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EL ADVENTISMO

 

Sus inescriturales doctrinas y sus engañosas tendencias

 

Una palabra de advertencia a los hijos de Dios

 

 

Es porque veo un sutil y engañoso ataque sobre la verdad de Dios, que trataré de ayudar a mis hermanos en Cristo, en el esfuerzo de descubrir el mal conectado con estas doctrinas. Los mismos fundamentos del Cristianismo son atacados por doctrinas que una vez  establecidas ponen a un lado la verdad de la propia Persona y obra de nuestro bendito Salvador, y tratan de destruir la fe del pueblo de Dios. Esta es mi única apología  para decir algo acerca de estas doctrinas. Lo hago por causa de la misma verdad, y por mis hermanos y compañeros en el cuerpo de Cristo, cuyo bienestar y bendición espiritual están en peligro por este ataque del enemigo.

No podemos cerrar nuestros ojos al hecho que estamos cara a cara con este mal. El Adventismo del Séptimo Día no es algo que está a la distancia. Éste está en medio nuestro. Éste ha invadido al pueblo de Dios en esta ciudad. La ciudad está siendo llenada por sus misioneros. Sus demandas se están haciendo en muchos hogares. Y la palabra de  Dios es apelada para apoyar sus doctrinas.

Ciertamente, entonces, no es una materia de indiferencia al rebaño de Cristo si estas nuevas doctrinas se presentan como la voz del Buen Pastor, o como la voz el extraño. Examínenos entonces algunas características de este nuevo sistema de enseñanza  para que podamos ser capaces de discernir, si es posible, su origen, si éste es de Dios o si es del enemigo.

Se ha dicho que la principal diferencia practica entre los adventistas y los cristianos en general, es que ellos guardan el séptimo día de la semana, es decir el sábado, mientras los otros guardan el primero de la semana. Pido a mis hermanos no ser engañados por tales declaraciones, porque simplemente esto no es verdad. Su posición en cuanto al sábado  envuelve toda la cuestión de las relaciones cristianas con la ley, para no decir nada de muchas otras cosas que ellos enseñan y que subvierten completamente el Cristianismo.  Se ha preguntado ¿cuál es el principio  de las relaciones del creyente con Dios en esta dispensación? ¿Es la ley? O ¿la gracia? Rom.6:14, debe ser suficiente para responder estas preguntas: "porque el pecado no tendrá más dominio de  vosotros: porque no estáis más bajo la ley, sino bajo la gracia". Pero observemos  esto más detalladamente. Me refiero  a esto ahora solo para mostrar que esta no es una cuestión solamente de guardar el día  séptimo o el primero de la semana.

Concuerdo con ellos que la ley no ha sido cambiada, y que no hay autoridad en las  Escrituras para decir que el sábado ha sido cambiado por el primero de la semana. Creo además que en cada instancia donde el sábado es mencionado en el N. Testamento este se refiere al día séptimo y nunca al primero.

Pero ellos se han tomado de estos hechos para probar que los cristianos en días apostólicos observaban el día séptimo. Esta conclusión la niego completamente. No hay una sola instancia dada de una asamblea cristiana reuniéndose el día séptimo para  adorar o partir el pan; tampoco hay una sola indicación  de que  esto haya sido observado como una institución cristiana. Todos sus razonamientos para probar que el séptimo día fue celebrado están basados sobre las más atrevidas asunciones. Citaré de uno de sus tratados titulado, "El Sábado en el Nuevo Testamento."

"¿Fue el sábado el día regular en el cual Pablo predicaba? ¿Fue ésta su costumbre? Que Hech. 17:2 responda, "y Pablo, como era su costumbre, vino a ellos, y por tres días  sábados razonaba con ellos de las Escrituras."1

Cap.18:1-11, contiene importante testimonio sobre este tema. Pablo en Corinto moraba con Aquila y Priscila, y trabaja con ellos haciendo tiendas. "Y razonaba  en la sinagoga cada día sábado, y persuadía a judíos y a griegos" (v.4) ¿Hasta cuándo  permaneció en  Corinto? "y continuó allí por un año y seis meses, enseñando la palabra de  Dios entre ellos" (v.11). Aquí tenemos un ejemplo apostólico por 78 consecutivos días  sábados. Y se verá  por los vv. 5-8, que el apóstol ocupó la sinagoga una parte de estos sábados, hasta que los judíos se opusieron y blasfemaron, y entonces él fue a la casa de Justus, donde predicó  a los gentiles el resto de los  días  sábados."

Ahora, mi lector, si usted  ve un ejemplo de usar la palabra de Dios engañosamente, solo necesita leer atentamente la citación que he presentado. Estos pasajes en Hechos se usan para probar que "el sábado era el día regular de la predicación de Pablo"; y  para mostrar que en un lugar él predicó 78 sábados consecutivos. Quizás puedo ser perdonado si digo que  ellos no prueban lo uno ni lo otro. Aprendemos de Hech.17:2, que la costumbre de Pablo era entrar en las sinagogas, el lugar de reunión judío, para razonar con ellos de las Escrituras. Esto sucedía el día sábado, el séptimo día, porque ese era el día  en que Pablo podía encontrar a los judíos reunidos para leer las  Escrituras. El cap.18 nos muestra que él hizo esto en Corinto hasta que los judíos se opusieron y blasfemaron, y entonces él los dejó. Sobre el que él haya predicado a los gentiles ese día o enseñado a los cristianos  después de haber dejado la sinagoga, el pasaje no dice absolutamente nada. Decir que Pablo predicó el resto de los sábados en la casa de Justus es una aseveración no autorizada. El hecho es que, no hay pensamiento acerca de que cristianos hayan  guardado el sábado, en ninguno de estos pasajes. Pablo iba a las sinagogas en vista de alcanzar a los judíos con el evangelio; e iba habitualmente a aquel lugar los días  sábados  porque ellos  regularmente se reunían ese día. Esta es toda la materia. Esto es justamente lo que se encontrará en cada caso en los  Hechos donde se  habla de predicación en día sábado.; y de este modo todo su razonamiento desde el ejemplo apostólico es completamente falso.

Otro pasaje sobre el cual ellos ponen  mucho énfasis es Lc. 23:56. "Y ellas retornaron, y prepararon especias y ungüentos; y descansaron el día sábado conforme al mandamiento." De este pasaje el escritor ya mencionado, comenta: "las Marías  retornaron  y prepararon especies. El sábado llegó al atardecer, cuando el sol se ponía. Ellas  descansaron. ¿Cómo? "Conforme  al mandamiento." El sábado y el mandamiento de guardarlo siguió después de la muerte de  Cristo; y Lucas, escribiendo, como se supone, 28 años después de la crucifixión, registra la observancia  del sábado, conforme al mandamiento, por cristianos después de la muerte de Cristo como un hecho importante para la iglesia cristiana."

Es difícil ver que  esto pueda tener algo que hacer  con la  dispensación cristiana. Se nos dice que esto tuvo lugar después de la muerte de  Cristo. Y así fue; pero fue también antes de Su resurrección, y antes de que comenzara la dispensación  cristiana. Es verdad que Lucas registró esto después de 28 años, pero ¿prueba esto que el sábado fue una institución cristiana? Ciertamente que no; sino que  simplemente muestra el carácter  piadoso de estas mujeres  que podían alejarse  del objeto más querido que podía ocupar sus corazones  en vista a obedecer un mandamiento de Dios.  Se nos dice que ellas  eran cristianas. Pero el Cristianismo aun no era inaugurado. Todo todavía estaba conectado con  la nación judía, y bajo la ley,  que regulaba la economía judía.  Ellas eran mujeres piadosas de los judíos, que habían venido a ser discípulos del Señor, pero que aun no habían sido introducidas en la posición de los cristianos. Para esto era necesario esperar la resurrección de  Cristo y Su ascensión  a la diestra del Padre, y la venida del Espíritu Santo.  El Cristianismo está fundamentado sobre la muerte y resurrección de  Cristo; pero  está también conectado  con un Cristo exaltado  y glorificado, no con un Cristo sobre la tierra. Y éste toma su carácter, no de la ley que formaba  la constitución de la  nación judía, sino de la presencia del Espíritu Santo enviado desde el cielo para reunir a todos los creyentes  con Cristo como Cabeza  de la iglesia que es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que  lo llena todo en todo (Hech. 2; 1 Cor. 12:12,13.; Efes. 1:22,23.) Nadie que conozca lo que es el Cristianismo pensaría citar Lc. 23:56,  como un ejemplo del cristiano celebrando y guardando el sábado.

Llamo la atención a otro pasaje que puede presentar una  dificultad real a algunos. Este es Mt. 24:20: "Orad para que vuestra huida no sea  en invierno, ni en día sábado."

Ahora, si este pasaje es aplicado a la huida de los cristianos cuando Jerusalén fue destruida por los ejércitos de Tito, esto probaría que el día séptimo era "el sábado cristiano," o que el primer día  debiese ser llamado  el sábado. Pero el error está en aplicar esto a ese evento.

Muchos han confundido lo que el Señor dice en Mt.24 con lo que Él dice en Lc.21. Pero un detallado examen de los dos pasajes mostrará que mientras hay mucho que es común,  hay también  sorprendentes diferencias  de la más grande importancia entre ellos. Ambos capítulos hablan de la huida de Jerusalén, y también una señal para la huida es presentada en cada uno; pero las dos huidas son diferentes, como lo son también las dos señales. En Lucas es la huida de los cristianos cuando Jerusalén fue destruida en el año 70; en Mateo es la huida de un remanente piadoso de judíos para escapar  de la gran tribulación justo antes de la aparición del Hijo del hombre en gloria después que el periodo de la  iglesia haya terminado. Lucas nos presenta la destrucción de Jerusalén y su desolación  hasta que los tiempos de los gentiles se hayan cumplido. En Mt.24 no hay mención de la destrucción de Jerusalén. La destrucción del  templo es predicha en el v.2, y eso es todo. En el cap.23:38, el Señor deja su casa (el templo) desolado, y en el próximo verso les dice: "no me veréis más, hasta que digáis, bendito el que viene en el nombre del Señor"; después en el cap.24, Él dice a Sus discípulos que el templo sería completamente destruido. Después los discípulos vienen a Él privadamente, y le dicen "¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá de Tu venida y del fin del siglo? El Señor ya había mencionado la destrucción del templo y no se refirió a eso otra vez, sino que pasa a hablar  del estado de cosas que existirá justo antes de Su "venida en las nubes del cielo con gran poder y gloria." V.30. Él menciona las señales que marcarán el fin de la edad. Falsos Cristos, y falsos profetas se levantarán, y habrá guerras, hambres, pestilencias y terremotos, la matanza de los fieles, el crecimiento de la iniquidad, y el enfriamiento del amor de muchos.

Debe notarse aquí que el Señor pasa por alto todo el periodo de la historia de la iglesia desde Pentecostés hasta el rapto, cuando los santos serán tomados en los aires  para estar con el Señor, y solo habla de las cosas conectadas con Jerusalén y Su venida en gloria para establecer el reino milenial. La iglesia es introducida, en una forma de paréntesis,  entre la semana sesenta y nueve y la semana setenta de la profecía de  Daniel durante el periodo de la desolación de Jerusalén. Durante este periodo Dios está llamando un pueblo celestial para Su Hijo, de entre judíos y gentiles, formándolos en un cuerpo por medio del bautismo del Espíritu Santo, un cuerpo del cual Cristo es la Cabeza. Esto de ninguna forma es  mencionado en Mt.24.

Ahora se verá que de Dn.9:27 esa semana (o siete años) de las setenta semanas determinadas sobre el pueblo de Daniel queda para ser cumplida después de la desolación de Jerusalén. Esto tendrá lugar después  de  que la iglesia,  el cuerpo de Cristo, sea quitado de esta escena, de acuerdo a 1 Tes. 4:17. Cuando la iglesia se haya ido (o posiblemente antes) los judíos retornarán a su propia tierra[1]. Su cuerpo político será reavivado, y entonces la semana setenta seguirá su curso en vista a  cumplir la profecía y poner fin a la edad judía. Durante este breve periodo de tiempo de historia judía, las cosas mencionadas en Mt.24 tendrán su cumplimiento. Los judíos  estarán en la tierra y también el anticristo. Ellos entrarán en un mal pacto con un príncipe que ha de venir, quien restablecerá la antigua adoración judía, pero quien  romperá su pacto a la mitad de la semana, y hará que cese  el sacrificio y la oblación. Un ídolo será levantado en el lugar santo y el pueblo será obligado a adorar a éste en lugar de a Dios. Este  ídolo "la abominación desoladora", mencionada por el profeta Daniel. Compare 2 Tes. 2:3,4; Apoc. 13:14,15.

Ahora, mientras la multitud de los judíos volverán a la tierra  en incredulidad y aceptarán al anticristo, habrá un remanente  en quien Dios obrará para bendición. Estos rechazarán al anticristo y darán testimonio  contra la maldad de la multitud apostata y proclamarán la  venida del Rey de Israel para reinar. Esto es lo que se llama "el evangelio del reino," en Mt. 24:14. Esta es una forma del testimonio de Juan el Bautista proclamando nuevamente el reino como estando cerca, y que alcanzará a todo el mundo "para testimonio a todas las  naciones; y entonces vendrá el fin";  es decir,  el fin de la  edad judía, que debe ser seguida  por el glorioso reino del Mesías.

Cuando la "abominación" sea levantada en el lugar santo Dios traerá un desolador contra Jerusalén con su multitud de adoradores apostatas. Esto introducirá "la gran tribulación", tal como no la ha habido desde el comienzo del mundo, ni la habrá después." Compare Jer. 30:5,7; Dn. 12:1.

Cuando se ve que todo está conectado con un breve periodo de la historia  judía después de la traslación de la iglesia se verá fácilmente que la  mención del sábado en Mt.24 tiene una aplicación judía y no una cristiana.

La señal en Lucas es "Jerusalén rodeada con ejércitos." Los cristianos, cuando vieran esto,  debían huir para escapar a "estos días de venganza" que vendrían sobre Jerusalén en el año 70.

La señal en Mateo es, "la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel, estando en el lugar santo." Esta es la señal para que el remanente judío piadoso huya de la gran tribulación que vendrá sobre los judíos  apostatas a fin de la edad. Y el Señor les dice que oren para que su huida no sea en invierno ni en día sábado. Este es un tierno cuidado por aquellos cuyos pensamientos y sentimientos serán formados conforme a la ley.

 Es claro, entonces, que dondequiera que es mencionado el sábado en el N. Testamento éste es el séptimo día y está siempre conectado con lo que fue  claramente judío. Y es justo y claro que ni una sola vez éste es impuesto sobre los cristianos como siendo el día de  descanso.

Ahora nos queda examinar lo que nos enseña la luz del N. Testamento acerca de la observación del primer día de la semana.

Pienso que ningún cristiano simple tendrá dificultad en ver que este día es marcado en una forma muy especial. Solo que debe verse que éste no es caracterizado en una forma legal como lo fue el sábado. La observancia del día tiene el carácter de privilegio más bien que de mandamiento legal, una característica general del Cristianismo.

Veamos cómo es marcado este día en el N. Testamento.

1. Este es el día en el cual el Señor Jesús se levantó de entre los muertos como Cabeza y comienzo de la nueva creación. El séptimo día celebra el descanso de Dios en Su obra en la primera creación. Pero el pecado ha sido introducido y estropeado todo, y el descanso de Dios ha sido interrumpido. El pecado introdujo sufrimiento y aflicción en el mundo, y el infinito amor no podía descansar en medio del sufrimiento. Jesús dijo a los judíos (que trataban de matarlo porque había sanado a un hombre en día sábado), "Mi Padre hasta aquí trabaja, y Yo trabajo con Él" (Jn.5:17). El Padre y el Hijo trabajaban para aliviar el sufrimiento donde el pecado había sido introducido. Estas eran obras de misericordia, sin duda, pero no habrían sido necesarias si el pecado no hubiese sido introducido y arruinado todo.

Ahora llegamos a la muerte y resurrección de Cristo, ¿y qué vemos? En la cruz el primer hombre  es puesto a un lado. La antigua creación es condenada. El fin de toda carne viene ante Dios, y Él la condena  judicialmente en el sacrificio de  Su Hijo; y Cristo resucitado  de entre los muertos viene a ser "el comienzo de la creación de  Dios" (Col. 1:18; Apoc. 3:14). La primera creación fue arruinada a causa del pecado, y Dios le puso fin judicialmente en la cruz, para comenzar una nueva en Cristo, el Segundo Hombre y el último Adán. Cristo, "el Primogénito de los muertos es "el comienzo de la  creación de  Dios." Pero es Cristo quien murió en expiación sobre la cruz, y quien, a través de Su muerte, cumplió eterna redención. Esto fue necesario en vista a que los hombres pudiesen ser redimidos e introducidos en una nueva creación. Cristo, aunque absolutamente perfecto como hombre, quedaba solo hasta que la redención fuese  cumplida. "Si el grano de trigo no cae  a tierra y muere, queda solo: pero si muere, lleva mucho fruto." (Jn.12:24). Cristo fue ese grano de trigo. Él debía morir, o quedar solo. La redención debía ser cumplida  a través de Su muerte expiatoria sobre la cruz, o nadie podía ser identificado con Él en la nueva creación. El grano de trigo lleva su fruto en resurrección. De modo que es un Cristo resucitado quien viene a ser Cabeza  de una nueva creación. "Por tanto si alguno está en Cristo Jesús,  nueva criatura es: las cosas viejas pasaron, he  aquí todas han sido hechas nuevas." (2 Cor.5:17).

Todo esto muestra que la  resurrección de  Cristo es el comienzo de una nueva era. En la cruz "las cosas  viejas pasaron." La vieja creación con que el sábado estaba conectado terminó judicialmente allí. Una nueva era amaneció en la resurrección de Cristo, el Primogénito de los muertos. En Su resurrección una nueva creación brotó a la existencia  por medio del poder de Dios. El primer día de la semana celebra el término de esta maravillosa obra de Dios; y es de este modo marcado como un día que  nunca debe ser olvidado.

En acuerdo con esto, también encontramos en Jn.20, que Cristo se presentó a los discípulos ese mismo día, comunicándoles la "paz" que Él había hecho a través de la  sangre de Su cruz (v.19) y sopló sobre ellos "vida más abundante", vida en el Espíritu, Su propia triunfante  vida de resurrección (v.22). Y después, ocho días después, es decir, el primer día de la semana, Él nuevamente apareció en medio de los discípulos. Me refiero  a esta escritura justo ahora para mostrar en que sorprendente manera el primer día de la semana es marcado con la introducción de la nueva creación.

2. El primer día de la semana es marcado muy sorprendentemente por el descenso del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Lv.23:16,17 muestra claramente que esta fiesta comenzaba "a la mañana después del sábado"; es decir, el primer día de la semana. Este evento era introductorio del pleno carácter y poder del Cristianismo. La presencia del Espíritu Santo con y en los santos es la gran característica de esta dispensación. Al morar en el creyente éste es ungido y sellado. Él es también "las arras de nuestra herencia," "el Espíritu de verdad", "el Espíritu de vida", "el Espíritu de adopción", y el eslabón divino de unión entre todos los creyentes, uniéndolos en un cuerpo, del cual Cristo es la Cabeza. Su presencia con y en los santos les da su carácter como cristianos, y Él es su único poder para testimonio. Los discípulos no podían hacer nada hasta que Él viniese; ellos debían esperar en Jerusalén hasta que fuesen investidos de poder de lo alto. Todo esto muestra la inmensa importancia ligada a Su presencia sobre la tierra. Pero Su vida tuvo lugar un día primero de la semana; y de esta manera el primer día da testimonio de la inauguración del Cristianismo en su plenitud y poder, cuando los creyentes fueron bautizados en un cuerpo por un Espíritu.

3. Nuevamente, el primer día es distinguido por ser el día en el cual los discípulos se congregaban para partir el pan (Hech.20:7), y esto es clara prueba de ello, "y el primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo alargó su discurso." Podría decirse que ellos se habían reunido para escuchar predicar a Pablo. Pero el pasaje no dice esto. Sino que dice, "reunidos los discípulos para partir el pan." El modo de expresión y el contexto de igual modo muestran que esta era su costumbre habitual. El v.6 muestra que Pablo estuvo con los discípulos en Troas siete días. El había llegado un lunes, y permaneció allí hasta la mañana del próximo lunes, y pareciera que se quedó allí siete días en vista a estar con ellos en el día del Señor y partir el pan. Su congregarse ese día tenía ese objeto; pero estando congregados, Pablo aprovechó la oportunidad para predicarles.

Se dice, sin embargo, que al comienzo los discípulos partían el pan "todos los días." (Hech.2:46). Esto es verdad; pero era solo al comienzo cuando todo el tiempo de los santos era aparentemente usado para estas cosas, en el tiempo de Pentecostés. Fácilmente puede verse  que esto no podía continuar como una costumbre permanente; de manera que después vemos en Hech.20, que "el primer día de la semana" fue el día puesto aparte para esta costumbre.

4. En 1 Cort. 16:1,2, el primer día de la semana nuevamente es marcado por una orden del apóstol a las asambleas de Galacia, y en Corinto, concerniente a las ofrendas para los santos. "en el primer día de la semana cada uno ponga aparte, como Dios le haya prosperado, para que no haya colectas cuando yo vaya." Me detengo sobre esto, solo para destacar el significado del primer día de la semana como siendo un día apartado en el cual debían hacerse estas ofrendas, como el Señor les había prosperado.

5. En Apoc.1:10, el primer día de la semana es llamado "el día del Señor." Esto, sabemos, es negado por los Adventistas del Séptimo día, quienes demandan que este era el séptimo día, o el sábado. Pero si el sábado hubiese sido pensado por ello, ¿quién puede dudar que la declaración hubiese sido" yo estaba en espíritu en el sábado"? ; y ¿no hay razón para que hubiese sido de otra manera aquí, si ese día hubiese sido el que estaba en mente? Pero aquí se trata del día maravillosamente marcado por el triunfo del Señor sobre todo el poder de Satanás, el pecado y la muerte, y ahora llamado, "el día del Señor"_ un día que pertenece peculiarmente a Él. La palabra traducida "Señor" es un adjetivo, y solo se usa en otro lugar en el N. Testamento., 1 Cor. 11:20, "la Cena del Señor." Esta era una cena distinguida de todas las otras como perteneciendo al Señor; y hemos visto que ésta era observada en el primer día de la semana. De modo que aquí en Apoc. 1:10, tenemos un día distinguido en la misma manera como perteneciendo al Señor. Y todo en el N. Testamento muestra y prueba que la cena y el día, no solo son caracterizados de igual manera, sino también asociados juntos. La "cena del Señor" era habitualmente celebrada en el "día del Señor," aunque también podía celebrarse en otro día. La cena y el día son marcados como perteneciendo especialmente a, y conectados con la autoridad del Señor Jesús, cuyas demandas son establecidas en Su triunfante resurrección.

Concluimos entonces, que en las Escrituras el sábado es siempre el día séptimo de la semana, mientras el "día del Señor", es el primero, y marcado por la resurrección de Cristo, por el descenso del Espíritu Santo, y por los santos reuniéndose  ese día para partir el pan en memoria del Señor Jesús. Y es un feliz privilegio para los cristianos en ese  día descansar de sus empleos seculares y estar libres para recordar al una vez crucificado, pero ahora resucitado y exaltado Señor y Salvador, y servirle en las cosas  espirituales.

Aquí añado mi convicción que en las  Escrituras, el "sábado" y el "día del Señor" nunca son confundidos. Ellos deben ser siempre mantenidos como siendo distintos; y si los cristianos hubiesen mantenido esta distinción, llamando al primer día de la semana el "día del Señor" y no el "sábado" habrían evitado mucha confusión en los pensamientos de la gran multitud de los cristianos.

Como ya se ha dicho, sin embargo, mucho más está envuelto en esta cuestión del sábado que la mera materia de guardar el primero o el séptimo día. Toda la cuestión de las  relaciones cristianas con la ley es levantada. El propósito del enemigo es llevar a los cristianos bajo la ley como hombres en la carne, y de este modo privarlos de la santa libertad en que la gracia los  ha introducido. De hecho, el propósito es destruir todo el edificio del Cristianismo y sustituirlo  por la forma sin vida del Judaísmo que solo puede sumergir al alma en la oscuridad, y privarle  de toda certeza divina en cuanto a  vida  o salvación.

Ahora, el N. Testamento enseña,  en forma más clara e inequívoca, que los cristianos no están bajo la ley. "Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros  porque no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia," (Rom.6:14).Esta  declaración es  absoluta. Y aquí no se trata de una cuestión de justificación sino de poder contra el obrar del pecado (la naturaleza pecaminosa).Bajo la ley el pecado  tenía dominio. La ley era "el poder del pecado". Y éste  entró "para que la ofensa pudiese abundar." "El pecado por el mandamiento" vino a ser "extremadamente pecaminoso". La ley es  santa, justa y buena, y prohíbe el pecado, pero no da poder contra éste, y al prohibirlo lo provoca. Y de este modo el apóstol dice, "el mandamiento que fue ordenado para vida, encontré que era para muerte."  Bajo la gracia todo  ha cambiado. La ley demandaba justicia de uno que ya era un pecador, y no daba poder para esto. Pero la gracia da. Da justicia a un pecador que  no tiene ninguna; y también da vida, y poder  para un santo vivir. Bajo la gracia el creyente tiene a Cristo como justicia, vida, y objeto para llenar el corazón, y el Espíritu Santo como poder para vivir la  vida de  Cristo; por tanto el pecado no tiene dominio sobre él. Volver a la ley es ir  abandonar la redención, y perder toda la bendición y poder que la gracia da. Y esto es justo donde el Adventismo del Séptimo día pone a sus víctimas. Los pone bajo la ley que solo puede maldecirlos y condenarlos, porque ellos no la guardan, aunque vanamente esperan "ser encontrados dignos de la vida eterna"; solo que ellos nunca pueden saber si son salvos o no hasta el día del juicio. Todo es oscura incertidumbre; y el bendito evangelio de la gracia de  Dios  es privado de  su gloria, y de esa dulce paz que da  a todos  los que la reciben con simplicidad de corazón.

Como hemos visto, Rom.6:14, nos asegura que "no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia." Rom. 7 nos dirá como alcanzar esta nueva posición y relaciones.  El primer verso nos dice que "la ley tiene dominio sobre un hombre mientras este vive." Los dos versos siguientes nos presentan una ilustración. La muerte disuelve las  relaciones que existen  entre marido y esposa, y liberta a la esposa de la ley de  su marido. En el v.4 el apóstol aplica esto para mostrar como el creyente es  libertado de la ley. "Por tanto, hermanos, estáis muertos a la ley por el cuerpo de Cristo; para ser  unidos a otro. A Aquel que ha sido resucitado de entre los muertos, para que deis fruto para Dios."  Esto pone la materia en la forma más clara. El creyente debe  contarse a si mismo como habiendo muerto con Cristo, y de este modo él es libertado de la ley; pero esto es para ser conectado con un nuevo marido, Cristo resucitado de entre los muertos. Uno que de este modo es libertado pertenece a  Cristo, está en Cristo, y tiene el Espíritu Santo, y anda no conforme  a la carne sino conforme al Espíritu, y cumple así los requerimientos  de la ley aunque no estando bajo ésta (Rom.8:4)

Los gálatas habían sido "fascinados" por maestros judaizantes, y estaban abandonando el principio de la gracia para ser perfeccionados en la carne bajo la ley; y el apóstol los reprende en la forma más aguda. Esto era prácticamente abandonar el Cristianismo. Al final del cap.2, él declara la verdad en conexión con él mismo: "a través de la ley soy muerto a la ley, para vivir para Dios. Estoy crucificado juntamente con Cristo: sin embargo vivo; no yo,  sino que Cristo vive en mi: y la vida que ahora vivo en la carne la vivo por la fe del Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó por mí: Yo no frustro la gracia de Dios: porque si la justicia  viene por la ley, entonces Cristo murió en vano."  Pablo había muerto bajo la ley a través de la muerte de  Cristo, y ahora vivía, pero era Cristo quien  vivía en él. Él vivía, no como bajo la ley, sino por la fe  que tenía a Cristo como su  objeto diario, de manera que la vida de  Cristo era reproducida  en él de una manera practica en el poder del Espíritu. Los  gálatas, también,  habían recibido el Espíritu, no "por las obras de la ley," sino "por el oír con fe." Ellos habían "comenzando en el Espíritu" y ahora en su locura se estaban volviendo a la ley para ser perfectos en la carne; y al hacerlo se estaban poniendo a sí mismos bajo maldición: "porque los que son de las obras de la ley están bajo maldición" (Cap.3:10)

Cualquiera que lea cuidadosamente Efes. 2:15; Col.2:14; y 2 Cor.3, verá fácilmente que todo el sistema legal es  puesto a un lado como el principio de  relaciones entre  Dios y  Su pueblo en esta dispensación. La ley que fue "escrita y grabada en piedras", y "la ministración de  condenación" (2 Cor. 3; 7,9)."La ministración del Espíritu" son puestas en directo contraste con esto. La ultima es una ministración de "vida" y "justicia", en lugar de  "muerte" y "condenación". Y el v.11 muestra que la ministración anterior es puesta a un lado mientras la otra permanece. Esto está en pleno acuerdo con lo que hemos visto en Romanos y Gálatas.

Podemos decir con el apóstol, "sabemos que la ley es buena, si uno la usa  legítimamente; sabiendo esto,  que la ley no fue hecha para el justo, sino para el impío y desobediente," etc. (1 Tim. 1:5-11); pero también sabemos por las mismas  Escrituras  que aquellos que "deseando ser maestros de la ley, no comprenden lo que dicen, ni lo que afirman."

Notaremos un punto sobre el cual ellos ponen gran énfasis, y que, a causa de su plausibilidad, puede presentar algunas  dificultades  para algunos.

Ellos  dicen que todos los mandamientos están unidos; y que no tenemos derecho a dejar fuera el cuarto mandamiento y dejar vigente los otros nueve; que tampoco tenemos ningún derecho para cambiar el cuarto  sustituyendo el primer  día por el séptimo.

Todo esto es admitido  libremente: nadie, ciertamente, tiene derecho a entrometerse con esta parte de la palabra de  Dios como con ninguna otra.

Pero entonces ellos también razonan de este modo: "¿no debemos guardar la ley? Si. Entonces debemos guardar el cuarto mandamiento. ¿Debemos romper la ley? No. Entonces no debemos quebrantar el cuarto mandamiento. Y la conclusión es, que debemos guardar  el séptimo  día.

Ahora, la locura de esto  es que se niega  la verdad de la cruz por poner al hombre como vivo en la carne bajo la ley. Este niega el evangelio que declara que el creyente está muerto a la ley. Es simplemente sin sentido hablar acerca de uno que está muerto guardándola o rompiéndola. Si estoy muerto a la ley, ésta no tiene  nada que decirme, tampoco yo a ella. No estoy bajo ella, habiendo  muerto a ésta  en la muerte de Cristo quien llevó la maldición de la ley por mí y de este modo satisfecho todas sus demandas. De este modo todo razonamiento acerca de  guardar o quebrantar la ley es  simplemente locura,  y muestra ignorancia  del evangelio y de la extensión de la  redención cumplida a  través de la muerte  y resurrección de  Cristo.

Pero si estas  personas se ponen a si mismas  bajo la ley como vivas en la carne ellos están bajo maldición.  Ellos  están obligados  a guardar  toda la ley o morir.  Ellos deben guardar la ley o ser maldecidos por ella. No hay posición intermedia. "porque los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición: porque  está  escrito, maldito todo aquel que no continúa en todas las cosas que están  escritas  en la ley para hacerlas." (Gál.3:10) "Cristo nos ha redimido de la maldición de la ley, siendo hecho maldición por nosotros." "Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a  Su Hijo, nacido de mujer, y hecho bajo la  ley, para redimir a los que  estaban bajo la ley, para que ellos pudiesen recibir  la adopción de  hijos. Y porque sois hijos, Dios  envió el Espíritu de Su Hijo a vuestros corazones, clamando Abba Padre." (Gál. 3:13; 4:4-6) Esta es realmente libertad de la ley; y en lugar de  esclavitud  legal es la santa libertad del Espíritu en las  relaciones de  hijos  con el Padre. "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído." (Gál. 5:1-4)

Aquí tenemos entonces las terribles consecuencias de adoptar este sistema legal. Esto significa abandonar todo el terreno del evangelio. También significa el abandono de la gracia, el único principio  sobre el cual un pobre pecador puede  permanecer ante  Dios.

Hermano, ¿está usted  dispuesto a abandonar la gracia? ¿está usted preparado para  volverse a "otro evangelio", que es solo un sistema de esclavitud y de oscura incertidumbre para todos los que están en éste? Si no, le ruego que se guarde de este sistema que quiere llevarlo a esclavitud y privarlo de la  santa libertad y poder que da  la gracia, como también de toda actual certeza de salvación y posesión de la vida eterna, que le dejará en oscuridad e incertidumbre hasta que su destino sea determinado en el día de  juicio. Que podamos aferrarnos, más bien al bendito evangelio de la gracia de Dios que trae presente perdón, salvación, vida, y paz a todos los que creen en  éste, y que nos  establece en  la luz de la presencia de Dios sin una sola nube y sin velo, siendo  hechos más blancos que la nieve  a  través de la sangre de  Cristo, el  Hijo de  Dios, que nos limpia de  todo pecado. (1 Jn. 1:17); y podamos andar en la luz  de esa Presencia en el poder del Espíritu con el cual hemos sido ungidos y sellados, y por quien el amor de Dios ha sido derramado en nuestros  corazones en la conciencia de una relación presente y eterna con Aquel que es  Luz y Amor.

Me he detenido extensamente sobre esta cuestión del sábado y la ley, porque para los Adventistas este es un punto cardinal.  Ellos creen que su testimonio es ese expresado por el tercer ángel de Apoc. 14. Todos aquellos que reciben su testimonio son sellados con "el sello del Dios viviente" (Apoc.7), y están contados entre los 144.000 sellados de las doce tribus de Israel. Y aquellos que rechazan su testimonio están destinados al juicio anunciado por el ángel en el cap.14:9-11. El guardar el día séptimo es, según ellos, el sello y la marca de los fieles. El resto está  destinado a ser adoradores de la bestia.

Lector, ¿no ve usted que  éste es "otro evangelio"? ¿Un evangelio que  no tiene a Cristo, ni Salvador en él? ¿un sistema que debe  dejar al alma estéril y fría como un iceberg, como  también destituido de todo verdadero conocimiento de Dios?

Aparte de esto ellos  niegan la inmortalidad del alma. Para ellos el alma no es  capaz de  alguna distinta o consciente existencia aparte del cuerpo.

También sostienen que la muerte es "cesación de la existencia". Cuando un hombre muere también su  alma muere. En otras palabras, el alma no es nada más que la vida  animal, deja de existir, y no queda nada  sino el cuerpo que va al polvo y el sepulcro. Por tanto para ellos no existe un estado  intermedio, y además sostienen la aniquilación del  malo  después de la resurrección.

La seria atención del lector es llamada a los  siguientes  puntos:

1. Ellos niegan que la Persona del Hijo de Dios existió desde la eternidad: o en otras palabras, ellos dicen que Él tuvo un comienzo, y que no es eterno.

2. Ellos también sostienen que la divinidad y humanidad de nuestro Señor se han extinguido cuando Él murió en la cruz, y que por tres días el Hijo de Dios dejó de existir.

3. Ellos también declaran que Cristo, al hacerse Hombre, tomó una naturaleza pecaminosa, y de este modo atacan la verdad de Su humanidad, como también Su divinidad.

4. Conforme a su teoría de la expiación, Cristo no entró en el lugar santísimo sino solo en el año 1844, y entonces purificó el santuario y desde entonces ha estado completando la obra de expiación.

 

A.H. RULE

 

[1] Esto ya ha tenido lugar