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CONDIMENTOS DE LA ESCRITURA #1

MIEL

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Nota: La mayor parte de las citas bíblicas han sido tomadas de la Versión JND.

¿CUAL ES SIGNIFICADO DE LA MIEL EN LA ESCRITURA?

Como un símbolo, la miel representa lo que es dulce en la naturaleza. Y, contrario a las nociones de los ascetas, lo que es dulce en la naturaleza es bueno para el hombre. “Come miel, hijo mío, porque es bueno; y un panal es dulce a tu gusto: así que considera la sabiduría para tu alma; si tú la has encontrado, habrá un resultado, y tu expectativa no serán cortada” (Prov. 24:13). La miel es buena, y la Biblia dice así en este versículo. Esta se encontró en la tierra de Palestina con tal abundancia que la tierra de Israel fue llamada una tierra de leche y miel. Y fue bueno para el pueblo de Dios comer miel de la tierra que Dios les había dado.

Pero ¿qué quiere decir que la miel representa lo que es dulce en la naturaleza? Las cosas que se encuentran naturalmente en este mundo son a menudo amargas, pero algunas son dulces para el alma. Por ejemplo, palabras agradables son algunas veces halladas en medio de todas las amargas y airadas maldiciones que llenan el mundo. Ellas pueden ser las palabras de un cumplido, un simple “gracias” u otras cortesías, o ellas pueden ser palabras tranquilizantes, palabras confortantes, “una dulce canción, una voz placentera” (Ezeq. 33:32). En cualquier caso, son tan dulces para los oídos como lo es la miel para la lengua. Las “palabras agradables son [como] un panal, dulces al alma, y salud para los huesos” (Prov. 16:24). Estos versos nos permiten concluir que la miel es usada en las escrituras en un sentido no literal.

La miel representa mucho más que palabras placenteras. Muchas otras cosas naturales en mundo son dulces como la miel también y no deben ser excluidas de lo que la miel representa. Hay lugares agradables para ver, algunos sonidos agradables de algún tipo de música, gratos pasatiempos para disfrutar, etc. En parte, lo que es llamado dulce depende de la persona a considerar. Para algunos, el ejercicio físico y los juegos son un parte dulce de sus vidas. Para otros, es el quieto descanso y reposo. El único calificativo es que la cosa dulce debe ser natural.

No todas las cosas naturales son malas, aunque los efectos del pecado se han extendido por toda la tierra. El sistema del mundo, sin embargo, es una obra del hombre que ha sido impuesto sobre lo que es natural en el mundo. El sistema del mundo NO es dulce para ninguno que ve las cosas como Dios las ve. Pero el mundo que Dios creo es testigo de la mano de su Creador en muchas cosas dulces que abundan en este. Pueda Dios darnos sabiduría para discernir entre las cosas agradables de la naturaleza y las dulzuras artificiales del sistema del mundo de los hombres.

La sabiduría también es necesaria para discernir entre las cosas dulces de la naturaleza y las cosas que están por encima de la naturaleza. En Lev. 2:11, los Israelitas fueron instruidos que “nada de miel debe arder [en] ninguna ofrenda encendida a Jehová”. Jehová olería un dulce olor sin la adición de la dulzura natural de la miel. La obra de Cristo es dulce al corazón de Dios sin la adición de nada que sea dulce para el hombre naturalmente. La miel, entonces, fue excluida de las ofrendas hechas por fuego en Israel. La miel, por lo tanto, representa aquellas cosas dulces que pueden estropear la adoración de Dios si es usada equivocadamente. “Dios [es] un espíritu; y los que le adoran deben adorarle en espíritu y verdad” (Juan 4:24), pero la adición de lo que apela a nuestra naturaleza en la adoración arruina la adoración tanto como la miel hubiera estropeado una ofrenda en Israel.

¿CUAL ES LA DIFERENCIA ENTRE LA MIEL Y UN PANAL?

Hay una diferencia real entre la miel y un panal. El panal es la colección de pequeños sacos o celdas que las abejas hacen para contener la miel en sus colmenas. Las abejas tienen un instinto dado por Dios para construir la intrincada y ordenada estructura de los sacos de miel que constituyen el panal para que el fluido de miel pueda ser exprimido. El panal entonces es la expresión física de la estructura ordenada que Dios enseño a las abejas. Y Dios también ha ordenado estructuras ordenadas para dar forma a todo tipo de dulzura natural en la vida humana. Por ejemplo, Dios ha ordenado que muchas de las alegrías naturales más dulces puedan estar conectadas con la familia. En la familia, el orden de Dios es visto en el señorío del esposo (Ef. 5:23) y la sumisión de la esposa a su propio esposo (Ef. 5:22). Los niños deben ser obedientes a sus padres en el Señor (Ef. 6:1), y los sirvientes a sus amos (Ef. 6:5). Los padres deben ser fieles a sus hijos para disciplinarlos y amonestarlos en el Señor (Ef. 6:4), y de igual manera los amos deben tratar fielmente con sus sirvientes (Ef. 6:9). Este conjunto séxtuple de relaciones entrelazadas comprende una estructura ordenada para la familia. Donde se lleva a cabo este orden dado por Dios, habrá abundantes alegrías naturales de todo tipo al igual que las celdas hexagonales del panal de miel son llenados hasta reventar con la dulzura de la miel. Ninguna parte de este orden tiende a estropearse o a verse disminuido de una verdadera alegría, aunque la sabiduría de este mundo que rechaza la voluntad de Dios pueda decirnos lo contrario.

              

Por otra parte, comer miel liquida presenta un problema diferente a comer un pedazo de un panal de miel. Cuando comes miel, a menudo gotea por todas partes y es un desastre. ¿Has visto tres o cuatro niños y un tarro de miel en la mesa sin que esto haya sido un desastre? Sin embargo, un panal de miel, está limitado por su propio orden interno y está diseñado para comerse sin que la dulzura vaya a donde no pertenece. Así el Señor Jesús una vez comió un pedazo de un panal de miel después de haber resucitado de entre los muertos (Lucas 24:42). Quizás de hecho, Sus discípulos conocían que la expresión de orden en el panal seria bienvenida cuando se lo trajeron. Después de todo, ellos estaban presentes cuando el Señor Jesús dijo a Su madre, “¿Que tengo que ver contigo, mujer?” (Juan 2:4). Ella buscaba de Él un poco de ayuda con las alegrías naturales en la fiesta de bodas en Caná de Galilea. Sin embargo, no era Su hora y, aunque Él podía transformar el agua a vino en gracia para suplir la necesidad de la fiesta, no podía traer alegría para el corazón natural de María por la relación natural que tenía con Él. Cuando Su hora llegue, tendrá por derecho el lugar más alto en la fiesta, siendo tanto el maestresala como el novio. Por otro lado, en la cruz, Él, la encomendó a su amado apóstol Juan porque no había nada fuera de lugar en Su actuación cuando estaba a punto de partir del mundo hacia el Padre (Juan 19:26-7). Así, perfectamente, el orden interno restringió todas las alegrías de la relación natural con lo que era apropiado para cada época y estación.

 

 

¿QUE TIPOS DE COMIDA SON BUENAS PARA COMER CON MIEL?

 

En las Escrituras, la mayoría de las veces la miel es mencionada en conexión con algunos otros ítem de comida. Así, las cosas dulces de la naturaleza están siempre bien cuando se combinan con el juicio propio y el hacer la voluntad de Dios de nuestros corazones. Tomemos varios ejemplos de esto.  

Dios alimento a Jerusalén con “harina fina, y miel, y óleo” (Ezeq. 16:13). Cuando Jehová escogió a Jerusalén para poner Su nombre allí, no era una ciudad hermosa. Pero la harina fina habla de la pureza uniforme de la vida de Cristo y el óleo habla del poder del Espíritu Santo. Cuando se alimentó de estas cosas juntas, Jerusalén vino a ser “extremadamente hermosa” (v.13). La miel por sí sola no era suficiente. La pureza uniforme de la vida de Cristo vino del hecho de que Él no vino a hacer su propia voluntad, sino la voluntad del Padre en todas las cosas. Y el Espíritu Santo es el poder en el andar para la gloria de Dios aquí abajo. El resultado de esta dieta es una belleza sobresaliente. Tal belleza moral es mucho más valorable que la mera belleza física que el mundo busca con sus cosméticos y los llamados salones de belleza.

Juan el Bautista comía langostas y miel silvestre (Mat. 3:4). La palabra “silvestre” significa que esta miel venia del desierto, no de las colmenas de un agricultor de miel. No denota desenfreno o rebelión, sino que esta no estaba conectada con los sistemas agrícolas del mundo (Caín fue un agricultor). Esta era buena para comer con langostas, porque las langostas no son dulces al comer. Las langostas son a menudo encontradas en las Escrituras como los agentes judiciales de Dios. Las vidas que son gastadas aparte de Dios están llenas de “los años que la langosta se ha comido” (Joel 2:25). Una plaga de langostas cayó sobre Egipto cuando Faraón se negó a dejar ir al pueblo de Israel. (Ex. 10:14). Dios también tiene una horda de langostas para desatar en la tierra en el futuro (Apoc. 9:3). Juan el Bautista asimilo todo lo que las langostas significan como su comida diaria. El conocía el juicio de Dios y por eso predico el arrepentimiento: “¿Generación de víboras, quien os enseño a huir de la ira venidera?” (Mat. 3:7) al mismo tiempo, Juan conocía una gran alegría natural porque él era “el amigo del novio, que lo acompaña y oye” y “se goza en el corazón a causa de la voz del novio” (Juan 3:2). Debido a que no había peligro que la dulzura en palabras y testimonio se desequilibraran en él, era adecuado y seguro para el comer su miel con sus langostas. 

El profeta Isaías hablo del nacimiento virginal de Cristo en Isaías 7, y dijo de Cristo, “Comerá mantequilla y miel, para que sepa rechazar el mal, y escoger el bien” (v.15). La miel por sí sola no serviría (ni la mantequilla tampoco) si el fin en vista es la santidad. La mantequilla es el producto del proceso de separación aplicada a la leche entera: la mantequilla es separada del suero en la mantequera. Reconocer el mal o juzgar que algo es malo sin separarse de aquello (rechazar el mal) es impío. Reconocer el bien o juzgar que algo es bueno sin separarse hacia esto (escoger el bien) es impío también. El principio de separación del mal hacia el bien es la raíz practica de la santidad. Y esto es justo lo que es necesario para ir acompañado con dulzura natural. Queridos lectores, si prestamos atención a la separación del mal, Dios no fallará en enviarnos la dulzura a su tiempo, incluso, “corrientes, ríos, arroyos de miel y mantequilla” (Job 20:17).

El Señor Jesús en resurrección comió “parte de un pescado asado y de un panal” (Lucas 24:42). La palabra “asado” significa que el pescado paso a través del fuego, una figura bien conocida para el juicio de Dios. En la cruz el Señor Jesucristo sufrió bajo el ardiente juicio de Dios en las tres horas de tinieblas (Lam. 1:13). Como el cumplimiento del holocausto, “Cristo nos amó, y se entregó a si mismo por nosotros, una ofrenda y sacrificio a Dios como un dulce olor grato”. (Ef. 5:2) Habiendo primero satisfecho las demandas de la santidad de la Deidad, Él es digno de todo honor y bendición, sí, de cada cosa dulce y agradable. ¿Y Él qué cosas estima dulces? Incluso cada respuesta de amor en tu corazón y mío, querido lector. ¿No le hemos oído decir, “Tus labios, [mi] esposa, destilan [como] el panal; miel y leche bajo tu lengua”? (Cant. 4:11). Nuestros labios están llenos de dulzura ordenada cuando se llenan de palabras de alabanza hacia Aquel que murió por nosotros. Puedan nuestros corazones responder como el corazón de la novia hasta que Su corazón este tan lleno que Él pueda verdaderamente decir, “He comido mi panal con mi miel; he bebido mi vino con mi leche” (Cant. 5:1).

En cada caso, entonces la miel es comida con aquello que nos habla de poner las demandas de santidad primero. El orden es sorprendente ¿no es así? La miel siempre es puesta en segundo lugar.

QUE ESTA MAL CON COMER MIEL SOLA

En toda la Biblia hay solo dos hombres que comieron miel sola. Sin langostas, sin mantequilla, sin vino o harina u aceite, ni pescado asado. Solo miel, así dulce y almibarada. A ninguno de los dos les interesaba pensar en una dieta balanceada en ese momento. La miel estaba allí y ellos estaban allí, así que comieron. Muchas veces en nuestras vidas somos dulzura. La forma en que respondemos a un cumplido inesperado o un regalo inesperado, o la gratificación imprevista que brota del melancólico estado de nuestras almas.

Cuando Sansón descendió a los Filisteos para tomar una mujer malvada por su esposa, el encontró abejas y miel en el cadáver del león que había dado muerte (Jueces 14:6-9). Los Filisteos retratan la intrusión del hombre en la carne en las cosas de Dios porque ellos buscaron habitar en la tierra sin haber pasado por el camino del desierto, el Jordán o Gilgal. La lección moral del león muerto “sin tener nada en su mano” fue que no se necesitaba una alianza impía con una mujer filistea para obtener la victoria sobre el enemigo. Por desgracia, Sansón estaba ciego a esta lección y el carácter moral de su Nazareato. El tomó la dulzura en sus manos, codiciosamente, y comió mientras iba en el camino. Debido a que sus manos estaban llenas, no estaba preparado para ninguna buena obra (2 Tim. 2:21).  No había distancia moral entre él y la miel y esto vino a ser parte de su vida desordenada (ninguna mención es hecha aquí al panal). ¡Cuán fácil es desarrollar un gusto por lo dulce hasta que el disfrute de los placeres naturales viene a ser el objeto de nuestras vidas! Que fácil es ser influenciado por las dulces charlas o dulces maneras o hermanos dulces hasta que la verdad es abandonada por ese bien. Entonces Sansón llevo la miel a sus padres: ¿cómo podría su padre no ayudar a conseguir una novia para su hijo que con tanto amor trajo miel a su casa? (Jueces 14:10). Sin embargo, que nadie piense que hay maldad en la miel: la dulzura natural es una bendición de Dios para ser disfrutada, pero no abusada.

¡Cuán diferente es la actitud hacia la miel por parte de Jonatan! Él ha ido a pelear con los Filisteos con el báculo que caracteriza al peregrino en su mano (1 Sam. 14:27). Este emblema del carácter peregrino dio orden a su vida. Mientras perseguía al enemigo en el bosque, se encontró con miel en el suelo (v.25), sin duda sacudida de las colmenas en los árboles por el terremoto del v.15. Algo de ella, sin duda, fluyó de manera amplia y liberal sobre la tierra y la suciedad del suelo. El resto permaneció dentro de la ordenada restricción del panal. Ahora si toma algo de miel en sus manos, ¿Cómo podría estar con Dios y luchar en contra del enemigo? De hecho, le vemos tomar el báculo del peregrino y usar su punta, no en un charco de miel, sino de un panal de miel. El bastón hizo una distancia moral entre él y la miel. Recibiendo la miel en su boca, sus ojos son alumbrados. ¿Cuánto debía comer? “Probé un poco de esta miel”, él dijo (v.29). Y este poco fue suficiente para fortalecer su corazón para la batalla. ¡Pueda esto ser siempre así con nosotros para que las alegrías naturales de esta vida sean usadas para revitalizarnos en la batalla espiritual contra la intrusión del hombre en la carne en las cosas de Dios! Si siempre fuera así, ¿No habría habido una victoria mucho mayor y un número mucho menor de santos de Dios debilitados en el día de la batalla?

¿CUANTA MIEL ES SUFICIENTE?

"¿Has encontrado miel? Come tanto como sea suficiente para ti, para que no te excedas y vomites” (Prov. 25:16). Mucha miel puede enfermar. Pablo no dijo en absoluto que Demas, quien había abandonado al apóstol Pablo, había sido atrapado por las cosas malvadas en este mundo. Así, Demas puede ser una advertencia para nosotros de que todas las cosas de esta presente edad, no importa cuán agradables puedan ser, pueden conducir nuestros corazones lejos del objeto apropiado (2 Tim. 4:10). Jonatán, como hemos visto, comió solo un poco de miel. Esto es mucho mejor que el caso de Demas. ¿Pero que es un poco? ¿Y Que es mucho? ¿Como Podemos saber si la dulzura natural está ocupando un lugar demasiado grande en nuestras vidas?

La tendencia predominante es que las cosas dulces tengan un lugar cada vez más grande en nuestros corazones y vidas. El azúcar también es adictivo. El hecho es que cada vez que nuestros corazones están ocupados con la dulzura a expensas de hacer la voluntad de Dios, eso es demasiada miel.

Un ejemplo de un hombre que uso mucha miel se encuentra en 1 Reyes 14. Jeroboam el hijo de Nabat hizo que Israel pecara cuando el estableció dos becerros de oro para que Israel adorara. Sin embargo, el profeta Ahías había roto su vestido nuevo en doce pedazos, dando diez a Jeroboam como señal de que se convertiría en gobernante de diez de las tribus de Israel (1 Reyes 11:30-31). Entonces Jeroboam conoció al profeta. Además, Abías el rey de Juda había estado en la cumbre del Monte Zemaraim y proclamado que los sacerdotes de la casa de Aarón todavía colocaran los panes “en orden sobre la mesa pura” (2 Cron. 13:11). Jeroboam escucho estas palabras y las entendió; los doce panes en la mesa pura estaban en orden porque Dios había hecho de Israel una nación de doce tribus. Así, el malvado reino de Jeroboam era un reino en rebelión contra lo que Dios había instituido. Ahora, años después, su hijo enfermo (1 Reyes 14). Entonces Jeroboam recuerda al profeta y envía a su esposa disfrazada con un presente para preguntarle que acontecería con su hijo. El presente fue diez (!) hogazas de pan y tortas y un cántaro de miel. ¿Qué significaba esto? ¿Podía el profeta aceptar un memorial de diez tribus del rebelde que los gobernaba? ¿Podría ser engañado para que comiera algo que respaldara incluso de manera simbólica el reino herético de los becerros de oro? ¡Entonces envió un poco de miel para endulzar el trato! ¡Ahora esto es demasiada miel! Hoy, el Señor Jesucristo es el cabeza de la iglesia por la cual murió y esa iglesia es UN CUERPO (Ef. 4:4). Pero esta en ruinas, dividida y desgarrada en muchos fragmentos eclesiásticos. ¿Podríamos o deberíamos o querríamos aceptar ese estado como correcto o normal? ¿Podríamos comer las enseñanzas que legitimaran la separación de lo que Dios ha hecho uno? Si a cualquiera le resulta difícil hacerlo, no desearían a los hombres que con gusto agregarán un poco de miel para endulzar el trato. ¡Cualquier dulzura natural usada para promover la división en partidos de aquellos a quienes Dios ha hecho uno en Cristo es demasiada miel! Cuando hemos pasado tantos años buscando la dulzura, es difícil discernir cuándo se usa mal la dulzura de la forma en que Jeroboam la usó mal, ¿no es así?

¿QUE ES MAS DULCE QUE LA MIEL?

 

Esta es la pregunta que los compañeros filisteos de Sansón propusieron en respuesta al enigma de Sansón (Jueces 14:18). Y es una buena pregunta para pensar. ¿Hay algo más dulce que la miel?  ¿Todas las advertencias contra el uso excesivo de miel significan que debemos alimentarnos solo de hierbas amargas? ¿Dios nos retiene lo bueno cuando nos enseña moderación en el uso de la dulzura natural? ¿O puede tener para nosotros algo que es más dulce que la miel?

“Ahora la luz es dulce” (Ecl. 11:7) y puede no ser justamente correcta para hacer comparaciones entre cosas que difieren tanto en su carácter, pero algunas cosas realmente son más dulces que la miel. La Palabra de Dios es “más dulce que la miel y el destilado del panal” (Sal. 19:10). Y lo más dulce en la Palabra de Dios es su testimonio de la Persona de Cristo. “Su boca es muy dulce: sí, él es todo codiciable” (Cant 5:16). Puedan nuestros corazones tomar advertencias de los pasajes de la miel que hemos estado meditando para no sentirnos tan llenos de dulzura natural que tengamos poco espacio para la hermosura de Cristo. Samuel Rutherford escribió una vez:

 

 

Mire esas profundidades (sin fondo) de amor, dulzura, belleza, excelencia, gloria, piedad, gracia y misericordia, que están en Cristo; y entonces proclamaras al mundo entero, y toda la gloria de este, incluso cuando venga el floreciente verano; y clamaras, “en lo alto con Cristo, en lo alto con el Padre de Cristo, ¡ en lo alto con la eternidad de gloria!

Nuevamente,

 ¡Oh, pero el cielo proyecta un dulce olor desde muy lejos a quienes tienen un olfato espiritual! . . . Dios envíame no más, a causa de mi parte en el paraíso, sino a Cristo: y ciertamente seria lo suficientemente rico, más que el mejor de los cielos, si Cristo fuera mi cielo.

Y nuevamente,

Desbordante amor (que vasto, enorme e ilimitado amor de Cristo) es la única cosa con que gustosamente tomaría en mis manos. Él lo sabe. . . que seré feliz, supongamos que nunca obtengo otro cielo sino solo una fiesta eterna y duradera de ese amor. Pero veo que mis deseos son pobres, Él no es pobre: Cristo, en todas las estaciones del año, está dejando caer dulzura.

D.R 1986