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LA RECOMPENSA DE LA SEPARACIÓN

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A menudo ha sido dicho, que Dios es tanto amor como luz. Porque de Su amor somos nacidos de Dios; y somos hijos de la luz. Como Dios es amor nunca falla en amar a Sus hijos, a quienes de Su propia voluntad ha engendrado para Si mismo, no, Su tierno amor es renovado para ellos cada mañana, y pueden contar misericordias y expresiones de su admirable amor por horas; pero si el amor permanece verdadero en su naturaleza, lo que ciertamente hace, así también la luz permanece verdadera en sí misma. Todo santo gusta del amor de Dios. Fue el amor de Dios que Lo llevo a enviar a Su Hijo; fue el amor del Padre que Le hizo besar al pródigo; que asegura a mi pobre corazón que este era el amor en el corazón de Dios para mí. No puede haber ninguna duda del amor si tenemos que ver con Dios. Pero la luz es tanto Su naturaleza como lo es el amor; y esto lo sintió el prodigo después que el recibió el beso; que él no era digno-que la luz lo escudriñaba, mientras el amor lo sorprendía y lo gratificaba.

La luz me reprende; esta me detecta y revela lo que soy: “aquella luz que todo lo manifiesta”; pero esta se mantiene en sí misma, porque Dios es Luz. En esta gracia me hace apto para ello. Se ordena a los sirvientes que traigan la mejor túnica y se la coloquen, y un anillo en su mano, y zapatos en sus pies, y entonces él es apto para la luz, y cuando apto para esta, él se goza en la presencia del Padre; él sabe por primera vez lo que es estar dentro, y que “en tu presencia hay plenitud de gozo”; y se deleita—“ellos comenzaron a regocijarse”.

Es el amor el que primero se encuentra conmigo, pero mientras más verdaderamente pruebo el amor, más conscientemente estoy en la luz, porque Dios es tanto amor como luz; y mientras más estoy en la luz, más me siento lleno de ella, y convencido del amor, de modo que hay una gran recompensa en la separación que demanda la luz. En lo que debemos insistir es en que no podemos gozar de la profundidad del amor aparte de las demandas de la luz, porque es imposible separar estas dos grandes cualidades de la naturaleza de Dios.

Sin embargo, hay una trampa en la que las almas han caído muy comúnmente; y es, pensar que porque Dios muestra Su cuidado e interés vigilante por ellos en los detalles de la vida, Él por lo tanto los aprueba, aunque ellos no estén separados de asociaciones no autorizadas; y así, mientras están más o menos mezclados con el mundo, pueden estar seguros ellos mismos de que han probado de Su gracia—que han sido lavados de sus pecados en la sangre de Cristo; y que las cosas de la vida diaria las ordena y provee para ellos.

Ahora el amor y el cuidado tierno con el que el Dios bendito vela sobre todos Sus hijos puede no ser distinguido con demasiada claridad; más aún, la forma particular en que Él atiende a sus deseos y oraciones; pero por el otro lado no puede ser negado que a lo largo de toda la escritura se insiste, en que hay bendiciones especiales, que son dadas solo a aquellos que se han separado de los caminos de los hombres, y de sus propios corazones—y esta es la luz, la naturaleza de Dios, que hace esto necesario.  

Todo padre verdadero aprecia, ama, y cuida de sus hijos, pero no puede mostrar la misma confianza en un hijo necio como en uno sabio. Se rebajaría si lo hiciera, y traicionaría aquello que no puede apreciar como bueno; y el niño asumiría, que porque su padre le proporciono todo lo necesario, y a menudo lo consintió, que por lo tanto, el aprobó de manera formal su curso, solo demostrando que tenía una idea muy imperfecta de su padre, como de los deseos de su padre con respecto a él. Incluso naturalmente hay una recompensa por la separación de las locuras de la juventud, porque entonces un padre sabio puede apoyar a su hijo de una manera especial.

En la escritura estas dos líneas son siempre insistidas, y con esta destacable peculiaridad, que el hijo necio parece demandar una gran atención, así que, si uno debe juzgar por el ojo natural, uno podría decir que el fue favorecido, mientras el santo y separado no es atendido de manera tan visible, pero recibe por su caminar en separación una recompensa que esta mas allá del pensamiento del hombre. Para juzgar la bendición de los santos, todo dependerá de la luz en la que la veamos. Si miramos a Abram y a Lot de una manera natural, ciertamente podría decir que Lot fue más favorecido que Abram. Tiene lo mejor de la tierra, y aunque el no esta separado, sino mezclado con la gente de Sodoma, y que afligía su alma de día en día con sus actos impíos, aun cuando es tomado cautivo y sus bienes, Abram debe sufrir para efectuar su restauración, de modo que Lot parece ser quien llama más la atención, hablando naturalmente; pero aun la escritura es cuidadosa para mostrar la recompensa especial que es concedida a Abram por su fidelidad y curso separado. Melquisedec, el Sacerdote del Altísimo, se encuentra con el con agua y vino, y lo bendice; y le da algo superior a todas las ofertas y dones del rey de Sodoma. Ostensiblemente, y en las cosas naturales, Lot es favorecido; pero Abram es favorecido por excelencia de una manera espiritual. Las cosas temporales se otorgan al niño, pero la presencia del Señor a otro. ¡Que contraste! Y cuan a menudo los Lots pueden exhibir sus favores terrenales, y evocar la admiración de sus espectadores naturales, quienes no pueden, a causa de su insuficiencia espiritual, ver los favores peculiares otorgado a los Abraames.

Dios puede y otorga dones a Sus hijos, aunque ellos no estén separados, pero Él no los recompensa con Su presencia excepto estén separados. Leemos de Isaac (Gen. 26) que cuando habitó en Gerar el Señor lo bendijo; tenía cosas en abundancia, el fue prospero, como habla un hombre; pero los Filisteos lo envidiaron, y eventualmente se separo de ellos, y entonces el gran favor se le confiere; “El Señor se le apareció la misma noche”. No tengo duda que el Dios bendito oye las oraciones y en misericordia condesciende con un santo en Sodoma, o en Gerar, pero por lo que puedo deducir de las escrituras es que Él no condesciende con Su presencia con nadie que no este separado. Admito plenamente que la luz de Su presencia no es la misa cosa que Su presencia. “En tu presencia hay plenitud de gozo”; y en Su presencia no hay condenación ni ejercicio, porque me pierdo de vista a mí mismo, y estoy ocupado solamente con Él. Cuando entro a Su presencia hay un ejercicio, que es producido por la luz de Su presencia, y aun antes de que este en ella.

 

En 2 Corintios 6 leemos, “Salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis las cosas inmundas, y Yo los recibiré y seré un Padre para ustedes, y serán mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. Esto fue dicho a los santos que tenían los mas grandes dones espirituales que han sido otorgados, una iglesia altamente favorecida, si uno juzgaba por lo que era visible; pero había algo mas grande que lo que ellos habían recibido, y esto no lo podían obtener sino por medio de la separación; eran el templo del Dios vivo, y eran mandados a estar separados y no tocar cosas inmundas, para que pudieran gozar el más alto favor, para ser recibidos por Él. Porque es evidente que esta es una bendición especial como consecuencia de la separación, y no podía ser procurada de otra manera. Esto se refiere a la congregación, aunque el principio puede guiarnos a nuestras relaciones con los hombres.

No podemos argumentar que debido a que Dios en Su misericordia no retira los fundamentos generales de Su gracia hacia Su pueblo, que ellos son aprobados por Él. Cuando Israel perdió por incredulidad el año sabático, la mayor expresión de Su favor, no retiro el refugio de Sus alas; sus reyes reinaron y fueron sostenidos por 490 años. La iglesia de Corintios era el templo del Dios vivo, pero a menos que estuvieran separados de asociaciones impías no podrían gozar el gran favor de ser recibidos por Dios y gozar de Él. Son los NIKONTES (Griego)—los vencedores, quienes son recompensados. “La santidad conviene a tu casa, Oh Señor, para siempre”. Lo que fue verdadero congregacionalmente es también verdadero individualmente; y “sin santidad o santificación ningún hombre verá al Señor”. Un siervo no es útil para el uso del Maestro en el día del gran declinamiento, a menos que se purgue a si mismo de los vasos de deshonor en la casa grande. ¿Dónde encontramos en la escritura a alguien favorecido con la presencia del Señor, o la comunicación personal de Él, sin insistir en la separación? Si Moisés se volvió a un lado para ver la zarza ardiendo con fuego, que no se consumía, es advertido por Dios, “No te acerques, quítate el calzado de tus pies, porque el lugar en que estas es tierra santa”. No puede haber una cercanía distinta a Dios sino aparte de todo lo que es del hombre. “para Dios (dice Pablo) esto fuera de mí mismo”; es decir, el esta literalmente fuera de sí mismo, o como cuando estuvo en el tercer cielo, “ya sea en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé”.

No hay entrada al lugar mas sagrado de todos, sino como estando fuera y aparte de todo lo que es de la carne; y consecuentemente el gozo de aquella escena no puede ser conocido sin la separación. Si uno no estuviera separado, y pudiera al mismo tiempo encontrarse con la presencia del Señor, sería tan terrible que uno se sentiría abrumado por el miedo, y, por lo tanto, es así cuando las almas realmente sinceras que no están separadas cuando se acercan al Señor, en lugar de sentirse más felices, se angustian más, a causa de la luz de Su presencia, cuanto más se acercan, más los reprende, y son reprendidos en lugar de bienvenidos. La reprensión debe venir primero cuando los santos no están separados. “a todos los que amo reprendo y castigo”.

Todos los santos son santos en Cristo ante Dios, y la santificación por fe es la simple aceptación de la verdad, pero además de esto estoy por Cristo en la tierra. Él está por mi delante de Dios, y congregacional e individualmente, debo salir y estar separado, y no tocar las cosas inmundas. Ante Dios no tengo nada de qué separarme, estoy en Cristo y soy de Cristo allí; pero aquí en la tierra debo ser para Cristo, y Dios me favorece de una manera especial—un forma peculiar de separación, ya que estoy prácticamente separado de todo aquello que es del mundo, ya sea en la iglesia o en mi propia persona; y aunque Él como un Padre siempre se compadece de Sus hijos, y atiende sus suplicas y deseos, aparentemente haciendo más para los Lots que para los Abraames, aun así la bendición de los Abraames son mucho más altas y grandes, y la recompensa de separación a Dios.

Todo santo que está sujeto a la palabra se lava los pies, pero el Señor no manifiesta a Si mismo a nadie que no cumpla Su palabra; y ciertamente debe estar separado, o lavado por Su palabra primero, antes de poder cumplirla; y cuando la guardamos, y caminamos en la senda de la santidad que define, entonces nuestra recompensa es la manifestación de Cristo, y la presencia permanente del Él y del Padre.

Voice Of Faithful, vol.9.