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COMO LA VERDAD ES PERVERTIDA

 

No hay nada más  grave que el hecho que la verdad  pueda ser pervertida, cuando solo el nombre  de ella es utilizado, y a menudo es tanto así,  que el nombre  permanece para lo contrario de eso que originalmente fue pensado. A menudo se ha dicho que  Satanás despojará lo que  él no puede  estorbar. Las ideas del hombre han sido adoptadas como  exponentes de la  verdad, en  lugar de las ideas mostradas en la palabra de  Dios.

 

En este día debemos  reconocer que la predicción de nuestro Señor ha sido confirmada, es decir, “el reino de los cielos es como una mujer que tomó, y ocultó levadura  en tres  medidas de  harina hasta que todo fue leudado.” La levadura es la introducción de un elemento que ha  extendido la cosa original en una manera  no natural.  La idea  humana es esta levadura, y ésta ha sido añadida a la enseñanza  original  y divina de  tal modo que  la doctrina ahora llamada en la  Cristiandad por el nombre de  escritural tiene poco o ningún parecido con la doctrina que en las  Escrituras es ligada a ese nombre. No es desde fuera que este mal ha venido. “De entre vosotros mismos” (Hech.20) “se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para atraer tras sí a los discípulos.”  Si no hubiese  perversión de la verdad, no habría discípulos excepto  discípulos de  Cristo.

 

 Es en  la perversión de la verdad que los discípulos son arrastrados. El efecto del simple mantenimiento de la verdad es  atraer a Cristo. Juan el Bautista proclamó la verdad; y sus discípulos,  al adoptarla,  lo abandonaron para seguir a  Cristo. Uno puede  preguntar, ¿cómo es que  hombres  piadosos no rechazan cada cosa que no es verdaderamente  escritural? Respondo, porque son guiados por la conciencia  y no por la palabra de  Dios. Por sus conciencias  ellos son calmados en la seguridad que están haciendo lo mejor por el  bien general; y que están buscando eso.  Ahora, es solo la palabra de  Dios la que debe guiarme, y mi conciencia no debe  ser satisfecha excepto esté seguro de que todo lo que enseño y a lo cual me  aferro es  verdaderamente  escritural.  La Escritura debe ser mi guía, y no mi conciencia o los comentarios de mis hermanos.

 

Pero no es solo por hacer de la conciencia un árbitro medio por el cual los hombres  piadosos  sufren, existe también otra trampa, que es  aún más  difícil de  exponer. La perversión de la  verdad siempre se adapta al estado práctico. Es el orden más bajo de la práctica  que, cuando hay conciencia,  guía a un más bajo  orden de verdad, o a un desplazamiento de ese orden, porque coincide con ese  estado y aquieta la conciencia, y rebaja el orden de práctica que es confirmado  y perpetuado por el más bajo orden de  verdad. Ahora, cuando alguno  intenta formarse una idea de una verdad desde su propia observancia practica de  ella, o busca hacer esta practicable, por supuesto,  él forma  la verdad de   acuerdo a su andar  practico, en lugar de demandar que su práctica sea conforme a la verdad. El hombre, como es  natural,  desea dejar fuera una  doctrina que es impracticable para él, y por lo tanto sustituye algo bajo ese mismo nombre, y de esta manera  engaña a la conciencia  con lo que es posible para el hombre sin sacrificio propio.

 

La fe es una unidad, y puede guiar solo en un camino. Cada verdad, verdaderamente comprendida por fe, debe guiar directamente en el mismo  camino.  Esta puede ser vista en diferentes  medidas, pero la misma  medida produce el mismo  resultado. Si Marcos retorna de Panfilia (Hech.15:38), era porque la verdad era demasiado grande  para él. Si Pedro se niega a  comer con los gentiles (Gál.2:11), era porque él quería  librarse a sí mismo; la verdad del evangelio, por la cual contendía Pablo, era demasiado para él. Demas no podía tolerar el resultado de la verdad (2 Tim.4:10). Si Timoteo conocía y seguía la doctrina de  Pablo, él también  debía conocer y seguir su forma de  vida. Si la doctrina  era verdaderamente sostenida, la  forma de  vida sería la prueba y ejemplo de ello. Si un hombre dice (como se  ha dicho) que la iglesia, el cuerpo de  Cristo,  está en el cielo, y habla de  Jesús como estando aquí (con el hombre como hombre), él pierde la verdad, sin negarla, el sostener esta doctrina  no impone sobre él la muerte aquí, y su conciencia es  arrullada y adormecida, y la verdad perdida. Pero si el cuerpo de  Cristo está en el cielo, no soy responsable de andar aquí abajo como siendo de éste; y si Jesús, quien realmente  está en el cielo, y es conocido aquí por el Espíritu Santo, es puesto sobre un mismo  nivel con  nosotros en la carne, entonces el Cristianismo es reducido a una mera  cosa humana, y la verdad, que nos enseña que ahora  a través del Espíritu estamos unidos a Él  en el cielo, y de Él recibimos el llenar nuestro lugar en el cuerpo aquí sobre la tierra, esta verdad se pierde de  vista.

 

¿Podría haber una  más grande perversión de la verdad que aquella  que dice que la iglesia, el cuerpo de  Cristo, está en el cielo? La verdad es que ella es del cielo, pero  está sobre la tierra; aun así muchas  almas rectas aceptan esta perversión como verdad;  y la consecuencia  es que ellos  han perdido la verdad, y con esto los efectos que se producen por ella. Cada verdad produce sus propios  efectos; entonces,  si usted pierde la verdad, debe perder también los efectos de ella. Nuevamente; otro aceptará y  explicará la unidad del Espíritu y sostendrá que todos los cristianos  pueden ser  recibidos, porque  profesan la misma  vida, aunque estén conectados con sistemas y ordenes de  cosas  muy opuestos los unos a los otros;  de manera que la unidad del Espíritu es  prácticamente reducida al socialismo de  un club. Otra vez, otros, con  mayor luz,  contenderán que opiniones similares, con una  fe sana, y santo andar, necesariamente los  pone en la  unidad del Espíritu. Entonces el Espíritu es un vínculo común de unidades  distintas  y separadas, y no la unidad del cuerpo de Cristo, donde  cada uno es afectado por el otro, y es  necesariamente un guardián del otro.

 

Es el Espíritu (quien bautiza  a todos en un cuerpo) quien debe ser  considerado, y no el individuo,  y lo que él sostiene o no sostiene.  La unidad del Espíritu hace el cuerpo de  Cristo ser uno, porque el Espíritu Santo es uno.

 

“La mente natural no puede recibir las cosas del Espíritu de Dios; porque estas le son locura, tampoco puede comprenderlas porque han de ser discernidas  espiritualmente. Si la mente natural pudiese  recibirlas o conocerlas, estas  no serían del Espíritu de  Dios. La unidad del Espíritu no puede ser mantenida verdaderamente, si existe una disociación de y exclusión de  todo lo que es  contrario al mismo Espíritu, y en conjunción con todos los que están andando en el Espíritu. Somos  expuestos a perversiones  mientras  somos  o permanezcamos bebés. Levantarnos a la madurez es el objeto de todo ministerio, como está  escrito (Efes.4:13,14): “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 4:14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”.

 

 

La fuerza del pasaje es que si no soy maduro en Cristo,  estoy  expuesto a artimañas humanas, que por medio de astucias crecen hasta llegar a ser un método de engaño. Esta es la obra del hombre y la forma de  escapar al filo y poder de la verdad, y que termina en  un error sistematizado.