INTELIGENCIA SIN CONCIENCIA

 

 

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Con la suma e inteligencia alrededor no vemos una práctica correspondiente; entonces debe haber alguna imperfección en la aceptación de la verdad.

El esfuerzo e incesante anhelo de Satanás en el día actual es exaltar al hombre y poner a un lado a Cristo; y como él es el príncipe del poder del aire, todo está cargado con esta mala influencia, aunque en diferentes formas, en el mundo y la iglesia. En cada edad la verdad que Dios está presionando sobre Su pueblo, y llamando a mantener, es siempre lo que más resiste Satanás. Para oponerse y estorbar la aceptación de Cristo es el intento del adversario en este día; la oposición en su carácter es simplemente anticristo. Dios ha establecido a Cristo, al Hombre de Dios, a Su propia diestra, y como resucitado. Y Él es superior a todo el poder de Satanás, bajo el cual el primer Adán aún está; y entonces, como Último Adán es reconocido y mantenido, todo poder de Satanás es desterrado e ignorado. Entonces Satanás debe violentamente oponerse al mantenimiento de una verdad que lo despoja completamente de su poder e influencia; y donde él no puede tener éxito, es decir, negar plenamente, él lo calificará.

El cuerpo y mente del hombre son usados por Satanás para estorbar la verdad y la obra de Dios, y en diferentes formas. En un momento la espada será el instrumento de violencia; en otro, es el pensamiento y sus sutilidades. Esto último es más peligroso, porque puedo sufrir esto inconscientemente; y esto es fatal, simplemente porque la mente natural no comprende las cosas del Espíritu de Dios; porque si algún sujeto o punto está dentro de la comprensión de la mente natural, este debe estar bajo la idea divina, esto debe estar limitado a mi propia medida. El santo tiene la mente de Cristo, él comprende las cosas de Dios por el Espíritu de Dios; pero entonces su intelecto natural no debe especular sobre ello, este es usado para explicar lo que ha sido desplegado y enseñado en la palabra. Este no debe sugerir, solo puede repetir, y mientras más verdaderamente el intelecto natural esté bajo el control del Espíritu de Dios, más perfectamente será un buen siervo al repetir lo que el Espíritu ha enseñado en la palabra de Dios.

Es fácil detectar la obra de la mente natural en un cristiano, porque esto debe siempre hacer al hombre su objeto y no a Dios. Este no puede levantarse a Dios, este puede parecer aceptar de Dios, pero siempre limitará todo al hombre. Uno difícilmente necesita detenerse sobre esto; ya que es evidente, porque la mente del hombre no puede ir más allá de sí misma; el pensamiento de Cristo es de la medida de Dios, y entonces de Dios, Él siendo el más grande, es necesariamente prominente. El pensamiento del hombre no puede levantarse más allá de lo humano; y si alguna cosa es más grande que su pensamiento fuese contribuido, él debe recibir un pensamiento igual a la verdad comunicada, o para admitirla, debe reducirla a su mente natural, y esta es la causa de aparente inteligencia sin conciencia.

Mientras más la mente humana es ejercitada, más desea esta que se le supla material sobre el cual trabajar. Su apetito aumenta por el ejercicio, y como la mala influencia está en el mismo aire, los santos deben estar en guardia, para no ser entrampados por alimentar sus mentes naturales con las verdades de Dios. En una forma, no hay verdad que la mente natural no intente aceptar, y la imperfección de la aceptación se delatará por una defectuosa practica; la conciencia no será afectada por ella. La verdad, como he declarado, es aceptada con relación a uno mismo, y con relación al beneficio que ésta confiere sobre uno; pero su relación con Dios es dejada fuera. Cuando la mente del hombre comienza a pensar acerca de la verdad, ésta necesariamente la limita al hombre; y entonces, si escucho o leo de los propósitos de Dios hacia los santos, en la cual se muestran los grandes y maravillosos favores para ellos, puedo apropiarme y gozarme en ellas; pero si hago así en mi mente natural, no me conecto a mí mismo con Dios en y a través de ellas , y por tanto con la inteligencia no hay conciencia, es decir, no aumento del sentido de lo que es debido a Dios de parte de uno tan elevadamente favorecido por Él.

Es para el beneficio propio, y no en relación con Dios, que el intelecto natural se detiene; y en este logro intelectual hay poca o ninguna conciencia, o sentido de la relación en la cual Dios me ha puesto con Él mismo. En resumen, esto es intelectual y no espiritual. Yo puedo valorar un privilegio por lo que ella me confiere, pero no debido al lugar en el cual ésta me ha establecido con Dios; de manera que cuando acepto privilegios en la mente natural, limito el beneficio a mí mismo, y ellas no imponen mayor demanda sobre mí de andar como Cristo. No hay práctica, aunque hay aceptación del lugar o fundamento de privilegio. Lot estuvo en Canaán tanto como Abraham, pero su mente natural está obrando, y él pensó solo de sí mismo al estar allí, y no del llamado de Dios, y la demanda que el llamado le impone si ésta es sostenida en dependencia de Dios; y entonces, lamentablemente, un hombre privilegiado en práctica es tan malo, si no peor, que el mundano.

Jacob retorna a Canaán (Gén.33); y después que él hubo recibido el nombre de Israel en Peniel, él permite que su propia mente obre. Él organiza por sí mismo, y busca un lugar de descanso para sí donde él fue llamado a ser un peregrino y extranjero; y el nombre de su altar, El, elohe, Israel, delata el egoísmo de su corazón en sus pensamientos de Dios; y ante el mundo, en lugar de ser un testigo de Dios, es como Pedro en casa del sumo sacerdote, es decir, un reproche.

Estando en el lugar de privilegio, o aceptando la verdad que confiere tal privilegio, no es una salvaguarda contra la acción de la mente natural; y si ésta obra, solo se piensa en sí mismo y Dios es dejado fuera; y aunque grande la inteligencia y la posición, no puede haber práctica. Dos personas como Orfa y Rut pueden recibir la verdad en las formas más contrarias; una, es la mente natural, que solo piensa en sí misma en conexión con esto; pero la otra, en el Espíritu, piensa en Dios, y en Él abarca todo. Los espías que examinaron la tierra fueron al mismo lugar, y vieron las mismas cosas; y aun así después diez de ellos, viéndolas en una forma natural, es decir, con referencia al hombre, solo desanimaron al pueblo; mientras Caleb y Josué, que vieron las cosas con el ojo del Espíritu, juzgaron las cosas con relación a Dios, y actuaron para Dios, y de acuerdo a Su palabra. De esta manera vemos que las mismas verdades pueden producir efectos contrarios. Saúl y Jonatán reciben al mismo David y conocieron su obra, pero cada uno en una forma completamente diferente; y probablemente cada uno habría dado un verbatim el mismo relato de lo que David había hecho; pero de sí mismos, y con relación a sí mismos, ellos pensaron muy diferentemente. Saúl quería retenerlo en su casa; pero Jonatán piensa de él, y se despoja a sí mismo para hacer tanto como pudiese de David. Es lo mismo con el fariseo de Lc.7, quien recibió al Señor en su casa; pero la mujer, la pecadora en la misma casa, manifestó al fariseo cuán lejos más allá de la percepción humana ella lo consideraba, y que Él era para ella un objeto que la eclipsaba completamente; y esto ella lo reconoce en la más practica forma.

En este día existe una gran suma de inteligencia acerca de la verdad, sin una correspondiente práctica, o testimonio a Cristo y Su dignidad. Si privilegio u oposición es todo con referencia a mí mismo, entonces la aceptación de la verdad no trae sobre mi sacrificio, y esto conviene a la mente natural; pero si, por el contrario, cada privilegio me pone en mayor asociación con Dios, cuando la verdad es aceptada espiritualmente, ciertamente sacrificio acompañará al privilegio; es decir, habría entonces clara y absoluta renunciación de todo lo que no honra a Dios, y expresión de Cristo, en acuerdo con el lugar en el cual Él nos ha puesto.

Cada verdad espiritualmente aceptada nos acerca a Dios; y mientras más cerca estemos de Él, más profundo será el sentido de lo que le es debido; y de este modo habrá conciencia en proporción a nuestra inteligencia. Pero si la inteligencia es usada para exaltarme a mí mismo, es decir, si soy entrampado por la mente natural a pensar solo de mí mismo en conexión con una verdad, entonces, aunque puede haber un gran conocimiento de la verdad históricamente, no habrá poder de esta, ni crecimiento en conformidad a Cristo, porque ella no ha sido recibida en relación con Cristo, sino solo a mí mismo. Y este limitarla a mí mismo me reduce, como a Lot y Jacob, al nivel del mundo o peor; y aunque haya una aparente inteligencia, no hay práctica. Cuando la conciencia está en proporción a la inteligencia, conocemos a Dios, y vemos espiritualmente lo que conviene a Dios; y Él en Su amor ordena que lo que le conviene a Él sea más para nuestro beneficio y bendición.

Puedan las almas ser advertidas contra la trampa del intelecto en este día, y puedan ella, con celo piadoso, velar y ver que cada verdad los conecte con Cristo, para ser más y más semejantes a Él.