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CRISTO LA VERDADERA SABIDURIA: LA REVELACION DEL MISTERIO DE DIOS

 

 

Col. 2:1-7

 

2:1 Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro;

2:2 para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

2:3 en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

2:4 Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

2:5 Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.

2:6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;

2:7 arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias."

 

 

 

Los hombres que conocen poco de la profundas convicciones que movían el corazón del apóstol Pablo tendrán dificultad  en realizar la intensidad de sus sentimientos cuando la verdad de Dios estuvo en cuestión, y el pueblo del Señor estaba en peligro de ser corrompido por medio de falsas doctrinas y alejados de  la simplicidad que es en Cristo Jesús. Él dice, "quiero que sepáis la intensa agonía que  tengo por vosotros." Él no era uno que podía jugar al tira y afloja con la verdad revelada. Su misma alma era torturada cuando Cristo era deshonrado por aquellos que profesaban Su nombre. Él no era un  propio complaciente liberal en teología descuidadamente  tolerante de alguna enseñanza, no importa cuán perniciosa, mientras la unidad  exterior fuese  mantenida.  Al saber que  en Colosas y Laodicea se estaban designando a hombres que estaban  tratando de  seducir a los santos y alejarlos de su primer amor, que era Cristo mismo, eso lo comprometía intensamente. Que el enemigo era en gran medida exitoso en Laodicea lo sabemos por Juan, como el amanuense del glorificado Hijo del Hombre, les  escribió después desde la isla de Patmos, y los acusaba de no ser fríos ni calientes. Orgullo de su cultura y riqueza  los había hecho indiferentes  a  Cristo. Es de esto que Pablo buscaba  salvarlos, y podemos esperar que haya tenido  éxito en Colosas.

 

La verdad une. El error divide. Él  deseaba "que sus corazones  fuesen confortados, siendo unidos en amor, y a todas las riquezas de la plena seguridad de entendimiento, al conocimiento del misterio de Dios...Cristo" (v.2). Hay  alguna diversidad con relación a la última parte de esta sentencia. La versión King James lee, "el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo," que es admitidamente particular. Uno podría comprender, "el misterio de Dios, el Padre, y de Cristo," esto podría ser traducido así. Pero la lectura de algunos manuscritos, "el misterio de Dios, Cristo," parece más claro y es probablemente correcto.

 

Este es el gran misterio del nuevo hombre, como leemos en 1 Cor. 12:12-13: "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.12:13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu."

 

El artículo definido ante "Cristo" no aparece en la versión King James, pero probablemente debiese estar allí. Es el Cristo místico quien está en vista  aquí, y pienso que tenemos la misma idea en Col.2:2. El misterio de Dios es eso que Él  ha ahora revelado con relación a Cristo como Cabeza del cuerpo, y consecuentemente de toda la nueva creación. Como los creyentes entran en la verdad de esto son libertados no solo de las vanas especulaciones de esfuerzos carnales, porque todas las perfecciones se encuentran en Cristo. De este modo el apóstol quería que ellos comprendiesen las riquezas de este gran misterio y gozaran de la plena seguridad de entendimiento. En Heb. 6:11 leemos de la plena seguridad de esperanza, y en cap.10:22 de la misma epístola tenemos la plena seguridad de fe.  Estas juntas  establecen el alma  y la liberta de dudas  y temores.

 

En Cristo, o si usted lo prefiere, en este misterio de Dios ahora revelado, están ocultos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento. No es necesario ir a otra parte, investigando sistemas y filosofías humanas, para una  explicación del misterio del universo y las relaciones del Creador hacia Sus criaturas. Todas  estas son plenamente expresadas en Cristo. Mientras aprendemos a conocerle mejor y comprender la  verdad concerniente a Él, cada pregunta es respondida, cada perplejidad es aclarada, y cada duda disuelta. ¿Por qué volverse a especulaciones ociosas, no importa cuán pretensiosas, cuando Dios ha hablado en Su Hijo y dado su palabra para guiarnos por el Espíritu a toda verdad? Pablo dice todo esto en  vista a proteger a los santos de ser extraviados por formas de hablar persuasivas o con palabras seductoras. Los abogados del error se deleitan en vestir sus malos sistemas con fraseologías muy atractivas, para entrampar las almas  de los incautos. Solo la verdad de Dios puede preservar a los tales. Es importante recordar que ninguna suma de cultura intelectual o de erudición humana puede tomar el lugar de la revelación divina. Si Dios no hubiese hablado podríamos especular y razonar como quisiéramos. Pero si Él ha dado la verdad en Su palabra hay un fin a todo nuestro teorizar.

 

En este capítulo se nos muestra como Cristo es el antídoto para la filosofía humana, la legalidad judía, el misticismo oriental, y  es ascetismo carnal.  Estas cosas  no tienen lugar en el Cristianismo. Cristo reemplaza y sustituye todo esto. Y Pablo conocía  a través del testimonio de Epafras lo que  Cristo había significado para estos  santos en Colosas desde el tiempo de su conversión, y él era muy celoso para que ellos no fuesen alejados.  Aunque no estaba con ellos en carne, era uno con ellos en  espíritu, y se regocijaba  en todo lo que había  escuchado de su piadoso orden y su constante  confianza en Cristo. Así era como ellos  habían comenzado;  además, habían continuado en los mismos caminos y le deseaba que  permaneciesen en ello. Habiendo recibido a Cristo Jesús el Señor, es decir,  habiendo confiado en Él como Salvador y reconocido como Maestro, él deseaba que  anduviesen en Él, no volviéndose a un lado a algún sistema o perversión de la verdad. Él deseaba verlos enraizados y edificados en Él,  enraizados como un árbol, enviando sus raíces profundamente en la tierra. También deseaba que todas sus provisiones se centrasen en Cristo. Edificados como un edificio edificado sobre una roca y firmemente establecidos, él quería que reconociesen a Cristo como su único  fundamento.

 

Él usa la misma doble figura en Efes. 3:17, "para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 3:18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura," Dios es amor, y él ha sido revelado en Cristo. De esta manera enraizados y establecidos en amor es estar enraizados y fundamentados sobre Dios y este es Dios revelado en Cristo. ¿Por qué entonces alguno iría tras  teorías especulativas  que no pueden dar al alma paz y que menosprecian a Cristo como Cabeza? Andando de este modo en Él el hombre sería establecido en la fe, en acuerdo con la instrucción ya recibida, "abundando en ello con acción de gracias". Nada hace que el alma prorrumpa en adoración y gratitud  hacia Dios como  un profundo conocimiento de Cristo. Es  digno de notar que  verdadero gozo solo se encuentra en el conocimiento de Él.

 

Es difícilmente necesario hacer  la aplicación a los sistemas del día actual. Cada uno que realmente conoce a Cristo rápidamente hará eso.  Una ilustración puede ayudar a hacer claro lo que creo que el apóstol  está aquí indicando.  Un seguidor de la señora Eddy, la cabeza de la así llamada Ciencia Cristiana, trabajó para desplegar los profesados beneficios y bellezas de ese sistema a una simple mujer cristiana que, después de   escucharla por varias horas, se encontró completamente incapaz  de seguir los engañosos sofismas e insulsas teorías de su visitante. Finalmente ella  exclamó, "no comprendo lo que usted está diciendo. ¿No puede usted presentar esto en  términos simples  de manera que  yo pueda saber lo que usted desea que yo crea?" "Bien", respondió la otra mujer, "en primer lugar usted debe creer esto: Dios es un principio no una persona. Usted ve, querida señora, que nosotros adoramos un principio, " "¡bastante!" Exclamó la otra. "¡Nunca haría eso! Yo adoro a un Dios personal revelado en Cristo, mi bendito y adorable  Salvador." Enseguida su alma  fue libertada de la red puesta  ante ella  con la suave voz del emisario de Satanás que se había estado esforzando por entramparla. Y esta es la mejor prueba. Cada sistema que menosprecia o pone a  Cristo a un lado o Su sangre  expiatoria viene del abismo y debe ser evitado, como una avispa, por todos los que conocen a Cristo.

 

John Newton bien ha  escrito:

 

"¿Qué pensáis del Cristo? Es la prueba,

Para probar su estado y esquema;

Usted no puede ser justo en el  resto,

Excepto piense justamente  de  Él:

Como Jesús parece a su vista,

Como Él es amado o no,

Así Dios  es establecido para usted,

Y misericordia o ira es su porción

 

 

 

Algunos lo toman como  siendo una criatura,

Un hombre, o a lo más un ángel;

Pero ellos  no sienten como yo,

 

Tampoco se conocen a sí mismos como  miserables y perdidos.

Así culpable, y desvalido soy yo

Que no me atrevo a  confiar en Su sangre,

Tampoco en Su protección  confiar,

Excepto estuviese  seguro que  Él es Dios.

 

 

 

El hombre natural no puede comprender por qué los cristianos insisten sobre una clara  confesión de la verdad en cuanto a Cristo. ¿Qué importa, él preguntará, si Jesús es un mero hombre, espiritual más allá que muchos, o sea de hecho el divino y eterno Hijo venido a ser carne? Si solo un hombre, Él aun es el gran Ejemplo y el Maestro. Si más que un hombre Él no es sino la manifestación del Padre, y por Su vida de amor y pureza nos ha mostrado la actitud de Dios hacia toda la humanidad y de esta forma guiado a  un mejor entendimiento de Dios y de nuestras relaciones  con Él.

 

Pero esta no es la verdad de las Santas Escrituras concerniente a Él.  Su santa vida,  sea Él solo humano o divinamente humano,  nunca puede quitar nuestros pecados o adecuarnos a permanecer sin ser condenados ante el trono eterno. Él ha tenido que ser Dios y hombre en vista a hacer la expiación por el pecado, enfrentando como  Hombre,   Hombre en toda perfección,  cada demanda que el ultrajado trono de la Deidad tenía contra el hombre.  Toque la persona de Cristo y tocará Su obra. Si esa obra no fue divinamente perfecta no queda otro sacrificio por los pecados y somos dejados sin un  Salvador.

 

Pero, bendito sea Dios, aquel que vino del Padre lo ha glorificado sobre la tierra, y habiendo consumado la obra que le fue dada a realizar ha vuelto a esa gloria que  Él tuvo con el Padre antes de que el mundo fuese. Allí Él se sienta, el Hombre exaltado que ha hecho la purificación de los pecados, a la diestra de la Majestad en las alturas, siempre viviendo para hacer intercesión por aquellos que Su gracia ha salvado. Feliz en este conocimiento  bien podemos cantar con gozo,

 

"¡Cabeza de la iglesia! Tú te sientas allí,

Todos Tus miembros la bendición comparten,

Tu bendición,  Señor, es nuestra:

Nuestra vida eres Tú,   Tu gracia sustenta

Tu poder en nosotros cada victoria gana

Sobre el pecado y sobre el poder de Satanás."

 

 

 

¡Qué podamos probar nuestra lealtad hacia Él, no solo por confesar a un verdadero Cristo con nuestros labios, sino por darle el supremo lugar en nuestras  vidas!

 

 

 H.A. Ironside