AGAR 

Génesis 16 – 25

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            Abraham ya ha recibido la promesa de una simiente; de esta manera, por fe en esa promesa (confiando en Dios como Aquel que da vida a los muertos), él estaba ahora establecido en justicia ante Él (Gén. 15).

            Esa promesa, puedo observar, no ha mencionado a Sara en conexión con la simiente, pero había fuertes indicaciones que ella debía ser la madre.

            No obstante, sea esto o no, la sugestión de Sara a su marido al comienzo del cap. 16, muestra claramente la obra de la incredulidad del corazón, y el principio de confianza en la carne. Porque ciertamente estas se miden una a la otra. Mientras más se renuncie a la simplicidad de la fe y la gracia sea rehusada, la ley, ya sea en su moralidad o religiosidad será tomada.

            Porque la gracia, o la promesa, nos llama afuera, hacia Dios y sus recursos. Y Abraham ha seguido ese llamamiento en Gén.25. pero ahora a la sugestión de Sara él vuelve a actuar él mismo otra vez bajo la dirección de la carne (como ya había sido el caso cuando salió de Ur de los Caldeos bajo la dirección de su padre Taré). Él vuelve otra vez a la carne, o bajo la ley, y viene a ser un dependiente de sus propios recursos. Porque estos son uno y la misma cosa. Agar es su confianza, y no el divino vivificador de los muertos.

            Esto es muy triste; pero no es destructivo de su posición.  Ciertamente que no.  Esto delata el mal hábito de desconfiar del alma, y que tienen que ser reprendido y castigado, pero Abraham es aún el heredero de Dios a través de la justicia que es por la fe.

             Muy expresivo, juzgo es todo esto, y muy significativo y típico también. Porque la ley, de acuerdo con este modelo, entra a través de la misma confianza del hombre, Israel aceptando esta oferta, y diciendo, “Todo lo que el Señor ha dicho haremos” (Ex.19:1); como Agar está ahora sentada en la casa de Abraham por la misma falta de fe y la misma confianza en la carne.

            Pero hay mucho más de este carácter típico, Porque Agar despreciando a su ama está a la estimación del Señor fuera de su lugar; y cuando Él la encuentra en el desierto extraviada, la reconoce solo como la sierva de Sara, y la envía nuevamente a casa y le dice que se someta a Sara. Ella puede obtener promesas respecto a su hijo, pero aún es la sierva de Sara, y sumisión es su único deber ahora. La ley, también, tiene su hora. Esta puede llenar la casa de Abraham por un tiempo, como Agar y su simiente llenan la casa de Abraham por catorce años. Pero para el elegido, o los herederos de la promesa, aún la dispensación de la ley todavía es, o fue solo, una sierva. Sara, de igual manera, puede delatarse a sí misma en otras formas, en su indebida impaciencia contra Agar, como también al entregar a esta a Abraham, su marido, pero aun así las relaciones no son afectadas por esto. Agar es todavía la sierva de Sara, y como tal debe residir en la familia mientras ella lo permita.

             Todo esto es una clara y fuerte enseñanza, y enseñanza de misterios, como he dicho. Porque Agar, como sabemos por (Gál.4), es la ley o el antiguo pacto, que, aunque llenó y formó la casa de Dios en su tiempo, estaba sirviendo para un gran propósito e instrucción o disciplina de los herederos de la promesa.  Y todo el tiempo hubo allí un gran propósito oculto, para expresarme así, en esta casa mística del patriarca. En un sentido divino fue ciertamente la cosa principal. Ismael nace y es circuncidado, y siendo el único hijo y heredero aparente, viene a ser el objeto, no dudo, de diaria solicitud. Pero para Dios Ismael es el segundo. Él parece ser el principal en la escena, pero no lo es divinamente. De acuerdo con esto ni él, ni su madre son tenidos en cuenta por el Espíritu o mano de Dios después de esto, mientras ellos viven en la casa, hasta el debido tiempo para su expulsión. Abraham, a través de humano y carnal cariño, lo pone por un momento bajo el ojo de Dios, y él es circuncidado como cualquier esclavo comprado lo habría sido, pero ni él ni su madre son los objetos de los propósitos del Señor. Él eligió a Abraham y a Sara, o a personas y cosas conectados con ellos, están en Sus pensamientos. Sus comunicaciones son para ellos, y también Su disciplina; ellos aprenden y experimentan su valor a Su estimación, (cap. 17-20).

            ¿No es esto, de igual manera, una palabra de instrucción para nosotros? Agar y su hijo están en la casa todo este tiempo. Pro Abraham y Sara son los objetos de Dios. Nuevamente puedo decir, que, durante la edad de la ley, la casa de Dios estuvo, es verdad, manifestada como bajo la ley, la ley llenó esta con un material de su propia obra, pero todo el tiempo estaba allí la acción oculta del Espíritu con los elegidos, los elegidos en la casa eran realmente los objetos de Dios.

             Estas dos etapas en el camino de la esclava egipcia son muy significativas. Su entrada en la casa de Abraham como la madre de su primer hijo Ismael, y su residencia allí por un tiempo, tienen un sentido místico en ellos. Pero estas cosas no agotan toda la historia. Tenemos todavía que mirar a su expulsión de esa casa.

            Su hijo crece hasta ser un muchacho. Y como he sugerido, hasta entonces este ha sido el objeto del interés de la familia.  Pero la corriente oculta, que estaba bajo tierra, o que era conocida solo en los consejos y promesas de Dios, deben aparecer e imponer su curso. La gracia y el pacto deben seguir sus caminos y vienen a ser principales en esta escena. Por tanto, en debido tiempo, si, en el mismo y justo momento, “cuando vino la plenitud del tiempo” nació Isaac.

             La aparición de este hijo fue una gran era.  Y pronto se vería que esta era una señal que sería contradicha, como también para el gozo de los elegidos.  Abraham hace una fiesta, pero Ismael se burla de Isaac en esa misma oportunidad.  Aquí estaba la revelación y manifestación de los corazones. Uno se burla de aquello en lo que otro se gloría. Pero Sara es más intrépida aún. Ella no solamente tomará parte en el gozo de Abraham, sino que también juzgará a los burladores. “Echa a la mujer y a su hijo”, dice ella.  Aquí había otro corazón revelado, un gran corazón verdaderamente. Aquí tenemos una energía de fe que estaba en aquellos momentos lejos de ser la de Abraham. Abraham personal y quietamente gozaría del hijo de la promesa, pero Sara no solo haría esto, riéndose con creyente delicia en él, sino que también expulsaría todo lo que podría perturbar y disputar su derecho de heredero de todo.

             Este era realmente un corazón con fe. Eso hablaba del pensamiento de Dios (Gál. 4:30). Esto estaba interpretando el don de Dios, el hijo de la promesa, y era justo que fuese así.  Ella estaba poniendo honor sobre el don como este lo merecía. No era solo la intrepidez de la madre, sino de la fe; porque, ¿cómo podía el don de Dios ser mantenido solamente sobre un mismo nivel, con el fruto del poder humano?

            La fe de Sara es muy estimulante, recibiendo también, como lo hace, la plena y dispuesta aprobación del mismo Señor.  Es delicioso ver esto. Es bueno cuando el alma puede, con Abraham, alegrarse en los cumplidos consejos y promesas de Dios. Pero es mejor, cuando podemos ser libres y osados en fe, como en gozo para desterrar de nuestros corazones todo espíritu de temor y esclavitud, cada fruto de la naturaleza y de la confianza salvo en los soberanos recursos del Dios vivo, el Dios de toda gracia y salvación como es Él, cuando podemos rehusar escuchar o ver algo que pueda silenciar o nublar esa bondad y poder de Dios por medio del cual Él mismo habla y revela a nuestros corazones.

            De la presencia de tal fe como esta, todo debe retirarse y dejar lugar para Dios y Su don. Agar es expulsada y también el burlón Ismael.  Sara lo quería así, la fe, más bien lo desea así. Y así lo quiere Dios; y Abraham, y su afecto natural han de ser temidos, y debe permitir que esto sea así.

            ¡Qué preciosos misterios son aquellos sobre los cuales pueden nuestras almas meditar, acerca de la introducción de Agar en la casa, de su residencia en esta, y su despedida de la casa, de nuestro padre Abraham!

El inmediato fruto de esta aparición de Isaac, como he estado observando, es la despedida de Agar y su hijo. Y, como también he observado, esto es un misterio. “Cuando vino la fe, no estamos más bajo ayo”; pero la exhortación ahora es “permanecer firmes en la libertad con la cual Cristo nos ha hecho libres”.

El espíritu de hijo reemplaza a aquel de temor. No debe haber lugar en la casa para dos hijos de tan opuestos temperamentos. Desde que Jesús ha aparecido, los elegidos están sobre el fundamento en la justicia de la fe y esperan por la esperanza que esta inspira (Gál.5), y el temor y la esclavitud se alejan.

El fruto futuro de este evento místico es el pacto de paz entre Abraham y los gentiles, Abraham en esa gran oportunidad toma la guía, y pronto después reconociendo, por primera vez, la tierra como una hermosa milenial escena, y el Señor Dios como el Dios Eterno, o el Padre de la edad milenial (Cap. 21).

En esta forma los inmediatos y finales resultados de la aparición o nacimiento del hijo de la mujer libre son exhibidos. Pero hay más que observar en la historia hasta el capítulo 25. Otra cosa es incidentalmente observada también, el destino del expulsado hijo de la esclava.

Al principio él está como muerto. La provisión con la cual Abraham lo dejó se ha agotado., y el echado completamente sobre Dios. Pero bajo Su providencia este crece y prospera, como un hombre del desierto. Allí él vive y tiene su ocupación, y las profecías que se habían anunciado antes de él (cap. 16) son echas una realidad. Pero en el principio y prueba de su pensamiento él retorna, tanto como puede, a la tierra nativa de su madre.  Ella toma para él una mujer egipcia.

Todo esto es significativo. Porque sabemos que Ismael es, místicamente, el hijo “de la Jerusalén que ahora es” (Gál.4) Y en pleno acuerdo a este modelo de Ismael, es ahora con los judíos; porque el judío (la nación de Israel) desde el día de su expulsión de la casa de Dios, ha dejado de ser reconocido por el Señor en la tierra de sus padres, pero ha sido guardado vivo, por la peculiar mano o provisión de Dios. Un pleno fin ha sido hecho de otras naciones, pero no de Israel, y nuca se hará esto con ellos. Porque esta es la promesa: un pueblo echado, pero no destruido. Ellos han, es verdad, ido atrás en lo que han podido a la carne de la cual por profesión a través de la circuncisión ellos habían salido; ellos han, en principio, retornado a Egipto, o encuentran afinidad con los caminos de un mundo no circuncidado; allí está hasta este día, guardados por la mano de Dios para los futuros propósitos de Dios, toda su historia es marcada por la energía de una mano divina sobre ellos.

Todo esto es significativo: el desierto de Ismael es una muy mística tierra como la tierra de Israel. Pero, además, durante el crecimiento de Ismael en el desierto, la casa de Dios ha estado gozando de libertad. Isaac ha llenado el corazón de Abraham y Sara con risa.  Y toda esta libertad y gozo es tan divina como la preservación de la vida de Ismael en el desierto, una siendo el anuncio y presagio del Espíritu, la otra de la mano de Dios. Dios aprobó este gozo. Él de ningún modo querría que esto fuese de otra manera.

Y, es bendecido decirlo, esto era adorando como también un gozo personal; porque podía asociarse con cualquier sacrificio. El padre y el hijo, Abraham e Isaac, se amaban el uno al otro con sinceras afecciones, pero al mandato del Señor ellos pueden ir al altar como el oferente y el cordero. Y también fue gozo que podía detenerse en el pensamiento de la resurrección, y poner sus objetos más allá de las escenas del sepulcro.  Y esto fue un santo celo también. Este rehusó toda familiaridad o afinidades de Ismael con el mundo. Los capítulos 22 al 24 exhiben estas cualidades en Abraham e Isaac, mientras Ismael está creciendo no mejor que un egipcio en el desierto (cap. 22 al 24).

Esto es, creo, profundamente significativo. ¿No es este es el cuadro de lo que en esta edad debemos ser, en un espíritu de plena alegría y libertad ante Dios, pero también en un espíritu de sacrificio, y separación del mundo?

Finalmente, como ya he anticipado, en poco tiempo la escena se cambiará a la gloria del reino. Abraham o Israel será cortejado por los Gentiles y sus reyes, la tierra será hermoseada, o plantado con robles nuevamente, y el altar del Dios Eterno o milenial (ver Cap. 21) será levantado, mientras un pacto de paz atará a todas las familias de la tierra juntas; como aquí al final de la simiente de Abraham, por Cetura es enviada a tierras distantes, con dones de su padre, ¡aunque Isaac se queda en casa como el heredero de todo! (cap. 25).

¡Graciosas invenciones”, ciertamente, la sabiduría divina emplea estas cosas para enseñar a nuestras almas con gozo y beneficio!”

 

 

                                                                                      J.G. BELLETT

 

 

 

ISMAEL

 

He estado pensando un poco sobre Ismael, no solo como se nos presenta en el libro de Génesis, sino también y especialmente en el N. Testamento, y tanto en la casa de Dios como en la casa de Abraham. Es bueno vigilarlo a él de cerca y tratar decididamente con él, especialmente en nuestros días, cuando está viniendo a ser un poco más osado y atrevido de lo que lo ha sido hasta ahora. Ismael es la escritural personificación de la religión de las ordenanzas.

Si lo seguimos a través de las escrituras cuidadosamente, encontraremos que él ha actuado, aunque siempre en carácter, en diferentes formas y energías: lo veo allí como uno insolente, acusados e injuriador, airado y mal humorado hombre, un seductor y perseguidor.

En la casa de Abraham, donde le vemos primero el parece (decimos nosotros), él era insolente (Gén.21). Isaac era poco menos que un débil niño cuando él tenía catorce años. Él jugaba con este niño destetado, se burlaba de Isaac. La carne o el poder de la naturaleza podía bien despreciar a Isaac, porque era un niño, que no podía hablar. Él era débil en sí mismo en las manos de su hermano mayor; él no podía hacer nada por sí mismo a causa de su debilidad; otro debía tomar su causa.

Lo vemos también en la casa del fariseo (como también en la casa de Zaqueo) (Luc. 19:7) este mismo Isaac es un injuriador (Luc.7). La   recepción de uno así indigno como el prodigo fue para el hermano mayor una gran provocación. Él se queda afuera en orgullo y enojo rehusando entrar en la casa que podría perder de este modo su carácter, u olvidar esto en cuanto poner en peligro su respetabilidad con el pueblo. Él es acalorado y tiene mal temperamento en el camino de la gracia.

En las iglesias de Galacia, el mismo Ismael acecha como un seductor.

Él no queda al lado de afuera en indignación a causa de los caminos de la gracia, esa gracia que ha llenado la casa; sino que está adentro para seducir a quienes están allí por la fe, la respuesta, la única respuesta, que un pecador puede dar a la gracia. Él actúa allí como una serpiente, tratando de corromper el pensamiento y alejarlo se la simplicidad de Cristo. El mismo Ismael ha estado en el mismo carácter en Jerusalén y Antioquía, “espiando nuestra libertad” (Gál.2). Contra el apóstol Pablo, el Ismael de la Escritura fue un perseguidor (Gál. 4:11). Frustrado como serpiente y seductor, él no abandonará el campo, sino que usará su poder como un león, y como tal ha tenido un terrible deporte realmente, no solo en el día y persona del apóstol, sino también en los tiempos del Papado como también en la Roma pagana. Pablo mismo actuó como un león cuando él fue del místico Ismael (Hechos 26:10).

Este es el Ismael de la Escritura, este es el hijo de la esclava, esta es la religión de la carne y de la sangre, la religión de las ordenanzas e imposiciones. Y Estas han sido sus diversas formas de acción, burla, injurias, odio, seducción y persecución.

El mismo Ismael está lleno de vigor hoy. Él es fuerte y decidido como lo era en los días de Agar. Pero este es nuestro confort. Si él no ha cambiado, tampoco el pensamiento divino concerniente a él, y el propósito divino, o los tratos divinos con respecto a él. Y esta es nuestra consolación y sabiduría, marcar cómo este pensamiento y propósito y trato de Dios con el místico Ismael ha sido revelado desde el comienzo.

Abraham se alegró en el débil niño que provocaba el desprecio y burla de Ismael. Y Sara pidió que su Isaac morase solo en la casa, y que la esclava y su hijo fuesen expulsados de esta. Y todo este gozo de Abraham y propósito de Sara expresaba el pensamiento de Dios. Esta voz de Sara es llamada “Escritura” (ver Gál. 4:30). Él Señor trata de este modo con la pobre e indefensa alma que confía en Él, como actuaba Sara hacia su hijo Isaac, y se regocija en él como lo hacía Abraham.

De la misma manera, en Su día, Jesús fue festejado y alegrado por aquel a quien el fariseo-Ismael estaba secretamente acusando e injuriando. Simón vio a la pobre mujer como ella era en si misma; Jesús, mientras sabía todo eso, se jactaba y alegraba en ella, al ver lo que la fe y el amor habían hecho ahora de esta. Esta fue la respuesta divina al injuriador Ismael frente a una pobre y arrepentida pecadora. Y este es aún el camino de Dios, en las riquezas de Su gracia, silenciando cada lengua que quisiese acusar a los tales. “¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Es Dios quien justifica”.

Así es también en el caso del hijo pródigo, el gozo del corazón del padre, la delicia de Dios, en Su propia gracia, responde a Ismael, el hermano mayor. Era verdad, que el hijo más joven ha sido un derrochador. Esto es verdad, pero si la casa del padre se hubiese solo preocupado de su respetabilidad en la sociedad, no le habría dado la bienvenida a este. Pero había un corazón en esa casa, un corazón tal, que la moralidad o la religión de la respetable sociedad no comprende. Y el gozo de tales gratificadas afecciones es la excusa para la casa del padre y la respuesta dada al mal humorado Ismael, que era el hermano mayor. “alegrémonos porque ha sido encontrado”. La fiesta aún dura en la casa de Abraham; y en la casa del padre a causa del indigno hijo que ha vuelto.  “Dios se deleita en la misericordia”. Y él será Dios todavía Dios, y tiene Su propio camino, a pesar de Ismael.

A su vez, como ya hemos tenido en cuenta, el apóstol, en la energía del Espíritu Santo, tiene que tratar con Ismael. Él vigila sus prácticas y acciones como seductor. Las expone y reprende como siendo de hombre, y contra la verdad de Dios desde comienzo a fin. Él contiende con ellos; insistiendo como Sara, que aquel a quien pertenecen estas prácticas, y todo lo conectado con ellas, deben ser puestas fuera de la puerta. Él lo resistiría como a un seductor aún hasta la muerte, y lo expondría como una serpiente preparada para ser destruida por él como un león. Y esta energía del apóstol nos habla del pensamiento del Espíritu, que era la fuente de todo esto.

¿Precioso alivio para nuestras almas es todo esto! Mayor aún en un día como el nuestro, cuando Ismael está afuera nuevamente, en pleno vigor y actividad. Él cambia, como hemos visto, la forma de su acción, acomodándose a las circunstancias. Él debe hacer eso. Si él no puede matar a alguno, hace lo que puede. Insulta al débil, se indigna ante la gracia, seduce y aleja de la fe y hace llorar o mata a quienes se adhieren a esta; pero en cada forma de su acción él encuentra resistencia de parte de Dios.

¡Bendita y simple consolación! Si no sufrimos en nuestros días por sus palabras de perseguidor, sufriremos de sus palabras como injuriador. Y hay una medida de sufrimiento del desprecio de su vida y ojo. Libertad en Cristo, independencia de las tradiciones de los hombres y de los elementos del mundo, rechazo de la religiosidad de la carne y sangre, son aún reprochados y desafiados. Pero el Espíritu Santo permanece con nosotros y nos ayuda. Y esta es nuestra victoria y gozo. Él aún nos estimula, “permaneced firmes con la libertad con la cual Cristo nos ha hecho libres”.

Con que terrible poder el atractivo de Ismael o el principio religioso de muestra en Mateo 27:6,25. Los gobernadores judíos han comprado la sangre de Jesús, pero ellos reconocen que este dinero está manchado de manera que no pueden depositarlo en el templo. Ellos reconocen la presencia de la casa más terrible que la presencia de Aquel que moraba en esta.

Así también la multitud judía. Ellos han sido profundamente conmovidos por las cosas que Jesús estaba haciendo y diciendo por años; pero ahora, en un momento, al ofrecimiento de la autoridad religiosa, ellos cambian su lenguaje y dicen, “¡crucifícalo!”.

¡Qué solemnes testigos son estos al infatuado poder de la religión carnal, la religión de la ley, y las tradiciones y autoridad humana!