Pin It

¿ES USTED UN MIEMBRO, Y DE QUÉ?

 

Una palabra a los creyentes en cuanto a la comunión con cristianos

 

Comentarios Introductorios

 

Mientras la solemne cuestión de la eternal salvación del alma sea dejada en oscura incertidumbre habrá poca, si alguna, libertad de espíritu para pensar en aquello que interesa a Cristo o concierne a Su gloria, aparte de la mera materia  de la paz  y seguridad del pecador. Por otra parte, cuando uno que profesa tener el conocimiento de esta gran salvación y da evidencia en andar y caminos de fría indiferencia a estos intereses, esto manifiesta ya sea una muy superficial obra en el alma, o una obra no real. Porque debemos estar seguros de esto, que la obra del Espíritu en el alma es una gran realidad como lo es la obra de Cristo para esa alma, y esto en todo aquel que Él (el Espíritu) mora, Su actividad siempre tenderá a la gloria de Cristo. "Él me glorificará", dijo el Señor; "porque tomará de lo mío, y os lo mostrará," (Jn.16:14). Si este folleto cayese en manos de un alma turbada, es bueno añadir aquí, para su consuelo, que la paz no depende de nuestro estar satisfechos con la obra del Espíritu en nosotros, sino sobre la satisfacción de Dios en la obra de  Cristo por nosotros, y como ésta permanece la misma eternamente, el fundamento de nuestra paz es también inmutable. "Cristo sufrió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (1 Ped. 3:18). Pero es para aquellos que han sido recientemente llevados al conocimiento de la salvación que es escrito este folleto, aunque es el sincero ruego del escritor que sus páginas puedan en gracia ser usadas para el ejercicio y bendición de cada lector que ama a nuestro Señor Jesucristo en sinceridad.

 

¡Cómo desearía, antes de ir más lejos, llenar su corazón (si éste no está lleno) con los ardientes y celestiales rayos que brillan de esa pequeña sentencia! Jn. 13:1, "habiendo amado a los Suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" ¡a los Suyos! ¡Qué precioso pensamiento! Suyos, no solo por derechos de creación y redención, sino también suyos por don del Padre, "Tuyos eran, y me los diste," (Jn. 17:6.) Tan precioso es este pensamiento para Su propio corazón, que siete veces en ese notable expresión de Su alma  al Padre (Jn.17) Él hace mención de esto. ¿No es esto suficiente para llenar su corazón, querido lector? Es verdad que somos dejados por un tiempo en este frío, y oscuro mundo, pero usted y yo somos amados por Él, y amados a través de todo, hasta "el fin". Nunca piense, le ruego, pedirle a Dios que aumente Su amor hacia usted. Él  nunca podría hacer más, y nunca le amará menos. Bendito sea su nombre, Su amor es como Él mismo, infinito y eterno.

 

 

 

"Amor que ninguna lengua puede enseñar,

Amor que ningún pensamiento puede alcanzar;

Ningún amor como el Suyo.

Dios es su bendita fuente,

La muerte no puede detener su curso,

Nada puede detener su fuerza;

Este es incomparable"

 

 

 

No necesito decirle que usted no está solo en este pobre mundo y que es amado por Cristo y salvado por Su preciosa sangre. Hay otros coherederos "muchos hijos", que tienen la gloria eterna de Dios como su brillante destino; y estoy deseoso de decir unas pocas y simples palabras a usted acerca de su camino en conexión con estos, compañeros cristianos, los "Suyos", que han sido dejados como usted en este mundo. Pero primero quiero decirle:

 

Sea justo con Dios en secreto

 

Y presionaría sinceramente sobre usted la profunda importancia de la piedad personal, y la sincera devoción del corazón hacia Cristo, aparte de la cuestión de algún otro santo sobre la tierra. Pueda el Espíritu Santo de Dios hacer esto claro para usted. Dependa de esto; ser justo con Dios en su intimidad es de igual importancia para ser justo con Él en público, es decir, entre sus compañeros cristianos. Tome una simple ilustración. ¿Un buen  siervo no verá la propia condición de los vasos, etc., antes de ponerlos en la mesa de su señor? ¿Y un buen soldado no verá que sus vestimentas estén en un brillante y digno estado antes de ponerse en la fila junto a sus camaradas? Note, no estoy diciendo una sola palabra contra el justo orden, sino que más bien estoy enfatizando su importancia.  Aun así veo la necesidad de enfatizar sobre usted una cosa previa. ¿Qué amo se preocuparía por el más exacto orden de poner la mesa si los cuchillos y cucharas, etc., están en un estado inconveniente e insatisfactorio, y el mismo siervo en un lamentable desorden? ¿Qué capitán estará satisfecho con la puntualidad y regularidad de sus hombres si sus armas están mohosas? Por supuesto, un siervo que se preocupa por la aprobación de su señor no descuidará ninguna de estas  cosas.

 

Detengámonos por unos momentos, y permítame preguntarme a mí mismo y a usted una cuestión práctica: ¿hay algo en su corazón de lo que  esté bien consciente que no debiese  tener lugar allí por un solo instante si su bendito Señor y Maestro tuviese todo lo Suyo en usted?. Hagamos frente honestamente a esta cuestión, y seamos muy celosos para que no haya  una sola reserva en nuestros corazones egoístas para Él. Un cristiano que aprecia tal reserva está virtualmente diciendo, "Señor, puedo confiar en Ti para mi seguridad pero no puedo confiar en Ti para mi felicidad". ¡Considerémoslo más, querido lector!, "Él vendió todo lo que tenía," y también dio Su preciosa sangre, para el gozo de hacernos "Suyos";  y habiendo hecho así y sufrido todo esto por nosotros, ahora  nos da todo, y  hace una fiesta para Su propio corazón al hacer esto. ¡Qué Dador! ¡Bendito salvador! Ayúdame a alabarlo, y permíteme exaltar Su nombre. Bien, mientras más usted viene a estar en intimidad con Él,  para usar una  expresión familiar, más gozosamente anticipará estar con Él en el hogar celestial, y un más grande brillo y fervor celestial tendrá su testimonio hasta que se encuentre allí. Ninguna suma de esfuerzo producirá este estado; pero manteniéndose en Su compañía, y viéndolo en gloria, donde Él está ahora, usted será transformado "en la misma imagen de gloria en gloria,"  y de este modo reflejará Su belleza moral aquí abajo. Mientras más prácticamente venimos a ser semejante a Él, nuestras vidas hablaran más de Él.

 

Dondequiera que usted encuentra que su apetito por Él está disminuyendo, puede estar seguro que una o más de estas "zorras pequeñas que echan a perder las vides" están encontrando un imperturbable lugar en su corazón. Por tanto, busque  diligentemente, y no libre estas cosas, de otra manera per5derá su gozo y prosperidad  espiritual. Sino que enseguida vaya a Él, y dígale,  con una plena  renuncia a su propia  voluntad, "examíname oh Dios, y conoce mi corazón: pruébame, y conoce mis pensamientos: y ve si hay algún mal camino en mí (nota al margen, camino de pena o tristeza), y guíame  en el camino eterno" (Sal. 139:23,24)

 

Siempre será "nuestra única tristeza darle pena a Él, nuestro gozo servirle y seguirlo." ¡Qué placer es para uno que ama al Señor tener conciencia en su alma que está ministrando placer al corazón de Cristo! Es entonces que la más brillante oferta del mundo  puede parecer para usted como polvo y ceniza a sus pies.

 

Pasos justamente dirigidos, un falso camino detectado.

 

Es bueno al comienzo de su  carrera Cristiana estar plenamente consciente del hecho que es la palabra de Dios, la que debe ser la piedra de toque para cada cosa en nuestro camino, ya sea personal o colectivamente. Observe el Sal.119:104, "De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira"; y nuevamente, el v. 128, "Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, Y aborrecí todo camino de mentira." Note como el Espíritu Santo habla a través del salmista.  Este es un camino justo porque es de acuerdo a la palabra, o  falso que debe ser odiado. El hombre natural ama afinar las cosas  para mantener su conciencia quieta.  Dios  en creación, "separó la luz de las tinieblas", y él lo hace  moralmente todavía. El hombre mezclaría oscuridad y luz, pero guárdese de estos sutiles compromisos, y como David, diga, "Aborrezco a los hombres hipócritas; Mas amo tu ley" (v.113)

 

No aplique esto solamente a la cuestión de su salvación y estado personal, sino también a eso que ahora deseo brevemente poner ante usted;

 

Su fundamento de comunión con otros cristianos; o, en otras palabras, su posición eclesiástica.

 

Una de las primeras cosas, creo, que el corazón renovado anhela es la comunión con el pueblo de Dios. Él no se encuentra más cómodo en el mundo, y naturalmente busca ahora "su propia compañía." Pero en medio de todos los nombres y divisiones de la desordenada cristiandad, un alma recién nacida  bien puede  preguntar, "¿dónde iré para ser justo en esto?" Mi respuesta es, "a Dios, y a la palabra de su gracia," (Hech.20:32).  Dios y su palabra son justos. Que esto esté bien fundamentado en su alma, y "dejaos del hombre, cuyo aliento está en sus narices." Unos pocos años atrás  dos cristianos, hasta aquí desconocidos el uno al otro, estaban viajando en un carro de ferrocarril, cuando,  después de una breve conversación acerca del Señor y Sus intereses, uno de ellos  dijo, "¿puedo preguntarle a qué denominación pertenece?" "bien, esa es una pregunta bien común," respondió el otro, “pero primero dígame ¿qué piensa usted que debe guiar mi camino como  un cristiano?”.

 

Él concordó enseguida que era solo la palabra de Dios la que podría con certeza guiarlo. "entonces, si usted me permite", dijo su compañero, "responderé su pregunta proponiéndolo otra; ¿EN QUÉ DENOMINACIÓN ME PONE LA PALABRA DE DIOS?"  Después de una silenciosa deliberación él dijo, "en ninguna". "Entonces no puedo pertenecer a  ninguna," respondió el otro; "porque si lo hiciese como usted mismo lo ha mostrado), claramente estaría en una posición donde la palabra de Dios no tiene lugar para mí". "pero" respondió el primero, "¿no nos exhorta la palabra de Dios a `no dejar de  congregarnos, y mucho más cuando ese día se acerca`?" (Heb.10:25. "Si, lo hace. Pero un cristiano no necesita pertenecer a una denominación para obedecer esa palabra;  porque el Señor ha dicho, "donde hay dos o tres  reunidos a Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos" (Mt.18:20)

 

Ahora, querido lector, si usted observa 2 Juan 6,  encontrará  que él exhorta a una señora elegida, y a aquellos con ella de esta manera, "Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio."

 

Ahora, Juan había visto al Señor en Su maravillosa vida; lo había visto morir sobre la cruz; y era un testigo de Su resurrección; y también lo había visto subir al cielo; y estaba presente cuando en el día de Pentecostés el Espíritu Santo descendió desde un Cristo ascendido para bautizar a los creyentes en un cuerpo, y de este modo formar la iglesia.  Él había vivido lo suficiente para ver el mal entrar en el círculo de la iglesia profesante; ¿pero cuál es el remedio? ¿Es comenzar con una nueva secta más pura o una constitución mejorada?, escuche su respuesta por medio del Espíritu Santo. Este es el mandamiento: “que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio". De manera que el Espíritu de Dios hace claro que  Él no admite innovación  sobre los principios de la palabra de Dios a causa del fracaso del hombre, para la guía de su pueblo, cuales puedan ser sus ejercicios, o la fecha de su historia. Aplique ahora este principio hoy, y se encontrará usted mismo en una o dos posiciones, ya sea sobre el terreno divino de reunión de los discípulos al principio, o sobre algún terreno humano en su imaginada sabiduría o celo errado.

 

El un cuerpo y sus miembros

 

En Hech. 2:42, se dice de los primeros discípulos "Ellos perseveraban en la doctrina y comunión de los apóstoles, en el partimiento del pan y las oraciones". Después de la conversión de Saulo de Tarso se hizo una  nueva revelación a la iglesia a través  de éste una vez campeón de los perseguidores de los santos; es decir,  que cada  creyente sobre la tierra fue unido a Cristo por el Espíritu Santo (ver Hech. 9:4, 1 Cor. 6.17; 12:12-27); que "como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros y todos los miembros de ese un cuerpo, siendo muchos, son un cuerpo; así también el Cristo. Porque por un Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sea judíos o gentiles, sean esclavos o libres;  y a todos se les ha hecho beber de un Espíritu," (1 Cor. 12:12,13). Después declara, "hay un cuerpo," y somos  exhortados a "guardar la unidad del  Espíritu en el vinculo de la paz";  es decir, que debemos mantener  prácticamente  lo que el Espíritu Santo  espiritualmente ha formado.

 

Hay dos clases de cristianos en el mundo. Uno prácticamente dice, "el hombre ha formado muchos cuerpos, y yo siendo un miembro de uno de estos (de acuerdo a mi opinión, la mejor), deseo servir a Sus intereses en cada forma posible". Otros dicen, "Dios ha formado a un cuerpo y me ha hecho miembro de éste, y ahora deseo por Su gracia servir a los intereses del Cabeza de ese cuerpo, de acuerdo a los principios establecidos en Su Palabra".

 

Ahora, querido lector, ¿a cuál de estas clases pertenece usted? ¡Ay! ¡Cuántos preciosos santos de Dios están representados por lo primero! ¿No escucha a menudo a cristianos hablar acerca de "unirse" a este o ese cuerpo? Ciertamente  los tales olvidan (si alguna vez ha sabido) que el único cuerpo que Dios en Su palabra  reconoce es el "un cuerpo" del cual Cristo mismo es el Cabeza, y del cual cada verdadero creyente es un miembro vivo. Si salvado, por tanto (para usar una  expresión común), usted  ya es un "miembro". "El que ha sido unido al Señor es un espíritu con Él," (1 Cor.6:17). Y en 1 Cor. 12:18, usando la figura del cuerpo humano, el apóstol dice, "DIOS HA ESTABLECIDO los miembros  cada uno en el cuerpo COMO LE HA AGRADADO". ¡Qué triste confusión es entonces hablar de unirse a algún otro cuerpo! ¿Por qué no contentarse con el lugar que Dios le ha dado en "el cuerpo de Cristo,", y buscar a través de la gracia cumplir las responsabilidades de tal lugar?

 

Ahora, ciertamente el Espíritu Santo nunca ha bautizado a una secta o denominación. Observe 1 Cor. 1:12,13, y 3:3, y verá  que Él enfrenta en el mismo umbral, por decir  así, la entrada del espíritu sectario en Corinto con un muy seco golpe de condenación. "¿no sois carnales, y andáis como hombres? 3:4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? "pero usted puede  preguntar, "si es errado estar o mantener una  posición sectaria, ¿hay alguna forma clara establecida en la palabra de Dios para expresar la verdad del un cuerpo?" Para responder a esto debemos  ver lo que la Escritura dice  acerca de

 

La mesa del Señor

 

Si nos volvemos a 1 Cor. 10:16,  encontrará que justo como los doce panes  sobre la mesa de la proposición expresaban lo que era Israel, una nación compuesta de doce tribus (Lv.24:5,6), de la misma forma la cena del Señor es el símbolo que  expresa la verdad de lo que es la iglesia sobre la tierra: un cuerpo. "nosotros siendo muchos somos un pan y un cuerpo: porque todos participamos de ese pan," (v.17). De manera que al participar del un pan, el cristiano divinamente enseñado reconoce su unión con todos los verdaderos creyentes sobre la faz de la tierra, cual sea su ignorancia, debilidad, y a pesar de las divisiones que deshonran a Cristo. Pero mientras  hace esto él solo puede tener comunión con aquellos que están tratando de andar en obediencia a la palabra, y en separación de manifestado mal. El Espíritu Santo de Dios ciertamente nunca   trataría de  mantener una unidad  exterior a  expensas de la santidad interior [1]. Lea 1 Cor. 5:6, 7,8, 13)

 

Añadiré aquí que mientras el cap.10 de esta  epístola  habla de la mesa del Señor, el cap.11 nos habla más particularmente de:

 

La cena del Señor

 

Aquí nuestras afecciones divinas son llamadas a recordar al Señor Jesús, y mientras  hacemos esto "mostramos Su muerte hasta que Él venga". Después no necesitaremos más tales símbolos, sino que le veremos cara a cara. ¿Pero no es  triste pensar de corazones  fríos que descuidan este bendito privilegio y cuya redención le ha costado Su preciosa sangre? Piense, ¿no es nada a Su corazón que aquellos  a los cuales  Él ama  tiernamente manifiesten tal desconsideración por lo que puede ser llamado Su deseo de despedida, expresado, como lo fue, en la noche que fue traicionado, y vuelto a expresar desde Su lugar de exaltación en gloria? "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga." (1 Cor.11:26). Y  encontramos en Hech. 20:7, que los discípulos, en afectuosa respuesta a su Señor y deseo de su Maestro se reunieron "el primer día de la semana, para partir el pan."  Aun así en nuestros días algunos consideran que el primer día domingo del mes  es suficientemente frecuente, otros lo hacen trimestralmente, y aun otros pasan un tiempo más extenso sin concederle el especial deseo de Su corazón. Ahora quién de nosotros no reconocería libremente que fue deplorable ingratitud por parte del  copero de faraón, cuando, después que José volvió su tristeza en gozo, "el copero se olvidó de José," (Gén.40:23). Y esto también, después del tierno llamado de José, en el cual dijo, "cuando tengas ese bien,  te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón"

 

Pero aun así José solo ministró gozo a sus compañeros de prisiones por tres días, y aun esto no le costaba a él más que una pocas palabras. Mientras para nosotros el inmaculado Hijo de Dios ha comprado eternas  bendiciones, y gozos que sabemos no terminarán, a tal costo  como solo Él puede sondear las profundidades de la amargura del Calvario. Ahora, ¿qué diremos de aquel  que (al cual le va bien realmente), que  sin un solo mérito o al más pequeño costo, recibe estas infinitas  bendiciones que han sido compradas con sangre, y que puede escucharlo decir, "haced esto en memoria de Mí", sin la más mínima aparente respuesta a esto? ¿Qué deben pensar los ángeles  de tal ejemplo de ingratitud? Además, preguntémonos a nosotros mismos, ¿qué debe pensar el mismo bendito Señor?

 

No mucho tiempo atrás se nos habló de unos pocos cristianos en una ciudad que por más de un año fueron privados de celebrar la cena del Señor, porque cierto predicador no podía ir para "administrarles" los símbolos. Este fue verdaderamente un triste error; porque no existe tal cosa indicada en las Escrituras como que un hombre (ni siquiera un apóstol) haya sido puesto aparte para realizar tal cosa. "los discípulos reunidos para partir el pan." Puede ser bueno decir aquí que, de acuerdo a las palabras de Dios todos los creyentes verdaderos son ahora sacerdotes (Apoc. 1:6, 1 Ped. 2:5,9), y como tal tienen el privilegio de entrar en el lugar santísimo con libertad, llevando sus alabanzas al Padre e Hijo con corazón alegre.

 

¡Cuán tristemente la interferencia humana ha puesto a un lado la simplicidad del orden divino, privando a Dios de Su gloria, y a Su pueblo, de su propia bendición, y rebajando los privilegios cristianos más elevados del Cristianismo al nivel del judaísmo terrenal!  Pueda el Señor libertar a los Suyos de  tal estado de cosas tan contrario a Su pensamiento.

 

Pero, retornando a nuestro tema, no olvidemos que la cena del Señor debe ser celebrada en un espíritu de juicio propio. (Ver 1 Cor. 11:28-31). Habiéndonos juzgado a nosotros mismos, y no librado nada acerca de nosotros que es indigno de Él, nos reunimos, con corazones agradecidos y sin distracción, para pensar de toda la  dignidad que está en Aquel que descendió hasta la muerte por nosotros. ¡Qué privilegio si nuestro estado practico no estorbase al Espíritu Santo para guiarnos al verdadero goce de tal fiesta  celestial! Pueda la frecuencia de esta celebración no privarnos de la frescura de este memorial. Pero hay otra  característica.

 

La presencia del Espíritu sobre la tierra

 

Es importante estar claros en cuanto a esto. El Señor Jesús prometió que el Consolador, el Espíritu de verdad, cuando viniese, no solo estaría en ellos (individualmente) sino también con ellos (corporativamente), Jn. 16:17. Y sin entrar en la materia ahora, es evidente de tales escrituras como 1 Cor.14 que al comienzo de la historia de la iglesia Su presencia era reconocida y Su guía y operación esperada en reuniones públicas y en los individuos. ¡Lamentablemente, los arreglos  humanos han puesto a  un lado la palabra de Dios en esta  materia, privando a Su pueblo, y apagando al Espíritu! Y tan extendido ha sido este mal en la cristiandad, que, mire donde usted quiera, desde la catedral de San Pedro en Roma hasta la más pequeña capilla disidente, usted puede contemplar esto. En lugar que los creyentes, cuando reunidos para adorar o edificación, dependan  del Señor solo  y de la guía de Su Espíritu, aun una reunión de oración difícilmente puede ser tenida sin la designación de  alguno para conducirla. Este o aquel, ya sea guiado por el Espíritu o no,  es llamado a ocuparse en la oración, mientras  se supone que el líder en la oración se piensa que "abre" la reunión y la "cierra", cuál pueda ser el estado de su alma. ¿Qué es todo esto sino el hombre usurpando el lugar del Espíritu Santo, el triste fruto de la incredulidad en cuanto a Su presencia personal? Algunos  creyentes van tan lejos de llegar a orar para que Él sea enviado, o se ora a Él mismo para que venga, y  esto a pesar de las claras palabras del Señor, "Él estará con vosotros para siempre," (Jn.14:16). Sin embargo debiese tenerse en mente que hay gran diferencia entre una reunión para predicar el evangelio a los no salvados (cuando el siervo individualmente y de acuerdo a su medida de don, es responsable de entregar el mensaje de su Maestro), y una compañía de personas  redimidas por Dios, reunida para adoración o edificación.

 

Su posición probada

 

Ahora, con estos simples hechos ante nosotros, supongamos a Pedro, Santiago y Juan,  con unos pocos otros de los primeros discípulos, hubiesen vivido hasta el día presente, en una de nuestras ciudades o villas inglesas, y que ellos estuviesen  todavía reuniéndose en la simplicidad del orden divino como al comienzo, reunidos en el nombre del Señor Jesús (compare Mt.18:20 con Jn. 20:19), recordándolo al partir el pan el primer día de la semana, y esperando Su venida (examine Hech. 20:7, 1 Cor. 11:23-26); esforzándose en mantener la verdad en la práctica de que hay "un cuerpo" (Efes. 4:3,4); y reconociendo la presencia y autoridad del Señor Jesús en medio para guiar por medio del Espíritu Santo, ya sea en adoración o ministerio, ignorando por ello, por supuesto,  toda regla humana y cada vestigio de lo que es meramente la usurpada autoridad humana. Ahora calmadamente  deténgase por unos momentos y pregúntese a sí mismo la cuestión justo referida. "¿A qué denominación pertenecerían ellos?" Ciertamente no se necesitaría  mucho discernimiento espiritual para responder esa pregunta con un muy decidido, "por supuesto," dirá usted, " a ninguna."

 

Pero, lleve esta pregunta un poco más cerca suyo, si usted estuviese viviendo en esa misma ciudad ¿no desearía tener la comunión de los apóstoles? Estoy seguro que lo desearía. Bien, entonces, en vista a tener esto, usted debería primeramente dejar todo terreno sectario establecido por el hombre desde el comienzo de la historia de la iglesia sobre la tierra y aceptar con sus consecuencias, la "doctrina de los apóstoles." Entonces,  habiendo encontrado su terreno de "comunión" usted tendría el privilegio de expresarlo con ellos al "partir el pan". "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?" (1 Cor. 10:16). Pero usted dirá, quizás, que los apóstoles no están ahora viviendo sobre la tierra. Bien, pero, gracias a Dios, su doctrina es, "la palabra que vive y permanece para siempre";  y eso me pone en este día sobre el mismo terreno y fundamento de comunión en el cual ellos estaban en los primeros días;  si me someto para ser guiado y gobernado por éste.

 

Objeciones respondidas

 

Este folleto quizás puede caer en manos de algún cristiano anciano, que dice, "bien, veo que el terreno sobre el cual he estado no tiene autorización divina en las Escrituras; pero no soy capaz de rectificarlo". Probablemente no; pero su responsabilidad es actuar usted mismo de manera justa. "Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Tim.2:19-22). A Jeremías antiguamente, quien estaba por Dios valientemente en medio de un pueblo rebelde y pecador, se le dijo, "Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos" (Jer 15:19)

 

"Pero" razona otro, "¿No debo permanecer en el lugar y entre las personas donde mi alma ha sido convertida?" Bien,  pienso que enseguida verá que tal principio no podría aplicarse a cada cristiano. Algunos han sido convertidos en medio de la grosera oscuridad del Romanismo: ¿debiesen ellos permanecer allí? ¿Saulo de Tarso no se convirtió entre los que odiaban a Cristo?.

 

Uno ha sido salvado sobre el campo de batalla; y solo anoche escuché de un joven que fue llevado a Dios mientras la tempestad soplaba y  estaba casi impulsado a la desesperanza. En tales casos Dios es soberano ("el viento sopla de dondequiera"); Él puede convertir un alma en cualquier lugar, y por cualquier medio. Pero desde el momento que un alma convertida, él no es más suyo propio, tampoco tiene algún derecho a escoger su propio camino, o hacer su propia voluntad; él desde entonces debe consultar los deseos de otro, los de su propio precioso Señor y Maestro, y buscar su gracia y  poder todo suficiente  para realizar estos deseos.

 

Un hombre puede enlistar a soldados en una tienda, en el mercado público, o en cualquier otro lugar, pero el enlistado desde ese día él no es más su propio amo: él debe prepararse a sí mismo para obedecer los deseos de su majestad. Ahora ¿qué  pensaría de un recluta que insistiese en permanecer donde fue enlistado?. Tal curso podría convenirle a él, pero ahora debe ceder a otra y más elevada autoridad.

 

Puede  haber otro que dice, "casi todos mis amigos cristianos están en tal secta; y además, ¿no es justo ir  donde usted puede encontrarse bien?"

 

Bien, no tengo dudas que Jonatán podría haber razonado de este modo cuando, en días de David, él escogió más bien pensar en su propio bien con sus propios familiares en la corte de Saúl que seguir a uno que, aunque lo amaba tiernamente, estaba en un camino de sufrimiento, soledad y rechazo. Pero si Jonatán hubiese consultado con los intereses de David antes que con los suyos propios, se había adherido a David, aunque odiado y perseguido como era éste, él probablemente nunca habría caído, como lo hizo,  sobre los montes de Gilboa. ¡Ah, querido compañero cristiano, la opinión de sus amigos  y tampoco su propio juicio de lo que es mejor para su bien, pueden guiarle en estas  materias! La verdad de Dios solo puede dirigirlo en un camino que honre a  Cristo, y solo la verdad de Dios  puede sustentarlo en éste.

 

La Escritura lo puede hacer sabio para la salvación, con toda su instrucción para su camino (2 Tim. 3:15-17). Y ya que esto es así, debe estar seguro de lo uno como de lo otro.   Ciertamente no hay sombra de incertidumbre para la fe cuando Dios expresa Su pensamiento; pero ¡cuán triste es que muchos, aun de Su profesado pueblo, hablen locuazmente de cosas "esenciales" o "fundamentales", y de cosas no "esenciales" en las cosas de Dios!, que usualmente significan que todo lo que concierne a su propia seguridad y bendición es esencial, y todo el resto, no importa cuán íntimamente conectada con la gloria del bendito Hijo de Dios, debe ser tratado con comparativa indiferencia como no siendo esencial! ¡Oh, qué miserable egoísmo manifiesta esto! ¡Qué  diferente estado de coas caracterizaba al querido apóstol! El sincero deseo de su corazón era, que Cristo fuese "magnificado en mi cuerpo, sea por vida o por muerte;" este era su único lema; "para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil. 1:20,21)

 

Pero existe otra objeción que a veces se levanta contra dejar un fundamento, comunión  y asociación humana; los fracasos e inconsistencias de aquellos que profesan ocupar este  terreno. Muy tristemente, aunque sinceramente, reconozco que aquellos que, a través de la gracia, han visto claramente el lugar como siendo de Dios, y buscado ocuparlo, han fallado penosamente; mientras algunos, sin duda,  que profesan tomar ese fundamento, nunca vieron lo que estaban haciendo, ni tuvieron algún ejercicio profundo y piadoso acerca de éste; de manera que cuando su fidelidad a los principios que profesadamente los habían separado fueron puestos a prueba, ellos en la práctica los negaron o los abandonaron completamente.

 

Esto, sin embargo, no prueba que la posición es errada como tampoco el fracaso de los ministros de su majestad en la casa de los comunes prueba que este no es el verdadero parlamento, tampoco el fracaso de Uzías en el templo, o aun peor, el del rey Acaz, prueba  que ese no era el centro de reunión divino para todos los miles de Israel (2 Crón. 26:16-20; 2 Rey. 16:10-17); mientras, por otra parte, la más pura moralidad en aquellos congregados por Jeroboam en Dan o Betel, o el más ardiente celo, e inigualable abnegación, unida con la mayor popularidad y la voz de la mayoría (las diez tribus contra las dos), podrían hacer aquellos altares centros justos, ni justificar a  Jeroboam por haberlos  levantado.

 

Comentarios finales

 

Dios siempre ha demandado para Si el establecer un centro de reunión para Su pueblo, y el orden del servicio sacerdotal y la adoración; y ciertamente esto no es menos verdadero de la iglesia que de Israel. Pero debe recordarse bien que  Él nunca considera mero orden  exterior correcto como suficiente para satisfacerlo (ver Isa. 1: 11-17).  En la historia futura de Su antiguo pueblo habrá, de acuerdo a la profecía, una gran reunión al centro divino  en Jerusalén. Pero ellos deberán pasar a través de un periodo de purificación antes de  tener un estado conveniente a la  santidad de Jehová. Y ellos también serán purificados, por lo que es falso entre ellos mismos.

 

Qué solemne pensamiento para nosotros, ya que un estado de cosas similar en la historia de la iglesia ha sido predicho por el apóstol Pablo en Hech.20:30, "Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos." Pero, como lo hemos notado, el apóstol  los lleva al lugar de descanso de la fe de Sus escogidos en todas las edades; "Dios, y la palabra de Su gracia." Cualquiera purificación o criba que pueda venir, bendito sea Su nombre, siempre lo encontrará en Él y Su palabra  como siendo todo lo que necesitamos hasta que el Señor mismo descienda del cielo y con  voz de mando y en un "abrir y cerrar de ojo", realice esa gran reunión alrededor de Si mismo mencionada en 2 Tes. 2:1.

 

 

 

"Entonces todas las tristezas pasarán,

Y los santos verán un  glorioso día."

 

No habrá ninguna división entre ellos, ni tampoco mancha hasta entonces "Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro." (1 Jn.3:3)

 

"Que podamos estar vigilantes  y preparados,

Como aquellos que esperan a su Señor ver"

 

 

 

Sinceramente  le exhorto, querido lector, en vista a ese día cuando Sus ojos ciertamente encontrarán los Suyos en gloria, que pruebe su posición eclesiástica como también el fundamento y terreno de su paz  y seguridad por medio de la propia  pregunta del Señor a  algunos en los días de Su carne; "El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?" (Lc. 20:4). ¿Tiene éste el inequívoco sello de autoridad divina y escritural? ¿O está solamente endorsado, aprobado por la mano de la conveniencia humana o la mera  opinión religiosa? Nunca, nunca descanse hasta que pueda decir, sin una sola duda, "estoy, por gracia, en una posición donde mi bondadoso Señor me tiene, porque estoy donde  la palabra de Dios me ha puesto"; y entonces con propósito de corazón y fervor de  espíritu busque adornarla por medio de un andar santo y separado, de manera que cuando Él venga usted no solo estará preparado para  entrar en las bodas a  través de la fe en Él, sino que también podrá tener Su aprobador "bien hecho" por la fidelidad mostrada  hacia  Él.

 

Velando y preparados como podamos estar, tendrá dificultades, pero si en el camino que a Él agrada, usted  puede con toda confianza  contar con Su simpatía y ayuda; aun cuando la incomprensión de sus compañeros cristianos añada amargura a su copa, aun así el sentido de Su sonrisa  será más que una recompensa  para usted. "porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco." (1 Sam. 2:30). "Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará" (Jn.12:26)

 

Pueda tal "honra" ser suya, querido lector, ahora  y hasta que Él venga.

 

 

 

GEORGE CUTTING

 

 

 

[1] *La comunión en la iglesia de Inglaterra es mucho más amplia que lo que la Escritura reconoce, porque cada moral parroquiano bautizado y confirmado es admitido a la cena del Señor, ya sea convertido o no; mientras, por otra parte, aquella en los cuerpos disidentes es demasiada estrecha, porque en estos son solo reconocidos como "miembros" aquellos que sostienen las vistas de esa o aquella secta o denominación particular. Si la Escritura ha de ser nuestra guía, usted debe estar sobre un fundamento  bastante amplio para incluir a cada miembro del cuerpo de Cristo, cuyo andar y caminos sean conforme a la santidad y la verdad, y lo suficientemente estrecho para excluir  a todos los que la disciplina escritural debería mantener fuera.