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CRISTO EL ANTIDOTO AL MISTICISMO ORIENTAL

 

 

COL. 2:18-19

 

2:18 Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal,

 

2:19 y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios."

 

 

 

El hombre natural es claramente religioso. Él no necesita ser regenerado en vista a sentir necesidad de Dios. Mientras es verdad de todos los no salvados que "no hay nadie que busque a Dios" en el sentido de buscarle por Su propia causa, aun así bien se ha dicho que el hombre es incurablemente religioso. Él debe tener algo que adorar. Y de este modo Satanás  le ha suplido con cultos de todas las descripciones  para convenir a cada  tipo de mente y pensamiento.

 

Uno de los más antiguos sistemas  que ha llegado hasta nuestros días es ese del Parsismo basado sobre el Zend Avesta, que se supone  se ha originado con el héroe y profeta  persa, Zoroastro, o Zarathustra, como él es llamado en las escrituras  persas. Este sistema enseña  un misticismo dualista. Ahura Mazada, u Ormuz es el Dios infinito, la Luz Eterna. Una  deidad menor, Ahriman, el Príncipe de las  tinieblas, a veces  es visto como el creador de la materia, y que está en constante conflicto con la deidad suprema. Por doce mil años él está destinado a hacer guerra contra la luz y después su reino de oscuridad será  destruido.

 

Este sistema está  impregnado de varias  escuelas de pensamiento, y en días apostólicos había sido ampliamente aceptado a través de todo el mundo griego y romano bajo el nombre de Mithraismo. Sus seguidores iban por todas partes proclamándolo como la gran unificación de la religión del mundo. Esta era una vasta sociedad secreta, sus iniciados iban desde un grado místico a otro hasta que venían a ser adeptos.

 

Este sistema satánico temblaba ante el avance del Cristianismo, y finalmente  trató de combinar ciertas de sus vistas con una parte de la revelación cristiana. Como ya hemos visto, por medio de una combinación ecléctica de Judaísmo, filosofía griega, y misticismo oriental, una nueva religión fue formada, aunque dividida en muchas  diferentes  sectas  de igual manera insanas  en cuanto a Cristo, y todas rechazan la inspiración de las  Santas  Escrituras y sustituyen en su lugar especulaciones de la mente humana. Aun así imitaciones de casi cada doctrina cristiana se encontraban en uno u otro de estos sistemas, pero con ciertas adiciones y contradicciones que los hacían muy peligrosos.

 

Justin Martir unos años después de que el apóstol Juan partiese de esta escena, dijo "muchos espíritus están en el mundo y las credenciales que ellos despliegan son esplendidos dones  de pensamiento, elocuencia y lógica. El cristiano, mira atentamente y pregunta por las huellas de los clavos." Todos estos sistemas negaban al verdadero Cristo de Dios que se entregó a Si mismo por nuestros pecados sobre la vergonzosa cruz.  Algunos, como los  Docetistas enseñaban que la humanidad de Jesús era simplemente una apariencia, no real e inmaterial. La primera epístola de Juan enfrenta esto en una muy sorprendente forma.

 

Otra secta, después encabezada por  Cerinthus, el gran archi-heretico del siglo segundo, llamado por Policarpo, "el primogénito de Satanás", enseñó que Jesús era el hijo natural de José y maría, que murió sobre la cruz finalmente para separarse a sí mismo de su propio pecado, pero a quien el Cristo (identificado con el Espíritu eterno) vino en su bautismo e iluminación, pero lo dejó en la cruz. Este sistema parece estar particularmente  ante el pensamiento del apóstol Pablo y él lo combate en una  forma magistral.

 

En todos estos sistemas al conocimiento tenía prominencia sobre la  fe. Lo último, que es confianza en el revelado testimonio, fue repudiado por estos teóricos que asumieron conocimiento de los misterios divinos más allá de las personas ordinarias y de la revelación bíblica. En su orgullo y locura ellos ponen a un gran número de seres  espirituales, conocidos como eons, entre el alma y el Dios incognoscible. Todos estos fueron clasificados y nombrados,  como por ejemplo, Razón, Sabiduría, Poder, y atributos divinos similares.  Todo  esto apela al hombre  natural. Suena como humildad decir, "en mi mismo soy completamente  ignorante  e indigno, no es para mí  dirigirme a Dios el Padre o a Cristo el Hijo. Por tanto me avalaré de ángeles mediatorios y de espíritus que pueden presentar mi causa en una manera más conveniente que yo mismo" pero es realmente orgullo del intelecto, y la más grosera  incredulidad, cuando Dios ha declarado que "hay un mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús; quien se dio a sí mismo como  un rescate por todos de lo cual se ha dado testimonio en debido tiempo." El hombre humilde recibirá  lo que Él ha dado a conocer en Su palabra.

 

A través de la infinita misericordia de Dios la iglesia primitiva triunfó sobre estos esfuerzos satánicos por unir cultos y sistemas con el Cristianismo. El Espíritu Santo ha expuesto claramente ese error que la iglesia repudió en un concilio tras otro que habría hecho al hombre su propio salvador. Pero desde entonces ha habido estos que de tiempo en tiempo han tomado ciertos elementos de estas descartadas escuelas de pensamiento  y buscado introducirlos sobre los cristianos como si fuesen verdades nuevas y sorprendentes.

 

Romanismo, con su doctrina  de justificación por  obras, purificación purgatorial después de la muerte, y santos y ángeles mediando simplemente ha adoptado mucho de aquello que el apóstol rechazó, e impone estas cosas sobre crédulos como cristianismo  tradicional.  Imagine a  alguien orando a santos y ángeles, o adorando sus imágenes, con las solemnes palabras antes él de este verso 18, "Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal". Cuán sorprendente es el contraste entre las expresiones "voluntaria humildad" y "vanamente hinchado."

 

Recuerdo a un amigo de mi juventud, un hombre muy bondadoso, que había sido educado desde su niñez en la comunión romana, con quien a menudo buscaba razones de las  Escrituras en vista a mostrarle la simplicidad del evangelio de Cristo. Recuerdo haberle preguntado por qué él oraba a la virgen María en lugar de dirigirse directamente a nuestro Señor Jesucristo, con el más grande aire de humildad él respondió, "¡Oh! Soy demasiado pecador, e indigno, para ir directamente a nuestro bendito Señor. Él está infinitamente  sobre mí, tan puro y santo. Su majestad es tan grande  que ni siquiera me atrevería a postrarme ante  Él. Pero sé que nadie tiene tanta influencia  con un hijo como su madre. Y sé también, que un corazón puro de madre siente por pecadores en sus aflicciones y fracasos, por tanto voy a la virgen María como un hijo a su madre y derramo mi corazón ante ella como a mi propia madre. Y le pido que  abogue por mi ante su inmaculado Hijo, y estoy seguro que ella lo influenciaría como nadie puede hacerlo."  Esto suena  como  humildad de pensamiento y espíritu. Pero es realmente  la más sutil forma de orgullo, porque envuelve el creerse  más  sabio  que la revelada palabra de  Dios.

 

Allí, como hemos visto, leímos de un "solo Mediador". Aprendimos que "el Padre envió al Hijo para ser el Salvador del mundo", que "Él llevó nuestros pecados en Su propio cuerpo sobre el madero," que Su tierno corazón estuvo lleno de compasión por pecadores aquí sobre la tierra. Nadie era tan vil o degradado como para no venir a Él.  El peor de Sus enemigos podía decir de Él, "este hombre recibe pecadores, y come con ellos". Y allí arriba en la gloria Él es el mismo Jesús que estuvo aquí sobre la tierra. Podemos estar seguros que "no tenemos un sumo Sacerdote que no pueda compadecerse con el sentimiento de nuestras debilidades, sino Uno que fue tentado en todo como lo somos nosotros, aparte del pecado, y quien es capaz de socorrer a aquellos que son tentados."

 

En Su nombre se nos manda a "acercaos confiadamente al trono de la gracia, para obtener misericordia, y encontrar gracia para el oportuno socorro." ¿Por qué volverse a ángeles o santos, aunque devotos, o aun a Su bendita madre, cuando podemos ir directamente a Él, seguros de Su interés  en todo lo que nos concierne? Él hizo intercesión por los  trasgresores sobre la cruz; y allí arriba a la diestra de Dios Él vive siempre para hacer intercesión  por aquellos que confían en Él. Por tanto no es una evidencia de humildad decir, soy demasiado indigno para ir a Cristo. Es solo incredulidad la que lo guiaría a uno a hablar así. Él está con los brazos extendidos, abogando por todos aquellos que están en tribulación o angustia, "Venid a mí, todos los que estáis cansados y trabajados, y Yo os haré descansar". ¡Qué ingratitud  alejarse de Él para ir a otro!  ¡Qué asombrosa locura pensar que es necesario tener a alguno para que hable por mi ante Él, cuando Él está allí mostrando sus manos heridas y diciendo, "¡paz a vosotros!"! Es solo orgullo e incredulidad lo que lo pondría a uno lejos de Él y ángeles en medio.

 

Esta humildad voluntaria y adoración de ángeles es en sí mismo una completa negación de la nueva creación. Esta falla en reconocer la maravillosa verdad de que todos los creyentes son un cuerpo con  su Cabeza exaltado. De modo que el apóstol dice, "y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios." (Col.2:19) "Asiéndose de la cabeza"  es reconocer  nuestro vinculo con Él, en vida y por el Espíritu. Él, el exaltado a la diestra de Dios, es la fuente de bendición para todo Su pueblo en esta  escena. Como antiguamente  el aceite de unción era derramado sobre la cabeza de Aarón y descendía sobre el borde  de sus vestiduras (Sal.133:1), del mismo modo ahora del Cabeza en el cielo la bendición  en el poder del Espíritu desciende  sobre  cada miembro de Su cuerpo sobre la tierra.

 

Se observará que la figura de un cuerpo no es solamente de una sociedad o, como diríamos, una organización. Esto es más sorprendente que eso. Este es un organismo  divino. Tan verdaderamente como todos los miembros de un cuerpo humano forman al hombre completo,  del mismo modo es con todos los creyentes en Cristo, que a través del bautismo del Espíritu, forman un nuevo hombre. Ver en esta  conexión 1 Cor. 12, 12-13 y Efes. 2:15. Si fuera de toque con el Cabeza a causa del fracaso de comprender  la intimidad de nuestra relación con Él ponemos cualquier cosa o a alguna criatura entre nosotros y Él, no nos asimos de la Cabeza. Satanás sabe, como bien lo ha dicho uno, que si puede  poner el grueso de un papel entre la Cabeza y el cuerpo, toda vida  sería destruida. Esto, por supuesto, nunca puede ser, pero es tristemente posible comprender completamente mal nuestras relaciones con el Cabeza, y de esta manera fallar en avalarnos de las provisiones de la  gracia que podrían ser nuestras  si andamos en comunión con Él, pero al no estar en comunión con Él por tanto no somos conscientemente guiados.

 

Se nos dice que la Cabeza sustenta todo el cuerpo, y esto a través del ministerio de las coyunturas y ligamentos puestos en el cuerpo para este mismo propósito por el Espíritu Santo, de manera que todos juntos crecen con el crecimiento de Dios. Esto es muy benditamente expandido y elaborado en Efes.4:11-16. Allí vemos como el Señor resucitado ha dado variados dones  a Su iglesia para el perfeccionamiento de los santos en vista a la obra del ministerio para la edificación del cuerpo de Cristo. Note  especialmente los vv. 15-16 donde se nos dice que tenemos que crecer "en todas las  cosas en Aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios." ¡Qué maravilloso cuadro es  este, y qué sorprendentemente el pasaje complementa al otro, y que responsabilidad pone sobre cada uno de nosotros como miembros de Cristo y de los unos de los otros!

 

No hay miembros inútiles en el cuerpo de Cristo. Justo como en el cuerpo humano cada juntura y ligamento, cada parte oculta, tiene algún servicio que cumplir para el bien del todo, aunque aun los médicos y cirujanos no comprenden plenamente la necesidad de  cada glándula y órgano. Aunque ellos pueden hablar, como hacen algunos, de ciertas partes inútiles o consideradas como vestigios de formas más primitivas, aun así  podemos estar seguros que Dios  en su infinita sabiduría  tiene un uso para cada miembro particular del cuerpo. Del mismo modo en el cuerpo místico de Cristo ningún creyente debe pensar de sí mismo como inútil, como no teniendo algún don especial, y por tanto como no teniendo parte en la edificación del todo.

 

Hay un término usado en 1 Cor. 12:28 que es muy sugestivo. Esta es la pequeña palabra ayudas. Note como esto está entre los dones de sanidad y gobierno. No todos podemos tener dones espectaculares, pero todos podemos ser ayudas. El apóstol escribiendo a una iglesia dice, "todos vosotros siendo ayudadores por la oración."  Aquí tenemos un servicio que el santo más débil podría cumplir para el beneficio de todo el cuerpo.

 

Si sano espiritualmente cada miembro funcionará  justamente para edificación de todos; pero justo como en el orden natural miembros enfermos  vienen a ser una  amenaza para todo el cuerpo. De la misma manera cristianos fuera de comunión con Dios, en un estado bajo y carnal, son estorbos donde ellos debiesen ser ayudadores. Pueda cada uno de nosotros estar comprometido e interesado acerca de nuestra responsabilidad aquí. Que podamos estar ocupados de esta manera con nuestro bendito y glorificado Cabeza, cuidando de que no haya  nada que interfiera con nuestra comunión con Él, de manera que Él pueda ser capaz de usarnos como  coyunturas y ligamentos para ministrar alimento a Su pueblo de modo que todos podamos estar más unidos a  causa de nuestra  fidelidad al tratar de ayudar a la fe de otro, para que de este modo el cuerpo pueda realmente  crecer con el crecimiento de Dios.

 

Y ahora, para finalizar, permítanme decir una palabra a mis hermanos más jóvenes  en Cristo que buscan predicar el evangelio o ministrar a la edificación de los creyentes. Tengan en mente que si ustedes han de ser verdaderos ministros de Jesucristo deben predicar la Palabra y tratar de ocupar a sus oyentes  con la  verdad de  Dios. No dé lugar, le suplico, a una muy común vanidad de los predicadores,  especulaciones con relación a  cosas no reveladas. Ustedes no son enviados a informar a los hombres con teorías no sustanciadas, tampoco a ocupar sus mentes con sistemas especulativos. Dios les ha  confiado Su propia palabra, y los considera responsables de entregar eso en toda su claridad y simplicidad. Un "así dice el Señor" es más digno que una tonelada de  pensamientos e ideas humanas. Discusiones filosóficas y teológicas  no confiables  nunca  han salvado a un solo  pobre pecador o confortado a  un santo desalentado.  Es la verdad de Dios, ministrada en el poder del Espíritu Santo, que solo puede  cumplir  esto.  Todo lo demás  es  gastar precioso tiempo y deshonrar al Señor que los ha enviado a  proclamar Su verdad.

 

Este mensaje divino ministrado en el poder del Espíritu Santo enviado desde el cielo despertará al descuidado, vivificará al muerto en delitos y pecados, dará paz al ansioso, confortará al angustiado, y santificará a los creyentes. Sustituir los vanos sueños de hombres carnales y no regenerados en lugar de la Palabra, es  absoluta locura. De antiguo, Dios dijo, a través de  Jeremías, "El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová." (Jer.23:28)

 

Añadir a Su palabra no es sino pervertirla.  La tradición y tampoco la voz de la iglesia, ni la imaginada superior iluminación intelectual pueden completar eso que es  ya perfecto,   la revelación del pensamiento de Dios en Su santa palabra. "La Biblia y solo la Biblia" es el fundamento de nuestra  fe.

 

 

 

H.A. Ironside