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CIENCIA Y  ESCRITURA

John Nelson Darby

Bible Treasury: Volume 12

Las especulaciones de hombres de ciencia

William Kelly

Christian Truth: Volume 18

 

“Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes. 10:8 Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos” (Jos.10:7,8) ¿Por qué temerían ellos? Si, ¿por qué no?  “porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti. 10:9 Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal. 10:10 Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, y los hirió con gran mortandad en Gabaón; y los siguió por el camino que sube a Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y Maceda.

10:11 Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada.” (Jos.10:8-11)

“Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel,” (Jos.10:12)

¡Cuán verdaderamente la intervención de ese día es sentida como siendo el acto de Jehová! Él usa a Su pueblo, y fue una cosa bondadosa en cierto sentido que Él lo hiciese; porque Él ahora podía, como en el mar Rojo, hacer todo sin ellos; pero Él emplearía al pueblo  de Dios de acuerdo a la dispensación. Gracias a Dios, tenemos un mejor llamamiento que este,  uno celestial; pero aun así, en su propio lugar es irreverente locura pasar por alto el honor de ser empleado en hacer la obra de Dios entonces, limpiar la tierra de lo que era una ulcera y una plaga para el lugar, no solamente para esa  localidad, sino también para toda la tierra; y tales eran los cananeos.  Si ha de haber un pueblo de Dios, ¿qué otra  forma estaba abierta que barrer la tierra de los corruptos cananeos?  Y de este modo Jehová entonces “entregó a los amorreos ante los hijos de Israel.”

Pero note la belleza de la verdad. Fue a Jehová que habló Josué, no a la criatura; a Él solamente dio él el honor. ¡Cuán admirablemente limpia de toda adoración de la criatura aun cuando la creación puede ser usada maravillosamente!  “y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón.10:13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.” (Jos.10:12,13)

Un memorable día fue este en cada punto de vista, a pesar de cavilación sin duda del infiel, pero el gozo de cada creyente. Admito que los hombres de ciencia tienen sus dificultades, como usualmente las tienen en lo que  está sobre ellos;  y temo que no seremos capaces de ayudarlos mucho. La verdad es que la principal, si, la única cosa que levanta de cada dificultad, es confianza en Dios y en Su palabra. No tratemos de medir a Dios por las dificultades, sino que midamos las dificultades por Dios. ¡Ay!  Esta es la última cosa que el hombre piensa hacer.

Otra  cosa destacable es que en esta  ocasión Josué no solamente se dirige al sol (una cosa bastante osada de hacer, mandar al sol que se detuviese), sino también a la luna. No era la luna la que podría  dar un apreciable aumento de luz cuando el sol de este modo gobernaba el prolongado día. Debe haber habido entonces  algún otro digno motivo de porqué la luna debía ser mandada a detenerse en el mandato de Josué, si, como no tengo la más mínima duda, Josué fue guiado por Dios en tan singular mandato al sol y luna, cuando el poder divino fue ejecutado para detener el aparente curso del sol. Todos sabemos, por supuesto,  que es la tierra la que se mueve; pero la Escritura no habla en el lenguaje técnico de la ciencia, que no solamente habría sido ininteligible para aquellos para quienes esto fue designado, sino innatural en el lenguaje ordinario del más grande de los filósofos. Sir Isaac Newton habló acerca del levantamiento y puesta del sol  como el más simple hombre se  expresaría, y fue completamente justo. El hombre que hace de otra  manera no tiene sentido común.  Aquí entonces  Josué empleó el único lenguaje propio para su propósito. Pero esto no explica su mandato a la luna. No solamente  este no era un conocimiento poseído entonces por judíos o gentiles, pero uno puede dudar si nuestros hombres de ciencia habrían pensado de esto aún ahora; en todo caso nunca se ha sabido nada de ellos. Aun así, si no hubiese habido una acción del poder de Dios con relación a la luna como al sol, todo el curso de la naturaleza habría sido trastornado. ¿Cómo podría Josué, o algún judío que escribió la escritura, haber sabido esto? No hubo ciencia astronómica  por dos mil años después para poder  unir las dos cosas;  y una mera observación del fenómeno ciertamente  se habría contentado únicamente con la luz del sol. Pero así fue. Aquel cuyo poder obró en respuesta al llamado guió su voz y la pluma del escritor del libro. Si pudiese haber habido una interferencia con el sol sin la luna; si el curso de la luna no hubiese sido detenido como también el de la tierra, de manera a dar esta apariencia al sol, habría habido confusión en el sistema. Me parece por tanto que, lejos de que esta sentencia  presente un justo fundamento de duda  contra la palabra de Dios, es un sorprendente ejemplo de una sabiduría y poder incomparablemente sobre la ciencia.  De este modo la fe siempre encuentra en la  Escritura.

Pero hay un comentario más que hacer. Dondequiera que usted escuche a los hombres hablando acerca de ciencia contra la Escrituras, no tenga temor de ellos. No hay un hombre entre ellos que pueda resistir ante usted si solamente se aferra a la palabra de Dios. No dispute con ellos; no hay beneficio moral en esto, y nada de valor puede obtenerse por ello; por el contrario, uno puede tener el espíritu irritado. Pero la palabra de Dios es más aguda que una espada  de doble filo, y únicamente puede ser esgrimida justamente por el Espíritu Santo. Y Dios estará con usted si confía en la perfección de Su palabra, y lo guiará si depende de Él. Observe a los adversarios al rostro, y escuche  todo lo que ellos tienen que decirle; pero confróntelos con la palabra escrita de Dios. Aférrese a la palabra con simplicidad, y encontrará que las dificultades presentadas contra la revelación  se deben casi  siempre a sacar un pasaje de su contexto. Cuando ellos toman este pasaje, ellos tratan de ridiculizar la voz del hombre que mandó al sol y la luna que se detuviesen; considerando que  la verdad moral es sorprendentemente grande y bella. Estos burladores nunca piensan en que se haya  incluido en su mandato a la luna, aun menos de su fuerza,  como ya se ha indicado.

Solamente uso el ejemplo que viene ante nosotros en este pasaje, pero usted encontrará que el principio se aplica a cada parte de la palabra de Dios. Léala como un creyente; léala no como uno que duda o que desconfía de Dios; porque usted ha conocido de ella, se ha alimentado y vivido de ella, también ha sido bendecido, y consolado en cada aflicción  mediante ella, ha sido llevado a tener paz y gozo, y ha sido libertado de todos sus temores por ella, y libertado de locuras y pecados, y ha visto la gloria de Dios en la faz de  Jesucristo por medio de ella. Todo esto y más usted ha encontrado en ella, y de este modo ha aprendido por ella, lo que la ciencia nunca enseña, porque nunca conoce la realidad de la gracia y amor de Dios en Cristo; si, usted de este modo conoce a Dios mismo. ¿No estoy entonces autorizado a decir, amados hermanos, que confíen en la palabra de Dios en los más pequeños detalles, en cada dificultad, dondequiera que ésta se presente? Tómela, mirando a Dios, y él estará con usted en su necesidad.

¿Pero cuál es el principal apoyo de la maravilla que tuvo lugar ese día? Porque seguramente no hay milagro sin una razón divina o moral ligada a esto. Dudo que haya un mero despliegue de poder en la Biblia. Y aquí permítanme añadir una necesaria observación  sobre la usual noción de un milagro. Los hombres constantemente establecen que esto significa una suspensión de las leyes de la naturaleza. Esto realmente es defectuoso y errado. Las leyes de la naturaleza nunca son suspendidas como una regla; pero Dios retira de la acción de estas leyes ya sea a una cosa o persona a quien Él desea mostrar Su  especial interés.  Por ejemplo, para dar una aplicación de esto por ejemplos tomados  de alguna parte de la palabra de Dios, cuando Pedro fue sustentado y hecho andar sobre las aguas, o cuando se hizo posible que el hierro flotase sobre el agua, las leyes de la naturaleza no fueron realmente suspendidas;  ellas siguieron como siempre. En todas las otras partes los hierros se sumergieron en el agua;  y si otro se hubiese  atrevido a seguir a Pedro, él habría fallado en andar sobre las aguas. De esta manera no era cuestión de suspender las leyes de la naturaleza.  Pero Pedro,  por el directo poder de Dios, fue sustentado, a pesar de estas leyes naturales. Es decir,  él fue  exceptuado de su aplicación; pero las mismas leyes  no fueron suspendidas. Fue justo así en el caso de uno levantado de los muertos antes del día de Jehová (o día del Señor). No hubo cambio en el reino de la muerte como una ley, sino que inequívocamente el poder de Dios interfirió por la persona particular que fue exceptuada de la operación de estas leyes, nada más.  De modo que es un error hablar de suspensión de las mismas leyes. Esta observación se encontrará como siendo de alguna utilidad al enfrentar sofismas que prevalecen sobre el tema.

¿Pero para qué fin Dios intervino en esta ocasión? ¿Por qué esta singular intervención? Esta  fue la más maravillosa  señal de una manifiesta forma, hasta ese momento, del directo interés de un Dios que no solamente era el Dios de Israel, sino evidentemente el Señor de los cielos como también de la tierra; y esto fue exhibido en ese día particularmente para el hombre aquí abajo, pero más especialmente a favor de Israel. Y lo que hace esto más sorprendente fue esto: que este milagro no fue realizado cuando Israel andaba sin equivocaciones.  La gracia era mucho más aparente que cuando ellos estaban cruzando el Jordán. Esto fue en una hora de necesidad, después que ellos hubieron errado y sido derrotados ante la pequeña ciudad de Ai;  y esto fue hecho después que ellos  habían sido completamente engañados por la gran ciudad de Gabaón. Era por tanto evidente que el pueblo de Dios no tenía gran poder o profundidad de sabiduría en lo cual jactarse. Ellos  habían estado más de una vez en falta, pero solamente así porque no habían buscado el consejo de Jehová.  No hay enemigo que pueda resistir, y no hay derrota que pueda tener lugar donde el pueblo de Dios espera en dependencia del Señor. Pero es mejor ser derrotado cuando nos alejamos del Señor, que estar en tales circunstancias obtener la victoria. Si pudiesen obtenerse victorias  a expensas de la dependencia del Señor,  no conozco  que sea posible imaginar una trampa más grande. No, amados hermanos; es lejos mejor ser quebrantado, para sufrir y ser puestos en el polvo, que se nos permita triunfar donde realmente estamos lejos de Dios y sin Su dirección. El alcance moral de este milagro es de este modo claro; y la parte de Dios en esto me parece muy saludable, y presenta necesaria, e importante instrucción para los hijos de Dios ahora.

 

 

W. Kelly

CIENCIA Y  ESCRITURA

John Nelson Darby

Bible Treasury: Volume 12

Las especulaciones de hombres de ciencia

William Kelly

Christian Truth: Volume 18

 

“Y subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes. 10:8 Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos” (Jos.10:7,8) ¿Por qué temerían ellos? Si, ¿por qué no?  “porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti. 10:9 Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal. 10:10 Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, y los hirió con gran mortandad en Gabaón; y los siguió por el camino que sube a Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y Maceda.

10:11 Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada.” (Jos.10:8-11)

“Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel,” (Jos.10:12)

¡Cuán verdaderamente la intervención de ese día es sentida como siendo el acto de Jehová! Él usa a Su pueblo, y fue una cosa bondadosa en cierto sentido que Él lo hiciese; porque Él ahora podía, como en el mar Rojo, hacer todo sin ellos; pero Él emplearía al pueblo  de Dios de acuerdo a la dispensación. Gracias a Dios, tenemos un mejor llamamiento que este,  uno celestial; pero aun así, en su propio lugar es irreverente locura pasar por alto el honor de ser empleado en hacer la obra de Dios entonces, limpiar la tierra de lo que era una ulcera y una plaga para el lugar, no solamente para esa  localidad, sino también para toda la tierra; y tales eran los cananeos.  Si ha de haber un pueblo de Dios, ¿qué otra  forma estaba abierta que barrer la tierra de los corruptos cananeos?  Y de este modo Jehová entonces “entregó a los amorreos ante los hijos de Israel.”

Pero note la belleza de la verdad. Fue a Jehová que habló Josué, no a la criatura; a Él solamente dio él el honor. ¡Cuán admirablemente limpia de toda adoración de la criatura aun cuando la creación puede ser usada maravillosamente!  “y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón.10:13 Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos.” (Jos.10:12,13)

Un memorable día fue este en cada punto de vista, a pesar de cavilación sin duda del infiel, pero el gozo de cada creyente. Admito que los hombres de ciencia tienen sus dificultades, como usualmente las tienen en lo que  está sobre ellos;  y temo que no seremos capaces de ayudarlos mucho. La verdad es que la principal, si, la única cosa que levanta de cada dificultad, es confianza en Dios y en Su palabra. No tratemos de medir a Dios por las dificultades, sino que midamos las dificultades por Dios. ¡Ay!  Esta es la última cosa que el hombre piensa hacer.

Otra  cosa destacable es que en esta  ocasión Josué no solamente se dirige al sol (una cosa bastante osada de hacer, mandar al sol que se detuviese), sino también a la luna. No era la luna la que podría  dar un apreciable aumento de luz cuando el sol de este modo gobernaba el prolongado día. Debe haber habido entonces  algún otro digno motivo de porqué la luna debía ser mandada a detenerse en el mandato de Josué, si, como no tengo la más mínima duda, Josué fue guiado por Dios en tan singular mandato al sol y luna, cuando el poder divino fue ejecutado para detener el aparente curso del sol. Todos sabemos, por supuesto,  que es la tierra la que se mueve; pero la Escritura no habla en el lenguaje técnico de la ciencia, que no solamente habría sido ininteligible para aquellos para quienes esto fue designado, sino innatural en el lenguaje ordinario del más grande de los filósofos. Sir Isaac Newton habló acerca del levantamiento y puesta del sol  como el más simple hombre se  expresaría, y fue completamente justo. El hombre que hace de otra  manera no tiene sentido común.  Aquí entonces  Josué empleó el único lenguaje propio para su propósito. Pero esto no explica su mandato a la luna. No solamente  este no era un conocimiento poseído entonces por judíos o gentiles, pero uno puede dudar si nuestros hombres de ciencia habrían pensado de esto aún ahora; en todo caso nunca se ha sabido nada de ellos. Aun así, si no hubiese habido una acción del poder de Dios con relación a la luna como al sol, todo el curso de la naturaleza habría sido trastornado. ¿Cómo podría Josué, o algún judío que escribió la escritura, haber sabido esto? No hubo ciencia astronómica  por dos mil años después para poder  unir las dos cosas;  y una mera observación del fenómeno ciertamente  se habría contentado únicamente con la luz del sol. Pero así fue. Aquel cuyo poder obró en respuesta al llamado guió su voz y la pluma del escritor del libro. Si pudiese haber habido una interferencia con el sol sin la luna; si el curso de la luna no hubiese sido detenido como también el de la tierra, de manera a dar esta apariencia al sol, habría habido confusión en el sistema. Me parece por tanto que, lejos de que esta sentencia  presente un justo fundamento de duda  contra la palabra de Dios, es un sorprendente ejemplo de una sabiduría y poder incomparablemente sobre la ciencia.  De este modo la fe siempre encuentra en la  Escritura.

Pero hay un comentario más que hacer. Dondequiera que usted escuche a los hombres hablando acerca de ciencia contra la Escrituras, no tenga temor de ellos. No hay un hombre entre ellos que pueda resistir ante usted si solamente se aferra a la palabra de Dios. No dispute con ellos; no hay beneficio moral en esto, y nada de valor puede obtenerse por ello; por el contrario, uno puede tener el espíritu irritado. Pero la palabra de Dios es más aguda que una espada  de doble filo, y únicamente puede ser esgrimida justamente por el Espíritu Santo. Y Dios estará con usted si confía en la perfección de Su palabra, y lo guiará si depende de Él. Observe a los adversarios al rostro, y escuche  todo lo que ellos tienen que decirle; pero confróntelos con la palabra escrita de Dios. Aférrese a la palabra con simplicidad, y encontrará que las dificultades presentadas contra la revelación  se deben casi  siempre a sacar un pasaje de su contexto. Cuando ellos toman este pasaje, ellos tratan de ridiculizar la voz del hombre que mandó al sol y la luna que se detuviesen; considerando que  la verdad moral es sorprendentemente grande y bella. Estos burladores nunca piensan en que se haya  incluido en su mandato a la luna, aun menos de su fuerza,  como ya se ha indicado.

Solamente uso el ejemplo que viene ante nosotros en este pasaje, pero usted encontrará que el principio se aplica a cada parte de la palabra de Dios. Léala como un creyente; léala no como uno que duda o que desconfía de Dios; porque usted ha conocido de ella, se ha alimentado y vivido de ella, también ha sido bendecido, y consolado en cada aflicción  mediante ella, ha sido llevado a tener paz y gozo, y ha sido libertado de todos sus temores por ella, y libertado de locuras y pecados, y ha visto la gloria de Dios en la faz de  Jesucristo por medio de ella. Todo esto y más usted ha encontrado en ella, y de este modo ha aprendido por ella, lo que la ciencia nunca enseña, porque nunca conoce la realidad de la gracia y amor de Dios en Cristo; si, usted de este modo conoce a Dios mismo. ¿No estoy entonces autorizado a decir, amados hermanos, que confíen en la palabra de Dios en los más pequeños detalles, en cada dificultad, dondequiera que ésta se presente? Tómela, mirando a Dios, y él estará con usted en su necesidad.

¿Pero cuál es el principal apoyo de la maravilla que tuvo lugar ese día? Porque seguramente no hay milagro sin una razón divina o moral ligada a esto. Dudo que haya un mero despliegue de poder en la Biblia. Y aquí permítanme añadir una necesaria observación  sobre la usual noción de un milagro. Los hombres constantemente establecen que esto significa una suspensión de las leyes de la naturaleza. Esto realmente es defectuoso y errado. Las leyes de la naturaleza nunca son suspendidas como una regla; pero Dios retira de la acción de estas leyes ya sea a una cosa o persona a quien Él desea mostrar Su  especial interés.  Por ejemplo, para dar una aplicación de esto por ejemplos tomados  de alguna parte de la palabra de Dios, cuando Pedro fue sustentado y hecho andar sobre las aguas, o cuando se hizo posible que el hierro flotase sobre el agua, las leyes de la naturaleza no fueron realmente suspendidas;  ellas siguieron como siempre. En todas las otras partes los hierros se sumergieron en el agua;  y si otro se hubiese  atrevido a seguir a Pedro, él habría fallado en andar sobre las aguas. De esta manera no era cuestión de suspender las leyes de la naturaleza.  Pero Pedro,  por el directo poder de Dios, fue sustentado, a pesar de estas leyes naturales. Es decir,  él fue  exceptuado de su aplicación; pero las mismas leyes  no fueron suspendidas. Fue justo así en el caso de uno levantado de los muertos antes del día de Jehová (o día del Señor). No hubo cambio en el reino de la muerte como una ley, sino que inequívocamente el poder de Dios interfirió por la persona particular que fue exceptuada de la operación de estas leyes, nada más.  De modo que es un error hablar de suspensión de las mismas leyes. Esta observación se encontrará como siendo de alguna utilidad al enfrentar sofismas que prevalecen sobre el tema.

¿Pero para qué fin Dios intervino en esta ocasión? ¿Por qué esta singular intervención? Esta  fue la más maravillosa  señal de una manifiesta forma, hasta ese momento, del directo interés de un Dios que no solamente era el Dios de Israel, sino evidentemente el Señor de los cielos como también de la tierra; y esto fue exhibido en ese día particularmente para el hombre aquí abajo, pero más especialmente a favor de Israel. Y lo que hace esto más sorprendente fue esto: que este milagro no fue realizado cuando Israel andaba sin equivocaciones.  La gracia era mucho más aparente que cuando ellos estaban cruzando el Jordán. Esto fue en una hora de necesidad, después que ellos hubieron errado y sido derrotados ante la pequeña ciudad de Ai;  y esto fue hecho después que ellos  habían sido completamente engañados por la gran ciudad de Gabaón. Era por tanto evidente que el pueblo de Dios no tenía gran poder o profundidad de sabiduría en lo cual jactarse. Ellos  habían estado más de una vez en falta, pero solamente así porque no habían buscado el consejo de Jehová.  No hay enemigo que pueda resistir, y no hay derrota que pueda tener lugar donde el pueblo de Dios espera en dependencia del Señor. Pero es mejor ser derrotado cuando nos alejamos del Señor, que estar en tales circunstancias obtener la victoria. Si pudiesen obtenerse victorias  a expensas de la dependencia del Señor,  no conozco  que sea posible imaginar una trampa más grande. No, amados hermanos; es lejos mejor ser quebrantado, para sufrir y ser puestos en el polvo, que se nos permita triunfar donde realmente estamos lejos de Dios y sin Su dirección. El alcance moral de este milagro es de este modo claro; y la parte de Dios en esto me parece muy saludable, y presenta necesaria, e importante instrucción para los hijos de Dios ahora.

 

 

W. Kelly