. En toda su ofrenda no había una gota de sangre. Abel trajo lo mejor del rebaño. Vea esto, todo empapado de rojo. Esta no es una visión que pueda atraer la admiración, naturalmente ver sangre hace que muchas personas enfermen. Muchos tienen aversión a ella. ¡Oh!, cómo hablan estas ilustraciones. Permítanme aplicar estos tipos. Tome algunos caracteres que conocemos: ¿qué frutos y flores son cultivados en su vida? Algunos conocen la fama como pintores, poetas, filósofos, y aún filántropos. Otros, ¡ay!, como predicadores. Ellos ignoran, rechazan y aún menosprecian, la doctrina de las Escrituras acerca de la sangre expiatoria. “La religión natural”_ justo la que conocen los paganos, en ella está su confianza. Su credo no es sino un sistema de ética tomado prestado ampliamente de la Biblia, cuya enseñanza central, ellos niegan. “no voy a hacer del púlpito una casa de matanza”, dijo un popular maestro, cuando se le reprochó por dejar fuera de sus predicaciones la sangre de Cristo. Algunos despreciativamente hablan de la doctrina de la salvación por sangre como “la teoría de la masacre de la expiación”, “¡Ay! de ellos porque han seguido el camino de Caín”, dice Dios. Ellos presumen acercarse a Dios sobre el fundamento de lo que ellos son en sí mismos y de lo que han hecho, y desprecian el confiar en la obra y los méritos de otro, de Jesucristo y Su obra expiatoria. Ellos niegan, o ignoran con un despreciativo silencio la enseñanza de la Biblia en cuanto a la caída del hombre, la depravación humana no tiene lugar en sus creencias. Ellos hablan mucho acerca de la paternidad universal de Dios y de la hermandad humana. Sus himnos están siendo enseñados y cantados ampliamente en nuestras escuelas públicas. Este es un lamentable sentimiento, al cual Dios frunce Su ceño. Ellos pueden llamarle “el Padre es todo”; pero Él no aceptará tal cosa. Él ha determinado y establecido “que todos los hombres honren al Hijo como honran al Padre”, pero estos infieles Unitarios rehúsan hacer esto. “el Padre es todo”. Porque, el Dios Todopoderoso del público y declarado pecador es cien veces menos blasfemo que este eslogan Cainita, porque no sé de qué otra forma llamar esto. Todos los hombres somos “por naturaleza hijos de ira”, dice la Escritura; y nadie es hijo de Dios sino “por fe en Jesucristo” (Efes. 2:3; Gál. 3:26).

            El carácter de Caín no tiene nada que hacer con su rechazo de Dios. Abel y él eran ambos nacidos de padres caídos, fuera del huerto de Edén. Dios hizo diferencia entre los hermanos a causa de la diferencia en las ofrendas; y las ofrendas eran la expresión de la doctrina de sus corazones. Heb.11:4 hace claro esto más allá de toda posibilidad de contradicción. Allí leemos: “Por fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más excelente que Caín, por lo cual obtuvo testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus dones: y estando muerto aún habla”. Permítame hablarle a usted, mi amigo, y aprenda de este ejemplo que nadie puede acercarse a Dios sino por medio de la preciosa sangre de Jesucristo. ¿Por qué, la sangre está por todos lados en la Escritura? ¿Por qué Noé tomó siete parejas de animales limpios del arca para ofrecerlos en sacrificio, después del diluvio? ¿Sin esperar hasta que otros nacieran y crecieran? Un carnero fue muerto sobre el altar sustituyendo a Isaac sobre el monte Moriah. La sangre del cordero protegía al primogénito de Israel en Egipto en la noche pascual. El libro de Levítico está lleno de sangre. Y es en este libro que tenemos la forma en la cual el hombre puede acercarse a Dios minuciosamente detallada. Y así, a través de toda la Biblia. El cordón de grana corre a través del mismo corazón del libro de Génesis a Apocalipsis. Porque aún en el último de los 66 libros de la inspirada colección la sangre es repetidamente mencionada. Dios no quiere que olvidemos la sangre. Todos los hombres tienen necesidad de ella. “tus labios son como un hilo de grana”. E inmediatamente añade, “y tu hablar hermoso” (Cantares 4). Si, Dios tiene a Sus siervos constantemente testificando del valor de la sangre. Tal hablar es hermoso a Sus oídos. El desea que proclame esto ante sus oídos en estos mismos momentos, “Sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados” “es la sangre la que hace expiación por el alma”. Y sabemos que este es el único remedio para el pecado. Un hermano dice cómo, cuando viajaba por India, fue llevado en contacto con una Brahmin. Después de alguna discusión concerniente al Cristianismo y la religión de la India, el Brahmin ofreció unas pocas páginas de su sagrado libro, los Vedas, para que lo leyese. El las leyó, y se sorprendió en la exaltada y hermosa poesía que este libro contenía. Cuando devolvió lo prestado, se le pidió la opinión de lo que había leído. El confesó sinceramente que estaba sorprendido de encontrar que tal libro tuviera tal fina poesía y sentimiento. “Pero”, dijo él, “hay algo que todos sus libros sagrados y religiones no tienen, y que solo el Cristianismo contiene”. “¿Qué es esto?”, preguntó el Brahmin. “Estos no contienen el remedio para el pecado”, fue la respuesta. Si, esta es la misma falta de la cultura, del racionalismo, y del ritualismo, entre otros, ellos no proveen ningún remedio para el pecado. Y la cuestión del pecado es la más candente para una raza culpable. Y nada puede solucionar esto sino la sangre “Y la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado”. Del mismo modo el copero en su sueño ve que aquello que responde a la sangre está en su mano y obtiene su libertad y restauración al favor de Faraón.

            Echemos una mirada al panadero ahora. El veía en su sueño, como ya hemos dicho, aquello que nos habla de la justicia humana propia, panes blancos preparados por sus propias manos. Y ¡oh! ¡Allí hay buenas cosas, como ellos suponen, los pecadores que a sus propios ojos hacen de todo para obtener la aceptación de Dios! Ellos piensan en que algo debe hacerse. Cualquier cosa, menos la obra de Cristo en la cruz. Y esto no está limitado a Roma o al paganismo, como usted puede suponer, sino que tal actitud es común a todas las comunidades, aún donde la Biblia es leída y predicada. Esto es algo universal. Pero la palabra de salvación de Dios es, “No por obras para que nadie se gloríe” “por gracia sois salvos, por medio de la fe” “por tanto es de fe, para que pueda ser por gracia “Y si por gracia, no es por obras; de otra manera la gracia no es gracia”. Todas estas citaciones son de la Palabra de Dios, y podría multiplicar tales citas. Dios ha hablado plena y claramente sobre este tema, y si los hombres al final pierden el cielo por confiar en sí mismos, al pensar que son justos (como los Fariseos), será porque ellos han cerrado sus oídos a la verdad, para poder escuchar solo las mentiras de su propio corazón. ¿Cuál es, después de todo, la bondad de la criatura? Dios nos no ha dicho; escuche Su veredicto: “Todas vuestras justicias son como trapo de inmundicia”. Esto se encuentra en Isa. 64:6. Él llama a lo mejor del hombre nada más que “trapos de inmundicia”; no solamente trapos, que a veces pueden ser excusados, sino trapos de inmundicia, todos manchados por el pecado. Piense en un hombre tratando de entrar en el palacio de Buckingham vestido mundanamente. Pero es diez mil veces más fútil esperar ser admitido en el palacio del “Gran Rey”. Esto sería considerado como un insulto al rey de Inglaterra intentar acercarse al trono con tales ropas. Aun así los hombres piensan vanamente que pueden presentarse ante Dios como ellos no se atreverían a presentarse ante un potentado terrenal. ¡Ay de ellos a causa de sus bajos pensamientos de la santidad de Dios, y por sus exaltadas ideas acerca de si mismos! “¡ay de mí, porque soy muerto!” clamó el profeta Isaías, cuando en visión vio al Señor sobre Su trono, y escuchó al serafín clamando, “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos”. Job fue el mejor hombre sobre la tierra en su día; aun así, cuando se encontró a sí mismo en la presencia de la Divina majestad, él exclamó, “He aquí, soy vil, y me aborrezco a mí mismo”. ¡Ah fariseo, usted se jacta de su justicia propia, de sus obras de caridad, de su moralidad, y de todo aquello en lo que usted confía y se gloría, todo ello no es sino, trapos de inmundicia, y solo adecuado para el fuego! ¡Arrepiéntase! Reconozca que es lo que Dios dice que usted es, un vil pecador perdido, y confíe en la virtuosa sangre del Señor Jesús que es lo único que salva y da aceptación ante Dios. Ni siquiera confíe en la tristeza de su corazón o en sus penitencias; confíe solo en la sangre de Cristo.

            “No son las lágrimas de arrepentimiento, o las oraciones las que expían el pecado del alma”. Es una idea común entre los hombres que el diamante es la más rara y más costosa de las gemas; pero este es un error. El precioso rubí tiene seis o siete veces el valor del diamante. El diamante fue conocido a los antiguos; pero la Escritura pone siempre el rubí primero. “Su precio es sobre el de los rubís” “el precio de la sabiduría está sobre el de los rubís”. Este antiguo Libro es justo en el conocimiento de las gemas, usted ve, como en todo. Y las lágrimas de un pecador arrepentido son estimadas por Dios. Hay gozo en el cielo por uno pecador que se arrepiente. Pero usted debe, por fe, ver el rubí de la sangre del Señor Jesús a través de sus lágrimas de diamante. Confíe solo en la sangre, repito, y será salvo.

             ¿Qué vino a ser del os manjares en la cesta del panadero? ¿Por qué, las aves de los cielos (en la Escritura símbolos de los malos espíritus) los devoraban? Faraón nunca probó uno solo de ellos. Y es así con el pecador que se apoya en su justicia propia. Dios no recibirá nada de sus manos. . Todo está manchado por el pecado; y cuando se confía en ello para ir al cielo, esto da satisfacción al diablo y a sus malos ángeles. Ellos encuentran placer en esto (porque dejan fuera a Cristo), pero Dios no aceptará tales ofrendas, El panadero fue colgado, y las mismas aves que devoraban sus manjares comieron su carne. José le dice, “dentro de tres días Faraón quitará la cabeza de ti, y te colgará, y las aves comerán tus carnes”. ¡Terrible destino! Y cada pecador apoyado en su justicia propia, debe asegurarse de recibir esta advertencia. “Maldito todo aquel que es colgado en un madero”, dice la Escritura. Y la maldición de Dios descansa sobre su alma esta noche, porque está escrito, “maldito es todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en la ley para hacerlas”. Y si usted muere en esta condición, será presa de los demonios que lo han ayudado por medio de sus mentiras para engañar y destruir su alma. Sabemos, usted ve, donde pasaremos la eternidad, justo como los oficiales de Faraón sabían cuáles serían sus destinos. José se los había dicho. Y el verdadero José, nuestro Señor Jesucristo, ha dicho a los hombres donde irán si mueren. Él dice, “moriréis en vuestros pecados, y adónde Yo voy, vosotros no podéis ir”. Esto es bastante claro. Y también dice, “Si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados” Esto es solemne para todos aquellos que niegan la eterna Deidad de nuestro Señor. Ellos morirán en sus pecados. Ellos pueden jactarse de sus ancestros, de su cultura, de su benevolencia, de la rectitud exterior de su vida; y aún hablar piadosamente de Aquel que ellos llaman “Jesús”, y tenerle por un ejemplo a imitar; pero ese es otro “Jesús”, y no el Cristo de Dios. Pero si ellos se niegan a creer en Él como el eterno Hijo de Dios, morirán en sus pecados, y donde Él ha ido, ellos no podrán ir. Pero a todos los que creen en Su nombre, y confían en Su sacrificio por el pecado, Él les dice, “Donde yo estoy, vosotros estaréis también conmigo”. Y Él volverá tal como lo ha dicho, debe estar seguro de ello. Y sucedió al panadero y al copero justo “como José se los había interpretado”.

             Ahora dirijo una palabra a los cristianos antes de terminar. José dice al copero, después de haberle dado buenas noticias de libertad, “Acuérdate de mí cuando te vaya bien” y ¿No nos ha dicho nuestro José concerniente a la Cena del Señor, “Haced esto en memoria de mi”? Esta fue una de sus últimas peticiones. Vergonzoso sería para nosotros, entonces, si como el copero, después de escuchar y creer en las buenas nuevas de salvación, nos olvidamos de Él. Porque leemos, “Pero el copero no se acordó de José, sino que lo olvidó” Al partir el pan vemos Su cuerpo quebrantado por nosotros, y en la copa vemos la sangre por la cual nuestras almas han sido redimidas. ¡Oh hermanos, no descuidemos en cuanto a esto! Y si alguno lo ha hecho, pueda ser movido a decir, como el ingrato copero, después de años de descuido de la petición de José, “en este día recuerdo mis faltas”. Gracias a Dios, para el creyente todo está bien en cuanto a la eternidad.