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EL  JORDÁN

 

(Josué 3 y 4)

 

     

Es evidente que el Jordán es un tipo similar en carácter al Mar Rojo. No necesito decir eso, ya sea en el tipo del Mar Rojo o en el Jordán, vemos lo que la gracia ha dado al creyente.

 

Pero hay una muy sensible diferencia. En el Jordán no hay tal cosa como una vara. Tenemos aquí otro símbolo. El arca del pacto de Jehová, llevada por los sacerdotes, entra justo al Jordán; y desde el momento que los pies de los sacerdotes tocan el agua, éstas retroceden como en un montón, y de este modo mientras el arca permanece en el río, los hijos de Israel pasan en seco.

 

Y cuando todo ha sido hecho, encontramos otro destacable punto; es decir, tenemos un memorial. No son ahora los egipcios destruidos. No hay cuestión de juicio. El punto no es tampoco la justificación del pueblo de Dios por un lado, ni el juicio de los enemigos por el otro. Ésta es la gran cuestión el Mar Rojo. En el Jordán Dios estaba introduciendo a Su pueblo en Su propia tierra. Conforme a esto se nos muestra a Uno, una Persona divina, que desciende a las aguas de la muerte, y queda solo allí y detiene las orgullosas aguas hasta que todo el pueblo haya pasado.

 

¿Cómo se aplica esto a Cristo? Respondo. El Jordán  encuentra su contraparte no en Romanos sino en Efesios. En Efesios, no hay discusión acerca de la justificación. Vea a través de todo este libro, y no encontrará en éste la justicia de Dios. Si Dios realiza la gran obra que ha tenido en Su mente (aún antes que hubiese un mundo), si Él quiso tener a un pueblo que tuviese una naturaleza capaz de gozar comunión con Él, una naturaleza que nunca pudiese estar satisfecha sin estar en el cielo, que se deleita en Sus pensamientos y amor: si Dios quería, digo, tener tal pueblo, y tenerlo en las más íntimas relaciones con Él mismo, tenerlos como sus hijos en Su presencia, ¿Cómo podría la justificación ser introducida aquí? ¿No es evidente que Dios no necesita justificar una obra como ésta? Se puede comprender que cuando una persona está equivocada, o cuando pensamos en el impío, que esto deba decirse. Pero es una infinita misericordia que Dios tiene Su propia bendita forma de justificar al impío; pero no hay noción de justificar cuando el sujeto es perfectamente conforme a Dios.

 

Entonces en la Epístola a los Efesios nunca encontramos el sujeto de justificación.  No es que el apóstol no mire al estado en el cual estaban aquellos que son los objetos de la misericordia de Dios; porque el capítulo 2 de Efesios es claro como lo es Romanos 3 acerca de la terrible condición de aquellos que han sido introducidos en tales relaciones ahora. Pero en Romanos tenemos, en la más completa manera, sus pecados probados y llevados a sus conciencias. Tenemos sus malos caminos trazados plenamente, y aún así Dios los justifica. Tenemos también su mala condición;  y aún Dios los saca de ésta, y les da un nuevo lugar. En Efesios es otro aspecto. El primer pensamiento del apóstol está sobre el propósito de Dios.

 

Es la justicia de Dios la que justifica, como en Romanos; no Su misericordia. No hay el más pequeño indicio, por tanto, de estirar este punto.

 

Sabemos que un rey puede, de manera a condonar, perdonar a una persona culpable. No digo que el temperamento del mundo admita esto, aún menos que el hombre es capaz de usar tal prerrogativa como la gracia de Dios. Pero es igualmente verdadero, que no es solamente misericordia, sino justicia lo que justifica, y el creyente es el único que reconoce su indignidad y siente sus pecados conforme a Dios.

 

Pero en Efesios aparece otra cosa; Dios se está proponiendo Él mismo y para Sí mismo, es Dios deleitándose en Sus propios consejos. Él no piensa estar solo en el cielo. Él quiere rodearse de hombres completamente felices. Piensa darle a estos lo que es capaz de responder a Sus propios pensamientos y caminos, y en unas relaciones adecuadas para ello. Esto es lo que Él hace. Pero que, después de todo, ¿Era su estado antes de ser tomados por gracia? Muertos en transgresiones y pecados. Y esto es más destacable, ya que no hay una sola palabra acerca de justificación. Pero Cristo desciende a la muerte donde ellos debían ir, baja a su condición, por decir así; y ésta es la única forma en la cual esto es tocado en Efesios.  Él por gracia bajó, y Dios lo levantó, y lo puso a Su diestra en los lugares celestiales. El punto en el Jordán es, no sacar al pueblo de la esclavitud, sino introducirlo en la tierra, "en los lugares celestiales en Cristo".

 

Usted dirá, ¿Eso es cuando muramos? Cuando Israel cruzó el Jordán, ellos entraron en una escena de conflicto. Pregunto, ¿Cuándo muramos y vayamos al cielo tendremos lucha allí? No. Bien entonces, si es así, es equivocado hacer del Jordán nuestro ir al cielo después de nuestra muerte aquí. El cruce del Jordán significa, la introducción del creyente en los "lugares celestiales" en una tal forma que él pelea y gana la victoria también. Éste es su significado. ¿Cómo puede un cristiano ser llevado a los lugares celestiales mientras está aquí? La respuesta se nos dice en la Epístola a los Efesios.

 

Usted verá cuán diferente es esto, de lo que se encuentra al cruzar el Mar Rojo.  Entonces el estilo de la doctrina en Efesios es diferente del de Romanos; esa es la razón de por qué en Efesios, es "lugares celestiales" de lo que se habla. "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo".

 

Todo esto es verdadero para la fe ahora. Ciertamente cuando vayamos al cielo no perderemos este lugar de bendición, sino que el punto sobre el cual insiste Pablo es, que Dios ya nos ha bendecido de esta forma en Cristo.

 

El final del capítulo 1 nos muestra que Dios ha resucitado a Cristo de entre los muertos, y establecido en los lugares celestiales; y el comienzo del capítulo 2 nos muestra que al hacer esto Dios puso el fundamento para que nosotros pudiésemos ser puestos en el mismo lugar ante Dios. "Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó aún estando nosotros muertos en delitos y pecados, nos dio vida juntamente con Cristo... y juntamente con Él nos sentó en lugares celestiales en Cristo Jesús". Aquí ya hemos entonces cruzado el Jordán. No es que tenemos que cruzarlo, sino que ya lo hemos cruzado.

 

¿Está Cristo en "los lugares celestiales"? ¿Estoy yo unido a Cristo ahora, o sólo voy a serlo cuando muera? ¿Estoy ahora resucitado juntamente con Cristo, y de este modo "en los lugares celestiales en Cristo"? Es completamente evidente que la doctrina de la Epístola de los Efesios es, que ya lo hemos sido; es notorio que la doctrina de muchos cristianos es, "que no lo podemos ser hasta que hayamos muerto".

 

Ahora, ¿Por qué las personas no entran en esta verdad? La razón es, que usted no puede ser un próspero hombre terrenal (entrando en aquello que ocupa a los hombres aquí abajo), y uno celestial a la vez; porque el pensamiento natural desearía tener lo mejor de este mundo, y lo mejor del próximo también. La verdad es, que debo cruzar el Jordán ahora como cristiano; aún más, ya lo he cruzado en Cristo, si soy un cristiano. Observe que no estoy yendo a señalarle lo que usted tiene que hacer, sino que quiero hacerle claro lo que Dios ha hecho por usted, si es cristiano.

 

Dios me ha dado, y usted que cree, una salvación plena, que no sólo significa  que hemos sido llevados a través del Mar Rojo (hechos de este modo peregrinos y extranjeros), sino que también hemos sido llevados a cruzar el Jordán para entrar en los lugares celestiales, donde hemos sido sentados con toda bendición espiritual en Cristo Jesús. Usted dirá, quizás, esto es misticismo. No es tal cosa. Ésta es la misma negación del misticismo. Porque esto vuelve los ojos sobre Cristo, y a la obra de Dios en Cristo; considerando que el misticismo ocupa el corazón con sus sentimientos acerca de Él. Si Cristo es mi vida, y Cristo está sentado allí, es evidente que tengo, por el Espíritu de Dios que mora en mí, y Quien ha sido enviado por ese Cristo, para ser un lazo divino con Aquel que ha entrado allí. Es de esta forma que Dios nos habla conforme a lo que es verdadero en Cristo. Es decir, que Cristo estando allí y siendo la vida del creyente, y el Espíritu Santo el poder de esa vida, se habla de nosotros como estando en el lugar en el cual Cristo ha entrado.

 

El gran punto del Mar Rojo es aquello de lo cual Cristo nos saca, y del Jordán aquello en lo cual Cristo nos introduce. Es completamente evidente que lo que Dios muestra por este tipo es la dulce y bendita verdad, que Cristo habiendo entrado en el mismo lugar donde Dios desea que el cristiano esté, Dios quiere formamos en conformidad a lo que es nuestro verdadero hogar. Nuestro hogar no es este mundo, aún más, ni siquiera lo es el estado milenial. Nuestra esperanza no es algún cambio ha realizarse en este mundo, sino "la casa del Padre", donde mora Cristo. Dios quiere que donde Él esté allí estemos nosotros también. No es solamente que Cristo vendrá y bendecirá (como Israel), sino que Él vendrá y nos tomará para que estemos donde Él está; esto es por lo que estamos esperando; pero mientras tanto somos vistos y tratados como uno con Él a Quien hemos sido unidos allí.

 

No pienso que podamos hacer algo sin la Epístola a los Romanos. El cristiano que encuentra la plena verdad de Efesios y no hace nada de Romanos (o, añadiría Hebreos), está sobre un peligroso fundamento; mientras que aquel que no hace nada de Efesios está huyendo de delante de Dios, y de la gloria de Su gracia. Si Él nos ha dado una plena copa de bendición en Cristo, nuestra sabiduría es tratar de comprender cual es nuestra porción; y la gran tarea práctica del cristiano es vivir de acuerdo al lugar en el cual Dios nos ha puesto.

 

Si Dios me ha sacado de la casa de esclavitud, me ha puesto también en los lugares celestiales en Cristo Jesús. No es una cuestión de lo que veo o siento. Está muy bien apreciar lo que somos, pero debemos creer esto primero; y cuando tomamos la plenitud de la libertad de Egipto, entonces vemos en tipo de lo que hemos sido libertados; y cuando creemos nuestra porción en los lugares celestiales, sólo nos queda bendecir a Dios por habernos bendecido de tal forma en Cristo.

 

La Primera Epístola a los Corintios, aunque de ningún modo tan plena como aquella a los Efesios, introduce el principio de esta verdad: "Como es el celestial, así son los celestiales; y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos la imagen del celestial". El primer pensamiento es, que somos celestiales ahora; y el segundo, que aunque somos celestiales, no llevamos aún la imagen del celestial, pero lo haremos. ¡Qué libertad del misticismo! Éste es solamente el anhelo del corazón para sentir dentro lo que desea tener; pero la fe evita ésta ocupación del yo, y entra en la verdad de Dios. Éste puede ser un misterio; pero no uno no revelado, y que Dios hace muy real y comprensible por medio del poder del Espíritu Santo, porque Dios, en Su propia gracia, ha tenido un consejo, hecho, y dado todo esto en Cristo Jesús.

 

De esta forma vemos que el cruce del Jordán difiere esencialmente del cruce del Mar Rojo. Aún para los hijos de Israel en el Mar Rojo estuvo allí la vara, la vara del poder judicial de Dios; que trajo para los egipcios destrucción. Además, no hubo allí ningún memorial establecido. Cuando usted llega al Jordán, vemos allí un doble memorial. Doce piedras son puestas en el fondo del río, donde habían estado los pies de los sacerdotes; y otras doce tomados del lecho del río y llevadas a Gilgal.

 

Esto me recuerda otro hecho que nos da un hermoso lazo con la Epístola a los Colosenses. Cuando Israel pasó a través del Mar Rojo, la circuncisión no fue practicada -no hubo señal de la mortificación de la carne -pero cuando ellos pasan el Jordán ellos se someten a ésta. Circuncisión significa la mortificación de la carne. Esto da otra razón de por qué la doctrina común sobre este punto no puede ser verdadera; porque cuando muramos y vayamos al cielo no hay necesidad de que la carne sea más mortificada. ¡Ay! Esto explica también por qué el juicio propio es débil en la mayoría de quienes aman al Señor. Ellos conocen al Cordero y Su sangre derramada; y libremente realizan su libertad de Egipto en el desierto, pero no toda su posición con Él arriba, ni Gilgal, donde el reproche de Egipto es quitado.

 

Cuando los hijos de Israel cruzaron el Jordán establecieron dos memoriales -uno de muerte y otro de resurrección, mostrando en cada forma que la muerte se ha ido. Pero más que eso, la carne es ahora mortificada. No hay nada que dé al alma el sentido del fin de la carne, de su ser justificado completamente, y el confort de ello, como la conciencia de la muerte y la resurrección que nos introduce en nuestro verdadero lugar ante Dios.

 

Entonces, en Colosenses, el Espíritu Santo habla no sólo de bautismo, sino que también dice, "en quien también habéis sido circuncidados con la circuncisión hecha sin manos en la puesta a un lado del cuerpo de carne por la circuncisión de Cristo" (Col.2:11).

 

En el próximo capítulo leemos, "mortificad, por tanto, vuestros miembros que están sobre la tierra". Así está allí, esta doble aplicación. De acuerdo al libro de Josué ellos habían sido primero circuncidados; y cuando pueden, se mueven y vuelven nuevamente a Gilgal. Esto es un llamado a la continua mortificación de la carne, sobre el fundamento de que hemos sido una vez para siempre circuncidados.  Nuestra circuncisión fue la de Dios tratando con nuestra naturaleza en la muerte de Cristo; pero sobre el fundamento de esto tenemos que mortificar nuestros miembros. Si Dios ya ha juzgado la carne, lo que como cristiano soy llamado a hacer, es tomar el lado de Dios contra mi propia mala naturaleza. Soy llamado a desear comunión directa con Dios, a condenar cualquiera cosa que sea contraria a Él. Este tipo, usted ve, está lleno de directa instrucción para el alma, y lejos de ser una mera teoría es eminentemente práctico. No tengo duda de que ésta es la razón de por qué las personas eluden los tipos del Mar Rojo y el Jordán. Algunos desearían saber que ellos serán protegidos del juicio, pero Dios quiere asociarlos con Sus propios objetos. Él me da un título celestial para que mi mente sea puesta y formada por estos nuevos y celestiales objetos que están donde Cristo está.

 

Y ¡Oh, amados hermanos, que alivio es que en las comunes tareas de este mundo uno pueda tener sus pensamientos y corazón sobre aquello que nunca perecerá! Tengamos nuestros corazones ocupados con lo que es precioso a los ojos de Dios. Podemos tomar otras cosas como una materia de ver; pero desde el momento que hacemos objetos de ellos, perdemos el pensamiento de Dios. No importa lo que esto pueda ser. Supongamos a una persona en cualquier trabajo; esto hace toda la diferencia posible si él está simplemente haciendo esto para Dios como aquello que Él le ha dado hacer, o si está haciendo lo que él desea y tomar placer en ello, su objeto siendo el ser grande o rico. Donde éste es el caso, estoy prácticamente haciendo de este mundo la escena de mi gozo. No lo estoy tratando como un desierto, aún menos estoy actuando como estando asociado con Cristo en los cielos. Por otra parte, si sostengo firmemente, como de Dios, que aún ahora soy un hombre celestial, aún, si Dios me ha dado algo por hacer, lo hago -no importa lo que pueda ser.

 

Conforme a esto, en Efesios 5 y 6, usted encontrará que estos lazos terrenales que pueden ser justamente las relaciones de hombres y mujeres celestiales; pero el único verdadero poder para andar bien sobre la tierra es recordar que soy un hombre celestial. No es sólo que soy un hombre libertado, sino que estoy también puesto en presente y actual relación con celestiales asociaciones en Cristo; y excepto tenga esto en mente, ¿Cómo puedo conducirme adecuadamente a la posición en la cual estoy?

 

Supongamos que toma el caso de un miembro de la familia real que por un largo tiempo va de incógnito a algún otro país. Aunque él oculta su gloria, él lleva el sentido de ésta en su corazón. El rey de Inglaterra podría viajar al continente con el título de Earl de Chester, aún así él tendría la secreta conciencia que él era el soberano de un imperio sobre el cual el sol nunca se pone. Así es con el cristiano; el mundo no conoce su título. El mundo piensa que es fanatismo hablar acerca de personas celestiales aquí abajo; pero sabemos no solamente esto, sino también que el mundo está bajo el juicio del Señor, y es sólo el aliento de Su boca que está entre esto y un eterno juicio. Sabemos que el Señor Jesús está preparado para juzgar a los vivos y muertos.

 

¡Oh, es sobre un cabello que cuelga el juicio de este mundo! Pero en cuanto a nosotros que creemos, el juicio ha pasado para siempre; no pienso en el juicio como contra nosotros por parte de Dios. Pienso que tendremos todos nuestros caminos manifestados ante el tribunal de Cristo. Todos deberemos comparecer, pero no nos veremos como criminales allí. Si Cristo nos ha introducido ahora en el favor de Dios no estamos yendo a perder éste cuando seamos resucitados y glorificados.

 

Le suplico que mantenga firme esta verdad preciosa. Usted ha pasado a través del Jordán tan verdaderamente como a través del Mar Rojo. No sólo debe recordar que es un peregrino, sino también que tiene un lazo vivo con el cielo; esté seguro de considerar éste como su propio hogar. El desierto es solamente un lugar de paso, pero los lugares celestiales nuestra permanente morada. El propósito de Dios de tenernos en el cielo fue hecho antes de que el mundo existiese. El mundo ha venido a ser un mundo pecaminoso, y del mismo modo un desierto, porque no habría desierto si no hubiese pecado; pero en gracia Dios nos ha libertado de nuestros pecados, y llevado en espíritu a través del desierto. Como una materia de hecho, realmente, tenemos pecado, y estamos pasando a través del desierto; pero en título, y cómo unidos a Cristo, estamos limpios.

 

 ¡Pueda Dios en Su gracia hacernos entrar más en esta verdad, y vivir en el poder de ella!

 

 

W. Kelly