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ENTRENAR A UN NIÑO

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En cuanto a la cuestión de la educación de los niños, uno no debe evitar exponer la verdad, aunque se condene a si mismo en cuanto a su propia práctica. Comenzamos con el hecho de que los niños son de la propiedad del Señor, y ellos serán traídos al entrenamiento y amonestación del Señor. El Señor debe ser consultado y respetado en cada etapa y rama de su educación. Ana colocó a Samuel en la casa del Señor y lo vistió de acuerdo a ese lugar. Él estaba conectado con el lugar de Dios en la tierra desde el mismo comienzo, y desde la infancia ordenado y educado en consonancia con esto. Esto no se llevado a cabo tal fácilmente en la práctica ahora, si yo tengo una débil e imperfecta idea del lugar de Dios, no puedo ir más allá en el entrenamiento y educación de mis hijos. Primero tengo que ver cuál es mi deber. Luego, no puedo ir más allá de mi propia luz y comprensión de lo que es debido al Señor. Puedo estar muy claro en cuanto al hecho general de que mis hijos deban ser entrenados y llevados al Señor; pero si yo tengo una débil e imperfecta idea del Señor en mi mismo, no puedo excederlas en la educación de mis hijos. La primera gran dificultad para criar a un hijo para el Señor es la pequeña medida de lo que soy yo mismo para el Señor.

Hay dos esferas, que podría decir; la iglesia, o el lugar de Dios, y el mundo con su dios. Yo pertenezco naturalmente al último, y mi hijo adoptan y absorbe naturalmente mis ideas y sentimientos mundanos. Si no he renunciado a mis sentimientos y formas mundanas muy claramente, y los he reemplazo con otros divinamente genuinos, mi hijo, para mi sorpresa, crecerá como el imitador y el reflejo de mi mundanalidad reprimida; y sin duda, revelaré, y delatare la mundanalidad secreta de mi corazón en líneas amplias y simples.

El niño es más susceptible de aquello que les agrada naturalmente; tiene una afinidad poderosa por esto, y al mismo tiempo hay una atracción por el elemento mundano, que el delgado velo de la profesión no oculta al niño. Hay, como me parece a mí, necesariamente una doble educación en curso; estoy buscando de acuerdo a mi sinceridad, ser menos del mundo y mas de Cristo en mi mismo, y estoy tratando de contrarrestar de raíz el surgimiento de mundanalidad en mi hijo, y tocar su conciencia al respecto, como no siendo de Dios, sino del mundo. Ahora todo el orden completo de nuestra propia educación, si traída del mundo, es cambiada; y tengo otra medida delante de mi mente. El Señor Jesucristo, como le conozco a Él, es mi medida. Entreno a mi hijo para que tenga un cuerpo sano, y pueda ejercitar su mente correctamente. Debo observar todo lo que tienda a debilitar la fortaleza de su cuerpo, y su mente clara y útil.

  La mente es tan cercana como un instrumento como el cuerpo; la gran diferencia es que la mente es coloreada por el corazón y conciencia, y si no puede influir en lo último, también la mente es independiente y libre pensante.

Por lo tanto, el gran objetivo en la educación es despertar la conciencia de lo que es debido a Dios; y al mismo tiempo expandir el corazón. Estoy seguro que los padres no hacen que su estudio promueva estas dos cosas. Ellos esperan que la enseñanza de himnos y versos pueda (ellos no saben cómo) ayudar a la conciencia de su hijo; y muy a menudo este no es el pensamiento de la conciencia delante de la mente de los padres, sino simplemente que es el deber de los padres Cristianos enseñarle a su hijo la palabra de Dios; y el corazón es dejado para que aprenda por si mismo, como mejor pueda, del amor que recibe. Creo que, si la conciencia fue más diligentemente ejercitada, en cuanto a lo que es justo y equivocado delante de Dios, y el corazón fue guiado por la cuidadosa y conmovedora forma en que fue estimulada y ministrada, que el cuerpo y la mente se convertirían en canales disciplinados para ser usados cuando la gracia venga. 

Cuanto mejor los utilicen, más útiles serian; un niño así educado, cuando el Espíritu Santo lo vivifica, y lo conduce dentro del verdadero conocimiento de Dios, encontraría su conciencia iluminada por un poder nuevo y espiritual. De la misma manera el corazón sería conducido por el Espíritu al amor perfecto eterno de Dios, además de o en apoyo del afecto natural, de modo que el corazón y la conciencia estarían estar bajo un orden nuevo y divino, ambos de acuerdo con la naturaleza divina, y el poder del Espíritu Santo; y por lo tanto el vaso en mente y cuerpo se volvería expresiva de la gracia de Cristo y estaría subordinada a Él en todas las cosas.