Pin It

El Relato de un Hombre

Que Fue Alimentado con la Misma Comida

con la que el Señor alimento a la Multitud

Descargar PDF
Descargar EPUB

 

John Warburton, el pobre tejedor Inglés que se convirtió a Dios cerca del año 1800, sufrió considerable reproche por motivo del evangelio. Un relato de esta conversión fue dado presentada. En su autobiografía, el relata que cuando él hablaba del amor del Señor Jesús, era ridiculizado y rechazado como una persona peligrosa.

…Mientras más yo hablaba del precioso Jesús y las cosas gloriosas que Él había hecho por mi alma, más ellos me odiaban y rechazaban; es más, realmente creo que algunos de ellos me odiaban unas mil veces más que el diablo. Ellos les dijeron a algunos ministros, a quienes tenía el hábito de oír, que me había vuelto Antinomianista, y negaba la ley moral como mi regla de vida, que hizo que todos los profesores con quienes tenía en ese tiempo cercanía me miraran por tener ese sentimiento como un hombre muy peligroso.

 

Recuerdo que había un ministro, Mr. E, que predicaba en Bury, quien tenía el hábito ocasional de ir a una de sus casas en Radcliffe Bridge. Una vez cuando el había predicado ahí, el vino para convencerme de mi error…Le dije que había estado bajo la ley por meses, y había sentido su maldición y terror en mi alma de una manera tal que no esperaba nada sino condenación noche y día, hasta que oí a Mr. R leer estas palabras, “El llevo cautiva la cautividad”, etc. Le dije que, como él era un ministro de Jesucristo, debía conocer estas cosas. Él se volvió muy enfadado, y dijo que llegaría a ser un buen maestro, uno demasiado sabio para ser instruido por mis maestros. Respondí que el querido Jesús era mi Maestro, que Él me había dicho que todos mis pecados fueron perdonados, que Él había muerto por mi sobre la cruz, que Él me había mostrado Sus manos y pies, y que yo conocía que Él era mi Señor y mi Dios. “Lo tengo en mi corazón”; yo dije, “en este momento, y Él es precioso para mi alma”. Sobre esto, Mr. E dijo que se compadecía de mí, que se lamentaba por mí, y que oraría por mí, porque temía que estuviese terriblemente engañado.

 

Sin embargo, el Señor ayudo a Juan Warburton y le dio coraje en contra de todos sus opositores. Aunque un tipo diferente de prueba vendría sobre él y esto puede ser instructivo para nosotros ver como Dios probo su fe en circunstancias adversas. 

Él se empobreció poco tiempo después de su conversión hasta que no tuvo nada para comer.

En ese tiempo yo tenía dos pequeños niños, y mi esposa estaba cerca de su confinamiento con un tercero. El comercio era muy malo y las provisiones costosas, la harina costaba cinco o seis peniques por libra, y otras cosas en la misma proporción. Era lo que llamamos “tiempos de cebada”, porque casi no había nada para los pobres excepto cebada; así que en nuestra mesa había una provisión muy escasa. De hecho, en el mismo tiempo mi esposa estaba con trabajos de parto, no teníamos ni seis peniques, y en la casa teníamos provisiones que no llegaban a los dos chelines….

 

Mi arrendador insistía que abandonara la casa y me fuera al sótano, donde guardaba mi telar y solía tejer, ya que quería los apartamentos en donde vivíamos, para el mismo.

 

Como debía algo de dinero de la renta, cumplí; pero mi esposa, habiendo terminado hace poco su postparto, fue mucho más afectada por la humedad del lugar y, de hecho, este fue un lugar triste para dormir, así ella, por un tiempo, pronto perdió el uso de sus manos, porque tenía calambres en sus manos y dedos, así que rara vez podía vestirse o desvestirse a sí misma o a los niños.  La obra estaba ahora muy mala, y las provisiones inmensamente escasas. Teníamos tres niños pequeños, y había perdido uno cerca de seis meses antes…Una semana tuvimos muy poca comida, insuficiente para sobrevivir. Con la esperanza de tener mi pieza lista (telar), si esto era posible, para el sábado, trabaje muy duro; pero este arduo trabajo, y la falta de alimento, nuestra comida siendo principalmente cebada, me agoto tanto, que me vi obligado, a causa de mi debilidad, a dejarlo el viernes, justo cuando no nos quedaba ni un bocado de comida.

Era una escena sombría, ni un bocado de pan para el esposo, esposa, o niños, la esposa, también, con un infante en sus brazos. Si alguna vez ore en mi vida, fue aquella noche, para que el Señor quitara el apetito y nos enviara satisfechos a la cama. Y, yo creo, que el Señor oyó mi clamor, porque el pobre niño deseo ir a la cama, y no dijo ni una sola palabra acerca de comer, por lo cual me sentí agradecido. Pero mi problema era cuando viniera la mañana, porque no podía dejar de pensar en el mañana. Me levante muy temprano la siguiente mañana, y trabaje hasta que fui obligado a dejar el telar, y podía débilmente caminar o estar de pie, estaba muy pálido y débil. Mi pobre esposa, que estaba tan débil y enferma como yo, se echó a llorar, y dijo, “¿Oh que haremos? No puedo vivir; estoy segura que moriremos.” …Pero lo que fue el golpe final para mis sentimientos fue que mi hijo mayor, que tenía 5 años de edad, me miro con lágrimas corriendo por sus pequeñas mejillas, y clamando me dijo, “Padre dame algo de pan; Oh Padre, dame un poco de pan.” Corrí a un pequeño lugar debajo de las escaleras, caí de rodillas delante de Dios, y suplique al Señor con todo mi corazón que me quitara la vida…Mientras todavía permanecía de rodillas…estas palabras vinieron con gran poder y fuerza a mi mente”, Y todos ellos comieron y fueron saciados; y ellos tomaron de los pedazos que habían sobrado doce cestas llenas” (Mateo 14:20) …Y no podía dejar de pensar en eso. “¿Que, dije yo, puede tener esto que ver conmigo en esta situación?” …pero toda la conexión vino poderosamente a mi mente de como el Señor había alimentado a cinco mil en el desierto con cinco panes y dos pesces, y ellos fueron satisfechos…Y me levante de mis rodillas…y le dije a mi esposa que el Señor ciertamente nos enviaría algo para comer, y muy pronto. Ella pregunto cómo y cuándo. “eso no importa”, yo dije, “acerca del cómo o cuando; sé que este será el caso, y mi alma puede bendecir a Dios por eso antes de que llegue”.

Justo después de esto, un hombre toca a la puerta, y fui a abrirle. Era un sirviente de un caballero. “Juan”, él dijo, “mi maestro me ha dado algunos arenques (tipo de pescado) para regalarle a algunos de su fábrica. No tenía orden de darle nada, pero cuando llegue pensé en dejarte doce si deseas aceptarlos”. Estaba tan abrumado que apenas podía hablar con el hombre…Mientras aún seguía maravillado y admirando la bondad de Dios para un gusano sin valor, una vecina envió dos tortas de pan. Pensé que mi pobre alma podría haber estallado de mi pobre cuerpo, y haber emprendido su vuelo hacia la gloria hasta mi querido Jesús.

Me retiré al pequeño palacio bajo los escalones del sótano, el gran lugar en el que, unas pocas horas antes, había rogado a Dios que me quitara la vida. Y ¡Oh que lugar celestial era este! Después de volver de dar gracias a mi Dios, pronto estuvieron listos algunos de los pescados, y nos sentamos a la mesa y todos clamamos juntos. “Vengan, mis queridos”, yo dije, “ahora nosotros estamos cenando de la misma comida que Jesús y los cinco mil cenaron en el desierto”.

 

¿Y quien estuvo allí que querría o podría refutar la seguridad de Juan Warburton que Dios lo había alimentado con la misma comida con la que el Señor había alimentado a la multitud en el desierto?

 

Dennis Ryan