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Juicio, No reunión de la Cristiandad

 

"La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales"

 

Nadie Debe sorprenderse  que, en una  carta al Arzobispo de Cork, un hábil y experimentado político del día ha expresado que las esperanzas de los que esperan una reunión de la Cristiandad. Algunos no están preparados para esto, y están apenados por el tono completamente muy deferencial hacia el Papa, para decir lo menos.  De hecho, Gladstone es más consistente consigo mismo que sobre muchas  de  las encendidas cuestiones  a las cuales él se ha acercado. La Cristiandad siempre ha sido un ídolo apreciado. En esto él es incambiable todavía.

            Ahora,  si creemos en las escrituras, la Cristiandad espiritualmente juzgada está en ruinas; y esto por la confesión de casi cada conciencia. El Papa, para comenzar,  reconoce esto en sus multiformes anatemas; y, lo mismo en efecto hace Gladstone y todos los que  anhelan su reunión. Si las cosas estuviesen  en conformidad a la voluntad de Dios, no habría lugar para estas cuestiones. Mucho más profundamente  quienes sienten la ruina  habitualmente se visten de cilicio y confiesan los pecados que han causado esto. Por constitución divina  todos los santos desde Pentecostés  han tenido originalmente una sola comunión.  Podrían haber miles que habían creído (Hech.21:20; pero ellos eran "la iglesia de Dios en Jerusalén", en Antioquia, Corinto, Éfeso. Así fue en todo lugar en días apostólicos. Iglesias en  ciudades y provincias distintas las habían Pero el evangelio aún entonces era predicado en todo lugar, y el Señor obraba  con los que lo predicaban (Mr.16:20; Col. 1:6,23); y los creyentes a través de toda la tierra eran edificados juntos como la casa de Dios, la asamblea o iglesia del Dios vivo, pilar y fundamento de la verdad.

            En un censo de la profesión Cristiana se dice que hay 216 millones de Romanistas; 137 millones de Anglicanos, Luteranos, reformados, y otros Protestantes, y 97 millones de Griegos, ortodoxos y otros, con Nestorianos, Coptos, Abisinios, etc.  Hay al menos algunos  que  llevan el nombre de cristianos  fuera como dentro del Romanismo, y esté último contiene  más profesantes que  cualquiera otra denominación.  Pero unidad no hay ninguna. ¿Puede alguna demanda a esto ser más débil en presencia de tales hechos? Es igualmente cierto, que la santa verdad en la unidad debe haber existido, y por edades esta ha dejado de existir. La demanda por tanto ahora es demostrablemente  falsa, y su ausencia una segura prueba  de la ruina. La Catolicidad de  la iglesia  es un orgulloso sueño.  Y si apostolicidad en el sentido histórico cuenta para algo, es claro que Roma  no puede competir con las iglesias orientales, que,  plantadas por uno u otro apóstol, eran dirigidas por Jun. Roma nunca ha tenido apóstoles  salvo como prisioneros para morir: la asamblea allí edificada  no fue plantada  ni gobernada por ninguno de los apóstoles. En cuanto a esto la escritura es decisiva.

            Mucho se ha argüido en una forma humana por sucesión.  Pero a lo que tiene que hacer frente el cristiano de principio a fin en la escritura es la vanidad  y ruina del hombre, no importa  cuando, donde, o cómo sea probado por Dios.  Ni que privilegios hayan sido conferidos sobre él.  Así fue con Adán, Noé, Abraham, con Moisés, Aarón, e Israel; con Saúl, David,  y Salomón; con Nabucodonosor o cualquier otro de los Gentiles. En nada Dios falló, sino que a pesar de todo esto mantuvo la fe  en los Suyos a pesar del fracaso; aun así el hombre fracasó bajo cada prueba. Mientras tanto Dios señalaba al Segundo Hombre Quien no solo  debía permanecer perfectamente, sino que también al final desplegará  todos los títulos que fueron desintegrados  en el primer hombre y sus hijos: El último Adán, Primogénito de toda creación, Gobernador de la tierra, simiente de la mujer y de la promesa, Sacerdote sobre Su trono, Rey en Sión, Hijo del hombre, a Quien todos los pueblos, naciones, y lenguas  servirán en el siglo venidero.

            ¿Pero no es la iglesia una excepción a la ley del fracaso y miseria humana? Por ningún medio. De allí la importante advertencia  (y especialmente a los santos en roma en el Cáp.11 por medio del gran apóstol de la incircuncisión), que ellos no debían ser sabios en su propia opinión. Si  el Gentil profesante n continúa en la bondad de Dios, "tú también serás cortado", como lo fue el Judío. ¿Hay algunos tan ciegos, endurecidos, u orgullosos para decir que la Cristiandad ha permanecido y continuado en la bondad de Dios? ¿Afirmará esto el papa de la mitad de  los bautizados? ¿Los Protestantes de la mayoría del Romanismo? ¿El Anglicano piadoso dirá esto de su propia comunidad? ¿Un disidente  abogará, no culpabilidad, para su sociedad o alguna otra? SI esto es así,  la escritura (sin  una sola palabra calificativa  en ningún otro pasaje, y con muchos otros pasajes  con más solemnes amenazas) establece  que, "tú también serás cortado"

            La Cristiandad, madre e hijas (Apoc. 17:5), caerá bajo la sentencia universal. Los tratos y designios de Dios con los fieles no fallarán ahora como nunca lo han hecho; el propósito de Dios en gracia  será establecido en Cristo y la iglesia en lo alto más allá de todo poder del enemigo. Pero no hay diferencia entre el judío o el gentil en cuanto a la profesión responsable sobre la tierra. La única excepción es el Señor Jesús, Quien dará efecto a esto como a cada otro designio de Dios en el día futuro. El, no el papa, es la Cabeza de la iglesia; Aquel que es el comienzo, el primogénito de entre los muertos (porque es en esta condición, no solamente como encarnado, que comienzan las relaciones de la iglesia con Él) para que en todas las cosas Él tenga la preeminencia.

            Nadie se engañe en ninguna forma. El día no vendrá,  sin que antes venga la apostasía, primero vendrá (no una reunión sino la apostasía, excepto ambas cosas se junten) y el hombre de pecado sea revelado, el hijo de perdición (2 Tes.2). Quienes creen con Lutero, Calvino, y Knox, con Crammer y Jewel  y Parker, con Baxter y Howe y Owen, que el romanismo es  la apostasía  y el Papado  el hombre de pecado, deben profundamente lamentar que  el anciano hombre de estado se incline ante el Para Leo XIII, y  desprecien y desaprueben que eso detrás el poder del Vaticano demandará en su  incansable e infaltable orgullo y  la ambición  del dominio universal para su líder. Pero mientras esto es  una completa incredulidad dudar de que Roma  es la ramera del Apocalipsis, un más audaz portento será la consecuencia  de los bautizados, incluyendo al Papado y el Protestantismo y también a los Judíos en una más completa apostasía, y en la exaltación del inocuo a quien el Señor matará con la brillantez de Su venida, y que de este modo introducirá los días del cielo sobre la tierra, como solo Él es competente y digno y preordenado para realizar.

            Con esto concuerdan todos los oráculos del N. Testamento como  los del Antiguo. La cizaña (Mt.13) arruinó el campo; pero no hay remedio para esto hasta la aparición del Hijo del hombre para juzgar en la consumación de la edad (Mt.13:27-43). Como en los días de Noé y Lot, así será  en los días cuando el Hijo del hombre sea revelado (Lc.17), no reunión, sino el juicio de los vivos. 1 Tim.  4 y aún más fuertemente 2 Tim.3, prueban la no continuación en la bondad de Dios, y  por tanto la necesidad de escisión (como en Rom. 11. ¿Y qué significan  2 Ped.2; Judas, 1 Juan, y el Apocalipsis? Aun 1 Ped. 4:17 declaran que llegará el tiempo cuando el juicio comience por la casa de Dios.

            Individuos pueden ser por la gracia de Dios libertados. Pero el mal como un todo una vez insinuado permanecerá como tal hasta el  juicio divino; que ciertamente está cerca, ya que el Señor está preparado para juzgar a vivos y muertos. La esperanza de la reunión de la Cristiandad no solo no tiene  como autorización una sola palabra, sino que tal esperanza es contraria al uniforme testimonio del Señor y de Sus apóstoles. Esta brota del yo caído; que se aleja primeramente de  la voluntad de Dios, y después descuida  o desafía Su palabra, nunca abandonando la vana confianza en el hombre.

            ¿Cómo puede  hombres sobrios  esperar que aquella que  dice en su corazón , "estoy sentada como reina, no soy viuda, ni veré llanto", deje su falso trono, y se arrepienta  en el polvo? Ahora, especialmente ¿han establecido ellos una mujer  pura y un hombre infalible (el Papa) como sus nuevos becerros de oro? ¿La frente de esta  se ruboriza por la adoración en una forma u otra  de la virgen, ángeles, y de huesos y ropas de  muertos, como también del crucifijo? ¿Está ella avergonzada  del celibato del sacerdocio, con su auricular confesión y otros horrores directos e indirectos? ¿Repudia ella su pretendida transustanciación  y su enemistad y oposición a la lectura de las escrituras? ¿Roma se ha libertado de esa mentira de la misa? ¿O  de mostrar a esta  como un sacrificio expiatorio por los vivos y por los muertos? Esto sería conforme a las Escrituras, un sacramento, no de remisión de pecados (como lo anuncia la mesa del Señor), sino de su no remisión. ¿No es confesadamente un sacrificio lo que ellos realizan allí, que es justamente la prueba de la ineficacia  como en los sacrificios Judíos, que la epístola a los Hebreos  contrasta con la ofrenda y sacrificio de Cristo una vez y para siempre (Heb.9, 10), y de los resultados de esto para el creyente? Porque donde hay remisión de pecados, "no hay más ofrenda por el pecado" Esto es lo que proclama el evangelio, y lo que contradice la Misa: un evangelio diferente, que no es otro.

             ¿Qué puede uno pensar de Anglicanos escuchando a Roma, cuando sus propios artículos de religión pronuncian que el sacrificio de la Misa  es "blasfemo y un peligroso engaño"? ¿Y qué Roma " ha errado no solo en sus ceremonias, sino también en materias de fe"? ¿No a la profunda  y progresiva alteración  de la última mitad del siglo en el cuerpo Anglicano sido un retorno, no a "lo que era desde el comienzo", sino  a los ritos y  doctrinas  de la no reformada  Cristiandad en oriente y occidente?

           

Si usted valora la Escritura, y si se aferra al evangelio, y tiene redención en Cristo, y honra al Hijo como al Padre, y conoce  que corporativamente usted es parte del templo de Dios y su cuerpo un templo del Espíritu Santo, guárdese  de alguna reunión con la ciudad de confusión, destinada  a la destrucción. Guárdese de mirar atrás, para no llegar a ser un pilar de sal. Porque Dios no puede ser burlado, y el Señor puede ser provocado a celos.

W. Kelly