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HERMANISMO: SUS ATRACCIONES, MALES, Y REMEDIO

 

Nadie que conozca algo de los Hermanos, como estos son llamados, negará que este tenga sus atracciones,  peculiares atracciones también,  de otra manera muchos de los mejores y más activos miembros de las variadas denominaciones no serían atraídos por este. Es justo, entonces, que demos a los Hermanos su debido, y podemos decir, una pequeña consideración de estas verdades que los hacen a ellos tan atractivos, y después señalemos sus males y remedio.

Sin duda que la muy grande prominencia que los Hermanos dan al Nombre y Persona del Señor Jesucristo tiende a atraer a personas espirituales hacia ellos. Para estos Hermanos Cristo es todo; y ministerio que no tiene a Cristo por su principal tema, no es nada para ellos. Es Cristo personalmente para la salvación,  Cristo personalmente para su andar, y Cristo ahora y pronto en gloria. Entonces el alma que es verdaderamente y espiritualmente activa es fácilmente atraída por los Hermanos y su ministerio.

El evangelio que ellos predican tiene sus atracciones peculiares, este es el Evangelio de la Gracia de Dios continuamente  anunciado por ellos, y eso en oposición a la ley.  Ellos se oponen terriblemente a la predicación de la ley, diciendo, que ésta entró para que el pecado pudiese ser conocido, (Rom.3:20). Para que la ofensa pudiese abundar, (Rom.5:20), y para que por el mandamiento el pecado viniese a ser  extremadamente pecaminoso (Rom.7:13). Este es el Evangelio de la Gracia de Dios, (Hech.20:24) que ahora debe ser predicado.  Cristo ha venido lleno de gracia y verdad, y a través de Su muerte y resurrección, la gracia triunfa  sobre cada dificultad, y ahora reina a través de la justicia (Rom. 3:21).

Este evangelio quita toda obra al pecador y la pone sobre el Hijo de Dios. Los Hermanos dicen, que la obra de Cristo es una obra consumada.  Él no fue recibido en el cielo hasta que hubo cumplido la obra que Él vino a ser, pero cuando, y no antes, de haber purgado nuestros pecados y sentado a la diestra de la majestad en las alturas (Heb.1:3). Sobre la cruz Él dijo “consumado es”, y quitó los pecados por medio del sacrificio de Sí mismo (Heb.9:26).  Cristo habiendo de este modo recibido la paga del pecado, que es la muerte, ahora Dios es justo al perdonar y justificar a todos los impíos que creen en Jesús (Rom.3:26). Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados, y por medio del derramamiento de la sangre del Hijo de Dios el pecado fue quitado, y eterna redención obtenida, (Heb.9:12), redención de la ira, del pecado,  del mundo, de Satanás, y todo aquel que reconoce la sangre como habiendo sido derramada por él, es limpiado de todo pecado, y es hecho más blanco que la nieve (Isa. 1:18). Él es justificado por sangre (Rom.5:9). La paz también ha sido hecha  por la sangre de Su cruz, (Col.1:20) el creyente es justificado por fe, y tiene paz con Dios (Rom.5:1), y de este modo usted siempre encontrará a estos Hermanos teniendo el gozo de la paz en sus almas, sabiendo que todos sus pecados han sido quitados, si y aún más,  que ellos son justificados ante Dios; (1 Cor.6.) ellos tienen lo que les agrada llamar una conciencia purificada, (Heb.9:14) esa es una conciencia que les dice a ellos que la justicia de Dios ha sido satisfecha, y que todo lo que Él tenía contra ellos ha sido quitado para siempre,  que no hay condenación porque  Su Hijo ha llevado todos sus pecados y la condenación debida a ellos. Esta es una gran cosa para ellos. A causa de esto ellos se niegan a orar por paz, porque ellos ya han obtenido esto.  Ellos no ruegan ser libertados de la ira y la condenación eterna, porque ya han sido librados de la ira venidera, (Tes. 1:10), y ellos dicen, no es una cosa inteligente pedir a Dios que les dé aquello que ya tienen. Ellos  no dicen que son pecadores miserables, porque son cristianos felices.

Esta es otra gran característica de atracción en ellos,  ellos son felices en Cristo, libres de toda duda y temor, porque ellos han confiado la salvación de sus almas a Aquel que es poderoso para salvar, y en quien ellos tienen perfecta confianza,  porque la salvación en la cual ellos  confían completa y solamente es la obra consumada del Señor Jesús. El precio que ha sido pagado por su redención ellos  dicen, es suficiente. El precio fue la muerte del Hijo de Dios.

Entonces la enseñanza de estos Hermanos, en cuanto a lo que ellos llaman su actual muerte y resurrección con Cristo,  es peculiarmente interesante y atractiva.  Ellos muestran que la naturaleza que ellos han recibido de Adán es completamente corrupta,  completamente alejada de la justicia original, no teniendo traza de bondad en ella, de hecho,  ésta está muerta en delitos y pecados, (Efes.1:2), incapaz de hacer el bien, (Rom.7:18),  no teniendo buen deseo hacia Dios, sino por el contrario, malos deseos. A consecuencia de este estado de cosas el hombre debe nacer de nuevo. Él no puede ser mejorado, él debe nacer de nuevo y hecho una nueva creación (2 Cor.5:17), de otra manera él no tiene poder  para ver, y mucho menos entrar en el reino de los cielos: pero Cristo ha venido,  el último Adán como cabeza de una nueva creación. Él fue crucificado, y Él allí no solamente llevó nuestros pecados, sino que la antigua creación de Adán fue juzgada allí también.  Nuestro viejo hombre ha sido crucificado, con Cristo para que el cuerpo de pecado pudiese ser destruido en vista a que no sirvamos más al pecado. (Rom.6:6). En Su resurrección Cristo vino a ser  Cabeza de la nueva creación, y por el poder de Dios Él fue resucitado y hecho sentarse  en el cielo sobre todo principado, poder, y dominio, y sobre todo nombre que se nombra, no solamente en este mundo, sino también en el venidero (Efes.1:21). El creyente en Jesús es vivificado juntamente con Cristo, y esto es cumplido por la obra de Dios, (Efes.2:10), una nueva creación. Él es creado en Cristo Jesús, y la unión e identificación del creyente con Cristo es muy íntima. La vieja creación, y lo que la acompaña, ha pasado,  todas las cosas  con  la nueva creación han venido a ser nuevas,  nuevas  esperanzas, deseos, afecciones, etc. En este nuevo nacimiento está envuelto la formación de Cristo en el creyente, Cristo vive en él (Gál.2:21). Sufro dolores de parto hasta que Cristo haya sido formado en vosotros, escribe Pablo  a los caídos gálatas (Gál.4:19).

En este nuevo nacimiento el creyente tiene el poder de mantener comunión con Dios. Él ahora puede decir, ¡Oh Dios! Tú eres mi Dios, mi alma anhela por Ti en una tierra seca y árida donde no hay agua. Todo temor es quitado, porque el perfecto amor hecha fuera todo temor, y aquel que ha sido de este modo salvado tiene libertad  para entrar en la presencia de Dios detrás del velo roto (Heb. 10:19,20). Cuán diferente fue esto con el judío bajo la ley.  Todo era entonces temor y terror, humo y tormenta, truenos y nubes, y oscuridad, de manera que Moisés  estaba espantado (Heb.12:21).  Pero la gracia ha quitado todo esto y el creyente ahora puede  acercarse a Dios y gozarse en Él, (Rom.5:11), mientras más se acerca y más íntima es su comunión, más profunda, plena y rico será su gozo,  gozo inexpresable y lleno de gloria.  Este es también un gozo divino, porque Jesús dice Mi gozo estará en vosotros (Jn.15:11).

Existe además una nueva verdad que los Hermanos enseñan que tiene un especial poder de atracción, y especialmente para aquellos que son verdaderamente espirituales, aludo a lo que ellos llaman el llamamiento celestial del creyente. Pablo habla del creyente como siendo participante del llamamiento celestial (Heb.3:1). El judío fue llamado con un llamamiento terrenal para un lugar, bendiciones y privilegios terrenales. Pero los Hermanos nos dicen que quienes creemos ahora tenemos mejores bendiciones  que los santos de Israel, porque nuestra ciudadanía es celestial, (Fil.3:20), y el cielo es nuestro hogar (Jn.14:3). La posición del creyente, y su posición ante Dios es esa de uno aceptado en el Amado (Efes.1:6). Ellos  están sentados juntamente en Cristo en lugares  celestiales (Efes.2:6). Su porción también es en Cristo en los lugares celestiales, que no es nada menos que toda bendición espiritual (Efes.1:3). En cuanto al mundo, él no es de éste, como tampoco Cristo fue de éste (Jn.17:14). Él está en el mundo para dar testimonio para un Cristo despreciado y rechazado, y eso en comunión con el Espíritu Santo que le ha sido dado como un permanente Consolador (Jn.14:16; 15:26,27).

Los Hermanos viendo que su lugar y porción está en Cristo, en quien mora toda la plenitud de la Deidad corporalmente, no reconocerán otro nombre entre los hombres que el Nombre y Persona del Señor Jesucristo. Solamente Él es el centro de reunión (Mt.18:20). Es a Él mismo que ellos son llamados a seguir y por tanto ellos dicen que deben ir fuera del campamento a Él llevando Su vituperio (Heb.13:13).

El muy especial lugar que ellos dan a la Palabra de Dios es muy notable y atractivo. Ellos no tendrán nada si uno no puede presentar un capitulo o un verso como fundamento. Credos y artículos formados por el hombre ellos los arrojan por la borda, y “lo que dice el Señor” es su regla.

El lugar también que ellos dan al Espíritu Santo tiene su atracción. Ellos enseñan que no pueden decir que Jesús es Señor sino por el Espíritu Santo (1 Cor.12:3). Ellos no pueden adorar sin Él, (Jn.4:23), ellos no pueden ser guiados dentro de la verdad sin Él, (Jn.16:13), no pueden ver a Jesús o algo acerca de Él sin el Espíritu Santo, (Jn.16:14), no pueden crecer en semejanza a Jesús excepto por medio de Su poder, (2 Cor.3:18) por tanto estos Hermanos dicen que es su deber  y necesidad para bendición dar pleno lugar, autoridad, y libertad al Espíritu Santo.

Pero he escrito bastante sobre las atracciones de los Hermanos. Uno no puede negar que ellos son tales, y uno no puede sorprenderse de que muchos santos piadosos sean cautivados por ellos. Pero es tiempo de referirme al gran mal de los Hermanos. Ellos atacan a los piadosos entre las variadas denominaciones y perturban sus mentes. Los ministros se lamentan amargamente a causa de esto, diciendo que es una vergüenza perturbar las mentes de sus rebaños. Este es un gran mal de los Hermanos, si ellos entran en contacto con un cristiano ellos seguramente los harán pensar, y excitarán en ellos el espíritu de Bereanos que eran más nobles que aquellos de Tesalónica porque recibieron la palabra con toda disposición y escudriñaban las Escrituras diariamente para ver  si las cosas que ellos escuchaban eran conforme al pensamiento de Dios.  Para los Bereanos no importaba quien las predicaba.  Lo que el predicador decía, ellos lo probaban por medio de la Palabra.  Ahora, digo esto para los cristianos que entran en contacto con los  así llamados Hermanos de Plymouth.

Ellos están muy seguros de tener la Palabra de Dios, para ver si la religión con la cual están conectados es conforme a Dios.  No es suficiente para el piadoso saber que sus padres fueron criados en eso o aquello, tampoco saber que lo que este buen ministro dice es justo, sino que ellos escudriñan las  Escrituras para ver el pensamiento de Dios. Entonces ellos comienzan a ver que Dios no mora en templos hechos con manos, sino en una  casa  espiritual, compuesta de piedras  espirituales, pecadores salvados por gracia.  Ellos también ven que todos los creyentes son sacerdotes para Dios, (1 Ped. 2) y que cualquier cosa como un sacerdocio ordenado humanamente es completamente errada. Ellos también aprenden que el que no sabe cómo orar por sí mismo, por tanto Dios ha enviado al Espíritu Santo para ayudarlo en sus debilidades, y para enseñarle a orar conforme a Dios (Rom.8:27). De manera que es errado tener a hombres puestos aparte para leer una forma de oraciones, o aun orar con un libro, porque el tal puede no estar en un espíritu de ruego. Estos Hermanos dicen que un hombre no siempre está en una condición para orar, y por tanto es completamente errado establecer a un hombre y pagarle para orar y enseñar cuando él no está en un estado para hacer aquello, y más aún, cuando es el oficio del Espíritu Santo repartir a cada  hombre como Él quiere (1 Cor.12:11).

De esto ellos comienzan a ver que el declarado ministerio humanamente ordenado no es de Dios, ni tampoco conforme a Su pensamiento, por tanto esto no debe ser así. Entonces nuevamente ellos ven que la mesa sobre la cual el memorial del cuerpo y sangre de Cristo son puestos, no es como debe ser, la mesa del Señor. Ellos ven que esta es la mesa del estado, la parroquia, o del ministro. En todos estos eventos esta no es la mesa del Señor, porque Él, no es reconocido; porque si realmente Él mismo vino al lugar donde  la cena estaba siendo administrada Él  no podría atreverse a tocar el pan o el vino, o a tener parte en el ministerio, debido a tales reglas y regulaciones que nadie sino  un ministro designado pudiese hacer esto.  De esta manera no se le permite al Señor Jesús presidir en lo que debe ser Su propia mesa. El Espíritu Santo, también,  es puesto a un lado, porque donde Él usa a alguno de la congregación para orar, o pedir un himno, o hablar una palabra de edificación, ese hombre sería considerado un alborotador y  castigado por ello. Estas son las cosas que los Hermanos presentan ante hermanos piadosos, y  de este modo sus conciencias  vienen a ser ejercitadas ante Dios en cuanto a la verdad de Su Palabra, y finalmente ven tanto mal en las denominaciones a las cuales pertenecen que ellos dejan de hacer el mal y esperan en Dios para que les enseñe a hacer el bien. Esto es considerado un gran mal por debilitar “la causa”.

 

El remedio es muy simple. Todo lo que tiene que hacerse es mantener las mentes del pueblo en  la oscuridad y lejos de la Palabra de Dios. Mantener las Escrituras tanto como sea posible como un libro sellado, y deje  que los ministros prediquen de manera a agradar a sus oyentes y ellos no abandonen “la causa”. Pero desde el momento que los piadosos comienzan a preguntarse a sí mismos ¿es esto conforme a Dios? ¿Tengo Escritura para eso? O ¿tengo el pensamiento de Dios acerca de alguna cosa  que estoy practicando en mi  religión? Entonces existe un peligro, un gran peligro. Manténgalos alejados de un espíritu de investigación y ciertamente tendrá un remedio para el Hermanismo. Hace algún tiempo escuché un discurso, que llevaba el título de este folleto, que ha sido entregado por un clérigo en Londres. Pero al investigar y constatar que este era un pensamiento injusto pensé que sería bueno presentar mi experiencia acerca de las atracciones, males, y remedio del Hermanismo, deseando ser sabios como serpientes pero inofensivos como palomas, y eso para la gloria de Dios. Ciertamente uno que ame a Cristo, felizmente se gastaría a sí mismo por un hermano en Cristo, quienquiera que él pueda ser, aunque amando más, sea amado menos.