QUERIT

 

 

EL PROFETA ELIAS EN SU RETIRO - 1 REYES 17

 

Apenas nuestro profeta ha entregado su testimonio cuando es llamado nuevamente a huir de la observación pública a su retiro y soledad. "Y vino la palabra de Jehová a él, diciendo, vete, al este, y ocúltate junto al arroyo de Querit, que está ante el Jordán".

 

Estas palabras están llenas de instrucción. Elías ha tomado un muy prominente lugar en presencia de Israel, y aunque esto ha sido el resultado de un anterior retiro y ejercicio de alma en presencia de Dios, aún así el fiel Dios para quien él estaba actuando ve necesario volver a tenerlo en privado, de manera que no sólo pueda ocupar un elevado lugar ante sus hermanos, sino que también un bajo y humilde lugar ante Dios. Todo esto está lleno de enseñanza para nosotros. Debemos ser mantenidos bajos y humildes. La carne debe ser quebrantada. Nuestro tiempo de entrenamiento en secreto, debe exceder lejos nuestro tiempo de actuar en público. Elías había estado, por un breve momento, en testimonio público, y eso también,  después de haber estado a solas con Dios; por lo cual debe ser guiado lejos en reclusión por tres años y medio.

 

¡Oh! ¡Cuán poco el hombre puede ser objeto de confianza!- ¡Cuán poco podemos tolerar ser puestos en un lugar de honor! ¡Cuán poco nos olvidamos de nosotros mismos! Más tarde veremos, cuánto nuestro honrado profeta necesita ser mantenido en este retiro. El Señor conocía su temperamento y tendencias, y trataba con él conforme a ello.  Es verdaderamente humillante pensar cuán poco puede confiarse en nosotros en la forma de testimonio público para Cristo; estamos demasiado llenos de nosotros mismos; vanamente pensamos que somos algo; y que Dios hará grandes cosas por nosotros, como a nuestro profeta, se nos dice que "debemos ocultarnos nosotros mismos", huir de la vista pública, para que podamos aprender, en la santa calma de la presencia de nuestro Padre, nuestra propia insignificancia.

 

El hombre espiritual puede al instante ver la importancia de todo esto. Nunca debe ser sólo estar ante los ojos del hombre; ninguna criatura puede hacer esto: el Hijo de Dios constantemente buscaba un lugar solitario, aparte del ruido de la ciudad, donde Él podía gozar de un quieto retiro para la oración, y para la secreta comunión con Dios. "Jesús vino al monte de los Olivos", "levantándose, partió a un lugar solitario y allí oraba".

 

Esto no era porque Él necesitaba ocultarse Él mismo; porque todo Su camino sobre la tierra fue, bendito sea Su nombre, un ocultarse a Si mismo. El espíritu de Su ministerio es manifestado en estas palabras, "mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me envió". ¡Quiera Dios que Sus siervos conozcan más de esto! Todos necesitamos ocultarnos más_ mucho más de lo que lo hacemos.

 

El diablo actúa sobre nuestros pobres y tontos corazones; nuestros pensamientos giran alrededor de nosotros mismos; si, a menudo hacemos de nuestro propio servicio, y de la verdad de Dios, un pedestal sobre el cual mostrar nuestra propia gloria. No nos maravillemos por tanto, de que no seamos muy usados: ¿Cómo podría Dios hacer Sus agentes a quienes no le darán la gloria? ¿Cómo  podía Dios usar a Israel, cuando éste era siempre inclinado a jactarse a si mismo? Oremos para que seamos hechos más verdaderamente humildes, y dispuestos a mirar sobre nosotros como "perros muertos" "como la escoria de todos", como siendo nada, por el Nombre de nuestro precioso Señor.

 

En su solitario retiro junto al arroyo de Querit, Elías fue llamado a morar muchos días; no, sin embargo, sin una preciosa promesa de parte del Señor Dios de Israel en referencia a su necesaria provisión, porque él salió acompañado por la graciosa seguridad, "he mandado a los cuervos que te alimenten allí". Dios cuidaría de Su querido siervo mientras estaba oculto de la vista pública, y ministraría a sus necesidades, aunque fuese por la instrumentalidad de los cuervos. ¡Qué extraña provisión!  ¡Qué continuo ejercicio de fe estaba envuelto en ser llamado a mirar por diarias visitas de aves que naturalmente desearían devorar la comida del profeta! ¿Pero dependía de los cuervos Elías? Ciertamente que no. Su alma descansaba en las preciosas palabras, "he mandado". Era Dios, y no, los cuervos, para él. El tenía al Dios de Israel con él en este lugar de retiro_ él vivía por fe. Y ¡Cuán verdaderamente bendito es para el espíritu de este modo aferrarse, en natural simplicidad, a las promesas de Dios!

 

¡Qué cosa feliz es ser levantado sobre el poder de las circunstancias, a la comprensión de la presencia y cuidados de Dios! Elías estaba ocultándose del hombre, mientras Dios se estaba mostrando a Elías. Así será siempre. Pongamos el yo a un lado, y estemos seguros que Dios se revelará en poder a nuestras almas. Si Elías hubiese persistido en ocupar un lugar público y prominente, habría sido dejado sin provisiones. El debía ocultarse, cerca de las fuentes de la provisión divina donde sólo fluía refrigerio para él, en el lugar de retiro y humillación del yo. "He mandado a los cuervos que te alimenten allí". Si el profeta hubiese estado en otro lugar y no "allí" no habría obtenido nada de parte de Dios.

 

¡Qué enseñanza es para nosotros todo esto! ¿Por qué son nuestras almas magras y estériles? ¿Por qué bebemos tan poco de las fuentes del Divino refrigerio? Porque no nos estamos ocultando demasiado a nosotros mismos. No podemos esperar que Dios nos fortalezca y refrigere para el propósito de elevarnos aquí abajo. Él nos fortalecerá para Si mismo. Si pudiésemos realizar más que no "somos nuestros", gozaríamos más de poder espiritual.

 

Pero hay también mucho significado en la pequeña palabra "allí". Elías debía estar "allí" y en ninguna otra parte, para gozar de los recursos de Dios; y así es con el creyente ahora; él debe saber donde Dios quiere que esté, y permanecer allí. No tenemos derecho a escoger nuestro lugar, porque Dios "ordena los límites de nuestra habitación", y felices seremos si conocemos estos, y nos sometemos a Sus ordenamientos sabios y llenos de gracia. Fue en el arroyo de Querit, y sólo allí, que les fue ordenado a los cuervos llevar pan y carne al profeta; él podía desear morar en otra parte, pero, si hubiese hecho así hubiese debido proveer para sí mismo; ¡Cuánto más dichoso es permitir a Dios proveer para él! Así sentía Elías, por tanto fue hasta Querit, porque Dios había "mandado a los cuervos que los alimentasen allí". La provisión divinamente señalada sólo puede ser obtenida en el lugar divinamente señalado.

 

De este modo Elías es conducido de soledad en soledad. Él había venido de las montañas de Galaad, con un mensaje del Dios de Israel para el rey de Israel; y habiendo entregado ese mensaje, era nuevamente conducido, por la mano de Dios, a un aislamiento absoluto, para ejercitar allí su espíritu, y renovar su poder en la presencia de Dios.

 

¿Quién desearía ser exceptuado de estas dulces y santas lecciones aprendidas en secreto? ¿Quién querrías ser librado de este entrenamiento de la mano del Padre? ¿Quién no anhelaría ser guiado lejos de la vista del hombre, y sobre las influencias de las cosas terrenales y naturales, dentro de la pura luz de la presencia Divina donde el yo y todo lo que lo rodea es visto y estimado de acuerdo al juicio del santuario? En una palabra, ¿Quién no desearía estar a solas con Dios?- solo, no solamente como una expresión sentimental, sino en realidad, y solo experimentalmente; solo como Moisés en el monte con Dios; solo como Aarón en el lugar santísimo; solo, como Juan en la isla de Patmos; y sobre todo, solo, como Jesús en el monte.

 

Y aquí, preguntémonos que es lo que es estar solos con Dios. Esto es tener al yo y al mundo a un lado, tener el espíritu lleno con los pensamientos de Dios y de Sus perfecciones y excelencias; permitir que toda Su bondad pasen ante nosotros; para verlo como el gran Actor a favor nuestro, y en nosotros; para estar sobre la carne y sus razonamientos, de la tierra y sus caminos, de Satanás y sus acusaciones; y, sobre todo, sentir que hemos sido introducidos en Su santa solicitud, simple y exclusivamente por la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo.

 

Estos son algunos de los resultados de estar solos con Dios. Pero, en verdad, éste es un término que uno puede difícilmente explicar a otro, porque cada santo espiritual tendrá sus propios sentimientos sobre este sujeto, y comprenderá lo que significa en su propio caso. Esto, al menos, podemos desear ardientemente, ser hallados en el secreto de la presencia de nuestro Padre; y terminar de una buena vez con los penosos y miserables esfuerzos para mantener nuestro carácter, y conocer el gozo, la libertad, la paz, y la perfecta simplicidad del santuario, donde Dios en todos Sus variados atributos y perfecciones se levanta ante nuestras almas y nos llena con bendición inefable.

 

Pero, aunque Elías era feliz estando de este modo solo junto al arroyo de Querit, no era exceptuado de profundos ejercicios de alma como consecuencias de una vida de fe. Los cuervos, es verdad, en obediencia al mandato Divino, lo visitaban diariamente, y de Querit fluía en su tranquilo e interrumpido curso un arroyo, de manera que le era enviado pan al profeta, y su agua estaba segura, y de esta forma, en lo que le concernía personalmente, podía olvidar que la vara de juicio estaba extendida sobre la tierra.

 

Pero la fe debe ser puesta a prueba. Al hombre de fe no se le puede permitir establecerse en estos recursos; él debe ser vaciado de vasija en vasija; el hijo de Dios debe pasar de una clase a otra en la escuela de Cristo, y habiendo dominado, por gracia, las dificultades de una, debe ser llamado a luchar con otras. Fue, por tanto, necesario que el alma del profeta fuese probada para que pudiese verse si estaba dependiendo de Querit, o del Dios de Israel; entonces, "sucedió, después de un tiempo, que el arroyó se secó".

 

Estamos siempre en peligro, a causa de la debilidad de nuestra carne, de tener nuestra fe apoyada en las circunstancias, y cuando éstas son favorables, pensamos que nuestra fe es fuerte, y viceversa. Pero la fe nunca mira a las circunstancias; ésta mira a Dios- ésta tiene que hacer exclusivamente con Él y Sus promesas. Así fue con Elías; poco le importaba  si el arroyo de Querit continuaba fluyendo o no; él podía decir:

 

En vano las fuentes de la criatura se secan, Yo tengo una fuente todavía.

 

Dios era su fuente, su infalible e inagotable fuente. El arroyo podía secarse debido a la influencia de la sequía que prevalecía, pero ninguna sequía podía afectar a Dios, y el profeta sabía esto; él conocía que la Palabra de Dios era su cierta y segura porción; y una base segura en medio de la sequía de Querit, como lo había sido durante el tiempo de su permanencia en sus orillas; y así fue, porque "la palabra de Dios vino a él, diciendo: levántate, y ve a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí he mandado a una viuda que te sustente".

 

La fe de Elías debe todavía descansar sobre la misma inmutable base. "He mandado". ¡Cuán bendito es esto! Las circunstancias cambian; las cosas humanas fallan; las fuentes de las criaturas se secan, pero Dios y Su Palabra son las mismas ayer, hoy y siempre. No parece que el profeta haya sido perturbado en lo mínimo por esta nueva orden desde lo alto. No; porque, como Israel antiguamente, él tenía que aprender a levantar y armar su tienda conforme al movimiento de la nube de Jehová. El campamento, antiguamente, fue llamado a velar atentamente por las ruedas del carro celestial que lo conducía a la tierra de descanso, y aquí y allí se detenía en el desierto para buscarles un lugar donde reposar; así era con Elías; él debía tomar su solitario puesto a las orillas de Querit, o seguir un cansador camino hasta Sarepta de Sidón en obediencia a "la palabra de Dios".

 

A Israel antiguamente no se le permitió tener ningún plan propio; Jehová planeaba y ordenaba todo para ellos. Él les decía cuándo y hacia donde debían dirigirse y donde detenerse; en los varios intervalos Él mostraba Su soberano placer hacia ellos por el movimiento de la nube sobre sus cabezas. "Fuesen dos días, o un mes, o un año, que la nube permanecía sobre el tabernáculo, los hijos de Israel permanecían en sus tiendas, y no se movían... Al mandamiento de Dios acampaban y al mandamiento de Dios partían" (Números 9:22-23).

 

Ésta era la feliz condición de los redimidos del Señor, mientras pasaban de Egipto a Canaán. Ellos nunca debían tener su propio camino, en relación a sus movimientos. Si un Israelita se hubiese negado a moverse cuando la nube se movía, o ha detenerse cuando ésta lo hacía, él habría sido dejado a vagar en el desierto. La roca y el maná los seguían mientras ellos seguían a Jehová; en otras palabras, alimento y refrigerio sólo se encontraban en el camino de la simple obediencia. Así era con Elías; no se le permitió a él tener su propia voluntad; él no podía establecer o determinar el tiempo de su permanencia en Querit, ni tampoco su partida a Sarepta; "la palabra de Dios" establecía todo esto para él, y cuando él obedecía él encontraba  lo que necesitaba.

 

¿Qué lección para el cristiano es todo esto? El único camino de felicidad es el de la obediencia. Si fuésemos más exitosos en combatir y subyugar al yo, nuestra condición espiritual sería más vigorosa y sana de lo que es. Nada ministra tanto a la salud y al vigor del alma como una indesviable obediencia; hay fortaleza ganada por el mismo esfuerzo por obedecer. Esto es verdad en el caso de todos, pero especialmente en relación a aquellos que están en el lugar de ministros del Señor. Los tales deben andar en obediencia si han de ser usados en el ministerio.

 

¿Cómo podía Elías haber dicho, como lo hizo después, en el monte Carmelo, "Si el Señor es Dios, seguidle", si en su camino personal hubiese exhibido y mostrado un espíritu rebelde? Imposible. El camino del siervo debe ser un camino de obediencia, de otra manera éste deja de ser un siervo. La palabra siervo está inseparablemente unida a aquella de obediencia, como la obra con el obrero. "Un siervo", como otro ha observado, "debe moverse cuando la campana suena" ¡Quiera Dios que todos estemos más vivos y atentos a la campana de nuestro Señor, y más preparados para correr en la dirección a la cual nos llama! "Habla Señor que tu siervo escucha". Éste debe ser nuestro lenguaje. Sea que la Palabra del Señor nos llame de nuestro retiro a estar en medio de nuestros hermanos, o desde allí al retiro nuevamente, pueda nuestro lenguaje ser, "Habla Señor, porque tu siervo escucha". La Palabra de Dios, y el oído atento de un siervo, son todo lo que necesitamos para ser llevados en seguridad y felicidad hacia delante.

 

Ahora, este camino de obediencia no es de ninguna manera uno fácil; éste envuelve el constante abandono de uno mismo, y sólo puede ser proseguido con el ojo permanentemente descansando en Dios, y la conciencia mantenida bajo la acción de Su verdad. Es verdad, hay una hermosa recompensa para cada acto de obediencia, aún así la carne y la sangre deben ser puestas a un lado, y ésta no es tarea fácil.  Testigo de esto es el camino de nuestro profeta. Él fue primero llamado a tomar su lugar junto al arroyo de Querit, para ser alimentado allí por los cuervos. ¿Cómo podían la sangre y la carne comprender esto?

 

 

 

 

C.H. Mackintosh