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EL CRISTADELFIANISMO

 

Este hace una gran apariencia de apelar a las Escrituras. Cada amador de la verdad estará contento con juzgar este sistema por tal infalible estándar. Ningún buscador de la luz necesita temer. Si esto es de Dios, la escritura ciertamente será su más amplia vindicación, si no es de Dios, su más plena exposición. Tampoco son meros detalles los que tenemos que considerar. No hay una sola doctrina importante y fundamental sobre la cual la cristiandad por edades haya concordado que no sea  negada por  este sistema. El libro del cual sacamos extractos para mostrar que ellos (los cristadelfianos) sostienen, y que fue enviado al escritor por un cristodelfiano para convencerme de sus dogmas, consiste de  36 proposiciones, con alrededor de 500 citaciones de las Escrituras. El número de citaciones de las Escrituras solo prueba su infatuación, porque las Escrituras es su exposición, como lo veremos. Leído por descuidados e ignorantes, ellos pueden tener éxito al extraviar pero una vez que la verdad es claramente probada por las Escrituras, pronto será aparente cuán grande es su engaño.

Los cristodelfianos creen que el Señor Jesús no es divino, sino solamente  un  hombre, de este modo aplican un golpe fatal a todo el esquema de  redención. Citaremos sus propias  palabras. "Jesucristo, el Hijo de Dios, no es la ´Segunda Persona´ de una eterna Trinidad de Dioses, sino la manifestación de Un Eterno Creador, que es ´sobre todo y a través de todo' (Efes.4:6) y ‘de quien son todas las cosas' (Rom. 11:36). Este Creador y Espíritu, mora corporal y personalmente en el cielo, aun así la emanación de Su Espíritu llena la inmensidad. Por medio de  esta emanación del Espíritu Él engendró a Jesús, quien fue por tanto Su Hijo: por el mismo poder lo ungió y moró en  Él, y a través de Él habló a Israel (Heb.1:1). Jesucristo, por tanto, en los días de su debilidad, tuvo dos lados, por una parte  deidad; y por la otra el hombre, pero no como construida como enseñan los trinitarios, que hacen de Jesús el Hijo encarnado. El hombre  era el hijo cuya existencia data de su nacimiento; la Deidad que moraba en él era el Padre, que sin comienzo de días, es  eternamente preexistente. No hay dos o tres personas eternas antes que ‘el hombre Cristo Jesús', sino solo Una, Dios el Padre, cuya relación con el Hijo fue después ejemplificada en el evento relatado en Lucas (1:35), por lo que fue establecido lo que Pablo denomina ‘misterio de la piedad', Dios manifestado en carne, justificado en Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria (1 Tim. 3:16)

En esta proposición se declara, tan claramente como son posibles  las palabras, que el Señor Jesús no es el Hijo de Dios. Nadie cree en "una eterna Trinidad de Dioses," sino que la cristiandad cree en Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo, es decir en UN DIOS. La cristiandad cree en un Dios Triuno, no en una pluralidad de Dioses. Esto puede probarse muy claramente por las Escrituras. Aun así en esta proposición se nos dice que no hay dos o tres Personas eternas, que Jesús no es el Hijo encarnado, que Él es solo el Hijo engendrado en este mundo, cuya existencia data solo desde Su nacimiento, que la DEIDAD no es  esencial a la Persona del Señor Jesús, sino que "la Deidad que moraba en Él era el Padre". Toda la proposición es completamente falsa. Dejemos que las  Escrituras  a las cuales ellos con tanta confianza apelan, responda. Los cristadelfianos afirman que el Señor Jesús no ha tenido una  existencia previa a Su encarnación. Las propias palabras del Señor son: "Antes de que Abraham fuese, YO SOY" (Jn.8:58).Nuevamente observe cuidadosamente las palabras que el mismo Señor ha expresado: "Y ahora, oh Padre, glorifícame contigo con la gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Jn. 17:5) "de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén." (Rom.9:5). "Más del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;

Cetro de equidad es el cetro de tu reino." (Heb.1:8). "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho." (Jn.1:1-3) "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad."(Jn.1:14)

¿Podría haber una refutación más convincente y clara de la enseñanza del Cristadelfianismo? Al negar la Deidad esencial del Hijo, la fuente de la enseñanza del  Cristadelfianismo está envenenada en su misma fuente. ¡Por qué sorprenderse entonces , que el río que emana de tal fuente sea letal y venenosa¡ para ir más lejos el Cristadelfianismo niega el valor expiatorio de la muerte de  Cristo., y de este modo nos quitaría, si pudiese,  al Salvador. Ellos dicen, "la muerte de Cristo no fue para  expresar la ira de una Deidad ofendida, sino para expresar el amor del Padre en un sacrificio necesario por el pecado, para que la ley del pecado y muerte que se introdujo por el primer Adán pudiese ser nulificado en el Segundo Adán en una pleno cumplimiento de  sus demandas a través de una rendición y sumisión temporal a su poder, después de lo cual la inmortalidad por resurrección pudiese ser adquirida, en armonía con la ley de  obediencia. De este modo el pecado es quitado, y la justicia es  establecida.

Aquí la muerte del Señor Jesús es vista como la  expresión del amor del Padre. Sin duda que  ésta es la expresión del amor de Dios, y ¿quién desearía cuestionar esto? Pero note, lector, la justicia de Dios demandando satisfacción por el pecado es ignorada completamente. La muerte de  Cristo, dicen ellos,  no fue para apaciguar la ira de Dios. Ciertamente la santidad y la justicia han tenido sus demandas, y si el amor de Dios debe ser justamente mostrado a pecadores en la oferta de perdón de pecados y de salvación, debe haber allí satisfacción rendida a las demandas de la santidad y justicia de Dios contra el pecado. En el libro del cual hemos citado, Cristo no es mencionado como Salvador, tampoco Su preciosa sangre como lo único que puede limpiar del pecado, y la confesión de Jesús como Señor es completamente ignorada. ¡Qué inexpresablemente triste es todo  esto!

El Espíritu es impersonal. Si el Cristadelfianismo niega la personalidad divina del Hijo de  Dios, somos completamente preparados para ver que ellos nieguen también la personalidad divina del Espíritu Santo. Ellos enseñan que: el Espíritu no es un Dios personal distinto del Padre, sino el radiante, e invisible poder y energía del Padre, llenando el espacio del universo, y formando el medio de Sus omniscientes  percepciones  y el instrumento de Sus omnipotentes mandatos, ya sea en creación o inspiración; la distinción entre el Padre y el Espíritu no es que ellas son dos personas, sino n que el Padre es Espíritu en foco tan intenso de manera a ser la resplandeciente e inconcebible sustancia, y el Espíritu, el poder del Padre, llena el espacio,  y forma con el Padre una unidad en el estupendo esquema de la creación, que  está girando alrededor de la Suprema fuente de todo poder.

De esta manera en grandes y vacías palabras ellos niegan la personalidad del Espíritu de Dios. Por el contrario, la  Escritura se refiere reiteradamente al Espíritu Santo como una  Persona. "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir." (Ver también  Mt.28:19; Jn. 14:16, 17,26; 15:26)

La personalidad de Satanás es negada. El diablo no es (como se supone comúnmente) un agente sobrenatural y personal del mal, y de hecho, no existe tal ser. El diablo es una manifestación escritural del pecado en la carne en sus variadas fases de manifestaciones subjetivas, individuales y corporativas, social y política, en historia, experiencia, y profecía, de acuerdo al estilo de la metáfora que habla de sabiduría como de una mujer, riquezas como Mamón y Satanás como el dios de este mundo, etc. El propósito de Satanás es  alcanzado si las personas pueden ser persuadidas de que él no existe. No tememos a lo que  no existe. [1].

El Cristadelfianismo  niega el infierno, no contento con negar el cielo para el creyente, rehúsa creer en un infierno o eterno castigo. Ellos establecen estos en muy pocas  palabras. Ellos dicen: "necesariamente sigue, que la teoría popular del infierno y los tormentos eternos con una ficción."  El Cristadelfianismo  niega  que el cielo sea la porción del creyente, y niega la misma existencia del infierno, y ellos son forzados a proponer lo que llaman "la inmortalidad condicional" para cubrir su refugio.   Bastante se ha mostrado para probar que  este sistema es anti-cristiano  y satánico. Podemos comprender que, una vez partiendo con una premisa falsa en cuanto a la Persona de Dios el Hijo, error tras error  sea necesario para sostener este atrevido ataque contra el Cristianismo. Puede contenderse que en medio de esta multitud de errores el Cristadelfianismo al menos sea sano en cuanto a su reconocimiento de Dios el Padre. Pero la Escritura enseña algo diferente, y ellos son dejados casi completamente bajo la maldición de las Escrituras.  Ellos niegan la personalidad divina del  Hijo. La  Escritura nos dice en esta conexión  que: "todo aquel que niega al Hijo, no tiene al Padre" (1 Jn.2:23). "Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo.

Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.

Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.

Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!

Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras." (2 Jn. 7-11)

¡Sin Dios, sin el Padre, sin el Hijo, sin el Espíritu Santo, sin expiación, sin esperanza del cielo! ¡Qué terrible es su condición! Su sistema es realmente de error sin una  característica redentora.

                                                                                                

A.J. Pollock

 

 

[1]  Cristo afirma que vio a Satanás, Lc 10:18, la  Escritura dice también que Él habló con Satanás, Mt 4:4,7,10, y que Satanás finalmente será arrojado al lago de fuego, Apoc.20:10.