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TODOS VOSOTROS SOIS HERMANOS

 

 

En el primer cuarto del siglo 19 varios libros fueron publicados sobre el tema de la profecía, particularmente relacionados con la restauración de Israel, y la gloria del reino del Mesías. Uno apareció en 1812 escrito por un sacerdote católico romano sudamericano bajo el seudónimo de Ben-ezra. Éste fue traducido del español al inglés en 1827, y produjo gran interés en el estudio de la profecía.

 

Numerosos libros y artículos en revistas aparecieron sobre el tema. Reuniones para el estudio de la profecía fueron sostenidas en la casa de H. Drummond en Albury en Surrey, y posteriormente en Powescourt Castle, en Wicklow, Irlanda.

 

A éstas asistieron al principio muchos clérigos como también laicos. La atención estaba focalizada sobre el fin de la dispensación actual, y fue levantado entonces el clamor “He aquí el esposo, salid a recibirle”.

 

El despliegue de la verdad profética produjo la gran distinción entre el lugar de Israel, destinado para la bendición terrenal, quien, como una nación,  debe tener el principal lugar sobre la tierra en el Milenio, y por otra parte, el lugar de la iglesia que pertenece al cielo, sentada en lugares celestiales en Jesucristo, pero mientras sobre la tierra, ella comparte el lugar de su aún rechazado Cabeza, y espera el momento de Su retorno para darle el lugar asignado para ella en la gloria con Él mismo.

 

En el invierno de 1827 cuatro cristianos, que por algún tiempo habían sentido que ninguna de las denominaciones de la cristiandad adoraba de acuerdo al orden escritural, acordaron después de mucha oración, reunirse el día del Señor en vista a partir el pan de acuerdo al propio deseo del Señor. “El Señor Jesús la misma noche que fue entregado tomó pan y cuando hubo dado gracias, lo partió y dijo, tomad, comed, este es mi cuerpo, que es roto por vosotros; haced esto en memoria de mí”.

 

Los nombres de los cuatro hombres eran Darby, Cronin, Bellett y Hutchinson. Ellos tuvieron su primera reunión en la casa del último nombrado en Fitzwilliam Square, Dublín. Otros pronto se agregaron a ellos, y al final de 1829 o a comienzos de 1830, ellos arrendaron un salón de subasta en Aungier Street. Lord Congleton (entonces, J. Parnell) estaba en ese tiempo entre ellos.  Ellos estaban profundamente conscientes de la aprobación del Señor, y fueron ricamente bendecidos. Ellos no sólo celebraron la Cena del Señor, sino que se reunieron para leer las Escrituras, confiando plenamente en la presencia del Espíritu Santo para guiarlos y enseñarles.

 

En estas reuniones ellos simplemente se reunieron como hermanos, sin pastor, anciano oficial, o director humano, sino de acuerdo a la palabra del Señor, “uno es vuestro Maestro (Instructor) y todos vosotros sois hermanos”. Al comienzo parece que no todos estaban claros en cuanto a la importancia de este principio, pero la experiencia les enseñó que mientras más confiaban en el Espíritu Santo más grande era su libertad y bendición. Esta pequeña compañía abandonó toda forma de organización humana. Al pensamiento humano esto parecía inoperante, y realmente esto es sólo posible donde la autoridad del Señor y el poder del Espíritu son reconocidos y hay sometimiento a ellos. Los dones del Espíritu Santo, sin embargo, ellos los reconocían plenamente, y dejaron lugar para maestros y evangelistas cuyos dones eran evidentes, no por ordenación, sino por el don del Espíritu. Como esto obraba al principio en la iglesia se ve por 1ª Co.14. Una asombrosa suma y variedad de dones se manifestaron entre ellos a medida que su número crecía. Por medio de lecturas, una rica siega de sana enseñanza, fue sacada del estudio de la palabra de Dios, y se extendió a través de toda la cristiandad. Miles de cristianos que nunca se unieron a los “Hermanos” [1] como ellos son llamados, se beneficiaron de su enseñanza.

 

Otra característica importante con ellos fue su obediencia a las Santas  Escrituras. Como uno de ellos ha escrito. «Todas las declaraciones de verdad deben ser inferiores a las Escrituras, aun cuando son sacadas de ella».

 

Las reuniones se multiplicaron; éstas se levantaron en toda Bretaña, y en los Estados Unidos, las Indias occidentales. En el continente de Europa, también en Francia, Alemania, Holanda, Escandinavia, Italia, España y Rusia. Había reuniones aun entre los Coptos en Egipto. Cuando los “Hermanos” de Inglaterra comenzaron a visitar otras tierras encontraron que Dios había ido delante, y preparado el camino para Su pueblo, y puso similares ejercicios en sus corazones, de manera que en muchos lugares reuniones ya estaban formadas y que partían el pan en la misma forma simple, y tales reuniones rápidamente recibieron la  verdad que les era ministrada.

 

A comienzos del siglo 19 se levantó en Ginebra una pequeña compañía de cristianos que se reunían en simplicidad, prominente entre ellos era uno de apellido Bost, que había sido influenciado por los Moravos. En 1816 Robert Haldane vino a Ginebra y se produjo un  notable avivamiento del cual un relato se ha dado. El Espíritu Santo lo usó a él para encender un fuego que se extendió desde Ginebra, donde él trabajaba, hasta Waadland, Berna, Basle, Zurich, y aun San Gallen. Allí hubo mucha oposición, pero la obra de Dios se extendió lejos y ampliamente, y aquellos que obtenían luz y ayuda a través de él llevaban el evangelio a otras ciudades y países en el Continente. La obra de Haldane reavivaba la verdad del evangelio. Nueva luz siguió. En octubre 5, 1817, ellos celebraron la Cena del Señor en su simplicidad escritural, aparte de las iglesias organizadas. Todos los presentes experimentaron una rica bendición y fueron estimulados  por un sentido de la presencia del Señor. Ellos dijeron que deseaban andar con la Biblia en sus manos, sin planes preconcebidos, teniendo la palabra de Dios como su única regla, y al Espíritu Santo como su único Líder. Aquellos que tomaron este camino eran simples, cristianos comunes. Cuando J. N. Darby llegó a Suiza en 1837 encontró a tales creyentes reunidos sobre los mismos principios que él y otros habían comenzado diez años antes en Inglaterra y él felizmente se asoció con ellos  como un hermano en Cristo. Desde Ginebra él fue a Lausanne y a otros lugares, estimulando a los santos entre ellos. Su notable conocimiento de las  Escrituras y sobresaliente don como maestro ayudó grandemente  para edificar a estas pequeñas compañías en la verdad. Su ministerio fue impreso en Basle, y desde allí llegó hasta Alemania, donde también pequeñas compañías de cristianos se estaban reuniendo en líneas similares. La obra se extendió a Jubingen y Stuttgart a través de Peter Nippel quien había sido profundamente impresionado con los escritos de Darby publicados en Basle en 1843. Tratados y folletos de Darby también fueron impresos en Dusseldorf, y un periódico, “La Espera de la Iglesia”, fue producido. Esta literatura fue impresa en tales cantidades que eran llevadas a las reuniones y personas llenaban sus bolsillos con ellos. William Darby, hermano de J.N. Darby, vivía en Dusseldorf en este tiempo, y juntamente con V. Poseck estaba muy activo ministrando entre los cristianos en toda el área. G. V. Wigram también visitaba las reuniones.

 

Karl Brockhaus y otros estaban ocupados en este tiempo en Elberfeld y los alrededores extendiendo el evangelio; él y sus colaboradores publicaron una revista llamada “Der Saemann” de la cual se publicaban 4.000 copias periódicamente. En el curso de 12 meses ellos tuvieron 160 reuniones de lecturas bíblicas en 70 lugares diferentes, y distribuyeron 270.000 tratados. Karl Brockhaus fue un destacado siervo caracterizado no sólo por un don de evangelista, sino también por un ferviente amor y un espíritu pastoral; él se convirtió siendo joven, a los 23 años y comenzó lecturas bíblicas en una sala de clases. Cuando leyó los escritos de J. N. Darby fue profundamente impresionado. Esto guió a una invitación a Darby, quien vino a ministrar entre ellos. Las compañías que se reunían con Brockhaus en Alemania pronto se asociaron con los hermanos en Inglaterra y la valiosa literatura de escritores tales como Darby, Bellett, Mackintosh, y otros fueron traducidos al alemán. Otros nombres podrían, por supuesto, ser añadidos pero el espacio lo impide y el exceso de detalles haría el relato también tedioso. J. N. Darby emprendió, con la colaboración de V. Poseck la traducción de toda la Biblia en alemán. El resultado fue una muy fiel y exacta versión de las  Escrituras.

 

Estas actividades han tenido su contraparte en otros países del continente, en América, y en las colonias Británicas. Compañías reunidas  simplemente como hermanos brotaron en casi todo lugar donde el testimonio cristiano se había extendido. J.N.Darby escribiendo al profesor Tholuck en 1855 dice: «la predicación del evangelio en Suiza e Inglaterra ha guiado a la formación de algunas reuniones entre los emigrantes a los Estados Unidos y Canadá; la evangelización de los negros ha guiado a otros a Jamaica y Demerara». Hemos tenido ante nosotros interesantes relatos de la extensión del evangelio y la formación de tales compañías en Jamaica y Barbados, donde hasta este día hay muchas felices compañías de hermanos de color reuniéndose en ferviente comunión con otras de origen europeo.

 

Apenas habían pasado veinte años desde que la pequeña reunión había comenzado en Dublín, cuando Satanás emprendió un sutil ataque que dividió a los “Hermanos” en dos campos. Mala doctrina concerniente al Señor Jesús fue introducida por un líder llamado B. W. Newton que formaba parte de la gran reunión en Plymouth. La doctrina fue universalmente condenada, pero produjo serios resultados en cuanto a la comunión practica, que se manifestó en la gran reunión de Bethesda, Bristol, donde Muller y Craik eran los líderes. J.N. Darby sintió que en tan seria materia no podía haber compromiso con el mal, y que el principio de separación demandaba apartarse no sólo del autor de la herejía, sino también de todos los que tenían vínculos con él.

 

George Muller, cuya influencia era muy considerable, se opuso a esto, y aquellos que lo siguieron vinieron a ser conocidos como “Hermanos Abiertos”. Esta triste división debilitó grandemente el testimonio de los “Hermanos” a la verdad del un cuerpo, y fue, lamentablemente, no la única ocasión en la cual el enemigo tuvo éxito en dividir sus filas. Para tratar adecuadamente con los principios envueltos y las subyacentes consecuencias morales estaría más allá del alcance de esta historia. Éstas fueron tratadas en un panfleto escrito en ese tiempo por un hermano espiritual y altamente respetado (2), como también por el mismo Darby.

 

Los siguientes extractos son de un panfleto publicado en 1875 por un ministro anónimo en Edimburgo. Después de citar las obras de los principales Hermanos y extendiéndose sobre su valor, él escribió:

 

«Está escrito en la inspiración divina ‘cuando el enemigo venía como un diluvio, el Espíritu del Señor levantará contra él bandera’. En los últimos años el enemigo ha estado viniendo como un diluvio y ¿dónde hay algo en estas tierras que pueda ser llamado el “levantar una bandera” excepto sea en el intensamente espiritual movimiento y de los escritos de los Hermanos? Porque, sacando sólo de las Santas Escrituras ¿No han ellos desplegado una bandera a causa de la verdad contra cada gran mal que ha venido a la luz en los pasados cuarenta años? ¿No son ellos en el día actual portaestandartes de un Cristianismo restaurado?».

 

«Pero, cuando usted puede señalar a un grupo de cristianos, viviendo entre nosotros, que, a costo de todo lo que es querido para la carne, se han atrevido a levantar el cristianismo apostólico, puro muy simple en doctrina, adoración y practica, usted señala a los verdaderos sucesores de los cristianos primitivos, que son no sólo la esperanza de retener el verdadero y vital cristianismo en medio de nosotros, sino quizás de preservar por un tiempo al país de la decadencia y destrucción, mientras la dispensación continúe; porque tales santos no sólo son evangelistas al mundo pagano, sino también ‘la sal de la tierra’»

 

«Si debiésemos investigar donde estos maravillosos evangelistas de América (que han sido prominentemente usados en el actual despertar religioso) han obtenido el pleno y claro evangelio del amor de Dios hacia los pecadores, que ellos predican, reconocerían que lo han obtenido por oírlo predicado por un hermano evangelista y después más sólidamente de los escritos de “Hermanos” como C.H. Mackintosh, C. Stanley o de J.N. Darby mismo, a cuyos pies él se ha sentado, y no mucho atrás, en la ciudad de Chicago, cuando a su petición tuvieron reuniones de lecturas bíblicas por algunas semanas. Posteriormente él encontró libertad de la ley leyendo el libro de Mackay “Gracia y Verdad” que habla claramente de la deuda de su autor hacia los “Hermanos”».

 

«Además, ¿no es éste también el caso que, en el momento actual, cientos de clérigos piadosos y ministros están alimentando sus propias almas en el rico banquete provisto para ellos en los escritos de los ‘Hermanos’ y las personas a quien ellos predican están segando el beneficio de estos estudios privados? Por medio de millones de sus tratados los “Hermanos” también están llevando salvación, libertad, paz y gozo a miles que nunca estarán asociados a ellos en comunión corporativa».

 

«Por un largo tiempo el vino nuevo ha estado reventando los ‘viejos odres’, y sigue corriendo. Los mejores de los santos de Dios están reventando los ‘odres viejos’ del denominacionalismo. ¿Por qué no asegurarse de tener esto en el nuevo odre de la iglesia de Dios, para que el odre y el vino puedan ser preservados? (Mt.9:17) nadie cree en el denominacionalismo salvo los hombres más ignorantes y prejuiciados; todos los cristianos saben y admiten lo que son sectas y divisiones, por decir lo mínimo, que son de la carne y no de Dios.  ¿Por qué entonces no terminar con ellas? Si somos de Cristo, somos miembros de Su cuerpo y no debiésemos pertenecer a otro. ¿Dónde nos guiaría esto ahora?  Tengamos cuidado de no pelear contra Cristo en defensa de nuestro “ismo”. ¿Por qué no desconsiderar todos nuestros “ismos” en vista a seguir al Señor y Su palabra, y estar sobre el terreno y fundamento de Su iglesia? ¿Por qué no dejar al Espíritu Santo reunirnos a todos a Cristo sólo en la unidad de Su cuerpo (como todos los creyentes estaban en los días de los apóstoles), y no pertenecer  a nada eclesiásticamente en el tiempo, que no pertenece a la eternidad?».

 

Estas palabras fueron escritas ochenta años atrás, cuando el movimiento tenía alrededor de cincuenta años de antigüedad y muchos de aquellos a quienes el Espíritu había despertado y había clara y poderosamente usado aun estaban vivos. No es para glorificar a algún cuerpo de cristianos que reproducimos estas palabras. Sería absolutamente errado hacer así. Si esto fuese merecido, la gloria se debe a Dios solamente. Nuestro objeto en esta obra es simplemente presentar un fiel cuadro de cada movimiento divino que hemos sido capaces de trazar en la historia de la iglesia, porque es para la gloria de Dios y el ejercicio y estimulo del cristiano en nuestros días. Una recuperación de la verdad fue efectuada en estos días por la soberana acción del Espíritu Santo. Muchos cristianos en todo el mundo respondieron a eso, y en obediencia a la palabra de Dios, se reunieron en la simplicidad que caracterizaba a los cristianos primitivos. La luz y verdad que brilló ha llenado la cristiandad, y muchos se han beneficiado por ella, en la misma forma como la Reforma benefició a toda la iglesia.

 

El “Hermanismo”, como tal, no es mejor que otro “ismo”. El titulo está de hecho abierto a objeción como descriptivo de alguna sección del pueblo de Dios, porque el Señor dijo a Sus discípulos, “todos vosotros sois hermanos”.

 

“Extractos de un panfleto titulado “Literatura y Misión de los así llamados Plymouth Brethren” (por un ministro anónimo) publicado por James Nisbet & Co., London, 1875.

 

 

 

PRINCIPALES HERMANOS ENTRE LOS “HERMANOS”

 

 

 

 J. N. Darby

 

Cuando Dios está obrando en una forma muy clara, Él levanta siervos dotados con los dones y cualidades convenientes para la hora. El hombre que Dios  escogió para usar en una forma prominente en el avivamiento de la verdad de la iglesia, a comienzos del siglo 19 fue John Nelson Darby; él era hijo de John Darby de Markley, Sussex y Kings County, Irlanda, y que nació en el año 1800. Cuando él tenía 15 años la familia fue a residir al castillo ancestral en Irlanda, y el joven Darby, que había recibido su primera educación en Westminster School, fue entonces al Trinity College, Dublín, donde se graduó a los 19 años, y vino a obtener una medalla de oro en Clásicos. Posteriormente él estudio abogacía, y en 1822 fue llamado a ejercer en el Irish Chancery Bar.

 

Mientras tanto él había estado pasando a través de intensos ejercicios espirituales, y por siete años su único rayo de luz y esperanza en su alma. Cuando la luz finalmente entró plenamente fue por la palabra escrita de Dios y aparte de instrumentalidad humana. Habiendo venido a conocer al Señor, él ahora se levantó “y dejando todo le siguió”; ¡él no podía conscientemente  continuar en su carrera legal!, de manera que  vino a ser un clérigo y sirvió primeramente como cura en una región pobre y montañosa, Wicklow. F.W. Newman, quien lo conoció bien, dijo de él en ese tiempo:

 

«Cada tarde él salía a enseñar en las chozas, lejos en las montañas y en medio de los bosques, y regresaba a casa antes de la medianoche. Tales esfuerzos debilitaron su fortaleza, y sufría en sus miembros que, no sólo tenía cojera, sino aun más serios resultados se temían para él…sus largos viajes a través del salvaje condado y entre personas indigentes produjeron sobre él mucha severas privaciones, ya que debía comer alimento que se le ofrecía  (alimento a menudo desagradable e indigestible para él), toda su constitución física se parecía a la de un monje de La Trappe».

 

De su lealtad a las Santas Escrituras el mismo testigo dice:

 

«Nunca antes he visto a un hombre tan persuadido, que ninguna palabra del Nuevo Testamento debiese ser tratada como letra muerta para él. Una vez le dije, ¿Realmente usted piensa que ninguna parte del Nuevo Testamento puede  haber sido temporal en su objeto? Por ejemplo, ¡Qué habríamos perdido si Pablo  nunca hubiese escrito. “Tráeme el capote que dejé en Troas y los libros, y especialmente los pergaminos”? Él respondió con la más grande prontitud, ‘yo había perdido algo; porque fue exactamente ese sólo versículo que me salvó de  vender mi pequeña librería. ¡No! ¡Cada palabra, depende de esto, del Espíritu y es de eterno servicio!».

 

Mientras viajaba, como era su costumbre, a caballo, él fue arrojado sobre un portón y quedó seriamente lastimado. Antes de esto sus pensamientos  habían sido perturbados al observar la diferencia entre la iglesia de sus días y la vista de ella en los Hechos de los Apóstoles. Durante su enfermedad este ejercicio maduró, y él dejó la iglesia. En justificación de esto (aun no tenía 30 años) él escribió: «el hombre que dijera que la iglesia de Inglaterra es una reunión de santos debe ser un hombre muy extraño, o uno muy osado. Todos los parroquianos por principio están obligados a asistir. No han sido los detalles en cuanto al sistema sacramental y sacerdotal lo que me han llevado fuera de la iglesia Anglicana, mortales como son ellos en su naturaleza. Sino que lo que yo estaba buscando era el cuerpo de Cristo (que no estaba allí, quizás en toda la parroquia no había un solo convertido); y colateralmente, porque yo creía en un ministerio divinamente señalado. Si Pablo hubiese venido no podría haber predicado (ya que él nunca fue ordenado) si un hombre malo, pero ordenado viniese, él tenía derecho y debería ser reconocido como un ministro; mientras el más verdadero ministro de Cristo no ordenado, no podría hacerlo. Éste era un sistema que era contrario a lo que encontraba en las  Escrituras».

 

Brevemente después él se encontró con los pocos ya mencionados, reuniéndose en el día del Señor en una casa privada en Dublín para recordar al Señor Jesús en el partimiento del pan. Alrededor de ese tiempo él escribió un notable panfleto titulado, “La Naturaleza y Unidad de la Iglesia de Cristo”.

 

En estos días, también, él asistió con muchos otros a las reuniones sostenidas en el castillo Powescourt. Al principio sesenta o setenta sinceros clérigos, y un número de ministros disidentes, asistían, pero cuando ellos vieron su inflexible actitud hacia el clericalismo, que él había abandonado por causa de la conciencia, ellos lo dejaron.

 

Él estaba ahora entregado a su carrera de servicio, que debía durar sobre cincuenta años de incansable y abnegada labor por Cristo y Sus santos; él viajó lejos y ampliamente en casa (Inglaterra) y en el continente, y cruzó el Atlántico. Visitó, predicó, enseñó y escribió voluminosamente. Nunca estuvo ocioso, siempre manteniendo esa íntima comunión con el Señor que le dio ese lustre a su testimonio y fragancia a su vida.

 

Él visitó el Continente por primera vez en 1830 cuando apoyó las labores de F.P. Monod en Francia. Visitó Suiza. Dos años después volvió a visitar Suiza pasando cuatro años en ese país y Francia, retornando nuevamente en 1844 y 1848, y haciendo nuevas visitas entre 1850 y 1854. En 1854, ante la sugestión de su hermano que estaba viviendo en Dusseldorf, fue a Alemania por primera vez, pasando un tiempo en Holanda. Frecuentes visitas a Francia, Holanda, Suiza y Alemania fueron emprendidas desde entonces hasta 1862, cuando él visitó los Estados Unidos. A su retorno, el continente nuevamente demandó sus labores, pero a los países ya nombrados él añadió Italia y España. Alemania lo volvió a ver en 1870. Después hasta 1879 él viajó no sólo en Europa y América, sino que también visitó Australia y Nueva Zelanda. En estas frecuentes jornadas, que cubrían el espacio de casi cincuenta años, él estuvo ocupado predicando, enseñando y exhortando al pueblo de Dios. Tres grandes volúmenes de cartas dan algún vistazo de estas labores y nos permiten entrar en sus propios ejercicios. En medio de todas estas actividades encontró tiempo para escribir los variados artículos y tratados que llenan 34 volúmenes de su colección de escritos; para traducir toda la Biblia de los lenguajes originales al alemán y francés y el Nuevo Testamento al inglés desde el griego, y también escribir el Sinopsis de los Libros de la Biblia. Ningún maestro ha penetrado más profundamente en los santos misterios de la revelación, tampoco nadie expuso más exactamente las doctrinas enseñadas en las Escrituras.

 

Sus escritos no siempre han sido fáciles de seguir, él escribió como los pensamientos venían a él. Nunca entremetió su erudición. Sin embargo, él fue un profundo estudioso, con una mente notable y aguda. En su colección de escritos todo el rango de las Escrituras es examinado y comentado, las escrituras proféticas son iluminadas en una forma notable, los errores del Papado son traídos a la luz; y muchos otros errores son expuestos a la luz de las Escrituras. El libro “Essays and reviews” en el cual los modernistas de su día mostraban sus perniciosas nociones son también examinadas y refutadas. El Movimiento de Oxford es de igual modo expuesto. Valiosas ayudas para los estudiosos se encuentran también, en estos volúmenes, tales como el tratado sobre el artículo griego. Después, también, el Sinopsis of the Books of the Bible es un incomparable comentario sobre toda la Escritura.

 

Sus cartas nos presentan una vista dentro de su carácter, y nos muestran a un hombre de Dios, abnegado, laborioso, devoto, un hombre cuyo único deseo era la gloria de Dios. Pero las más profundas y ricas notas de espiritualidad son tocadas en sus poemas. Estos muestran más que cualquier otra cosa, como él verdaderamente respiraba la atmósfera del cielo. Citamos  unos pocos versículos.

 

 

 

EL LLAMADO  (1832)

 

¿Qué poderosa voz, y potente voz, tan cerca,

 

Me llama de la tierra aparte que llega con tonos claros,

 

Desde el mundo invisible a mi corazón?

 

Esto es solemne, aun así me atrae con poder

 

Y dulzura desconocida Ésta habla el lenguaje de una hora

 

Cuando la tierra se ha ido para siempre

 

¡Bendito Señor tú hablas! ¡Es Tu voz!

 

Que guía mi corazón hacia Ti

 

Que me atrae a esa mejor elección donde la gracia me ha libertado!

 

Mi felicidad, oh Señor, contigo por largo tiempo está reservada,

 

Para ese bendito día cuando te vea y todo conflicto haya pasado

 

¡Si! El amor divino en Ti lo conozco; pronto las glorias del Padre

 

Brillarán sobre mi embelesada vista, Tú mismo mi eterna corona!

 

 

 

 

 

EL DESCANSO DE LOS SANTOS (1845)

 

¡Descanso de los santos arriba,

 

Jerusalén de Dios!

 

¿Quién, en tus palacios de amor,

 

Tus calles de oro ha pisado

 

Para expresarme tu gozo?

 

Estos atrios aseguran del mal,

 

Donde Dios mismo concede morar

 

¡Y cada seno llenar!

 

Allí sólo para adorar

 

Mi alma su poder puede encontrar

 

Su vida, su gozo para siempre,

 

Por vista tampoco sentido definido.

 

Dios y el Cordero serán allí

 

La luz y el templo;

 

¡Y radiantes ejércitos, para siempre, compartir

 

El manifestado misterio!

 

 

 

AMOR DIVINO  (1880)

 

¡Oh pensamiento divino! Así debe ser,

 

¡Toda gloria pertenece a Dios!

 

¡Oh, amor divino! Que decretó

 

¡Que nosotros seamos parte, a través de la sangre de Jesús!

 

¡Oh, guárdanos, amor divino, cerca de Ti,

 

Para que en nuestra insignificancia podamos conocer;

 

Y siempre para Tu gloria estar

 

Andando en fe mientras andamos aquí

 

 

 

Darby no fue un sectario. En su corazón él abarcó a cada uno de los que aman a Cristo, y el terreno sobre el cual estuvo pertenece a todo el pueblo de Dios, es decir, “apártese de iniquidad y siga la justicia, fe, amor y paz con todos los que con corazón puro invocan el nombre del Señor”, tomando sólo las Escrituras como la sola y suficiente guía para la fe y la conducta. Él vio a la iglesia públicamente como en una ruina irremediable, y creyó que el camino para aquellos que buscaban ser verdaderos a Cristo era uno de fidelidad individual.

 

El fiel por ello se encontraría en un terreno común, y andando en la luz, como Dios está en luz, gozarían comunión los unos con los otros. Él dijo a un amigo unas pocas semanas antes de su muerte, «hay tres cosas sobre las cuales me he detenido mucho:

 

    Dios es mi Padre y yo soy Su don para Su Hijo

    Cristo es mi justicia

    Cristo es mi objeto en vida, y mi gozo por la eternidad»

 

El durmió en el Señor  el 29 de abril, 1882 [2]

 

 

 

George Muller

 

En los primeros años del siglo 19 había poca evidencia de la vida cristiana en Alemania. El Luteranismo estaba muerto. No había habido contraparte allí al gran despertar que había reavivado el Cristianismo en Inglaterra en la última parte del siglo 18, y las guerras Napoleónicas habían hecho las cosas peores.

 

Allí había, sin embargo, luces ardiendo aquí y allí. A menudo unos pocos fieles creyentes se reunían para leer las Escrituras y orar juntos en una casa. Predicar o enseñar estaba prohibido en el territorio del rey de Prusia. Pero ellos podían leer y orar. Tales pequeñas reuniones se podían encontrar en un hall en el hogar de un piadoso comerciante llamado Wagner. Un sábado por la tarde dos jóvenes estudiantes de la universidad vinieron y fueron afectuosamente recibidos. Uno era un descarriado que había tenido en sus primeros días impresiones cristianas. El otro era George Muller, entonces un joven más bien indiferente, adicto a la bebida y a los placeres de la juventud. Había muchos como él en esa universidad, una vez famosa como el centro del Pietismo, donde Franke había enseñado, y donde, un siglo antes Zinzendorf había sido un estudiante. Había allí novecientos estudiantes de teología en los días de los cuales hablamos, y difícilmente alguno tenía el conocimiento de Dios.

 

La conciencia de Muller lo hacía sentir incomodo en tal compañía, y él hizo una forma de apología. “Venga” dijo el bondadoso Wagner “tan a menudo como usted quiera”. Los procederes eran una revelación para Muller, él ni siquiera poseía una Biblia. Cuando uno de esa compañía se inclinó en sus rodillas para orar, él se asombró; él nunca se había arrodillado para orar, tampoco había visto a nadie hacerlo, aunque él era un estudiante de teología.

 

El Espíritu de Dios comenzó a trabajar en su corazón, él no podía esperar por la próxima reunión. Iría nuevamente al otro día, y el próximo, y el próximo. Felizmente él bebió de la verdad como le era desplegada en la palabra de Dios. Fue en noviembre de 1825, que él encontró paz con Dios. Por cuatro años, sin embargo, él pasó a través de un tiempo de pruebas y luchas. Él pensó entregarse a la obra misionera. Su padre, amargamente desilusionado, no le dio su aprobación.

 

Tholuck, un hombre verdaderamente evangélico, mientras tanto había llegado a la universidad y por medio de su influencia Muller sufrió un gran cambio. El joven Muller había ahora perdido el sustento de su padre. Por un notable ordenamiento providencial, un don le llegó de un donador anónimo, y esto lo guió a profunda gratitud y a una nueva dedicación al servicio de Dios. Él había venido a ser muy versado en hebreo, y Tholuck le sugirió que trabajara entre los judíos. Aceptando la obra bajo la London Society para promover el Cristianismo entre los judíos, él vino a Londres en 1829.

 

La amplia extensión del movimiento de los “Hermanos” había justo comenzado y Muller fue evidentemente influenciado. Él sentía que no podía  aceptar más una comisión para servir a Dios de parte de una Sociedad. Él debía ser enviado por Dios, y confiar sólo sobre el brazo del Señor. Las  características esenciales de la verdad que estaba entonces ejercitando a aquellos que estaban dejando las iglesias y sectas cayó poderosamente sobre él. En ese tiempo se unió en matrimonio con la hermana de A. N. Groves, un dentista que había abandonado una profesión muy lucrativa para servir como misionero en Bagdad. Yendo posteriormente a Teignmouth encontró a un piadoso y erudito hombre, pero humilde a la vez de apellido Craik. Muller y Craik entraron en un compañerismo en el servicio, que continuó muchos años.

 

Muller no tenía ingresos, y dependía completamente de las ofrendas voluntarias de aquellos a quienes servía, porque él había rehusado tener un salario. El resultado fue que él y su esposa a menudo no sabían de dónde  vendría la próxima comida. Fue de este modo que él aprendió esa absoluta dependencia de la provisión de Dios, que lo capacitó en años posteriores a edificar un gran orfanatorio, y alimentar y educar a miles de niños. Muller y Craik fueron entonces guiados a Bristol, donde ellos arrendaron dos capillas, una llamada Gedeón y la otra Betesda. Aquí ellos trabajaron, predicando y enseñando. Una pequeña reunión de creyentes fue formada, que consistía, al principio, de Craik y Muller, otro hombre, y cuatro mujeres, siete en total. Ellos se reunieron en simplicidad escritural, deseando sólo actuar como el Señor se complaciese en darles luz a través de Su palabra. Posteriormente se les unieron otros. Fue en ese tiempo que el cólera estalló en Europa. La enfermedad atacó Bristol, y muchos enfermaron. Craik y Muller estaban constantemente asistiendo a los enfermos y moribundos, llevándoles el agua de vida. Aparte de la enfermedad, la condición de los pobres en ese tiempo era lamentable. Muller estaba de rodillas orando, no por medios para sí mismo, sino por dinero para aliviar la prevalente angustia. En esa misma hora llegó un cartero con un don de 260 dólares.

 

Habían pasado dos años desde su llegada a Bristol. Su enseñanza y predicación lo mantuvo ocupado pero él haría más por el reino de Dios. Concibió un osado plan para extender el evangelio y hacer circular la Biblia, se propuso fundar lo que él llamó Escritural Conocimiento Institución; él no tenía un penique, a nadie se le pidió que contribuyese, él oró, simplemente oró y confió. También planeo establecer escuelas diarias y dominicales en las cuales los niños fuesen instruidos, no sólo en conocimiento sino también en las Escrituras. El año siguiente, había cinco escuelas, dos para niños y tres para niñas. Pero aún había muchos pobres, indigentes, niños abandonados, y su corazón se volvió hacia estos. Él puso ante sus hermanos su plan para un hogar para huérfanos, y ayudantes fueron obtenidos. De esta manera comenzó la obra que vino a ser bien conocida. Dinero jamás fue solicitado; todo venía en respuesta a la oración. Muchas veces los fondos estaban muy bajos o completamente agotados, pero Dios nunca falló en suplir las necesidades. “Señor”, él oró, “creo que Tú me darás todo lo necesario para esta obra. Estoy seguro que tendré todo porque creo que lo recibo como respuesta a mi oración”.

 

El total de dinero que él recibió en respuesta a la oración durante su vida llegó a la suma de un millón y medio de Libras.

 

Él fue capaz en su tiempo de vida, de educar y proveer para casi 10.000 huérfanos en sus casas en Bristol, de quienes la mitad confesó al Señor. Él también fundó escuelas en Escocia, India, Straists de Malacca, Guyana Británica, Essequebo, Belice, España, Francia, e Italia, un total de 117, en las cuales 122.000 jóvenes fueron educados de quienes 20.000 se reporta se han convertido. La circulación de Biblias llegó a la suma de 279.000, Nuevos Testamentos 1.440.000, tratados y folletos 109.000.000.

 

A la edad de setenta años él dejó los orfanatorios en otras manos  y viajó predicando y dando discursos. Esto continuó haciéndolo por veinte años durante los cuales visitó cuarenta y dos países diferentes. Él vivió después de esto tres años, llegando a la avanzada edad de 93 años y murió prácticamente sin medios, habiendo gastado todo lo que recibió sobre los objetos a los cuales consagró su vida.

 

Los siguientes breves detalles de hombres dotados entre la primera generación de los “Hermanos” son dadas en orden de fecha de nacimiento. La falta de más plenos detalles y limitaciones de espacio se combinan para hacer estas referencias más breves que lo que desearíamos.

 

 

 

J. L. Harris (1793-1877)

 

Se asocio a los “Hermanos” en la reunión en Plymouth en 1832, habiendo sido previamente cura de Plymtosck. Él escribió mucho, y editó la primera revista de los Hermanos, el “Christian Witness” en 1834. Fue él quien primeramente notó y atrajo la atención a las enseñanzas heréticas de B. W. Newton. Él y Newton eran en ese tiempo los dos hermanos líderes en la reunión en Plymouth.

 

 

 

J. G. Bellett (1795-1864)

 

Bellett fue uno de los primeros que se reunieron con Darby y otros para partir el pan en Dublín en 1828. J.N. Darby y él eran del Trinity College, Dublín y ambos fueron llamados a la abogacía en esa ciudad. La obra de Dios en ambos comenzó cuando eran jóvenes y fueron por largos años amigos. Su ministerio fue de un carácter muy espiritual. Como escritor su estilo es elegante. Sus libros sobre los Patriarcas, los Evangelistas y la Gloria Moral del Señor Jesucristo han sido siempre muy valorados.

 

 

 

Sir Edward Denny (17961889)

 

Aunque un hombre de noble nacimiento y considerable riqueza, Sir Edward Denny tomó su parte con los pobres del rebaño. Escribió un número de himnos y poemas. También publicó algunos interesantes diagramas proféticos. Vivió en un estilo quieto y simple usando su dinero para promover la obra de Dios, y el alivio de los pobres.

 

 

 

G. V. Wigram (1805-1879)

 

El vigésimo hijo de Sir Robert Wigram, fue educado en la universidad de Oxford, y se convirtió mientras era subalterno en el ejército. Él fue uno de los primeros de aquellos que se reunieron al nombre del Señor en Plymouth en 1830. Desde 1838 él estuvo activamente conectado con las reuniones en Londres. Fue patrocinador de Englishman’s Greek and English Concordance, and the Englishman’s, Hebrew and Chaldee Concordance. Valiosas ayudas para aquellos que, sin ser estudiantes del griego y hebreo han deseado conocer mejor las palabras usadas en el lenguaje original de la Biblia. Editó el segundo periódico de los hermanos, llamado “El Present Testimony”, y en 1856 la colección de himnos titulada, “Himns for the Poor of the Flock”. Él estuvo íntimamente asociado con J.N. Darby a través de toda su vida. Visitó numerosas veces Nueva Zelanda, las Indias occidentales, etc., donde su ministerio fue muy valorado. Sus escritos reflejan su espiritualidad y comprensión de la verdad.

 

 

 

Lord Congleton (1805-1873)

 

Fue otro del pequeño grupo que se reunió por primera vez en Dublín, y fue él quien arrendó el primer local público en 1830 en Aungier Street. En Septiembre, 1830, él con otros se unió a A. N. Groves, quien había abandonado una lucrativa profesión como dentista para emprender un servicio misionero. Groves fue entonces a Bagdad, donde posteriormente murió su esposa debido a la plaga. Y como no hubo apertura hacia el evangelio en Bagdad ellos se dirigieron a India. Lord Congleton retornó en 1837, continuando su servicio en Inglaterra, pero Groves trabajó en India y vio algún fruto de sus labores.

 

 

 

J. G. Deck (1807-1884)

 

En 1824 J.G. Deck fue a India como un oficial del ejército, pero se convirtió al Señor dos años después de su retorno a Inglaterra. Él vino a ser un valiente testigo entre sus compañeros oficiales, pero a medida que la luz aumentaba él sintió que estaba obligado a dejar el ejército, y se propuso venir a ser un clérigo. Él vio, sin embargo, que había mucho en la iglesia establecida que no era conforme a la palabra de Dios, y decidió seguir sólo la Palabra. Como resultado de sus predicaciones en las ciudades de Devonshire, muchos se convirtieron, y se reunieron en simplicidad al nombre del Señor. Él es más conocido por sus himnos de los cuales muchos son cantados hoy. En 1853 fue a Nueva Zelanda donde trabajó entre el pueblo del Señor hasta la muerte.

 

 

 

J. B. Stoney (1814-1897)

 

 Era nativo de Irlanda, a los quince años entró en el Trinity College, Dublín. Cuando en 1831 estalló el cólera en Dublín, él enfermó, y clamó al Señor por misericordia. Habiendo entregado su corazón al Señor, abandonó sus estudios de Abogacía, y se propuso entrar en el ministerio. No esperó, sin embargo, por una ordenación humana, sino que enseguida comenzó a predicar el evangelio. Posteriormente fue guiado a asociarse con aquellos que estaban dejando los sistemas humanos, y reuniéndose simplemente al nombre del Señor. Entre ellos fue usado en gran medida. Una de sus obras “Disciplina en la Escuela de Dios”, es bien conocida. Él verdaderamente fue un hombre de Dios.

 

 

 

William Kelly (1820-1906)

 

Nació en Irlanda, pero vivió muchos años en Guernsey y posteriormente en Londres. Cuando tenía alrededor de veinte años se unió a algunos que estaban reunidos en simplicidad al nombre del Señor. Fue un maestro dotado y un hábil expositor de la Palabra. Además de sus propias obras él editó “Collected Writings of J. N. Darby”, en sí mismo un valioso servicio para su propia generación y las posteriores.

 

 

 

C. H. Mackintosh (1820-1896)

 

Nació en Irlanda, despertado por las cartas de su propia hermana cuando tenía alrededor de 18 años, y obtuvo paz a través del folleto escrito por J. N. Darby “Las Operaciones del Espíritu Santo”. Como autor del ampliamente leído “Notas sobre el Pentateuco” su nombre es bien conocido. Él trabajó mucho y efectivamente en el evangelio, especialmente durante el avivamiento en 1859-60. Sus escritos ayudaron a muchos en todas partes del mundo además de aquellos reunidos con los Hermanos.

 

 

 

C. Stanley (1821-1888)

 

Fue un prominente evangelista, él raramente hablaba a almas o predicaba sin benditos resultados. Escribió muchos tratados evangélicos, que han sido muy grandemente bendecidos. Un fragmento de consejo es característico de él. Él dijo, «siempre he encontrado bendición y resultados en proporción a la comunión con Cristo en su amor hacia toda la iglesia, sea escribiendo o predicando; y ningún cristiano puede prosperar en su propia alma excepto esté buscando el bienestar de otros».

 

 

 

A. Midlane (1828-1909)

 

Nacido en la isla de Wight, es bien conocido como escritor de himnos, y especialmente como el autor de “Hay un amigo para los niños pequeños”. Éste apareció primeramente como una contribución al periódico de C. H. Mackintosh “Buenas Nuevas para los Jóvenes”. Éste ha sido traducido a cientos de lenguajes y cantado en todo el mundo. Escribió muchos otros himnos y poemas. El comienzo del himno evangélico, “la perfecta justicia de Dios es testimoniada en la sangre del Salvador”, ha sido difícilmente igualada como una presentación poética de la simple verdad del evangelio.

 

 

 

HOMBRES FIELES

 

La recuperación de la verdad que guió a muchos a dejar las Iglesias organizadas no fue respondida por todos. Pero Dios, como en días pasados, no abandonó a Su pueblo por no haberse levantado ni respondido a Su propósito, y hay varios que se han levantado por el evangelio en las variadas secciones de la cristiandad. Nuestra historia sería incompleta si no fuese dado un relato de hombres que de acuerdo a su luz han contendido por la fe una vez dada a los santos, y ejercido una poderosa influencia contra las malas fuerzas que estaban obrando en la cristiandad.

 

En el capítulo 16 de Lucas el Señor habla de un hombre rico que, mientras se banqueteaba cada día, ignoraba al hambriento mendigo que estaba a su puerta lleno de heridas. En el siglo 19 algo semejante a esto existía en una escala nacional. Como consecuencia de las guerras Napoleónicas y los rápidos cambios producidos por la revolución industrial, la pobreza se extendió y junto a otros males sociales. En 1848 se dice que había treinta mil niños desnudos, sin ley, y abandonados en la metrópolis. En las minas de carbón niños y jóvenes estaban cavando con sus propias manos y de rodillas doce o más horas al día. También mujeres trabajaban como bestias de carga. La mezcla de hombres y mujeres en estas oscuras cavernas guiaba a peores males, mientras las largas horas de trabajo en el polvo producían un rápido envejecimiento. Los ricos se preocupaban poco por las condiciones de los pobres. Herbert Spencer enseñó que tal dureza y sufrimientos era parte de la ley natural del progreso evolucionario.

 

Muchos cristianos hicieron lo que pudieron pata mitigar estos males, pero es prominente como dedicaron su vida para aliviar la miseria humana y los sufrimientos entre los pobres por todos los medios que estaban a su alcance y poder. Este fue Anthony Ashley Cooper, quien nació en 1801. Su padre era insensible, su madre una elegante mujer de sociedad. Como niño él fue descuidado por ambos. No recibió amor ni cuidados de sus padres. Una anciana sirvienta no sólo le mostró mucha afección sino que también le enseñó el conocimiento de Dios. Ella le leía la Biblia y le dio una verdadera educación cristiana. Antes que él tuviera ocho años de edad ella murió, ý él lamentó su pérdida como siendo ella la mejor amiga que había tenido en el mundo. Solo, sin amigos, e infeliz, él alimentó el hambre de su alma en el libro que había aprendido a conocer en las rodillas de su amiga. A los 26 años él entró en el parlamento, y el siguiente fragmento de su diario muestra el estado de sus pensamientos en ese tiempo.

 

«Si estaré siempre bien, sólo Dios lo sabe, por esto ruego, que nunca pida por riqueza, si ésta me es enviada, pueda también recibir un corazón y espíritu para usarla para la felicidad del hombre y la gloria de Dios»

 

Esa oración fue respondida. Cuando en 1851 él obtuvo que sus propias  fincas le fueran entregadas, en las cuales su padre no había hecho caso de las necesidades de sus inquilinos. Él hipotecó sus propias propiedades para dar una vida decente a sus inquilinos, pagó a un lector de las Escrituras que visitará a estas personas en sus casas. Él volvió su atención a aliviar las terribles condiciones existentes entonces en los asilos de lunáticos. Él se esforzó por mejorar las casas de hospedaje. Promovió el establecimiento de escuelas y se interesó por la obra cristiana en los barrios miserables de Londres. En una ocasión recibió una invitación pidiéndole que se encontrara con un número de ladrones en Londres. Él pronto estaba ante una audiencia de cuatrocientos criminales. La historia del ladrón moribundo fue leída ante ellos, y después siguió una oración. Los hombres fueron llamados a manifestar sus pensamientos. Muchos pidieron una nueva oportunidad en su vida. Como resultado él hizo arreglos para que trescientos de ellos emigrasen a las colonias donde muchos de ellos hicieron bien.

 

A través de su influencia y defensa, las terribles condiciones en las minas y fábricas fueron grandemente mejoradas. Pero el amor cristiano era su motivo. Él mantenía que los Demócratas y otros estaban trabajando solamente por motivos humanos, estaban sólo levantando ídolos falsos. Él era un ferviente cristiano y un hombre de oración. Sus labores eran el resultado de su fe —de su simple fe del evangelio.

 

Fue en ese tiempo que Herbert Spencer estaba ocupado formulando su filosofía evolucionaria basada sobre la supervivencia del más fuerte, una filosofía que en años posteriores, en los horrores del nazismo pueden fácilmente trazarse. En ese tiempo, también, Karl Marx estaba ocupado formulando el credo comunista, otra mala doctrina que ha abierto para el mundo una vista del terror que ni siquiera aún puede verse. ¡Qué contraste presenta esto con los frutos de la fe cristiana! Unos pocos extractos de la biografía de Lord Shaftesbury por Edwin Hodder probará que su fe fue la antigua fe bíblica, que sólo, en todas las edades, ha tenido poder; él dijo en una ocasión:

 

«Por mi parte creo que el único remedio es el más antiguo; no entretenciones para el pueblo, o un sistema de educación secular, o ésta o aquella cosa que son sugeridas; el único soberano remedio, en mi opinión, es hacer que podamos evangelizar al pueblo por predicar en cada ocasión y en cada lugar, en la más grande catedral y en el rincón de la calle, en el palacio real y en los asilos, predicar a Cristo al pueblo. Como Pablo, “no quise saber nada entre vosotros salvo a Jesucristo, y a él crucificado”».

 

«Lord Shaftesbury nunca cuestionó la inspiración de las Escrituras, su fe nunca vaciló por las dificultades envueltas en la aceptación de toda la Biblia, desde el primer capítulo de Génesis hasta el último capítulo de Apocalipsis, “Lo que no comprendes ahora, lo comprenderás después” fue un texto favorito para él, y lo aplicó a cuestiones sobre las cuales las mentes de otros hombres  estaban perplejas. Por sí mismo él estaba contento con esperar; convencido que para todas las cosas difíciles de comprender hay una explicación, aunque ésta puede no llegar a él».

 

Él tuvo la confianza de un niño en Dios, y creyó implícitamente en la Segunda venida del Señor, ésta entró en todos estos pensamientos y sentimientos; y lo estimularon en medio de todas sus labores; le dio tono y color a todas sus esperanzas para el futuro. El lema grabado sobre las cartas que usaba diariamente, llevaban la inscripción, “Si, ven Señor Jesús”, en el griego original. «No puedo decirle cómo fue que este sujeto se apoderó de mi» dijo Lord Shaftesbury a su biógrafo; «éste ha sido, como puedo recordar, un tema al que siempre me he aferrado tenazmente. Creer en ello ha sido un principio activo en mi vida; porque veo que todo lo que está sucediendo en el mundo está subordinado a este gran evento. Ésta no es una doctrina popular; no lo es, como debiese ser, la esperanza de la iglesia; ésta es, como una regla, sostenida por los pobres. En varias ocasiones la he tomado para señalar al clérigo que ese debiese ser el principal tema de predicación. He predicado en Exeter Hall, y he dicho: «ustedes comenzarán a ver que el mundo no puede ser salvado por agencia humana; debe serlo sólo por la venida de Cristo. Como una iglesia, ustedes están llenos de justicia propia, ustedes piensan como pueden hacer las cosas por sí mismos, y no hay un pensamiento por la segunda venida de Cristo».

 

En otra ocasión escribió: «la dispensación parece estar acercándose a su fin, aun así nuestro Señor retrasa Su venida; ¿Y por qué? Quizás él no venga, porque pocas personas le están pidiendo que venga. Si hubiese un efectivo ruego de hombres justos multiplicado cien veces, el estado de cosas podría cambiar, y muchos ahora vivos podrían ver el cumplimiento de la promesa que es la grande y única esperanza de todos los confines de la tierra».

 

La señorita Marsh, una de sus valoradas amigas, escribiendo después de su partida en una carta memorial, comenta: «No hay verdadero remedio» dijo a menudo, «para toda la multitud de miseria, sino en el retorno del nuestro Señor Jesucristo. ¿Por qué no pedir por este tiempo cuando escuchamos el tic tac del reloj?».

 

Frecuentemente en sus últimos días él constantemente expresó la oración, “ven Señor Jesús, ven pronto”, y las últimas palabras que dijo fueron: «estoy en las manos de Dios, el siempre bendito Jehová: sólo en Sus manos», él terminó su carrera en 1885 y declinó una sepultación en la abadía y dirigió para que sobre su tumba su nombre y tres textos de la Biblia sólo fuesen inscritos.

 

“¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Cor.4:7)

 

“El que piensa que está firme, mire que no caiga” (1 Cor.10:12)

 

“Ciertamente vengo en breve, amén, si ven, Señor Jesús” (Apoc.22:20)

 

 Londres en la mitad del siglo 19, que como ya hemos visto, era una muy diferente ciudad de la que es hoy. Su condición social entonces era muy mala. Había en ella vastas áreas de barrios miserables. Sobre tres mil niños bajo los 14 años estaban viviendo como ladrones y mendigos. Más de 20.000 sobre 50 años vagaban en las calles ociosos, y cientos de miles no tenían ninguna educación. Ya hemos visto algo de los esfuerzos que algunos cristianos estaban haciendo para remediar este estado de cosas.

 

 Fue en tal tiempo que Dios levantó un mensajero para hablar Su palabra al pueblo de Londres. Éste fue Charles Haddon Spurgeon cuya historia prueba que él fue levantado y adecuado por Dios para la obra a la cual él fue llamado.

 

Él nació en Kelvedon en 1834, su bisabuelo, Job Spurgeon, en el siglo 17, sufrió aprisionamiento por asistir a reuniones no conformistas. Su abuelo era de 54 años, pastor de una compañía de cristianos, que se reunían en Stalmbourne, Essex. Su padre, también, fue ministro de una iglesia independiente. Su madre era una sincera y ferviente cristiana que oraba mucho por su familia, y especialmente por su hijo mayor, Charles. Cada domingo por la tarde ella reunía a sus hijos a su alrededor, y como ellos leían las Escrituras ella se las explicaba. Después ella oraba con ellos, y algunas de sus palabras  quedaron grabadas en sus memorias por el resto de sus vidas. Padre y abuelo tuvieron su parte en implantar en la mente del joven Spurgeon las verdades del evangelio. Por estos medios el Espíritu de Dios obró en su alma, pero él era un joven que estaba en su adolescencia antes de que él entregase su corazón al Señor. Prolongados e intensos ejercicios pasaron sobre su joven corazón. Como estos crecían en intensidad él dice, «¡Clamé a Dios con gemidos —y digo esto sin exagerar, gemidos que no pueden ser expresados! ¡Y cómo busqué, en mi pobre y oscuro camino vencer un pecado y después otro, y hacer lo mejor, en el poder de Dios contra los enemigos que me atacaban, y gracias a Dios, no completamente sin éxito, aunque la batalla hubiese sido pérdida sino es por Aquel que es el Vencedor del pecado y el Libertador de Su pueblo, y que ha puesto en fuga los ejércitos enemigos». Pero la libertad aún no había llegado. Los truenos del Sinaí aún repercutían en su alma. Entonces vino un memorable día, domingo, enero 6, 1850; él había ido de lugar en lugar buscando escuchar una palabra de paz. Esa mañana de domingo, una violenta tormenta de nieve estalló, y él fue impedido de llegar a la capilla que se había propuesto visitar, se refugió en la Primitiva Capilla Metodista en Artillery Street, Colchester. Verdaderamente, Dios se mueve en formas misteriosas. La tormenta le impidió al predicador venir. Sólo una docena de personas estaba presente, y después de una apresurada consulta uno de ellos, un lugareño sin educación, subió al púlpito. El texto fue, “Mirad a Mí y sed salvos, todos los confines de la tierra”. El predicador expresó unos pocos, simples y sencillos comentarios sobre el texto, en el dialecto de Essex, y después de diez minutos parecía haber llegado al final de su discurso. Entonces súbitamente fijó sus ojos sobre el joven de 15 años y dijo: «Joven, tú pareces muy miserable; tú serás siempre miserable en vida y muerte si no obedeces mi texto, pero si lo obedeces ahora, en este momento serás salvo». Entonces levantando sus manos para enfatizar sus palabras exclamó, «Joven, ¡mira a Jesucristo! ¡Mira! ¡Mira! No tienes nada que hacer sino mirar y vivir». Un fino sermón no podría haber efectuado nada. Ese simple hombre, con su directo y personal mensaje rompió las cadenas del joven Spurgeon en un momento, miró y vivió. Había estado esperando, después dijo, hacer muchas cosas, pero cuando escuchó la palabra «¡Mira!». «Yo pensé», dijo él, «que podía danzar todo el camino a casa. Podía comprender lo que Juan Bunyan pensaba cuando declaró que necesitaba decir a las multitudes sobre la atada tierra acerca de su conversión».

 

Él vino a estar ejercitado acerca del bautismo, y en mayo fue bautizado públicamente en el río Lark. Comenzó a distribuir tratados. Este fue su primer servicio. Después vino a ser maestro de escuela dominical. Pronto fue invitado  a dar el discurso final y, éste fue tan atractivo que personas mayores vinieron y escucharon. De este modo tempranamente su don le dio lugar.

 

Él fue inducido brevemente después a acompañar a otro cristiano mayor a una reunión en Barnwell. Al llegar al lugar el hombre mayor declinó la tarea, y el joven Spurgeon fue dejado para tomarla. «Deles», dijo otro, viendo la timidez de Spurgeon, «uno de sus discursos de la escuela dominical». Él fue  inmediatamente anotado para predicar los domingos y los días de semana en los lugares de alrededor. En octubre de 1851, cuando él tenía 17 años, él se comprometió a ocupar el púlpito de una capilla en Waterbeach cerca de Cambridge.

 

Waterbeach era notoria por su embriaguez e irreverencia cuando Spurgeon fue hasta allí como el mensajero de Dios «en un breve tiempo la pequeña capilla techada con paja estaba atestada, los más grandes vagabundos de la ciudad estaban derramando diluvios de lágrimas, y aquellos que habían sido la maldición de la parroquia vinieron a ser su bendición. Puedo decir con gozo y felicidad que casi de un extremo al otro de la ciudad, a la hora de la tarde, uno podría haber escuchado la voz de cántico viniendo de cada hogar». Esto recuerda el efecto de la predicación de Richard Baxter en Kidderminster en el siglo 17.

 

Allí había una gran iglesia bautista en New Park Street, Londres, con acomodaciones para 1200 personas, pero que era asistida por 200 a lo más. Ésta era una vecindad no agradable y la gente se había movido a partes más deseables. Esa congregación necesitaba un ministro. Algunos habían escuchado predicar a Spurgeon, aunque él era joven, sólo 19 años, y se atrevieron a recomendarlo. Cuando la invitación llegó para un domingo, el joven predicador no creyó que eso fuese para él. En respuesta él hizo mención de su juventud, y que él era completamente desconocido fuera de su propio distrito. Pero nadie le ofreció hospitalidad; él tuvo una fría y ruda recepción. Con temor y temblando predicó en ese gran edificio a 80 personas. Uno de los diáconos  expresó la opinión que si el predicador estuviese tres meses con ellos el lugar se llenaría. La congregación insistió en que cada esfuerzo se hiciese para asegurarse de sus servicios. Él estaba muy temeroso de aceptar un servicio de seis meses, pero cuando finalmente cedió él pidió en sus ruegos, añadiendo, «recuerden mi juventud e inexperiencia y oren para que esto no estorbe mi utilidad». Escribiendo después de estos primeros días de su servicio, cuando él tenía sólo 20 años, él dice, «en el año 1854, difícilmente había estado en Londres doce meses, y la vecindad en la cual vivía fue visitada por el cólera asiático, y mi congregación sufrió sus incursiones. Familia tras familia me llamaban a los lechos de enfermos, y casi cada día era llamado a visitar el sepulcro. Me entregué con el fervor de la juventud a visitar a los enfermos, y fui invitado de todos lados del distrito por personas de todos los rangos y religiones. Y vine a estar cansado en cuerpo y corazón. Mis amigos parecían caer uno por uno, y sentí o imaginé que estaba enfermando, como estos a mi alrededor. Una pequeña obra más me había puesto entre el resto. Sentí que mi carga era más pesada que la que podía llevar y estaba dispuesto a sumergirme bajo ella. Estaba retornando de un funeral, cuando mi curiosidad me guió a leer un folleto que estaba en la tienda de un zapatero en Dover Road. Éste no parecía un anuncio comercial, tampoco lo era, porque tenía estas palabras escritas: “porque has hecho al Señor, que es mi refugio, al Altísimo, tu habitación; mal no caerá sobre ti, ni plaga se acercará a tu morada”. El efecto sobre mi corazón fue inmediato. La fe se apropio del pasaje como siendo Suyo. Me sentía ahora seguro, refrescado, y ceñido con inmortalidad. Y seguí con mis visitas a los moribundos con calma y un espíritu en paz; no tenía temor del mal y no sufrí daño. La providencia movió al comerciante a poner estos versículos sobre la ventana, yo agradecí esto, y en recuerdo de su maravilloso poder adoré al Señor mi Dios».

 

Durante alteraciones que debían hacerse en la capilla en Exeter Hall, fue tomado temporalmente, pero probó ser demasiado «pequeño para las multitudes que venían a escuchar. Después, alquilamos otro local, Surrey Music Hall, capaz de recibir a diez mil personas. Éste estaba lleno, y otras diez mil quedaron en los jardines. Muy tempranamente alguno maliciosamente levantó el grito de fuego. Y hubo una estampida y hubo varias personas dañadas y varios muertos. Spurgeon fue llevado casi desfalleciente, y pasó una semana antes de que se recuperara; él sufrió intensamente. Toda la presión levantó su voz en reproche. Pero finalmente las reuniones se reanudaron, aunque en la mañana y no en la tarde, y continuaron así por tres años. En el día de la Humillación Nacional por el motín en India él predicó en el Crystal Palace a casi 24.000 personas. Unos pocos días antes de este evento él vino para probar la acústica del lugar. La sentencia que él expresó fue, “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Un obrero en las galerías que escuchó expresó: «ésta fue una voz del cielo», él dejó sus herramientas, fue a su casa, y no descansó hasta que conoció a Cristo como su Salvador.

 

Cuando Surrey Gardens Hall fue posteriormente usado para conciertos por la tarde, Spurgeon se retiró. El proyecto falló y los propietarios entraron en bancarrota. El edificio fue después destruido por el fuego.

 

Él hizo varias visitas al Continente, predicando en París, Ginebra, y Holanda. Sus visitas a las provincias fueron grandemente bendecidas. Invitado para ir a América por la promesa de que miles le escucharían, respondió que él no deseaba hablar a diez mil personas, sino que su única ambición era hacer la voluntad de Dios.

 

En marzo de 1861, el gran Metropolitan Tabernacle fue abierto, donde, él predicó por el resto de su vida. Este podía recibir alrededor de 6.000 personas. Durante los años siguientes miles fueron convertidos. Una crítica amistosa una  vez sugirió que los sermones que él predicó entre 1860-1867 (los primeros años de su servicio en el Tabernacle) no eran del elevado nivel de los primeros o de los últimos. Es extraño que esto coincida con el comienzo de su servicio en el Tabernacle. Cuando el proyecto del Tabernacle estaba siendo discutido, él dijo: «he pensado que si no se edifica un lugar adecuado yo renunciaría a mi pastorado; ustedes de ninguna manera consintieron a la última alternativa; aun así he resuelto firmemente que una cosa o la otra debe hacerse —el Tabernacle debe ser edificado, yo vendría a ser un evangelista, y un decano rural de todo el populacho en Inglaterra»

 

Uno se sorprende al pensar acerca de cuál habría sido el resultado si él hubiese adoptado la otra alternativa, y como Whitefield y Wesley hubiesen ido a los caminos y vallados obligando a los hombres a venir a la fiesta del evangelio.  La  Escritura define al evangelista como un don para toda la iglesia. Su esfera es ilimitada. Pablo, el más grande de los evangelistas, nunca se estableció para ser un pastor. Su más larga estadía en Éfeso fue de tres años, pero toda Asia escuchó la Palabra en ese tiempo. Uno de los errores fundamentales de la cristiandad ha sido confundir la función del don, que es universal, y la labor de vigilancia, que es local.

 

Spurgeon se aferró tenazmente a “la fe una vez dada a los santos”. En 1887 levantó su voz contra la infiltración de nociones modernistas. Al principio él escribió en términos generales en cuanto al crecimiento del declinamiento de la fe, pero después fue más específico, y se refirió a la Unión Bautista. Como consecuencia se encontró fuera de la Unión Bautista.

 

Aquí tenemos algunas palabras suyas, expresadas en el mismo conflicto. «¿Por qué fundar una nueva denominación? Ésta es una cuestión por la cual no tengo simpatía. Hay suficientes denominaciones, en mi opinión, y si hay una nueva formada, los ladrones que han entrado en otros jardines amurallados, entrarían en ésta también, en una más grande comunión que cualquiera secta puede ofrecer, todos los que son uno en Cristo pueden ser capaces de fundirse  en perfecta unidad. Esto sólo puede ser hecho por el crecimiento de una vida  espiritual, por mayor luz de la verdad eterna, y una comunión más intima con Aquel que es Cabeza, es decir, Jesucristo».

 

El conflicto parece haber nublado sus últimos días. Cuando él estaba  viajando a Mentone, donde de hecho, él fue a morir, dijo a un amigo, «la lucha me está matando». Allí él se reavivó un poco, pero no retornó vivo. En paz en enero 31 de 1892, su espíritu partió para estar con el Salvador a quien había amado ardientemente, y servido fielmente también. Él espera junto a un ejército de obreros una abundante entrada en el reino eterno de nuestro Señor  Jesucristo.

 

‘Citaciones from C. H. Spurgeon, A Biography by W. Y. Fullerton (1920).

 

 

 

EL SEGUNDO DESPERTAR EVANGELICO

 

El poderoso movimiento del Espíritu de Dios que levantó a una cristiandad muerta alrededor de la mitad del siglo 18, continuó; como hemos visto, en los primeros años del siglo 19. El declinamiento estaba comenzando a manifestarse y la oposición del enemigo estaba comenzando a efectuar un nuevo poderoso impulso, fue de manera especial en América y las Islas Británicas.

 

Difiriendo en ciertos aspectos del movimiento anterior. En primer lugar éste no se caracterizó por figuras tan prominentes como Whitefield y Wesley, levantando a multitudes de paganos. Éste era más bien como un soplo de poder divino llevando convicción de pecado, a miles de profesantes y a pecadores.  Muchos eran llevados a una profunda convicción de pecado, y buscaban al evangelista, antes que el evangelista los buscara a ellos. Oración por parte de los cristianos por la salvación de pecadores era una característica prominente, y en respuesta a estas oraciones miles llenaron a las iglesias.

 

Éste comenzó en América con reuniones de oraciones a la hora de almuerzo en New York. Después siguieron predicaciones. No hubo entonces un plan concertado de acción, ni campaña. La historia del despertar en las islas Británicas es un maravilloso ejemplo de la oración respondida, y un gran incentivo a la intercesión por parte de los creyentes, por todos los hombres.

 

En el otoño de 1857 hubo una recesión en América. Tribulaciones a menudo vuelven a los hombres a Dios, cuando la prosperidad los ha hecho olvidarse de Él. Jeremías Lanphier, en una ciudad Misionera conectada con North Dutch Church in New York, abrió un lugar en Fulton Street e invitó a hombres de negocios a reunirse para orar durante la hora de almuerzo. Muy pocos asistieron al principio, pero los números gradualmente crecieron. Posteriormente el lugar estaba lleno. Un segundo y tercer lugar fue abierto y todos se llenaron, y los edificios resonaban con oraciones y alabanza. Muchas otras reuniones similares comenzaron en otras partes de la ciudad. Toda la ciudad fue movida. Las iglesias y capillas estaban llenas y predicaciones  tuvieron lugar en otros edificios tales como el teatro Burton.

 

El movimiento pronto se extendió a todo América, cada ciudad y villa fue afectada. No hubo allí esfuerzo humano, ni un plan humanamente concertado. Una influencia invisible parecía estar obrando a través de toda la tierra. Esto no fue comenzado por evangelistas, tampoco el movimiento fue limitado a alguna secta. Parecía que las mentes y corazones de los hombres estaban preparados para recibir el evangelio. Se ha calculado que un millón de personas en ese tiempo profesó conversión, y no hay razón para dudar que permanentes resultados siguieron.

 

En noviembre de 1856, un joven irlandés llamado McQuilkin fue convertido como resultado de una conversación con la señora Colville, una inglesa evangélica que estaba pasando algunos meses en Ballymena, su ciudad nativa. Después de su conversión McQuilkin fue profundamente impresionado con la forma en la cual Dios había respondido a las oraciones de George Muller. Él y tres amigos habían comenzado a reunirse para orar y para edificación mutua en un colegio en Kells. Entonces llegaron las noticias del despertar evangélico en América. “Por qué?”, dijo McQuilkin a sus compañeros, “no podemos tener tan bendita obra aquí”. Y ellos comenzaron a orar. Unos pocos casos de conversiones individuales fueron los primeros frutos de estímulo. Pronto las iglesias evangélicas en Ulster fueron movidas por los reportes de bendición en U.S.A. La familia de uno de los cuatro que estaban viviendo en Ahoghill, no lejos, se convirtieron. Otros fueron añadidos. Grandemente estimulado, McQuilkin y dos de sus amigos fueron a Ahoghill y tuvieron reuniones  en  iglesias  presbiterianas. Reuniones de oración se multiplicaron.  El interés fue despertado. En marzo 14 se tuvo una reunión en otra iglesia  presbiteriana en la ciudad. Muchos trataron de asistir de manera que se temía un colapso de las galerías, y la congregación fue despedida. Tres mil estaban bajo la lluvia y escuchaban a un laico predicando. Es digno de enfatizar las circunstancias. No tenemos aquí a una multitud atraída a escuchar a un predicador popular. Estas tres mil personas habían sido despedidas de la iglesia, y estaban fuera bajo la lluvia. Ellos tenían toda razón para buscar abrigo en sus hogares; en lugar de eso esperaban y escuchaban a un predicador laico desconocido. Cientos cayeron sobre sus rodillas en las embarradas calles, vencidos por una convicción de pecado.

 

El ministro de la iglesia en cuestión registró que 700 adherentes de su iglesia fueron “despertados” en ese tiempo. Antes, ellos eran cristianos sólo de nombre. Los ministros locales generalmente fueron convencidos que ésta era una obra de Dios. «Borrachos, blasfemos, rameras, ladrones, por una parte, y personas respetables, morales, y educadas e inteligentes por la otra fueron en el mismo instante convertidos a una nueva vida». Un joven malo que vino a burlarse cayó a tierra como muerto, y después despertó para clamar, “¡Señor, sálvame, que perezco!” Desde entonces las tres iglesias presbiterianas en la ciudad estaban colmadas. De este modo comenzó una ola de bendición que barrio Irlanda con un poder irresistible.

 

La ciudad de Ballymena, a tres millas de Ahoghill pronto fue movida de extremo a extremo. Cinco mil personas que estaban de pie en una cantera escucharon y un borracho convertido testificó de la forma en la cual Jesús lo había libertado de las cadenas de pecado. Tales casos perturbaron a muchos, y fueron usados por enemigos para desacreditar lo que estaba sucediendo. Después de admitir el excitamiento humano, o aun, en algunos casos, la obra del enemigo, no es sorprendente si súbitamente el alma es despertada al peligro de una eternidad de perdición, y muchos fueron vencidos de tal manera que la naturaleza por unos momentos se rindió. Pero en tales casos, cuando el sentido de perdón entró en sus almas, ellos son llenos con gozo, glorificando a Dios, comienzan a desear la bendición de otros. De parte de los Católicos y Unitarios hubo fuerte oposición. Brownlow North predicó en este tiempo a 11.000 personas al aire libre. Ciudad tras ciudad en todo el condado de Antrim fue afectado. Los mineros en las minas de sal tenían reuniones diarias de oración.

 

En mayo el avivamiento alcanzó Belfast. Las iglesias estaban repletas. Una multitudinaria reunión para oración fue sostenida en los jardines botánicos en el verano a la cual asistieron 15.000 personas. En julio Grattan Guinness predicó a 15.000 al aire libre.

 

En agosto las iglesias de todas las denominaciones estaban llenas. Otra reunión a mediados de agosto en los jardines botánicos fue asistida por 20.000 personas.

 

Es imposible aquí seguir la detallada historia de este notable movimiento como se ha extendido en la tierra. La más grande bendición tuvo lugar en las partes Protestantes del condado, pero Irlanda del sur no fue dejada sin testimonio. C. H. Spurgeon predicó en Dublín en cinco ocasiones a audiencias de 3.000 personas. Fue en Dublín que Sir Robert Anderson, entonces un joven, se convirtió. Él vino a ser un bien conocido evangelista. En Kerry County varios dueños de tierras se convirtieron a través de las labores de C. H. Mackintosh (autor de “Notas sobre el Pentateuco”). Se ha estimado que como inmediato fruto del avivamiento 100.000 personas fueron salvadas. Los plenos resultados sólo con conocidos a Dios.

 

La bendición no fue limitada a Irlanda. Mientras todo esto estaba sucediendo el Espíritu de Dios estaba también obrando en Escocia. Aquí, también, las noticias de bendición en los Estados Unidos habían levantado a los  cristianos a orar por bendición similar para su tierra. En 1858, reuniones de oraciones se sostuvieron en Aberdeen. En agosto del siguiente año se tuvo una reunión en Glasgow Green donde estaban presentes 20.000 personas. Numerosas reuniones de oración fueron sostenidas en esta ciudad. Se reporta «el sorprendente cambio que es perceptible sobre la misma superficie de la sociedad es ahora frecuentemente el tema de comentario. En la familia particularmente, en el ferrocarril se habla de este ‘cambio’, no es más una cosa extraña escuchar a personas cristianas capaces de ‘dar razón por la esperanza que está en ellos’».

 

Por todo un año fue mantenido el interés. Una vez más, en septiembre de 1860, 20.000 personas de reunieron en Glasgow Green para escuchar el evangelio. Entre los predicadores estaba un carnicero llamado Robert Cunningham. La bendición no fue limitada a Glasgow, toda Escocia fue movida. Norte y sur, este y oeste. Un relato similar se da de Wales. En su plenamente documentado relato del avivamiento en Wales el autor de la obra ya mencionada dice:

 

«El rev. Charles, de Trevecca College, bosquejó tres principales características del avivamiento de Welsh de este modo: primero, un extraordinario espíritu de oración entre las multitudes; segundo, un notable  espíritu de unión entre los cristianos de todas las denominaciones; y tercero, un poderoso esfuerzo misionero para la conversión de otros. Estas tres características fueron desplegadas por los movimientos americanos e irlandés. Otra notable afinidad del movimiento es el hecho que el avivamiento de Welsh en 1859 fue independiente de grandes personalidades».

 

Ningún cristiano podía escuchar noticias tales sin deseos de que una bendición semejante fuese derramada sobre aquellos que lo rodeaban. En agosto de 1859 comenzaron reuniones de oración en Londres. Algunas eran tenidas a la hora de almuerzo, otras a más temprana hora. En un día muy frio de enero de 1860, un gran salón al norte de Londres estaba lleno a las 9 a.m. con personas que se habían reunido para orar. El número de reuniones de oración fue tan grande que dejaron de ser contadas. El evangélico Earl de Shaftesbury, ansioso de que miles que nunca habían asistido al lugar de adoración, no fuesen privados de escuchar el evangelio, arregló para que un número de teatros fuesen usados para la predicación. Este movimiento fue criticado en ciertos lugares, pero el número que asistía a estas reuniones ha sido estimado en un millón de personas en cada estación, por varios años.

 

Entre los convertidos en una de estas reuniones había un joven que vendría a ser bien conocido como evangelista entre los Hermanos, el doctor W.P.T. Wolston. De la cátedral de San Pablo un mensaje verdaderamente evangélico se hizo oír, mientras la iglesia de Spurgeon estaba entonces siendo asistida por tal número que se tomó la decisión de edificar el Metropolitan Tabernacle.

 

En cada ciudad y villa a través de toda la tierra había un oído para el evangelio, y obreros en todas las partes estaban ocupados segando en esta siega evangélica. En este tiempo William Booth y su esposa visitaron Cornwall, y su predicación tuvo como resultado cientos de conversiones. Multitudes que no podían entrar en una sala en la cual se estaba predicando oían a través de otros evangelistas. Esto tuvo lugar antes de la inauguración del ejército de salvación. En este tiempo él era un predicador metodista, pero fue excluido por el cuerpo oficial por asociarse a los así llamados “revivalistas”.

 

Handley Moule, que después vino a ser obispo de Durham, recordando las impresiones de su niñez, dijo que ésta fue una sorprendente época en la parroquia. No hubo allí excitamiento, ni poderosas personalidades, aun así la iglesia estaba llena noche tras noche como también las salas de clases. Los  medios más simples eran bendecidos, a veces personas eran llevadas a Dios al leerse un capítulo de la Biblia. Cientos se convertían y los resultados eran permanentes.

 

Los resultados eran los mismos a través de toda la tierra. Por todas partes fervientes evangelistas estaban juntando en la siega. En 1863, cuatro años después del comienzo del movimiento, leemos de Richard Weaver, un pugilista convertido, dirigiéndose a 5.000 personas en el anfiteatro en Leeds mientras un predicador local se dirigía a mil personas que eran incapaces de entrar.

 

Sobre 20.000 asistían a cuatro servicios, venían de largas distancias. La obra continuo en 1865. El espacio impide entrar en nuevos detalles. Entre los principales evangelistas usados esta Grattan Guinness que en una oportunidad predicó a 20.000 personas en Ulster relatando sus impresiones de este periodo muchos años después dijo que «los ministros estaban ocupados hasta medianoche, o aun hasta las dos o tres de la mañana, conversando con  multitudes de personas que buscaban y que estaban clamando ‘¿qué haré para ser salvo?’»

 

Richard Weaver, minero y boxeador, fue muy usado entre las clases trabajadoras. En una ocasión en respuesta al desafío de un objetor que lo golpeó en su mejilla, y entonces conforme a las palabras del Señor, presentó la otra mejilla; el objetor cayó de rodillas y oró por él. Años después encontró a aquel que lo había golpeado, entonces verdaderamente convertido. Los nombres de muchos otros a los cuales Dios usó en este tiempo podrían ser citados pero la lista es demasiado larga para nuestras páginas.

 

La ola de bendición que comenzó a finales de los ‘cincuenta’ continuo fluyendo por varios años más. En 1872 una señorita enferma, sintiendo su desesperanza, fue guiada a orar que Dios pudiese traer bendición a su iglesia en el norte de Londres. Ella oró por esto fervientemente día y noche.

 

En junio de ese año un joven evangelista de América fue invitado a predicar. Él aceptó la invitación con temor. La predicación por la mañana faltó de interés, y él sintió que había perdido su tiempo. A las 6.30 p.m. él nuevamente predicó. Mientras lo estaba haciendo tuvo un sentido de que el Espíritu de Dios estaba obrando. Cuando terminó dijo si alguno de los presentes deseaba ser cristiano, que se levantase, y él oraría por ellos. Para su asombro  muchos de la congregación se levantaron. Él nunca había experimentado algo semejante. No sabiendo que hacer, y pensando que había sido mal comprendido, nuevamente preguntó, esta vez sugiriendo que quienes deseasen  venir a ser cristianos entrasen a cierta sala. Para su gran asombro ellos repletaron la sala. Toda la congregación fue conmovida, y él apeló a estos realmente a encontrarse con el pastor la próxima noche. El siguiente día fue a Dublín, pero fue urgentemente vuelto a llamar por un telegrama, ya que había más personas que buscaban el lunes que el domingo. Él retornó, y tuvo  reuniones por diez días. Cuatrocientas personas fueron, como resultado, añadidas a la compañía. Dios había respondido la oración de la señorita inválida con una bendición que estaba más allá de todo lo que se esperaba.

 

Pero hay otros detalles significativos. Esta cristiana que había orado había visto un anuncio en un periódico de una reunión en la cual un evangelista desconocido para ella había predicado, y ella pidió a Dios que lo enviase a su iglesia. Grande fue su gozo cuando su hermana le informó que Moody de América había sido el predicador esa noche. Él era el hombre al cual ella había pedido a Dios que enviase.

 

Cuando Moody decidió visitar Inglaterra en esa ocasión su objeto no era predicar, sino encontrar ayuda para sí mismo en la comprensión de las Escrituras de algunos a quienes él estimaba que podían ayudarlo. La oportunidad para predicar no fue buscada en lo que a él concernía, de manera que éste no era el caso de hacer una obra de avivamiento. Dios se complació en usar a Moody como un instrumento para derramar bendición que él ni el pastor jamás habían soñado, y de este modo responder a las suplicas de un santo en un lecho de enfermo que lo único que podía hacer era orar.

 

Hay todavía otro significativo detalle. ¿Por qué él preguntó quiénes deseaban ser salvos se levantaran? En el año anterior él había predicado a una gran audiencia en Chicago, y su texto había sido “¿Qué haré con Jesús llamado el Cristo?” Al final él pidió a su audiencia que meditasen en sus casas durante la semana. Esa noche el salón en el cual había predicado fue destruido por el fuego, porque toda la ciudad fue barrida por una terrible confabulación en la cual su propia casa desapareció, y muchas familias quedaron sin hogar. Ninguno de estos a quienes había dado una semana para considerar los volvió a ver nuevamente. Desde entonces él determinó que cuando él predicase les pediría a sus oyentes recibir a Cristo allí y entonces.

 

Los caminos y designios de Dios con Sus siervos son siempre interesantes e instructivos. Moody nació en 1837. Su madre fue dejada viuda siendo él niño. Cuando joven fue a Boston. Mientras trabajaba en una zapatería su maestro de la clase bíblica lo visitó y lo incitó a dar su corazón al Señor allí y entonces. Esto lo hizo en el mismo lugar. Él tomó después la obra de la escuela dominical, y pronto reunió una gran cantidad de niños en la escuela. Otro maestro, que tenía una clase de niñas muy incontrolables, enfermó de tuberculosis, tuvo que dejar la ciudad a causa de su salud. Antes de hacer esto, él visitó con Moody a cada una de las niñas en sus hogares, y como resultado de sus fervientes ruegos ellas fueron llevadas a Cristo.

 

La noche en la cual el maestro enfermo debía partir, Moody fue llamado a una reunión de oración. El moribundo hombre se sentó entre ellos, oró con ellos y les exhortó. Una de las niñas comenzó a orar, entonces todos oraron uno por uno. Al irse el joven Moody levantó su corazón a Dios, y dijo « ¿Oh Dios,  permíteme morir antes que perder la bendición que he recibido esta noche? » Moody y las niñas estaban en la plataforma el próximo día para despedirse de su amigo. Mientras el tren se movía ellos lo vieron de pie sobre la plataforma señalando con su dedo al cielo. Todo esto dejó una profunda impresión sobre Moody, estando al borde de una exitosa carrera, ya había hecho mil dólares en comisiones en el curso de un solo año.

 

La carrera de Moody había terminado, él se entregó a la obra cristiana, sin ningún plan preconcebido, sin una sociedad que lo respaldase, este joven de 20 años comenzó a visitar a las personas en sus hogares, particularmente interesándose en los niños. Él pronto vino a ser una figura bien conocida.

 

Los periódicos estaban llenos de bromas acerca de él. Él fue nombrado el hermano Moody. A veces predicaba, más a menudo se aseguraba de los servicios de otros. Cuando la guerra civil estalló trabajó entre los heridos en el campo de batalla. Él también sirvió entre los soldados en la guerra española-americana. Mientras el tiempo pasaba fue más y más usado como evangelista hasta que visitó Inglaterra con lo cual hemos comenzado este relato. Desde entonces hasta el fin de su vida en 1899 fue indudablemente usado para la bendición de muchos.

 

Sus métodos de avivamiento no han tenido una aprobación universal, y el permanente carácter de sus conversiones fueron cuestionadas. Pero su tema siempre fue “Jesucristo y Él crucificado”; y no puede haber duda que Dios,  como siempre, bendijo tal predicación.

 

Un ministro de New York dijo veinte años después que más de 120 convertidos que vinieron a su iglesia como resultado de la misión de Moody en esa ciudad en 1876 aun continuaban veinte años después.

 

Al final del siglo el río evangélico continuaba fluyendo, no solo miles en Europa y América fueron bendecidos, pero las buenas nuevas de libre y gratuita salvación habían sonado fuera a través de toda la tierra, y en sus rincones más oscuros la luz penetró. La Biblia, también, había sido traducida  a muchos lenguajes. Esta extensión por el mundo del evangelio hace necesario  un capítulo aparte.

 

 

 

DE TODA TRIBU, LENGUA, PUEBLO Y NACIÓN

 

Cuando el innumerable ejercito alrededor del trono aclama la dignidad del Cordero, ellos cantan, “Tú eres digno, porque has sido inmolado, y has redimido para Dios por Tu sangre de cada tribu y lengua, pueblo y nación”. “Cada tribu y lengua” cubren la más pequeña división de la raza humana. Hombres de cada tribu y lengua estarán entre el ejército redimido. Esto da un vivo interés a la intensa actividad en el mundo del Espíritu Santo en el periodo que estamos ahora considerando. La humanidad se ha extendido a los rincones más remotos de la tierra, y se ha multiplicado como nunca antes en la historia. Aun así a comienzos del siglo 19 millones nunca habían escuchado del Salvador. Para que la Escritura pudiese ser cumplida, la Palabra debía alcanzar los más lejanos y oscuros rincones de la tierra, y hombres de cada lengua debían escuchar. Pero, como dice el apóstol, “¿Cómo escucharán sin que alguien les predique? ¿y cómo predicaran sin que hayan sido enviados?”.

 

Hubo sin duda una amplia extensión del evangelio en el mundo en tiempos apostólicos, y no es sorprendente que con la gran recuperación de la verdad al final de la dispensación, cuando la luz de la venida del Señor estaba brillando en muchos corazones, muchos debían ser llenados con el deseo de llevar las buenas nuevas a las multitudes de paganos, sumergidos en oscuridad y superstición. Es imposible en el espacio disponible dar algo semejante a un adecuado relato de la forma en la cual el mensaje del evangelio fue llevado a toda la tierra en el siglo 19. El campo realmente es tan vasto y la historia tan llena que volúmenes serían necesarios para hacer justicia a esto. Debe ser un corazón muy duro el que no se conmueve y emociona por el relato de aquellos que han trabajado y sufrido enfermedad, hambre y sed, y aquellos que han perseverado a pesar de muchos desalientos, aun poniendo sus vidas, algunos sufrieron crueles muertes, para llevar el mensaje de salvación a sus ignorantes compañeros en tierras lejanas. Ningún cristiano puede fallar en regocijarse  ante el relato de oscurecidos salvajes libertados de las cadenas de Satanás y trasladados al reino de Dios, o no ser conmovidos ante el sufrimiento de los muchos mártires de hoy que, habiendo reconocido las demandas de Cristo, han tenido que sellar su testimonio con sus vidas. Nadie puede decir cuántos miles de mártires han muerto en los últimos cien años, pero el número es muy considerable.

 

 

 

RUSIA

 

En los últimos treinta años del siglo 19, Rusia fue visitada con la bendición del evangelio. Uno de los principales instrumentos que Dios usó fue Lord Radstock quien trabajó entre la nobleza rusa con marcados y permanentes resultados. En 1866 Lord Radstock había estado predicando en Weaton-super-Mare, y después de su predicación uno de sus oyentes puso su mano sobre su hombro, un alemán bien educado de 43 años, cuando él estaba dejando el salón y le dijo: «hombre, Dios tiene un mensaje a través de mí para usted esta noche». Y Radstock oró por él y con él. El resultado fue una clara conversión. «Yo entré», dijo Baedeker, “como un orgulloso infiel alemán, y salí como un humilde  discípulo creyente del Señor Jesucristo». La conversión de su esposa siguió poco después.

 

Baedeker era un hombre delicado en constante temor de que su corazón le fallara. El Señor que había sanado su alma ahora fortalecía su cuerpo en una muy notable forma, él comenzó enseguida a esparcir las buenas nuevas. En 1874 fue de visita a Alemania, sirviendo primeramente como intérprete para un bien conocido evangelista, y después como un evangelista él mismo. En 1877, con su esposa e hija, pasó tres años en Rusia, trabajando  principalmente entre las personas de habla alemana.

 

Aunque libertad religiosa no existía en Rusia en aquellos días (la libertad de conciencia fue concedida en 1905), Dios abrió muchas puertas, y éste antiguamente invalido pasó años predicando en Rusia. Por 18 años le fue dada libertad de acceso a cada prisión en los dominios del Zar. De este extraordinario privilegio él hizo pleno uso, visitando cientos de prisiones, predicando a los convictos, hablándoles en sus celdas, y dejándoles Nuevos Testamentos. Es imposible en este breve resumen hacer justicia a una labor que cubre 30 años, en los cuales él hizo muchas visitas a esa vasta tierra y que más de una vez cruzó la gran Siberia de extremo a extremo, llevando el evangelio a ricos y pobres, y visitando a  cada prisión en su camino.

 

«De las orillas del Rhin, en la vecindad en la cual había nacido, a los penales de Saghalien, más allá del Golfo de Tartary en la lejana Asia, y en los hogares principescos de los devotos nobles en Stocckholm, hasta el Cáucaso a los pies del monte Ararat, pasó este apóstol de dos continentes. Subió y bajo Europa; recorrió Siberia, y fue de aquí para allá, por ferrocarril, barco, etc., en interminables viajes a través de la nieve, ríos, predicando el evangelio.

 

¿Y cuál era el motivo? No el amor por la aventura, ni por explorar, ni por fama, porque no escribió ningún libro acerca de sus viajes. El motivo fue el mismo que impulsaba al apóstol Pablo en su largas y arduas jornadas en el primer siglo, llevar el evangelio del amor de Dios a pecadores que perecían. Para esto no había riesgo tan grande ni jornada tan ardua. En una carta escrita en 1889, él dice: «las prisiones en Tomsk son simplemente horribles más allá de descripción e imaginación… Ésta es una vista que hace que el corazón de uno sangre al ver a niños abrazando a su padre encadenado, y a madres que tienen a tres o cuatro niños con ellas todos pareciendo enfermos debido a las privaciones. La atmósfera con tal número de personas es simplemente veneno.  Pero el horror de los horrores es la casa enferma que visité ayer…Allí había toda clase de enfermedad junta: tifus, diarrea, consunción, además de otras heridas y males crónicos».

 

Baedeker and His Apostolic Work in Russia. R. S. Lather (1907).

 

 

 

Algunos de los más degradados criminales fueron ganados para Cristo. Por otra parte estaban aquellos condenados a terribles celdas por causa del Señor, y a los tales él llevaría un mensaje de consuelo y aliento.

 

En 1891 comenzó una severa persecución, y muchos cristianos rusos fueron apresados y cruelmente tratados. Algunos pertenecían a los no-conformistas conocidos como Stundistas —objetos de un odio particular, otros eran bautistas. A muchos de estos él fue capaz de aliviar en su camino al exilio. Dios prolongó la vida de Su devoto siervo hasta los 83 años; él estuvo activo hasta los últimos pocos días, durante los cuales él frecuentemente dijo «estoy yendo a ver al Rey en Su belleza».

 

Aparte de la iglesia ortodoxa de Rusia, que se caracteriza, como su contraparte romana, con mucho formalismo e idolatría, allí hubo, por decir así,  una semilla oculta en Rusia, el resultado de una primitiva siembra. En 1918, ésta latente vida parece brotar y llevar fruto, porque hubo allí un gran despertar. El Espíritu de Dios estaba trabajando en muchos corazones, y se ha dicho que en los primeros años de la revolución las conversiones eran millones.  Compañías de cristianos fueron formadas, reuniéndose simplemente, en las líneas del Nuevo Testamento. Un nuevo himnario fue preparado para su uso. Entonces vino la persecución, y muchos fueron dispersados, y sembraron la semilla donde iban. Hay indicaciones que a pesar de las medidas anti-Dios de los soviéticos la bendición aún continúa.

 

 

 

INDIA

 

El evangelio fue introducido en India en los primeros años de la era Cristiana, y una iglesia Siria-cristiana ha existido desde los primeros siglos, pero por largo tiempo ha perdido su luz evangélica. El catolicismo romano fue introducido en la edad media. Las primeras misiones Protestantes se debieron a influencias Pietistas en el siglo 18 cuando Ziegenbalg y Plutschau vinieron de  Halle University, bajo los auspicios del rey de Dinamarca. Carey, el zapatero que vino a ser un gran lingüista, es bien conocido como el pionero de los últimos esfuerzos para evangelizar India. La East India Company estorbó tal obra por muchos años, y las vidas impías de los primeros comerciantes ingleses fueron un gran estorbo también. Pero el camino fue abierto en debido curso, y el evangelio penetró gradualmente.

 

 

 

Henry Martin (1781-1821) tradujo el Nuevo Testamento al hindustani. Ringeltaube trabajó en 1806 en Travancore, y se dice que 11.000 fueron convertidos en 1835.

 

Rhenius comenzó a trabajar en Tinnevelly en 1820, y en 1835 había bautizado a 12.000 personas que vivían en 261 villas. Schwartz, un muy respetado y santo hombre, ya había trabajado en Saxne. En 1851 se contaba que había 90.000 cristianos en India.

 

En el tiempo del motín Indio en 1857 muchos cristianos indios fueron masacrados. A la captura de Delhi cada uno de los 36 misioneros fueron asesinados, y 15 cristianos indios líderes fueron puestos a muerte. Los misioneros fueron pronto reemplazados por otros, y los cristianos nativos continuaron trabajando en las escuelas. Ghokel, Parshad, un maestro de escuela nativo en Farrukhabad, conectado con uno de las misiones, se le ofreció su vida y libertad y la de su familia, si él renunciaba a su fe. « ¿Qué es mi vida?» dijo él, « ¿Para que niegue a mi Salvador? Nunca he hecho eso desde el día que creí en Él, y nunca lo haré».

 

En 1859 una notable conversión tuvo lugar. Pagolu Venkayya, líder de una banda de hombres violentos, de 47 años, escuchó de un compañero de un misionero que había hablado de un Dios, y había dicho que los ídolos no podían ayudar a nadie; él fue impresionado, y desde ese tiempo en adelante comenzó a orar, « ¿Oh gran Dios, quién eres Tú? Muéstrate a mí» Un tratado cristiano llegó a sus manos que hablaba de Dios como el Salvador del mundo; él por tanto oró, « ¿Oh gran Dios, el Salvador, Muéstrate Tú mismo a mí». Por tres años él oró de esta forma. Entonces en 1859 tuvo contacto con un misionero que le predicó el evangelio, él ansiosamente escuchó y recibió la verdad. Él mismo vino a ser un predicador a sus compañeros, y se dice que cuando murió en 1891, el número de creyentes habían aumentado, y que en estas partes desde el tiempo de su conversión contaban alrededor de doscientos llegaban entonces a diez mil.

 

 

 

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[1] Ellos simplemente se llaman a sí mismos como “hermanos” —un término escritural para los creyentes. Plymouth fue añadido por otros y fue allí que ellos vinieron al conocimiento público. Pero ellos nunca reconocieron “Plymouth Brethren” como un nombre para sí mismos.

 

 [2] Citaciones son del libro “Vida de John Nelson Darby” por W.G. Turner