SIMETRÍA ESPIRITUAL

 

 Ahora tomamos la estructura numérica de la Biblia, o el plan matemático que llena la palabra de Dios, primero en cuanto a los números, y segundo en cuanto a las formas geométricas, mostrando que detrás de este libro hay un Maestro matemático y geómetra.

Tomemos como punto de partida unos pocos versos en Isa. 40:12,26: “¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?” “Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio.”

El tema al cual ahora nos acercamos, aunque para algunos puede parecer especulativo y fantasioso, es otra importante línea de estudio que debiese ser seguido en conexión con este Libro de Dios. Pocas líneas de prueba, propiamente seguida, prueban más claramente la autoría divina de este Libro.

En estos dos textos la atención es llamada a los números en la naturaleza y la proporción simétrica, como las evidencias de una inteligencia creativa.

Dios es manifestado en la creación. El mismo hecho que existe una creación implica un Creador. Las mismas marcas de diseño implican un diseñador. La previsión de futuras necesidades que no podrían ser anticipadas por plantas o animales indican una inteligencia que ha hecho tal provisión; hay muchas otras cosas que indican la mano de un Creador. Pero, entre tales evidencias, ninguna quizás es más grande que las pruebas de una Mente matemática en el reino de la naturaleza y en el universo de Dios. Entre los objetos terrenales como también en los objetos celestiales encontramos este infalible sistema numérico prevaleciendo, y es bueno tener la mente plenamente ocupada por un poco de tiempo con este hecho.

Muchos no tienen tiempo para estudiar las ciencias naturales, y quizás no miran dentro de este universal sistema de números.

Tome, por ejemplo, los mundos celestiales: las distancias, las dimensiones, las proporciones, los tiempos de giro, todo está ajustado en los mundos planetarios y estelares con la más bella exactitud matemática; de manera que, extendiendo la fibra de una telaraña a través del centro del cristal de un telescopio, podemos calcular exactamente, a fracción de un segundo, en qué tiempo una estrella dada en el firmamento cruzará esa línea. Las leyes de Kepler, entre los más grandes descubrimientos astronómicos, todas están fundamentadas sobre este muy sorprendente sistema matemático, que revela un radio entre las proporciones de los planetas y sus distancias del sol y los periodos de revolución.

En la esfera mineral, en el departamento de la cristalización, encontramos cuadrados, círculos, triángulos, todos estos con sus correspondientes sólidas formas, cubos, cilindros, pirámides y otros. A veces base a base, _ ángulos exactos, bellas proporciones, y notable simetría.

En la esfera vegetal encontramos un establecido número de estambres y pistilos en las plantas, y una notable recurrencia de números, como 1,2,3 y 5, en el ordenamiento espiral de las hojas alrededor del tallo, encontramos que la segunda hoja está ya sea en el primer circuito de la espiral, o el segundo o quinto, de manera que los botanistas actualmente clasifican a las plantas conforme a los intervalos de la recurrencia del brote sobre el circuito de la espiral.

Nuevamente en la esfera animal. En los moluscos, cuán sorprendente es la forma en la cual las conchas de los mariscos son ideadas.

En los vertebrados_ los animales que tienen una columna vertebral _ ¡cuán bellamente todo está proporcionado! Estos huesos tienen una relación establecida, un número fijo, y ese número nunca es violado en un organismo perfecto. Testigo de esto son los cinco dedos en las manos, y pies. ¿Qué significan estos hechos y otros similares sino un sistema numérico?

En el departamento de la luz, usamos el prisma para separar los rayos de luz, ¿y qué encontramos? Siete colores. En la ciencia de la música, ¿qué encontramos? Siete notas en la escala completa que llamamos la octava.

Veremos más adelante lo que ahora anticipamos, que existe una notable correspondencia entre el sistema numérico de la naturaleza y el sistema numérico de la Biblia.

Donde encontramos el siete en la naturaleza, en ciertas conspicuas posiciones, este se divide en 4 y 3, como sobre el teclado del piano en las notas octavas. Allí visiblemente el 3 y el 4, y esto nos ayuda a saber cómo tocar las cuerdas correctamente, que el ordenamiento de tres y cuatro nunca pueden salir de la mente cuando se piensa en el teclado, la recurrencia del 3 y del 4 es determinada por la recurrencia del medio tono o la mitad de la nota en ciertos intervalos en la octava.

En los siete colores del espectro 3 colores son primarios, y 4 secundarios. Amarillo, azul y rojo son los colores primarios. Y de la combinación de estos colores vienen los otros colores del espectro.

Donde encontramos el número 12 en las más prominentes posiciones en el mundo material, lo encontramos como múltiplo de 3 y 4. Tome el triángulo: este tiene 3 ángulos y 3 lados; en la pirámide tenemos cuatro lados en la base, y 3 lados triangulares en cada elevación. En el cubo tenemos nuevamente 4 y 3, extensión, y anchura y altura, cuando nos acercamos a cada lado del cubo; y 4 lados de los cuales acercarnos a este, 4 y 3 nuevamente multiplicado dentro del otro.

Así de intima es la correspondencia numérica y geométrica entre lo que se encuentra en la naturaleza y en la Biblia, que dondequiera que encontramos el número 7 en prominentes posiciones en la Biblia, esta es nuevamente la suma de 4 y 3, y donde encontramos el número 12 este es el múltiplo de 4 y 3.

El posible alcance de todo esto todavía debemos verlo, pero por ahora debemos contentarnos de esta manera para fortalecer la confianza en este Libro como algo que está más allá de la producción humana; y después buscaremos en los capítulos finales aplicar estas materias a la vida espiritual.

El punto ahora es que encontramos en la naturaleza números prominentes, a los cuales ya nos hemos referido, 1, 2, 3, 4 (4 y 3 añadidos juntos y formando el 7, y multiplicados el 12), y sus combinaciones. En la naturaleza encontramos 4 formas, el triángulo, el cuadrado, el circulo y el espiral; y cuando observamos las formas sólidas, encontramos la pirámide y el cubo, la esfera y el cono. Y encontraremos exactamente las mismas cosas indicadas en la palabra de Dios. ¿Qué mostrará todo eso? Que, detrás de la naturaleza, hay una Mente que ha medido, contado, pesado, las proporciones estrictamente, determinado los radios, y construido el universo sobre un claro principio matemático, donde números y formas están ante Sus ojos continuamente.

 Cuando llegamos a la palabra de Dios, encontraremos que prevalecen exactamente los mismos hechos y leyes, los cuatro números, 1, 2, 3, y 4, con sus combinaciones (la suma de 4 y 3 haciendo 7, y sus múltiplos formando 12), el número 10, que es la suma de 1, 2, 3 y 4, y que por tanto sugiere tiempo, porque es el resultado de sucesivas adiciones; y sus múltiplos 40, 100, y 144 y 490 (7 veces 70) y 1000 y 1260. Todos estos números prevalecen en la palabra de Dios, y prevalecen en tales puntos y conexiones que hacen imposible que hayan venido hasta allí por casualidad.

No es parte de nuestra esfera emprender ahora formar alguna adecuada filosofía del sistema de números y formas en la Biblia, viendo que no tenemos revelación autoritativa en cuanto al significado de estos; pero cada estudiante puede determinar por su personal estudio lo que Dios ha designado a través de estos. Es importante sin embargo notar la existencia de tal sistema numérico.

Por ejemplo, el número uno. Este parece designar muy prominentemente en la Biblia la unidad de singularidad y exclusión. Donde puede haber solo uno, donde el hecho de haber uno solo no debiese haber más que uno, el uno es muy prominente.

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” (Dt.6:4)

“No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex.20:3)

Uno y solo uno. “Una sola cosa hago” (Fil.3:13). “Turbada estás con muchas cosas, pero una sola es necesaria” (Lc.10:41-42). Estos ejemplos presentarán una idea de cómo el “uno” es usado.

Dos, es usado ya sea para combinación o división; comparación o contraste; confirmación u oposición, como luz y tinieblas, bien y mal, amor y odio; dos contrastados. Dos concordando, dos combinando, y confirmándose cada uno, como dos testigos. “que en boca de dos o tres testigos cada palabra sea establecida” (Mt.18:16)

Tres muestras combinación para unidad, como en la Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo; espíritu, agua y sangre. Este es un número especial para la Deidad.

Cuatro parece obviamente el número del mundo. La primera vez que ocurre lo es en una marcada forma donde Abraham se separa de Lot, y Dios le dice: “levanta ahora tus ojos hacia el norte y el sur, el oriente y el occidente” Gén.13:14.

 Y desde ese tiempo el 4 es generalmente el número de este mundo, del espacio material.

“vengan de los cuatro vientos, oh y sopla sobre estos muertos.” (Ezeq.37:9)

Es decir, los cuatro puntos del compás o brújula. La ciudad de Dios (Apoc.22), tiene norte, y sur, este y oeste, haciendo frente a una cuádruple dirección.

Como ya se ha notado, en lugares prominentes donde encontramos el número 7, encontraremos que es dividido en 4 y 3.

Lo encontramos primero en la creación, donde hay cuatro días de creación dados a lo inanimado y tres a lo animado.

Después encontramos el siete conectado con la oración del Señor; tres peticiones que tienen que ver con Dios y cuatro con el hombre.

 Nuevamente encontramos el 7 en las parábolas del reino en Mt.13, cuatro de estas fueron dichas a la multitud y tres privadamente a los discípulos.

Después, lo encontramos en las siete cartas de Apocalipsis 2 y 3 donde a primera vista no se ve división entre 4 y 3, encontramos que cuatro veces la recompensa sigue a la expresión, “el que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”; y en los otros tres casos el orden es invertido.

 De esta manera, mientras más cuidadosamente estudiamos, más ciertamente encontraremos que, en lugares prominentes donde encontramos el 7, se nos sugiere la división entre 4 y 3, mostrando que el 7 permanece en la Biblia, no como 1 y 6, o 2 y 5, sino por 3 y 4. Por tanto debe haber alguna razón, y si 3 es el número de la Trinidad, y 4 el del mundo, podemos comprender porque el siete representa plenitud, porque representa a Dios y el hombre, unidos para un gran fin.

Es también notable que encontremos el 12 en la Biblia, este es usualmente múltiplo de 4 y 3. Esta no es mera fantasía, pero es confirmado por un cuidadoso estudio de la palabra de Dios. Por ejemplo, la primera vez que el pectoral del sacerdote es mencionado (y esta es curiosamente la décima segunda vez que el número 12 ocurre en las Santas Escrituras, Ex. 28:16-20), esto es muy definitivo, claramente mostrado como si hubiese en ello un designios y diseño, que represente 4 veces 3:

“cuatro hileras de piedras”

Después en el Número 2, donde se muestra el ordenamiento de los estandartes tribales alrededor del campamento, el campamento es cuadrado y los estandartes ordenados desde cada punto de vista habrá tres tribus confrontándonos, cuatro lados, tres estandartes perteneciendo a cada lado. No podemos creer que todo esto sea accidental. Debe haber alguna razón para esto, y devotos estudiantes de la palabra de Dios, como Wordsworth, han sugerido que 4 multiplicado en 3 representa lo divino inter-penetrando lo humano, y por tanto este es el número de las tribus, porque Dios vino a morar en medio de los hombres, para llenar todo el campamento con Su presencia; y entonces 12 es también el número de los apóstoles del Cordero, porque Cristo, morando con, y Su presencian llenando a los apóstoles, los envió a llevar Su evangelio y Espíritu en medio del mundo. Si de esta manera existe un significado espiritual en los números, no podemos descuidar el sistema numérico.

Formas geométricas tienen algo que hacer con la interpretación de las Escrituras. Tome, por ejemplo, donde el cubo ocurre muy notoriamente, como cuando se le mandó a Moisés a levantar el tabernáculo, especialmente el lugar santísimo, que debía tener diez codos en cada dirección; y de hecho todo el tabernáculo era establecido de tres codos, al frente del lugar santísimo estaba el lugar santo, que tenía 20 codos de largo, 10 de ancho y 10 de alto, de manera que era como levantar tres codos en una fila.

Cuando llegamos a la Nueva Jerusalén, ¿Qué encontramos? Que la extensión la altura y anchura son iguales; este es todavía un perfecto cubo. Nada puede añadírsele; nada puede quitársele. De la dirección que nos acerquemos a ella, de este o aquel lado, encontraremos la misma uniforme y perfecta simetría cubica. Nadie debe suponer que la ciudad de Dios será literalmente de 12.000 estadios de largo, ancho y alto. Estos son números típicos. Y los 144.000 sellados en Apocalipsis de igual modo pueden ser un número típico. 144.000 es el cuadrado de 12, y 1.000 es el cubo de 10; 10 el número de tiempo, 12 el número de espacio. Cuando consideramos ese número típicamente este puede representar la completa compañía de sellados, como reunidos de todas las edades, y de todas las partes del globo. Si así el número tiene un bello significado espiritual. [1]

Sin afirmar que esta interpretación de los números sea correcta, estamos convencidos que no hay nada en el Libro que no signifique algo; y es nuestro privilegio estudiarlo, compararlo, e investigarlo con oración, si se hace así, por tal comparación de escritura con escritura, aprenderemos que hay un Maestro Matemático detrás del Libro, y que ningún hombre puede explicar estas cosas por la casualidad como tampoco por el mundo. Tomemos las letras del alfabeto griego y arrojémoslas en tierra, esperando que por accidente formen una sublime épica. Ya sea que veamos este Libro, o la naturaleza, podemos decir con el salmista que solo “el necio dice en su corazón, no hay Dios” en la creación; y solo un necio puede decir esto, es decir, que no hay Dios en la Biblia.

Dios en historia, como también en naturaleza, procede sobre principios matemáticos, está más que indicado en dos o tres prominentes pasajes de las Escrituras, desde el comienzo hemos buscado y tratado de fortalecer cada posición tomada por referencia a alguna conclusiva palabra de Dios. Observe Núm. 14:34:

“Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.”

Cuarenta días fueron pasados espiando la tierra y cuando los hijos de Israel simpatizaron con los diez espías que dieron un desalentador reportaje en cuanto a la tierra; Dios dice: vagareis por este desierto hasta que todo el pueblo perezca en el desierto, un año por día, es decir, cuarenta años.

Observe también Lv. 26:34-35:

“Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. 26:35 Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella.”

¿Qué significa esto? Que habría 490 años que pasarían desde el tiempo cuando Saúl fue aclamado como rey hasta el tiempo cuando los hijos de Israel fueran en cautividad. Durante estos 490 años habría 70 años sabáticos, uno en cada siete; y como ellos habían fallado en guardar los séptimos años puestos aparte como años de descanso, Dios hizo que los años de cautividad fuesen 70, durante los cuales la tierra descansaría y tendría los sábados que ellos no dieron a Dios durante esos 490 años, un sistema numérico aun en Sus tratos con los pecados de los hombres. De manera que no solo a un Dios de números en la naturaleza y en las Escrituras, sino también en la historia.

Cuando venimos a conocer más acerca de historia, encontraremos que toda la historia sagrada puede ser dividida en periodos de 490 años; por ejemplo:

490 años desde el tiempo cuando los hijos de Israel clamaron por un rey hasta el tiempo de la cautividad. Después 70 años de cautividad.

490 años desde el tiempo de la salida para reedificar Jerusalén hasta el Mesías. Después 70 años desde el nacimiento de Cristo hasta la caída de Jerusalén[2]

7 veces 70, y 70; 7 veces 70, y 70 nuevamente. ¿No actúa Dios en Su palabra, obras, y eventos de la historia con referencia a los números?

¿Por qué se nos declararía que Enoc vivió 365 años antes de su traslación? Fue la intención de Dios sin duda presentarnos en Enoc el modelo de una vida completa. Él “anduvo con Dios”. Él comenzó con Dios y finalmente fue al Dios con quien había partido. Hay 365 días en el completo círculo anual, y por tanto 365 días naturalmente puede representar una órbita completa, y 365 años podrían significar una vida de gracia completa, terminando en gloria.

Me parece sorprendente que nadie puede leer la Biblia, y no ver un significado en estas cosas.

Cuán a menudo ocurre el número 40 en la Biblia. ¿No tiene esto significado?

En primer lugar, los 40 días y noches del diluvio. Después la vida de Moisés es dividida en tres periodos de 40 años, 40 en Egipto, 40 en Madián; y 40 en el desierto. Los tres reinos de Saúl, David y Salomón, duró cada uno de ellos 40 años; el reino de Saúl es el periodo del tiempo de apostasía, el de David el tipo del periodo militante; y el Salomón, tipo del periodo triunfante. Cuando el Príncipe de paz reinará.

Tenemos también la jornada de Elías de 40 días a Horeb; los 40 días de tentación de Cristo, los 40 días en los cuales después de haber resucitado y antes de ascender Cristo se ha presentado a los Suyos. ¿No tienen estas cosas significado? Entonces ¿cómo sucede que este número es tan repetidamente puesto ante nosotros en la palabra de Dios de manera que no podemos leer el Antiguo o Nuevo Testamento sin continuamente confrontarlo?

Existe un folleto titulado “Números en la Naturaleza, evidencia de Inteligencia creadora”, por Edward White, que es muy instructivo. H. L. Hastings, de Boston, produjo un libro sobre “La Aritmética de la Naturaleza,” y El coronel Roberts también ha publicado un pequeño libro titulado “Una Doble Porción”. Sin estar todavía preparado para verificar el resultado de otros estudios, se hacen algunas sugestiones, por ejemplo, por el coronel Roberts, que son dignas de consideración. Él asume que, cuando Eliseo pidió una doble porción del espíritu de Elías, esto le fue concedido para cumplir el doble de milagros realizados por Elías, y al contar él encuentra que Elías realizó 8 y Eliseo 16. Después en la pesca milagrosa tenemos 153 peces, _ un hecho notable que un número tan impar sea claramente notado por el apóstol Juan_ pero Roberts cuidadosamente examina, y hace una lista de 153 instancias individuales de bendición a través de las obras milagrosas del Señor Jesucristo. Tomando a Pablo como un tipo de Eliseo, él nuevamente examina y encuentra registrado 306 casos de individuos bendecidos a través del ministerio de Pablo.

Hay un departamento de estudio aquí que ningún crítico jamás ha explorado completamente. Todos solo estamos comenzando a comprender el sistema numérico y geométrico de la naturaleza, y aun más lejos de comprender el sistema numérico de la Biblia. Para incitar a otros que quizás pueden llevar este estudio más lejos que lo que se ha hecho, y alcanzar mayores resultados, y estimular un más cuidadoso y devoto estudio del sistema numérico, indicamos lo que puede ser algunos de los beneficios posibles de tal estudio:

Primero, puede servir para identificar al Creador del universo con el Autor Divino de este Libro; y mostrar que Aquel que cuenta, pesa, y mide en una balanza todo lo que existe en esta maravillosa creación Suya, pesa, cuenta y proporciona cada cosa en este Libro.

Segundo, esto puede mostrar que la Mente Matemática que está detrás del Libro no puede ser una mente matemática humana de los escritores humanos. Todos nosotros hemos encontrado el número 7 continuamente reapareciendo en la Biblia. A veces donde no se declara número, si el lector hace una cuenta encontrará que hay siete particularidades, un número oculto. En 1 Tes. 5, se nos presentan siete buenas características espirituales; no hay un claro número 7, pero hay siete cosas enumeradas, y no podemos añadir nada a ellas.

El alcance bíblico de todo esto es: ¿dónde tenemos una séptuple enumeración; donde, por ejemplo, siete veces solo alguna prominente palabra aparece en el N. Testamento, podemos tener que trazar esto, no en un libro, o aun en los libros de un autor, sino a veces en los libros de todos los escritores del Nuevo Testamento, es decir, todos estos escritos deben ser puestos juntos antes de encontrar el séptuple uso de una palabra o frase. Esto uniría toda la Biblia en un gran sistema, y mostraría a Dios detrás de los escritores humanos, que no podrían concordar y consultar para referirse a alguna materia de gran importancia tantas veces. La mente matemática de Dios y el propósito divino está detrás de todos los instrumentos humanos.

F.W. Grant editó lo que él llamó “La Biblia Numérica,” que revela una maravillosa simetría en la palabra de Dios. El autor, un hombre eminentemente espiritual, trazó, en toda la estructura de la Biblia, un sistema numérico que él encontró que llenaba todas las partes del Antiguo y Nuevo Testamento de igual manera, a menudo determinando el registro como un registro verificado, y el canon como el exacto canon.

Hay un uso del sistema numérico que puede ayudar en otros departamentos. Algunos han dudado si Pablo escribió la epístola a los hebreos. ¿Fue Pablo el autor, y ha venido hasta nosotros esta epístola como el producto de su inspirada mente y pluma? Hay solo “siete” misterios declarados en las epístolas, y uno de estos siete está en la epístola a los hebreos y no en otra, el misterio del Dios-hombre. Aquí tenemos una notable luz numérica.

En Rom.8, en esa gran “discurso”, donde Pablo alcanza el clímax de su argumento, da sucesivamente 7 y el 10 particularmente:

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” _ siete.

“Porque estoy persuadido que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni poderes, ni las cosas presentes, ni las cosas futuras; ni lo alto, ni lo profundo, ni alguna otra criatura, no separará del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”  diez.

Aquí el gran número de plenitud 7 y 10, uno siguiendo al otro en inmediata sucesión.

En ese otro “discurso” la conclusión de ese gran capítulo doce de Hebreos encontramos nuevamente 7 y 10 particularidades:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, 12:19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba”, siete.

“sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 12:23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 12:24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”  diez

Ni siquiera dos escritores humanos separados, siguiendo sus idiosincrasias de su estilo natural, sería apto para usar tan exactamente métodos similares de resumir; pero Pablo, escribiendo a los Romanos de siete cosas y después de diez otras en inmediata sucesión, de igual manera en la epístola a los hebreos, cuando él alcanza nuevamente otro gran clímax, exhibe la misma peculiaridad de estilo, acumulando ítems en la misma forma magistral_ primero siete cosas y después diez.

Si escudriñamos la Biblia y comparamos escritura con escritura descubrimos este sistema numérico llenando la palabra de Dios, muchos de los blasfemos ataques del criticismo racionalista podría ser respondido en nuestras mentes por medio del descubrimiento de tal plan matemático que llena toda la Escritura, y a veces sirviendo para acreditar aun estas partes de ella que son atacadas.

Quizás el más grande argumento de todos en su favor es que tal estudio pueda mostrar un propósito armonioso llenando todo este Libro divino desde comienzo a fin, _ un plan simétrico. Todos sabemos bastante acerca de composiciones humanas de música para saber que hay cuatro cosas sobre las que la identidad de una composición depende, _ clave tiempo, ritmo de movimiento y tema musical. Estos términos musicales que cada uno comprende, aunque nunca haya estudiado música, y uno puede a menudo identificar un pasaje en una oratoria porque corresponde con el tema y plan general de la composición como ésta ha estado en la mente del compositor.

 Este precioso Libro es un gran oratorio. Oímos y escuchamos un cántico por Moisés, que está cantando acerca de las maravillas de la creación. Continuamos escuchando, y oímos sucesivas estrofas que tienen que hacer con este gran tema musical, varios instrumentos y ejecutores tomando sus partes sucesivas en la ejecución de este. En un momento es el salterio de David; en otra el laúd de oro de Isaías; después el arpa de hierro de Ezequiel; después el cuarteto de los Evangelistas; posteriormente las variadas estrofas de las Epístolas, unas en llaves mayores y otras en menores, pero todas estas son variaciones de un solo tema; hasta que finalmente, en el Apocalipsis, escuchamos a todos los ejércitos del cielo y la tierra combinándose en un gran “Coro de Aleluya”, “Aleluya porque el Señor Dios Todopoderoso reina.” ¡Allí está el mismo tema redentor, el mismo golpe de tiempo, el mismo movimiento rítmico, el mismo gran plan y propósito de redención y el mismo Líder controlando todo, de principio a fin!

 

  1. Pierson

 

[1] Nota Traductor.  No podemos concordar con el autor, ya que el número más bien representa un número completo de sellados de las doce tribus de Israel, elegidos y preservados para el reino terrenal del Hijo de David, es decir, de la esfera terrenal del reino de Dios. Este número de israelitas sellados es contrastado con el número indefinido de gentiles, de todo, pueblo, lengua y nación, que saliendo de la gran tribulación también entrarán en otra relación y posición, en este reino que es también el reinado del Hijo del hombre.

[2] Nota Traductor: Creo que es más exacto decir que los 490 años comienzan con el decreto para reedificar Jerusalén con el final de las 70 semanas de Daniel. Hasta ahora se han cumplido 483 años y se quito la vida al Mesías, falta aun la última semana de las 70, es decir, los últimos siete años, estas 70 semanas de años, 490 años, están determinadas “24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.” (Dn.9:24)