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EL VERBO HECHO CARNE

 

 

 

Ahora nos volvemos de considerar la deidad de nuestro bendito Señor para ver como hablan las  Escrituras de Su encarnación. De todos los evangelistas, Juan,  el historiador de Su gloria divina, expresa más forzosamente: "El Verbo se hizo carne" dice él, y" tabernaculizó entre nosotros," "carne" caracteriza a la humanidad por eso que es  su parte más baja; y en la profundidad de  esta condescendencia está la gloria de  la revelación que esta expresión, el "Verbo se hizo carne", comunica perfectamente. En Su personalidad humana Cristo fue Él mismo el evangelio que Él predicaba, como "Hijo del hombre" fue el título que Él amó aplicarse a Si mismo.

 

Había una absoluta profundidad, como sabemos, más allá de venir a ser hombre; sino ligada a eso que necesariamente era preliminar. Pero era mucho más  que esto: porque del abismo dentro del cual Él descendió en la cruz Él nuevamente ascendió, a causa de lo que  Él era, Él no podía ser retenido allí,  mientras la  humanidad que  Él asumió la retiene para siempre. Él la ha asumido en Su propia persona y es parte de Si mismo. Sobre el trono de  Dios, con los memoriales  de ese más profundo descenso que era posible para Él, Él reinará como Cordero por toda la eternidad.

 

Qué asombroso pensamiento es este, que Dios haya descendido al lugar de la criatura, no simplemente por un tiempo, para realizar una obra que, aunque sorprendente, sería por un tiempo, sino de Su  propia libre elección de permanecer en ésta de esta manera. Dios y la criatura-Su criatura, de este modo permanentemente juntas: ¡asidas en un abrazo que nunca puede separarse! Esto en su profundo significado no puede ser parcial o una manifestación providencial.  Esta debe ser como  una revelación  que debía ser escrita no solamente en el lenguaje común de los hombres,  sino que también se dirige  a todas las  inteligencias  y seres capaces de responder a esto. Y de este modo la Escritura nos asegura  ampliamente que, "y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús," (Efes.2:6)

 

¿Podrían las profundidades del amor divino ser mostradas en alguna parte o de alguna manera a la criatura, sin que todas las criaturas fuesen afectadas por esto? Eso ciertamente sería imposible. "Destrucción y muerte" debemos decir, "hemos escuchado la fama de esto con nuestros oídos." Los ejércitos del cielo, viendo en esto gracia hacia otros, aun de esta manera deben reconocerlo como la más tierna bondad hacia ellos  mismos,  quienes de esta manera aprenden con profunda adoración  a su propio glorioso Dios. Y la adoración del Cordero debe realmente haber levantado toda la adoración del cielo insondablemente  sobre todo lo que  ésta podría haberlo sido  antes.

 

Tenemos una indicación de esto, y más que  esto,  donde el apóstol nos dice que  "del Padre de nuestro Señor  Jesucristo [1] de quien toma nombre  toda  familia que está en los cielos y en la tierra" (Efes.3:15). Cada familia encuentra su lugar en relaciones con Aquel que es  de este modo revelado como el Padre de  Cristo.  La revelación de Dios en Cristo hace Sus propias relaciones  con Él como si fueran una nueva cosa.

 

Aún así "Él no socorrió a los ángeles, sino a la simiente de Abraham;" y en esta conexión es que el apóstol habla de la encarnación como un paso necesario hacia la cruz.

 

 

 

 "10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

 

11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

 

12 diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré.

 

13 Y otra vez: Yo confiaré en él.Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.

 

14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

 

15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

 

16 Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham" (Heb. 2:10-16)

 

Aquí vemos porque el que Él tomase carne es  enfatizado a veces como si fuese toda la cosa. La carne  fue ese "vaso de tierra" en el cual "el ave del cielo" debía morir, y solo podía morir (Lv. 14:1-7) La carne es la expresión usada para la humanidad en su fragilidad y mutabilidad; y de este modo conveniente para expresar la profundidad de la condescendencia divina, y que a causa de esto era también el pleno despliegue de la gloria de Dios. Entonces, "el Verbo se hizo carne," y "me preparaste cuerpo;" estas últimas palabras el apóstol las conecta nuevamente (perfectamente en la línea de Hebreos) con Su sacrificio sacerdotal. "Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me has preparado cuerpo."

 

En la citación del  cap.2 es "carne y sangre" de la cual participaron los  hijos, y de lo cual también Él tomó parte; y todavía más  en 1 Cor. 15:50, se trata de la actual condición mutable de la humanidad la que se enfatiza: "carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios",  no del mal en ésta, sino tal como Dios la creó, a causa de esa mutabilidad inadecuada para lo que es eterno. Es de la forma eterna del reino que  él está hablando; y sangre es provisión para el desierto: ésta está identificada con el cambio, por tanto con lo temporal, en lugar de lo eterno.

 

Entonces el cuerpo que el Señor asumió, para cumplir esa ley sacrificial que estaba escrita acerca de Él en el volumen del libro, no estaba aún en una condición  conveniente a la nueva creación, aunque Él mismo era el "último Adán" y  Cabeza de la nueva creación. El cuerpo que tomó fue "físico" "natural" (1 Cor.15:44), y no "espiritual". Estos términos son realmente poco comprendidos y a lo más  podemos comprender poco de ellos; aun así podemos comprender lo suficiente para evitar algunos  errores en los cuales a menudo se  cae. Un cuerpo "espiritual" no significa un cuerpo formado de  espíritu, como tampoco un cuerpo físico significa un cuerpo de psiquis (o alma). Las dos frases son  exactamente paralelas en las Escrituras, y se usan para mostrar esto: "Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo spiritual. 45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante" (1 Cor. 15:44, 45)

 

Aquí la citación del apóstol nos muestra el cuerpo físico como en una adecuada relación con un hombre como alma viviente,  un término por medio del cual la bestia  es designada tanto como el  hombre. Aún  así el hombre tiene,  la bestia no,  espíritu como alma; pero mientras en el cuerpo presente él no es  designado por  eso que es su parte más elevada. Aparte del cuerpo, él es un "espíritu" en el cuerpo es un "alma". El cuerpo físico,  es una lástima que no tengamos un mejor adjetivo para alma,  parece velar las capacidades de su espíritu; el alma (que es la parte sensual, semejante al animal, aunque  más elevada que la del animal) dominando de manera  a  caracterizarlo.

 

El cuerpo es realmente, de acuerdo a la  frase actual en la epístola a los  Filipenses  (cap.3:21) "el cuerpo de nuestra humillación" y eso  aparte del efecto de la  caída sobre éste; y aunque los efectos de la caída  no son excluidos. En éste el espíritu es capacitado para  contemplar las cosas  exteriores  solo por medio de los sentidos; y de esta forma  es que  lenta y laboriosamente reúne  conocimiento por la posesión del espíritu.  Y esta forma de conocimiento parece ser ese del cual habla el apóstol (1 Cor.13:8-11) como "viendo oscuramente a través de un espejo" y que se "desvanecerá" en esa condición perfecta en la cual veremos "cara a cara." El lento despertar y la más lenta madurez de las facultades del hombre, al crecer en sabiduría, tiene mucho que ver, como parecería, con esta  aparente inversión en el rango del espíritu y alma.

 

A esta condición el cuerpo de "carne y sangre" es perfectamente adaptado como un "cuerpo de humillación," con el propósito de  "apartar el orgullo del hombre", haciéndole realizar día tras día su dependencia; mientras la provisión para y el ministerio para sus necesidades da constante testimonio del cuidado y ternura de  Dios hacia  Su criatura, de manera a sujetarlo a  la Fuente de  bendición.

 

Todo esto aparte de la caída y sus consecuencias: siendo lo que primer hombre fue hecho; no lo que él después vino a ser. La caída introdujo todo lo que podría dar angustia en tal condición. El pasaje en Heb.2 distingue cuidadosamente entre "hijos" igual a "compartir"  carne y sangre (ahora en este estado caído) y Cristo limitado a "tomar parte" en esto.  Las palabras griegas, si no las inglesas, muestran una diferencia en este respecto, aunque no definen su naturaleza exacta. No es difícil realizar, sin embargo, de lo que se añade después, que "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo." "En todas las cosas" declara la necesidad de que Él tomase propia y plena humanidad, para poder ser un verdadero Representante de aquellos por quienes Él vino, para este propósito debía estar absolutamente libre también de cualquiera  impureza y  defecto personal.  Perfecta  humanidad debía ser Suya, sin mancha ni fractura.

 

Como esto fue  asegurado, el evangelio de Lucas nos lo muestra. El poder del Espíritu Santo cumplió lo que de otra forma habría sido imposible;  y "Santo Ser" nacido de la virgen fue, aún en  Su humanidad, el "Hijo de  Dios" (Lc. 1:35).Esto en si mismo no declara que lo que Juan dice no es  equivalente al Verbo hecho carne. El evangelio de Lucas  es el evangelio de Su humanidad, como el de Juan es el de la Deidad del Señor. Uno nos presenta al Primogénito, el otro al Unigénito. Y es esencial para Su propia gloria que ambos lados tuviesen una adecuada comunicación. El poder del Espíritu Santo fue manifestado en el "Hombre Cristo Jesús" siendo "hecho en todas las cosas semejante a Sus hermanos," mientras siendo absolutamente libre de toda triste herencia  de la caída. Esto fue manifestado donde fue necesario: por el  lado humano, y no sobre el divino.

 

De esta manera, aún en cuanto a Su cuerpo "un cuerpo me has preparado," aun así, "en todas las cosas semejantes" a "sus hermanos," aparte de las consecuencias del pecado que, no existiendo en Él, no podía tener en Su persona [2]. Debemos distinguir cuidadosamente de esto el efecto de las circunstancias en las cuales Él estuvo, una  parisaica para Adán en este respecto,  sin duda, pero fuera del paraíso; sin duda, para Adán un estado difícil de  imaginar, y para Adán caído una cosa  imposible.  Aun así  puede ser posible en  ciertas  relaciones  comprender y hablar  de  esto en alguna  extensión, es decir,  en la medida que la Escritura nos  guía, y nosotros mismos podemos  ser llevados a  realizar su significado.

 

Adán, como vemos, en el cuerpo de  carne y sangre, era exactamente  conveniente a la relación condicional en la cual estaba con todo lo que lo rodeaba. El pecado traería muerte sobre él, como lo hizo. Mortal, como todavía no era: no había tendencia a la muerte en su naturaleza, ni sujeción a  ésta por su parte, ni posibilidad de  enfermedad, ni oscurecimiento de  alguna  facultad en esta forma.  Todo estaba en vigor, y con capacidad para retener  ese vigor  indefinidamente, al menos. Con el conocimiento  creciendo  sobre nosotros, como es hoy, esta maravillosa provisión aun perceptible en el cuerpo humano para la eliminación  de elementos dañinos, y para la recuperación de cualquier efecto de estos, no es difícil imaginar que ningún veneno podría haberlo afectado. Las bestias  estaban sujetas a él .Si pensamos en la posibilidad de  un accidente, creo que habríamos tenido en cuanto a  esto la certeza de la protección divina. Él era dependiente; su cuerpo era sustentado por alimento; y el ministerio del árbol de la vida ordenado para él claramente era una adicional imposición de tan necesaria lección, lo que sea que podamos  imaginar  de sus reales virtudes.

 

Mutabilidad y dependencia se ven en todo esto, rodeado por el amor y cuidado divino; por medio de los cuales el sufrimiento y la muerte, después de todo, podían ser absolutamente  excluidos. De esta manera, si el cerco era quitado,  sufrimiento y muerte entrarían. Riesgo y exposición a esto estaba antes ya implicado: solo se  necesitaba que las circunstancias cambiaran, para uno como éste para tener hambre y sed, y experimentar el sufrimiento. Con el mismo Señor, en el cuerpo de Su carne y sangre como sabemos que fue el Suyo, todas estas cosas no implican mortalidad, (en el verdadero sentido [3]) ni ninguna posición hacia Dios, vicaria o de otra manera,  podría explicarlos. Si Él en Su gracia se complació en venir a estas condiciones, esto es suficiente. Él  solo puede sentir más exquisitamente a causa de Su perfección, y estar a través de todo en el inestorbable brillo del favor divino, como, hasta la significativa oscuridad de la  cruz, Él siempre, lo estuvo.

 

Y esta, siendo Su gracia, fue parte de ese despliegue divino que afirma el "Verbo hecho carne."  Eso que  parece solo semejante a la debilidad de la humanidad en esta forma  era la gloria de la Deidad. "El Hijo del hombre es glorificado" en esta humillación; "y Dios" también "es glorificado en Él".

 

 

 

 

 

[1] Muchos editores  dejan fuera  "de nuestro Señor Jesucristo" sobre la autoridad de  algunos de los  más antiguos manuscritos; pero otros lo incluyen, juntamente con la Peshito Syriac y la Vulgata, y esto concuerda perfectamente con la conexión aquí. Debiésemos leer "cada familia" y no "toda la familia."

 

[2] Todas  estas cosas  en cuanto al Señor debemos mantenerlas  en cuidadoso ajuste la una con la otra, "un cuerpo me preparaste" y "hecho en todas las  cosas semejante a Sus hermanos."  Lo último no debe ser  forzado de manera a incluir alguna consecuencia de la  caída: porque  en esto Él no era  "semejante a Sus hermanos, y la limitación es plenamente declarada (como  hemos visto) con relación a  Su participación en carne y sangre. Por otra parte un "cuerpo me has preparado" no debe  forzarse hasta llegar a hacerlo algo no plenamente humano. De esta forma es instructivo recordar que esta es una citación de la Septuaguinta que  sustituye esta por la palabra hebrea: "has abierto mis oídos."  Excepto creamos que el  texto hebreo es inexacto aquí, y que la exactitud del griego es  afirmada por el apóstol, la último no es sino una paráfrasis  de la primera, que él acepta como dando el verdadero significado. Pero en este caso "el "cuerpo preparado" no se  aplica a  ningún carácter  especial del cuerpo mismo, pero para nosotros es  el instrumento por medio del cual un Hombre, el locutor sería capacitado para escuchar,  es decir, obedecer,  la voluntad de Dios. No debe suponerse  que la no inspirada  Septuaguinta nos ha  presentado aquí una revelación de la  naturaleza de la humanidad del Señor desconocida al inspirado hebreo.

 

 

 [3] Mortal no significa "capaz de  morir", (en cuyo sentido algunos imprudentemente han aplicado al Señor,) sino "sujeto a muerte; destinado a morir" (Standard Dictionary)