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Ofrendas Alzadas y Ofrendas Mecidas.

 

1869 242 la ofrenda alzada (t’rumah) y la ofrenda mecida (t’nuphah) forman parte de la provisión hecha por el Señor a los sacerdotes y sus familias. Como un privilegio perpetuo en duración, Dios así dio provisión a la casa de Aarón: “Y esto será tuyo, la ofrenda alzada de sus dones, con todas las ofrendas mecidas de los hijos de Israel. Yo te las he dado a ti, y a tus hijos, y a tus hijas contigo, por estatuto para siempre: todo limpio en tu casa comerá de ello” (Núm. 18:11). A esta ley se anexó una excepción: “Si la hija del sacerdote era casada con un extraño, ella no comerá de la ofrenda (t’rumah) de las cosas santas. Pero si la hija del sacerdote es una viuda, o divorciada, y no tiene hijos, y si vuelve a la casa de su padre, como en su juventud, ella podrá comer del alimento de su padre: pero ningún extraño comerá de los mismos”. (Lev 22:12,13). Mientras el pueblo estaba en su tierra, antes de la cautividad, como también después de esta, los sacerdotes recibían estas ofrendas (Neh. 10:37-39; Neh. 12:44; Neh. 13:5); y cuando era fielmente ofrecida por el pueblo, ellos encontraron una plena provisión. (2 Cron. 31:10). Cuando la nación sea restaurada, nunca más será exiliada de la tierra de sus padres, esta donación hecha en el desierto será nuevamente reconocida; y el santo monte de Dios, el alto monte de Israel, ahí El requerirá sus ofrendas (t’rumah), y el pueblo traerá, “para hacer que la bendición pueda reposar en su casa”. (Ezeq. 20:40; Ezeq. 44:30).  La necesidad de traer las ofrendas en Malaquías 3:8 lo aclara. El retornado remanente le ha robado a Dios de los diezmos y ofrendas: así el anuncio del profeta sigue, “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. 10  Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no abierto a las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición, hasta que no haya lugar para ello”. Los diezmos y ofrendas eran de Dios: aunque era la porción de los sacerdotes. Defraudar a los sacerdotes de lo que era justamente debido, ellos robaban a Dios y perdían la bendición. Cuando finalmente restaurados a su país, la ley será escrita en sus corazones, ellos traerán todas las ofrendas designadas, y los sacerdotes proveerán para que la bendición descanse en su casa.

Los términos en los cuales este privilegio fue otorgado distinguían entre las ofrendas alzadas y las ofrendas mecidas. La ofrenda alzada era una porción de sus dones- “ofrenda alzada de todos sus dones”; la ofrenda mecida era la totalidad de la cosa ofrecida. La idea comunicada por una ofrenda alzada fue la de tomar una parte para ofrecerla a Dios; mientras que la idea de la ofrenda mecida es más general, implicando consagración a Dios, por esto fue ofrenda mecida delante del Señor. Un don puede por lo tanto ser llamada de ambas maneras, ofrenda alzada y ofrenda mecida; pero toda la ofrenda mecida no puede ser así llamada una ofrenda alzada. Para elevar, se requiere un residuo de aquello que fue levantado; para mecer, el don mismo era el requisito.

Entonces al pueblo se le permitió contribuir de sus fondos para el tabernáculo, sus dones fueron llamados ofrendas elevadas (Ex 25:2-3; Ex 35:5,21-24; Ex 36:3-6), porque ellos ofrecieron de sus posesiones; pero, en Ex 35:22, Ex 38:24-29, el oro y el bronce que ellos trajeron fue llamado ofrenda mecida, a causa de la consagración para el servicio de Dios.

 

Nuevamente, en Levítico 9:21, leemos de los pechos y la espaldilla derecha de las ofrendas de paz de la congregación, en la consagración de Aarón y sus hijos, siendo mecidas delante del Señor. Pero en Éxodo 29:28 el pecho y la espaldilla derecha eran llamados una “ofrenda alzada para los hijos de Israel de sus sacrificios de paz, porción de ellos elevada en ofrenda a Jehová.”; visto esto como una parte del sacrificio de su ofrenda de paz, ellos pueden juntamente ser llamados una ofrenda alzada. La distinción entre estos términos es clara, y siempre mantenida; mientras que, como se indicaba arriba, el pecho y la espaldilla derecha podían juntas ser llamadas una ofrenda alzada, la escritura, cuando las describe como porciones separadas, con una excepción notada más abajo (Núm. 6:19), habla de la ofrenda mecida y la ofrenda alzada; todo el pecho era mecido, pero solo una parte de la espaldilla era alzada. Una porción de lo que los hombros simbolizan era reclamado por Dios, mientras todo lo que el pecho prefiguraba era declaradamente siendo de Él. Por los hombros,  la capacidad para servir parece ser simbolizado; y por el hombro derecho (espaldilla derecha), aquello que era lo mejor para soportar la carga que se le debía entregar a Él. Ver Gen 45:15; Josué 4:5; Salmo 81:6; Isaías 9:4.6; Isaías 10:27; Isaías 22:22. Compare además Neh. 9:29; Zac. 7:11. Donde la desobediencia es descrita como “retirar el hombro”. Por el pecho, los afectos parecen estar simbolizados.

La ofrenda alzada incluía el hombro derecho de la ofrenda de paz (excepto en el caso del Nazareato referido más abajo), y una torta del total, pero que acompañaba al animal ofrecido como una ofrenda de paz; lo primero que amaseis (Núm. 25:20), y todos los diezmos (Núm. 18:24) incluían el trigo, vino y óleo para el uso de los sacerdotes. (Neh. 10:39). Además de estas regulares ofrendas alzadas, estaba el dinero de la expiación cuando la congregación fuera numerada (Ex 30:13-15), la porción del Señor del botín de Madián (Núm. 31:21), y el presente de los reyes, y de sus consejeros, con la ofrenda de los hijos de Israel para el segundo templo (Esdas 8:25), son llamadas ofrendas elevadas. Y cuando la tierra sea dividida entre las tribus nuevamente, la porción aparte para los levitas y el santuario será considerado como una ofrenda alzada (Ezeq. 45:6,7; Ezeq. 48). Diferentes como estas ofrendas son, la una de la otra, ya que tienen una característica en común, viz., que ellas son porciones tomadas de un residuo, sea de frutos, o animales, de dinero, de la tierra, y como tal son llamadas ofrendas elevadas.

Volviendo a las ofrendas mecidas, además del pecho de la ofrenda de paz, y los ritos de la consagración de Aarón y sus hijos ahora referidos; estaba la gavilla mecida delante del Señor, las primicias de la cosecha, al día siguiente del sábado en la semana pascual; y los dos panes mecidos con su sacrificio acompañante ofrecido en la fiesta de las semanas. (Lev 23:10, 17-20). Además de esto, estaban las ofrendas del leproso en el octavo día de su limpieza (Lev 14); la ofrenda por los celos (Núm. 5); la del Nazareato en el término de su voto (Núm. 6); y la toma de la tribu de Levi para el servicio de los sacerdotes en lugar de todos los primeros nacidos en Israel. (Núm. 8).

Se entiende por el acto de mecer delante del Señor la consagración a Él, el pecho de la ofrenda de paz fue mecida en testimonio de las afecciones que debían haber en Él, a quien el sacrificio prefiguraba – debía ser consagrado a Dios. Así también el mecer de la gavilla en la mañana después del sábado pascual, tipificando la santificación, o consagración, como resucitado de entre los muertos, de Él quien es las primicias (1 Cor 15:23), y quien fue levantado en aquel día. En el término de las 70 semanas, los dos panes horneados con levadura fueron sacados de la habitación, y eran mecidos delante del Señor con las ofrendas prescritas. Pero ahí nosotros encontramos un mandato mucho más significativo. Esta era mecida con los sacrificios aun enteros, aunque muertos. La muerte ha tenido lugar, pero no el desmembramiento. El total de los animales eran mecidos con los dos panes. (Lev. 23:19-20). Recordando lo que estos dos panes tipifican – los Judíos y Gentiles juntos ofrecidos a Dios como las primicias de la cosecha (Santiago 1:18), nosotros podemos ver la razón de esta característica peculiar en los días del ritual, los animales completos mecidos, pero mecidos después de la muerte. Esto es la Iglesia públicamente, como esta es, consagrada a Dios como un todo. Pero aunque la Iglesia fue formada después de la resurrección del Señor, y tiene su posición en resurrección, los animales eran primero muertos y entonces mecidos. La muerte tomo lugar antes de que el hecho significante de la consagración fuera efectuado. Entonces, la muerte habiendo tomado lugar, los animales eran mecidos delante del Señor por el sacerdote, presentando así en tipo a la Iglesia como completamente consagrada a Dios, perteneciéndole para siempre a Él.  

Los sacrificios de la lepra en el día octavo de su limpieza, traen delante de nosotros otro pensamiento, hermoso ciertamente porque es verdadero, y claramente representado en el acto del sacerdote. En el leproso limpiado nosotros tenemos a un individuo anteriormente redimido, ahora restaurado a la comunión con el pueblo de Dios. La enfermedad que tuvo su asiento en la carne habiendo estallado, él ha sido puesto fuera del campamento, y su ofrenda ha de ser completa en el día octavo de su limpieza. “Y él tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para la ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite, y el sacerdote tomará uno de los corderos, y lo ofrecerá como una ofrenda por la culpa, y el log de aceite, y serán mecidos como una ofrenda mecida delante del Señor: y el holocausto, en el lugar santo; porque como la ofrenda por el pecado es de los sacerdotes, así en la ofrenda por la culpa: es cosa muy santa”. (Lev 14:10, 12,13). En el día de pentecostés se mecían los sacrificios antes de que ellos fueran muertos, aquí la ofrenda por la culpa fue mecida con el log de aceite después de la muerte. ¿Por qué existe está marcada diferencia? En ambos casos se meció al animal entero, para mostrar que todo lo relacionado con lo tipificado por el sacrificio, debe ser considerado como consagrado a Dios. En el caso de la lepra, sin embargo, el animal vivo era mecido, para mostrar que el hombre, como vivo en la tierra, debía ser realmente dado a Dios. Redimido por la sangre, un miembro de la asamblea quien ha habitado con Dios en medio, toda su vida debe ser consagrada a Dios. En esto él ha fallado, así la ofrenda mecida fue una ofrenda por la culpa, no un sacrificio de paz. El sacrificio de paz habla del gozo de la comunión, la ofrenda por el pecado, o comunión interrumpida por el pecado en la parte del oferente. Con la ofrenda por la culpa era mecido un log de aceite, con lo cual el antiguo leproso era ungido en la punta de su oreja derecha, su pulgar derecho, y el pulgar derecho de su pie, y el resto del aceite en las manos del sacerdote era derramado sobre él, señalando que ahora sus oídos deben oír, y su mano actúa, y sus pies caminan como siendo dirigidos por la palabra de Dios y el resto derramado sobre él, muestra que mientras aunque él ha fallado antes, él debe recordar que ha sido consagrado a Dios, por medio de la redención por la sangre del Cordero.   

La ofrenda por los celos, también, fue mecida. El cargo contra la mujer era una de infidelidad a su esposo, así la ofrenda (una décima parte de la efa de cebada) fue mecida delante del Señor. Consagración a su esposo como su esposa debía caracterizarla: de esto hablaba la ofrenda, y su esposo la acusaba de haberla violado. Así el sacerdote tomo la ofrenda de los celos de la mano de la mujer, y la mecía delante del Señor. (Núm. 5:25).     

En el Nazareato nosotros tenemos una consagración especial, separación al Señor. Cuando el tiempo de especial dedicación llegaba a su final, el Nazareo se presentaba en la puerta del tabernáculo de la consagración, y traía su ofrenda por el pecado, su holocausto, y su ofrenda de paz con los acompañamientos de carne y libaciones. El pecado y el holocausto habiendo sido convenientemente ofrecidos, el presenta su ofrenda de paz, memorial, con la canasta de panes sin levadura. 

La libación  fue traída porque esta fue una cuestión de especial dedicación a Dios, así como en la consagración de los sacerdotes se ordenó que se ofreciera el carnero de la consagración. Cuando el carnero era muerto y desmembrado, la espaldilla derecha untada, con un pan sin levadura y hojaldres sin levadura, fue puesto en las manos del Nazareo por el sacerdote, y entonces mecida por el (i.e., el sacerdote) como una ofrenda mecida delante del Señor. (Núm. 6:19,20). En la ordenanza de la ofrenda de paz la espaldilla era alzada con los panes, aquí era mecida; porque esta ofrenda no emana de la gratitud del corazón regocijándose en esta bendición, y deseando presentar algo de esta sustancia al Señor en reconocimiento de Su bondad; sino que era la declaración pública que el tiempo de la separación espacial a Dios había terminado, así la espaldilla derecha con los panes fue mecida delante del Señor. El hombre ha sido plenamente separado por su voto a Dios; ahora debía abandonar aquel estado en el que había entrado voluntariamente.

Por lo tanto, fue mecida no alzada, y el hombro (espaldilla) simbolizando el servicio fue la porción ordenada para así ser ofrecida

Una vez más la ofrenda mecida puede ser vista – cuando de los Levitas, eran tomados para el servicio del Señor, a cambio de los primeros nacidos en Israel. Cuando aquello era echo en el desierto, los Levitas no traían un holocausto y una ofrenda por el pecado, pero eran mecidos por Aarón como una ofrenda ellos mismos. “Y Aarón mecerá a los Levitas delante del Señor como una ofrenda mecida de los hijos de Israel para que hagan el servicio del Señor”. (Núm. 8: 11, 13,15-21. Ver notas al margen). En aquel día todos los Levitas eran públicamente consagrados al servicio de Dios – todos los primogénitos en Israel le pertenecían a Él (Ex. 13:2), pero Él aceptaba a los Levitas en su lugar siendo un intercambio de hombre por hombre. Una ofrenda alzada aquí como en los otros casos hubiera estado fuera de lugar. Estos no eran algunos de los primeros nacidos quienes eran reclamados para Dios, ni algunos de los Levitas que Él aceptaba. El reclamaba a todos los primeros nacidos, pero tomaba a todos los Levitas en cuanto ellos podían ir en su lugar, una ofrenda mecida de los hijos de Israel. 

Comparando los diferentes pasajes entonces en los cuales la ofrenda alzada y la ofrenda mecida son mencionadas, la distinción entre ellos sale, y la enseñanza relativa más especialmente a esta última se hace evidente. Nosotros vemos que el lenguaje de las escrituras en ciertamente preciso, y podemos notar en esto, como en otras cosas, que la sustitución de un término por otro (a menudo encontrado en los escritos de los hombres) pueden introducir confusión en las cosas de Dios, y estropear la belleza de las lecciones destinadas a ser entendidas por el autor divino de este libro.

 

C.E.S