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 LA NOVIA,  LA  ESPOSA DEL  CORDERO

 

¡Qué refrescante es  alejarse del oscuro  pecado del   hombre  y   contemplar la  magnífica   gracia de  Dios! Hemos  visto los  terribles  males de la  falsa  iglesia  y el  juicio  divino sobre ella; ahora es  nuestro  placer   considerar el  glorioso  futuro que  está  reservado para la  verdadera  esposa del  Cordero.

 

Dios  tiene sus propios maravillosos  propósitos de   gracia,  formados  en Su propio  corazón antes de que el  tiempo comenzase. Estos  Él ciertamente los  cumplirá para  su  propia   gloria, y a pesar de todo el  fracaso   humano y la  hostilidad de  Satanás. Pero  Él permite que el primer  hombre muestre  todo lo que él es. De  este modo los  pasados seis mil  años han  revelado  una  larga   historia de  pecado y  vergüenza humana, sea en el mundo, Israel, o en la   iglesia de Dios.  Cuando la  historia del   hombre se  haya  narrado plenamente, Dios intervendrá, poniendo todo a un lado  y  cumpliendo Sus propios  y eternos  consejos en descanso  y  gloria. Esto es debido a  Cristo, quien sufrió  todo  en esta escena para que  Dios pudiese  ser  glorificado.

 

Prosiguiendo nuestro  tema llamaremos primeramente la atención del  lector a  Efes. 5:25-32. Allí  tenemos  declarada la  afección de  Cristo por la  iglesia.  El apóstol en este  lugar está  dando exhortaciones   prácticas a los  santos en cuanto a  su conducta en las diferentes  relaciones de la  vida.  Pero él está lleno del gran  tema que ha sido comisionado a desplegar en todas  partes, que  aun  cuando  estaba exhortando de esta manera no podía  refrenarse  de introducir a Cristo  y  la  iglesia.

 

La  esposa  cristiana  está obligada a  considerar la posición de  la  iglesia  con  Cristo y dar  una  verdadera obediencia a su marido.  El  marido  cristiano, por  otra  parte, es  dirigido a mantener  ante  si  las afecciones de  Cristo  por la iglesia  como su modelo de conducta  hacia su  esposa.  El  Espíritu de  Dios  quiere  guiarnos dentro de los pensamientos de Dios  y mostrarnos modelos  celestiales,  para que estos puedan tener su debido efecto en nuestro andar  diario sobre la  tierra. ¡Pueda  el  espíritu del cielo entrar en nuestras  variadas  relaciones  terrenales más  y  más!

 

El lector debe  pesar  bien delante del Señor la preciosa declaración  del  v.25: "Cristo amó a la  iglesia  y se  entregó a si mismo  por ella."  Esta  es una declaración  más plena  y profunda  que aquella en Mt. 13:46, "fue  y vendió todo lo que   tenía y  lo compró."  Fue  una  cosa   renunciar a  todos Sus derechos como  Hijo de   David  e  Hijo del  hombre, pero algo completamente  distinto a poner  Su propia  vida. "Jacob sirvió siete  años por  Raquel,  y estos le parecieron pocos  días porque la amaba"  (Gén. 29:20). Pero  Cristo  hizo   más que servir. Él sufrió  y sangró para que la   iglesia pudiese ser  Su posesión para siempre.  ¿Hubo alguna  vez  un amor  semejante a este? Pero no podía ser  de otra manera. El pecado estaba en el  camino. Y la  gracia  divina  debía  tener   un  fundamento  justo,  de modo que Él aceptó la   cruz  con todas su   inexpresable  agonía   y  vergüenza, para que   cada  justa demanda  del trono de  Dios  pudiese ser  satisfecha.  Por el  gozo puesto delante de Él soportó la  cruz   y  desprecio la  vergüenza (Heb. 12:2). Ahora  todas las  barreras   han sido quitadas,  y Su  gracia  y amor fluyen  rica y  benditamente  a  todos los que  creen en Su  nombre.

 

Debe comprenderse  de manera  clara lo que la  Escritura  significa  por  "la iglesia" que  Cristo  de esta manera  amó. Muchos tienen pensamientos  vagos  respecto a  esto, teniendo la  idea  general que el  término  incluye a todos los  salvados desde  el comienzo  hasta el  fin del tiempo.  A  veces nos encontramos con esta  frase, "la  iglesia  en  tiempos  judíos;"  etc. Pero estamos  firmemente persuadidos  que este es un  gran error. No encontramos  mención de la  iglesia  en el A. Testamento.  Allí encontramos a  Dios  tratando con  una  nación elegida,  bendiciéndola de una  manera  terrenal en la   tierra de  Canaán.  Los piadosos  en medio de  esa  nación y  otras partes  aparecen como  muchas  unidades  mirando a Dios en  su propia  fe   individual, pero  un esquema para formarlos en  un  cuerpo corporativo no aparece en ninguna  parte.  Cuando  el Señor  Jesús estuvo aquí en  carne habló de la  iglesia  como  una  cosa   futura que debía ser  edificada sobre Él mismo, el Hijo del Dios  viviente (Mt. 16:18). Claramente Él  no consideró ésta como existiendo entonces  en  alguna forma. El nacimiento de  la  iglesia de  Dios  tuvo lugar en el día de Pentecostés,  cuando el Espíritu Santo  descendió  desde el cielo de  acuerdo a la  promesa del Señor  Jesús (Hech.2)

 

Aun entonces el pleno   carácter  de la  nueva  compañía  no fue  revelado. Es  cuestionable si alguno  de los primeros  cristianos sabían al comienzo en qué maravillosa escena  de  bendición  celestial ellos   había  sido  introducidos. Este   despliegue estuvo  reservado para  Pablo_ uno nacido  fuera de  tiempo. A él, por  revelación  especial, le  fue  dado a  conocer  el  consejo eterno de  Dios  con  respecto a Cristo  y la  iglesia. Hasta aquí este  había sido  un secreto  no  revelado_ "oculto en Dios"  (Efes.3). Entonces se dio a  conocer  que  Dios  estaba  formando a los  creyentes  judíos  y  gentiles  en un "nuevo  hombre"_ para ser  el cuerpo de  Cristo, el  Cabeza,  y, como lo  veremos brevemente, para ser Su esposa  en el día de   gloria.

 

Aquellos  que  vivieron  y murieron antes de  Pentecostés no forman  parte  de esto. Aquellos que seguirán a la  iglesia en  testimonio  sobre la  tierra serán  una  nueva  compañía de  santos,  con  una porción especial para ellos mismos.   No es cuestión de méritos  o de una piedad superior, sino  de las propias  intenciones  soberanas de  Dios.  Si Él  hubiese  escogido guardar el mejor  vino  hasta ahora, nadie podría lamentarse  o quejarse por ello;  aun si  Él  hubiese  visto adecuado proveer   una  cosa mejor para  nosotros que  para otras  compañías de  santos, ¿quién encontraría  falta  en ello? Si  la porción,  como el plato de  Benjamín, es  realmente  cinco  veces  más que la  de los otros,  veamos esto para  gozarlo,  y no para  esforzarnos para  explicarlo  o ponerlo  a un  lado (Gén. 43:34). Las dignidades del A.  Testamento ciertamente  encontrarán su lugar en el cielo para   siempre  (Heb. 11:16), pero  no  estarán en  la  misma   relación con  Cristo  que los  creyentes  de la dispensación  actual, aunque  sus  bendiciones,  por supuesto,  como las  nuestras,  estén  fundamentadas  sobre  Su  sangre. A través de  Su  gracia, todos los que  son salvos ahora son llamados  a un lugar de especial honor_ un  carácter especial de   bendición.

 

Cristo ha  desplegado Su amor  en el pasado, dándose  a Si mismo  por la  iglesia. Su afección es probada  en el presente por  Su  constante e incansable preocupación. Leemos, "para santificarla  y purificarla  por  medio del  lavamiento del agua por la palabra" (Efes. 5:26). Él aplica  Su propia  palabra  en gracia  hacia aquella que  ha  de ser  Su compañera para siempre,  para que sus pensamientos  y deseos puedan ser  formados de  una  manera  conveniente a Él mismo; y para que  ella pueda ser desligada de   cada  atracción que  Satanás  y el mundo le presenten.  Él se  pone a  Si mismo  y Su  gloria constantemente  ante el corazón de ella,  de este modo  ella no solo es alentada en el  camino del  desierto, sino que  es  también  capaz  de poner a  un lado  todo lo que  es inconsistente con Aquel  a  quien  se  está dirigiendo. Este es el deseo  y  objeto de  todos  Sus  actuales  cuidados  y atención. Él querría tener  a Su amada   iglesia celestial  esperando prácticamente para  ver  Su  rostro.

 

Tal  es  Su  amor  y  gracia; pero ¿qué diremos en  cuanto a la  respuesta de nuestros corazones  a  esto? "Ser muy amado,   y amar poco." No  hemos  sido  todo lo que  debiésemos ser para  Cristo. La  iglesia  no se  ha mantenido como   una  virgen pura para  Cristo, sino que  ha frivolizado con muchos  amantes, para su propio  daño  y pérdida.  Nada es  tan penoso como un amor  no correspondido. ¡Qué solemne  es leer "tengo  contra ti que  has dejado  tu primer  amor"! (Apoc. 2:4). Confesemos  nuestro  fracaso. Reconozcamos  sinceramente  que no  hemos apreciado  y  respondido al  corazón de   Cristo como  deberíamos. En los  días que  aun quedan,  antes que  todo termine en  gloria,  cultivemos  una sincera  afección por  Él.  Esto solo puede ser  en la medida que  nos  mantengamos  cerca de Él  y  aprendamos los profundos secretos de Su   maravilloso amor por  nosotros.

 

El  próximo  paso es la presentación a  Si mismo,  y por  esto  esperamos: "a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha." (Efes. 5:27). Esto  tiene lugar  cuando  Él desciende  en los  aires  para  recibir a Su  esposa  comprada  con  sangre. El último  Adán debe  tener  una  compañera en Su  dominio,  como también la  tuvo  el primer Adán. Ella se sentará con Él sobre Su  trono,  como Él ahora se  sienta  con el Padre  sobre Su  trono.

 

¡Qué  transformación efectuará Su  gracia  en ese  día!  La  iglesia  entonces será gloriosa; cada  miembro de ella llevará  Su  propia imagen  celestial. Ninguna mancha ni arruga se verá.  Cada  pedazo de  mundanalidad es   una  mancha sobre el  vestido de la  novia.  Arruga  es una señal de decaimiento. ¡Ay! Se  ven muchas de  estas  cosas  antes de que  el  gran  apóstol de la  iglesia  fuese a  su descanso.  Él  vio el amor  declinando,  el  celo menguando,  y al mundo  deslizándose por  todas partes. Pero la santa, y  aun amante, mano  del Señor  Jesús  quitará  todo en ese  día.  Cada  cosa que  nos  recordara el desierto, y   fracaso, será borrada.  La  iglesia  entonces  será santa,  no solo  en naturaleza, sino en  caminos. Ella  también será sin defecto.  En medio de mucho que  entristece  y  desalienta  ahora, ¡qué  gozo y  estimulante  es  contemplar  esto! Después de  mostrar que al  hacer  todo esto  Cristo ama a  la  iglesia como a Si mismo, el apóstol  termina  diciendo: "grande es  este misterio; y esto digo de  Cristo  y la  iglesia"  (Efes. 5:32)

 

Ahora  nos  volvemos  a  Apoc.19:1-10.  Allí  tenemos las  bodas del  Cordero.  Debe  observarse  cuidadosamente  que esta es  una  escena  celestial preliminar  a  la aparición  de  Cristo con todos  Sus  santos. Esta escena  es  por  tanto completamente  distinta de aquella que se  describe en el Sal.45.  Allí  tenemos al Mesías  presente sobre la   tierra  con Su espada  ceñida sobre Su muslo para  subyugar a  todos  sus  enemigos,  y para establecer  Su  glorioso  reino.  A Su diestra  está la  reina  vestida con oro de  Ofir, pero no debemos  ver a esta  reina como  siendo la  iglesia de Dios.  Esta es Israel,  la asociada  terrenal del  Mesías,  como la  iglesia  es la  esposa celestial del   Cordero.  A Israel entonces se le dirá, "Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será desposada. Pues como el joven se desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo." (Isa.  62:4,5). La  afección mutua del Mesías e  Israel se encuentra   plenamente  expresada en El  Cantar de  Salomón o  Cantar de  los   Cantares.

 

Pero  la  asociación de la   iglesia  con el Cordero  es  celestial en su   carácter; las   bodas  son puestas  ante  nosotros  en Apoc.19.  No  consideramos  esto como la presentación a  Si mismo de la  cual se   habla  en Efes.5:27. Esa  es la primera  cosa  después de la  reunión en los aires, y  es  completamente entre el Esposo  y la  esposa. Las  bodas del  Cordero es el evento público  cuando  todos los  amigos del Esposo son llamados a  compartir el   gozo   general.

 

Esto  aparentemente sigue  inmediatamente después del  juicio de Babilonia la  grande.  Cuando la  falsa  mujer sea  tratada, todo el cielo se llena  de  triunfo y  alabanza. Mientras  la  tierra se  lamenta por su destrucción,  los  atrios del  cielo  resuenan con  aleluyas. Entonces se  ve la verdadera  esposa: "Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!

 

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. "(Apoc. 19:6,7). Desde  este  punto  no  escuchamos  más  de los veinticuatro ancianos. Creemos que ellos  representan a  toda la compañía de santos   celestiales, es decir, a  los  creyentes de los  tiempos del A. Testamento  y a la   iglesia de  Dios.  Ahora que la  esposa  es  manifestada  como  tal, el  símbolo de  ancianos es  abandonado. Las  diferentes  clases  de  santos  encuentran sus  respectivos  lugares,  y desde entonces son mostrados en  su  relación particular  con  Cristo.

 

¡Qué momento de gozo será ese para  Cristo  y  para nosotros!  Él entonces  verá el trabajo de Su alma  y quedará  satisfecho. Él  verá, que no  ha trabajado en  vano  ni  gastado Su poder  por  nada. Su  bendito corazón ansia  por el tiempo   cuando Él se rodee con todos  aquellos  por los cuales murió. Él no descansará  hasta  haber  cumplido todo y nos  tenga a  todos  en  gloria  en la  casa del Padre.  Contemplando las glorias   futuras, somos  inclinados  a  pensar principalmente  en la  bendición que entonces será  nuestra.  Pero pensemos en la parte de  Cristo en esta  materia. Este es el día de  felicidad para Su  corazón.  Suya  fue la  aflicción  y el dolor; Suyo será  también la  bendición  y  el  gozo.  Él es digno de  todo  esto.

 

Las bodas del  Cordero no son descritas en detalle. Esto no  estaría  en acuerdo con el  carácter   general del  libro de Apocalipsis.  Unas pocas sentencias  se escriben, pero eso es  todo.  Leemos, "porque su esposa se ha preparado."  Esto no implica  alguna  suerte de aptitud  humana,  que no podría  tener lugar  en el cielo, sino simplemente  (así  pensamos) que ella se  ha  vestido con lo que la  gracia  divina  ha provisto.  De  acuerdo a Sus riquezas  en  gloria  todo es  dado, para que la esposa  celestial pueda ser encontrada como una  compañera  adecuada  para  el Cordero.

 

Pero aunque no  hay  tal  cosa  como  una aptitud  humana, la  excelencia de los  actos de los santos,  realizados sobre la  tierra  a través de la  graciosa  operación del Espíritu Santo, se  recuerdan en la  fiesta de  bodas. "Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos" (Apoc. 19:8).  Cristo nunca  olvidará las  buenas  obras  de los Suyos. Sus ojos  ven  y  Su mano anota cada  pequeña  reproducción de  Si mismo, ya sea  en  el andar  general o en servicio  activo.  Aun una  copa  de agua  fría  dada  por  Su  causa será  recordada arriba, un  gran estimulo, ciertamente, para  todos  aquellos que  realmente  buscan el  honor de  Su  nombre. En este sentido, estamos ahora  llevando nuestros  vestidos. ¡Solemne, aun  así  bendito,  pensamiento para  todos  nosotros!

 

Hay  invitados en las bodas. "Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios." (Apoc. 19:9) ¿Quiénes son estos? No ángeles, porque nunca se nos dice  que ellos sean  "llamados". El  término es solo usado de  objetos de la  gracia  redentora, de  hombres. ¿No son estos los amigos del Esposo, como dijo Juan el bautista en su día? (Jn. 3:29) Heb.12:22-24  viene  también al pensamiento.  Allí  tenemos  diferentes  compañías  en  "la  Jerusalén  celestial", y entre  ellos "los espíritus de los  justos  hechos perfectos" como distintos de "la iglesia (o congregación) de los  primogénitos." Estos  son  claramente los  santos de la  dispensación del  A. Testamento. Ellos participarán  en el  gozo  común del  día de las  bodas, aunque no estarán incluidos entre los millares que   forman la esposa.

 

¿Debemos sorprendernos de que el ángel haya pensado   necesario añadir, "estas  son palabras   verdaderas de  Dios"? La  gloria de la  escena es maravillosa,  las  relaciones   tan  intimas, la  bendición  tan  vasta,  que el  corazón  necesita,  como por  decir  así,  ser asegurado que esta es  realmente la intención de  Dios, hacer  todo esto nuestro. ¡Oh, que  el pensamiento del futuro actué  más poderosamente  sobre  nuestras   vidas en el presente!  Viendo que esperamos  tales cosas, ¡qué clase de personas debiésemos  ser  en toda  santa  conducta  y piedad!

 

Ahora  pasamos a Apoc.21. Allí  tenemos a  la  esposa  mostrada  bajo el  símbolo de  una   ciudad_ la  santa  Jerusalén. Muchas  figuras  son tomadas  prestadas de la  descripción del profeta de la  ciudad  terrenal , y son aquí presentadas con  un giro  celestial  por el  Espíritu de Dios.  Cada lector debiese  observar cuidadosamente  que  este  capítulo no describe el  hogar de la  esposa, sino  a la esposa  misma. Es necesario destacar esto,  ya que muchos han leído estas  brillantes   expresiones  como   refiriéndose al  cielo. Otros pueden sorprenderse  de porqué  tal símbolo sea usado de la esposa del  Cordero.  Debemos   recordar que ella debe estar asociada con Él  en todo  Su  gobierno  futuro.  Cuando Él  administre el  gobierno de la  tierra,  Su  esposa  compartirá  Sus  honores. Vista en conexión con la  tierra, ella  es puesta  ante  nosotros como   una  ciudad,  radiante  en gloria, e iluminada con la  presencia   divina.

 

 ¡Qué llena de significado son las palabras "la  esposa del  Cordero!" El  título  "Cordero" nos  recuerda los sufrimientos   y muerte del bendito Salvador.  La  iglesia es llamada  a tener  comunión  con Sus  sufrimientos  durante el   tiempo presente; y en consecuencia, participará en Su  gloria. El sufriente viene  ante  la  gloria. Recordemos esto.  Esto puede  ayudarnos  en algunas de las  circunstancias  a  través de las  cuales  podemos  tener que pasar por  causa de Su nombre.

 

Debiese   observarse   cuidadosamente en Apoc.21, que los  vv.1-8 nos  hablan de la  eternidad,  y que  el  v.9 nos lleva atrás  a la condición de  cosas  milenial. Los  vv. 1-8 siguen  la  descripción del  gran trono   blanco,  que será establecido en el mismo   tiempo del  fin,  cuando los cielos  y la tierra presentes  no existan más. El lenguaje de los  versos claramente se  refiere a  una  condición establecida para  toda la  eternidad, ya sea  para los  bendecidos o los   perdidos.  Pero los  versos siguientes  nos llevan atrás  al estado relacionado con el  tiempo. ¿La mención  de las copas   y plagas no prueban esto? Y si alguna  otra  confirmación fuese  necesaria,  referimos al lector a  la mención de  "naciones"  "reyes"  y "sanidad"  (Apoc. 21:24-26; 22:2). Tales  expresiones  no  podrían usarse  si la  condición eterna de las  cosas estuviese  siendo descrita. Apoc.21:9-22:5, no  tenemos  duda, muestran a la  esposa  en sus  atavíos  mileniales.

 

Para  ver  esta   gloriosa  visión, Juan  fue llevado en  el Espíritu a una  grande y elevada montaña. Es  bueno  estar sobre las  nieblas y  nubes  de este pobre mundo, para entrar en los pensamientos de Dios. El  Espíritu de  Dios se  deleita en mostrar  lo que la  iglesia debe ser  en el futuro, para que esto pueda  tener poder sobre nuestras almas  durante el  presente. Fue una más  hermosa  vista la que   fue mostrada a  Juan que  aquella cuando Moisés  vio  cuando  estaba con Dios sobre las  alturas de Pisga. Una  escena  es terrenal, la otra  celestial; una pronto debía ser  estropeada por los pecados del pueblo de Dios,  la otra permanecerá para  siempre con la perfección que  Dios le  ha  dado.

 

Al describir la santa   Jerusalén, el Espíritu  usa varias  y  encantadoras  figuras,  todas  llenas de  significado. Nuestro especio  no  nos permite una  detallado examen de  todas ellas; nos contentaremos con hacer unos  breves comentarios. Pero encomendamos  sinceramente el estudio de este  capítulo a todos aquellos que aman al Señor  Jesucristo. Esto pagará  ampliamente el estudio cuidadoso  y paciente de esta porción de las Escrituras. El  Espíritu de  Dios  aquí  está mostrando las  glorias   con que la   gracia  divina  investirá a la  iglesia en  un  día futuro. ¿Qué  más  agradable o elevador estudio para nuestros  corazones? ¿Qué más  santificante en sus efectos?

 

Primero, se  dice que ella  tiene  "la  gloria de  Dios."  La  esperanza  ha  dado lugar a la  realización,  la espera a la posesión.  Por esto el Señor  Jesús  ha orado al Padre, y por  esto nos  regocijamos en esperanza. Entonces la   iglesia será  una perfecta  dadora de luz. "Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal." (Apoc. 21:11)Su   fulgor  ha sido  tristemente  estropeado aquí.  Ella  ha permitido que el mundo  y otras   cosas se  introdujeran entre ella  y su Señor. Es solo cuando Él  brilla sobre los  Suyos que   ellos son capaces  de  reflejar Su  gloria   ante los   ojos de  otros.

 

Después  leemos de "Tenía un muro grande y alto". Esto nos  sugiere la doble idea de  separación  y  seguridad. ¡Ay!  La   iglesia  no  ha sido cuidadosa  para  excluir  todo mal durante su permanencia en la   tierra; pero en el estado  glorificado "No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira" .Separación del mal será entonces  perfectamente  realizada. También, ¡qué seguridad  habrá allí! No entrarán más  ladrones, y el león  rugiente no andará más  buscando a quien devorar.  Y, lo que es  aun más bendito, ¡no habrá más  malos corazones  para extraviarnos!

 

Allí  hay puertas,  implicando  comunicación con el mundo  afuera.  Los  redimidos  celestiales  no guardarán para si mismos  las  bendiciones de  Dios,  sino que  felizmente las dispensarán a  todos  alrededor. Hay ángeles en  las puertas,  pero para servir. Ellos están contentos  con  ser porteros  en la  ciudad  celestial.  No hay  celo  en sus  corazones. Ellos conocen su  lugar,  y lo ocuparán para Dios;  y  pueden además admirar la  gracia que  ha llamado a los  hombres   redimidos a  un lugar  y  relación  incomparablemente  más elevados.  Dios es  glorificado en todo ello, y  eso  es suficiente para  ellos.

 

Las puertas  llevan "y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel."  Este  hecho ha  sido  visto por  algunos como  mostrando que la esposa terrenal es contemplada  en  estos   capítulos. Pero no  hay necesidad de comprender de este modo la declaración. Los   nombres  sobre  "las puertas" que, como  hemos dicho, nos  hablan de  comunicación con el mundo fuera.  Ahora, es  claro que  Dios administrará  la parte   terrenal de la  herencia por medio de Israel.  Consideramos esta  conexión  con la esposa  celestial así:  La última será  el círculo  interior del  gobierno y  en la  más  intima  asociación con el  Rey; Israel será el círculo  exterior del  gobierno, y estará en  contacto directo  con  el  pueblo de la  tierra. Aun en el día  actual las administraciones  muestran estas  diferencias; el  gabinete es el círculo  interior en conexión con el soberano, oficiales  menores  forman el círculo  exterior que están en contacto directo con el  pueblo.

 

El muro de la  ciudad tiene doce fundamentos,  y sobre  ellos  están inscritos "los  nombres de los doce apóstoles del  Cordero."  Esto nos  recuerda Efes.2:20. La  iglesia es edificada sobre el  fundamento de apóstoles y profetas. Ellos  fueron los  vasos  inspirados por  Dios para manifestar las  verdades, más  avanzadas que  aquellas del  A. Testamento, que  son necesarias para la dispensación  actual.

 

Cuando  la  ciudad  fue  medida  con la   vara de  oro, su extensión, anchura  y  altura son iguales. Probada por  la  justicia   divina no se detecta en ella  ninguna desigualdad. ¡Qué  diferente es  ahora! A menudo  vemos mucha desigualdad, sino sinuosidades, y esto  causa  pena a  nuestros corazones. ¡Pero  cuan  completo será el  cambio en ese  día de   gloria! La propia  perfección de  Cristo se  verá por  todas  partes, para la delicia  y admiración de  todos. "El material de su muro era de jaspe," que nos  habla de la  gloria  divina, aunque  no de la  Deidad (Apoc. 4:3); "pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio,"  _ la justicia   divina se  ve por  todas   partes;  todas  Sus  excelencias  serán manifestadas como   nunca  sobre la  tierra.

 

Cada puerta era  una  perla.  Esto nos  recuerda la  bien conocida parábola en Mt. 13:45,46. Desde  cualquier punto de  vista que la  ciudad sea  considerada, allí  está el memorial del profundo amor de Cristo_ de ese amor que  lo guió a inexpresables profundidades  para que pudiésemos ser suyos para siempre. "La  calle de la  ciudad  era de  oro puro, transparente  como el  cristal." "la  calle"  es emblemática de comunicación. ¡Qué dulce y perfecta  será  con  cada  uno  en la   gloria!  Nuestra comunicación  es  frecuentemente  estropeada  aquí, a causa de la   falta de  vigilancia  de  nuestros  corazones.  En  gloria esto será  de acuerdo a la  justicia   divina, agradable a Dios,  y una delicia  para nosotros.

 

No se  veía  templo  en la  ciudad,  en contraste  con  la  ciudad  terrenal. La metrópolis de Israel  poseerá una   vez  más el   templo de  Dios (Ezeq. 40-43); y  esto fue una  vez un  privilegio   y  gozo.  Pero esto no es para los  santos  celestiales, que  deben gozar  una  cercanía a Dios especial para ellos,  a  través de la  redención de  Cristo.  Ninguna  parte de la  ciudad  celestial es  más santa que   otra; la  presencia de  Dios  y del  Cordero la llenará a través de  todo.

 

Tampoco hay alguna   necesidad de  luz  creada,  porque la   gloria de Dios  está allí,   y el Cordero es  su  lumbrera. El homenaje de  los  reyes de la  tierra felizmente será llevado a la esposa del  Cordero,  y las   naciones andarán en su luz  reflejada. No solo eso,  sino que  del  trono de Dios  y del  cordero, y a través de la  ciudad,  fluirá un río de bendición, para el  beneficio de  todos.  Los  glorificados serán eternamente  fructíferos,  y durante la edad  milenial, ministrarán para la sanidad de las  naciones. Las  cicatrices  de la creación serán  removidas.

 

Estas  son algunas de  las   glorias que  nos  esperan. Cada sentencia  en Apoc. 21:22, es  divinamente plena,  y  bendito sea Dios,  divinamente  verdadera. Su propia incomparable gracia  hará  todo  esto una  realidad en todos los Suyos, para la  gloria de  Cristo. Estas son las  glorias  y  goces  que  nunca se desvanecerán. Es  refrescante contemplar a la  esposa en su  condición eterna,  después de  considerar sus  relaciones  y conexiones  mileniales.  Cuando   todas las  cosas sean  hechas nuevas, la santa ciudad,  la Nueva  Jerusalén, descendiendo de Dios, del cielo, preparada  como   una  esposa adornada para su  marido (Apoc.21:2). La frescura no ha desaparecido, el primer brillo del  amor no se ha desvanecido. El perfecto amor del  Esposo por ella,   y su perfecto amor por  Él,  y eso para siempre.

 

 

 

Él está  viniendo,  viniendo  por  nosotros;

Pronto veremos  Su  luz a los lejos,

Sobre el  oscuro horizonte levantándose,

Como la  Estrella  brillante de la  mañana,

Alentando a todos los que  velan,

Como la  Estrella cuyos rayos

Anuncian la proximidad de la mañana

Justo antes de que el día  amanezca.

 

 

¡Oh! Qué gozo, cuando la  noche cuelga  sobre nosotros,

Pensar en los   rayos de la  mañana;

Es  dulce saber que  Él viene por nosotros;

Pronto  sobre lo alto escucharemos  Su  voz;

Muertos  y  vivos,  resucitados  y  transformados,

En un  abrir  y  cerrar de ojo

Seremos  tomados  juntos,

Para el encuentro  en los  aires;

Con  gran voz el Señor, descendiendo,

Él mismo  nos esperará  allí.

 

 

 

¡Oh! Qué  gozo en esa   gran reunión,

El encuentro en los  aires;

Es  dulce saber que Él está  viniendo por  nosotros,

Llamándonos  a unirnos a Él allí.

Él está  viniendo como el Esposo

Viniendo para desplegar al final

El  gran  secreto de Su  propósito,

Misterio de edades  pasadas,

Y la esposa, a ella es concedido

En su belleza  ahora  brillar

Y como en éxtasis ella  exclama,

Yo soy suya  y Él es mío

¡Oh!  Que  gozo esa unión matrimonial

Misterio del  amor  divino;

Es dulce  cantar en toda  su plenitud,

Yo soy  suya, y  Él es mío."

 

 

 

 

W. W. FEREDAY