Pin It

LA VERDAD RECIBIDA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS Y LA OPOSICIÓN A ELLA

 

La doctrina de la justificación por la fe fue reavivada a la iglesia en los días de Lutero, y en los últimos años dos grandes verdades han sido reavivadas; una, que el Espíritu Santo mora sobre la tierra, la otra, que los santos son el cuerpo de Cristo aquí abajo, bautizados por un Espíritu en un cuerpo, del cual Él es la Cabeza en el cielo.

En la medida que cada una de estas verdades ha sido mantenida, una directa oposición ha sido levantada contra éstas.

La violencia y malicia de Roma estalló contra lo primero, mientras contra las otras dos hay adversarios especiales que solo son desenmascarados en la medida que hay persistente fidelidad a la verdad.

La primera cosa a aceptar por el santo es que verdades distintas e importantes han sido reavivadas. Ningún santo en nuestros días negará que la justificación por la fe es una verdad muy importante, aunque muchos en días de Lutero, y aun posteriormente, se han opuestos conscientemente a ella.

Muchos santos en el día actual no ven la inmensa importancia de la verdad de la presencia del Espíritu Santo sobre la tierra, y que el cuerpo de Cristo está aquí, formado por el bautismo del Espíritu Santo; y considerando que ellos no reciben estas verdades, no gozan de la gracia conferida sobre ellos, y tampoco son competentes para ser testigos de Cristo sobre la tierra.

Sin la doctrina de la justificación por la fe, no podría haber seguridad para el alma de escapar del juicio divino. Nadie podría tener un sentido del perdón sin aceptar esto. Pero muchos que tienen un sentido del perdón no tienen garantía o sello de la obra divina en sus almas. Ellos no creen que el Espíritu de Dios mora en ellos, o que el Espíritu forma a los santos en un cuerpo, o que Él mora aquí para testificar de Cristo; de manera que ellos no pueden, aunque seguros de la salvación a causa de la justificación por fe, ser felices individualmente, ni tampoco pueden comprender sus privilegios y responsabilidades corporativas, ni la naturaleza o manera del testimonio para Cristo aquí.

De esta manera debe haber ignorancia de estos muy importantes temas, excepto las verdades manifestadas en estos últimos años sean aceptadas y mantenidas. Ahora, aunque estas verdades están unidas son completamente distintas. Vemos en el evangelio de Juan que el Consolador sería enviado por el Padre para el consuelo del santo individualmente (Jn.14:26), mientras que para testimonio es el Señor quien lo envía.

“El Consolador…a quien Yo enviaré del Padre… Él dará testimonio de mí,” (cap.15:26)

Solo Pablo habla del cuerpo: “Por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo.”

Ahora, estas verdades van más allá de la doctrina de justificación por fe sin las obras; ningún corazón ejercitado puede negar que ellas ofrecen y proponen un progreso más allá que la justificación por fe.

Un pecador está perdido excepto sea justificado; este es el comienzo; pero ¿qué avance puede haber si no existe una conocida certeza de esto por el Espíritu morando dentro de él, y si no hay una comprensión de nuestros privilegios corporativos, ni del testimonio para Cristo aquí?

Aun así estas verdades que confieren tanto son poco conocidas en este día como lo fue la justificación por fe en días pasados, y la ignorancia y oposición de corazón a ellas son grandes; de otra manera, ¿por qué los santos no están preparados para recibirlas con ansiedad?

Veamos lo que estas verdades envuelven. Primero, individualmente no hay sello ni arras de la herencia excepto el Espíritu Santo more en el santo. Cuando éste sabe que es el templo del Espíritu Santo, él es asegurado de una presente salvación y de una herencia futura. Ciertamente muy pocos creen esto, y aún menos gozan de ello; pero que esta verdad, la morada del Espíritu Santo en el creyente, haya sido traída a la luz en este día, es un importante hecho, y envuelve gran responsabilidad para todos los que escuchan de esto.  

Porque si la doctrina de la justificación fue grande, esta debe ser aún más grande, considerando que confirma y establece, perfecta y eternamente, lo que la anterior comenzó. El conocimiento del perdón de pecados no preserva de la carne. Es solo en la medida que andamos en el Espíritu que no cumpliremos las codicias de la carne. Es Cristo viviendo en nosotros y quien nos liberta de cada cosa del viejo hombre. Muchos que creen plenamente en la justificación por fe encuentran, a sufrimiento y aflicción de su conciencia, que no tienen control sobre la carne, y que él es continuamente guiado por ésta; y esto es debido a que no se cree que el Espíritu santo es Aquel que ahora mora en su cuerpo, para gobernarlo para Cristo.

Si uno no conoce cómo la carne codicia contra el Espíritu, uno se sorprendería ante la duda de algún santo para inclinarse a esta verdad o levantar algún cuestionamiento frente a ella. Pero ciertamente muchos cristianos piadosos en un periodo primitivo levantaron cuestiones en cuanto a la autenticidad de la justificación por la fe, y no debemos sorprendernos de encontrar una mayor y más sutil oposición a esto.

¡Ay! la carne es el gran oponente a esta verdad. Todo lo que la carne desea es opuesto a ésta. Existe una oposición personal a ella, porque ésta pone a un lado completamente en su propia voluntad; y por tanto, aunque la libertad es deseada por la conciencia, hay indisposición a entregarse uno mismo, y a reconocer al Espíritu Santo como el huésped que debe gobernar y ordenar en lugar de ella.

Además, excepto un santo sea en sí mismo un templo del Espíritu Santo, excepto él haya bebido del mismo Espíritu, él no puede ver como todos hemos sido bautizados por un Espíritu en un cuerpo. Pero cuando él goza los privilegios que son suyos a través de esta morada del Espíritu, él entra también en las responsabilidades del gran llamamiento de la iglesia que fue encomendado al apóstol Pablo, y que es enseñado en la epístola a los Efesios.

  

   Si los santos son miembros del cuerpo de Cristo, formado en un cuerpo por el Espíritu de Dios, ellos están obligados a preservar esta unidad en el vínculo de la paz. Ellos tienen que rechazar todo lo que pudiese entristecer y estorbar al Espíritu. Yo no puedo limitarme a mí mismo y a mi propia conciencia, o las conciencias de aquellos en inmediata comunión conmigo. Cualquier cosa que me incumbe necesariamente como siendo uno del cuerpo, igualmente debe incumbir sobre los otros miembros. No estoy hablando de materias de mera conciencia, pero cualquier cosa que me manche como un miembro del cuerpo de Cristo, debo considerarlo como manchando a cualquier otro miembro; de otra manera no comprendo la unidad del cuerpo, y que este es formado por el Espíritu de Dios. Si comprendo que soy un miembro del cuerpo de Cristo sobre la tierra, siento que tengo una demanda sobre cada santo sobre la tierra, y que cada uno de ellos tiene una demanda sobre mí; y estamos únicos en una responsabilidad común, de reunirnos y confesar que somos de esta unidad_ “un pan”_ en la mesa del Señor, de este modo expresando nuestra unidad. Entonces la mesa debe ser una, aunque extendida, es solo una, ya que el Espíritu Santo es uno, y cualquier miembro recibido o excluido en un lugar debe ser recibido o excluido en todo lugar. Si existe solo una mesa, cualquier cosa hecha o mantenida por alguno que lo descalifique de la mesa, afecta a cada uno que tiene parte en esa mesa. La extensión de la mesa no hace que lo justo o permitido en un extremo, sea errado, y contrario al Señor, en el otro. El todo es responsable por una parte, porque eso es una expresión del cuerpo. Esto debe ser así, de otra manera habría una negación de la unidad del Espíritu.

Ahora, el mantenimiento de esta verdad impone sobre nosotros una forma de unión y servicio los unos hacia los otros, desconocida y no practicada generalmente en la iglesia, y expondría a cada uno el mantener una penosa separación de, y exclusividad con relación a cada santo que se niega a inclinarse ante esta gran responsabilidad que pertenece a esta elevada posición; porque un miembro, que no es un verdadero miembro, es como dislocado, causando sufrimiento más bien que ser de alguna utilidad. No existe una verdad que la astucia y malicia de Satanás ataque tanto como la verdad del misterio de Cristo. Esta conecta claramente a los santos con Cristo en el cielo, y a los unos con los otros por medio del Espíritu Santo, que aquel que la realiza es superior a cada cosa del hombre, aunque un hombre él mismo, y viviendo entre los hombres; y entonces no hay verdad tan poco conocida y gozada, tampoco alguna que tantos hallan en algún sentido recibido, pero que después haya sido abandonado como siendo impracticable. No hay verdad tan difícil de sostener en alguna medida juntamente con lo que es ordinariamente recibido. Que cada uno se pregunte a si mismo cuánto él entra en el hecho de estar unido a Cristo como Cabeza, y a los santos en un cuerpo aquí sobre la tierra, por medio del Espíritu Santo, y él verá, si juzga verdaderamente, que conoce poco de esta maravillosa verdad. Y esto es debido a que esta es la más grande y bendita verdad que Satanás, el espíritu de mal, es más opuesto a ésta que a cualquier otra; y esto explica el relajamiento, mortal y terrible en su carácter, que ha brotado, y siempre brotará, ferozmente, mientras la verdad es mantenida plenamente, en vista a neutralizarla.

Ahora, la gran oposición a esta verdad no viene de los santos que son absolutamente ignorantes de ella, sino de aquellos que en palabra confiesan sostenerla. Nuevo como esto es, ya que se había perdido por largo tiempo en la iglesia, ellos profesan estar iluminados por ella y asumen que son mártires por esta verdad de la unidad de los santos, y todavía por no comprender la naturaleza y las susceptibilidades de esta unión divina y lo que ella demanda, ellos realmente minan la verdad por medio de su hueca y parcial imitación de ella. La mayor astucia es esa que viene y está más cerca de lo verdadero, y la curiosa forma estratégica en la cual ellos defienden y propagan su relajamiento, mientras confiesan esta verdad en palabra, esto es asombroso. El amor fraternal y las relaciones sociales son en su mente las dos grandes evidencias o resultados de esta verdad, y de esta manera ellos son engañados; aunque ellos puedan estar satisfechos de sí mismos, jamás llegan al conocimiento de ella divinamente, sino que en principio subvierten lo que profesan conocer, y por tanto ellos son como Sanbalat y Tobías (Neh.6:2) de días anteriores, y deben ser resistidos y evitados de manera especial. La gran cosa que el fiel debe notar es la forma en la cual Satanás trata de minar y debilitar esta verdad. Cada cuerpo de adversarios es conocido por su frente y parámetros. Pero creo que nada muestra la importancia de esta verdad más que la peculiaridad de las armas que se han usado para neutralizarla, y también por estos que en conciencia consideraban que la estaban sosteniendo. Mientras más uno tiene el ojo ungido, más uno se asombra ante la astucia y sutilidad en que esta extraña guerra ha sido llevada adelante. Este no es un enemigo abiertamente declarado, sino mis propios familiares amigos, quienes habían comido conmigo, quienes han levantado su talón contra mí. Desde los días de Judas adelante, supongo que nunca se ha cometido una más terrible trasgresión en la iglesia contra Cristo que la oposición de aquellos que en palabra aceptan la verdad de la unidad del cuerpo, y aun así son relajados en su separación de aquellos que están asociados con enseñanza insana. Para no hablar ahora de individuos, solo llamo la atención al hecho del carácter y naturaleza del adversario, que por asumir la verdad puede estar lo bastante cerca para dar un golpe mortal.

Pero además, el Espíritu Santo estando aquí para consolar y establecer al santo individual, y para unir a cada uno con el otro, en un cuerpo con el Cabeza en el cielo, Él está morando aquí para dar testimonio de Cristo, él es el poder de testimonio para el ausente Cristo. El judío, a quien Dios ha encomendado los oráculos vivos, ha rechazado al Hijo de Dios; y el gentil ha usado la espada de poder, que Dios ha puesto en las manos del hombre, contra el Señor de gloria. El hombre ha probado en una doble forma su incapacidad para ser el agente para y por Cristo en Su ausencia. Entonces el Espíritu Santo ha sido enviado aquí abajo, no solo para consolar los corazones, sino para dar testimonio de Cristo, convencer de pecado al mundo, dando evidencia de su culpabilidad, y del juicio de Dios.  Tan clara y completamente  es el Espíritu Santo el instrumento de todo poder que no puede, y no podría, aceptar cooperación del hombre como hombre o del mundo, viendo que Él es la evidencia de la posición del mundo ante Dios, y también que Él es capaz de efectuar todo por Si mismo de acuerdo al pensamiento de Dios. Ningún medio humano, cual sea puede impartir o asegurar el confort divino a nuestros corazones, y tampoco puede algún otro aparte del Espíritu Santo testificar para Cristo. Si a través de la fe lo acepto para una cosa, debo también aceptarlo para lo otro; porque soy realmente débil en mi comprensión de lo primero, es que necesito para mi propia bendición individual, cuando no lo veo a Él en lo segundo. Él no es el consolador en poder para mi propio corazón ni para servicio. El mantenimiento de esta verdad impone sobre nosotros un camino muy peculiar, porque todo ha sido llevado adelante en la iglesia profesante en un principio completamente diferente; y como ninguna secta en la cristiandad acepta esta verdad en esta simple forma, debo, si he de sostenerla, debo andar en contra testimonio y servicio a cada denominación conocida. Aunque el Espíritu Santo como el único agente de testimonio para Cristo aquí es claramente revelado, aun así las mentes de los hombres están deformadas por los hábitos y tradiciones teológicas que no ven como ellos son alejados y excluidos del verdadero camino de un siervo sobre la tierra. Ahora, tan pronto como uno busca y por fe entra en este nuevo camino, un camino perdido de vista hasta hace pocos años atrás, pronto será atacado en cada forma imaginable, de acuerdo a la sinceridad de su corazón , para volver atrás, en alguna medida, a las cosas que ha dejado.

Satanás se desespera de verlo a uno mostrar y expresar confianza en el Espíritu de Dios sobre la tierra, y trabajar pacientemente, sin tener que recurrir a ningún expediente que aun los piadosos usan para diseminar el evangelio. Viendo que esta es una de las grandes verdades reavivadas en este día, ¿no insistiremos valientemente sobre esto, y lo mantendremos, como en su día los mártires insistieron sobre la justificación por la fe? No confundamos nuestras mentes por preguntar ¿cómo podemos hacer sin eso o aquello? ¿Cómo el arca puede ser llevada sin un carro? Debemos aceptar simplemente la verdad de Dios como ella es presentada en la Palabra. La peor oposición viene desde dentro, y del corazón sincere, que no puede comprender como ellos pueden llevar adelante el testimonio sin los medios a los cuales ellos han estado, desde tiempos inmemoriales, acostumbrados. Esta es la gran prueba de estos días, pero Dios vindicará a los fieles. ¡Puedan nuestros ojos volverse más simplemente a Él!