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LA ASAMBLEA ADORANDO EN EL LUGAR SANTÍSIMO CUANDO REUNIDA AL NOMBRE DE CRISTO (MT.18.20) PARA CELEBRAR LA CENA DEL SEÑOR.

LA NEGACIÓN DE LA VERDAD CELESTIAL RECUPERADA

 

Thy Precepts Mayo/junio 1999

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El tema de la adoración y el inexpresable privilegio de la asamblea de estar, en espíritu, en el cielo, en el lugar santísimo, por la sangre de Jesús. (Heb.10:19), es central a la doctrina del libro de hebreos. Hay consecuencias prácticas que resultan de sostener vistas erróneas concernientes al carácter de este libro y el pacto eterno. Por ejemplo, M.J. Stanford rechaza el alcance actual de Mt.18:20 sobre la iglesia:

 

“Ciertamente puede con seguridad decirse que Darby fundó el asambleísmo de los Hermanos sobre Mt.18:20: “porque donde hay dos o tres reunidos a Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.”[1]

 

“Nunca he sido capaz de comprender como Darby, el así llamado ‘padre’ del dispensacionalismo, podía usar un solo verso de una dispensación pasada, sobre el cual fundamentar el método de reunión de los Hermanos.

 

Lo que sea que el Señor quiso decir en la dispensación anterior a la cruz, en Su referencia a Su estar en medio de dos o tres reunidos,[2] él no enseña tal cosa a través de Pablo a Su cuerpo en la dispensación actual. Entonces, Él estaba enseñando no a cristianos, sino un reino judío, mientras la iglesia aun no era revelada.

 

Él por Su Espíritu, ciertamente mora en cristianos reunidos a Su nombre, pero Él no está presente en alguna otra forma. Y los creyentes ciertamente no tienen comunión o adoran, al Señor que mora dentro.

 

La palabra justamente dividida impide cualquiera posibilidad de ir atrás a mateo_ o a algún otro libro en la Palabra aparte de las epístolas paulinas_ para establecer algo doctrinalmente concerniente al cuerpo celestial de Cristo, la iglesia. No es justo allí… 

 

Tenemos una extraña anomalía, Darby, y todos los primeros líderes entre los Hermanos (documentados abajo), mientras creían en la presencia de Dios en medio en medio de la asamblea reunida, y al mismo tiempo sostenían, se ocupaban, y enseñaban verdad posicional celestial concerniente al creyente. Ellos sabían quiénes y donde ellos estaban en Cristo, y moraban allí, teniendo comunión con el Padre y el Hijo, y los adoraban en su presencia.  Justo porque ellos insistían en una presencia terrenal y otra celestial nunca lo podremos saber hasta el Bema (tribunal).

 

Pero esta tensión doctrinal no podía ser mantenida. Por una cosa, el Espíritu de Cristo no podía mantener esto. Su primario ministerio concerniente a Cristo al cuerpo es como Cabeza celestial y vida.

 

Algo había que abandonar, entre lo terrenal y celestial_ y es triste decirlo, lo celestial fue abandonado, y lo terrenal fue retenido. Mientras la verdad celestial puede todavía ser conocida y reconocida por los Hermanos, el terrenal congregar de Mateo 18:20 es focalizada y mantenida.[3]

 

Me parece que esta parcial preocupación con Efes.2:6 guia a esta falsa noción de que Mt.18:20 tiene algo que hacer con el “reino judío.” [4] Es claro que él rechaza el “asambleísmo de los Hermanos[5]”, como él lo llama. La verdadera pretensión aquí es que Mt.18:20 es incompatible con la verdad celestial recuperada a través de JND. No, verdad dispensacional y gubernamental en Mateo no es incompatible con eso; esto es incompatible con esa parcialidad que rechaza Mt.18:20 como administración y disciplina de asamblea.[6]

Mt.18:20 está en el contexto de Mt.18:15-20, donde leemos de la asamblea. ¿Hemos de creer que esto se refiere a una diferente asamblea que la que el Señor dijo que Él edificaría (Mt.16:18) justo dos capítulos antes? La forma que la asamblea tendría como un cuerpo no había sido revelada por el Señor, pero eso no afecta el punto. En Mt.18:15-20 vemos que la asamblea puede atar y desatar. Este atar y desatar supone v.20, justo como el v.19 supone v.20 está en el contexto. Es Su presencia la que es indicada en 1 Cor.5:3-5 también:

 

“Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.

5:4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5:5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús…”

 

Es Cristo en medio que explica que Su poder esté allí. Tampoco deben os arbitrariamente limitarnos a las “epístolas eclesiásticas,” cuyo confinamiento es una señal segura de formar un sistema inescritural, pero también nos referimos a Heb.2:11, donde el Espíritu (sin duda a través de Pablo) aplica una escritura del Sal.22 a la asamblea:

 

“Declararé Tu nombre a mis hermanos: en medio de la asamblea cantaré Tus alabanzas”

 

¿Es justo como Cristo canta alabanzas en medio de la asamblea?

 

Para continuar, M.J. Stanford escribió:

 

“Él, por Su Espíritu, ciertamente mora en los cristianos reunidos en Su nombre, pero Él no está presente en otra manera.”

 

Hay numerosas cosas para decir concerniente a esta declaración:

 

Primero, ¿cuál es su autoridad para decir “cristianos reunidos en Su nombre,”, ya que él limita la interpretación de Mt.18:20 a una dispensación pasada?

 

Segundo, ya que Heb.2:11 dice que Cristo cantaría alabanzas en medio de la asamblea, ¿cómo Cristo hace eso si Él no puede estar presente en alguna otra forma que morando en el creyente? Este pasaje no dice que Él cantaría alabanzas dentro del cristiano como siendo morada de Cristo; sino mas bien que Él mismo cantaría en medio de la asamblea.

 

Tercero, lo que está implícito en sus palabras es la clara negación de que la asamblea no puede estar, en espíritu, en el lugar santísimo arriba (heb.2:11; 10:19), donde el “ministro de los lugares santos” (Heb.8:2) es, con Él mismo en medio cantando alabanzas. Aquí, entonces, y tenemos la clara negación de la adoración celestial con Cristo en medio. Esta negación es hecha cierta de otra citación. Él declaró:

 

“El ascendido y glorificado Señor Jesucristo no deja la gloria celestial para estar presente en alguna reunión, ya sea para ser recordado, o adorado. El fundamento de reunión no es el fundamento (sobre la tierra, supongo que él piensa) [7]

 

Más bien que venir a la iglesia aquí, Él ha tomado a la iglesia para estar con Él mismo allí. Debemos permanecer en Él en presencia del Padre.  El único discernimiento que el creyente puede tener por el Espíritu concerniente a la “presencia” de Cristo es que Él está sentado a la diestra del Padre, en gloria…

 

Esta es una directa negación de la verdad recuperada el último siglo, particularmente con relación a las operaciones del Espíritu en la asamblea.  También pienso que tenemos misticismo aquí; y esto puede explicar sus muchas citaciones del Ravenita, C.A. Coates[8].  Lo que él ha hecho aquí es establecer verdad posicional (estamos sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús (Efes.2:6), aun que no justamente comprendida, contra otra verdad. De este modo, la negación de que Cristo está en medio de la asamblea es ciertamente declarada por él. La única presencia de Cristo que un cristiano puede conocer, por el Espíritu, Él demanda, es Cristo estando sentado a la diestra del Padre. La verdad acerca de la asamblea no es comprendida; más bien, es negada y resistida. Esta resistencia es parte de su ‘ministerio’. La directa tendencia de esto es hacer cada cosa individual. Esto niega la verdad del privilegio celestial de la asamblea de adorar, en espíritu, con Cristo en medio allí en el lugar santísimo cantando alabanzas; y al mismo tiempo esto debe ciertamente tener consecuencias concernientes a la asamblea vista en responsabilidad aquí abajo.

 

Cuarto, esta es una negación de la verdad de que hay un cuerpo, aunque él y muchos otros no ven eso.

 

Quinto, en este punto su vista envuelve materialismo. La iglesia es “edificada juntamente como una habitación de Dios en el Espíritu” (Efes.2:22). Claramente, Dios habita la iglesia y hace así en virtud del Espíritu que la formó. La iglesia aquí sobre la tierra es la habitación de Dios.  El Espíritu está presente en la iglesia aquí sobre la tierra y ha unido a los miembros al Cabeza en el cielo.  Eso es lo que ha efectuado el Espíritu al venir conforme a Jn.14 y 16, porque el Espíritu no estuvo aquí antes en esa capacidad. Si agradó a Dios, por el mismo Espíritu podía estar presente en la asamblea sobre la tierra cuando una asamblea local se reúne al nombre de Cristo. Esto es actualmente, materialismo, mientras pretendiendo que esto es espiritual, argumentar que esto significaría que Cristo deja el cielo, y ya que Él no puede dejar el cielo no puede estar en medio en la asamblea aquí sobre la tierra.  Su presencia sobre la tierra sería en espíritu, y esto obra en el Espíritu.  Él limita este resultado a lo que es corpóreo, porque conviene a su impulso contra el “Asambleísmo de los Hermanos” _ que es realmente minar la verdad recuperada el último siglo mientras se demanda encontrar ¡una grieta en el dique dispensacional!

 

Los santos pueden entrar en “el lugar santísimo” (Heb.10:19). Aquí tenemos la clara declaración de las Escrituras acerca de tal entrada. Esto contradice directamente su segundo párrafo en la última citación de arriba. Esta entrada es diferente a que el cristiano esté sentado en lugares celestiales en Cristo Jesús, que es posicional. En Hebreos el creyente no es visto como sentado arriba,[9] aunque en Efes. 2:6 él está de esta manera sentado. Pero en Hebreos ellos entran en el lugar santísimo. Y ¿cómo entran ellos? Los santos no entran corporativamente. Esto es efectuado en el Espíritu.[10] El santo está allí en espíritu mientras él está corporativamente aquí sobre la tierra. (Así es con la asamblea en adoración.) Si nuestro hermano Stanford es correcto, esto quiere decir que Cristo no puede hacer, en [el] Espíritu lo que el santo puede hacer, en [el] Espíritu. No habría dificultad con que Cristo estuviese presente en la asamblea reunida al nombre del Señor Jesús, si eso envuelve Su presencia aquí. La presencia corporal de Cristo en el cielo no constituiría una dificultad con relación a Su presencia, en espíritu, en la asamblea reunida aquí sobre la tierra.

 

Abajo, consideraremos que la asamblea reunida adora en el lugar santísimo, arriba. No demando que su sistema es seriamente está seriamente en error en numerosos respectos, y especialmente su negación de la presencia de Cristo en la asamblea, como tal. En conexión con esto es bueno observar también que Dios ha puesto dones en la iglesia (1 Cor.12:28) que está, completa y claramente, aquí sobre la tierra.

 

Hay una vista del cuerpo sobre la tierra vista en Efes.4:16, “todo el cuerpo,” visto en actividad, que es aquí sobre la tierra, no en el cielo—en la misma forma que los dones puestos en la iglesia, en 1 Cor.12, que está en la tierra, no en el cielo, y ciertamente no en una congregación local.

 

******

 

Es muy angustiante ver a un hermano en cristo hablando tanto de la posición celestial del cristiano y negar al mismo tiempo este gran privilegio celestial del creyente— ¡la adoración de la asamblea en el lugar santísimo arriba, con la presencia de Cristo en medio de Sus santos reunidos! Recuerde su error concerniente al libro de Hebreos.

 

El propósito y carga de Hebreos es alejar a los creyentes de cualquier cosa del Israel terrenal, y para establecerlos en su posición celestial en Cristo, y que por la “sangre del pacto eterno.”

 

Si, él erróneamente ve hebreos como estableciendo a los creyentes en su porción celestial, cosa que la epístola no hace. Es verdad que hebreos los establece a ellos en las cosas y privilegios celestiales, pero no la posición, que es posteriormente la enseñanza de Efesios. Si usted piensa acerca de esto, quizás verá como sus errores guiarán a minar y debilitar el privilegio de la asamblea de adorar en el lugar santísimo, con Cristo en medio. Él toma una línea de verdad para borrar otra. Al hacer estas cosas, hemos notado que él usó la frase “cristianos reunidos en Su nombre.”  Sin Mateo 18:20 para esta expresión, no conozco cuales su autoridad para tal frase. Por otra parte, aun si él creyese que Mt.18:20 habla de “cristianos reunidos en Su nombre,” que es como muchos cristianos toman esto, que está muy por debajo de la verdad. De esta manera, cuando hablando con unos pocos cristianos, varias veces se me ha dicho erróneamente, “bien, Él está en medio nuestro justamente ahora.” Usar tales palabras para una mera conversación muestra que no existe una justa concepción en cuanto al alcance eclesiástico de Mt.18:20. Si “en” está por debajo de la verdad. Escuchemos una respuesta acerca de Mt.18:20 por W. Kelly, al cual he dado el subtítulo.

 

El Carácter Eclesiástico de Mateo 18:20

 

Creo que W. Kelly respondió a la siguiente pregunta.

 

❖ Pregunta. -- Matt. 18:20. Recientemente se ha dicho que hombres como J.N. Darby buscaron ayudar a su interpretación (de esta escritura) mediante un cambio bastante injustificado en la traducción de las palabras εις το εμον ονομα que ellos traducen (a) Mi nombre, y tomó el significado de una reunión al Nombre de Cristo como punto de reunión.” ¿Existe alguna duda acerca de la justa versión? ¿O alguna autorización para tan mala imputación? μαθητής

Respuesta.-- Ninguna para ninguna de las dos: ningún verdadero estudioso podría haber examinado el uso y dado tal opinión. La evidencia es decisiva para el cambio. El deseo al oponerse a esto es poner a un lado el carácter eclesial del contexto, sobre el cual el Señor ha impreso de este modo indeleblemente, de manera que casi todas las diferentes partes de la Cristiandad reconocen ese carácter, aunque ellos naturalmente pasan por alto una palabra que ninguna de ellas da atención, y que significa un centro vivo y exclusivo. Su negación es un muy osado error exegético; porque una seria inspección de las palabras del Señor basta para probar que el caso aducido ha salido del trato individual a “la iglesia” o asamblea (no la sinagoga). Entonces el Señor (Mt.18:18) fortalece esto con Su solemne afirmación de la aprobación del cielo de su atar o desatar (no llaves), y Su bondadosa seguridad de la respuesta de Su Padre a la petición unánime aunque fuesen dos. Entonces Él termina con el principio general para los peores tiempos (v.20) que Él está en medio, donde hay dos o tres reunidos a Su nombre. La última promesa es una invaluable guarda contra la obra partidista, como también contra la incredulidad y el mundo. Esto habla poco a los corazones que nunca han tenido, o han perdido, la fe en Su palabra o presencia…

 

En cuanto al uso, el caso en cuestión citado difiere ἐπὶ πῷ όν en el v. 5, donde Su nombre es hecho el motivo, condición, o terreno para recibir a un niño, y εις hubiese estado fuera de lugar. Por lo tanto es estrictamente “en”, no “a”; y así en Hechos 2:38 Pedro pidió que los Judíos arrepentidos se bautizaran, cada uno de ellos en (ἐπὶ) el nombre de Jesucristo para remisión de pecados; y recibirían el don del Espíritu Santo. Si se habían arrepentido, ya habían nacido realmente del Espíritu, como cuando es real e invariablemente el caso. Compare Mateo 24:5; Marcos 9:37, 39; 12:6, 9. En Lucas 1:5, 9  se convierte en “después”. En Hechos 10:48 el mismo Pedro ordena a los creyentes Gentiles a ser bautizados hacia (έν) el nombre del Señor. Ver Marcos 16:17; Lucas 10:17; Juan 5:43 etc. hubiese sido tan posible como verdadero haber dicho “en”; pero no es el mismo pensamiento o expresión como en virtud (o, en el poder) de Su nombre. En Hechos 11:16 Pedro habla del bautismo del Espíritu Santo, contrastado con el de Juan, como ἐν Πν. άγ. Hacía el Espíritu Santo, donde ἐπὶ, en, podría haber fallado, porque ἐν significa en el poder del Espíritu Mismo. En Hechos 19:5 como en 8:16 el objeto propuesto en el bautismo ocurre, y allí no es ni “a” ni “en”, sino “hacia”, είς. Los revisores corrigen la falla “a” de la A.V. pero dicen “dentro” que es rechazado por su propia traducción de 1 Cor 10:2 (donde “dentro” seria impropio), y por el A.V de Hechos 19:3. El Griego admite ya sea “hacia”, o “dentro” de acuerdo al contexto, que requiera la forma.

El bautismo en agua no implica más que “al” o “hacia”. Es solamente la profesión; y el objetivo mismo del apóstol en 1 Cor 10 es insistir que esto puede ser hecho sin vida. Así en la comisión de nuestro Señor en Mateo 28:19, es bautizarlos “al” o “hacia” el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Era en bautismo con agua, y por sí mismo no podría haber más profundidad. Pero el bautismo del Espíritu  tiene una fuerza bastante diferente, y efectúa la incorporación, no “al” meramente como profesión sino “dentro” del un cuerpo, el cuerpo de Cristo. Dean Alford se rindió a “a” pero argumento por “dentro” de forma invalida, sus vistas son inciertas aquí con demasiada frecuencia.

 

En Mateo 10:41,42 tenemos de hecho la frase peculiar de recibir a un profeta, un hombre justo, y a un discípulo, “a” (εΙς) nombres respectivos de cada uno, o como tales.  Aquí es tal vez difícil evitar decir en ingles “en el nombre del profeta”; pero realmente significa lo mencionado anteriormente, y no lo que habría sido importado por έν, en el poder o autoridad de cada uno, como en el nombre de Cristo o incluso sin ninguna preposición como en Mateo 7:22. Pero Meyer piensa que aquí “por” tu nombre es preferible; y este puede bien ser el justo sentido de una frase Griega que difiere del resto, el dativo instrumental. Nuevamente, tales formas como ένεκεν τoύ or, διά τό (or ύπέρ τοϋ) όν son indispensables “por amor de Tu Nombre”, así que no necesitamos decir más.

 

En el A.V. etc. Fil 2:10 es, todos conocemos, traducido “al” “nombre de Jesus, como una traducción en la que se fundó una práctica tan conocida y dominante. Los Revisores aquí dicen “a” (έν). Si justo, significa como es usual en virtud de Su nombre todas las criaturas se inclinarán.

 

En 1 Cor 5:4-13 donde poner fuera es establecido perentoria y perspicuamente, es a (έν) el nombre del Señor que la asamblea de los santos es llamada a actuar. Fue ordenado por Dios que la palabra escrita mandara la ex comunicación, cuando ningún apóstol estaba realmente allí, ni el delegado apostólico como Tito, y ningún anciano había sido designado. Esto permanece como el deber inalienable, como siendo la autorización divina para el acto de la asamblea, cuando la dolorosa necesidad llama a este último recurso. Los santos Corintios eran livianos en varios aspectos y habían eludido o ignorado lo que era debido al Señor, sin siquiera llorar porque alguien tan culpable fuera quitado de en medio de ellos. El apóstol insiste en echar fuera la levadura, en acuerdo con el sacrificio de Cristo nuestra Pascua; y el Espíritu se ocupó de que, como la Cristiandad mostraría un especial desprecio por esta Epístola, fuese dirigida de manera más impresionante que cualquier otra, no solo a esa asamblea, sino uniendo con esta “a todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en todo ligar, tanto suyo como nuestro”. La ligereza por lo tanto es inexcusable.     

 

 

De hecho, también, no fue sino hasta mucho después que los cristianos mencionados se hubieron reunido, no como perteneciendo a denominaciones, sino simplemente como miembros de Cristo, reconociendo el un cuerpo y un Espíritu conforme a la palabra de Dios, que la precisa fuerza de la palabra del Señor en Mt.18:20 sorprendió a algunos.  Creyendo en la permanente presencia del Espíritu Santo desde Pentecostés, ellos han aprendido el inmenso valor de cada palabra inspirada. La tradición no tiene lugar a sus ojos. Ya que ellos aceptaron cada escritura como alentada por Dios y provechosa, ellos buscaron completa sujeción a esta como una Palabra viva, mientras rechazando ya sea demandar más que lo que ellos tenían o sustituir por dispositivos humanos en lugar de lo que ellos no tenían. Cualquier estudioso que examina el texto en cuestión debe admitir que, excepto hubiese un obstáculo en el idioma en este caso particular, “a” debe ser la fuerza exacta; porque “dentro” sería absurdo, y “έν” propiamente, y no “εΙς”, significa “en”. Pero, lejos de una dificultad, el contexto aquí no favorece más que el propio alcance de “εΙς”, reunidos “a” Mi Nombre como la presencia central sobre lo que todos deben depender y confiar.  Fue de esta forma y solamente entonces percibido como siendo la confirmación de su posición, ya fundamentada sobre revelados principios de la asamblea de Dios, modificado como esto debe ser por la ruina no menos cuidadosamente prefigurado en las últimas Epístolas y el Apocalipsis, las cuales estamos obligados a tomar en cuenta, si hemos de evitar esa asunción que es indigna de Cristo y tan inconveniente en todos los que son Suyos. ¡Cuán bendita cosa es saber que Cristo permanece siempre el centro aun para dos o tres reunidos (juntos) a Su Nombre!

 

Pero esto fue recibido como una verdad cierta, sobre la evidencia de la escritura mejor comprendida e independientemente de algún otro fundamento que el preciso y pleno significado de las palabras de nuestro Salvador. Justo en la misma forma que muchas otras verdades de importancia que desde entonces hemos aprendido: hemos actuado sobre lo poco que al principio conocíamos como de Dios; porque necesitamos el Espíritu como también la Palabra. “Al que tiene le será dado; pero al que no tiene aun lo que tiene le será quitado.”  Nada más peligroso para el hombre, nada más deshonroso para Dios, que abandonar lo que una vez confesamos y gozamos como siendo divino. ¿Quién puede decir dónde terminará el alejamiento una vez comenzado? ❖[11]

 

La Asamblea Adora en el Lugar Santísimo

La Adoración Guía a la Cena del Señor

 

Es el privilegio de cada creyente adorar individualmente en el santuario celestial (comp. Heb.10:19). Pero no solamente existe la adoración como individuos, también existe la adoración de asamblea (Heb.2:11). Y si un cristiano individual se deleita en adorar, ¿no piensa que él desearía adorar juntamente con otros adoradores? La Adoración Guía a la Cena del Señor. Entramos donde nuestro Sumo Sacerdote es ministro de los lugares santos (Heb.8:1,2); y donde Él alaba en medio de la asamblea (Heb.2:12).[12] Es allí donde está la asamblea, en espíritu; en el lugar santísimo cuando estamos reunidos al nombre de Cristo, con Él en medio (Mt.18:20), para recordar al Señor Jesús al partir el pan – porque la Cena del Señor es el centro de la adoración cristiana colectivamente. La adoración guia a la Cena del Señor. La adoración se produce en el corazón y adoramos individualmente. Pero entonces deseamos adorar colectivamente en la asamblea donde Cristo está en medio en esa forma especial y donde Él canta. De este modo la adoración guía a la cena del Señor, no de la otra manera.

 

¿Qué es la Adoración?

 

La adoración es un punto de tal importancia práctica que será beneficioso ver lo que enseñó J.N. Darby con relación a la adoración cristiana en la asamblea.

 

Adorar… es el corazón levantándose a través del poder y operación del Espíritu de Dios en alabanza, acción de gracias, y adoración, por lo que Dios ha hecho y hace, y por lo que Él es, y como lo conocemos en Cristo. El retornar arriba por el Espíritu de nuestros corazones en adoración y alabanza de lo que ha sido revelado y descendido en gracia a nosotros a través de Cristo, expresado en nuestras actuales relaciones con Dios, la elevación del corazón en espíritu y verdad a nuestro Dios y Padre en el pleno conocimiento de Él.

 

Adoración es la expresión de lo que está en nuestro corazón hacia Dios de acuerdo a la santa demanda que Él tiene sobre nosotros, y la plena revelación que Él ha hecho de Sí mismo a nosotros. Intercesión es intervención con Dios por otros. Cristo puede estar presente en espíritu para guiar las alabanzas de Sus santos y ofrecer también sus alabanzas en lo alto para que estas puedan ser aceptadas.[13]

 

 

 

 

¿Dónde está el Lugar de Adoración?

 

El culto, es la adoración, y por nosotros en el lugar santísimo, de aquellos que han sido acercados por sacrificio, que conocen a Dios como amor, que le conocen como Padre que en gracia ha buscado adoradores en espíritu y verdad, y que para hacer esto ha tenido que limpiarlos. Los adoradores una vez purificados no tienen más conciencia de pecados. Por una ofrenda Cristo los ha perfeccionado para siempre, tal escritura es verdad (ver Heb.10); y entonces ellos rinden culto, adoran, alaban en el sentido del perfecto favor divino y el amor del Padre. Ellos tienen libertad para entrar en el lugar santísimo por medio de la sangre de Jesús, por el camino nuevo y vivo que Él nos ha abierto a través del velo.  No es que Cristo este haciendo esto en el cielo actualmente en la iglesia triunfante, y militante en la tierra. Ellos entran en espíritu al lugar santísimo, en el mismo cielo, para adorar allí; y entonces un sumo sacerdote hecho más alto que los cielos era necesario para ellos, porque su adoración tiene lugar allí. Ellos no ofrecen sacrificios en vista a entrar, ellos están dentro en virtud del sacrificio.

 

Y este es el lugar que los símbolos, del cuerpo de Cristo partido y de la sangre, tienen en la adoración. Los adoradores en espíritu están en lugares celestiales, Cristo en espíritu en medio de ellos, como está escrito, “en medio de la congregación (iglesia) te alabaré,” y ellos reconocen y recuerdan ese bendito y perfecto sacrificio por medio del cual ellos pueden de este modo adorar, y por el cual ellos han entrado. Sin duda que ellos se alimentan de Cristo en espíritu; pero ese no es el punto que consideramos ahora. El Cristo que es representado en la eucaristía es un Cristo con un cuerpo partido, y la copa es Su sangre derramada, no un Cristo glorificado en el cielo. Esta es Su muerte, un cuerpo partido y la sangre separada de este, vida entregada en este mundo, lo que está ante nosotros. También en espíritu podemos comer el trigo viejo tostado de la tierra—estar ocupados con un Cristo celestial, ciertamente que podemos, y de manera bendita; pero ese no es el Cristo que tenemos aquí. Comemos Su carne y bebemos Su sangre, es decir, separada de Su cuerpo—no solo el maná que es para el desierto y que cesó en Canaán, el pan que descendió del cielo, sino la adicional y necesaria verdad de Su muerte. Entonces Su ir arriba es solo mencionado en Jn.6 como una verdad adicional y subsecuente. Adoramos como perteneciendo al cielo y reconocemos que por lo que encontramos allí, esa perfecta y bendita obra que Él, que podía hablar de lo que Él conocía allí, y testificar de lo que Él había visto, podía expresar lo que era necesario para que nosotros pudiésemos tener las cosas celestiales, y no solo decir, sino que en infinito amor, ha cumplido. Pero ningún tipo de Cristo como aquel cuyos símbolos están ante nosotros en la cena del Señor existe ahora. Esto es específico, solo, y enfáticamente, como un Cristo muerto que Él es recordado allí. Ellos tenían que hacer eso, es decir, usar los enfáticos símbolos de Su muerte, en recuerdo de Él. Entonces este es el centro de adoración porque por eso conozco el amor, porque Él puso Su vida por nosotros. Aquí el velo fue roto y el camino abierto; pero aquí la perfecta obra fue cumplida, por medio de la cual yo, como levantado juntamente con Él, puedo decir que no estoy en la carne. En el Cristo celestial digo, por el Espíritu Santo, estoy en Él y Él en mí. Es ser de Él, estar unidos a Él, Él en gracia en nuestro medio. Es un Cristo muerto que recuerdo. En el goce y gloria en que tengo parte a través y con Él, recuerdo que solo esa obra en la cual Él llevó la aflicción y bebió la copa de ira. Recuerdo con tocadas afecciones al humilde y rechazado Cristo, ahora que estoy en lugares celestiales a través de Su solitaria humillación. El ofrecerlo ahora alzado es una presuntuosa negación del cristianismo. El recordarlo, a esta bendita Persona divina, en Su solitario sufrimiento y perfecto amor hacia Su Padre, es la más tocante de las afecciones cristianas, la base y centro de toda verdadera adoración, como la eficacia de la obra realizada allí solo nos permite adorar. El beber la sangre aparte señala a esta como derramada. Proclamamos la muerte del Señor, enfáticamente, no un Cristo glorificado, pero hacemos así asociados con Él como el Hombre glorificado, quien ha hecho la purificación de nuestros pecados, recordando con corazones agradecidos como estamos allí, y, sobre todo, a Aquel que se dio a Si mismo para que pudiésemos adorar en el cielo…[14]

 

Adoramos en espíritu en cielo…[15]

 

Ellos en espíritu entran en el lugar santísimo, en el mismo cielo, para adorar allí.” [16]

 

Siendo uno con Cristo, no tengo lugar de adoración sobre la tierra, aunque mi cuerpo pueda estar aquí.[17]

 

Los judíos tenían que adorar sobre la tierra; nosotros vamos más alto que los cielos. Nuestro Sacerdote está allí, a la diestra de Dios. Eso estampa el carácter de nuestra adoración “más alto que los cielos” es el lugar de nuestra adoración. [18]

 

Una perfecta y eterna redención ha sido cumplida, y el amor de Dios fluye sobre cada lado, abarca a todas las razas de hombres, y los llama a adorar en el santuario celestial, donde la gloria es manifestada en la Persona de Jesús a cara descubierta, donde el amor del Padre no se oculta a si mismo, donde este atrae y se revela a sí mismo.[19]

 

¿Cuál es el Centro de Adoración?

 

Admito que la cena del Señor es el centro de la verdadera adoración…La cena del Señor es el centro de la adoración.[20]

 

La adoración es aquello para lo cual los cristianos deben reunirse, y, añado, la cena es el centro de la adoración.[21]

 

No tengo dudas que la adoración, con la cena del Señor como el gran y caracterizador centro de esta, y no la predicación, es el gran objeto de que los cristianos se reúnan.[22]

 

…Entonces vemos como la cena del Señor se alía para adorar, dando testimonio de la redención.[23]

 

Si Jesús le da valor a nuestro recuerdo de Él—si Él se presenta a Si mismo a nosotros con tal ternura en el memorial de Su sufriente amor, ese amor, al mismo tiempo, produce en nosotros las más profundas afecciones—afecciones que están conectadas con lo que es muy exaltado en la gracia de Dios, y que se expresa en la adoración del corazón. Podemos comprender, entonces, que, aunque la adoración es ofrecida en varias formas, por medio de himnos, acciones de gracias, en la forma de oraciones, alabanza, etc., podemos comprender, digo, que la cena del Señor, como representando eso que forma la base de toda adoración, es el centro de su ejercicio, alrededor del cual los otros elementos que lo componen son agrupados. El adorador es por ello recordado de eso que es la más preciosa de todas las cosas a la vista de Dios – la muerte de Su amado Hijo. Él recuerda el acto en el cual el Salvador ha testificado Su amor en la más poderosa forma. Otras consideraciones añaden su peso a estas que justo hemos presentado con relación a la cena del Señor. El adorador come en la casa de Dios, como los sacerdotes comían de las cosas con que la expiación había sido hecha; él entra con afección espiritual dentro de la perfección de esa expiación—de lo que Cristo ha sido el cumplimiento. “el que come Mi carne, y bebe Mi sangre, permanece en mí, y Yo en él.”

 

No aplico esto exclusivamente a la cena del Señor, aunque es la más vivida expresión de esto.

La ofrenda de paz presenta, con la pascua, la más vivida de las imágenes del verdadero carácter de la cena del Señor. Lo primero era una fiesta consecuente sobre un sacrificio; en lo último, Israel se alimentaba sobre el sacrificio, cuya sangre era la salvaguarda contra el juicio. En lo primero, los participantes eran, Dios, el sacerdote que oficiaba, los sacerdotes, el adorador, y aquellos que estaban con él. La grasa del holocausto sobre el altar era llamada “el alimento de Dios.” Esto expresa la plena satisfacción de Dios en el grato olor de la obra de Cristo. El sacerdote que ofrecía la sangre tenía su parte. Es decir, Cristo participa en el gozo de estos que son Suyos a través de la eficacia de Su muerte. Los otros sacerdotes comían otras partes. Ellos representan a los cristianos en general. Finalmente, los invitados de aquel que hacía el sacrificio representan a los unidos adoradores. De esta manera Dios mismo tiene Su parte en el gozo; del mismo modo Cristo; de esta manera lo tiene también la iglesia en general; y finalmente, la asamblea que participa en ello.[24]

 

Alabando con Cristo, Corporativamente.

 

Él guía el coro de alabanza. De este modo nuestra alabanza debe ser de acuerdo a la plenitud con que Cristo conoce y goza la bendición del fruto de Su obra, y las relaciones en las cuales él ha entrado como hombre en virtud de esto. Esto debe responder al nombre que Él nos declara como escuchado de entre los cuernos del unicornio y levantado, para que podamos unirnos a Él al alabar a Su Padre y nuestro Padre, Su Dios y nuestro Dios, o está fuera de tono con Él, que guía de este modo benditamente estas alabanzas. Debemos alabar con Él sobre el fundamento de esa bendición en que Él alaba, o está en desacuerdo.[25]

 

Pero adorar juntos tiene una base de un carácter distinto, porque allí está la promesa de Cristo de estar allí. “En medio de la congregación de alabaré.” [26]

 

El Padre Busca Adoradores

 

Lo que es presentado en Hebreos no se refiere directamente al Padre. Pero la adoración también incluye al Padre. Realmente, el Padre está buscando adoradores (Jn.4) y consideraremos algunos extractos de JND concerniente a esto.

 

LA DIFERENCIA ENTRE LOS NOMBRES “DIOS” Y “PADRE”

 

La diferencia entre los nombres de Dios y Padre es siempre claramente mantenido en el Evangelio de Juan. Cuando es cuestión de la naturaleza y del actuar de Dios de acuerdo a esa naturaleza, como el origen de la redención, y de la responsabilidad del hombre, la palabra Dios es empleada; cuando es cuestión de la gracia que actúa en el cristianismo, y por Cristo en nosotros, es el nombre de Padre. De esta manera “Dios amó al mundo”; y en el cap.4, “Dios es un Espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y verdad”; pero, en gracia, “el Padre busca que tales le adoren”; y aquí, “el Padre ama al Hijo, y ha entregado todas las cosas en Sus manos.” (comp. Jn.13:3).

 

El Padre ha sido revelado en el Hijo, y nosotros hemos recibido el Espíritu de adopción; los niñitos en Cristo han conocido al Padre. “El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, lo ha revelado”; y por el otro, “nadie jamás ha visto a Dios.” De esta manera la Persona del Hijo vino al mundo, y por nosotros, la exaltación de Jesús, después de haber cumplido la obra que el Padre le dio a hacer, después el descenso del Espíritu Santo, en una palabra, la gracia que opera en la Persona, y por nosotros, por medio de la obra de Jesús—es allí donde encontramos al Padre revelado. Jesús reveló este nombre a Sus discípulos, aunque ellos no habían comprendido nada de esto (Jn.17:26); y ahora que la obra que nos purifica y justifica ha sido cumplida, hemos recibido el Espíritu, por medio del cual clamamos, “Abba, Padre.” El nombre de Padre es un nombre de relación, revelado por la presencia de Cristo, y que uno conoce y goza individualmente por el Espíritu Santo. Esto es lo que caracteriza al cristianismo, y podemos decir, Cristo mismo. Dios es lo que Dios es en Su naturaleza y autoridad, el nombre de un Ser, no de una relación, excepto en los derechos de absoluta autoridad que pertenece a Él; pero un Ser que, siendo supremo, entra en relaciones con nosotros, en gracia. Vemos la importancia de esta distinción en las palabras de Cristo mismo. Durante toda Su vida Él no dijo, “Mi Dios,” sino, Mi Padre,” aun en Getsemaní; y el goce de esta relación es perfecto. “No estoy solo, porque el Padre está conmigo.” Él nuevamente dice, “Padre,” cuando Él explica lo que es para Él beber la copa. Sobre la cruz Él dijo, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”  Hecho pecado por nosotros, Él sintió lo que era ser esto ante Dios, Dios siendo lo que Él es. Después de Su resurrección Él emplea los dos nombres de Dios y Padre, cuando Él introduce a Sus discípulos en la posición en que Él entró, desde ese tiempo, como Hombre, de acuerdo a la justicia de Dios. “Subo a Mi Padre y a vuestro Padre, a Mi Dios, y a vuestro Dios.” Los Suyos están, por gracia, como Él mismo, en su relación con Dios como Padre; ellos están en esta, por Su obra.  Ante Dios tal como Él es en Su naturaleza, y eso en justicia y de acuerdo al valor de la obra que Él ha cumplido, y conforme a su aceptación en Su Persona, aceptos en el Amado. ¡Pero qué sorprendente privilegio saber que las afecciones del Padre están sobre, y conocer a Aquel que es el objeto de ellas, y que es digno de ellas—que basta para estas afecciones! ¡Qué felicidad conocer al Señor, porque la voluntad del Padre quiere que donde Él encuentra Su delicia nosotros debiésemos encontrar la nuestra! ¡Qué perfecta, e infinita felicidad! [27]

 

LA ADORACIÓN DE SACERDOTES E HIJOS

 

Como ya hemos visto, el cristianismo tiene un carácter completamente diferente {del judaísmo}. Este considera la humanidad como universalmente perdida, prueba en realidad que ellos son así, y busca, a través del poder de una nueva vida, adoradores en espíritu y verdad. De igual manera esto introduce a los mismos adoradores en la presencia de Dios, quien se revela a Si mismo como su Padre—un Padre que los ha buscado y salvado. Y esto es hecho, no por medio de una clase sacerdotal intermediaria que representa a los adoradores a causa de la incapacidad de estos últimos para acercarse a un Dios terrible e imperfectamente conocido; pero esto los introduce en la plena confianza a un Dios conocido y amado, porque Él los había amado, buscado, y lavado de todos sus pecados, para que ellos pudiesen estar ante Él sin temor.

 

La consecuencia de esta marcada diferencia entre las relaciones en que judíos y cristianos permanecen hacia Dios es, que los judíos tenían un sacerdocio (y no un ministerio) que actuaba exteriormente, es decir, al exterior del pueblo; mientras el cristianismo tiene un ministerio que encuentra su ejercicio en la activa revelación de lo que es Dios—sea dentro de la iglesia o fuera—no habiendo allí un sacerdocio intermediario entre Dios y Su pueblo, salvo el mismo Sumo Sacerdote. El sacerdocio cristiano está compuesto de todos los verdaderos cristianos, que igualmente gozan del derecho de entrar en los lugares santos por el camino nuevo y vivo que ha sido abierto para ellos—un sacerdocio, además, cuyas relaciones son esencialmente celestiales. Ministerio, entonces, es esencial al cristianismo; que es la actividad del amor de Dios al libertar almas de la ruina y del pecado, y atraerlos a Si mismo.

 

Sobre la tierra, entonces, con relación a las relaciones que subsisten entre Dios y el hombre, un sacerdocio era la característica distintiva de la dispensación judía; ministerio, de la cristiana: porque el sacerdocio mantenía a los judíos en sus relaciones con Dios; y porque por medio del ministerio el cristianismo busca en este mundo adoradores para el Padre. Digo, sobre la tierra, porque, en verdad, cuando consideramos la porción del cristiano en su punto de vista más elevado, es decir, en que tiene una relación con el cielo, el cristianismo tiene sus “reyes y sacerdotes”—es decir, todos los santos. La adoración a Dios no es un ministerio; esta es la expresión del corazón de los hijos ante Dios su Padre en el cielo, y de sacerdotes ante su Dios; en la intimidad de la presencia de Aquel que, en Su amor, ha rasgado el velo, que en Su justicia se había opuesto al pecador; y lo ha rasgado por un golpe que ha desarmado a la justicia, y no le ha dejado más que la feliz tarea de vestir con la mejor ropa a aquellos a quienes antes se les había negado toda entrada.[28]

 

EL PADRE BUSCA ADORADORES

 

La mujer ahora se vuelve a la adoración. El Señor le dice que la salvación era de los judíos; los samaritanos adoraban lo que ellos no conocían; pero venía la hora, y era ahora, cuando los verdaderos adoradores adorarían al Padre en espíritu y en verdad; porque ahora no era más cuestión de lo que el hombre debía ser para Dios, sino de lo que Dios es para el pecador. “El Padre busca que tales le adoren.” En cuanto a la adoración del hombre, todo era indigno. Usted puede obtener una máquina para hacer ceremonias si solo es bastante inteligente para hacer una. Como leemos en el profeta acerca de la adoración exterior de Israel. Dios llama a esto, “inclinando la cabeza como junco.” Esta es absolutamente indigna. Usted debe tratar con Dios que lo conoce, a quien usted debe conocer si quiere adorarlo en espíritu y verdad. No es Dios requiriendo adoración—todo esto es muy verdadero, como el deber del hombre—sino que el Señor está aquí en gracia, y de la abundancia de Su corazón Él dice, “el Padre busca” adoradores. Él no está considerando formas de adoración, pero Él está buscando pecadores viles, quebrantados para hacerlos adoradores. Él no está buscando adoradores. Él no está buscando al fariseo: su adoración procede de Él mismo; él da gracias a Dios por lo que Él es. [29]

 

Pero queda todavía otro elemento de nuestro servicio inteligente—el carácter del “Padre.”  Dios debe ser adorado en “espíritu y verdad,” porque Él es un Espíritu: pero es como “el Padre” que Él “busca adoradores que le adoren”. Adorar “en espíritu” es adorar de acuerdo a la verdadera naturaleza de Dios, y en el poder de esa comunión que el Espíritu de Dios da. Adoración espiritual está de este modo en contraste con las formas y ceremonias, y de toda la religiosidad de la cual es capaz la carne.

 

Adorar a Dios “en verdad,” es adorarlo de acuerdo a la revelación que Él ha dado de Sí mismo.

 

Los samaritanos no adoraban a Dios en espíritu ni en verdad. Los judíos adoraban a Dios en verdad, en la medida que esto puede decirse de una revelación que era imperfecta; pero ellos no lo adoraban de ninguna manera en espíritu. Ahora, para adorar a Dios ambas cosas son necesarias. Él debe ser adorado de acuerdo a la verdadera revelación de Él mismo (es decir, “en verdad”), y conforme a Su naturaleza (es decir, “en espíritu”).

 

Todavía esto no es todo lo que nos es presentado en este pasaje: en este se encuentra otro precioso elemento de adoración. El Padre busca tales adoradores. Es gracia lo que hace a tales ahora—gracia fluyendo del amor a ellos mismos. La adoración, por tanto, no se presenta bajo responsabilidad impuesta por las llamas del monte Sinaí, que, mientras demandando adoración en el nombre de la santa majestad del Señor, pone una barrera en el camino de acceso a Dios, que nadie podía traspasar, bajo pena de muerte; y que dejaba al adorador lejos de Dios, temblando bajo el sentido de responsabilidad, aunque estimulado por los beneficios recibidos de Aquel a quien él no se atrevía a acercarse. No, el amor busca adoradores, pero los busca bajo el gentil nombre de “Padre.” Este los pone en una posición de libertad ante Él como hijos de Su amor. El Espíritu que actúa en ellos y produce adoración, es “el espíritu de adopción,” que clama, “Abba, Padre.” No es que Dios ha perdido Su majestad, sino que Él, cuya majestad es mucho mejor conocida, es conocido también bajo el más tierno y amante carácter de Padre. El Espíritu guía a adorar al Padre, también nos guía en el conocimiento y goce de todo el amor de Dios, que quiere que le adoremos como Sus hijos. [30]

 

LAS OPERACIONES DEL ESPIRITU EN ADORACIÓN

 

Estas observaciones me guían a referirme a un muy importante principio; es decir, que el Espíritu Santo es la energía, la única fuente viva, de todo lo que tiene lugar en adoración y que es genuino. Este principio, realmente, es verdaderamente universal; esto es verdadero de todos los ejercicios de la vida espiritual. Vivimos por el Espíritu. Andemos por el Espíritu. Adoramos en espíritu y en verdad. Es el Espíritu que contiende contra la carne. Es la afección del Espíritu que es la expresión de toda la vida interior del cristiano. Pero en la adoración cristiana, los miembros de Cristo estando unidos, el Espíritu actúa en el cuerpo. Todo lo que es real y bendito viene de Él. Soberano en acción, pero actuando de acuerdo a la capacidad espiritual de cada uno, Él usa este poder soberano en vista a expresar los sentimientos que son convenientes a la asamblea ante Dios, para alimentar y fortalecerlos por Su gracia. Aquello que toma lugar debe ser conforme a la capacidad espiritual de la asamblea, levantándola, sin embargo, en el tono y espíritu de adoración, y guiando dentro del sensible goce de la presencia divina. Es de este modo que el Espíritu Santo actúa, porque Él actúa en el hombre, pero de acuerdo a la energía y gracia de Dios.[31]

 

EL ESPÍRITU, LA CENA DEL SEÑOR, Y NUESTRO ESTADO

 

Los dos grandes elementos de la adoración cristiana son la presencia del Espíritu Santo y el recuerdo del sacrificio de Cristo, que es conmemorado en la Cena.

 

Pero en esta adoración las afecciones que están conectadas con todas nuestras relaciones con Dios son desarrolladas. Dios en Su majestad, es adorado. Aun los dones de Su providencia son reconocidos. Él quien es un Espíritu es adorado en espíritu y verdad. Presentamos a Dios, como nuestro Padre—el Padre de nuestro Señor Jesucristo—la expresión de las santas afecciones que Él ha producido en nosotros; porque Él nos buscó cuando estábamos lejos, y nos ha traído cerca de Él, como Sus hijos amados, dándonos el espíritu de adopción, y asociándonos (¡maravillosa gracia!) con Su bien amado Hijo. Adoramos a nuestro Dios-Salvador, que nos ha purificado de nuestros pecados y puesto en Su presencia sin mancha, Su santidad y justicia, que ha sido de este modo maravillosamente desplegada en nuestra redención, siendo para nosotros una fuente de gozo que no pasará; porque, a través de la perfecta obra de Cristo, estamos en la luz como Él mismo está en la luz. Es el mismo Espíritu Santo quien nos revela estas cosas celestiales, y la gloria que ha de venir, y quien obra en nosotros de manera a producir afecciones convenientes a tales benditas relaciones con Dios. Él es el vínculo de unión entre el corazón y estas cosas. Pero al atraer de este modo nuestras almas Él nos hace sentir que somos hijos de la misma familia; y miembros del mismo cuerpo; uniéndonos en esta adoración por medio de afecciones mutuas y sentimientos comunes de todos hacia Aquel que es el objeto de nuestra adoración. Jesús mismos está presente en nuestro medio, de acuerdo a Su promesa. En fin, la adoración es ejercitada en conexión con el más dulce recuerdo de Su amor, ya sea que consideremos Su obra sobre la cruz, o si recordamos el pensamiento de Su siempre fresca y tierna afección por nosotros.

 

Él desea que nos recordemos de Él.

 

¡Dulce y precioso pensamiento! ¡Oh! ¡Qué gozo para nuestras almas, y todavía, al mismo tiempo, qué solemne es tal adoración! ¡Qué forma de vida debiésemos ser cuidadosos de llevar en vista a rendir esto! ¡Qué vigilancia sobre nuestros propios espíritus! ¡Qué sensibles en cuanto al mal! ¡Y con qué fervor debiésemos buscar la presencia y guía del Espíritu Santo, en vista a presentar tal conveniente adoración! Aun así, esto debiese ser muy simple y verdadero; porque verdaderas afecciones son siempre simples, y al mismo tiempo devotas, porque el sentido de tales intereses imparte devoción. La majestad de Aquel que adoramos y la grandeza de Su amor, da solemnidad a cada acto en que nos acercamos a Él. ¡Con qué profundas afecciones y gratitud debiésemos en tales tiempos pensar en el Salvador, cuando recordamos todo Su amor por nosotros—permaneciendo a través de Él en la presencia de Dios, apartados de todo mal, en anticipación de nuestra eterna bendición!

Estos dos grandes temas sobre los cuales se ocupa la adoración cristiana (es decir, el amor de Dios nuestro Padre y el amor del Señor Jesús, en Su obra, y como Cabeza de Su cuerpo la iglesia) permiten ligeros cambios en el carácter de la adoración, según el estado de aquellos que la ofrecen. A veces el Señor Jesús estará más especialmente ante el pensamiento; en otras ocasiones pensamientos del Padre serán más prominentes. Solo el Espíritu Santo puede guiarnos en esto; pero la veracidad y espiritualidad de la adoración dependerá del estado de aquellos que componen la asamblea. Esfuerzo en tales cosas no tiene lugar. Aquel que es el canal de adoración, debe observarse, no presentaría eso que es propio y peculiar a si mismo, sino que es verdaderamente el ejercicio a través del Espíritu en los corazones de aquellos que componen la asamblea. Esto nos hará sentir nuestra completa dependencia del Consolador—el Espíritu de verdad – para un servicio veraz en comunión para Dios. Nada, sin embargo, es más simple o más evidente que la verdad, que la adoración que es ofrecida debiese ser la adoración de todos.

 

Hay otra observación que la consideración de la escritura debiese sugerir, es decir, cuánto se verá afectada la adoración por todo lo que entristece al Espíritu Santo; cada impedimento, por tanto, aun en un individuo se hará sentir, si hay espiritualidad, porque estamos allí como “un cuerpo.” Es de suprema importancia que este delicado sentimiento espiritual debe ser cultivado y mantenido, y que no debemos habituarnos en adorar con poco sentido de la presencia de Dios y del poder del Espíritu Santo. Si hay verdadera espiritualidad, si el Espíritu Santo llena la asamblea con Su presencia, el mal de cada forma pronto será descubierto. Porque Dios es un Dios celoso, y Él es fiel. Un único Acán fue descubierto al comienzo de la historia de Israel—una sola mentira en Ananías en el comienzo de la historia de la iglesia. ¡Ay! ¡Qué cosas ocurrieron después en Israel! ¡Y qué cosas tuvieron lugar después en la iglesia, sin que alguno haya tenido ni siquiera la conciencia de que el mal estaba presente! ¡Pueda Dios hacernos humildes, y verdaderos hacia Él, y capacitarnos para tener en mente que el Espíritu permanece con nosotros, en vista a que podamos ser capaces de ofrecer adoración espiritual! Es por medio del poderoso testimonio del Espíritu a la eficacia de la obra de Cristo, que podemos permanecer en la presencia de Dios, irreprensibles y llenos de gozo, y de este modo presentarle adoración que es un testimonio ante los ángeles del cielo del insondable y bondadoso amor de Dios, y que presenta a Dios mismo la más aceptable prueba de la eficacia de esa obra que quita de nosotros todo temor en Su presencia, y que abre un canal, de otra manera eternamente cerrado, para que ese amor fluyera en el cual Él encuentra Su delicia.

 

El privilegio de ser capaces de ofrecer adoración a Dios es concedido a dos o tres reunidos en el nombre de Jesús. Los discípulos están así reunidos, cuando es el poder de Su nombre conocido entre ellos como el vínculo común, que es reconocido como el principio de su asamblea. Jesús, de acuerdo con Su promesa {Mt.18:20}, está allí como el gozo y poder de su servicio común. [32]

 

                                                                                                                                     R A H

[1] {¿Hay algo obrando en el Sistema de edades en el esquema de Scofield que no se explica? Sugiero que sí; y que M.J. Stanford nos ha presentado la clave en una frase de dos palabras: ‘ciertamente puede decirse que Darby fundamentó el asambleísmo de los Hermanos sobre Mateo 18:20….

Hemos observado que él relacionó Mt.18:20 a “un reino judío”, lo que sea que esto significa para él. Sugiero que lo que se ha manifestado es el “asambleísmo de los Hermanos.” Históricamente eso es lo que ocurrió cuando la verdad dispensacional llegó a USA y Canadá. Elements of Dispensational Truth, vol. 1, Chapters 1.1 and 1.2 traces this1

 

El esquema del Sistema de edades de Scofield es una versión clerical de la ‘verdad dispensacional’. Es bien sabido que JND dejó el Sistema clerical exponiendo, como este pone a un lado las libres operaciones del Espíritu, y que es judaistico. Algunas de las verdades recuperadas desde el último siglo son aceptadas y el resto es rechazada como el “asambleísmo de los Hermanos”. Estoy hablando, no de la practica de muchos hoy, profesadamente practicando esa verdad, sino de la verdad recuperada el último siglo, el andar en esta en práctica.

Interesantemente, la posición celestial, con la que M.J. Stanford está ocupado es muy parcializada (y unida con mucho error), este salió de entre aquellos que cayeron dentro de este “asambleísmo de los Hermanos”—fundamentada, como dice él, sobre Mt.18:20).

 

[2] {M. J. Stanford define Mt.18:20 como relacionado con el “reino judío” (sin explicación de lo que eso significa), define Mt.18:20 como significando una presencia terrenal de Cristo y después afirma—para aplicarlo a J.N. Darby—que JND enseñó que Mt.18:20 es una presencia terrenal porque JND aplicó Mt.18:20 a la asamblea de Dios. Esto no es nada más que proyectar su propia vista de Mt.18:20 a JND. Yo le escribí acerca de esto y él insistió que él había citado a 21 escritores para mostrar esto. Respondí que ninguna de estas citaciones dice tal cosa, pero él insistió. Él mantendrá que esto es así, lamento decir. No digo que ningún escritor jamás ha dicho tal cosa, sino que él no citó ninguna tal cosa. Además, veremos sobre qué JND enseño acerca de donde adora la asamblea.

Sus comentarios acerca de Mt.18:20 serán agradables a los ultradispensacionalistas, pero no digo que él es uno de ellos.)

 

[3] Carta de marzo 20, 1995 a R. Gessner y circulada por el escritor.

[4] Hechos 9 "ultradispensacionalistas” dicen que esto tiene que ver con un reino Iglesia” en ese tiempo.

[5] De este modo, si él estuviese vivo en 1860, es decir, cuando los “hermanos” estaban andando en el bien de la verdad recuperada, verdad celestial, él no estaría en la asamblea con JND. Si esto no es así, que lo diga. Y dónde, en 1860, ¿habría estado él?

[6] . Mateo es muy dispensacional y gubernamental, concerniente a los caminos y tratos de Dios. Porque la asamblea tomaría el lugar de la sinagoga como la esfera de disciplina y administración, Mateo escribe acerca de la asamblea. Para mostrar como la asamblea funcionaría en la forma que concuerda con el despliegue dispensacional de ese evangelio. Entonces, Mt.18:15-20 encuentra su lugar allí.  No es sino imaginación, como también formar un sistema falso, demandar que encontrar la asamblea en Mateo sería inconsistente con nuestra posición en Cristo.

 

[7]  {No estoy consciente si él en alguna parte haya escrito acerca de cuál “es el fundamento de reunión.}

[8] Las doctrinas fundamentalmente malas concernientes a la persona de Cristo, enseñada por C.A. Coates, son refutadas en mi Eternas Relaciones en la Deidad, disponible del Publicador. CAC negó que el Señor Jesús tuviese un espíritu humano. CAC fue un Apolinario, además de negar la eterna Filiación y otras verdades fundamentales. Yo llamé la atención de MJS a estas cosas, pero aparentemente sin éxito.

[9] Efes.2:6 no se nos da como un pasatiempo con el cual recorrer el libro de Hebreos. Cada libro tiene un carácter distintivo y es completamente un error imponer la posición de Efesios sobre Hebreos. Habría sido bueno si MJS hubiese dado más atención a los útiles comentarios de JND, quien puede haber estado hablando a alguno acerca de vistas similares: nuestro llamamiento celestial (Heb.3:1, permítame añadir, no es, como el autor lo piensa, en sí mismo nuestra unión con Cristo.  Y esto es muy importante, como lo aprendí unos veinticinco años, a hacer la diferencia. Aquellos que tienen el llamamiento celestial puede ser unidos. Pero unión con Cristo no es un llamamiento sino un estado, un lugar y posición adquirida. A través del llamamiento podemos, en los consejos de Dios y por Su poder, ser introducidos en esta unión. De todas formas, un llamamiento es eso a lo que somos llamados por fe, y nunca en si mismo es unión, aunque estos llamados puedan ser unidos.  Somos llamados a algo, y nuestro espíritu y andar deben ser conformados a esto. Esto puede ser actualmente, en cierto sentido, en Cristo, pero este no es mi llamamiento. Mi llamamiento es eso que Dios ha puesto ante mi alma, como eso que debe formar mi alma, por mi corazón siendo puesto sobre este como me ha sido dado por gracia, y por gracia llamado a esto; y la escritura constantemente trata con el alma sobre este fundamento.

 No deseo, no lo quiera Dios, que alguno por un instante olvide o pierda la conciencia de su posición de iglesia. Dudo en gran parte si el autor haya alguna vez entendido plenamente esto; en cualquier caso, termina en perfección de posición en sus tratados en general. Conceda el Señor que todos tengamos esto, y también él, pueda mantener la conciencia de esto siempre en su mente; pero conocemos en parte, y en parte profetizamos, y teneos que aprender las variadas partes de la verdad, aprenderlas separadamente, y aprenderlas nosotros mismos y nuestra dependencia, lo que es la carne, y lo que es el Señor.  Ahora, deseo aprender esto unido a Él, es decir, cuando estoy sobre la gracia, nunca perdiendo de vista mi unión (Collected Writings 15:225, 226; lea pp. 222-226).

[10]  Estoy consciente que Hebreos no toma las operaciones del Espíritu de Dios. Sin embargo, Él es el enviado para efectuar estas cosas.

.

[11] W. Kelly, Bible Treasury, New Series 4:94-96

[12] Qué actitud hacia el Señor Jesús es desplegada en el comentario, “puedo adorar en casa.” Si, usted puede, y debiese hacerlo, pero no estará con el Señor Jesús en medio cantando alabanzas a Dios.

[13] Collected Writings 15:360; see also 7:88, 100-102. Ver tambien Synopsis 1:134

[14] Collected Writings 15:371-373.

[15] Collected Writings 27:357, cp. 371

[16] Collected Writings 15:372, see also p. 376.

[17] Collected Writings 5:311

[18] Collected Writings 27:376

[19] Collected Writings 4:165.

[20] Collected Writings 15:356.

[21] Collected Writings 15:301

[22] Collected Writings 29:324

[23] Notes and Comments 1:67

[24] 4.Collected Writings 7:110, 111.

[25] Collected Writings 17:328

[26] Letters 3:64.

[27] Collected Writings 33:158, 159

[28] Collected Writings 1:207, 208

[29] Collected Writings 34:340

[30] Collected Writings 7:100; Ver también 33:168

[31] Collected Writings 7: 107

[32] Collected Writings 7: 107