Pin It

LA ASAMBLEA COMO JUEZ

O

LO QUE APRENDEMOS DE

Deut. 17:8-13

 

“¿No juzgáis a los que están dentro?”

(1 Cor.5.12)

Descargar PDF
Descargar EPUB

El Señor Jesús en Mt.7:1 nos manda, “no juzguéis para que no seáis juzgados.” Por naturaleza somos inclinados a juzgar los motivos de nuestros prójimos. Nos formamos un juicio de él en que él sufre por comparación con nosotros. El rey Saúl de este modo juzgó a David cuando dijo: “…él no está limpio; ciertamente él no está limpio” (1 Sam. 20:26). Él no atribuyó la ausencia de David a algún buen motivo. Solamente Dios pudo mirar dentro y saber lo que estaba allí: “el Señor es un Dios de conocimiento, y por Él son pesadas las acciones” (1 Sam.2:3, también 16:7). Nosotros por tanto erramos al juzgar motivos ya que no somos omniscientes.

Claramente, Mt 7:1 se aplica a individuos juzgándose unos a otros y no a la asamblea juzgando con la autoridad del Señor en medio de ella (Mt.18:18-20). El Señor resucitado dijo a Sus discípulos colectivamente. “A quien le remitiereis los pecados le serán remitidos; y a quien le retuviereis los pecados le serán retenidos” (Jn.20:23). Cada vez que la asamblea  recibe personas, los pecados de los tales son administrativamente remitidos. Cuando la asamblea actúa para purificarse a sí misma de mal (doctrinal o práctico) esta retiene (ata) en la misma forma los pecados de estos disciplinados. En Corinto ellos primeramente retuvieron (Ataron) y después remitieron (desataron) el pecado del malhechor (1 Cor.5:9-13 y 2 Cor.2:1-11).

Provisión Divina para arreglar Dificultades Entre Individuos

Además, el Señor siempre ha hecho provisión para las dificultades que se producen entre individuos cuando la asamblea como tal no está directamente envuelta. En Israel jueces fueron señalados para hacer decisiones. Como jueces ellos estaban solos y juzgaban aparte de los testigos y acusados.  Dios no es autor de confusión (1 Cor.14:40) y nunca mezcla a los testigos o acusados con el juez al hacer la decisión. 

Las instrucciones divinamente dadas son como sigue:

“Y puse jueces en ese tiempo, diciendo, oíd las causas entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre cada hombre y su hermano, y el extranjero que está con él. No haréis acepción de personas en el juicio; sino que escucharéis al pequeño como al grande; no temeréis el rostro del hombre; porque el juicio es de Dios: y la causa que os sea difícil, la traeréis a mí, y yo la escucharé.”  (Dt.1:16-17).

Hay siete convincentes puntos en este pasaje:

  1. Escuchar las causas: No decidir sin todos los hechos.
  2. Entre vuestros: Escuche cuidadosamente a ambos lados antes de formarse una opinión.
  3. Juzgad justamente: Es decir, conforme al hecho establecido.
  4. Sin acepción de personas: No influenciados por la amistad, relaciones, dones, sobornos y cohechos.
  5. Escuchar al pequeño como al grande: Todos deben ser escuchados de igual manera.
  6. No temerosos del hombre: Juicio valiente.
  7. El juicio es de Dios: Hay que inclinarse a la autoridad divina.

Juicios difíciles debían ser referidos a Moisés que todavía estaba viviendo (v.17). Después, se hizo provisión que pudiese ser seguida después de la muerte de Moisés (Dt.17:8-13). Los jueces tenían que actuar sobre un adecuado testimonio:

“…En boca de dos o tres testigos, se establecerá toda materia” (Dt.19:15, ver también 17:6).

El testimonio de los testigos ayudaría a juzgar en su decisión, pero debía ser su decisión, no la de los testigos. Solamente él era juez ante Dios.

¡Qué confusión resultaría en una corte de ley humana si los testigos, el fiscal  y abogado, debiesen compartir con el juez para hacer la decisión! Su testimonio y argumentos debían ser considerados por el juez, pero ellos no serían parte con el juez al determinar el resultado.

Solución de Dificultades Especialmente Difíciles

Hemos visto que los casos difíciles entre individuos fueron referidos a Moisés; pero Dt.17:8-13 hace provisión para individuos con problemas después de la muerte de este honrado siervo. Pedro podía atar o desatar, pero después de su muerte esto cesó; pero el poder continuó en la asamblea (Mt.18:18-20).

Es claro que Dt.17:8-13 se aplica a individuos con dificultades, no al pueblo colectivamente. El pasaje lee como sigue:

“Cuando alguna cosa te fuere difícil en el juicio, entre una clase de homicidio y otra, entre una clase de derecho legal y otra, y entre una clase de herida y otra, en negocios de litigio en tus ciudades; entonces te levantarás y recurrirás al lugar que Jehová tu Dios escogiere;

17:9 y vendrás a los sacerdotes levitas, y al juez que hubiere en aquellos días, y preguntarás; y ellos te enseñarán la sentencia del juicio.

17:10 Y harás según la sentencia que te indiquen los del lugar que Jehová escogiere, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifiesten.

17:11 Según la ley que te enseñen, y según el juicio que te digan, harás; no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la sentencia que te declaren.

17:12 Y el hombre que procediere con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de Israel.

17:13 Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se ensoberbecerá.”

Aquí hay tres cosas mencionadas en cuanto al juicio:

  1. Sangre y sangre: O disputas entre estos relacionados íntimamente (Lc.12:13-14).
  2. Argumento y argumento: Una disputa en cuanto a límites de propiedad, u otras posesiones. Los límites podían ser removidos (Dt.19:14).
  3. Golpe y golpe: Una cuestión de daño entre dos personas, o la medida de penalidad para el culpable (Ex.21:18-19 y 26-27, Dt. 25:1-3)

Ninguna de estas pertenece a los resultados de asambleas como tal, sino a dificultades entre individuos. El juicio es entonces referido al centro de Dios, el lugar que Él escogió para poner Su nombre (Dt.12:5). Siloh fue después designado como este centro. Pero había solamente un centro en todo Israel. Ahora cada compañía es el centro de Dios (Mt.18:20). Hoy no hay ninguna asamblea que sea más el centro de Dios que otra. Dos o tres, o doscientos o trescientos, de este modo reunidos tienen la autoridad del Señor en su medio. Si hermanos en una reunión local tienen problemas entre ellos, no tienen que ir lejos por el centro de Dios. En Israel esto era diferente, Siloh era el centro de Dios cuando ellos entraron en la tierra; después Jerusalén vino a ser ese centro. Los individuos envueltos presentaban su caso y el juez escuchaba todo sobre la base de Dt.1:16-17 y el juez, en esta instancia ayudado por los sacerdotes levitas, pronunciaba juicio final que era obligatorio a todos (v.12). El juicio de este modo dado en el centro de Dios con Su autoridad (v.12), esta era una materia que debía ser cumplida.

Hoy esta autoridad está en la asamblea como reunida al nombre del Señor, el Señor estando en medio de esta. En Dt.17 no es la asamblea apelando a otra asamblea, sino más bien individuos mirando al centro de Dios por juicio.

Responsabilidad Entre Asambleas

La responsabilidad entre asambleas es más bien presentada en Dt.13:12-18:

“Si oyeres que se dice de alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da para vivir en ellas,

13:13 que han salido de en medio de ti hombres impíos que han instigado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no conocisteis;

13:14 tú inquirirás, y buscarás y preguntarás con diligencia; y si pareciere verdad, cosa cierta, que tal abominación se hizo en medio de ti,

13:15 irremisiblemente herirás a filo de espada a los moradores de aquella ciudad, destruyéndola con todo lo que en ella hubiere, y también matarás sus ganados a filo de espada.

13:16 Y juntarás todo su botín en medio de la plaza, y consumirás con fuego la ciudad y todo su botín, todo ello, como holocausto a Jehová tu Dios, y llegará a ser un montón de ruinas para siempre; nunca más será edificada.

13:17 Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres,

13:18 cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, guardando todos sus mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios.”

 “Aquí tenemos “tus ciudades” que representan lo que es colectivo en lugar de lo que es individual. Si se piensa que el mal es cobijado en una ciudad (o asamblea), otras ciudades (o asambleas) deben investigar diligentemente, y si esto es así, el juicio debía seguir. En Israel cualquier ciudad desde Dan a Beersheva podía hacer una investigación y traer  la conciencia de toda la nación en ejercicio. Esto fue hecho con mucho fracaso y debilidad en Jueces 20:1-48. Pero si una ciudad, o asamblea, se purificaba del mal en su medio, sería malo tratar de hacer que aquella ciudad, o asamblea, volviera al estado previo en donde permitía el mal en su medio.

Un orden similar tenemos en el Nuevo Testamento. Primero, materias individuales, “sangre y sangre, pelea y pelea, golpe y golpe.” Mateo 18:20 hace plena provisión para referirse al centro de Dios  donde Cristo está en medio. Otras instrucciones son presentadas en 1 Cor.6:1-8. La diferencia entre el Israelita y el Cristiano es que el primero tenía que ir a Siloh, pero el último tiene el inmediato recurso en su reunión local.  El juicio en Mt.18:18 es tan final como ese de Dt.17:9-12 y hay que inclinarse a este como siendo la autoridad del Señor. Es rebelión contra esta autoridad debilitar la disciplina por asociarse con y ayudar a personas puestas fuera por la asamblea.

Nuestro Peligro Presente.

Estamos ahora en peligro de abandonar estos principios escriturales. Debiese ser claro por lo que se ha visto que en la medida que hermanos llamados por una asamblea para ayudar no tienen autoridad para juzgar la materia, esto descansa completamente con la asamblea. Estos hermanos no forman parte del “juez” y cuando ellos han dado consejo su obra ha terminado.

En Corinto la asamblea como tal fue llamada a actuar como asamblea, aunque Pablo como un apóstol ya había juzgado el caso. Él no podía estar satisfecho con nada menos. Él los llama a poner fuera “de entre vosotros” a la mala persona (1 Cor.5:13). Ellos debían juzgar a los que estaban “dentro”. Esta disciplina (no interferida por otras asambleas) obró arrepentimiento, y entonces la restauración fue por medio de la asamblea en Corinto como tal (2 Cor.2:6-10 y 7:11).

Los hermanos que son llamados a dar consejo a una asamblea no tienen permanente estatus sobre esa reunión, sino que son responsables en la unidad del cuerpo (Efes.4:2-4) para aceptar la decisión realizada por esa asamblea.

Un tiempo atrás el escritor y otro hermano fueron llamados a ayudar a una reunión en una materia local. En nuestra reunión final con los hermanos responsables de esa asamblea, el hermano conmigo hizo una declaración a este efecto: “Solamente los podemos aconsejar como hermanos y si ustedes sienten que nuestro consejo debiese ser aceptado ustedes deben someterlo a la asamblea para su aprobación, ya que la autoridad está allí.” ¡Realmente sanas palabras! La asamblea tomó nuestro consejo y actuó en conformidad a este. Cuando partimos nuestra obra estaba terminada; no teníamos nada más que hacer con esto excepto fuésemos llamados nuevamente. Si nuevos ejercicios guiaran a la asamblea a alterar su acción, no tendríamos fundamento escritural para forzarlos a retornar a la decisión original. Esto pondría a los “hermanos” sobre la autoridad del Señor en medio. Si otra asamblea trataba de alterar esto, ¡entonces la unidad era negada! ¡Esto es rebelión!

Falta de Discernimiento se Debe a Nuestro bajo Estado.

¿Por qué es que tenemos dificultad para discernir la mala doctrina en nuestro medio?  ¿Por qué, es que no sostenemos Mt.18:18 tan firmemente como los santos reunidos ayer? ¿Los Filisteos nos han arrancado nuestros ojos, por medio de la mundanalidad y falta de sujeción a la Palabra, como hicieron a Sansón?

“Hay un cuerpo” Un creyente recibido por una asamblea es recibido en todas partes, y si es puesto fuera, es también puesto fuera en todo lugar. No debemos comer una comida ordinaria con un tal (1 Cor.5:11). El apóstol no necesita decirles  no comer la Cena del Señor con el tal, porque ellos debían “poner fuera de entre vosotros” a la mala persona. Pero Pablo no deseaba que la disciplina de la asamblea fuese debilitada por actividades sociales donde la persona puesta fuera debía ser tratada como si no hubiese ocurrido nada malo…”Con el tal ni aun comáis” JND señala que si el tal tuviese hambre él podía en gracia alimentarlo, pero no podría sentarse a comer con él. ¿Dónde está esta fidelidad hoy? Hemos llegado a ser como Sansón, cegados a lo que es tan claro en la Palabra. Mala doctrina, porque esta debilita y mina la Persona y obra de Cristo, es más seria que el odioso crimen que existía en Corinto.

Hay un error de pensamiento de que una persona puede sostener “error” y permanecer a la mesa del Señor. Mientras un error puede ser una equivocación, este viene a ser mal si se persiste en ello después que el ofensor ha sido advertido. Un significado de error es “falsa doctrina, que no es conforme a la palabra de Dios.”

¿Puede alguno sostener que el “error de Balaam” no era malo? ¿No se encendió la ira de Dios contra Balaam? (Núm.31:8, Judas 1). Pablo entregó a Himeneo y Fileto a Satanás a causa de blasfemia (1 Tim.1:20). En 2 Tim. 2:17-18) este mismo hombre está asociado con “error” (extraviado, perdido la marca). Él no negó la resurrección; él solamente sostenía y enseñaba que esta ya había ocurrido. Él parecía tener una apariencia de apoyo escritural para esto en Mt.27:52-53. Es claro para el simple que decir que la resurrección ya había pasado es una sutil negación de la resurrección. Este error es contra el Señor (Isa.32:6).

Cuando doctrina errada es mostrada esta también produce consecuencias. Los corintios no negaron directamente la resurrección de Cristo, pero el apóstol infiere y concluye que por negar la resurrección de los muertos ellos en resultado estaban negando la resurrección (1 Cor.15:12-13). De esto aprendemos que las inferencias de una doctrina demandan la misma atención como una directa declaración de mal.  Basados sobre estos principios debemos reconocer como mal las inferenciales consecuencias de una doctrina que, aunque demanda mantener el valor expiatorio de la sangre de Cristo, sin embargo, enseña que, “todo fue consumado antes que el soldado traspasase Su costado.” De este modo únicamente la sangre de Su cruz es identificada por las Escrituras como derramada por los pecados es puesta a un lado. Otro justamente ha dicho:

“La enseñanza de un maestro debe ser juzgada por la misma enseñanza, no por lo que el maestro dice acerca de esta.”

Si la asamblea no puede purificarse a sí misma de “error contra el Señor” (Isa.32:6), está en un estado y posición lamentable. Si una asamblea desconoce la acción de otra al juzgar el mal, esta pone a un lado la autoridad del Santo y Verdadero en medio. ¿Cómo entonces puede esperarse que otras honren sus acciones cuando esta ha rechazado la misma autoridad que demanda para sí misma? El verdadero camino es:

“Si él descuida escuchar a la iglesia (asamblea), sea para ti como un gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atareis sobre la tierra será atado en el cielo…y todo lo que desatareis sobre la tierra será desatado en el cielo. Porque donde hay dos o tres reunidos a Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt.18:17-20)

                                                                                               Adrian Roach

Algunas útiles Palabras sobre la Disciplina de la Asamblea

Mí querido hermano:

 

Estoy muy agradecido que la tensión que ha existido por un buen tiempo en la reunión haya llegado a un fin. Estoy seguro de que la bondad de Dios es la que produce esto. Ruego que la misma bondad pueda guiar a los corazones aún más lejos “unidos en amor” (Col.2:2). Es de profunda importancia, si ha de haber crecimiento y bendición. Me entristezco por S. y A. Ni por un momento cuestiono que ellos estén errados en el curso y posición que han tomado; pero es una cosa terrible para los santos cortar y ser cortados de la comunión, digo, que esto es más terrible de lo que nos damos cuenta. Y mientras fidelidad puede a veces  requerir esto, se necesita que nuestros corazones sean quebrantados.

 

Sobre esta línea de cosas encontramos muy útil instrucción en los capítulos finales de Jueces, en conexión con la horrible maldad en Gabaa, y los Benjaminitas aliándose con esta. Israel se levantó como un hombre contra esta maldad. Y esto era justo, y también era mostrar fidelidad. Pero Dios quería algo más que justicia, o aun fidelidad al juzgar el mal.

 

Israel se unió como un hombre, y 400.000 hombres fuertes, se formaron en orden de batalla contra  Benjamín y Gabaa, que juntos no eran sino solamente 26.700, y aunque ellos habían pedido consejo de Dios, cayeron ante Benjamín, y perecieron 22.000 el primer día. El próximo día ellos no solamente pidieron consejo, sino que lloraron ante el Señor, y aun así ellos fueron nuevamente derrotados, y perdieron 18.000 hombres. Todo esto es muy solemne, especialmente después que el Señor, en respuesta a su pregunta, les había dicho que subiesen. ¿Cuál era el secreto? Creo que era este: ellos estaban actuando en simple justicia contra Benjamín, SIN ELLOS MISMOS HUMILLARSE NI QUEBRANTARSE ANTE EL SEÑOR POR EL PECADO DE BENJAMIN.

 

Después de ser heridos y derrotados dos veces por Benjamín “entonces los hijos de Israel, y todo el pueblo, subieron, y vinieron a la casa de Dios, y lloraron, y se sentaron ante el SEÑOR” (Juec.20:26). Hasta aquí su curso ha sido uno justo, pero fue solamente ahora que ellos habían alcanzado un estado en conexión con el cual el Señor podía darles a ellos la victoria. Ellos finalmente se habían humillado ante Dios, y tomado el lugar de completa dependencia, y dado al Señor lo que le era debido, las ofrendas.

 

Y ahora Benjamín es herido y derrotado, y prácticamente destruido. Pero oh, a esto siguió la aflicción de corazón, ¡ahora que ellos estaban en tal estado que podían afligirse! Ellos “vinieron a la casa de Dios, y permanecieron allí ante Dios, y levantaron sus voces, e hicieron gran llanto; y dijeron, oh, SEÑOR Dios de Israel, ¿por qué ha venido a suceder  que hoy falte una tribu de Israel?” (Juec.21:2,3).

 

Su curso había sido justo, pero ellos no se habían humillado, y habían tenido que aprender a cómo llorar, y ayunar, y ofrecer al Señor. El juicio ejecutado contra Benjamín era justo, pero ellos no habían sentido la aflicción de haberlo ejecutado contra “mi hermano.” De este modo, queridos hermanos, no creo que estemos en un estado aceptable para sacar la espada para cortar a nuestro hermano hasta saber  lo que es llorar, y ayunar, y hacer esto como debido al Señor, y estar con corazones quebrantados porque debemos hacerlo, y porque es “mi hermano”. Por supuesto este no es exactamente un caso de cortar a un hermano de la asamblea, pero en principio esto es lo mismo. Y debo sentirme entristecido que esto sea así. Me parece, también, que veo claramente la mano del Señor en que la materia haya sido mantenida por tan largo tiempo en suspenso. Si la acción hubiese sido tomada enseguida y sin esperar pacientemente, y en amor trabajando para recuperar a los que se han extraviado, esto podría haber sido más serio.

 

Fidelidad al no ceder ante el mal es muy profundamente importante. Pero esto no es suficiente. No somos llamados a esgrimir la espada como Jehú, aunque perfectamente un acto justo. Para nosotros debe haber una humillación propia, no soy mejor que mi hermano, y la obra de ese amor que se deleita en la misericordia, y que odia poner fuera (Mal.2:16).

 

Ahora que la acción ha sido tomada, simplemente presento estas sugestiones para los queridos hermanos que directamente tienen que hacer con este penoso caso. Usted encontrará provechoso revisar todo el curso, y considerar la pregunta, ¿por qué el Señor no permitió una acción más rápida? Y pienso que encontrará que había algo que todos necesitaban aprender. A menudo nuestros pensamientos y estado de corazón tienen que ser corregidos, donde no estamos conscientes de que haya algo errado. Dios es lleno de paciencia con nosotros, pero Él es fiel, y bondadosamente nos guiará, corrigiendo y disciplinándonos como necesitemos. ¡Oh, cuán bueno es Él, porque en los desatinos y equivocaciones en las cuales a menudo caemos Él en gracia nos saca, para poder ministrarnos conveniente instrucción!

 

Confío en que las materias puedan ahora moverse en la reunión en paz y armonía, dando toda diligencia a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Tenemos que mantener al Señor ante nosotros, y aprender de Aquel que es manso y humilde de corazón. La mansedumbre, gentileza, paciencia, gracia y amor que son agradables a Dios se encuentran solamente en Cristo. Y estar en comunión con Él es lo que produce estas en nosotros por medio del poder del Espíritu.

 

Ahora con mucho amor  hacia todos ustedes,

 

Afectuosamente en el Señor,

 

Pd,

 

Hermano__ ha  tenido pensamientos que necesitan ser corregidos, y, aun así, pienso, y no dudo que el Señor en Su fidelidad guiará a esto. Por otra parte, creo que hay mucho por lo cual él puede ser encomendado. Si S. es restaurado, él recordará los sinceros y fervientes esfuerzos de__ en gracia y amor por volverlo del paso que ha tomado, y puede tener más peso para él que todo lo demás.

 

No dudo que el resto de ustedes ha sido probado por esta resistencia de cierto curso, y él puede haber sido censurado por caminos obstructivos, pero estoy seguro de que Dios ha estado en esto. Y mirando las cosas de su punto de vista, él no ha sido menos probado que el resto. Puedo ver que él ha sufrido profundamente en su espíritu, y su resistencia ha sido de conscientes convicciones. No tengo dudas de que él y todos han ganado por estos ejercicios, y quizás por alguna corrección de pensamientos. Todos los miembros son necesarios (1 Cor.12:21-26). Aun estos que son intratables son útiles para enseñarnos lecciones de paciencia. No podemos poner a los tales a un lado, excepto una voluntad perversa haga de esto una necesidad, como, por ejemplo, un caso de deliberada injuria.

 

La humildad, mansedumbre, paciencia en amor (Efes.4:2), que son preciosas características de la vida divina en Cristo, son todas desarrolladas en una escena donde encontramos lo opuesto que llama y hace necesario su ejercicio. Dios no nos permitirá que nos levantemos en la forma de una corte seca, con un carácter de justicia legal. Él obra en nosotros, en medio de ejercicios de alma, las características de Cristo, que se unen con la justicia, gracia y amor, produciendo de este modo paciencia.