EL GRAN ENIGMA

O

La Teoría de la Generación Espontánea

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El maravilloso universo con sus incontables estrellas y distantes nébulas, la tierra sobre la cual mora el hombre, la creación animada e inanimada, la misma vida, y, sobre todo, la existencia y el destino humano, todo esto es un gran enigma. Por miles de años miembros de la raza, dotados con la facultad del razonamiento, la capacidad de investigar y explorar, han levantado ciertas cuestiones. Algunas respuestas han sido encontradas, aun así, las cuestiones más vitales no han sido respondidas en el pasado, y a pesar de la jactancia de ciertos científicos, estas permanecen sin respuesta hoy.

 

¿Cuál es el origen de este casi infinito espacio que llamamos universo? ¿Cómo vino todo a la existencia? ¿Cómo se originaron las leyes que gobiernan y mantienen los diferentes sistemas solares con una asombrosa precisión, perfecta e infalible? ¿Es nuestra tierra el único planeta sobre el cual la vida está floreciendo? ¿Cómo se originó la vida sobre nuestro globo? ¿Cuál es el futuro para la tierra? ¿Qué está sucediendo en estos cielos tan profundos y misteriosos? ¿Qué está en existencia más allá del punto alcanzado por los más poderosos telescopios? Estas son unas pocas de las muchas preguntas que han vencido los esfuerzos científicos y que constituyen el gran enigma. Hay abundancia de teorías que intentan y proponen una solución. Muchas veces ciertos científicos presumidos han anunciado triunfantemente sus descubrimientos, asumiendo que al menos una parte ha sido resuelta. Pero pronto después de sus hallazgos, otros científicos, por medio de su investigación, han probado la supuesta solución incorrecta y otra hipótesis que ha explotado ha sido sepultada en el siempre creciente cementerio de las teorías científicas.

 

La ciencia humana, ¿qué es esta? Dejamos toda esta respuesta con bien escogidas palabras. “ Esta es, como sabemos demasiado bien, un edificio compuesto de luz y tinieblas, de verdad y error, de humilde investigación y arrogante dogmatismo, de osadas hipótesis y teorías claramente demostradas, de millones y billones de pensamientos, de lo innato y adquirido, de sí y no, de sueños acerca del pasado y del futuro, de inflexible prosa y altisonante poesía; un edificio que está continuamente siendo edificado, lenta, rápidamente, y en constante necesidad de reparaciones, siempre creciendo, pero nunca completado.”

 

¡Qué cosas absurdas se han enseñado y están siendo enseñadas por estos científicos que ridiculizan la fe de los cristianos, que ponen a un lado la revelación de Dios que se encuentra en Su palabra, y que arrogantemente asumen que directa Creación de acuerdo con las Santas Escrituras es increíble! Sus teorías hacen la más grande demanda sobre la credulidad humana.

 

Mencionamos solo una todavía abogada por un número de científicos. Ellos dicen que las formas más simples de vida fueron llevadas a través del espacio por pequeñas partículas recogidas de alguna manera inexplicable. Estas partículas contenían los gérmenes de la vida que fueron transportados por meteoritos a nuestro globo. Esto explica la existencia de toda vida que se encuentra sobre nuestra tierra, en una gota de agua, o en las insondables profundidades del mar, la vida animal en miles sobre miles de variedades, y también de la vida humana. Pero un meteorito corriendo a través del espacio viene a ser un fuego, una masa al rojo vivo. ¿Cómo entonces podría una pequeña mota de vida haber sobrevivido a tan intenso calor? solo un milagro puede explicar tal sobrevivencia. Y dígannos, oh científicos, ¿de dónde vinieron estas partículas de polvo, transportando los gérmenes de la vida? la negación de un Creador omnipotente postula la autogeneración de estas partículas de polvo. Otro increíble milagro.

 

Como esta no es una obra tratando con las diferentes teorías de la ciencia y la seudo-ciencia, avaladas por el modernismo de la estampa religiosa, teorías que son parte de las diferentes formas del ateísmo, no citamos otras igualmente supuestas asunciones que no llegan cerca de la solución de este gran enigma.

 

Aun así, una cosa necesita decirse, todas estas teorías tienen una tendencia común. Estas sostienen una generación espontánea. La materia muerta, dicen ellos, estuvo siempre existiendo, entonces esta debe ser eterna. Ellos no creen en la existencia de un Ser eterno, Dios, pero creen en la eternidad de la materia, llaman a este protoplasma o por algún otro nombre, esta materia muerta fue vivificada por una ley natural. La vida fue de este modo llamada a la existencia por generación espontánea gradualmente formándose a sí misma en multiformes y maravillosas expresiones, culminando en los seres de la raza humana. Por tanto, no solo la materia se ha hecho a sí misma, sino también la ley natural es auto-existente; se desarrolló a sí misma, y se dotó a si misma sin ninguna influencia exterior, con super inteligencia, produciendo todas las maravillosas cosas en la naturaleza, cosas tan grandes que el hombre es incapaz de comprenderlas. Ofrecer una solución al enigma de la vida, a través de leyes que se han hecho a sí mismas, vacías de libre voluntad, es un gran insulto a la inteligencia de algún ser humano. La naturaleza revela por todas partes asombrosos designios. Sobre cien años atrás el Dr. Paley escribió su “Teología Natural” en la cual este gran estudioso desvela las maravillas del cuerpo humano y algunos de sus delicados órganos semejante al ojo, el oído, y al mismo tiempo trazando otros igualmente asombrosos designios en otras esferas de la vida. Sus argumentos demuelen toda la infiel teoría del azar y leyes ciegas. ¡Qué bendición sería si esta obra maestra pudiese ser republicada y puestas en manos de nuestra juventud, para salvarlos de la Alta Escuela y Colegios de loros de secundaria y universitarios, que todavía balbucean sobre teorías que han explotado largo tiempo atrás!

 

Louis Agassiz, el gran científico, comenzó como un ateo. Después de progresar en su investigación científica, vino a ser profundamente convencido de que su ateísmo era una miserable, y mentirosa invención. El estudio de la naturaleza lo guio a la naturaleza de Dios y vino a ser un creyente y un ferviente adorador. Tampoco es él el único científico eminente que ha reconocido la superioridad del conocimiento sobrenatural ofrecido al hombre en la Biblia. Hay muchos otros. Una de las más nobles palabras mencionadas por el gran científico Lord Kelvin, son, “Somos absolutamente forzados por la ciencia a creer con perfecta confianza en un Poder Directriz, en una influencia aparte de la física o dinámica o de las fuerzas eléctricas.” Y ahora, después de lo que ciertos infieles han dicho por varias décadas acerca de la generación espontánea y de estas misteriosas leyes de la naturaleza, los principales científicos de nuestros tiempos casi al unísono están de acuerdo en que la regla de ciega ley no puede ser más mantenida.

 

El Dr. Fitchett, en sus lecturas “La Irrealizada Lógica de la religión” dice: “sería fácil creer que, lo que se dice en ‘El Paraíso Perdido’ de Milton, fue creado en su majestuosa marcha de silabas equilibradas por un simio antropoide, o que las letras que componen este han volado juntas en un torbellino, de manera a creer que el universo visible a nuestro alrededor, edificado sobre leyes matemáticas, unido por un millón de correspondencias, y con millares de señales de un designio, es la creación de alguna fuerza sin pensamiento.” Y el finado Francis Bowen de Boston, Massachusetts, un gran pensador, nos ha dejado la siguiente declaración, “he estudiado plenamente mucho de lo que la filosofía de estos tiempos modernos, y la ciencia de nuestro día, asumen enseñar. Y el resultado es, que estoy ahora más firmemente convencido que nunca, que lo que justamente se ha llamado ‘la Filosofía de la Suciedad’ del materialismo y fatalismo no tiene base y es falsa, acepto con indudable convicción la creencia y doctrina de un ser, de un Dios personal, el Creador y Gobernador del mundo, y de un Señor Jesucristo, en quien mora la plenitud de la Deidad corporalmente; y no he encontrado nada en la literatura de la infidelidad moderna, que, a mi juicio, arroje la más mínima duda sobre esa creencia.”

 

Uno de los más grandes materialistas del siglo 19 fue Ernest Haeckel. Un ardiente defensor de la hipótesis de la generación espontánea expresó una sentencia que es de mucho significado. Él dijo: “si no aceptamos la hipótesis de la generación espontánea debemos recurrir al milagro de una creación sobrenatural”. En otras palabras, cuando la teoría de la generación espontánea es desaprobada, la única alternativa es creación directa. No mucho tiempo atrás se estaba diciendo por ciertos jactanciosos científicos que ellos estaban en la elevada ruta de producir vida artificialmente. Entre estos había cierto profesor Loeb. Él trató de producir células vivas de alguna materia viscosa. No escuchamos más de tal loco intento, porque verdaderos científicos conocen la verdad, “Omme vivum ex vivo”, “toda vida de la vida.” Pasteur y Tyndall han dado un golpe de muerte a la invención de la generación espontánea. Y todos los materialistas debiesen meditar sobre una de las últimas sentencias del famoso Lord Kelvin: “Es imposible concebir ya sea el comienzo o continuidad de la vida sin un poder creativo. Estoy profundamente convencido que el argumento de designio ha sido grandemente perdido de vista en las recientes especulaciones zoológicas. Abrumadoras y fuertes pruebas de designio inteligente y benévolo están a nuestro alrededor, mostrándonos a través de la naturaleza la influencia de una libre voluntad, y enseñándonos que todas las cosas vivientes dependen de un eterno Creador y Gobernador.”

 

Científico tras científico han expresado su opinión de que la generación espontánea no puede ser probada y no es nada más que un mito. El profesor Conn, en su “Evolución de Hoy” pág. 26) dice, “no existe la más mínima evidencia de que la materia viva pudiese haberse levantado de materia muerta. La generación espontánea ha sido universalmente abandonada.” Y años antes, otro eminente investigador, M. de Quatrefages alcanzó las siguientes conclusiones, “afirmo firmemente que mientras más profundamente la ciencia penetre en los secretos de la organización y los fenómenos, más ella demostrará cuán amplio y profundo es el abismo que separa a la materia bruta de las cosas vivas.” En vista a tales declaraciones de verdaderos científicos, las palabras de H.G. Wells, en su “Ciencia de la Vida”, parecen pueriles: “Como materia de historia, la vida sobre este planeta no se originó de la vida.” Pero cuan significativas son las palabras del colaborador de Charles Darwin, Alfred Russell Wallace. “tan maravillosos y variados son los fenómenos presentados por las cosas vivientes, tan completamente sus poderes trascienden a aquellos de otras formas de materia sujeta a leyes mecánicas, físicas, o químicas, que los biólogos se han esforzado vanamente en encontrar cual es el fondo de su extraña manifestación y presentar definiciones precisas, en términos de ciencia física, de lo que es realmente la vida.” Thales, 600 años antes de Cristo, expresó su creencia de que toda vida se originó en el mar. Los materialistas han recorrido la misma ruta y ahora, más de 2500 años después, no están más cerca de la solución del origen de la vida. La evolución Darwiniana está muerta, es una cosa del pasado, y todas las otras teorías materialistas están sobre sus lechos de muerte. Hombres de verdadera erudición reconocen rápidamente que el enigma del comienzo de la vida permanece no resuelto. Ellos admiten muy francamente que la generación espontánea permanece, y permanecerá siempre, como una teoría no probada.

 

Escuchemos justo a unos pocos de ellos. El profesor William Bateson de Cambridge, uno de los más grandes biólogos, dice: “es imposible para los científicos concordar con la teoría de Darwin acerca del origen de las especies.”

 

El Dr. W.H. Thompson, anterior presidente de la Academia de Medicina de New York, declaró. “La teoría Darwiniana es ahora rechazada por la mayoría de los biólogos como absurdamente inadecuada.”

 

El Dr. Etheridge del Museo Británico, la principal autoridad sobre fósiles dice: “Nueve partes de diez del hablar de los evolucionistas es puro sin sentido, no fundamentado sobre la observación, y completamente no apoyado por los hechos. Este museo está lleno de pruebas de la absoluta falsedad de sus vistas.”

 

Aquí están las palabras del profesor Beale de King´s College, Londres. “En apoyo de todas las conjeturas naturalistas concernientes al origen del hombre, no hay en este tiempo una sombra de evidencia científica.”

 

Y Herbert Spencer, un prominente evolucionista, hizo la fatal admisión que, “Ningún científico de reputación jamás demandó que la evolución es ciencia. Esta es solo una hipótesis no probada.”

 

El profesor Huxley dijo. “La evolución, si consistentemente creída, hace imposible creer en la Biblia.” Y el profesor Drummond, que era un profesado cristiano y quien había sido desviado por la evolución, antes de morir declaró: “estoy volviendo al Libro para creer y recibir esto, como lo hice al principio. No puedo más vivir sobre incertidumbres.”

 

El profesor Virchow, que fue uno de los principales médicos y científicos, dijo, “Todo esto no tiene sentido. No puede probarse por la ciencia que el hombre desciende del mono o de algún otro animal. Desde el anuncio de la teoría, todo verdadero científico conoce que ha procedido de la dirección opuesta.”

 

Otro inglés. Sir Charles Bell de Londres, hizo la declaración: “Todo declara que las especies tienen su origen en una clara creación.”

 

Un eminente zoólogo alemán, el profesor Fleischmann de Erlangen, añade su testimonio diciendo, “la teoría Darwiniana de descenso no tiene en la esfera de la naturaleza un solo hecho que confirmar. Esta no es el resultado de la investigación científica, sino puramente un producto de la imaginación.”

 

Realizamos que pocos científicos hoy, aunque evolucionistas muchos de ellos, no son más Darwinianos. El punto es que las cinco causas de la evolución de Darwin, la sobrevivencia del más fuerte, la herencia, variaciones, luchas por la existencia y la selección natural, son admitidas por hombres como Bateson y otros como siendo imposibles como causas de evolución. Aun así, a pesar de que el Darwinismo está muerto, la evolución persiste. Muchos principales biólogos confiesan su total ignorancia en cuanto a la causa de la evolución, aun así, todavía ellos creen en esto.

 

Por tanto hemos dicho: “Darwinismo está muerto y todas las otras teorías materialistas están en sus lechos de muerte.” aun así, a pesar de estos hechos, y las crecientes demostraciones de que el Darwinismo y la generación espontánea no son científicos, totalmente no probadas, los maestros de universidades y profesores de colegio, hombres y mujeres, continúan enseñando a los jóvenes las mentiras y engaños del Darwinismo, pavimentando el camino para nuestros jóvenes que guía al ateísmo, radicalismo y anarquía inmoral. Las palabras nos fallan cuando pensamos en los así llamados “clérigos” que se presentan como “líderes cristianos”, que han violado sus votos de ordenación y que hacen resonar estas mentiras como hechos científicos. Si ellos tuviesen una gota de sangre honesta en sus venas ellos abandonarían la profesión cristiana, y desconocerían su afiliación con denominaciones evangélicas y aceptarían la invitación de “Libres pensadores” y “ateos” para unir sus manos con ellos en su intento por destruir la verdad de Dios.

 

Considerando que, como la generación espontánea está muerta y se ha ido, una teoría que ha explotado (como dijo Ernst Haeckel), creación sobrenatural permanece como la única otra alternativa. ¿Pero quién va a darnos luz y comprensión en cuanto a la creación sobrenatural? ¿Quién va a responder satisfactoriamente a la pregunta de las edades en cuanto al origen de todas las cosas? Es verdad que la generación espontánea es inadmisible e imposible y provee indirectamente la prueba de una creación directa. Pero esto no es satisfactorio. Necesitamos algo más positivo. ¿Puede esto ser obtenido por más investigación, por más poderosos microscopios y telescopios? ¿Es el hombre, solo por investigación, capaz de resolver el gran enigma? ¿O existe otro canal a través del cual el necesario conocimiento, el conocimiento que la ciencia es incapaz de conceder sobre nosotros, puede ser obtenido?

 

Sin un momento de duda respondemos esta respuesta afirmativamente. La raza humana tiene a su disposición un conocimiento sobrenatural dado de una forma sobrenatural. Este conocimiento que ofrece al hombre la Verdad es positivo, inmutable, no afectado por las cambiantes cosas del tiempo. Este es un conocimiento que trasciende la razón humana, un conocimiento que es ofrecido al hombre para creer. El conocimiento científico es solo deducción y como tal nada sino arenas movedizas. Pero este es un conocimiento más elevado que no es obtenido por deducciones del razonamiento, sino por la aceptación de la fe. Bien dijo Emanuel Geibel. “el fin de la filosofía es conocer lo que debemos creer.”

 

¿Pero quién tiene super conocimiento para ofrecer? ¿De dónde viene este? El conocimiento que trae al hombre la Verdad y la solución al gran enigma viene del Todopoderoso Creador, de Dios mismo. Esta es la revelación del conocimiento divino. De acuerdo con David el ilustre rey de Israel es solo el necio que dice “No hay Dios” (Sal. 14:1). Esto fue escrito por David tres mil años atrás. Aun en ese tiempo vivían hombres que tenían la mente pervertida e intentaban negar la existencia de un Ser por quien todas las cosas vistas habían sido hechas. El rey que vivió una vida llena con las evidencias de que Dios es, que tuvo comunión con Él, recibió mensajes por Su Espíritu, fue guiado y preservado por Él, caracteriza al ateo como un necio. Creencia en Dios, como el autor lo ha mostrado en otro volumen, es un hecho universal en la raza humana. Politeísmo, fetichismo, animismo, y otras formas de paganismo, tienen por base creencia en lo invisible y en seres sobrenaturales. Tampoco es el politeísmo (la adoración de muchos ídolos) la forma original de adoración, que, de acuerdo con la evolución, el hombre adoptó cuando él salió de su ancestro animal. ¡Lejos de eso! los más esforzados estudiosos antropólogos han manifestado que el monoteísmo, la creencia en un Dios, fue la creencia de la raza humana en un tiempo. Ellos conocieron a Dios, el Creador del cielo y la tierra, al comienzo. El ateo es contra natural; él cree en su propia conciencia. Ateísmo es una obsesión mental, una perversión mental; y niega lo que los demonios no pueden negar. “Tú crees que hay un Dios; haces bien, los demonios también creen y tiemblan” (Stgo.2:19). No es un cumplido para nuestra civilización cuando hombres y mujeres, cultos o no, educados o ignorantes, se vuelven al ateísmo. No es progreso sino una de las prominentes evidencias de degeneración.

 

Un Dios, que creó todas las cosas, de quien el hombre es linaje, demanda una revelación.

 

El hombre no puede conocer por sí mismo a Dios. Dios debe descender al hombre y revelarse a Su criatura. “no puedes por buscar encontrar a Dios” (Job 11:7)

 

Que Dios se ha revelado a Si mismo en Su creación es un hecho indisputable. “Los cielos declaran tu gloria y el firmamento anuncia la obra de Tus manos.” (Sal. 19:1-2). “las cosas invisibles de Él desde la creación del mundo se ven claramente, siendo comprendidas por las cosas que han sido hechas, su eterno poder y Deidad” (Rom. 1.20). Toda la naturaleza da testimonio de la existencia de un Dios Todopoderoso, que ha manifestado Su Omnipotencia y Sabiduría por todas partes. Los más grandes científicos no son materialistas, ateos, sino hombres que han creído en Dios, porque ellos han descubierto Sus huellas en la creación. Copérnico, el fundador del gran sistema que hizo su nombre inmortal, fue un hombre piadoso. Él pidió que se pusiese sobre su tumba: “lo que has concedido al ladrón moribundo es todo lo que pido”. Kepler, un igualmente gran astrónomo, cuyos descubrimientos son tan grandes como los de Newton, concluyó su más importante obra con estas palabras: “gracias a ti Señor, Creador, que me has dado este gozo en Tu creación, esta delicia en las obras de Tus manos. He proclamado la gloria de Tus obras al hombre en la medida que mi mente finita ha sido capaz de comprender Tu infinidad. Si he dicho algo indigno de Ti, o si he buscado mi propio honor, perdóname.” Sir Isaac Newton, cuyos descubrimientos no son sobrepasados, a pesar de las demandas de ciertos infieles, fue un diligente estudiante de la Biblia y un firme creyente en sus infalibles verdades. Linneaus, el más grande naturalista de todos los tiempos, cuando descubrió la inflorescencia, clamó con gran delicia: “he visto las huellas de Dios.” William Hershel, otro gran astrónomo, dijo: “mientras más amplio el campo en el cual la ciencia se extiende, más numerosas e indisputables vienen a ser las pruebas de la eterna existencia de una sabiduría creativa y todopoderosa.” Leibnitz, uno de los más poderosos pensadores, fue un creyente, el autor del bello himno: “Jesús, cuya muerte y sufrimiento nos han traído vida y gozo.” Uno de los más grandes químicos fue Liebig. Él sin reservas y con pleno gozo confesó su fe en Dios y dijo. “el principal valor y gloria de la ciencia es que promueve el verdadero cristianismo.”

 

Entre los más recientes astrónomos, Maedler tiene un elevado rango. Él hizo la declaración: “Un verdadero estudiante de la naturaleza no puede ser un incrédulo; la ley natural y la ley de Dios son una y la misma.” Similares confesiones han salido de los labios de Faraday, Robert Mayer, Agassiz, Pasteur, Lavoisier, Cuvier y muchos otros.

 

Citamos a uno más, que es creemos el más grande científico americano vivo el profesor R.A. Millikan de California. Él escribe en su “Ciencia y Vida.” (pág.56): “me parece obvio que cada hombre que está suficientemente en sus sentidos para reconocer su propia incapacidad para comprender el problema de la existencia, para comprender desde dónde vino él mismo y hasta dónde él está yendo debe en la misma admisión de esa ignorancia y finitud reconocer la existencia de Algo, un Poder, un Ser en quien y la causa de que él mismo vive y se mueve tiene su ser. Ese Poder, ese Algo, esa Existencia, la llamamos Dios.”

 

Tenemos también las palabras del profesor Shepardson, un ingeniero eléctrico internacional de reputación que dice: “la evidencia obtenible del estudio del fenómeno natural nos da confianza en concluir que un Ser supremo existe, que Él es profundamente inteligente, que Él planeó y construyó y gobierna el universo, y que Él estimula a aquellos a buscar aprender de Sus obras y designios.”

 

Pero existe una fuente más elevada de la cual este conocimiento brota. Dios se ha revelado en y a través de Su Palabra. Mientras la creación lo revela en Su omnipotencia, sabiduría, y toda creación hacen conocer Su gloria, el gran enigma no es resuelto por estas cosas.

 

Cuando Walter Scott, el bien conocido novelista y poeta, se estaba acercando al fin de su vida, pidió a su yerno que le trajese el libro. Este preguntó, “¿qué libro?” sir Walter Scott respondió: “hay solo un Libro, la Biblia.”

 

Incontables de miles han encontrado que cuando se han acercado a la muerte hay solo un Libro. Ese Libro es justamente llamado “el Libro de los Libros.” No tenemos tiempo ni espacio para ocuparnos con la refutación de los pervertidos ataques que presentan hoy los ateos y libres pensadores contra el Libro. Tampoco damos atención a los más sutiles ataques que son amplios en la misma cristiandad, bajo el nombre de Alta Critica. El ateo apuñala abierta y osadamente la Biblia con su daga, los bautizados infieles en las diferentes denominaciones evangélicas traicionan la Biblia con el beso de Judas.

 

Frecuentemente el escritor ha sido preguntado por una razón sustancial de su inflexible fe en este Libro como siendo la infalible revelación de Dios, en que las cosas incognoscibles por la investigación científica son dadas a conocer. La respuesta que él da es esta, la Biblia misma. Hemos leído y estudiado este Libro por sobre sesenta años. Con muchos millones de seres humanos, entre ellos los más nobles del más elevado intelecto, nosotros, también, hemos encontrado que este Libro contiene en sus benditas páginas las palabras de vida eterna y trae a la mente y corazón el conocimiento que satisface y da seguridad. Mientras más este Gran Libro sea leído y estudiado más crecerá la convicción que esta no es una fraseología humana vacía, sin significado que los escogidos instrumentos, que produjeron sus páginas, escribieron miles de veces: “Así dice el Señor,” y “la palabra del Señor vino a mí,” y otra vez, “el Señor me dijo.” Mientras más uno se vuelve en espíritu de reverencia a este libro, más fuerte viene a ser la convicción de que el Libro es “inspirado por Dios.”

 

Los santos hombres de Dios escribieron como fueron movidos y controlados por el omnisciente Espíritu de Dios. Los sesenta y seis libros que componen la Biblia fueron escritos por hombres bajo diferentes circunstancias, aun así, ellos presentan una unidad sobrenatural, que solo puede ser obtenida por un sobrenatural Autor. Podemos compararlo a una magnifica estructura descansando sobre una inconmovible roca. Mientras entramos al portal y exploramos el distante pasado y ante nosotros se extiende el panorama del futuro, hasta que alcanzamos la piedra arquitectónica, la final gran revelación, por la cual vemos el destino humano en las interminables edades de la eternidad.

 

El verdadero científico, no aquel con un conocimiento superficial, ve las huellas de Dios en toda creación. En un sentido más elevado el verdadero estudiante de la Biblia puede trazar las huellas de Dios en toda historia, aprender de esta lo que es Dios, encontrar allí Sus majestuosos e infinitos atributos. Él es visto en Su Omnipotencia, como el Eterno, en Su Omnisciencia, en Su Omnipresencia; Él es Luz, Santidad y Justicia, Él es Amor, todo misericordioso, el Dios de Misericordia y Gracia. Esta es la gloria sin igual del Libro, Dios, Revelación. La razón humana no puede comprenderlo; lo finito jamás puede elevarse hasta lo infinito. La fe lo acepta y encuentra en el conocimiento de Él la ayuda, consuelo, gozo y paz, que ninguna ciencia es capaz de dar.

 

Pero la Biblia también revela el origen del hombre, resuelve el enigma de la existencia humana y da a conocer el destino humano. Aquí recibimos el conocimiento de que el hombre no es como las bestias que mueren, que no ha evolucionado de una bestia, sino que es un ser que ha sido creado en una clase especial. En él está el aliento del todopoderoso, él posee un ser interminable. Entre el más bajo hombre y la más elevada bestia desarrollada hay un abismo que no puede ser traspasado. Todos los intentos por encontrar eslabones perdidos son vanos. ¿Cómo puede encontrar uno una cosa que no existe?

 

Y este Libro con su super conocimiento, con su solución del gran acertijo, es odiado y despreciado hoy como nunca. Aun así, a pesar de todo el odio, de todos los perniciosos ataques para destruir el Libro, o debilitar su autoridad, el viejo Libro permanece. Este continuará y seguirá representando a Dios y Su palabra que son uno. De manera que las turbulentas olas del ateísmo, modernismo y otras formas de infidelidad se romperán con creciente fuerza contra la Roca de las Edades. Las olas arrojarán su barro y polvo, solo para ser hechas pedazos. La Roca permanecerá.

 

 Inexpresablemente majestuoso es su comienzo. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” Esta sola sentencia, compuesta en hebreo con siete palabras silencia para siempre las inventadas teorías y aniquila las falsas invenciones religiosas con que el hombre trata de satisfacer su instinto religioso.

 

Aquí está la respuesta final y completa al materialismo y la generación espontánea. Las diferentes formas de agnosticismo son refutadas; el ateísmo es visto como mentira, y politeísmo y panteísmo es barrido por estas siete palabras.

 

Se acusa a la Biblia de establecer que la creación ha tenido lugar unos seis mil años atrás. La Biblia no hace tal demanda. La fecha puesta sobre el primer verso de la Biblia en algunas ediciones, 4004 A.D.C., es puesta por el hombre. Esta no es parte del texto inspirado. La edad de la tierra física no es revelada en la palabra de Dios y la ciencia solo presenta las conjeturas más salvajes. Quizás la razón por la cual esto no es revelado en la Biblia es que ninguna figura humana podría expresar la edad de nuestro globo.

 

¿Pero cuál es el significado del segundo verso de Génesis donde leemos que la tierra estaba sin forma y vacía, o como debiese traducirse, desordenada y vacía? la geología nos presenta una interesante información en conexión con este misterioso caos. Esta revela el hecho que originalmente esta tierra existió en una forma diferente de la que tiene hoy. Esta una vez sustentó una gigantesca creación animal y una igualmente gigantesca vegetación. Algo sucedió a esta tierra prehistórica. Esta fue sumergida en muerte y destrucción; un gran cataclismo tuvo lugar. Esta permaneció en esa condición por un incalculable periodo de tiempo durante el cual la tierra estuvo sumergida en agua y probablemente cubierta con hielo. ¿Qué ocurrió a la tierra original? ¿Por qué el Creador permitió que esta cayese en la noche de muerte?

 

En nuestro próximo capítulo tocaremos brevemente sobre la posible solución de este misterio del relato de la creación podemos aprender que Dios en su propio tiempo, y eso fue solo recientemente, disipó las tinieblas por medio de la luz, y mandó que la luz brillara en medio de las tinieblas, y mandó que la tierra saliese de este estado de muerte al tercer día. La tierra fue adornada nuevamente con vegetación y un nuevo mundo animal fue llamado a la existencia.

 

Es interesante encontrar que la palabra “crear” se usa tres veces en el primer capítulo de la Biblia. Esta se encuentra en el primer verso en conexión con el comienzo de todas las cosas, cuando Dios creó de la nada. Se encuentra en el v.21 en conexión con la nueva creación animal y finalmente es usada en conexión con la creación del hombre. La otra palabra usada es “hizo”. Esta necesita la existencia de la materia, que es formada en algo. De este modo Dios puso la tierra en condición para ser la morada de un ser inteligente. Ese ser es el hombre.

 

¡Qué dignidad pone la palabra de Dios sobre el hombre! Dios habla en plural, porque Él es Uno, está con Él desde toda la eternidad la Palabra y Su Espíritu.

 

“Y dijo Dios hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y señoree sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos y sobre el ganado, y sobre toda la tierra, y sobre toda cosa que se arrastra. Así Dios creó al hombre a Su propia imagen y semejanza, a imagen de Dios lo creo; varón y hembra los creó.” La constitución del hombre es más minuciosamente presentada en el segundo capítulo de la Biblia. “Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y alentó dentro de sus narices aliento de vida, y el hombre vino a ser un alma viviente.” Es esto lo que diferencia al hombre de las bestias. El hombre es linaje de Dios. Si estos primeros capítulos de este Libro no son verdaderos, entonces ponga a un lado su Biblia; ¡ya que esta comienza con una mentira! pero si hay un comienzo, hay un Dios, un cielo, y una tierra y el hombre es linaje de Dios, entonces la Biblia es verdadera hasta la última palabra concerniente al cielo y tierra nueva.

 

El hombre es visto en comunión con su Creador. Él no es descrito como mitad mono expresando solo gruñidos sin un lenguaje inteligente. El primer hombre poseía una más elevada inteligencia que la que posee hoy. Dios mostró a Adán Sus seres creados, a cada bestia y ave, para que Adán les pusiese nombre. “Y Adán dio nombres al ganado, a las aves de los aires, y a cada bestia del campo.” Suponga que Marte está habitado y posee una creación animal adaptada a ese planeta. Supongamos que en alguna forma un Comité de científicos encabezado por H.G. Wells y Albert Einstein fuese súbitamente transportado a Marte y confrontado con los diferentes animales encontrados en ese planeta. ¿Serían ellos capaces de nombrar a estos en una forma correcta como lo hizo Adán? Ciertamente que no. Adán poseía el conocimiento de la creación de Dios, conocimiento ahora perdido para el hombre, que él trata de recuperar y conocimiento que evita ser alcanzado. Pero algo sucedió al hombre. La comunión, el gran propósito de la existencia humana, fue rota. El misterio de iniquidad nació. La trágica historia de la raza humana comienza; esta está todavía siendo escrita como nunca.

 

Pero aun la Biblia, la palabra escrita de Dios, no es la más elevada revelación de Dios, en la cual conocimiento es ofrecido y el gran enigma resuelto. Existe una más elevada revelación. Esta es la revelación de Dios en Su Hijo, el Verbo eterno de Dios, conocido en historia como el Señor Jesucristo. La Biblia ha anunciado Su venida. Profeta tras profeta por divina inspiración han escrito de Su persona y obra. Él apareció y entró en la existencia humana en la forma sobrenatural del nacimiento virginal, concebido por el Espíritu Santo. Él vino a ser visible al Dios invisible, que “nadie jamás ha visto a Dios, el Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, lo ha declarado” (Jn. 1.18). “Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (jn.1:3-4). “Este es el verdadero Dios y la vida eterna” (1 Jn. 5:20). Sus propias palabras de propio testimonio confirman estas y otras declaraciones. “Yo y el Padre Somos Uno” (Jn. 10:30). “El que me ha visto ha visto al Padre” (Jn. 14:9). Él habló de Sus obras como testimonio de Su Deidad. Omnipotencia y Omnisciencia estaban constantemente desplegadas en Su vida entre los hombres. Su carácter moral manifiesta santidad y justicia; el amor y misericordia de Dios son reveladas en Él. En Sus palabras de verdad Él confirma los revelados hechos de Dios, el origen del hombre y el destino humano. Pero el más elevado propósito de la manifestación de Dios en la Persona de Su Hijo, el Verbo eterno, estaba la solución del misterio de iniquidad, para redimir al hombre, para traer nuevamente al hombre a Dios, revelar el amor de Dios y finalmente derrotar a las fuerzas del mal, destronar la iniquidad y restaurar todas las cosas a Dios.

 

La solución del gran enigma se encuentra en la Persona y Obra del Hijo de Dios y en las grandes revelaciones del Espíritu de Dios, que ha venido para mostrar al hombre las maravillosas verdades de la redención, el último objetivo de la existencia humana y todo en Él “en quien se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento.” La evolución y algunas otras ciencias materialistas han fallado en explicar Su sobrenatural persona. Esta nunca puede explicarlo. Todo lo que puede hacer es negarlo.

 

 

 

A.C. Gaebelein