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CORDONES AZULES

O

EL SACERDOTE CON URIM Y TUMIM

 

Si nos volvemos a Nehemías 7, encontraremos que un triste efecto de los setenta años de cautividad, y de su estar en babilonia, fue este: que muchos de los hijos de Israel no pudieron encontrar su registro genealógico, “Y estos son los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Adón e Imer, los cuales no pudieron mostrar la casa de sus padres, ni su genealogía, si eran de Israel: 62 los hijos de Delaía, los hijos de Tobías y los hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos.” (vv.61, 62)

Y de los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos y los hijos de Barzilai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y se llamó del nombre de ellas. 64 Estos buscaron su registro de genealogías, y no se halló; y fueron excluidos del sacerdocio, 65 y les dijo el gobernador que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim.” (Vv.63-65)

 

¿No ha habido un efecto similar sobre la iglesia producida por los 20 siglos de cautividad y unión con el mundo? La gran mayoría se encuentra en un profundo sueño de indiferencia. Pero hay algunos que están despertando para buscar e indagar; ¡Dios quiera que ellos puedan estar seguros de que son hijos de Dios, y de que sus nombres están inscritos en los cielos! Una señorita dijo el otro día, después de la predicación, “¿Cómo puedo saber con seguridad de que soy salva? ¿Qué soy una verdadera hija de Dios?”

Justo como había muchos sacerdotes en este triste dilema, hay también ahora muchos que tienen sus almas vivificadas y que por lo mismo son hijos de Dios, y que a pesar de ello, no han podido encontrar su registro genealógico. Estas personas no pueden gozar ni tener la certeza de las cosas más santas, de su aceptación y la adoración. Ya que estas cosas, entonces, han sido escritas para nuestra enseñanza, ¿Qué podemos aprender de las palabras del gobernador, que dijo “que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim.”? No hay duda de que el sacerdote era un tipo de Cristo, y por tanto la lección que hay que aprender es esta: que jamás podríamos encontrar nuestro registro en el cielo, hasta que Él, nuestro Sacerdote, con Urim y Tumim nos lo diga. Y antes de volvernos a Éxodo, para meditar sobre Cristo tal como nos es presentado en el tipo del sumo sacerdote con Urim y Tumim, notemos cuidadosamente que el Señor Jesús es nuestro Sumo Sacerdote, habiendo primero cumplido la eterna redención para nosotros. No como él fue sobre la tierra, “porque si estuviese sobre la tierra, no sería sacerdote” “tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,” (Heb.8:1)

Ahora nos volvemos a Ex.28. ¡Qué cuadro del mismo Jesús resucitado de entre los muertos, nuestro gran Sumo sacerdote! Note los vestidos (vv.4-6). El cuerpo preparado para Él. Los mismos materiales que se encuentran en el velo, es decir, Su carne; pero con una adición, el oro. “Tomarán oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, 6 y harán el efod de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, de obra primorosa” (Ex.28:5,6). El mismo Jesús, puro, santo, celestial, justo; pero el oro añadía justicia divina cumplida y subsistiendo. Vemos en Él el oro, nuestra permanente justicia. El azul, el Señor del cielo; el púrpura y escarlata, el Señor de señores, y Rey de reyes, toda la realeza, Judía o Gentil, se centra en Él; el lino fino, que nos habla del Inmaculado, y sin pecado.

Y su cinto de obra primorosa que estará sobre él, será de la misma obra, parte del mismo; de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido” (Ex.28:8) Todo esto nos habla de Él mismo; de las mismas glorias y excelencias de Su bendita persona. Y ahora en cuanto a los nombres de los hijos de Israel. Estos debían ser grabados, ¡no escritos de modo que pudiesen borrarse! No, nunca debían borrarse. Estos debían ser grabados sobre piedras de ónice. ¡Una y otra vez se nos da esta instrucción, y para asegurar estas piedras, ellas eran puestas sobre engastes de oro! Estas no podían deslizarse de aquel lugar. Los nombres grabados en piedras preciosas puestas sobre engastes de oro, establecidas en la justicia divina. ¿Y dónde debían ser puestas estas cosas? En el mismo lugar donde el pastor pone a la oveja perdida, sobre Sus hombros. Guardados por medio del poder de Dios. Cadenas de oro puro. No solo puestas allí para seguridad; sino ahora vistas en ese sorprendente pectoral puesto sobre su corazón. Cada uno de los materiales es nuevamente mostrado, en el mismo gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos, oro, azul, púrpura, escarlata, y lino fino torcido. Considere las doce piedras preciosas puestas sobre engastes de oro “Todas estarán montadas en engastes de oro. Las piedras serán según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres; como grabaduras de sello cada una con su nombre, serán según las doce tribus” (Ex.28:20-21) Y entonces con cadenas de oro y anillos de oro. ¡Qué seguras estaban! Si, cadenas de oro puro, la justicia de Dios revelada, y anillos de oro (no ganchos), la eterna justicia subsistiendo en eterno amor; si, cada palabra es un eslabón de oro en la seguridad del creyente. Grabada sobre el corazón de nuestro Gran Sumo Sacerdote, atado con el divino y eterno amor. “

Y juntarán el pectoral por sus anillos a los dos anillos del efod con un cordón de azul, para que esté sobre el cinto del efod, y no se separe el pectoral del efod” (Ex.28:28) El azul es el color celestial. ¡Qué pensamiento!, si ¡Qué hecho!, el creyente está atado, unido al corazón de Cristo con un lazo celestial, ¡un cordón azul! Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre. Toda esta es la obra de Dios. ¿No nos ha Él bendecido en lugares celestiales con Cristo? (Efes. 1:3)

Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente. 30 Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová” (Ex.28:29,30)

 

De este modo Dios nos explica, y asegura, que mientras nuestro Sumo Sacerdote está en Su presencia, nuestros nombres deben estar sobre el corazón de Cristo como un memorial continuamente. Ellos están atados allí. Él no puede estar en la presencia de Dios sin tener sus nombres en Su corazón. Dios los ha atado allí con un cordón azul, para que estos no puedan soltarse. ¡Qué memorial, también, de cómo Él ha llevado nuestro juicio! En este pectoral se ponían el Urim y Tumim, luces y perfecciones. La brillantez de esa luz no podía brillar sobre Aarón sin brillar sobre cada nombre en el pectoral. La brillantez de la gloria de Dios no puede brillar sobre nuestro exaltado Sumo Sacerdote sin brillar sobre cada nombre grabado sobre Su corazón, y esto, continuamente.

¿Pero cómo puedo yo saber que mi nombre está grabado allí, sobre el corazón de mi Gran Sumo Sacerdote, en el cielo? Examinemos primero lo relacionado con el Urim. Si leemos cuidadosamente 2 Cor.3, encontramos que los hijos de Israel no podían mirar permanentemente a aquello que debía ser abolido. Sus pensamientos estaban cegados. “Aun hasta este día, cuando leen a Moisés, el velo está sobre sus corazones” Este debe ser el caso si estamos bajo la ley. ¿Puede algún hombre acercarse a la luz de la presencia de Dios sobre el fundamento de su responsabilidad? Ciertamente la luz debe destruirnos con condenación. Si, entonces, usted está bajo la ley, solo puede encontrar condenación. ¡Sobre ese fundamento ningún hombre puede encontrar su registro allí! Si bajo la administración de la ley, el velo está sobre el corazón, y estamos cegados. ¡Qué diferente es con el creyente! “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Cor.3:18). Bien podemos comprender porque Satanás, por medio de sus ministros, ha sido tan diligente para poner a las almas bajo la ley; es para cegarlas, para poner un velo sobre sus corazones. No se trata aquí de una cuestión de aceptación de mis obras, o de mi persona. “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino al Señor Jesucristo”. Sea que creamos o no, Él ha hecho la reconciliación por el pecado. Él ha glorificado a Dios en cuanto a toda la cuestión del pecado. Él ha cumplido la obra de la eterna redención. Su sangre preciosa ha sido derramada; plena, e infinita propiciación ha sido hecha de una vez y para siempre, para nunca más volver a ser repetida. ¿Encontrará usted entonces su registro? Mire completamente aparte de usted mismo, y de la ley, y de las obras; mire solo a Cristo. ¿Puede usted decir, Él ha sido entregado por mis ofensas, e inclinado Su cabeza en muerte por mí? Deseamos creer que usted no tendrá dificultad para decir esto. Si, Él llevó mis pecados en Su cuerpo sobre el madero, en medio de esa terrible oscuridad; no hubo un solo rayo de luz para Él allí, Él fue abandonado por Dios. ¡Oh, terrible hora, fue aquella cuando mis pecados fueron puestos sobre Él! Solo el Padre conoce los sufrimientos de aquellas horas de oscuridad, cuando el alma de Cristo fue hecha una ofrenda por el pecado. Lector, ¿cree usted esto? Y además, cuando esa santa cabeza se inclinó en muerte, y aquellas benditas palabras salieron de Sus secos labios, “Consumado es”, ¿no traspasó el hombre Su costado cruelmente, y de Su costado herido brotó sangre y agua? Después de esto los clavos fueron sacados de Sus manos y pies, y ese precioso cuerpo fue colocado en un sepulcro nuevo. ¿Pero es esto todo? Si eso es todo, no hay nada entonces que pueda responder al Urim y Tumim, no luz, ni brillantez, en el oscuro sepulcro.

¿Cree usted realmente que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos para nuestra justificación? ¿Dónde está Él ahora, en la oscuridad del sepulcro, o en la brillantez de la gloria de Dios? Ahora, tan ciertamente como Él sufrió de esta forma por nosotros, también fue por nosotros que Dios lo resucitó. Ambas cosas son igualmente verdaderas. Lo vemos una vez en la cruz, como nuestro Sustituto santo; ahora a cara descubierta o sin velo, le volvemos a ver en la brillantez de la gloria de Dios, nuestro representante, nuestro Gran Sumo Sacerdote. Ahora estamos seguros, creyendo en Dios, por la causa que Él lo resucitó, para que nosotros fuésemos justificados por fe, y tuviésemos paz para con Dios. Si, compartimos de la paz de Su completa victoria. Y esa plenitud de victoria es ahora manifestada en las buenas nuevas de la gloria de Cristo. Y nosotros, sin velo vemos ahora la gloria del Señor. ¡Qué bendita la brillantez de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo! Aquel que llevó nuestros pecados en medio de la oscuridad, está ahora en la brillantez de la gloria de Dios, esa brillantez, ese Urim, ha brillado también en nuestros corazones. Aarón no fue una figura perfecta de nuestro Sumo Sacerdote; él debía estar de pie llevando a los hijos de Israel continuamente en su corazón. Pero nuestro Sumo Sacerdote se ha sentado. Pero hablaremos más de esto cuando consideremos el Tumim.

¿Ha Dios por medio del Espíritu Santo quitado el velo de sobre su corazón? ¿A usted visto al Sacerdote que ha sido resucitado de entre los muertos con el Urim y Tumim? ¿Puede haber luz más perfecta que la brillantez de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo? Recordemos entonces los anillos de oro, y el cordón azul. Sí, todo es de Dios. Aquel que cargó con nuestros pecados nos ha unido a Su corazón continuamente y para siempre, y jamás seremos desatados de allí. Todos los poderes de la tierra y el infierno jamás podrán desatar este nudo celestial. Anillos de justicia divina y eterno amor. La brillantez la vemos sobre Cristo resucitado, en la gloria de Dios, y debe también brillar sobre el más débil creyente escrito sobre Su corazón. Y, dulce palabra “continuamente” Él está siempre allí, y nosotros aceptos en el Amado. Si, Él dice, “La gloria que Tú me distes, Yo les he dado” No es al pie de la cruz que encontramos nuestro registro, sino arriba en los cielos, sobre el corazón de nuestro Gran Sumo Sacerdote, en medio de la brillantez del Urim de Dios. Atado a Su corazón con un cordón azul, y mantenido por el poder de Dios, como las piedras de ónice que eran puestas sobre los hombros de Aarón.

Si, amado lector, si usted es un creyente, este es su lugar en la brillantez de la gloria de Dios. ¡Qué contraste con la cinta azul del hombre, prueba de los esfuerzos del hombre para salvarse a sí mismo! No, el cordón azul pone ante nosotros la preciosa lección de la gracia divina. Todo, todo es de Dios. Aquel que dio a Su Hijo para que muriese por nosotros ha puesto nuestros nombres sobre Su corazón, para nunca ser borrados; como la grabadura de un sello, donde la brillantez de la gloria de Dios brilla para siempre.

Hemos visto anteriormente al sacerdote con Urim. Ahora nos detendremos en una nueva gloria del Señor, como Sacerdote resucitado con Tumim, perfecciones. Recordemos, que es solo en la medida que le conocemos de este modo que podemos comer de las cosas santísimas. Neh. 7:65: “Y el gobernador les dijo que no comiesen de las cosas santas hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim”, luces y perfecciones.

Como con el Urim, así es con el Tumim; es muy importante notar la similitud, y el contraste, entre los materiales del velo y del vestido del sumo sacerdote. “También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido” (Ex. 26:31). Los mismos materiales componen el vestido del sumo sacerdote, con la adición del oro que está en primer lugar en el vestido del sumo sacerdote (Ex.28:5). Como hemos dicho, tomamos el oro como siendo una figura de la cumplida justicia divina. El Señor Jesús dijo, “te aconsejo que compres de mi oro refinado en fuego, para que seas rico” (Apoc.3:18). La gloria del Cristo encarnado, Su pureza inmaculada, solo mostró  cuán lejos estaba el hombre de Dios, fuera de Su santa presencia. El velo, es decir, Su carne, debía ser roto; Él debía morir, o el hombre quedar para siempre fuera de la presencia de Dios. No había camino abierto para llegar a Dios sino a través del velo roto. El grano de trigo debía morir, o quedaba solo.

El Señor Jesús no podía ser sacerdote resucitado con Tumim hasta haber cumplido la eterna redención por medio de Su muerte. De esta forma vemos la sabiduría de Dios al poner primero el oro en el vestido del sumo sacerdote. ¡Qué precioso para nuestras almas saber que la base del sacerdocio de Cristo es la consumada justicia de Dios! Solo Él, el oro fino, podía pasar a través del fuego de todo el juicio de Dios sobre nuestros pecados, y pecado. Entonces, ahora viendo a nuestro Gran Sumo Sacerdote que ha traspasado los cielos, quien ha primeramente llevado todo nuestro juicio en la muerte de cruz.

Encontramos que el Tumim, perfección, es el gran tema de la epístola a los Hebreos, en contraste con la ministración y el sacerdocio de la ley, que no hizo nada perfecto. Este es un gran tema; solo podemos brevemente llamar la atención a esto en este artículo, primero, a la perfección del Sumo Sacerdote de nuestra profesión; segundo, a aquello que Él hace perfecto. Primero, entonces, vemos a Jesús, “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Heb.1:3) ¡Qué perfecta gloria es esta!, la gloria de Su propia eterna y divina Persona. Entonces vemos ese sacrificio sangriento, que habiendo glorificado a Dios, de modo que Cristo puede sentarse en Su gloria sobre lo alto. De esta forma, “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. 10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (Heb.2:9,10) “y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;” (Heb 5:9) Consideremos entonces al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús. Lo vemos a Él sentado a la diestra de Dios en las alturas, coronado con gloria y honor, hecho perfecto, y habiendo venido a ser el Autor de eterna salvación. En todas estas perfecciones, ¿Podía Él ser más perfecto? Si la salvación no es eterna, Él no sería perfecto, Él sería solo el Autor de una cosa incompleta, que podría fallar mañana. De allí el gran esfuerzo en todo tiempo de hacer dudar al creyente de que su salvación es eterna. Si, la primera figura en el vestido del sumo sacerdote que es cumplida es el “oro”. Dios es justo, a través de la muerte de Jesús, al resucitarlo de entre los muertos para ser nuestro Sumo Sacerdote con Urim y Tumim. Lo vemos a Él en la brillantez de la gloria de Dios, habiendo cumplido la eterna redención, y esto no solamente en un sentido abstracto, sino habiendo realizado nuestra eterna redención. ¿Puede usted decir, “mi eterna redención”? Y habiendo Él sido hecho nuestra justicia, Él se sienta, coronado con gloria y honor, la prueba de que nuestra redención es eterna, y que esta ha sido perfectamente cumplida. ¿Podría Él, o Su obra, ser más completa?

Ahora entramos en aquello que la hace a esta perfecta. Vayamos a la perfección; no buscando la perfección en las ceremonias de la ley, “porque la ley nada perfeccionó” Y tenemos tal Sumo Sacerdote, que se sentó a la diestra de Dios en la majestad, en las alturas (cap.8; 1) Ahora, ya que Él es perfecto, Su obra debe también ser perfecta, en todos sus efectos sobre y para nosotros. El Espíritu Santo significó esto, por mostrar que “el camino al lugar santísimo no había sido aún manifestado” Los sacrificios de la ley no podía hacer a aquellos que los presentaban perfectos, en lo que pertenece a la conciencia. Ahora, para nosotros el testimonio del Espíritu Santo es lo contrario a esto. “por una ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (compare Heb.9:8,9 con 10:14,15) “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo

¿No es importante comprender estas cosas, estos contrastes? La sangre de toros y machos cabríos podían ser usadas solo para señalar hacia delante, a aquel sacrificio infinito en su valor, y por eso mismo el sacrificio perfecto. La sangre de estos sacrificios había fluido desde Abel hacia delante, y por siglos desde que el velo dejaba al hombre fuera de la presencia de Dios; pero ese velo no podía ser roto hasta que el Señor Jesús inclinó en muerte Su cabeza. Cada barrera fue entonces quitada; y el camino fue abierto al propiciatorio, al lugar santísimo.

Y no solo esto, sino también en cuanto a la conciencia, estos sacrificios que ellos ofrecían cada año, continuamente, no podían hacer perfectos a los que se acercaban por medio de ellos. “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. 2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado” (Heb.10:1,2). Ya que no era posible que la sangre de toros y machos cabríos pudiesen quitar los pecados. Allí había una constante carga y recuerdo de los pecados. Todos los sacrificios de la ley no podían perfeccionar la conciencia; por tanto Dios no podía encontrar satisfacción en estos sacrificios que no podían dar una perfecta paz a la conciencia. “Entonces dije, he aquí que vengo a hacer Tu voluntad oh Dios”Por esa voluntad somos santificados por medio de la ofrenda del cuerpo de Jesucristo una sola vez”

Es un tema ahora de gran importancia para toda la iglesia de Dios. Como lo fue especialmente para los hebreos, que estaban en un peculiar peligro de abandonar la eterna eficacia de este solo sacrificio, y volver a los repetidos sacrificios que habían sido puestos a un lado, que jamás podían quitar los pecados. Pero ahora, ¿no ha casi toda la cristiandad, no solamente los Hebreos, perdido esta gran verdad de la conciencia perfeccionada, limpiada para siempre, por un solo sacrificio? Note, no es este solo sacrificio, repetido; o Él debiese haber muerto a menudo, o continuando muerto. Sino que son los efectos de ese un sacrificio que continúan.

¿Qué es entonces, es la conciencia perfeccionada? Ciertamente no es que el adorador no esté más consciente de fracasos y pecados: , decir esto sería solamente engañarse a uno mismo. Pero, ya que el Señor Jesús es el Autor de eterna redención, y salvación, y ha sido resucitado de entre los muertos, y de esta forma resucitado, nuestro Gran Sumo Sacerdote ha traspasado los cielos; nuestros nombres están grabados (para hablar figuradamente) sobre Su corazón; de este modo vemos nuestros nombres aceptados en toda la brillantez y perfecciones de la gloria de Dios. Ya que Él ha primeramente limpiado nuestros pecados, sabemos que Dios nunca más los imputará sobre nosotros, ya que los imputó sobre Aquel que los llevó en Su propio cuerpo. Si los sacrificios ofrecidos por los sacerdotes, que Dios había ordenado bajo la ley, no podían dar esta perfección, ¿Cómo pueden los no escriturales sacrificios del altar, sin derramamiento de sangre, por los supuestos sacerdotes de la cristiandad, hacer perfecta la conciencia? ¡Qué tristes y vanos son todos los esfuerzos de la oscura mente humana! “Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados”

En último lugar, la palabra “continuamente” nos presenta gran confort. Considere la figura: “Y Aarón llevará el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón continuamente”. “Pero este, después de haber ofrecido un sacrificio por los pecados, se sentó para siempre a la diestra de Dios.” “Por una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”

Las palabras, “para siempre”, significan aquí, “continuamente”, y han sido así traducidas en el cap. 10:1. Mientras Él se sienta allí estamos sin ningún cargo, perfeccionados en cuanto a la conciencia aquí. ¡Qué verdad! “Y no me acordaré más de sus iniquidades” ¿Qué necesidad tenemos entonces de supuestos sacrificios hoy? “Ahora, donde hay remisión de estos, no hay más ofrenda por el pecado.” Amado lector, ¿le cree usted a los hombres o a Dios? ¿Está usted todavía afuera en la oscuridad de los rituales humanos, o tiene “libertad para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesús”?

Pueda Dios, por medio del Espíritu Santo, abrir sus ojos para poder contemplar al Sacerdote resucitado con Urim y Tumim. ¡Precioso Gran Sumo Sacerdote! Sobre Ti brilla toda la luz de la gloria de Dios; en Ti se encuentra toda perfección; en Ti tenemos eterna redención. Pronto nuestros ojos te verán, y seremos semejantes a Ti, y estaremos contigo para siempre. “Para siempre con el Señor”

 

                                 C.S.