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Abraham: Una vista profética

Max Billeter

*Notas revisadas de una predicación dada en una conferencia en Plumstead, Londres.

Traducido de la revista Truth & Testimony, New Quarterly Series,

Volumen 11, Numero 4, 2009

Todas las citas bíblicas han sido tomadas de la “Versión Moderna”

 

Encontramos la historia de Abraham en Génesis 12:1 al 25:10. Todo aquel que cree en el Señor Jesús debe conocer la historia de Abraham, porque Abraham es el padre de aquellos que creen. Su historia también contiene muchas instrucciones para la vida práctica de la fe:

En el capítulo 12 aprendemos acerca de la obediencia, porque Abraham salió sin saber a dónde iba, porque Dios le dijo que lo hiciera;

En el capítulo 16 aprendemos que mientras nosotros podemos tener fe, podemos no tener la paciencia de esperar el tiempo de Dios;

En el capítulo 24 aprendemos que los padres se deben preocupar de que sus hijos se casen en el Señor.

Sin embargo, estas lecciones no son el propósito principal de la historia de Abraham. El propósito principal es profético. Es muy importante comprender esto. El Señor mismo dijo: “Abraham llenóse de júbilo de que viese mi día; y lo vio, y se alegró” (Juan 8:56). Si queremos ver este aspecto profético, no lo encontraremos en versículos individuales; tenemos que seguir la gran idea que el Espíritu Santo presenta en la vida de Abraham como un todo.

La historia de Abraham se divide en tres partes y estas se distinguen por las palabras: “después de estas cosas”. Cada parte presenta una figura profética que es completada en sí misma, la primera parte abarca los capítulos 12 al 14, la segunda parte capítulos 15 al 21 y la tercera parte del capítulo 22 al capítulo 25:10. Las tres partes terminan en el milenio, pero cada una ilustra su propio pensamiento en especial.

La bendición de Israel en el milenio (Génesis 12 al 14)

“Y bendeciré a los que te bendijeren, y al que te maldijere yo le maldeciré; y serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra” (12:3)”

“Y Melquisedec, rey de Salem, el cual era sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: ¡Bendito sea Abram del Dios altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra!” (14:18-19)

El pueblo de Israel recibiría ésta bendición por medio de la promesa incondicional de Dios. Él dijo sin condición, te bendeciré. Entonces en el capítulo 14 vemos que la bendición viene mediante el verdadero Melquisedec. El Melquisedec del día de Abraham le trajo pan y vino. La bendición en el milenio será comida espiritual en su plenitud porque la tierra será llena del conocimiento del Señor (el pan). ¡Que maravillosa bendición! Pero el pueblo será lleno también de gozo espiritual (el vino). Por consiguiente, la primera parte de la historia de Abraham habla acerca de la bendición de Dios que Él ha prometido a Su pueblo Israel, y que El impartirá en su plenitud en la venida del Señor en gloria.

La posesión de Israel en su Tierra en el Milenio (Génesis 15-21)

“En aquel día hizo Jehová pacto con Abram, diciendo: A tu simiente he dado esta tierra, desde el rio de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates” (15:18)

“Y plantó Abraham un bosque en Beer-seba; e invocó el nombre de Jehová, el Dios eterno” (21:33)

En el capítulo 15, verso 18, Dios le informa a Abraham que el poseerá esa tierra, y al final del capítulo 21 algo muy especial sucede: Abraham planta un árbol. Un labrador sabe lo que esto significa. Si él planta un árbol, él está diciendo, esta tierra me pertenece. Entonces, hablando de manera figurada, Abraham toma posesión de la tierra. Dios dará la tierra a Israel. Si volvemos atrás al capítulo 15, verso 18, aprendemos que Dios hace un pacto con Abraham y es debido a este pacto que Él les dará la tierra a sus descendientes.

Sin embargo, mientras seguimos en la segunda parte de la historia de Abraham, vemos, primero que todo, la historia de Agar e Ismael, y entonces la historia de Sara e Isaac. Aprendemos de la Epístola a los Gálatas que hay dos pactos: Agar e Ismael hablan del pacto del Sinaí, mientras que Sara e Isaac hablan del nuevo pacto. El pacto del Sinaí fue un pacto con condiciones. El nuevo pacto está basado en la sangre de Cristo Jesús que fue derramada en el Gólgota. En el terreno de este nuevo pacto Dios dará la tierra a Israel. Ellos no poseerán nada de esto en el milenio debido a su habilidad militar, sino que por el trabajo del Señor en el Gólgota. Esta es la gran enseñanza de la segunda parte.

La Iglesia, y la fertilidad de Israel en el Milenio (Gen. 22-25:10)

La tercera parte, capítulos 22 al 26, es muy interesante. El gran pensamiento al cual conduce es la fertilidad en el milenio. Leemos en el capítulo 22, verso 16, que Dios multiplicará la simiente de Abraham, y entonces leemos de las estrellas de los cielos y la arena del mar. Las estrellas de los cielos hablan del fruto con un carácter celestial, que es representado por Rebeca, mientras que la arena de la orilla del mar habla del fruto con un carácter terrenal, que Cetura, quien le dio muchos hijos a Abraham, representa.

“Y dijo: Toma a tu hijo, a Isaac, tu hijo único, a quién amas, y vete a tierra de Moría, y ofrécele allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (22:2)

La última parte está llena de imágenes proféticas, que también nos conciernen directamente. En el capítulo 22 encontramos tres tipos importantes. Primero, vemos en el verso 2 un aspecto especial del Gólgota, es decir que Dios dio Su Hijo a la muerte y juicio. Debemos considerar Juan 3 en este punto porque encontramos allí lo que aquí tenemos en figura: Dios es luz y Dios es amor. En Juan 3:14 vemos la divina “necesidad”: ya que Dios es luz Él tuvo que dar a Su Hijo en el Gólgota. Pero cuando vamos al verso 16 encontramos que Dios es amor, y el Dios de amor dio a Su Hijo en el Gólgota. No encontramos ninguna “necesidad” allí. Encontramos más bien, que Él lo entregó libremente; lo entregó porque Él es amor. En Génesis 22 tenemos la más bella figura de Abraham yendo a la tierra de Moría, A veces es dicho que él fue al Monte Moriah, pero esto no es lo que leemos. La palabra dice que él fue a la tierra de Moriah y a uno de los montes que Dios le iba a mostrar. Creo que esa fue la colina del Gólgota.

“Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has negado a tu hijo, tu hijo único, que bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como las arenas a la orilla del mar, y tu simiente poseerá la puerta de sus enemigos” (22:16-17)

“Y volvióse Abraham a sus mozos; y levantándose caminaron juntos hasta Beer-seba; y habitó Abraham en Beer-seba” (22:19)

El segundo gran hecho en el capítulo, es que Abraham recibió a su hijo de la muerte. En realidad el no tuvo que matar a Isaac, pero Hebreos 11:17 dice que lo ofreció, a su hijo unigénito, agregando en el verso 19, “de donde también le volvió a recibir en parábola”. Este segundo hecho presenta la resurrección del Señor Jesucristo para la gloria de Dios el Padre. Él ha glorificado a Dios en el Gólgota de una manera infinita, y el Padre ha dicho Este quién me ha glorificado tanto; manifestaré toda Mi gloria en traerle de vuelta de la muerte. Él ha sido resucitado por la gloria del Padre.

“Y Betuel engendró a Rebeca” (22:23)

El tercer gran hecho es ilustrado por el nacimiento de Rebeca. Esto corresponde a Hechos 2: el nacimiento de la iglesia o la iglesia llamada a la existencia, aunque Rebeca aún no conocía su posición como esposa de Isaac o su relación con él, en el verso citado. La iglesia comenzó en Pentecostés, pero los escritos de Pablo y Juan, que revelaron a la iglesia su posición y sus relaciones respectivamente, aún no se habían escrito. Esto es muy importante para el entendimiento del libro de los Hechos.

“Y murió Sara en Kiryat-arba (que es Hebrón), en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer el duelo de Sara y a llorarla” (23:2)

Cuando llegamos al capítulo 23, encontramos que Sara muere. Esto corresponde al rechazo de Israel bajo la gracia (Hechos 7). Esto no es el rechazo de Israel bajo la ley; que sucedió anteriormente en la venida del Hijo de Dios a la tierra y que es figurada en Agar e Ismael siendo echados fuera: “la ley por medio de Moisés fue dada; más la gracia y la verdad por medio de Jesucristo vinieron” (Juan 1:17). El Señor Jesús fue muerto, resucitado de entre los muertos y ascendido a los cielos, y entonces el Espíritu de Dios vino a la tierra. Encontramos Su mensaje a la nación de Israel como un todo en Hechos capítulo 2 al 7, empezando con la notable predicación de Pedro con los once y terminando con el discurso de Esteban, de las cuales ésta última comenzó diciendo: “hermanos y padres”. Este extenso e impresionante discurso fue la última apelación de Dios en gracia al pueblo de Israel como un todo. Escuchando el mensaje, sin embargo, ellos taparon sus oídos, corrieron hacia Esteban y lo apedrearon. Con este evento Dios ceso de dirigirse a Israel como un todo. Este tema de Hechos 7 es ilustrado por la muerte de Sara.

“Y Abraham era ya viejo, entrado en días; y Jehová había bendecido a Abraham en todo. Y dijo Abraham a su siervo, el anciano de su casa, el cual gobernaba todo lo que tenía: Ruégote pongas tu mano debajo de mi muslo, y te juramentaré por Jehová, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los Cananeos entre quienes habito; sino que irás a mi tierra y a mí parentela, y tomarás de allí mujer para mi hijo Isaac…Entonces tomo el siervo diez camellos, de los camellos de su señor, y fue, llevando consigo de lo mejor de todos los bienes de su señor. Levantóse pues, y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor” (24:1-4, 10)

Cuando el pueblo apedreó a Esteban en Hechos 7 había un hombre joven parado allí: Saulo de Tarso. El vino a ser el instrumento de Dios para manifestar a la iglesia su posición. Esto nos lleva directamente a Génesis 24 donde la posición de Rebeca como esposa de Isaac le es mostrada a ella. La relación que tenemos con el Señor Jesús y con el Padre es ilustrado por los múltiples bienes que el sirviente tomo para su viaje.

Necesitamos apreciar la diferencia entre la posición y la relación. Esto es muy importante de comprender si hemos de entender los escritos de Pablo y Juan. Me gustaría decirles algo acerca de mi vida. Hace treinta años atrás mi esposa se casó conmigo – ¡una pobre niña vino a ser la esposa de un rico agricultor! Este fue un cambio de posición que sucedió en un día. Pero en esta nueva posición en la que ella fue puesta trajo una relación que ha sido formada por treinta años. Esta es la diferencia entre posición y relación.

Pablo nos muestra nuestra posición, mientras que Juan nos muestra las relaciones que se despliegan en esta posición. Una y otra vez la gente pregunta cuál de las dos es de un aspecto más elevado. Para mí, no hay duda. Creo que las relaciones que desarrollan nuestra posición son lo más elevado que los creyentes disfrutan: nuestra comunión como hijos con el Padre y nuestra comunión como creyentes con el Señor Jesús. Cuan bellas son estas relaciones Cristianas mostradas a nosotros en este maravilloso capítulo 24. Hay tres personas ante nosotros aquí: Abraham, un tipo de Dios el Padre; Isaac, un tipo del Señor Jesús, el Hijo; y el Siervo de Abraham, un tipo del Espíritu Santo. Es una gran cosa el considerar como los tres están ocupados con Rebeca. Esta es una verdad que podemos conocer como Cristianos, que las tres personas de la Deidad cuidan de nosotros y están ocupadas con nosotros.

De hecho esto fue también el caso cuando estábamos perdidos. Consideremos Lucas 15, donde es importante el no ver tres parábolas si no una parábola en tres historias. Es una ilustración que viene ante nosotros en el capítulo. Primero, vemos el pastor cuidando a sus ovejas – el Señor Jesús viniendo en pos de mi cuando. Yo estaba aún en mis pecados, cuando yo estaba aún huyendo de él (vs. 3-7). Entonces vemos a la mujer con la lámpara, una figura del Espíritu Santo quien me estaba buscando cuando yo estaba muerto en delitos y pecados (vs. 8-10). Finalmente, vemos al padre que toma a su joven hijo en sus brazos, habiendo primero corrido hacia el (vs. 11-32). Las tres Personas de la Deidad cuidaron de nosotros cuando aún éramos pecadores. Ahora que pertenecemos a Dios, estás tres aún cuidan de nosotros. Esto es para que entendamos nuestra posición Cristiana, que es presentada en las epístolas de Pablo, y gozar de nuestras relaciones Cristianas, como Juan las describe, y de que nuestro gozo pueda ser cumplido.

Encontramos esta obra del Espíritu de Dios aquí en figura como el siervo de Abraham. No hay tal sujeción en la Deidad. Esta es una verdad Cristiana fundamental: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo son iguales. Sin embargo, llegó un momento en el tiempo cuando Dios el Hijo fue voluntariamente enviado a la tierra como un hombre humilde aunque Él siempre se mantuvo Dios – todopoderoso, omnisciente y omnipresente. El completó la maravillosa obra del Gólgota. El nació como hombre en poder divino y como tal, ascendió al cielo. Entonces Dios el Espíritu Santo tomo sobre sí el trabajo de ser enviado por el Padre y el Señor Jesús, y vino aquí a la tierra con el fin de morar en la iglesia y en cada creyente. Él nos acompaña aquí, en nuestro camino por este mundo y dirige nuestros ojos a la casa del Padre – la verdadera esperanza Cristiana.

“Y trajóla Isaac a la tienda de su madre, y tomó a Rebeca; y ella fue su mujer, y él la amó. Así consolóse Isaac después de la muerte de su madre” (24:67)

Hoy en día hay muchos creyentes que están fascinados con Israel. Dios cumplirá todas sus promesas a Israel pero esta no es la esperanza Cristiana, la cual es el esperar a que el Señor Jesús venga por nosotros para que se cumpla la palabra que El dio a Sus discípulos en Juan 14: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay….voy a prepararos el lugar” (v. 2). Él hizo esto al ir al Gólgota y al darse a sí mismo como holocausto, y al resucitar y entrar como un hombre en la casa del Padre, el primer hombre en hacerlo. Entró completamente solo con el fin de preparar el camino para que nosotros lo hiciéramos. Ahora, esperamos que él regrese. Esperamos diariamente. El Espíritu de Dios provoca ese anhelo en nuestros corazones: “el Espíritu y la esposa dicen ¡Ven!” (Ap. 22:17).

Será grandioso cuando el Señor venga en el rapto y nos introduzca en la casa del Padre. ¿Qué encontraremos allí? Creo que hay solo un verso que nos lo dice directamente: Juan 17:24. Nuestro Señor Jesús dice: “¡Padre! yo quiero que aquellos también que me has dado, estén conmigo en donde yo estoy”. Esto es lo que está en la casa del Padre. Allí el Señor Jesús es el “Yo soy”. Allí le veremos como Él es, no como Él era cuando Él estuvo aquí en la tierra, sino como Él es en esa casa por toda la eternidad. Es por esto que Él sigue siendo hombre en la eternidad. Es con el fin de que veamos esas glorias en Él, que Él dice: “para que vean mi gloria” y entonces continua explicándole a ellos: “porque me amaste antes de la fundación del mundo”. En la casa del Padre veremos un torrente de amor eterno que fluye desde el corazón del Padre al Hijo. Ésta es nuestra viva esperanza Cristiana. Vemos una figura de esto cuando Isaac lleva a Rebeca a la tienda de Sarah.

Sin embargo, la historia de Abraham no termina con esto, porque leemos acerca de Cetura:

“Pero Abraham había tomado otra mujer, llamada Cetura. Esta le había parido a Zimram, y a Jocsán, y a Medán, y a Madían, y a Isbac, y a Suah. Y Jocsán engendró a Seba y a Dedán. Y los hijos de Dedán fueron Asurim y Letusim y Leumim. Y los hijos de Madián: Efa y Eefer, y Enoc y Abida y Eldaa, Todos estos eran hijos de Cetura”. (25:1-4).

Creo que Cetura no fue solo esposa de Abraham después de la muerte de Sara sino que ella y Sara fueron sus esposas al mismo tiempo. Estos versos de arriba vienen luego del capítulo 24 con el fin de mostrarnos la fertilidad del milenio. Durante esos 1.000 años habrá fruto de carácter celestial en el reino del P       adre y fruto de carácter terrenal en el reino del Hijo del Hombre, del cual hablan los muchos hijos de Cetura – fruto de la aflicción del alma del Señor Jesús. Toda la base de este fruto para Dios, tanto en su carácter celestial como en el terrenal, es el Gólgota, Esto es lo que el capítulo 22 nos muestra. Nuestro Señor Jesús ha completado esta gran obra. Él se entregó a sí mismo a juicio y muerto con el fin de proveer la base de nuestra salvación. Bendito sea Su Nombre.

 

Max Billeter*

 

*Notas revisadas de una predicación dada en una conferencia en Plumstead, Londres.

 

Traducido de la revista Truth & Testimony, New Quarterly Series,

 

Volumen 11, Numero 4, 2009