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EL USO Y MAL USO DE LA VERDAD

 

La verdad puede ser usada en una forma ilícita; y puede ser usada lícitamente, pero de tal manera a negativizar el verdadero objeto de su revelación.

Contra la verdad, nuestro archi-enemigo, quien es un mentiroso desde el principio, está incesantemente activo en sus esfuerzos por estorbar el desarrollo de su legítimo fruto; ya sea por impedir completamente su entrada en el corazón del hombre, o por pervertirla para que tenga una entrada. Estas son las tácticas uniformemente proseguidas, e infelizmente, a menudo con una clara medida de éxito.

Pablo afirma lo primero en 2 Cor.4:4, donde, describiendo la política del dios de este siglo, él escribe con relación a aquellos que están perdidos que él “ha cegado el entendimiento de los que no creen.” Este es el esfuerzo inicial de Satanás, una política de prevención. Su segundo esfuerzo es el de pervertir; y en la medida que esto es exitoso, el verdadero fin para el cual la verdad revelada ha sido designada, es frustrada, usualmente por una de las dos causas.

Es un instinto humano hacer de la verdad un medio para satisfacer la curiosidad, o de extender los límites del conocimiento de uno, como un fin en sí mismo. Pero ninguna de estas cosas es el objeto para el cual la verdad ha sido revelada. Sin embargo por un largo siglo malo la tendencia ha sido usar la verdad divina para satisfacer la curiosidad espiritual, un mero ejercicio mental. Entonces se han levantado multitud de ingeniosas teorías basadas sobre ciertos pasajes de las Escrituras. Los hombres han sido arrastrados por imaginarios descubrimientos, se han enorgullecido de su propia importancia y han sido gobernados por un espíritu falto de sumisión, y han arrastrado a las almas inestables, hablando acerca de palabras que para nada aprovechan, sino que tienden, como dice el apóstol, a pervertir a los oyentes (2 Tim.2:14); y efectivamente  caen en las manos del enemigo por perder valioso tiempo y ocupar a las almas hambrientas con especulaciones y no con Cristo el objeto del corazón. Tan ciertamente como Él es el Camino, tan enfáticamente es también la Verdad, y tales especulaciones como lo hacer de la profecía no cumplida, el orden eclesiástico, o aun dogmas distintivos tales como la predestinación y la elección, o el bautismo, un fin en sí mismos a los cuales la mente constantemente se vuelve, lamentablemente pierden la marca, porque el objetivo es, como hemos dicho, no Cristo, sino satisfacer la curiosidad, aunque sea de una forma espiritual.

Sin embargo, aun la observación superficial revela un hecho innegable de la posibilidad de tal estado a través del fracaso de comprender la razón de la revelación. Cualquier uso de la palabra escrita que falla en llevar al alma a la inmediata presencia de Aquel que es la Palabra encarnada, ya sea para adorar o estimulo, instrucción o corrección, es una perversión de la intención divina, y un mal uso de la verdad, aunque pueda satisfacer una supuesta curiosidad espiritual. Segundo, y un método aparentemente mucho más inocente de la perversión de la verdad contra lo cual debemos velar especialmente, es, la moda de hoy de los llamados círculos de estudio y análisis bíblico, o, como uno infelizmente lo ha designado, el tener “un dominio de la Biblia.”

Los exponentes de este método profesan aceptar la inspiración divina de las Escrituras, pero el resultado aparente de todos estos análisis y así llamado dominio de la Biblia, no es sino la extensión de los límites del conocimiento individual de los escritos sagrados. Esto sería agradable y deseable, si el fin en vista fuese un más perfecto conocimiento del pensamiento revelado de Dios con el propósito de llevarlo a la práctica. Pero el enemigo de las almas trabaja tan sutilmente para pervertir lo que ha sido dado con el propósito de formar la conducta y dirigir el curso del creyente, que ahora ha venido a ser posible completamente satisfactorio dominar, dicen, las epístolas eclesiásticas y aun así permanecer sectario; mantener y enseñar la verdad del un cuerpo de Cristo porque esto está obviamente revelado en la palabra escrita, y aun así no reconocer obligación practica para realizar tal verdad; sostener y enseñar el absoluto señorío del Señor Jesús en la asamblea , y todavía someterse alegremente a regulaciones hechas por el hombre para la conducta en la adoración y servicio; en resumen, de usar mal la verdad que, mientras se asiente intelectualmente a ella y se admira la belleza de su proporción, para permanecer en completa libertad para ignorar sus implicaciones y aplicaciones prácticas. Este es ciertamente un estado de cosas anómalo, y un total mal uso y aun perversión de la intención de Dios.

Estudiar para conocer la voluntad del Señor más exactamente, para poder realizarla más perfectamente está lejos de usar la verdad solamente como un medio de aumentar el rango del conocimiento bíblico de uno. Lo primero está en acuerdo con el pensamiento del Señor; lo último es peligroso y engañoso, y usar la palabra de Dios engañosamente, porque conocimiento es privilegio, y privilegio conlleva responsabilidad. Leemos de aquellos siervos que conociendo la voluntad de su Señor y no hicieron conforme a ello, “y aquel que sabiendo hacer el bien y no lo hace, le es pecado.”

El fin de Satanás es alcanzado, si de alguna forma las almas son disuadidas e impedidas de realizar en la vida diaria el deber de la palabra del Señor, y esta es la tendencia clara de la ortodoxia del día actual, popular, agradable, que es que uno puede ser un estudiante leal de la verdad revelada, aceptando las Escrituras como inspiradas, como la infalible palabra de Dios de tapa a tapa, no evadiendo ninguna dificultad, dando la bienvenida a toda la verdad que normalmente tiene el efecto de separar del mal, y aun así permanecer igualmente leal, en medio de todos los credos contrarios y teorías acerca del gobierno de la iglesia con que está maldecida la Babel de la cristiandad, la ciudad religiosa de confusión, a la denominación propia y sus opiniones teológicas. Pero la verdad, porque es la verdad, es incorregiblemente intolerante, y rehúsa acomodarse a las teorías humanas.

“Si conocéis estas cosas bienaventurados sois si las hacéis.” Otro punto que es necesario enfatizar es que aun creyentes libertados de algunos sistemas eclesiásticos necesitan recordar, como fue indicado a Josué, y por el salmista en el Sal.1, y por Santiago en el Nuevo Testamento, y el Espíritu Santo, el camino a la verdadera prosperidad espiritual, del mismo modo hoy si la palabra de Dios es meditada con vista a realizarla prácticamente, en conducta, y carácter. Entonces la vitalidad, virtud y adaptabilidad de la verdad será crecientemente al alma. La mejor evidencia cristiana es el cristiano en evidencia. “Santifícalos por la verdad. Tu palabra es verdad.”

Podemos entonces dar la atención a la lectura y meditación de estas cosas para que nuestro verdadero beneficio pueda ser manifiesto a todos.

Porque la palabra de Dios reverentemente leída, con un siempre creciente sentido de necesidad de dependencia del Espíritu Santo para obtener un verdadera idea de su significado, guiará a tal auto examen de la actual practica con el santo precepto allí contenido, que efectivamente guardará al creyente del mal uso de la verdad revelada; y al mismo tiempo ciertamente guiará a ser obedientes a lo que ha sido divinamente declarado y ésta palabra será “como una lámpara para nuestros pies, y una luz para el camino.” Necesitamos estar ceñidos para servir a nuestro Señor; ceñidos los lomos con la verdad, mientras en el día de conflicto buscamos mantenernos aferrados a Su nombre y palabra.”

W.G.T.