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CRISTO EL ANTIDOTO A LA LEGALIDAD JUDIA

 

 

Colosenses. 2:11-17

 

2:11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;

2:12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

2:13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

2:14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,

2:15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

2:16 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo,

2:17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.

 

 

 

Esta es una sección algo extensa, que comienza (como se ha mencionado previamente) a la mitad de la sentencia, podría ser más fácilmente expuesta si se divide en dos partes, pero esto está íntimamente enlazada que la estoy tomando como un todo. La filosofía, como hemos observado, es la obra de la mente humana independientemente de la revelación divina. La legalidad es el esfuerzo para usar un código divinamente dado, a la cual pueden añadirse  preceptos humanos, como medios ya sea de salvación en la primera instancia o de crecimiento en gracia después. Ninguna de estas concepciones  está en acuerdo con las Escrituras. "Por las obras de la ley ninguna carne se justificará a Su vista."  Esto niega las obras legales como un medio de procurar salvación. "no estáis bajo la ley sino bajo la gracia." Esto, efectivamente, impide el pensamiento que santidad de vida  para el cristiano se encuentre en sujetarse a sí mismo a principios legales. "El poder del pecado es la ley," se nos dice en 1 Cor. 15:56. Esto no es, como multitudes han supuesto, el poder de  santidad o para justicia. El Espíritu Santo morando en nosotros nos ocupa  con Cristo crucificado, resucitado, y glorificado que es la  espiritualidad dinámica.

 

 

 

El Gnosticismo está  en gran deuda al Judaísmo, que éste pervierte  para sus propios  fines, y al extraño  Kabalismo judío, como  al insulso razonamiento de los filósofos gentiles y como veremos después, al misticismo Mithraic y Zoroastriano. Aquí el apóstol  específicamente trata con la legalidad judía y muestra como los cristianos han sido libertados para siempre de la ley y del principio legal en su plenitud, pero que  ahora están unidos con Cristo resucitado. Porque el creyente  que vuelve a la ley para perfeccionar la santidad es, como se muestra en la epístola a los Gálatas, es como caer de la gracia.  Es decir, la virtual puesta a un lado del evangelio de la gracia, olvidando que habiendo comenzado en el Espíritu no debemos ser perfeccionados por la  carne.

 

Allí estaban aquellos que siempre seguían las huellas del  gran apóstol de los gentiles que buscaban pervertir a sus convertidos enseñándoles, "sino os circuncidáis y guardáis la ley de Moisés, no podéis ser salvos." Mientras el concilio de Jerusalén no dio incierto sonido en oposición a esto, es evidente que sus decisiones no fueron aceptadas en todos los lugares. Era difícil para  convertidos del judaísmo realizar su completa  libertad de la ley de Moisés como  una regla de vida, y de las ceremonias  y ritual de esa ley como medio de  crecer en gracia. Aquí la cuestión es tratada de una notable manera a través de la inspiración del Espíritu Santo.

 

Habiendo declarado que estamos completos en Cristo, nuestro exaltado Cabeza, él continúa: "En quien también habéis sido circuncidados con la circuncisión  hecha sin manos,  en la puesta a un lado del cuerpo...de carne por la circuncisión de  Cristo."  Omito las palabras "de los pecados" como siendo sin suficiente autoridad. No es aquí una cuestión de pecados, sino que la misma carne es la que  está en vista. Circuncisión fue  el corte físicamente de la carne, y fue dada por Dios para ilustrar el juicio de la naturaleza  carnal y su completa puesta a un lado. Esto es lo que Dios ha hecho en la cruz de  Cristo. En su corte por muerte cuando Él ocupó vicariamente  nuestro lugar, vemos el fin de la carne como vista desde el punto de  vista divino. Esta es cortada, puesta a  un lado, como absolutamente indigna. "La carne," leemos, "no aprovecha para nada." "ésta no se sujeta  a la ley de Dios, ni puede hacerlo." Por tanto Dios no está haciendo ningún intento por  mejorarla.  Posteriormente, no hay lugar para mérito en lo que concierne al hombre. Él no tiene ninguno,  bendito sea Dios, él no necesita ninguno. ¡Todo mérito es de Otro!

 

La misma verdad es mostrada en el bautismo cristiano. Personalmente, no tengo simpatía  con aquellos en nuestros días que quieren poner a un lado el bautismo en agua sobre el argumento que ahora hay, desde que la plena verdad de la iglesia es revelada, solo un bautismo, y ese es el bautismo del Espíritu Santo. Efes. 4:4-6 fue justo verdadero desde  Pentecostés a Hech.28 como lo  ha sido desde entonces. Pablo no recibió la revelación del misterio después que fue a prisión. El rapto, que es parte de ese misterio, se enseña en la primera epístola escrita,  1 tesalonicenses. En su posdata a la carta a los Romanos él cuenta como él ha estado dando a conocer el misterio a través de todo su ministerio, "dado a conocer a todas las naciones  para la obediencia de la fe". A los ancianos de Éfeso él dijo (como está registrado en Hech.20) que no ha "rehuido declarar todo el consejo de Dios." Ese consejo  en su plenitud ya ha sido  dado a conocer a él y fue proclamado  entre los gentiles. El bautismo del Espíritu Santo por el cual los  creyentes  son introducidos en el cuerpo de Cristo tuvo lugar en el día de Pentecostés. Fue de este modo que el cuerpo, la iglesia, fue formado.

 

No hay indicio de alguna obra sobrenatural en una amplia manera después del aprisionamiento de Pablo. El cuerpo ha sido formado por años, y cada creyente fue añadido a esto cuando él recibió el Espíritu. El bautismo de  Efes.4:5, a mi juicio,  no puede referirse a este evento porque esto es ya mencionado en el verso previo. En el v.4  leemos, "hay un cuerpo, y un  Espíritu, y esperanza de vuestro llamamiento."  Esta es la plena  revelación del misterio, el cuerpo formado por el  bautismo del Espíritu, esperando por la venida del Señor. En el v.5 tenemos, "un Señor, una fe, un bautismo." Esto es  responsabilidad aquí sobre la tierra,  Cristo reconocido como Señor,  la iglesia  llamada a  contender por la fe una  vez  entregada a los santos, y bautismo de agua en el nombre del Padre, Hijo, y Espíritu Santo en reconocimiento de nuestra sujeción a  un solo Señor. Esta no es una cuestión de  forma, formula, o sujetos. Este es simplemente el amplio hecho declarado, que el Cristianismo conoce un solo bautismo, y eso, por supuesto, es bautismo a la muerte de Jesucristo. Hablar del bautismo del Espíritu Santo como una sepultación con Cristo a muerte no tiene sentido. Es después de mi identificación por fe en muerte, sepultación, y resurrección que el Espíritu Santo  me bautiza  en el cuerpo.

 

Tampoco esto quiere decir que por varias razones, validas o de otra manera, creyentes que pueden no haber sido escrituralmente bautizadas no están en Cristo. Sacando una ilustración  de lo que es escrituralmente correcto uno no descristianiza a aquellos que  han  caído ya sea a causa de ignorancia  u obstinación. El argumento del v.12, como lo veo,  es  esto: el cristiano en su bautismo confiesa su identificación con un Cristo rechazado. Él ha reconocido que el hombre  conforme a la carne merecía morir.  Él ha muerto en la muerte de Cristo. Esto, por tanto, es el fin del hombre responsable ante Dios. Necesariamente entonces, este es el fin de todo esfuerzo propio, de cada intento por mejorar la carne sujetándola a ordenanzas, es decir, regulaciones, ya sea  divinamente dadas como en el A. Testamento o humanamente planeadas como en muchos sistemas  no escriturales. Dios no está intentando mejorar al hombre viejo, Él lo ha juzgado como demasiado malo para algún mejoramiento y por tanto  a un lado en muerte. Bautismo es el reconocimiento de esto. Esto es sepultación a muerte.

 

Algunos  traductores leen, "en el cual también habéis resucitado juntamente con Él,"  pero la preponderancia de la evidencia está, creo, a favor de la lectura, "en quien también vosotros  sois resucitados con Él a  través de la fe en la operación de Dios que lo  ha resucitado de los muertos."  Es  a través de la fe  en el Cristo resucitado que  venimos a ser los recipientes de la nueva vida y somos, desde entonces, contados por Dios como aquellos que, habiendo descendido a la muerte con Él, son ahora uno con Él en resurrección. ¿Qué lugar tiene la legalidad aquí?  Ninguna.  Poner al Nuevo hombre, el hombre Cristo, bajo reglas y regulaciones es contrario a todo el principio de la nueva creación.

 

Esto además es enfatizado en el v.13. Nosotros que una vez  estábamos muertos en nuestros delitos y como gentiles en la incircuncisión de nuestra carne hemos sido  vivificados juntamente con Él, Dios  habiéndonos perdonado  toda trasgresión.  La palabra es la misma en cada caso,  y si traducida  "pecados" en  la primera parte del verso debiese ser "pecados" en la última, de otra manera "trasgresiones"  en cada  instancia. Además,  lo que estaba contra nosotros ("la escritura hecha a mano" un término que solo podría ser propiamente usado de los diez mandamientos, que se nos dice claramente era el escrito de la mano de Dios, y que abarcaba las diez ordenanzas, o reglas divinamente dadas) a causa de la pecaminosidad de nuestra naturaleza, haciendo de nuestra desobediencia a la ley, cuando ésta vino a nuestro conocimiento, una conclusión anterior, y que por tanto la hizo para nosotros  una ministración de  muerte  y condenación, ahora ha sido quitada del camino y no cuelga más sobre nosotros como una obligación no cumplida. Cristo la colgó en la  cruz.

 

¿Qué debemos comprender por esta expresión, "colgándola en su cruz"? Puede  ayudarnos si  recordamos que era costumbre  en la ley romana  que cuando los criminales  eran ejecutados por crucifixión, o empalamiento escribían una copia de la ley que ellos  habían quebrantado, para indicar la naturaleza de su ofensa sobre una placa y la clavaban sobre la cabeza de la victima para que todos pudiesen conocer como Roma ejecutaba venganza sobre aquellos que violaban el código. Pilato escribió la inscripción que debía ser puesta sobre la cabeza de Cristo Jesús, y eso en tres  lenguajes, hebreo, griego, y latín, para que todos pudiesen saber porqué el paciente Sufriente de Galilea estaba siendo públicamente ejecutado. "Este es Jesús de Nazaret, el Rey de los judíos." Cuando el pueblo leía esto ellos comprendían que Él estaba siendo  crucificado porque  Él se había hecho Rey y era desleal a Cesar.

 

Pero cuando Dios miraba esa cruz Su santo ojo veía,  otra inscripción. Colgado sobre la  cabeza de Su amado Hijo estaba el escrito de las diez ordenanzas dadas en Sinaí. Era a causa de esta ley que había sido quebrantada en cada punto, que Jesús derramó Su sangre, dando de este modo Su  vida  para redimirnos de la maldición de la ley.  Y de este modo todos nuestros pecados han sido tratados. Allí la ley que hemos deshonrado, ha sido magnificada plenamente en la satisfacción que  Él hizo a la justicia divina. De este modo Cristo ha venido a ser el "fin de la ley para todo aquel que cree."  Son los creyentes judíos, por supuesto, a los que Pablo tiene en mente cuando dice, "nosotros", porque los gentiles no fueron puestos bajo la ley.  Pero esto es ahora verdadero en principio para todos nosotros, a quienes el conocimiento de la ley ha llegado.  Cristo por Su muerte,  ha satisfecho cada demanda contra nosotros y ha cancelado toda deuda que nosotros no podíamos  pagar.

 

Y ahora como un líder victorioso Él ha salido de la tumba, habiendo hecho una presa de los malos principados y poderes que se han gozado en Su aparente derrota cuando Él fue crucificado a través de debilidad, pero que ahora ellos mismos son derrotados en Su resurrección. El ha ascendido al cielo en un triunfo glorioso,  habiendo  hecho de ellos  un espectáculo, triunfando públicamente sobre ellos en Su cruz.

 

"Su nombre es Victorioso

Quien peleó solo la batalla,

Santos triunfantes no demandan honor para si

La victoria fue Suya

 

 

 

Por debilidad y derrota

Él obtuvo el galardón y la corona.

Pisoteó a todos nuestros enemigos bajo Sus pies

Al ser pisoteado

Bendecid, bendecid al Vencedor muerto.

Que ha muerto en Su victoria

Quien vivió, murió, y vive otra  vez

Por ti, Su iglesia, por  ti"

 

 

 

Él tomó nuestro lugar sobre la  cruz y ahora nosotros compartimos todos los resultados de esa obra. Somos uno con Él en la nueva creación. La ley y todo su ritual fue dado al hombre en la carne. Los cristianos no están en la carne sino en el Espíritu, y la ley,  como tal,  no tiene nada que decir al hombre en esta nueva esfera que  está más allá del alcance de la muerte. Y de este modo él concluye esta maravillosa sección con una solemne advertencia  de no permitirse ser perturbados por nadie que quisiese  ponerlos bajo la ley en alguna forma. "Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo"  todas estas  cosas  tienen su lugar, y el que quería ser un obediente hijo del pacto antiguo era llamado a observar las regulaciones   considerándolas  escrupulosamente. Todas  estas,  sin embargo,  eran solo  una sombra de las buenas cosas que vendrían,   cosas que ahora han venido,  "porque el cuerpo es de  Cristo."

 

En la dispensación del Antiguo Testamento la luz de Dios estaba brillando sobre Cristo, y todas  las formas y ceremonias, incluyendo aun los sábados semanales, eran solo sombras arrojadas por Él. Ya que Él mismo ha venido y cumplido todos los tipos redentores, el creyente tiene todo en Jesús y Jesús es todo." El mismo hecho que Él enlaza el sábado con las otras ceremonias muestra claramente que la  regla de vida para el creyente no son las diez palabras  dadas en Sinaí.  Mientras  confesando que esta ley es  santa, justa, y buena, el nuevo hombre no está bajo ella.  Él está,  como lo expresa  Pablo en otra  parte, "bajo la ley de  Cristo," (1 Cor. 9:21). Es decir,  que su responsabilidad ahora es andar en comunión con el Cristo resucitado, Cabeza del cuerpo del cual él es solo un débil miembro en quien mora el Espíritu Santo como el poder de la nueva vida,  manifestado en sujeción al exaltado Señor.

 

Nadie necesita temer que esto puede hacer un estándar inferior de piedad que si uno  estuviese bajo la ley como regla de vida. Este es un estándar  más elevado. Aquel cuyo pensamiento es manifestar la vida de Cristo resucitado en todos sus caminos llevará una vida  más santa que aquel que está tratando de sujetar la carne a las reglas y regulaciones, aunque esta haya sido dada del cielo en una dispensación ahora pasada. Este se ve muy fuertemente en el contraste entre el sábado de la ley y el día del Señor de la nueva creación. No hay mandamiento en el Nuevo  Testamento inculcando lo sagrado del primer día de la semana y demandando que los cristianos lo observen escrupulosamente para santos propósitos, aun así el juicio unánime de creyentes de juicio espiritual a través de todos los siglos ha guiado a honrar este día como un  tiempo de adoración, meditación, y testimonio cristiano, que ha dado a este prominencia desde un punto de vista  espiritual que el sábado judío  nunca tuvo.

 

Tampoco somos llamados a substituir un servicio ritual cristiano por el ritual judío que  hemos desechado. Ahora adoramos por el Espíritu de Dios cuya delicia es ocupar nuestros corazones de los  redimidos con Aquel a quien ellos deben todas sus bendiciones. De esta manera todo lo que es carnal debe dar lugar, como preliminar y evanescente, y lo que es espiritual y permanente tome su lugar.

 

 

 H. A. Ironside